“¡Queremos a Pou, ni Pep ni Mou!”

31 enero, 2012

Hace siete meses asistí en Anduva a un triste desenlace, tanto para Juan Carlos Pouso Lejonagoitia como para todo el Mirandés. Era un partido histórico para el ascenso a Segunda División. Tras lograr un esperanzador 0-1 en Guadalajara, ganaban también 1-0 al descanso. En la segunda parte empataron los alcarreños y, a un puñado de minutos para el final, un jugador local quedó tendido en el suelo tras una disputa. El balón salió de banda y él no sabía qué hacer: levantarse o no. Lo normal, lo habitual, lo comprensible, habría sido que se quedara ahí haciendo el paripé y robando unos segundos a un final que pintaba angustioso, pero era consciente de que esa actitud iba en contra de uno de los valores innegociables de su equipo y de su entrenador: el respeto. Tenía un conflicto.

La situación era confusa. El árbitro mirando de reojo, sin parar el juego pero sin ordenar el saque de banda… el masajista preparado para saltar al campo… algunos futbolistas del Mirandés que abandonan sus posiciones y se acercan para interesarse… el jugador que, en ese momento, resuelve sus dudas y decide levantarse… el árbitro que ordena sacar de banda… el contrario que lo hace a la espalda de una defensa descolocada…. penalti… gol… acaba el partido… final del sueño… desolación en Anduva.

Conversando con Pouso tras aquel inesperado desenlace, no escuché ningún comentario del tipo “hemos sido unos pardillos”, “no hemos sabido competir”, “nos ha faltado oficio”, “no sabemos jugar al otro fútbol” y demás excusas pueriles para justificar el azar del juego. No me sorprendió.

Al contrario. Él insiste. El miércoles pasado volví de nuevo a Anduva y pude presenciar cómo, en el descuento y ya con el 2-1 a favor, antes de que el Espanyol colgara al área la última falta del partido, alguien lanzó un balón al campo, a unos 20 metros del banquillo local. De inmediato, Carlos salió corriendo al césped, se disculpó con el jugador catalán más próximo, recogió la pelota y, sin perder un segundo, volvió a toda velocidad a su sitio pidiendo calma al público. En ese momento, me sentí muy orgulloso de ser su amigo, de su coherencia y de su valentía para vivir tan conectado a los valores auténticos del juego.

Así actúa Carlos Pouso y así se comportan sus equipos: respetuosos, nobles, intensos, humildes, valientes y muy conectados al juego, sin dar un respiro al rival, hasta el punto de dominar y eliminar con solvencia a tres rivales de Primera División, levantando la admiración y el reconocimiento de todo el planeta fútbol, no solo por sus victorias, sino por la manera de alcanzarlas. Carlos Pouso, como todos, quiere ganar, pero se diferencia de muchos en que renuncia a coger atajos para hacerlo.

Si tuviera que elegir una virtud suya, destacaría su liderazgo inspirador, entendido en su forma más genuina y auténtica. Su gran capacidad para seducir, su disposición para ayudar, para escuchar, para querer a sus jugadores, para creer en ellos, para identificar y satisfacer sus necesidades (que no sus deseos), para exigirles al máximo y hacerles crecer hasta superar sus límites. Su humildad para hacer sentir importante a todo aquel que trabaja junto a él, su obsesión por mejorar a cada jugador que pasa por sus manos, su identificación total con cada club en el que trabaja… En definitiva, su gran generosidad para estar al servicio de los demás, hace que todos le quieran, que crean en él y que le sigan hasta el final. Parece la mejor versión del flautista de Anduvin, si se me permite la expresión.

Ejerce su liderazgo con tanto arte, lo hace con tanta naturalidad y sencillez, que quienes trabajan en un club bajo su ámbito de influencia deciden voluntariamente comprometerse con él al 100%. Él sabe bien que puede obligar a alguien a obedecer, pero no a comprometerse. Es un generador de ilusión y confianza. Con su coherencia, ejemplo y exquisita sensibilidad (por ejemplo, acordándose de los que ya no están en el momento del éxito) y, por supuesto, su conocimiento profundo y apasionado del fútbol y de los futbolistas, consigue que sus seguidores le ofrezcan con gusto el mejor regalo que cada uno de ellos puede hacer: su compromiso incondicional con una idea grande de juego y con unos valores compartidos para llevarla adelante.

Conversador infatigable, ingenioso y muy divertido, experto en crear y cuidar relaciones de alta calidad, con una lealtad a prueba de bombas y tan exigente en el cumplimiento de las tareas como exquisito en el respeto a las personas, entiende el ejercicio de su profesión como un privilegio del que disfruta intensamente y desea compartirlo. En una de las muchas entrevistas que ha atendido últimamente ofrecía esta respuesta: “Mi mayor felicidad es poder hacer felices a los demás… aunque solo sea un poco”. Quizá también, por cosas así, hoy vuelva a escucharse este grito de guerra en Anduva: Queremos a Pou. Ni Pep ni Mou. Carlos Pouso, un grande, perdido en el fútbol pequeño.

Ahora que, por fin, el endogámico mundo del fútbol de alta competición, como pomposamente les gusta diferenciarse a algunos (cuando la realidad es que el fútbol y los futbolistas son exactamente iguales en todas las categorías), ha descubierto a este entrenador de primer nivel, se escuchan opiniones sobre las virtudes que adornan al técnico de moda (sé que le molesta, pero es lo que toca… ¡y ya era hora!).

Hay algún comentario que me ha llamado la atención y que merece una reflexión: “Su mayor virtud es que ficha jugadores comprometidos”, dijo de él un colega. De tal afirmación podría deducirse que el compromiso y la implicación de las personas vienen de serie. Qué bueno y qué fácil sería eso. ¿Se imaginan que, en sus entrevistas de trabajo, les preguntasen: ‘Es usted comprometido?’ o ‘¿Llegará usted motivado de casa todos los días?’. Sí, claro, por supuesto.

Desgraciadamente, no funciona así. Quizá ahí radique, precisamente, el talento diferencial de un gran entrenador. De hecho, quien consigue este nivel de conexión y compromiso de sus jugadores adquiere el rango y la responsabilidad de ser el líder del grupo. Son los demás quienes le identifican como tal, porque esa distinción no viene con el cargo de entrenador y, para hacerse merecedor de semejante reconocimiento, hace falta mucho coraje y humildad verdadera, así como una vocación de servicio ejemplar.

Carlos tiene de todo eso. Le conozco desde antes de que fuera entrenador… Corrijo, entrenador ha sido siempre.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 31 de enero de 2012

VV y el compromiso

13 diciembre, 2011

El compromiso es una decisión personal. La obediencia sí es una obligación pero nadie, tampoco el entrenador, puede obligar a un jugador a comprometerse. Es algo así como la diferencia entre obligar a un niño a meterse en la cama y obligarle a que se duerma. Se duerme cuando quiere. Con el compromiso pasa algo parecido.

Cuando se acaba la diversión y las cosas comienzan a ponerse difíciles, es cuando se necesita (y se aprecia) el compromiso auténtico. VV cometió un error grosero a los 20 segundos que supuso el 1-0. En ese momento, pudo pensar que se ponían a 9 puntos, que la Liga se les escapaba, que les iban a meter la del pulpo, que era el inicio del fin de ciclo, que vaya día que tengo… y un montón de pensamientos negativos e inútiles más (basura) que no le habrían ayudado en absoluto.

En cambio, él decidió otra cosa. Decidió respetar y vivir su compromiso. En la siguiente cesión de un compañero, volvió a actuar como entrena y juega cada domingo. De nuevo, lo repitió e insistió en ello durante todo el partido. Cometió más errores. Es obvio que no fue el día más afortunado de su vida pero, respetando su compromiso con la idea la de juego que les ha hecho tan grandes, creció un palmo más en su trayectoria para convertirse en un portero legendario.

Escuchar a Xavi en las declaraciones tras el partido a pie de campo alabando la valentía de su compañero o al propio Guardiola en rueda de prensa informando que había reconocido públicamente en el vestuario el coraje de Valdés por atreverse e insistir en lo que había que hacer, refuerza aún más el valor de ese compromiso.

Habría sido muy justificable y fácil de entender que, a partir del gol, VV hubiera decidido no complicarse la vida y jugar en largo, pero eso habría sido renunciar. Hace falta ser de una pasta muy especial para mantenerse firme y perseverar, enfrentarte a tus miedos y saboteadores e insistir en lo que debes hacer, en lo que toca, que es exactamente lo que te ha traído hasta aquí. Actuar así, no está al alcance de cualquiera. No hace falta solamente ser valiente para hacerlo, es necesario serlo mucho. ¿De dónde sale tanta Valentía? En mi opinión, surge del compromiso auténtico.

Me llama la atención escuchar habitualmente la expresión de ‘el equipo está muy comprometido’. Suelo preguntarme, ¿Con qué? ¿Con qué está comprometido? ¿A qué dice que sí y a qué dice que no con ese compromiso?. Porque eso es precisamente comprometerse, decir SÍ a unas ideas, valores, principios… que nos acercan al equipo, entrenador o jugador que queremos ser y decir que NO a otras que te llevan en dirección contraria. Comprometerse es decidir. Es controlar tu actitud…. y actuar en consecuencia.

Cuando VV, tras su grave error, insiste en seguir ofreciéndose a sus compañeros, en temporizar hasta que se desmarquen y le ofrezcan una línea de pase, en asumir que le lleguen a presionar y le compliquen la vida, en seguir dando pases, está diciendo SÍ a ser fiel y parte de una idea grande, SÍ a ayudar a sus compañeros a tener el balón, SÍ a ser valiente, SÍ a superar retos y a seguir creciendo. Actuando de esta manera, dice NO a tener miedo, NO a ser egoísta, NO a rendirse, NO a fallar a sus compañeros y NO a traicionar una idea. De ahí proviene toda esa fuerza, determinación y valentía.

Victor Valdes dio ayer todo un ejemplo de compromiso, de coherencia y de estar al servicio de su equipo y compañeros, sacrificando incluso su propio status e imagen, si fuera necesario. Un ejemplo rotundo de Liderazgo autentico. Grande VV.

Imanol Ibarrondo

‘Pygmalion’ Bielsa

21 noviembre, 2011

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre y escultor, esculpió en marfil a Galatea, su mujer ideal. Su estatua era tan bella y perfecta que se enamoró de ella. Pygmalion suplicó a Venus, la diosa del amor, que su estatua cobrara vida para ser correspondido. Cuando volvió a casa, besó a Galatea y ésta despertó, cobró vida y se convirtió en la deseada amada de Pygmalion.

Lo que se conoce como ‘Efecto Pygmalion’ es que, cuando alguien cree de verdad en otra persona, las expectativas que tiene respecto a ella, afectan de tal manera a su propia conducta, que la segunda persona tiende a confirmarlas. No es un efecto mágico. No sucede solamente por el mero hecho de creer, sino por cómo cambia mi actitud hacia el otro cuando creo. Desde mi mirada, pasando por gestos, palabras, declaraciones, hasta el lenguaje no verbal… todo es distinto cuando creo.

Intuyo que, como a Pygmalion, a Bielsa le sucede algo parecido. Tras una vida entera buscando la perfección del juego, afronta el reto de dar vida a una escultura a medio hacer (quizá un león dormido) que estaba esperando, ansiosa y sin saberlo, unas manos expertas y un liderazgo auténtico que le diera la vida y le hiciera soñar con otro futuro posible. Soñar con retos ambiciosos, con mejoras sorprendentes, con objetivos hasta ahora inalcanzables, con victorias imposibles, con partidos épicos, soñar con la gloria.  Alguien que creyera en ellos, de verdad, y les ayudase a sacar la mejor versión de cada uno al servicio de un equipo digno de grabarse en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Bielsa lidera a un grupo de futbolistas que, durante cuatro años, ha escuchado con insistencia que tiene limitaciones, que debe sumar y restar, que los grandes no están a su alcance, que los demás tienen jugadores elegidos, que no sabe competir porque no maneja el ‘otro fútbol’, que no entiende que lo único importante es el resultado, que es inmaduro porque no asume que todo vale para ganar, que es mejor que no sueñe porque más dura será la caída… Debe ser difícil crecer así.

El rosarino elige y decide Creer. De verdad. Percibo en él a una persona enigmática, tímida, perfeccionista, muy exigente, brillante, obsesionada y apasionada por el fútbol, que defiende con enorme firmeza y convicción la esencia del juego. En su primer día, nada más aterrizar, resumió su mensaje; ‘El Athletic jugará como un Grande’. En aquel momento, tan solo era una posibilidad… pero necesitábamos tanto a alguien que creyera que era posible y que lo declarase públicamente…alguien que fuera capaz de diseñar una Visión tan potente e inspiradora como ésta y se comprometiera con ella desde el primer momento… él lo hizo. Bielsa vive cada día su Visión, en cada rueda de prensa, en cada conversación, en cada detalle, en cada partido, en cada decisión… él es esa Visión a cada instante. Una Visión poderosa que tira con fuerza del equipo y de cada uno de sus componentes, hacia la nueva realidad que queremos crear. Este es precisamente el elemento distintivo de su liderazgo transformador.

 

Sin excusas, sin justificaciones, sin declaraciones populistas, tomando decisiones arriesgadas, respetando a los árbitros, sin demagogia de baratillo, reconociendo sus errores, se centra exclusivamente en creer en sus futbolistas haciéndoles crecer cada día y cada partido. Consiguiendo transformaciones impensables en algunos casos y mejoras de rendimiento notables en otros. Se dedica en exclusiva a sus jugadores (se entiende ahora que no pudiera trabajar con 35), ayudando a cada uno a conectar con lo mejor que tiene dentro, creando un espacio privilegiado de mucho trabajo, esfuerzo, exigencia máxima, respeto profundo, confianza y seguridad para que se atrevan a sacarlo. Potenciar a sus jugadores… quizá sea esta una de sus mayores virtudes y, desde luego, una capacidad básica para cualquier entrenador, que solamente se activa si Crees en ellos. De verdad, como Pygmalion.  

Desconozco su nivel de integración en la ciudad o de implicación en el Club, la calidad de las relaciones que tiene con otros estamentos de la Institución, si le gustan los txokos, o la amatxu de Begoña, ni siquiera sé si tiene intención de permanecer más allá del año que tiene firmado… pero tampoco me interesa saberlo. No se le contrató para que diseñara el futuro del Club, ni para ejercer de portavoz, ni de profesor para los técnicos de Lezama. Será responsabilidad de otros profesionales recoger todo el aprendizaje de lo que está pasando para consolidarlo, afianzarlo y extenderlo como la pólvora por toda la Organización, de manera que, lo que estamos viviendo ahora, constituya un legado sobre el que seguir edificando el Athletic del futuro.

Bielsa ha venido para hacer exactamente lo que está haciendo; una revolución. Para girar el rumbo del Titanic, evitando el choque con el iceberg. No alcanzo a imaginar las dosis industriales de energía que necesitará cada día para afrontar semejante tarea. Para corregir la deriva y ayudarnos a re-conectar con lo que realmente somos, permitiéndonos  re-descubrir, en el terreno de juego, aquello con lo que nos identificamos tan profundamente. Ese es el extraordinario reto que está afrontando. No conozco a Bielsa pero, viendo lo que hace y cómo lo hace, tengo la seguridad de saber que no renunciará a lo que es innegociable; dirigir a un equipo valiente, ambicioso, protagonista, generoso, esforzado, solidario, intenso y noble. ¡Cómo me gusta eso!  Se le dice ‘El loco’… lo entiendo.

Generar una Visión, un futuro posible, totalmente distinto del predecible (un pasito más sobre lo mismo), resulta muy incómodo, porque ningún futuro posible parece realista al principio. Bielsa declaró públicamente, en una sola frase, lo que los 11.000 que votamos por Josu también pensábamos que era posible y, poco a poco, a pesar de los malos resultados iniciales, está consiguiendo atraer hacia esa Visión a los jugadores, a la afición, a los medios de comunicación y a toda la familia del Athletic. Empezamos a creer que podemos volver a hacerlo… volver a conseguirlo…. volver a disfrutar de un gran equipo… volver a ser campeones. ¿Por qué no?

Queda todavía mucho camino para completar la mutación pero, como a Galatea, la estatua de Pygmalion, veo ya a este Athletic abriendo los ojos, desperezándose y tomando consciencia de su naturaleza y de lo que puede llegar a ser. Yo, ahora, Creo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Mucho más que fútbol

6 noviembre, 2011

Durante todo el domingo pasado tuve la intuición (esa sabiduría interna que todos tenemos y a la que hacemos tan poco caso) de que el partido contra el Barsa sería memorable, una experiencia sublime para compartir con todos los amantes del Athletic. Acudí a San Mames convencido de ello, pero la actitud de los jugadores superó incluso mis mejores expectativas. Hacía muchos años que no me sentía tan íntimamente identificado con mi equipo. Fue una intensa sensación de conexión profunda con todo aquello de lo que estoy orgulloso y forma parte de mí (de nosotros), de nuestra esencia, de lo que realmente somos, mucho más allá del resultado del partido… y del fútbol.

Volviendo a casa tras el partido, bajo el diluvio universal y con varias carreteras cortadas al tráfico, tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que había sentido en San Mames. Descubrir de nuevo a nuestros futbolistas compitiendo contra el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia, con tamaña determinación, intensidad, valentía y nobleza, con tanta fe, resultó muy inspirador. Conectar de nuevo con la grandeza, con ir a ganar siempre y contra cualquier rival, con no rendirse nunca, con recuperar el respeto, el coraje y la ambición que son tan nuestros, fue para mí un auténtico regalo.

Concluí que, si ellos (los jugadores), que son de los míos, son como yo y compartimos los mismos valores, eran capaces de comportarse de esta manera contra un rival de la máxima dificultad, yo también podía hacerlo. Al día siguiente, facilitaba una jornada de formación de coaching deportivo en el COE para seleccionadores nacionales y directores técnicos (un reto también de máximo nivel) y les puedo garantizar que revivir todas las sensaciones que me transmitió el equipo la noche anterior, me ayudó a conectar con la energía necesaria para disfrutar de un gran día.

Quizá sea esto lo más importante que nos puede dar nuestro Club, el mayor regalo que puede hacernos, mucho más allá de las emociones pasajeras de las victorias. El Athletic que está surgiendo ahora, puede convertirse en un referente de comportamiento, en un modelo de conducta y en una referencia para ayudarnos a reconocer, identificar y conectar con aquellos valores que nos definen y de los que estamos tan orgullosos.

La fuerza, el coraje, la ambición y la convicción que demuestran los jugadores en el campo, conectados permanentemente a la esencia del juego, a lo que es realmente importante y tan alejados ya de los engaños, simulaciones, protestas sistemáticas, pérdidas de tiempo exageradas, interrupciones deliberadas del juego… y demás actitudes tramposas que se nos vendían como imprescindibles para ‘ser competitivos (¡qué gran mentira!), pueden ser el faro que ilumine el camino de retorno hacia nuestra Identidad, hacia lo que es innegociable para nosotros, algo que está muy por encima de la interpretación puntual del juego que pudiera proponer uno u otro entrenador.

La gestión por valores (mucho más allá de la gestión de la cuenta de resultados) que proponen Josu Urrutia y su Junta Directiva y que fue el pilar fundamental de su campaña electoral, dispone ahora de la rampa de lanzamiento idónea para su puesta en marcha, tanto por la evolución positiva en los resultados del equipo como, sobre todo, por la actitud ejemplar de los futbolistas comprometidos hasta las cachas en el proceso de convertirse en la mejor versión de sí mismos y del  equipo que puedan llegar a ser.

El carácter que están reflejando en el campo, lo que están haciendo (lo que haces  define lo que eres) constituye una oportunidad de oro para que todas las personas que componen el Athletic, puedan también alinear sus comportamientos con aquello que decimos que es importante. Hablamos de vivir conectados, mediante acciones concretas, a aquellos valores históricos, tan nuestros, y que ahora empiezan a percibirse  con claridad, como si fueran la brújula que diseña el presente y, sobre todo, definirá nuestro futuro.

Ahora, en estos tiempos turbulentos e inciertos, es cuando podemos aferrarnos con más determinación que nunca a lo que somos, porque estar conectados a esto nos ayudará a salir adelante, más fuertes que antes… y no solo en el fútbol. Es un momento excelente para convertir al Athletic en un faro, en una luz y en un referente que ilumine el camino.

Aprovecho aquí para reafirmar la apuesta que hice el pasado 7 de julio en estas mismas páginas. Lo que estoy viendo me ilusiona hasta el punto de que tengo una fe inquebrantable en que este equipo volverá a ser campeón. Ya saben, la fuerza de creer para crear. De momento y, hasta que eso suceda, nos queda disfrutar de esta transformación porque ahora, a diferencia de antes, creo que hemos aprendido que se puede disfrutar del proceso sin tener que esperar a ver si al final del camino hay premio o castigo. Ahora, todos, estamos deseando que llegue ya el próximo partido del Athletic para sentir el orgullo de ver a nuestro equipo comportarse con grandeza, en casa, fuera y ante cualquier rival, y volver a conectar con lo mejor que tenemos. Con lo que somos. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

La teoría de las “ventanas rotas”

16 septiembre, 2011

Del blog de Eduardo Martí. “En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos coches abandonados en la calle,  idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, para entonces una zona ya pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, un barrio rico y tranquilo de California.

Como era previsible, resultó que el coche abandonado en el Bronx comenzó a ser asaltado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el  abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el coche abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper una ventana del vehículo de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué la ventana rota del coche abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Una ventana  rota en un coche abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el coche reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importar a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘esas pequeñas faltas’ como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves”. Hasta aquí el experimento.

Hace tiempo que leí esta teoría y según lo hacía, me vino a la mente el Metro de Bilbao. Llama poderosamente la atención que tras más de 15 años de funcionamiento se mantenga tan impecable como el primer día, ganando premios internacionales y siendo el orgullo de todos los bilbaínos. ¿Qué ha pasado para que no haya un solo papel tirado en el suelo, ni una sola pintada en los vagones o no exista un deterioro visible en los andenes o en los asientos? Atendiendo a esta teoría, creo que nunca se ha permitido que hubiera ‘ventanas rotas’ y cuando las ha habido se han reparado con diligencia.

Pero la reflexión profunda sobre esta teoría y su  mayor impacto se produjeron cuando la apliqué a mi propia vida. En ocasiones, veo que me sucede como a esas paredes de fábricas semi-abandonadas que tienen alguna fachada en forma de ventanal, llena de cristales cuadrados, todos rotos. Supongo que comenzó alguien rompiendo uno, como el del coche abandonado y después, aumentaron los ataques hasta no dejar uno intacto.

A veces, dejas de cumplir una pequeña promesa porque crees que no es importante (una ventanita rota) y nadie se va a dar cuenta y, a partir de ahí, te justificas para decidir tú cuáles de tus promesas y compromisos con otras personas son relevantes y cuáles no. Para cuando te das cuenta del error ya has generado un auténtico estropicio de cristales rotos. El respeto a las personas, un valor importante para mí, cae hecho pedazos. La incoherencia o la falta de reflejo entre lo que digo y lo que hago, me hace trizas.

Otras veces, no le digo algo que debería a otra persona por evitar un conflicto y abro la puerta de par en par para que siga repitiendo ese comportamiento de forma permanente, hasta que reacciono en el momento más inadecuado y de la forma más inoportuna. Todo por no haber arreglado la primera ventana rota en su momento. La valentía, otro valor del que me siento orgullosos, se va por el agujero.

Otros días, dejo de ir al gimnasio como tenía previsto, por pereza, aunque lo justifique por falta de tiempo (vidrio roto) y semanas después me doy cuenta de que tengo otra cristalera destrozada… Mi cuidado personal, estar disponible y en buenas condiciones en el futuro para mi familia… también al carajo. 

A veces, retraso las gestiones difíciles o las aplazo en la agenda por temor a que no salgan como espero y para cuando me doy cuenta, se me acumulan y me atrapan la desconfianza, la preocupación y la parálisis (otra vidriera rota). Actuando así, pongo en duda mi auténtico compromiso con el coaching y con la divulgación de esta disciplina en el mundo del deporte Todo esto, duele.

De repente, sin ser ni siquiera consciente, entran ráfagas de viento helado por todas las cristaleras rotas y se hace mucho más complicado encontrar una solución. Cada vez que rompo una ventana y no la reparo, me alejo de la persona que quiero ser, del padre en quien me quiero convertir o del profesional al que aspiro.

Romper ventanas y no arreglarlas es alejarte de poder vivir conectado a tus valores auténticos, de lo que es importante para ti o de aspirar a vivir una vida plena. Realmente, la plenitud es un acto radical. Es innegociable y exige estar muy atento y, cada vez que se rompe un cristal, ponerse manos a la obra para reponerlo de inmediato.

Cada uno de nosotros sabe cuáles son sus ventanas rotas, en la familia, con la pareja, en el trabajo, con los amigos, con un mismo, con su propósito y su desarrollo personal…, se trata de tomar consciencia de ellas y ponerse a ello.

Esta teoría de las VR tuvo un gran impacto en mí y me ayudó mucho a ser más conscientes de cuáles son mis ventanas importantes para estar pendiente de ellas.

¿Cuáles son tus ‘ventanas rotas’ que debes repara de inmediato? ¿Qué acciones te comprometes a tomar a partir de hoy para repararlas?

Imanol Ibarrondo

Mucho ruido y pocas nueces

31 agosto, 2011

Es obvio que el verdadero problema del enfermo sigue sin resolverse. De momento, futbolistas y patronal han decidido ponerle una tirita para parar la hemorragia. Pero el fútbol estatal sigue muy grave y la AFE ha desperdiciado su última bala. La próxima convocatoria de huelga que proponga el mediático Rubiales (sería la sexta en año y medio) tendría peor acogida y menor respaldo, tanto fuera como dentro de su colectivo.

Tampoco se sabe cómo se pagará la deuda pendiente con los jugadores: al principio eran 52 millones de euros, luego 35 y, finalmente, ni se ponen de acuerdo en la cantidad. Sorprendentemente, no hay información sobre los términos del acuerdo, pero entiendo que los clubes no pondrán ni un euro más de la propuesta inicial que plantearon a la AFE (10 millones de euros anuales de fondo concursal). Creo que no lo harán porque no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los bancos ya ni les abren la puerta).

Además, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando incluso gravemente la competición. El caso del Athletic con la venta de Aritz Aduriz es significativo por sangrante. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaino en beneficio de su nuevo club. El Mallorca vende al Valencia al jugador y se queda con la tela. Y, por último, el Athletic tuvo que pagar a escote la deuda del club balear con sus futbolistas, entre ellos con Aduriz. Un ejemplo claro del esperpento en el que se mueve la mejor Liga del mundo.

Dicen que el Senado aprobará en septiembre una modificación de la ley concursal, en su aplicación al ámbito deportivo, que descenderá al club moroso aunque inste el concurso. No lo veo yo tan claro. La propia naturaleza del concurso defiende la viabilidad de la empresa (el club) manteniendo su actividad con el aplazamiento y la renegociación de las deudas (quita y espera). Si desciende por no pagar estando en concurso, esta ley no tendría sentido ya que los clubes perderían sus ingresos y deberían ir directamente a liquidación. Otra tirita.

La cirugía profunda y definitiva sería la entrada en vigor inmediata del fair play financiero en los clubes (equilibrio presupuestario), una medida que comenzará a aplicar la UEFA a partir del año próximo y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años. La aplicación incluye sanciones deportivas y económicas ejemplares a los clubes incumplidores.

En esta Liga de siesta y pandereta, donde al tramposo se le reconoce como virtuoso, a ver quién es el cirujano que se atreve con tan delicada operación. Entiendo que la LFP obligará a la AFE a hacer un frente común para sacarle pasta a papá Estado. Por una parte, exigiendo mayor participación en el reparto de la recaudación de las quinielas. En lugar de destinar una parte del dinero a mejorar instalaciones, se lo daremos a los clubes para que lo vuelvan a despilfarrar (pagamos todos). La segunda, presionando al Gobierno para que elimine la ley de interés general que obliga a emitir un partido en abierto.

Así, quien quiera ver fútbol, a pasar por caja (volvemos a pagar). Lo dicho, tengo la impresión de que esta farra que se han corrido entre la AFE y la LFP nos va a salir una pasta a todos. A la AFE no le queda más remedio que plegarse a las exigencias de la LFP porque ha perdido algo que ha sido santo y seña del sindicato desde su fundación: su independencia.

Ahora es la patronal de clubes la que, a través del Fondo Estructural incluido en el Convenio, paga una cantidad anual a la asociación para afrontar sus gastos, que han crecido en 2,4 millones de euros desde que la nueva Junta Directiva, presidida por Rubiales, decidió, vulnerando los estatutos de la asociación, adjudicarse un sueldo para él y para todos sus integrantes. Ya se sabe: quien paga, manda. Paga la LFP, mandan los clubes.

Visto lo que está pasando y lo que viene, al colectivo de futbolistas se le presenta una excelente oportunidad para dar un gran paso adelante. La creación de un Fondo Solidario para hacer frente a posibles impagos sería una respuesta realmente comprometida para unir, reforzar y cohesionar un colectivo con diferencias siderales entre unos pocos y la gran mayoría. Los que no tienen problemas necesitan de los demás para poder seguir jugando y cobrando.

Crear un Fondo con el 0,7 por ciento de los contratos de cada futbolista y el 0,7 por ciento de cada traspaso supondría acumular casi 10 millones de euros al año para atender a las reclamaciones pendientes de los colegas perjudicados, así como para invertir en los procesos de formación continua y reinserción de los jugadores tras su retirada (la primera plantilla del FC Barcelona ya destina un 0,5 por ciento de sus contratos para la asociación de exjugadores blaugranas).

Tampoco es la solución definitiva, pero sí sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario, egoísta y poco sensible hacia la realidad ajena al fútbol. Con la que está cayendo, es un buen momento para comenzar el aterrizaje.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 28 de agosto de 2011

0,7 solidario (y II)

23 agosto, 2011

Desde la perspectiva de haber participado directamente en la mesa de negociación de los tres últimos convenios colectivos AFE/LFP, me aventuro a dar una opinión sobre el posible final del conflicto.

Dos son las razones por las que considero que los clubes van a moverse muy poco de su propuesta inicial (10 MM euros anuales para el fondo concursal) que han ofrecido a la AFE. La primera es que no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los Bancos ya ni les abren la puerta) y la segunda es que, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando además gravemente la competición

El caso del Athletic con la venta de Aduriz es significativo. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto,, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaíno en beneficio de su nuevo club y por último, el Mallorca vende a un tercero al jugador cobrando una cantidad mayor que la que había ‘pagado’ al Athletic. Un ejemplo claro, dentro de los muchos que se están sucediendo, del nefasto impacto que está teniendo la ley concursal aplicada al fútbol.

Para desbloquear el conflicto se trabaja contrarreloj en dos direcciones. Por una parte, resolver la cuestión estructural referente a la lamentable gestión de las sociedades anónimas deportivas. La reforma de la ley concursal que posiblemente será aprobada en el senado el mes que viene, reconducirá la situación  al escenario anterior que ya había demostrado sobradamente su probada eficacia (si no pagas, desciendes). Además, la aplicación del ‘fair play’ financiero de los clubes (control presupuestario para gastar menos de lo ingresado), una medida que ya aplica con éxito la UEFA y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años, serán los dos pilares que comenzarán a poner un poco de cordura en semejante desatino.

Pero aún así, quedará sin resolver el problema de los 50 MM de euros que se adeuda a 200 futbolistas. Esa es la verdadera patata caliente de la negociación.  Esa y que el presidente del sindicato pretende que la Liga le subvencione los gastos de la asociación (otros 10 MM de euros cada 4 años). Vamos, que les pague el sueldo a él y a todos sus directivos.

Mi propuesta es que sean los propios futbolistas quienes tomen las riendas de esta cuestión y resuelvan la situación. Se trataría de una medida excepcional que afectaría únicamente a la vigencia de este Convenio, pero la situación creada también lo es.

La creación de un ‘Fondo Solidario’ entre los propios futbolistas sería una respuesta realmente comprometida, mucho más que sacarse una foto para la convocatoria de huelga. Los que no tienen problemas y cobran al día necesitan de los demás para poder seguir jugando y seguir cobrando. Crear un Fondo con el 0.7% de los contratos de cada futbolista y con el 0.7 del  importe de cada traspaso, más los 10 MM que pone la Liga como fondo concursal, supondría acumular en 4 años una cantidad cercana a los 50 MM de euros para atender a las reclamaciones pendientes de todos los colegas perjudicados.

De hecho, no sería una medida tan excepcional. Cada integrante de la primera plantilla del FC Barcelona ya cede el 0.5% de su contrato a la asociación de ex jugadores blaugrana que trabaja para ayudar a los ex futbolistas más desfavorecidos. Este ‘Fondo Solidario’ no sería por tanto una novedad, pero sí que sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario y egoísta. Haría falta un Liderazgo potente y auténtico en la AFE para atreverse a plantear una propuesta de este tipo. Rubiales, sólo para tus ojos…

Imanol Ibarrondo

Huelga de futbolistas (I)

22 agosto, 2011

No sé cuántas amenazas de huelga ha convocado ya el mediático Luis Rubiales durante el año y medio que lleva de mandato la nueva Junta Directiva de la AFE.  Creo que son 4 ó 5. Apelar de forma permanente al último y desesperado recurso de que dispone un Sindicato, revela una alarmante falta de competencia, capacidad, formación y experiencia de sus directivos. Convocar una huelga con la mesa de negociación abierta y cuando ambas partes reconocen que se está avanzando en los acuerdos, lo considero además una irresponsabilidad.  

Reconozco que, conociendo al protagonista, no me sorprende la decisión. De hecho, tengo la impresión, compartida por muchos, de que Rubiales tiene ya lo que llevaba buscando desde que se hizo con las riendas de la AFE; su huelga. Su carácter imprudente, populista, manipulador, muy variable, poco reflexivo y con una necesidad de protagonismo desmedida, aboca al colectivo a una situación muy complicada.

Conozco perfectamente cómo funcionan la mayoría de los Clubes y sus dirigentes. He sido y soy muy crítico con su gestión y con la falta de previsión con la que toman las decisiones pero, aún así, entiendo que lo que propone la LFP para desbloquear el Convenio no es lo ideal, pero sí es un paso adelante. Es avanzar. Aspirar a todo, ya y ahora, como un niño mimado y consentido, te puede dejar sin nada. La complejidad de la situación también exige de los negociadores habilidades sociales y relacionales, así como capacidad para empatizar con la otra parte de la mesa, ponerte en sus zapatos para poder entender mejor y buscar desde ahí soluciones conjuntas, sin dedicarse a descalificar públicamente a tus interlocutores, desprestigiando su competencia.

La realidad no es blanca o negra. Resulta demasiado simplista pensar de esta manera y, quien así lo hace, queda desacreditado para gestionar esta situación. El Presidente de la AFE se cree en posesión de la verdad absoluta y actúa en consecuencia. Esa actitud, al frente del Sindicato, le llevó a vulnerar gravemente los estatutos de la propia asociación, adjudicándose un sueldo para él y para toda su Junta Directiva, algo que estaba expresamente prohibido en la norma fundamental del sindicato, aumentando así en 1,1 MM de euros al año la partida de sueldos y salarios de la AFE. Si a esto le sumamos otro epígrafe de gastos extraordinarios de más de 1,3 MM de euros anuales, nos queda la bonita cantidad de 2,4 MM de euros de incremento en el gasto corriente anual de la asociación desde su llegada.

Uno de los puntos calientes en la negociación del Convenio es que la AFE pretende que sea la Liga quien pague la cuenta de sus arbitrarias decisiones, ya que, sin Convenio y con este nivel de gasto, la AFE (la Institución deportiva más saneada hasta la llegada de la Junta actual) se iría a la quiebra en tres temporadas y a algunos se les acabaría el chollo.

No digo que la deuda de los jugadores no sea la reclamación fundamental (que lo es) pero, quizá si la Liga fuera más complaciente con esta cuestión secundaria (lo llaman ‘fondo estructural’), el Convenio tendría más posibilidades de comenzar a desbloquearse. Por decirlo con más claridad, si los Clubes accedieran, aprobando este Fondo, a financiar los sueldos y las actividades de los directivos del Sindicato, las posturas se acercarían notablemente. Al tiempo.

Imanol Ibarrondo

El cambio necesario

19 agosto, 2011

La transformación será todo un Reto. No será tarea fácil para Bielsa & Cía. Cambiar hábitos, también en el fútbol, es un proceso arduo y complicado que requiere el diseño de una Visión poderosa, inspiradora y compartida del equipo en que te quieres convertir, mucha voluntad, determinación, conversaciones potentes, trabajo y tiempo.

Según algunos expertos, todo proceso de desarrollo de un equipo de alto rendimiento pasa necesariamente por cuatro fases. Intuyo que estamos ya en la segunda, coloquialmente se suele llamar adaptación pero realmente es la de conflicto, en la que todo se pone en duda; los métodos, las formas, los entrenamientos, las decisiones, los conceptos, los sistemas, las normas, las jerarquías, el estilo y hasta los liderazgos internos están en cuestión. Todo se compara y se juzga.

En esta fase, se rivaliza por ocupar posiciones de privilegio en el nuevo escenario y se priorizan objetivos individuales sobre los colectivos, se producen cambios de roles y hay que desarrollar nuevas conexiones, generar nuevas relaciones… pero no hay atajos. Es una fase natural, ya que no es posible generar crecimiento sin conflicto, pues las dificultades son inherentes al propio desarrollo de un equipo. Mientras todo esto sucede, comienza la competición oficial.

Lo dicho, no será fácil. Metafóricamente hablando, es como si el Athletic estuviera ahora colocado entre dos imanes que le atrajesen poderosamente. Por una parte, está muy cerca todavía del imán al que ha estado pegado las últimas temporadas y que le aporta seguridad y confianza. Es terreno conocido y se encontraba cómodo ahí. Sabía que podría jugar mejor, ser más valiente, más atrevido, más dominador de los partidos, pero no le ha ido mal haciéndolo así y esa sensación de confort está todavía muy próxima ejerciendo un poderoso influjo.

Por otro lado, el gran esfuerzo que exige despegarse de este primer imán, requiere tener otro que le atraiga también con fuerza hacia adelante para evitar la tentación de renunciar a su necesaria transformación, superando así los momentos de duda, desconcierto y desconfianza que han de venir. Quizá tomar consciencia del equipo en que se van a convertir, del estilo que pueden crear para los que vendrán después, de la referencia de trabajo, sacrificio y valentía que podrán ser para todos, o de la conexión, el orgullo y reconocimiento que conseguirán de San Mamés, podrían ser algunas posibilidades a visualizar para diseñar un poderoso imán al que merezca la pena acercarse con determinación, alegría y confianza.

Ahora, poco a poco, como un niño que da sus primeros pasos, comenzará a descubrir otro mundo lleno de nuevas posibilidades futbolísticas… pero, de momento, sigue siendo territorio desconocido. El movimiento, el cambio genera incertidumbre, miedo, inseguridad, ansiedad, desconfianza y demás emociones que habrá que afrontar y superar para consolidar una mutación imprescindible que permita a este equipo alcanzar su máximo potencial.

Hoy estaremos todos pendientes de él en San Mamés, vigilando sus primeros pasos, animando cuando tropiece, ilusionados, expectantes y teniendo fe en que el esfuerzo merecerá la pena. Asistimos al nacimiento de una apuesta valiente y decidida por recuperar la identidad de un equipo mandón, atrevido, noble, honesto y respetuoso. Lo que somos. Lo que siempre hemos sido.

Una apuesta que exige un compromiso total por parte de todos los jugadores con una idea de equipo grande, que merece y necesita disponer del apoyo incondicional y del reconocimiento (por el gran esfuerzo que exige este cambio) de una afición entregada a un grupo joven, talentoso, generoso y hambriento, que puede aprovechar esta excelente oportunidad que se le presenta para crecer y mejorar hasta romper sus propios límites y descubrir de qué es capaz. Hoy será sin duda el inicio de una transformación emocionante.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de agosto de 2011


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 50 seguidores