Suplentes coyunturales

Trás la primera alineación presentada por Joaquín Caparrós en el estreno del Athletic en el Rico Pérez frente al Hércules, dos hombres veteranos en la plantilla rojiblanca, dos hombres con peso y palabra en el vestuario de Lezama, como son Pablo Orbaiz y Aitor Ocio apuntan a que tendrán que esperar su oportunidad para ocupar un puesto en el once titular. Ahí es nada.

Decía el nuevo capitán rojiblanco que, desde el banquillo, desea ayudar a sus compañeros, como durante todos estos años le ayudaron a él los que jugaban menos. Estupenda reflexión y punto de partida necesario para explicar el concepto de coopetitividad.

Se dice que la característica que mejor define a los equipos de alto rendimiento, sobre todo en el deporte, es que son muy competitivos. En mi opinión, es una afirmación incompleta. Creo que lo que realmente son es coopetitivos. Cooperar y competir son las dos caras de la misma moneda. Ambas son imprescindibles para que un equipo de fútbol logre su máximo potencial. La una sin la otra, no alcanza.

Al hilo de la reflexión de Pablo, son los jugadores que menos juegan los que marcan el carácter coopetitivo de un equipo. El suplente (parece que ahora no es políticamente correcto llamarlo así), en muchas ocasiones, no es consciente de que su actitud es la que determina el nivel de rendimiento del equipo a lo largo de una temporada.

El suplente estructural (casi nunca juega y hace poco por revertir su situación) es muy reconocible y puede actuar de muchas maneras. Puede dedicarse a mostrar su enfado, tanto en los entrenamientos, como en el vestuario o en declaraciones públicas, siendo capaz de estar triste y alicaído, con malas caras y peores gestos, durante todo el tiempo que haga falta. Puede provocar división en el vestuario sembrando dudas y críticas permanentemente y también puede querer llevar a su terreno a otros suplentes (quizá coyunturales) para reforzar su situación.

Entre otras habilidades, también es un experto en el arte de compadecerse y lamentarse continuamente. Asimismo, aprovecha cualquier ocasión para proclamar a los cuatro vientos la injusticia que se está cometiendo con él y también permite que su cabeza se inunde de excusas, justificaciones y pensamientos negativos e inútiles (el entrenador me tiene manía, soy muy malo, aquí no juego en la vida, la prensa va a por mí…) que le quitan energía e ilusión por mejorar. A veces, también puede dejarse utilizar por gente interesada en generar polémica en torno al equipo, al entrenador o al propio club. Y, por último, también suele bajar los brazos y entrenar a menor intensidad de la necesaria o puede, incluso, rendirse y tirar la toalla. En definitiva, le gusta hacerse la víctima. Una actitud bastante cómoda, pero no gratis.

Bajo esta perspectiva del victimismo, el suplente estructural encontrará muy buenas razones para actuar de cualquiera de las maneras mencionadas, pero se estará haciendo un flaco favor a sí mismo y, por supuesto, al equipo. El grado de cooperación con el grupo del suplente estructural es cero.

De ahí la importancia de tener suplentes como Pablo o Aitor. Tengo la convicción de que aceptarán su situación, pero de ninguna manera se resignarán a ella. Han dado sobradas muestras en su carrera para no dudar de sus deseos de jugar siempre. Son suplentes coyunturales. Un lujo para este equipo. Seguro que ninguna de las actitudes referidas anteriormente entra dentro de su código de conducta. Sin duda, harán todo lo contrario, cooperando al máximo con los que están jugando y ayudando a crear un clima de confianza, unidad y lealtad que favorezca y facilite el crecimiento y desarrollo de los más jóvenes y del equipo.

No se trata tanto de que sean buena gente (seguro que lo son), como de que sean conscientes de que, incluso en su propio beneficio, los intereses colectivos están por encima de los individuales. Siempre y cuando no te rindas, si al equipo le va bien, a ti te irá bien, juegues más o juegues menos.

Aitor y Pablo cooperarán sin duda con sus compañeros pero, por otra parte, competirán a cara de perro con ellos por un puesto, entrenando al máximo cada día. No van a regalar nada y se lo pondrán realmente difícil a los titulares, obligándoles a no conformarse y a dar cada vez un poco más.

Javi, Carlos y Ander parece que tendrán el privilegio de tener por detrás a dos auténticos jugadores coopetitivos. Esperemos que cunda el ejemplo porque, posiblemente, ése haya sido siempre el secreto del éxito del Athletic; cooperar y competir. Saber coopetir.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado con el título “Coopetitivos” con fecha 30 de agosto en el periódico DEIA como artículo de colaboración

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