Potros y el “lado oscuro”

Cuando el potro se desboca y asume el control de la situación, ya podemos prepararnos para que cometa cualquier destrozo. Creo que la falta de autocontrol viene precedida por la falta de autoconocimiento. Un deportista que no toma consciencia de cómo reacciona, cómo se comporta en el campo, cuál es impacto de sus acciones en sí mismo y en el equipo, que no trabaje su visión personal, cuál es su propósito, en qué jugador desea convertirse ó qué es lo que realmente quiere, está a expensas de que su potro interior tome las riendas en cualquier momento.

Viendo jugar a Amorebieta, me viene siempre a la mente la imagen de un potro desbocado. Hasta las vendas con las que se protege los tobillos por encima de las medias refuerzan esa idea. Nervio, agresividad, intensidad, velocidad y fuerza. Todo ello en cantidades industriales y, de momento, sin mucho control. Hace unos años era divertido descubrir su gran potencial, a la espera de que fuera corrigiendo los excesos hasta convertirse en lo que, sin duda, podría ser; un pura sangre, un central de gran categoría.

De momento, algunas de sus reacciones siguen siendo todavía demasiado impulsivas, muy previsibles y desproporcionadas, dejando demasiadas cosas a la interpretación de los árbitros y limitando claramente su esperada progresión. Seguimos esperando que sea Fernando quien coja las riendas y comience a controlar a Amorebieta. No perdemos la esperanza.

A diferencia del central vizcaino, Mourinho sí parece ser muy consciente de sus capacidades, de su talento y de sus posibilidades. De hecho, es tan espectacular la seguridad y la confianza en sí mismo que pretende reflejar en sus ruedas de prensa, que me parece que está jugando al filo de la navaja. Está a punto de pasarse al lado oscuro.

Lo que yo percibo ya en muchas de sus declaraciones y actitudes públicas es arrogancia, vanidad, soberbia y falta de respeto. Tengo la impresión de que, al igual que en el terreno de juego, para él no es importante el cómo o, mejor dicho, no es importante crear un estilo, trascender, dejar un legado, algo que sirva para los que vienen por detrás. En mi opinión, para ser el mejor entrenador del mundo, la referencia, no solamente es necesario ganar. También se debería tener una visión potente e inspiradora del fútbol para los demás. No es su caso.

Sé que es una línea muy fina e interpretable la que puede separar la autoconfianza de la arrogancia pero creo que, en poco tiempo, son ya demasiadas las ocasiones en las que ‘special one’ se está deslizado peligrosamente ya por el lado oscuro de la fuerza. Espero que los entrenadores no pretendan imitar a Mourinho. Por suerte, es irrepetible.

Imanol Ibarrondo

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