Huevos y Castañas

Joaquín Caparrós afirmó este lunes en una conferencia dirigida a técnicos en Donostia, que el 80% de los entrenadores de fútbol base de Lezama quiere entrenar en primera división y que eso no puede ser, ya que dificulta el desarrollo pleno de su trabajo. Caparros dixit.

Personalmente, con 15 años, tuve la gran fortuna de tener como entrenador al más grande de la historia del Athletic; Jose Ángel Iribar. Yo llevaba más de 16 meses sin jugar un partido oficial y, durante aquella temporada, gracias a él, recuperé la ilusión y la confianza para jugar al fútbol. Debo confesar que el impacto que causó en mi su bondad, su humildad y su figura dejaron una huella indeleble en mi persona. A día de hoy, todavía se me traba la lengua y me sudan las manos cuando alguna vez coincido con ‘el Mítico’. Posteriormente, el ´chopo’ pasó a entrenar a profesionales, pero siempre he tenido la impresión de que Lezama perdió un tesoro con el cambio.

Lo cierto es que entrenar a un equipo senior y formar jugadores en fútbol base, se parecen tanto como un huevo a una castaña. Tan solo tienen en común que el balón es redondo en ambos casos. Mientras que el entrenador tiene la obligación de recoger frutos, de sacar el máximo rendimiento a una plantilla, el formador debe aplicarse en sembrar con dedicación. Si se confunden los términos, podemos anticipar problemas en el futuro.

Si el objetivo fundamental del entrenador de un equipo infantil fuese únicamente ‘ganar’, obligado por la configuración actual de los sistemas de competición, se estaría dejando por el camino algo tan importante como aprender a jugar, respetando la evolución natural de cada jugador. Si la única alternativa que tuviera para demostrar su capacidad, e ir subiendo en el escalafón hasta alcanzar una retribución justa y suficiente, fuera ganar en categorías inferiores, estaríamos perdiendo peligrosamente de vista el verdadero objetivo; la formación de jugadores.

Lezama es una escuela de futbolistas y, parecería razonable pensar que el único Club del mundo que se nutre exclusivamente de su Cantera, fuera pionero y estuviese en vanguardia mundial en la aplicación de los más modernos sistemas de enseñanza-aprendizaje del fútbol en categorías de formación. Para que esto fuera así, sería lógico destinar los recursos necesarios a la formación continua de formadores con el objetivo de que el Athletic contase con un equipo de auténticos expertos en cada categoría.

El entrenador del equipo de 14 años (p.e.) debería aglutinar los más modernos conocimientos de metodología y didáctica de entrenamiento para 14 años, de pedagogía para 14 años, de psicología para 14 años, gestionar a la perfección el arte de la comunicación y motivación de pequeñas personas de 14 años…, debería ser uno de los mejores en todo lo relacionado con la formación de futbolistas de 14 años, hasta convertirse en una referencia internacional en la materia.  Y ese tendría que ser el apasionante reto de su vida profesional.

Por lo tanto, no parece lógico pensar que, si decides invertir en la formación de alguien para que sea el mejor en su categoría, cada año le asignes un equipo diferente o, que el objetivo de ese entrenador, fuese entrenar al primer equipo. Es como si la andereño de infantil de la Ikastola tuviese como objetivo dar clases en la Universidad. Ella es una especialista en la educación de niños/as de 4 a 6 años, y es la mejor en eso. Cada año tiene más experiencia y más conocimientos, lo que repercute directamente en una mayor calidad de su trabajo.

Me atrevo a sugerir algunas preguntas iniciales y básicas para plantear a todos y cada uno de los formadores que trabajan en Lezama o que quieran hacerlo; ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿Cuál es tu sueño, tu visión y tu propósito? ¿Dónde te ves dentro de 10 años? Si la legítima respuesta fuera entrenar en primera división, le desearía toda la suerte del mundo y le animaría a comenzar su trayectoria  en División de Honor, en Tercera o donde pueda iniciar su camino, pero no invertiría un euro en su formación para trabajar con las categorías inferiores.

Posiblemente, los profesionales de la formación de embriones de futbolistas necesiten más conocimientos, incluso, que los entrenadores profesionales. El reto y la responsabilidad que asumen requieren personas cualificadas, con capacidades contrastadas, generosas, con arraigado y profundo sentimiento Athletic (no vale cualquiera) y con una energía y pasión desbordante por desarrollar su tarea.

Es prioritaria la formación continua de los formadores de Lezama en los nuevos y modernos estilos de enseñanza, en los fundamentos científicos del entrenamiento, en las habilidades de comunicación y de motivación, en dinámicas de grupos, en el aprendizaje por descubrimiento, en habilidades de inteligencia emocional, de coaching, en Liderazgo y en todo lo que sea necesario para que puedan convertirse en los mejores. Si se ofrece al personal técnico una formación continua, se está dando realmente al capital humano del club un valor prioritario.

Y, por supuesto, una retribución adecuada que permita a los formadores centrarse exclusivamente en su propósito, sin tener que estar mirando de reojo el fútbol de élite como única ventana de progresión y crecimiento profesional. En realidad, estamos hablando del chocolate del loro para el presupuesto anual de un Club que, como el Athletic, debiera considerar la formación de formadores como la mejor estrategia para garantizar su propio futuro.

Imanol Ibarrondo

PD: post publicado como artículo en el diario Deia con fecha 9 de octubre de 2010.

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