El guerrero pacífico

Decía Platón que se conoce más a un hombre en una hora de juego que en un año de conversación. Al hilo de esta reflexión, el recuerdo de lo que Joseba ha sido, es y será para el Athletic ha quedado grabado a fuego en el corazón de todos los aficionados, tanto por su comportamiento en el terreno de juego durante más de 500 partidos oficiales, como con su irreprochable actitud fuera del mismo.

El filósofo griego dice que lo que se ve en el campo es lo que eres. Esa es tu verdadera esencia. No hay posibilidad de engaño. Esa frase de “es que yo en el campo me transformo”, no cuela. Un futbolista, cuando juega, enseña lo que realmente hay, lo bueno y lo mejorable y, si es capaz, saca lo mejor que tiene, para conectar a través del juego con sus valores más importantes, hasta alcanzar su máximo rendimiento. Joseba consiguió hacerlo durante quince años.

Poner nombre a la esencia de Joseba (ni a la de nadie) es imposible. Es algo inefable, que no se puede explicar, que cada uno habrá sentido a su manera, pero que quizá podamos identificar a través de algunos valores fundamentales que han alumbrado su carrera y que han quedado intensa y repetidamente reflejados en el verde.

Ver jugar a Joseba siempre ha sido un placer para el espectador. Es de los pocos futbolistas que irradiaba tal nivel de confianza en sus capacidades que contagiaba seguridad a la grada. Posiblemente, ese sea el atributo más importante de un deportista. Ser consciente de cuáles son tus fortalezas y confiar en ellas. No recuerdo a nadie más ejemplar que Joseba en esta cuestión fundamental.

Si tuviera que elegir una imagen suya como jugador me quedaría con la clásica de Joseba en la banda, encarando en carrera a un contrario, fintando a la izquierda, saliendo como un tiro a la derecha, ganando un metro de ventaja y poniendo el centro. Sin complicaciones, sencillo, práctico, alegre, valiente y decidido. Siempre presente en el juego. Abierto y disponible. Disfrutando cada momento intensamente. En el campo y en la vida. Viéndole retar defensas una y otra vez, intuyo que la aventura y el riesgo también deben ser importantes para él. En definitiva, un jugador ejemplar y un tipo alegre, feliz. Así podría definir el juego de Joseba e, intuyo, que su trayectoria fuera de los terrenos de juego, refleja valores similares.

Siempre he tenido la sensación, desde que llegó y se plantó en San Mamés con 17 añitos, que Joseba tenía muy claro qué es lo que quería, de la vida y del fútbol. Es como si desde el principio hubiera tenido una Visión muy potente de su futuro, del jugador que quería ser, que le iluminara el camino desde el principio, ayudándole a forjar su propio carácter, partido a partido, a través de cada una de sus decisiones y acciones.

Eligiendo sus respuestas adecuadamente para cada situación, pocas veces ha reaccionado de forma descontrolada (no recuerdo ninguna). A pesar de que le llamen El potro de Elgoibar, ha sido un ejemplo también de autocontrol, de reconocer y manejar adecuadamente sus emociones, lo que le ha permitido ser quien realmente es, siendo siempre dueño y responsable de sus actos, que son los que le han definido como jugador y como persona.

En su proceso de integración en Bizkaia, tuvo el talento de sacar el máximo rendimiento a una virtud más propia de nuestros vecinos guipuzcoanos: la astucia. Ser listo, en el campo y fuera. Que no tramposo, ni provocador, ni irrespetuoso. Si definimos el fútbol como lo que es, un juego de engaño, Joseba ha sido un maestro en esta materia. Su capacidad para sacar ventaja de cualquier despiste del contrario, de la más mínima duda ó pequeño error, ha sido proverbial. Hacer de la picardía un talento, estar siempre atento y concentrado en el juego, no está a la altura de cualquiera. Tan solo de los más grandes, como meter más de 100 goles con el Athletic.

Es listo y también muy inteligente. Diría que dispone de una mente privilegiada, despejada. No se come el coco, simplifica y actúa.Alejado de polémicas y debates estériles, y centrado siempre en lo importante, piensa lo que quiere, se marca un objetivo y se lanza a por ello, habilidad esta muy higiénica para que la mente no se enrede en pensamientos inútiles y negativos que desgastan, paralizan y quitan mucha energía.

Después de cerrar una de las etapas más brillantes en la historia del club y tras el correspondiente periodo de descompresión y renovación, imprescindible para coger distancia, aire, nuevas energías y cambiar de perspectiva, posiblemente Joseba comenzará pronto a diseñar una nueva Visión poderosa e ilusionante para sus próximos quince años. Quizá, en esa imagen, acabe por completar la foto que todavía le falta. Y, seguramente, ya estará esbozando los pasos siguientes para alcanzar un sueño pendiente: ser campeón con el Athletic. Continuará… cuando él quiera.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 24 de diciembre de 2010

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