Papelón y gracias

Hace apenas un mes, en una espectacular puesta en escena de la asamblea anual de AFE (ya quisiera el BBVA una parecida), Luis Rubiales impuso a Ángel Villar la medalla con la más alta distinción que nunca ha concedido la asociación de futbolistas. Tras este reconocimiento público, a ver cómo le va a meter, solo un mes más tarde, una demanda judicial a la RFEF. Así es que Rubiales decide ponérsela a otro, da igual que fuera al que no tocase: la LFP. Lo importante era hacer ruido y dar la nota, asumiendo el enorme riesgo de quitar tres semanas de vacaciones a los futbolistas y tener que avalar 16 millones por daños y perjuicios a la Liga.

Afortunadamente, la Audiencia Nacional ha dejado a la AFE solamente en ridículo. Podía haber sido peor.

Las vacaciones de Navidad fue un logro que alcanzó la anterior Junta Directiva de la AFE, de la que tuve el privilegio de formar parte durante 10 años, tras una ardua negociación con la Liga y superando todo tipo de presiones, tanto de la prensa interesada en que el fútbol no pare nunca, como de las televisiones y de la propia Liga. Un descanso tan necesario como imprescindible para que los profesionales puedan llegar en el mejor estado de forma, tanto físico como mental, hasta el final de temporada. Lo conseguimos, para agradecimiento y disfrute de todos los futbolistas y sus familias.

Esta semana se aludía a que, según recoge el Convenio, la fecha del 2 de enero era vacación. Es cierto, como también lo es que el calendario de competición se aprueba el mes de julio y la AFE está debidamente representada en la asamblea de la RFEF. Se aprobó por unanimidad, sin un solo voto en contra, ni siquiera el de los futbolistas. En el acuerdo vigente, se consiguió también que la Liga constituyera un Fondo de Garantía Concursal especial para cubrir los salarios de los jugadores cuyos clubes se declaraban en concurso de acreedores; 6 millones de euros para los de Primera División y 3 millones para los de 2ª. Un punto que fue decisivo y clave para firmar el convenio. Hace dos temporadas, los jugadores de la Real Sociedad, cobraron el 100% de su dinero por este fondo.

Curiosamente, el Levante del actual presidente de la AFE, gracias a la intervención personal del anterior responsable del sindicato, cobró más de 9 millones de euros. Los jardineros y demás empleados de ambos clubes todavía tendrán que esperar otros tres años más para poder cobrar, si tienen suerte, la mitad de sus sueldos pendientes. A día de hoy, con la que está cayendo, ningún sector de actividad tiene, ni de lejos, este nivel de protección para sus asalariados. Un lujo. No diré un privilegio porque con la tela que mueve el fútbol, parece razonable pensar que los protagonistas deben tener garantizado su dinero.

La judicialización del conflicto ha sido una improvisada huida hacia delante de una persona mal asesorada que refleja un carácter imprudente, muy variable, poco reflexivo y con una necesidad de protagonismo exagerada. La secuencia de los hechos refrenda esta impresión. Primero, apelando al convenio, la AFE se negó a que hubiera fútbol el día 2. En la reunión posterior con los capitanes, varios de ellos, de equipos importantes, le dijeron que no harían huelga y que era inadmisible tanta improvisación. Entonces, Rubiales cambia de nuevo su discurso y acepta jugar el día 2, pero solo de 17 y las 19 horas. Finalmente, viendo lo absurdo de su argumento, decide quitarse el marrón y mandárselo a la Audiencia, con tanta torpeza y falta de conocimiento que presenta la demanda contra quien no toca.

Recuerdo perfectamente las más de 25 reuniones (oficiales y extraoficiales) que mantuvimos durante casi 6 meses para cerrar el convenio vigente a última hora de la noche del 30 de julio, hace tres años. De unos delegados sindicales se espera una mínima capacidad de negociación y mayor responsabilidad para alcanzar acuerdos, además de formación, conocimientos y experiencia, sin recurrir siempre a medidas de fuerza. Puede funcionar una vez, pero abusar de ello te lleva a perder credibilidad ante tu colectivo y a quebrar la confianza con la otra parte de la mesa. Es significativo que, en tan solo 9 meses, hayan sido ya tres los amagos de huelga con los que ha amenazado la nueva Junta de la AFE. Excesivo.

El trasfondo de la pataleta no es, ni mucho menos, la vacación del día 2, sino la exigencia de que el Betis pague la deuda de 9 millones que tiene con sus futbolistas. El equipo verdiblanco está en proceso concursal por lo que, como marca el convenio, a final de temporada se reunirá la Comisión Mixta correspondiente para autorizar el pago de los 3 millones de euros que corresponde a los jugadores. En ningún caso la Liga tiene la obligación ni de pagarlos ahora ni de hacer frente a la deuda del Betis. Sin duda, habrá que buscar una solución y tienen seis meses para sentarse y negociar hasta final de temporada, pero trabajando juntos, no con chantajes ni amenazas de huelga encubiertas.

Entiendo la necesidad de resolver lo urgente, lo inmediato, pero los problemas complicados no suelen tener soluciones sencillas ni rápidas. Hace falta trabajar más los temas, formarse más y conocer cómo se han conseguido las cosas hasta ahora para poder seguir avanzando.

Hasta hace unos meses, la discreción era el criterio que regía en la AFE sobre la comunicación de todas las mejoras en derechos laborales y garantías económicas que, con mucho esfuerzo negociador y nula exigencia de medidas de fuerza para los futbolistas, se conseguían para el colectivo. Se hacía así para evitar comparaciones con otros deportes y por respeto a todos los demás trabajadores de cualquier sector de actividad, que están a años luz de la protección y seguridad de que disponen los jugadores. En el fútbol, si un equipo no paga a los futbolistas, desciende de categoría. Inmediato. Puede no pagar a Hacienda o a la Seguridad Social y no pasa nada, pero si no lo hace con los jugadores, baja o desaparece. Imagínense algo así en la vida real. Ciencia ficción.

Ahora se ha cambiado de estrategia. Todo se publicita y se difunde a los cuatro vientos con un afán de protagonismo desmedido. Creo que es un grave error que, a medio y largo plazo, perjudicará notablemente la imagen del colectivo. Esta semana pensaba que, tal y como pintaban las cosas, como medida compensatoria para paliar este posible impacto negativo de niños mimados que pudieran ofrecer los futbolistas con esta reclamación y, aprovechando que estamos en estado de alarma, podrían militarizar también el fútbol, como a los controladores, decretar servicios mínimos y obligar a los jugadores a desfilar a paso militar cuando salgan al campo, mientras suena a todo trapo el himno de infantería por megafonía. Solo nos faltaría la cabra para completar la esperpéntica foto de esta semana.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 2 de enero de 2011

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