Jugador de pequeña…

Esta semana, echando un mus y después de unas cuantas manos lamentables, mi compañero me soltó juegas menos que el Athletic. Como seguían sin entrar cartas, me entretuve haciéndome la absurda pregunta de qué tipo de muslari sería el Athletic actual.

Pensé que, a estas alturas de la partida y de la temporada queda claro que, salvo contadas excepciones, pasaría de jugar a grande y a lo grande. Pares no pillaría casi nunca o, como mucho, juntaría un par de pases (perdón, de pares) y, como no sea de mano, prohibido arriesgar intentando jugársela con unas medias (perdón, con los medios). Ni pensar en un buen solomillo y de juego, lo dicho, poca cosa. Treinta y una de postre cada muchas manos o jugadas de poco fuste. No le gusta que los contrarios lleven juego porque cree que se maneja bien cuando no se juega. Prefiere jugar al punto.

Si hay oportunidad de hacer descartes y redefinir la estrategia de la partida, el Athletic prefiere quedarse con as/cuatro y asegurar la pequeña. Jugar de farol y a engañar, pero sin cartas. A perder tiempo descaradamente, a ralentizar, a esperar no se sabe muy bien a qué y a desconectarse del juego. Contra equipos más flojos, justito, pero alcanza, porque San Mamés pesa mucho y los contrarios se comen los faroles pero, cada vez que toca jugar contra uno bueno, o fuera de casa, casi nunca tenemos opción.

Se llevan todo; mayor, pares y juego… y nos regalan la pequeña. Hay que reconocer que, últimamente, jugando a pequeña, el Athletic es el mejor. Siempre nos llevamos esa piedra. La lástima es que, como cualquier muslari sabe, jugador de chica, perdedor de mus. Aquí, en Euskadi, deberíamos tener eso claro, que por algo inventamos el juego.

Como en esencia el equipo es valiente, correoso, sacrificado y no se rinde con facilidad, es difícil que no llegue vivo al final de cada partida (perdón, de cada partido) y, entonces, cuando la cosa pinta mal, se la juega con órdagos desesperados, con efervescentes ataques finales plenos de emoción y poco fundamento. Lo que se dice engordar para morir, aunque alguna vez suene la flauta.

A veces, también utilizamos la estrategia como si fuera una media de ases, que nos sirve para llevarnos la chica y así también robamos los pares. De hecho, en ocasiones, si ninguno juega (perdón, lleva juego) levantamos también la piedra del punto o los tres puntos y nos llega con este poco para ganar la mano pero, en general, seguimos comportándonos como jugadores de pequeña.

No sé ustedes, pero yo hace tiempo que no recuerdo un Athletic desatado, pegando a todo, dominando y mandando en cada mano, con alegría, arriesgando en los descartes, divirtiéndose y ganando amarrekos de cinco en cinco. Sí, ya sé que hoy en día está todo muy igualado en el mus y que todos los contrarios son buenos, están preparados y es difícil ganar las partidas (perdón, los partidos) pero, digo yo que también se puede probar a jugar a la piedra, pero a todas, no solo a pequeña, también a mayor, a pares y, sobre todo, a juego, porque cartas para jugar, tenemos de sobra. Solamente nos falta creer que es posible.

Reconozco en el entrenador a una persona apasionada por el fútbol y con los conocimientos, capacidades y trayectoria suficiente como para ser considerado uno de los profesionales más reconocidos de la Liga. Tengo claro que sus resultados en la alta competición avalan y justifican su forma de entender el juego. Entiendo que considere que no necesita cambiar nada para seguir teniendo un sitio reservado en la élite del fútbol, pero creo sinceramente que está dejando escapar una excelente oportunidad para crecer dos palmos como entrenador con su experiencia en el conjunto rojiblanco.

Después de casi cuatro años viviendo en Bilbao, estoy seguro que algunos de los valores más auténticos de este club, como la nobleza y el respeto, deben estar ya calando, de alguna manera, en lo más profundo de su ser. Atreverse a vivirlos intensamente podría ayudarle, sin duda, a crecer y a progresar más todavía como líder de grupos o, lo que es lo mismo, como entrenador. A confiar en que es posible creer en algo más grande y más ilusionante que los tres puntos de cada domingo. Creer para crear, quizá sea algo tan sencillo como esto. Todavía le quedan cinco meses para hacerse grande en el Athletic y llevarse algo realmente bueno de aquí… además del mus.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 24 de enero de 2011

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