Tac

Hay un pase que podría ser, con tiempo, una huella de estilo en el juego del Athletic. Me refiero al de Mikel San José a Iraola en la salida de balón. Cuando la jugada se inicia de esta manera, siempre pienso que puede pasar algo bueno. Se trata de un pase de menos de veinte metros, en diagonal y al pie del lateral, que recibe acostado sobre la línea de banda. Puede parecer fácil, pero no lo es.

Es un golpeo de interior limpio, preciso y de gran calidad. Desde mi localidad escucho con claridad el sonido del impacto de la bota sobre el balón y puedo asegurar que es de primera. Se puede diferenciar perfectamente, por su sonido, cuándo un golpeo es de primera y cuándo no lo es. Sencillamente, suena diferente. Cuando la pelota va bien tocada, es un sonido intenso, breve y seco: tac.

El segundo es distinto, no parece tanto un golpeo como un empujón y suena peor: chof. En el primero el balón circula alegre, tenso y vibrante. Se puede distinguir el dibujo de la pelota. En el segundo, en cambio, se arrastra perezoso, lento y sin alegría. El balón da vueltas y vueltas, tarda una eternidad en llegar a su destino y dificulta la tarea al compañero.

Quizá una de las grandes virtudes de San Mamés sea su sonoridad. Cada acción en este estadio tiene su sonido peculiar y los golpeos de balón no son una excepción. Hemos escuchado tantos tacs primorosos durante décadas que sabemos distinguirlos perfectamente de los chofs. Por eso me gusta tanto el pase de Mikel San José. Es un tac rotundo, decidido y preciso.

Además, no se trata de un pase cualquiera. Es importante porque ahí comienza todo. Alguien asume la responsabilidad de empezar a jugar. Arriesga, salvando la primera línea de presión y facilitando el juego y el movimiento de sus compañeros. Ahora bien, si el autor del pase tiene mérito, aquí realmente es el receptor quien marca la diferencia.

Generalmente, como el equipo contrario está bien posicionado, Iraola renuncia a recibir en carrera y chocar contra el defensa. Prefiere hacerlo estático, sobre la línea y perfectamente orientado. Por supuesto, gracias a su excelente calidad técnica, siempre elige el control correcto. El que corresponde a cada situación. Dotado de visión panorámica, puede orientarlo hacia adelante, salir hacia dentro o, sencillamente, controla, encara y tira de repertorio. Lo mismo le sirve una finta elegante, un caño inesperado o tirar una pared para desbordar al primer contrario que le sale a presionar.

A partir de ahí, combina, conduce, toca, apoya y hace que el juego fluya. Lo hace con serenidad, armonía, clarividencia e inteligencia. Andoni es un jugador maduro, que entiende el juego a la perfección y que lo interpreta como nadie. Exactamente la misma madurez que demuestra fuera del campo en sus comportamientos y declaraciones.

Considero que Iraola, junto con Alves, es el lateral con mayor influencia en el juego colectivo de sus respectivos equipos en la Liga. Mientras el brasileño es una furia desatada, incansable e inasequible al desaliento, el de Usurbil disfruta de un juego más reposado, lo hace de puntillas y sin llamar la atención, con discreción, como no queriendo asumir el protagonismo que le corresponde. Tengo claro que Andoni es un futbolista de calidad internacional que, ejerciendo un liderazgo sereno y tranquilo sobre sus compañeros, está en condiciones de ampliar su influencia e impacto en el estilo de juego del Athletic, con mayor continuidad y determinación.

Hay otro tac muy reconocible para cualquier habitual de San Mamés y que también es excelente. Un golpeo clásico. Se trata de la apertura a banda de Pablo Orbaiz. Un golpeo fantástico. Distinto. Doble distancia que el anterior (35 o 40 metros), otra superficie de contacto (el empeine interior), con rosquita, por arriba y en ventaja. Cuando Pablo está bien, este pase es marca de la casa. Si se fijan, cuando lo ejecuta, hay aplausos y murmullos de aprobación y admiración en San Mamés (otra vez los sonidos reconocibles).

Hablando de pases, hoy el Athletic puede dar el pase definitivo al entrenador del Atlético de Madrid, Quique Sánchez Flores. Lo acaban de ratificar esta semana, luego ya están repicando las campanas. Históricamente, tenemos fama de resucitar a los muertos. Quizás ahora, que hemos pasado con éxito la semana fantástica y estamos ya entre los buenos, demostremos la determinación necesaria para seguir dando pasos y pases al frente.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 30 de enero de 2011

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