¿Y por qué no?

La Catedral (1913)

Cuenta la leyenda que, en la construcción de San Mamés, hubo una vez tres albañiles trabajando en la obra. Siendo preguntado el primero de ellos sobre qué estaba haciendo, respondió aburrido que estaba poniendo ladrillos. El segundo, un poco más animado, dijo que levantando una pared y, cuando el tercero fue cuestionado al respecto, miró hacia arriba y afirmó con entusiasmo que estaba construyendo una catedral. Realmente, los tres estaban haciendo lo mismo pero, mientras que una tarea sin visión no es más que un trabajo pesado, una visión con tarea es un sueño realizado.

Parece que en el Athletic ya está permitido soñar. Tras cuatro victorias consecutivas, unidas a rachas de fútbol de alto nivel, hasta los profesionales parecen sentirse más cómodos admitiendo, declarando y asumiendo (todavía con reparos) que algo grande es posible. Se agradece. Incluso, me atrevería a decir que se han dado permiso a sí mismos para creérselo. Para pensar que pueden hacerlo, que son capaces y que está a su alcance completar una temporada memorable.

Aun así, todavía escucho mensajes del tipo “el entusiasmo de la afición no debe entrar en el vestuario“. ¿Y, por qué no? En mi opinión, es precisamente al contrario. Es el equipo quien contagia este optimismo a la grada. El proceso no es de fuera hacia dentro, sino a la inversa; de dentro hacia fuera. Cuando ellos se sienten bien, nosotros estamos bien.

Son los propios jugadores quienes transmiten en cada partido un montón de información, de sensaciones y de mensajes. Lo que me llega ahora desde el césped es alegría, confianza, seguridad, decisión, conexión al juego, intensidad, ambición y diversión por momentos. No son sus palabras las que contagian, sino sus actos, sus comportamientos, en definitiva, su juego.

Que el entusiasmo y la alegría cuelguen de cada percha en los vestuarios de Lezama es una excelente noticia. Ya pueden cerrar puertas y ventanas para que no se escapen. No se me ocurre mejor estado de ánimo que el actual para jugar al fútbol. La ilusión genera confianza y esta provoca valentía y atrevimiento para afrontar los retos más complicados. De hecho, como decía algún sabio del que no recuerdo su nombre, “no es que no nos atrevemos porque las cosas son difíciles, sino que son difíciles porque no nos atrevemos“. Creer que es posible es, por lo tanto, imprescindible.

Comparto una Visión que me parece potente y que quizá pueda ayudar a los artistas a seguir creyendo, a seguir poniendo ladrillos cada día con entusiasmo y a perseverar jugando con la alegría y la convicción con que lo están haciendo en estos momentos. Nuestro mítico estadio está viviendo sus últimos partidos. De hecho, la próxima temporada parece que será su despedida. ¡Qué grande sería un San Mamés de Champions para poner el broche de oro a un campo legendario! Un auténtico reto a la altura de esta plantilla. Sí, ya sé que es muy complicado pero, aunque lo parezca, no es lo mismo decir “es posible pero es muy difícil… que es muy difícil, pero es posible“. En la primera hay justificación y en la segunda se impone el deseo. Una vez más, creer primero para crear después.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 13 de febrero de 2011

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