Tiempo de valientes

Con 15 años, siendo infantil del Athletic, mi sueño y mayor ilusión era debutar con el primer equipo en San Mamés. Cuando a los 21, tras jugar en otros clubes vizcainos, tuve alguna oportunidad (remota) de hacerlo, jugadores como Ferreira, Alkorta, Salinas o Andrinua taponaban cualquier opción.

Asimismo, acababan de dejar el Athletic los legendarios Goiko y Liceranzu. Aparte de su gran nivel y calidad como futbolistas (todos internacionales), los seis jugadores nombrados tenían algo en común; eran vizcainos. Además de ellos, también estaban por delante de mí en el ranking, entre otros, Gonzalo, Gorriarán o Herrero, por poner tres ejemplos más de excelentes centrales vizcaínos de Primera División.

Hace algunas semanas, por primera vez en la historia del Club, ninguno de los catorce jugadores que saltaron al campo en Zaragoza era local. Este lunes, en Almería, solamente uno del once titular lo era, Xabi Castillo. Curiosamente, el durangués (la gran mayoría de vizcainos del Athletic son de esa comarca) no pasó el corte de los juveniles en Lezama, se hizo futbolista después en Zubieta y hubo que pasar por caja para recuperarlo. Se podría pensar que la ausencia de vizcainos es una casualidad o un dato sin relevancia pero, en mi opinión, se trata de un hecho que refleja una tendencia y que no convendría dejar pasar sin una reflexión.

Desconozco exactamente los cientos de equipos y los miles de jugadores que cada fin de semana saltan a los campos de Bizkaia para disputar sus partidos. Tampoco sé cuántos entrenadores, directivos y padres se mueven alrededor de este fenómeno deportivo, pero son decenas de miles. Puedo comprender la desilusión que podrían sentir, tanto los jóvenes jugadores como los equipos que los forman, al constatar esta nueva realidad que se está imponiendo en el Athletic. Aunque los motivos sean bien distintos, parece que las actuales generaciones de potenciales futbolistas vizcainos lo tendrán bastante más difícil todavía que yo para cumplir su sueño.

Es significativo que, siendo Bizkaia el territorio de Euskal Herria más poblado y con casi el 50% de las licencias totales, se produzca este desequilibrio en el Athletic. Entiendo que no se trata de un problema de captación porque tampoco se van jugadores de alto nivel a triunfar en otros equipos, por lo que interpreto que puede estar más relacionado con la formación. Antes, dabas una patada a una piedra y te salía un central internacional. Ahora, en cambio, no salen. Ahora, hay que sacarlos. Parece razonable pensar que lo que antes valía, ahora ya no vale.

Conozco de sobra las razones y argumentos de peso que, una y otra vez, se esgrimen para justificar esta cuestión; poca natalidad, prefieren la play, no se juega en la calle, tienen una vida muy fácil, hay más alternativas de ocio, no se sacrifican, no se comprometen, Bizkaia no tiene deportistas de élite en ninguna especialidad…. (ponga Ud. la razón que desee), pero, aun así, quejarse no es suficiente.

Todas estas explicaciones son interpretaciones de la realidad que nos están limitando, bloqueando y paralizando en la búsqueda de nuevas alternativas y respuestas eficaces que ayuden a crear otra nueva realidad. Una cosa es aceptar los hechos concretos y otra, muy diferente, resignarse ante ellos.

Es al Athletic, como líder y referencia absoluta del fútbol en Bizkaia, a quien corresponde la responsabilidad de afrontar, mejor antes que tarde, la búsqueda de fórmulas imaginativas para resolver esta carencia. Que el futuro del Club dependa excesivamente de captar jugadores del resto de Euskal Herria se me antoja una apuesta demasiado arriesgada.

Sin duda, se trata de un reto complicado, pero también apasionante. Parece razonable pensar que, siendo el Athletic el único club del mundo que vive de su cantera, debiera ser el mejor club del mundo trabajando con ella y, en este momento, no es así. Sería bueno reconocerlo y aceptarlo como primer paso para empezar el camino del cambio.

Es una oportunidad excelente para innovar, evolucionar y crecer hasta alcanzar el puesto de vanguardia que, también en este campo, nos corresponde. Ya lo hicimos hace 40 años cuando alguien fue tan audaz como para diseñar un futuro posible. Imaginó una escuela de futbolistas e inventó Lezama. Podemos volver a hacerlo. Tenemos que hacerlo. Podemos re-inventarla. De lo contrario, si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos teniendo iguales resultados, es decir, cada vez menos jugadores vizcainos y mayor riesgo.

O se toman las decisiones a tiempo o el tiempo las toma por ti y, entonces, posiblemente ya no sean de tu agrado. El período electoral que se avecina presenta un marco propicio para aquellos que no temen proponer y probar nuevas soluciones, para los que se atreven a cambiar lo que saben que ya no funciona, para los que tienen el coraje de arriesgar con nuevas iniciativas. Es tiempo de innovadores. Es tiempo de valientes.

P. D. El Osasuna B jugó los cinco primeros partidos de la Liga de este año únicamente con dos jugadores navarros en su equipo titular. Si ya no quedan ni navarros para fichar, la cosa se podría complicar.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de abril de 2011

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