Lideras o entrenas

El míster del Athletic, Joaquín Caparrós, parece enfadado. Es lo que percibo escuchando sus ruedas de prensa. Sus respuestas son agresivas, cortantes y hasta maleducadas en ocasiones. Su lenguaje no verbal refleja tensión, irritabilidad e incomodidad. Interrumpe las preguntas de los periodistas cuando no le gustan, no mira a nadie cuando habla, cabecea, se gira, deja muchas respuestas incompletas y aparece inquieto y nervioso, mostrándose especialmente arisco cuando le preguntan sobre fútbol, algo que me llama poderosamente la atención.

No sé a ustedes pero a mí me encanta hablar de lo que me apasiona, de los proyectos en los que me involucro o de las ideas en las que creo. Cuando se me da la oportunidad, aprovecho para declararlas, compartirlas y expresarlas. Me encanta y agradezco que alguien esté dispuesto a escuchar lo que quiero decir. Cuanto más hablo de ello, más real se vuelve, más detalles le pongo y más posible me parece.

Para un entrenador, debiera ser un privilegio disponer del altavoz mediático para trasladar su idea del fútbol, compartir su propósito o difundir su visión del equipo, pudiendo extenderla y enriquecerla, consiguiendo adeptos y apoyos para hacerla cada día más grande y más visible. Claro que, para poder hacerlo, hay que creer realmente que en el fútbol puede haber algo más en juego que los tres puntos. Algo relacionado con el disfrute y la emoción, también durante el proceso y no solo dependiente del resultado.

Quizá me equivoco y no está enfadado, sino tan solo preocupado porque ya están ahí los exámenes finales y sabe, aunque no lo diga, que el equipo no está jugando bien. Quizá está cansado de que no se le reconozcan suficientemente sus méritos. Puede que esté molesto porque la gente ponga el foco en cuestiones menores como la escasa calidad del juego, en lugar de fijarse en lo único importante: ¡vamos quintos! En definitiva, igual se siente frustrado porque no todos compartan su teoría de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que no es fácil ser entrenador en la actualidad.

Yo trabajo cada semana con entrenadores. Aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ordeno y mando para conseguir resultados. Saben que ya no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para conseguir el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Quizá, en el mejor de los casos, alcanza para obtener la obediencia de tus jugadores, pero ni de lejos llega para conseguir su compromiso. El compromiso es una decisión personal de cada jugador. Es un regalo que te hacen porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti y seguirte hasta el infinito y más allá. El compromiso de todos tus jugadores es imprescindible para alcanzar resultados extraordinarios.

Para conseguirlo, el entrenador debe estar dispuesto a arriesgar, a mostrarse abierto, disponible y vulnerable. A dejar su discurso racional a un lado y a conectar con fuerza con sus jugadores. Se trata de una conexión emocional. El reto está en tener la capacidad de manejar grupos, emociones y estados de ánimo. En liderar personas, no solamente en entrenar futbolistas. No es fácil esto. Hace falta un gran nivel de autoconocimiento, de seguridad y de confianza para actuar de esta manera. Necesitan aprender y desarrollar nuevas habilidades y competencias que exceden en mucho a los conocimientos técnico/táctico/físicos. De hecho, supongo que por eso hay tantos entrenadores y tan pocos líderes.

La semana pasada tuve el privilegio de compartir 90 minutos de conversación mano a mano con Valero Rivera, durante 20 años entrenador del equipo de balonmano del Barcelona y con más títulos que Mourinho. En la actualidad, Valero es seleccionador español de balonmano. Debatimos sobrela figura delentrenador y la importancia de su liderazgo, algo clave en su opinión. Al finalizar, le pedí si podía resumirme en una sola frase, en base a su amplia y exitosa experiencia, lo que para él significa liderazgo en un entrenador. Lo pensó un poco y respondió; “capacidad de influencia positiva y coherencia. No mentir nunca”. La verdad es que, dicho así, parece sencillo. Si tu equipo ha jugado horrible, aunque haya ganado, tan solo debes reconocerlo, aceptarlo y seguir hacia delante. Quizá mañana, contra los vecinos, igual hay suertecilla y la cosa sale mejor. Y no te enfades. ¡Que vamos quintos!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 22 de abril de 2011

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