Levante…el ánimo

Por fin acabó el rally de clásicos del siglo. Todo estaba dispuesto para presenciar el que se anunciaba como el mejor espectáculo del mundo pero, por momentos, ha resultado bochornoso y reconozco haber sentido un poco de vergüenza ajena en ocasiones. Ver y escuchar los gestos, actitudes y declaraciones de personas serenas, respetuosas y ejemplares en general como Casillas, Alonso, Arbeloa o el propio Karanka, acercándose peligrosamente a su lado más oscuro, para alinearse con el discurso más radical de Mou Vader, ha sido decepcionante, como también lo han sido algunas sobreactuaciones de jugadores del Barcelona.

En cualquier caso, ya tenemos final de Champions y será la reedición de la de hace dos años. Aquella tarde, Eto’o redondeó su gloriosa temporada anotando el primer gol del partido. A pesar de todo ello, el club (su entrenador, Guardiola) prescindió de sus servicios demostrando que no vale todo para ganar y que, aunque parezca increíble para algunos, hay cosas que están (o deberían) por encima del resultado. No valoro la calidad de aquella decisión, lo que admiro es la coherencia y el compromiso verdadero con una idea, con un propósito y con una visión que son los que definen a ese club, así como el coraje para llevarla a cabo. La búsqueda de la plenitud y la excelencia exige actuar/vivir/jugar conectado a los valores auténticos del deporte y de tu equipo. Se trata de un acto radical que requiere acción y toma de decisiones (¡Eto’o, fuera!).

Descubrir cuál es tu identidad, tu ADN, qué equipo quieres ser, cómo quieres comportarte, cómo quieres jugar, qué perfil de entrenador quieres, cuáles son los valores innegociables de tu equipo y de tu club, qué es realmente importante (además del resultado), qué emociona a tus seguidores, qué es lo que te conecta con tu gente, qué nos enorgullece y nos identifica, son elementos de reflexión imprescindibles que constituyen la brújula y el faro para orientar la travesía de cualquier proyecto deportivo.

En el lado opuesto, viviendo su particular calvario, se encuentra el Madrid. Vendió su alma al diablo a cambio de los títulos que no conseguirá este año. Contrató a un profesional arrogante con un currículo de ganador implacable, una persona capaz de hacer lo necesario para levantar copas y garantizar resultados. Necesitado de éxitos inmediatos, el Madrid eligió el camino de los atajos. No importaba el cómo ni a cambio de qué, lo único importante era ganar. El fin lo justificaba todo. Ahora bien, cuando haces una apuesta tan arriesgada y pierdes, no te queda nada, y te dejas enormes jirones de prestigio y credibilidad por el camino. Sin brújula, estás perdido y solamente dispones de un arsenal de excusas, justificaciones, contubernios, complots, persecuciones y demás paranoias propias de personajes populistas, soberbios y manipuladores que se buscan e inventan enemigos para no asumir ninguna responsabilidad en las derrotas

Son dos formas opuestas de afrontar el juego y la competición. Ambas buscan la victoria y la gloria. La primera requiere creer en algo que dé sentido al resultado. Para la segunda, el resultado es lo único en lo que merece la pena creer. La primera disfruta cada día, siendo la victoria la guinda del pastel. En la segunda, no hay pastel y pasas hambre, solamente te comes la guinda, y eso, cuando ganas. La primera inspira y compromete; la segunda obliga. En la primera estás deseando ver jugar a tu equipo, identificarte con él, sentirte parte del mismo. En la segunda, te basta con el teletexto para saber el resultado. Entre estos dos clubes históricos, se encuentra el tercero, el Athletic. A día de hoy, no tengo claro con cuál de estas dos tendencias nos alineamos; brújula y faro o ¡clasificación, amigo!

Hace cuatros años, semana arriba o abajo, se jugó en La Catedral el mismo partido de hoy. Fue dramático por la trascendencia y penoso por lo que le rodeó. Los que asistimos en directo cerramos los ojos y nos tapamos la nariz para poder sentirnos inocentes de lo que allí aconteció. Sin duda, un triste precedente. Afortunadamente, en este tiempo, la situación ha cambiado radicalmente. Aquel dudoso partido cerró un periodo negro que duraba ya unos años con el equipo al borde del precipicio y devorando entrenadores sin control. El Athletic pelea ahora por lo que históricamente le corresponde y el Levante, con muy poco, está completando una magnífica remontada tras acabar último la primera vuelta. Tendría que suceder un desastre para que el Athletic se quedase sin guinda, lo que, con el hambre que estamos pasando últimamente, sería imperdonable.

Percibo que los futbolistas están en la reserva y deseando que acabe el año. Les noto, además, desanimados (¿o seré yo?), sin chispa, sin alegría, juegan como si estuvieran aburridos. Pareciera como si jugar al fútbol cada partido fuera ya un sufrimiento. ¡Qué lástima! A veces, tengo la sensación de que en lugar de a jugar, fueran a la oficina, a fichar y a completar un trabajo rutinario y monótono que no les aportara nada más que dinero. Quizá están afectados por la astenia primaveral, lo que daría sentido a esta tristeza fatigosa e inexplicable. A falta de otras ilusiones futbolísticas, puede que con un poquito de gingseng y guaraná aguantemos todos hasta el final…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de mayo de 2011

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: