Archive for 23 octubre 2013

Determinator

23 octubre, 2013

Rafael Nadal (L) of Spain embraces Roger Federer of Switzerland durinHace un par de semanas, viendo la final del Open USA, pude comprobar de nuevo hasta qué punto se agranda la figura de Rafa Nadal en las situaciones más desfavorables. Donde la inmensa mayoría de los deportistas negociaría una rendición honorable con su rival, él es capaz, justo ahí, de demostrar una determinación incomparable, arriesgando, creciéndose y superando sus límites, una y otra vez, hasta convertirse en la leyenda que ya es.

¿Cómo puede hacerlo?, ¿de dónde sale esa determinación?, ¿de dónde viene ese valor para arriesgar?, ¿por qué los deportistas tienen miedo a ganar?, ¿qué es y de dónde viene la presión?, ¿unos tienen deseos de ganar y otros no?, ¿se puede aprender?, ¿y mejorar? …

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición, que detalla el referido autor.És muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego para nada su valía como persona. No es rehén de esa creencia tan limitante para un deportista, bajo cuya perspectiva, lo que eres, depende de tus resultados, de forma que, solamente siendo el mejor, solo ganando, crees que encontrarás el respeto y el amor que buscas.

Así, se desesperan cuando pierden… no tanto por la derrota en sí, sino por la identificación que hacen entre la derrota y su identidad. Si pierdo, no soy suficientemente bueno y no soy merecedor del reconocimiento de los demás. Demoledor. Una creencia, extendida al máximo en el deporte e instalada en nuestro disco duro desde la más tierna infancia, desde esos días en que llegabas a casa después de un partido y la primera pregunta era…. ¿qué has hecho?… Ganar ya comenzaba a ser lo más importante.

Por eso, a veces, en el momento decisivo, en el último  punto, en el partido clave, en ese penalti, en el tiro libre definitivo… se apodera de ti el miedo a ganar,porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que levas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a ti… y te sientes culpable… y fallas. No es un pensamiento consciente, pero está ahí, y desde el fondo de tu mente, domina ese instante. No es el miedo a perder, sino el miedo a ganar lo que te bloquea en ese momento decisivo. No es la oscuridad sino la luz lo que nos paraliza.

Rafa ‘Determinator’ Nadal, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros reconocimientos que les regala e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su inquebrantable deseo de ganar viene de otro sitio.

Él entiende que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales y de la competición es la de personas que cooperan con él para ayudarle a alcanzarlo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos,consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser. Sabe que ambos se necesitan para crecer. Cooperan y compiten. “Coopiten”.

Desde esta sugerente perspectiva (coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento caliente del partido. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, sabe que no se está poniendo en duda la valía personal de su adversario, ni la suya. Bajo esta creencia potenciadora, nadie es derrotado. Ambos competidores se benefician del esfuerzo realizado para superar la resistencia del rival. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo y crecimiento del otro.

Visto de esta forma, Nadal le hace un favor a cada uno de su rivales esforzándose al máximo y obligándole a su vez a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y, quizá por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales.

El objetivo es ganar, pero el secreto es no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el auténtico reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada jugada, en cada punto y en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Quienes confunden su Identidad, su yo auténtico y verdadero, con las victorias, resultados, logros o habilidades, ignoran el increíble e inconmensurable valor de cada ser humano. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por una afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible;soy un ganador nato, ganar es lo único importante, la historia no recuerda los perdedores…. La tragedia para estas personas es que, aunque en ocasiones alcancen el efímero éxito de la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la serenidad, el respeto y el amor que buscan desesperadamente.

Ellos persiguen la Gloria, pero la Gloria no se busca, se encuentra, transitando por un sendero sin atajos, un camino reservado para aquellos valientes que se atreven a conectar con su mejor versión e inspiran a  los demás con su ejemplo, dejando una huella indeleble en el recuerdo y en los corazones de las personas que les admiramos por su coraje.

Sin duda, el coaching es una potente herramienta y una apasionante disciplina al servicio de los deportistas y entrenadores para conectar con el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘Determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona, porque eso es, sencillamente, Tierra Sagrada.

Imanol Ibarrondo

Enthousiasmós

23 octubre, 2013

soy asiNo se trata del nombre de un media punta griego. “Que lleva un dios dentro”, este es el significado de la palabra griega ‘enthousismós’ (en + Theós). Cuando alguien se dejaba llevar por el entusiasmo se suponía que un dios había entrado en él/ella, sirviéndose de su persona para manifestarse. Quienes así actuaban, merecían el respeto y la admiración de los demás porque estaban poseídas por un aliento divino. ¡Qué chulo!

Partiendo de la etimología de ‘entusiasmo’, no encuentro mejor definición actualizada de esta sugerente palabra que la que aparece en el Blog de Andrés Ubierna; “Un entusiasta es un soñador infatigable, un inventor de proyectos, un creador de estrategias que contagia a los otros sus sueños. No es un ciego, no es un inconsciente. Sabe que hay dificultades, obstáculos, a veces insolubles. Sabe que de cada diez iniciativas, nueve fracasan. Pero no se deprime. Empieza de nuevo, se renueva. Su mente es fértil. Busca continuamente caminos, senderos alternativos. Es un creador de posibilidades.

El entusiasta sabe que el hombre es débil, sabe que existe el mal, ve las mezquindades. Ha sufrido desilusiones. Pero ha decidido contar con el bien, basarse en ello. Apela a la parte más creativa, más generosa de aquellos que lo rodean. Los estimula a que la utilicen, a hacerla fructificar. Los obliga, a pesar de sí mismos, a ser mejor de lo que hubieran sido. Y, así, hace germinar sus potencialidades, los hace crecer. Los arrastra consigo demostrándoles que, actuando con empuje, con optimismo, de manera generosa, las cosas son posibles”.

Ser entusiasta es una elección consciente que está al alcance de cualquiera. Posiblemente, el entusiasta ha decidido agradecer lo que tiene y lo que es, en lugar de pensar en todo lo que le falta o le gustaría tener. ¡Hay tanto que agradecer! El cambio de perspectiva es tan radical que nos abre infinitas posibilidades para estar entusiasmado cada día. Me gusta pensar que yo soy así, aunque me descubra demasiadas veces muy lejos serlo.

Necesitamos con urgencia abandonar ya el viejo paradigma cartesiano de ‘las cosas son así’ o ‘aquí siempre se ha hecho así’, junto con su primera y demoledora derivada ‘yo soy así’, para acercarnos al nuevo, que sostiene que ‘la realidad es interpretable’. No existe la verdad absoluta. Hasta las mentes más necesitadas de datos concretos y acostumbradas a trabajar con hechos medibles y observables aceptan esta nueva premisa. ‘Cambia tu forma de ver las cosas y las cosas cambiarán’ afirmó Max Plank, extraordinario físico y premio Nobel en 1918, tras comprobar que es imposible separar el hecho observado del observador.

Albert Einstein, una de las mentes más brillantes del pasado siglo mantenía que la decisión más importante que debe tomar en su vida cualquier ser humano es responder a esta pregunta; ¿Consideras que vives en un Universo amigable u hostil? En función de lo que crees, creas tu propia realidad. El mundo no “es”, nosotros lo hacemos. Se trata de una elección y, por lo tanto, de una decisión personal. ¿Cómo quieres interpretar tu realidad?, ¿quieres estar agradecido o preocupado? Tú eliges qué quieres pensar, tú decides y, desde ahí, controlas tu actitud. Me ha costado demasiado tiempo descubrir que mi actitud, finalmente, depende solamente de mí. De nada ni de nadie más… y la puedo crear, reforzar y mantener con cada cosa que hago.

Creo que, con el tiempo, estoy desarrollando un talento; soy muy capaz de ver como bellotas a las personas con las que trabajo. Como seres humanos completos, creativos y llenos de recursos. No me cuesta nada verlas así y, esta creencia potenciadora, me facilita enormemente acompañarles en su proceso de auto descubrimiento y desarrollo.  A ‘entusiasmarles’, a ayudarles a conectar con el ‘dios’ que llevan dentro y a llenarse de energía para ponerse en marcha hacia sus objetivos, sus metas y sus sueños. Me gusta hacerlo. Me entusiasma verles así, con un propósito por descubrir. Lo necesito. De hecho, no es posible entusiasmar a nadie si tú mismo no lo estás. Debería hacerlo más, mucho más. Me siento tan bien cuando lo hago…

También disfruto al máximo con la formación porque me permite impulsar a muchas personas a la vez, inspirarlas para que se atrevan a brillar y a ser luz para los demás. Para que tengan el coraje de Liderar al servicio de las personas sobre las que tienen influencia y responsabilidad. Creo que enseño lo poco que sé, pero espero contagiar mucho de lo que soy.

Dicen algunos sabios que no atraes lo que quieres en la vida, sino lo que eres. Creo en eso y he decidido ser entusiasta a tiempo completo. Ahora me toca hacer más cosas (muchas más) de las que estoy haciendo para atraer a mi vida más de lo que soy. Estoy seguro que tener deseos ayuda a cambiar la vida, pero aún lo estoy más de que cambiar, poco a poco, algunas cosas de la vida cotidiana, es la mejor forma de alcanzar los deseos.

William James escribió que “El pájaro no canta porque es feliz, sino que es feliz porque canta”. Creo que hace demasiado tiempo que muchas personas dejaron de cantar (perdieron el entusiasmo) esperando que les entrasen las ganas de cantar. Un gran cambio se produce gracias a otro pequeño y las cosas cambiarán si cambiamos algunas cosas.

Y tú, ¿qué pequeños cambios necesitas hacer para actuar como ‘si tuvieras un dios dentro’?

Imanol Ibarrondo

Antes o después… ¡te van a echar!

23 octubre, 2013

entrenadoresNo ha acabado todavía el verano y ya han destituido a cuatro entrenadores del Grupo II de la 2ªB. Se confirma una certeza que, en uno u otro momento, alcanza a la inmensa mayoría (por no decir a todos) los técnicos de fútbol y de otros deportes; “te van a echar”. ¡Que lo sepas! Será antes o después, cuatro meses o quizá cuatro años, pero lo que parece inevitable es, que te van a echar. Dicho así, quizá suene un poco duro, pero también podría ser una sentencia muy liberadora.

Vivir permanentemente con la espada de Damocles de un cese y pendiente del resultado de cada domingo te aleja, y mucho, de lo único sobre lo que tienes influencia; el momento presente. Angustiarte por la incertidumbre del misterioso e impredecible futuro o castigarte por lo que podrías haber hecho y no hiciste, te impide disfrutar del gran regalo (present-e) que puedes vivir intensamente: este momento, cada momento… AHORA.

Siendo esto así, quizá, para obtener un cambio de perspectiva, más inspirador y sugerente, podría ayudar que los entrenadores se hicieran una pregunta distinta a la que, inconscientemente, se plantean la mayoría de ellos cuando están en activo: “¿Qué tengo que hacer para que no me echen?”. Ganar, es, posiblemente, la única respuesta que resuena como un trueno en sus atribuladas cabezas.

La creencia limitante e inconsciente que subyace a esta respuesta es que “ganar es lo único importante” y, esta ‘verdad’, cuando los resultados no se están dando, te conecta inmediatamente con el miedo, con la pérdida, con la angustia, con la preocupación permanente, ves problemas (negativos) en lugar de situaciones (neutras), aparecen enemigos y complots por doquier, personas que te quieren quitar algo (la prensa va a por ti, los jugadores son unos egoístas, los directivos no tienen ni idea…). Esta respuesta, en definitiva, te provoca desconfianza, inseguridad, te sitúa en el papel de víctima, inocente e impotente, te saca totalmente del momento presente y, sin ninguna duda, te conecta con tu peor versión. Ya estás fuera… y lo peor es que ni siquiera te has dado cuenta.

No se trata de discutir si esta creencia (“ganar es lo único importante”) es verdad o no. De hecho, no creo en las verdades absolutas (¿existen?) pero, para poder trabajar con ella, revisarla, observarla y matizarla, me basta con que sea verdad para ti. Lo que realmente me interesa que descubras es qué impacto tiene en ti esta ’verdad’ tuya. ¿En qué te está ayudando?, ¿qué te da?, ¿qué te está quitando?, ¿en quién te convierte?, ¿cómo te relacionas, desde esta creencia, con tus jugadores/colaboradores/prensa/directivos…?, ¿cómo te comportas?, ¿quién estás siendo ahora con esa ‘verdad’ tuya?, ¿qué Valor tuyo estás pisando?… En realidad, esa pregunta (¿qué tengo que hacer para que no me echen?) es, cualquier cosa, menos potente.

Propongo una pregunta distinta: “¿Quién quiero ser mientras estoy?” WOW!… Esto es otra cosa, pasará lo que tenga que pasar, pero yo seré quien quiero ser durante este tiempo, y viviré y disfrutaré intensamente de esta experiencia y lo contagiaré a todas las personas sobre las que tengo influencia y responsabilidad. Esta pregunta me conecta con lo mejor que tengo, con mis valores auténticos, con lo que realmente es importante para mí, me mantiene enchufado, con energía, con esperanza, con ilusión, con optimismo, con entusiasmo! Es una decisión personal. No son mis circunstancias las que determinarán quién voy a ser. Soy yo, conectado a mi esencia, quien decide quién quiero ser.

No es lo mismo hacer (actuar) desde el miedo, la desconfianza, o la inseguridad que Hacer desde el Ser. El impacto de las acciones que surgen desde la conexión con lo más profundo y auténtico de cada uno, es incomparable y absolutamente transformador.

La reflexión sobre esta pregunta potente (¿quién quiero ser mientras estoy?), me ayudará a tener el coraje que necesito para afrontar y superar mis miedos, para ampliar mi ‘zona de confort’, para atreverme a ser quien realmente soy y ponerlo al servicio de mis jugadores, para ser auténtico y coherente, para ocuparme en lugar de (pre)ocuparme, para mostrarme abierto, disponible y vulnerable, para brillar y ser luz para otros. Para acercarme a mi mejor versión.

La respuesta a esta pregunta me conecta con el Líder que llevo dentro, que está ahí,… dormido, en el fondo de mi Ser… esperando a que yo despierte de una vez, para ponerse en marcha y acercarme a la victoria, a ganar, y no solo a la victoria, sino también a la gloria, que está reservada para aquellos valientes que aspiran a ganar sin atajos, a los que disfrutan intensamente del proceso y contagian su entusiasmo a sus jugadores, haciéndoles sentir importantes, reconocidos y valiosos, y dejando una huella imborrable en sus corazones. Para los líderes auténticos que inspiran los mejores y extra-ordinarios logros humanos. Y tú, “¿Quién vas a ser mientras estás?”

Imanol Ibarrondo

Jardineros, escultores y sopladores de brasas…

7 octubre, 2013

Nueva imagen“Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre la fantasía de despertar”. (‘El principito’ de A.S. Exupéry).

Al igual que una pequeña bellota ya tiene dentro todo lo que necesita para convertirse en un roble extraordinario, así cada persona viene completa de serie y con todos los recursos que le harán falta para convertirse en la mejor versión de sí misma.

No pretendo que se lo crean, ni es una verdad incontestable (¿acaso existen?), tampoco lo puedo demostrar, no es por tanto dogma de fe, ni una doctrina que hay que seguir a pies juntillas. Tan solo es una creencia potenciadora que me ayuda a ver a las personas y equipos con los que trabajo, no solamente como lo que son a día de hoy, sino como lo que podrían llegar a ser si se atrevieran a serlo. Es simple, pero funciona. La esencia de cada uno nunca se pierde, está ahí, dormida, en el fondo de nuestro ser, esperando a que despertemos. A veces, tan solo necesitamos que alguien crea, de verdad, en nosotros/as, alguien que nos vea con ‘mirada bellotera’ para comenzar a florecer.

Desde esta creencia, reconozco mi desconfianza hacia aquellas escuelas o entrenadores que consideran que pueden crear el prototipo de deportista ideal para determinado puesto o equipo. Se muestran incapaces de ver más allá de lo que quieren ver, dedicándose a etiquetar a sus jugadores, limitándoles enormemente, poniendo el foco en lo que está mal, en lo que falta, en lo que no funciona o no se adapta a su troquel y se pierden tantas cosas…  Pierden de vista la esencia de lo que ya está dentro, por no tener la actitud de curiosidad genuina para descubrir cuál es el regalo que cada uno lleva en su interior y que está esperando ser desvelado.

Así como el jardinero sabe que no necesita meter nada dentro de la bellota, tan solo plantarla en un lugar fecundo, regarla, cortar algunas ramitas, tener paciencia y dar tiempo, el trabajo del entrenador no consiste en ‘meter’ sino en ‘sacar’ lo que ya es, descubrir qué es lo que le hace a cada uno único, diferente y especial, identificar y valorar la diversidad, reconocer su esencia, potenciarla y hacerla crecer, sin pretender transformarla en otra cosa, en lo que no es. Sembrar.

Trata a un deportista como lo que es y seguirá siendo lo que es. Trátale como puede llegar a ser y se convertirá en lo que puede llegar a ser”. W.A. Goethe (adaptado).

Creo honestamente que ningún entrenador puede hacer un jugador… pero sí que puede deshacerlo. El jugador que vaya a ser ya es, ya está dentro. La labor del entrenador/Líder se parece mucho a la del escultor. Cuando al gran Miguel Ángel le preguntaban cómo era capaz de crear tan magníficas obras, él se limitaba a responder que su trabajo únicamente consistía en desvelar lo que ya estaba ahí, oculto bajo la piedra. Una vez más, al servicio.

Las habilidades y actitudes para ‘sacar’, para desvelar lo que ya está dentro, lo que ya es, son notablemente diferentes a las que se utilizan para ‘meter’. Juanma Lillo escribió que “un deportista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Al coaching se le reconoce también como el ‘arte de soplar brasas’ (libro de Leonardo Wolk). No se me ocurre definición más adecuada para describir la responsabilidad fundamental de cualquier entrenador. Se necesitan entusiastas, inspiradores, personas que hagan creer a sus jugadores que pueden ser mejores de lo que están siendo. Necesitamos sopladores de brasas. Líderes al servicio de sus deportistas.

Su apasionante reto será despertar la semilla que está latente y deseando brotar dentro de cada uno de ellos/as. Escultores, jardineros, sopladores de brasas… cualquiera de estas imágenes vale para ilustrar la inestimable labor de alguien cuya función va mucho más allá de entrenar jugadores; se trata más bien de tener el coraje de brillar y ser luz para poder liderar a tus deportistas. De atreverte a mirar, tú también, hacia dentro, y maravillarte descubriendo qué es lo que hay en lo más profundo de tu bellota esperando despertar. Palabras mayores. ¿Te atreves?

Imanol Ibarrondo