Reflexiones sobre liderazgo (II)

Nueva imagen (2)Hace un par de semanas se celebró en Madrid el I Congreso Internacional de ASESCO (asociación española de coaching) en el que tuve el privilegio de participar como ponente.

El título de mi conferencia era: “De entrenador a Líder. ¿Qué harías si no tuvieras miedo?” Dediqué una semana a preparar una ponencia de dos horas, con unas 40 diapositivas, 3 ó 4 vídeos geniales y un taco de citas deslumbrantes. Me quedó genial…o eso pensaba yo.

Con plena confianza en el éxito que me esperaba, llegué por la mañana al salón del Hotel donde se celebraba el Congreso, y asistí a las conferencias que, desde las 9h., se desarrollaron durante todo el día; Javier Carril, Viviane Launer y Marcos Urarte estuvieron impecables. Mi participación estaba programada para las 18:30h, pero con los retrasos acumulados, tras la última pausa, los 200 coaches asistentes al Congreso, volvieron a entrar al salón sobre las 19h. Hacía calor, era tarde, la gente estaba cansada y dispersa. Empecé a preocuparme…

Por una parte pensaba, “te has currado una presentación muy chula, la sueltas y se acabó. No es cosa mía que estén cansados/as o que sea tarde. Seguro que habrá algunos que la aprovechen y, el resto… ellos/as se lo pierden. No es mi problema”. Esas cosas me decía mi ‘saboteador’ y yo no sabía bien qué hacer.

Por otro lado, mi intuición me insistía en que no tocaba soltar mi rollo y hablar de mi libro… que esas personas, en ese momento, necesitaban otra cosa. Cuando todos estuvieron sentados, expresé en alto lo que estaba sintiendo y decidí preguntar.  Preguntarles. ¿Cómo estáis?,  que levante por favor la mano quien esté cansado, ¿quién está ya un poco saturado?… ¿aburrido/a?… ¿pletórico/a?… ¿quién está pensando ya en lo que tiene que hacer después?… ¿en baños, cenas y cuentos?… ¿a quién le apasiona el deporte?… ¿y los/as deportistas?  Que levante la mano quien….  Así lo hice.

Escuché toda esa información, confirmé mis sospechas y decidí que tocaba otra cosa. Algo más dinámico y participativo. Algo que les mantuviera presentes y conectados, a pesar del cansancio y la hora. Sí, ya sé que podía haberlo pensado cuando estaba preparando la ponencia, que ya sabía que era la última del día y demás… pero no lo hice entonces. Falta de experiencia, de previsión, no sé, pero allí estaba, en ese instante, con todo en el aire y todo por hacer.

Decidí cambiar la ponencia, enseñando más de lo que soy y menos lo que hago. Decidí atreverme y ofrecer algo de corazón. En ese momento, decidí ponerme de verdad a su servicio y aceptar que no se trataba de mí, sino de ellos/as, que el objetivo de esas dos horas no era satisfacer mi necesidad de reconocimiento, ni demostrar mi supuesta competencia y habilidades, sino satisfacer el ‘hambre’ que había en la sala, su curiosidad, sus ganas de confirmar y reforzar su creencia de que el coaching es realmente transformador, que los deportistas y entrenadores lo necesitan y lo reciben con los brazos abiertos, que hay un enorme campo por explorar y que, cada uno/a de los 200 participantes del Congreso tenía (tenemos) una gran oportunidad de desarrollo personal y profesional como coaches… si lo deseamos de corazón.

Pasé de las diapositivas, los vídeos y las citas, trabajamos en algunas dinámicas y compartimos la experiencia de sentir el impacto de la presencia, de conectar, aunque sea brevemente, con la esencia de cada uno, de agradecer y honrar a los que, alguna vez nos vieron como bellotas, experimentamos el sorprendente impacto de la ‘mirada bellotera’, nos reímos mucho de nosotros mismos y de nuestros mezquinos ‘saboteadores’ y descubrimos la fuerza de creer para poder crear, consiguiendo generar un espacio de ilusión, energía y esperanza para los asistentes.

Cuando acabamos (las dos horas pasaron en un suspiro), sentí que había sido útil, que había sido capaz de ampliar mi ‘zona de confort’ y que había tenido el coraje y la confianza necesarias para ponerme realmente a su servicio. Me sentí pleno y agradecido. Quizá, liderar, sea sencillamente eso, tener el valor de ponerte al servicio de los demás para ayudarles a ser mejores, conectando con sus necesidades (que no coinciden necesariamente con sus deseos) y respondiendo adecuadamente.

Por tanto, si liderar es servir, tengo la certeza de que todos hemos sido líderes alguna vez, en el colegio, con un amigo/a, en un equipo, en el trabajo o en cualquier ámbito de nuestra vida, seguro que, cada uno de nosotros/as, hemos ejercido una influencia positiva sobre alguien. Posiblemente, en esas ocasiones, le escuchamos con atención, le preguntamos con verdadera curiosidad, le reforzamos y potenciamos, creímos en él/ella, le ayudamos a relativizar y desdramatizar, a descubrir otras interpretaciones de su realidad, le sostuvimos, en definitiva, le ayudamos a ser mejor.

Imanol Ibarrondo

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