Se acabó el recreo

Ayer, en un encuentro casual con Miguel Gutiérrez, fisio de La Roja desde la época de Clemente, y conversando sobre el delicado momento de la retirada de los futbolistas, esa decisión que se pospone hasta que finalmente suele ser el fútbol el que te deja a ti, recordé una Jornada de coaching que hicimos con los entrenadores valencianos y en la que, gracias a la generosidad de un voluntario de lujo (futbolista profesional con varios títulos en su ya dilatada trayectoria), que tuvo la generosidad de compartir con todos nosotros su experiencia, tuvimos la oportunidad de revivir con intensidad una emoción clásica y universal en el deportista profesional; el final de su carrera.

n_valencia_varios-57183El actual director deportivo del FC Barcelona, Andoni Zubizarreta, se despidió del fútbol en una rueda prensa que concluyó diciendo; “se acabó el recreo”. Es una metáfora excelente que refleja cómo debería vivir su carrera un deportista profesional porque, antes o después, llega el último entrenamiento, el último partido, la última entrevista y luego… se acabó. Se apagan las luces y los focos se dirigen a engullir al próximo, al nuevo, al que te sustituye… tú ya eres historia.

No conozco ningún ex abogado, ni tampoco ex médicos, ex músicos o ex periodistas.  En cambio, sí existe la figura del ex futbolista. Ser ex de algo, y tener la capacidad de re-inventarse, exige casi siempre un período de adaptación, así como superar la crisis que se produce en el momento del cambio.

Has sido futbolista desde los 10 hasta los 30 y pico años, has vivido intensamente el fútbol, le has dedicado toda tu vida y la sensación de ‘pérdida’ es inevitable. Pero tú todavía te sientes futbolista, ¡eres futbolista!, esa es tu identidad, fortalecida por todos los que durante este tiempo te han admirado, respetado y envidiado por haber conseguido lo que, la gran mayoría, alguna vez solamente soñó con ser.

Ahora debes desprenderte de tu identidad… y eso duele, duele mucho. Como cualquier pérdida importante provoca dolor, una gran tristeza e, incluso, depresión. Y eso nos da miedo. No estamos dispuestos a reconocer que estamos tristes, muy tristes.

Tras más de 10 años de experiencia en la Junta Directiva de AFE (Asociación de futbolistas profesionales), puedo afirmar que esta sensación de ‘pérdida’ es universal y afecta a jugadores de todas las categorías, independientemente del patrimonio que cada uno haya podido conseguir en su carrera. De hecho, este sentimiento de pérdida y de tristeza es más acentuado en jugadores de élite que en los de 2ªB ya que, aunque los últimos se hayan sentido tan futbolistas como los primeros, no han estado tan expuestos en primera línea y, además, han tenido la necesidad (y la oportunidad) de reorientar su futuro profesional, incluso, compaginándolo con el fútbol.

Ante esta situación de tristeza no reconocida, en muchas ocasiones, se actúa de una forma irracional y poco recomendable. Lo hacemos así porque en nuestro interior pensamos; “¡Cómo demonios voy a estar triste, si soy un privilegiado!… ¡Qué va a pensar la gente!… No tengo derecho a estar triste”. Tenemos una sensación de culpa que nos mortifica pero, ¡por supuesto que tienes derecho a estar triste!. De hecho, es necesario.

Ya no hay partidos, ni concentraciones, ni viajes, ni peñas, ni ‘saraos’, ni entrevistas…. y estando acostumbrados a ese ritmo de gran actividad y, presos de la confusión que nos embarga, nos lanzamos a un activismo desmesurado Nos arriesgamos inversiones erróneas, proyectos empresariales inadecuados o negocios que nos proponen en los que ponemos sobre la mesa lo mejor que tenemos; nuestra imagen y prestigio a cambio de… nada o casi nada.

El riesgo de esta secuencia es que genera más confusión y finalmente puede acabar afectando a lo más importante: a nosotros y a nuestras relaciones personales y familiares.

Lo cierto es que una gran pérdida como la que sufre un jugador (su identidad de futbolista) y la gran tristeza que esta situación genera, solamente puede superarse de una manera; gestionando el duelo convenientemente. Se trata de reconocer que estamos tristes (incluso deprimidos), sentir esa emoción y abrir un período de reflexión y de adaptación a la nueva realidad. Calma, tranquilidad, no hay prisa. Lo primero es superar la tristeza, echar unas lagrimitas y cicatrizar bien, para poder seguir adelante.

Siendo la capacidad de anticipación una de las cualidades técnicas más apreciadas en un futbolista, parece razonable pensar que habría que desarrollar esta capacidad también en otros ámbitos. El impacto que esta pérdida tiene en cada ex jugador (persona) viene directamente determinado por su capacidad para manejar convenientemente el estado de tristeza que inevitablemente se produce.

Para ello, es fundamental que el deportistas disponga de una formación integral y de un entrenamiento emocional y mental durante su carrera profesional que le permita, por un lado, aumentar su rendimiento deportivo mientras está en activo y, por otro (y no menos importante), aprovechar su vida deportiva para ir construyendo, poco a poco, su ‘otra identidad’, desarrollando, entre otras habilidades y competencias, los recursos necesarios para poder conocer y manejar adecuadamente sus emociones, como por ejemplo, la tristeza del adiós.

Imanol Ibarrondo

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