Archive for the ‘Athletic’ Category

Duelo para ganar

13 mayo, 2012

Tengo la sensación de que la gran mayoría de nosotros somos analfabetos emocionales. Nos cuesta mucho identificar o reconocer nuestras propias emociones, así como aceptarlas y tenemos grandes dificultades también para expresarlas adecuadamente. Aquí somos más de todo pa’dentro. Esto es así por educación y cultura y también porque habitualmente escasean a nuestro alrededor personas capaces de sostener una emoción, sin juzgarnos, sin aconsejarnos, sin decirnos lo que tenemos que hacer o debemos sentir y sin que se agobien cuando perciben una emoción que vaya más allá de bien/alegre, triste/jodido, el pequeño rango de emociones ajenas que somos capaces de tolerar. Lo cierto es que, en general somos bastante “estreñidos” emocionalmente.

Nos cuesta aceptar que las emociones no son ni buenas ni malas, que son pura química, pero que el sentimiento que generan influye decisivamente en nuestra actitud. No se trata de justificarlas ni de racionalizarlas, sino tan solo de reconocerlas, sentirlas, expresarlas y aceptarlas. Tendemos a confundir la sensibilidad con debilidad, sin entender que hace falta mucho valor y coraje para atreverse a expresar lo que uno siente, mostrándose abierto, disponible y vulnerable, porque es precisamente ahí donde reside toda nuestra fuerza. Mejor nos iría a todos si, en lugar de decir lo que pensamos, expresáramos más a menudo lo que sentimos.

Sin embargo, desde el pasado miércoles por la noche, las lágrimas de desconsuelo que se derramaron por toda Bizkaia nos hicieron a todos un poco más inteligentes emocionalmente. Las lágrimas tan auténticas de los jugadores fueron un gran regalo que nos permitió empatizar con ellos, comprenderles profundamente, ponernos en sus zapatos de verdad y entender el tamaño de su desconsuelo. Que en todas los hogares vizcaínos, los peques lloraran con Iker, Ibai, Tokero… fue una experiencia memorable. Que sus familias hayan sido capaces de aguantar ese sentimiento, sin consuelo posible, nos hace mejores ayudándonos a ampliar nuestro rango emocional. Felicito especialmente a Iker por darse permiso para llorar de esa manera. Será sin duda quien primero se recupere de este gran disgusto. Las lágrimas del miércoles, grabadas ya a fuego en las entrañas de los más jóvenes, acaban de forjar una nueva generación de athletizales que jamás olvidarán este día.

Desde el final del partido, se suceden los mensajes de ánimo para la plantilla, buscando una recuperación anímica express con vistas a la segunda Final. Demasiado pronto. Lo entiendo, pero creo que todavía no toca. Tampoco creo que sea el momento de reflexión y análisis con los jugadores para corregir errores del partido. Tiempo habrá para hacerlo con todo detalle. Es muy posible que, tras la dolorosa derrota encajada el miércoles, las dudas, la incertidumbre, la inseguridad, la desconfianza, el miedo a perder o a ganar, la tristeza, la decepción, la frustración, la rabia, el desconsuelo y otras muchas emociones poco edificantes estén presentes en ese vestuario.

Ahora hay dolor. El duelo hay que vivirlo, como cualquier pérdida irreparable. Este título, esperado durante 35 largos años, ya no volverá. Eso duele. Y mucho. No es posible pasar página sin más. No se puede pretender estar a tope en el siguiente partido. No es real y sería engañarse. Toca procesar.

Tanto el entrenador como sus jugadores, deberían disponer de un espacio privilegiado, seguro, sin juicio y sin crítica para poder compartir y expresar cómo está realmente cada uno, qué le está pasando y cómo le está afectando la situación. No se trata de saber qué piensa, ni su opinión sobre el partido, los errores o explicaciones de por qué pasó, lo que interesa es conocer qué está sintiendo. No se trata de racionalizar las emociones, sino de expresarlas. Tampoco se trata de hablar de ellas, sino de sentirlas. Se trata, en definitiva, de aplicar el principio sufí que dice que ‘lo que resistes, persiste y lo que aceptas lo puedes transformar”.

Aceptar que cada uno tiene derecho a sentirse como se sienta, que no lo tenga que justificar, que no se sienta culpable por sentirlo, que pueda reconocer esa emoción y que la pueda nombrar, expresar, compartir y liberar, es una necesidad. Tener la posibilidad de disfrutar de un espacio para poder hacer este trabajo con todos tus compañeros, es un regalo.

Si admitimos que el fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), lo que toca ahora es cambiar un sentimiento, un proceso delicado que requiere talento, sensibilidad, herramientas y las habilidades necesarias para completar esta mágica transformación. La emoción es inefable, no se puede expresar con palabras, así que utilizar metáforas, símbolos o imágenes y jugar con ellas nos permite expresarlas, aceptarlas, vivirlas intensamente y, finalmente, transformarlas para recuperar todas aquellas que les (nos) han traído hasta aquí durante esta increíble temporada.

Tras la inmensa ola de empatía que recorrió y sacudió Bizkaia el pasado miércoles, seguro que podremos comprender y sabremos respetar el espacio y el tiempo que los jugadores necesitan para recuperar su estado de ánimo más propicio. Quizá no tengan ganas de sonreír ni de estar alegres y está bien. Quizá prefieran no pararse a firmar autógrafos y a sacarse fotos y no pasa nada. Quizá no tengan cuerpo para enviar mensajes de ánimo e ilusión a la afición y será lo que toca. Ellos deben superar su proceso de duelo y nosotros el nuestro. Nos volveremos a encontrar, juntos, plenos de confianza, fuerza e ilusión para la gran batalla final. De momento, tiempo al tiempo.

Imanol Ibarrondo (@energizol)

Presidente Instituto Coaching Deportivo

Nota: post publicado como articulo en el periódico DEIA de fecha 13 de mayo de 2012

El espíritu de Ramón

9 mayo, 2012

Yo estoy aquí porque él estuvo allí. No sabemos muy bien cómo lo hizo, pero fue. Llamó y dijo que llegaría tarde. No era algo extraño y a nadie sorprendió. Era mayo del 77 y estaba en Turín. Era Ramón, mi aita, y hubiera disfrutado a tope de esta temporada irrepetible. Este Athletic juega como él vivió. Soñador y valiente, siempre hacia adelante, alegre y optimista, generoso y solidario, desinhibido y muy atrevido, intenso e impaciente, con gran iniciativa y una envidiable confianza en sus posibilidades, sin considerarse más que nadie ni menos que ninguno y, sobre todo, disfrutando como un niño del juego y de la vida. Se pueden imaginar lo que se emocionaría alguien como él con un equipo así.

Los más de 10.000 bizkainos que hoy estamos en Bucarest tenemos el gran privilegio de representar a Ramón y a todos los aitas, amas, aitites y amomas que ya no vendrán (35 años son demasiados para poder repetir), pero que son los legítimos co-autores de esta obra que hoy estamos disfrutando. Ellos/as han sido nuestro ejemplo y este Club, del que nos sentimos tan orgullosos y con el que tanto nos identificamos, refleja con grandeza lo mejor de nosotros, y de ellos, porque el Athletic somos todos y los jugadores son, han sido y serán, en cada momento de la historia, nuestros representantes sobre el césped. Ellos son los elegidos, son de los nuestros y nos están regalando el enorme privilegio de poder reconocernos plenamente, con profunda satisfacción e íntimo orgullo, en lo que están consiguiendo y, sobre todo, en cómo lo están haciendo.

Han sido capaces de re-ínventarse, de superar sus propios límites hasta alcanzar su mejor versión, brillante y admirada en toda Europa. Lo más revelador que he descubierto esta temporada es tomar consciencia de que, si ellos han podido transformarse así, yo también puedo hacerlo. Todos podemos.

En este contexto de gran dificultad que invita a muchas personas a rendirse, nosotros también podemos sacar nuestra mejor versión, lo mismo que hace el Athletic, no bajando nunca los brazos y afrontando las dificultades como retos, con optimismo, esfuerzo y valentía, que no es ausencia de miedo, sino tener el coraje suficiente para afrontarlo, conectando con lo mejor de cada uno y poniéndolo en juego.  Tenemos tanto…

El Athletic está siendo un ejemplo tremendamente inspirador que nos muestra el camino para hacernos mejores, para ser mejores y crecer ante la adversidad. Si ellos, que son de los nuestros, son capaces de hacer una última carrera cuando los demás se paran, de cerrar los puños y seguir apretando, de perseverar hasta el límite en el esfuerzo con una fe y determinación conmovedoras, de ser honestos e íntegros, de creer que todo es posible, nosotros también podemos. Si ellos se muestran como deportistas nobles, dignos y respetuosos, humildes y solidarios, valientes y ambiciosos, nosotros también podemos serlo. Si ellos, en tan poco tiempo, han sido capaces de transformarse de esta forma tan increíble, nosotros también podemos. Cada uno en su entorno, en su casa, en su trabajo o buscando curro, en su ikastola, en su empresa o en la Uni, cada uno en su ámbito de influencia, todos podemos aspirar a ser mejores. Todos tenemos, como ellos, mucho más para ofrecer y, si estos chavales son capaces de hacernos sentir como campeones de Europa, deberíamos comportarnos como tales y no solamente los días de partido.

El Athletic está cumpliendo con creces su misión de responsabilidad social ante la sociedad vasca, convirtiéndose en un referente inspirador de buenas prácticas y comportamientos ejemplares para todos los individuos y empresas de este País. Desde hace meses, en los días de partido, toda Bizkaia es una marea rojiblanca, se vaya o no a San Mames. Entiendo que las Instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Gobierno vasco) considerarán sobradamente rentabilizado todo su apoyo al Club. No podrían haber encontrado mejor embajador que este equipo y su afición para difundir a los cuatro vientos la verdadera esencia e identidad de Bilbao, Bizkaia, Euskadi y de sus gentes.

El Athletic ha multiplicado exponencialmente el atractivo de nuestro País, y no solamente para turistas, sino para todas aquellas organizaciones, empresas y profesionales internacionales, de cualquier sector de actividad, que han podido comprobar y admirar los verdaderos valores que nos distinguen y que son, precisamente, los que nos hacen tan atractivos.

No se trata solamente de playas, comida, museos, paisajes… Lo que realmente hace a Euskadi diferente somos nosotros, las personas que vivimos aquí. Gente noble y de palabra, respetuosa y apasionada, emprendedora y valiente, trabajadora y sacrificada, solidaria y generosa, tal y como el Athletic ha demostrado, de punta a punta de Europa, durante esta mágica temporada. El informe de conclusiones de los ´bobbys´ ingleses tras nuestra invasión de Manchester es rotundo; “que vuelvan cuando quieran”. Así somos.

Hoy recuerdo con cariño y agradecimiento a mi aita. Es un gran día para honrar la memoria y homenajear a familiares y amigos que ya no están, pero que permanecen vivos en nuestros corazones. También para seguir disfrutando de la esperanza de que todo es posible. Les confieso que, aun ganando hoy, dudo que mañana quede grabado en mis recuerdos como un momento más feliz que los vividos estas semanas previas. Nosotros ya  hemos ganado y, para poner una guinda espectacular a esta temporada inolvidable, esta noche necesitaremos más que nunca que el ‘espíritu de Ramón’ nos impulse a alcanzar nuestro sueño: el Athletic, campeón de Europa.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 9 de mayo de 2012

Ya hemos ganado

26 abril, 2012

Si tuviera que definir una Misión que dotara de sentido y propósito a la existencia del Athletic, una declaración que recogiera la esencia del ‘para qué’ existe este Club, no destacaría en ella ‘ganar partidos’ o ‘títulos y trofeos’. La idea central sobre la que giraría mi reflexión sería, sin duda, que el Athletic existe para ‘hacer felices a las personas’. Una Misión rotunda, atractiva, emocionante e inspiradora. No se me ocurre mayor privilegio que ser parte de una Organización que declarase una Misión así y actuara en consecuencia.

En el deporte, unos son felices solamente cuando su equipo gana, otros buscan la felicidad en la clasificación, para algunos es jugar bien, hay quienes necesitan identificarse con su equipo, los hay que solamente lo son ganando títulos pero, aquí, también buscamos desesperadamente momentos sublimes y experiencias memorables para compartir. Viendo el estado de ilusión que el Athletic ha decretado en Bizkaia, reflejado en el increíble mar de banderas rojiblancas ondeando en millares de balcones, podríamos concluir que el Club, esta temporada, ya ha cumplido su Misión.

Además de la gran satisfacción y del íntimo orgullo que todos los socios y aficionados sentimos, incluiría también, como beneficiarios de esta Misión, a todas aquellas personas, no necesariamente del Athletic, que valoran, reconocen y se emocionan con la nobleza, el respeto, la humildad, la ambición y la determinación que demuestra este equipo en el campo, reflejando los auténticos valores que nos identifican, en nuestra mejor versión. Por eso, ahora, por primera vez en mucho tiempo, el Athletic ha entrado de nuevo en multitud de corazones que reconocen el coraje y el esfuerzo de un Club que, sostenido por su filosofía, es capaz de jugar y competir al máximo nivel, plenamente conectado a la esencia del juego, rompiendo un montón de tópicos, mitos y creencias limitantes, profundamente arraigadas en el fútbol. Eso es grandeza y es admirable.

Jugando con intensidad y alegría, a pecho descubierto, siempre a por ellos, en cualquier campo y contra cualquier rival, sin especular y sin trampas, honrando cada partido como el más importante y cada competición como la principal (así es como ha llegado a ser el único Club que permanece vivo en todas). Sin buscar nunca excusas ni justificaciones. Si la felicidad es la ausencia de miedo, más aún en el actual contexto de dificultad que soportamos, la actitud irreductible y valiente de este equipo es absolutamente ejemplar.

Pase lo que pase a partir de hoy, ya hemos ganado, mucho más incluso, de lo que cualquiera hubiera soñado hace tan solo 10 meses. Este año se acumulan ya las despedidas con el equipo saludando a un público entregado, las tardes celebrando éxitos en perfecta comunión con la grada, las colas y sorteos para hacerse con entradas, las taquillas agotadas, un buen puñado de viajes masivos con una afición ejemplar, comidas y poteos multitudinarios antes y después de los partidos, reconocimientos internacionales, algunas victorias inolvidables en citas para la historia y recuerdos imborrables para contar a las próximas generaciones. Ilusión desatada.

Se me escapa una sonrisa cuando, en las mañanas de partidos europeos importantes (como hoy), veo un montón de niños/as camino de la ikastola vestidos del Athletic, personas encorbatadas con las solapas de la zamarra rojiblanca saliéndoles por los cuellos de la camisa, bufandas del Athletic sobre las chaquetas, banderas adornando escaparates y presidiendo bares y restaurantes, miradas cómplices y alegría contenida. En silencio, pero todos unidos en un sentimiento que nos hace mejores; el sentimiento Athletic que no para de crecer. Ya hemos ganado.

Este equipo, un generador inagotable de ilusión, lleva cocinando a fuego lento, día a día, un delicioso pastel. Es el que más partidos ha jugado, el que más sesiones de entrenamiento acumula y el que más horas de concentraciones suma. Un título sería (tan solo) una fabulosa y merecida guinda a su compromiso incuestionable con un reto de proporciones extraordinarias. Los profesionales buscarán con todas sus fuerzas culminar con broche de oro una temporada que les está costando dosis industriales de esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, llevado hasta la agonía en ocasiones. Su comportamiento, ejemplar nos enorgullece.

Pero, independientemente de lo que pase este último mes de competición, con todos los frentes abiertos, cuando acabe la temporada, cojan distancia y miren atrás (con o sin títulos), podrán disfrutar intensamente del camino recorrido, del equipo y los jugadores en que se han transformado, de lo que han crecido y aprendido, del impacto y la admiración que han levantado en el planeta fútbol, del reconocimiento internacional, del gran ejemplo que han sido para todos, de la alegría que nos han producido y, lo mejor de todo, del excitante camino que todavía les queda por hacer juntos. En ese momento, serán conscientes de que el éxito no se mide solamente por el objetivo (título) conseguido, sino por el equipo y el jugador en que has sido capaz de convertirse para llegar a merecerlo.

El gran éxito es, precisamente, haberse transformado en un grupo de jugadores capaz de aspirar legítimamente a ser campeón de Europa (hasta ser considerado favorito) y a ganar la Copa al mejor equipo del mundo. La guinda (el título) sería la rúbrica, una marca en la historia del Athletic, para recordar que este fue, sencillamente, un año irrepetible. Los profesionales pueden tener la tranquilidad y la seguridad de que, nuestra capacidad para gestionar, de otra manera, tanto las victorias como las derrotas, también nos hace diferentes. En estas circunstancias, incluso cuando perdemos, ganamos.

Si esta temporada se cerrase con un histórico doblete, el equipo alcanzaría la etiqueta de legendario y quedaría grabado a fuego, para siempre, en nuestros corazones. Si ‘solamente’ se ganase uno de los dos, o bien el europeo, por ser el primero en las vitrinas del Club, o el de Copa, por la magnitud del oponente, sería el colofón a una temporada extraordinaria y única. Si no se consiguiera ninguno, me quedaría el inolvidable recuerdo del año en que disfruté como nunca y en el que recuperé la esperanza de que todo es posible. Ya hemos ganado. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 26 de abril de 2012

“Vine por ti. Hazlo por mí”

7 marzo, 2012

Sin duda, uno de los valores que podemos defender como referente e identificativo del Athletic, es que nos pertenece a todos, que es realmente nuestro, de los aficionados y socios. Así queda claramente reflejado en uno de los primeros versos del himno; ‘danontzat zara zu geuria´. Es en ocasiones tan especiales como ésta cuando toca demostrarlo, a quienes asumen la responsabilidad de gestionar el Club, y sentirlo, a quienes lo formamos. Lo cierto es que, cualquier valor auténtico, que merezca tal calificativo, debe reflejarse en comportamientos visibles y observables. Lo demás, es hablar por hablar.

Leo en DEIA que Amorrortu no ha dispuesto de entadas para Manchester, ni de la posibilidad de comprarlas… si no es acudiendo a las taquillas. También los hijos de Genar Andrinúa y Ritxi Mendiguren (buenos amigos del Presidente) estuvieron haciendo cola en San Mames para conseguir las suyas, lo que me lleva a pensar que algo bueno está pasando en el Athletic. Tengo la percepción de que el Club ha actuado con la firmeza,  transparencia y sensibilidad necesarias para atender eficazmente esta situación, en lugar de aprovecharse de ella.

Que no existan privilegios para obtener entradas es un acto concreto que refleja perfectamente qué es lo importante en esta situación. Algunos acusan a Josu Urrutia de hablar poco, pero esta decisión habla tan alto que sobran las palabras. Se trata de un mensaje fantástico, alto y claro, para todos los que componemos la gran familia rojiblanca: ‘el Club es de sus socios’ y son ellos quienes deben tener prioridad para disfrutar de una experiencia memorable en el ‘teatro de los sueños’.

Hace falta una buena dosis de coraje y de coherencia para romper con los usos y costumbres tradicionales, que consistían básicamente en aprovechar estos hitos históricos para aumentar la lista de favores concedidos pendientes de cobro. Decir que no a miles de llamadas y peticiones estableciendo un criterio tan radical en el reparto de las entradas (todo para los socios, salvo compromisos contractuales) puede incomodar, con razón, a directivos y empleados que pudieran sentirse agraviados por un criterio tan radical y, sin razón, a algunos ex ”algo” del Athletic que parecen considerar que el Club está en deuda permanente con ellos (¡con todo lo que yo he hecho por el Club y así me lo pagan!). A éstos últimos les propongo un cambio de perspectiva, quizá pensar “con todo lo que el Athletic me ha dado” les facilite poder sentirse y expresarse con mayor agradecimiento y menor exigencia.

Somos lo que hacemos y la Plenitud -atreverte a ser quien realmente eres y actuar conectado a tus auténticos valores- es sin duda, un acto radical y no necesariamente fácil. Es precisamente esta sensación de Plenitud que busca y transmite el Athletic lo que me impulsa a viajar a Manchester (eso y tener una entrada). Voy, porque sé perfectamente lo que va a pasar. Sé lo que voy a ver, cómo se va a comportar mi equipo y lo que voy a sentir en ese mítico estadio… y eso no tiene precio. Esta temporada, presenciar un partido del Athletic es vivir sin aliento durante un par de horas. Toda una experiencia. No cuesta  imaginar lo que será vivirla en Old Trafford….

Algo grande está naciendo, aunque algunos, todavía secuestrados por la tiranía del resultado, sean incapaces de disfrutar plenamente de este  proceso. ‘A ver qué pasa al final de temporada’ susurran con voz cada día más apagada. No sé qué pasará, pero sé lo que está pasando. Tenemos un equipo que representa lo mejor de nosotros, con el que podemos identificarnos plenamente, que transmite tanta energía, vitalidad, alegría e ilusión que nos emociona y contagia, conectándonos con el niño que todos llevamos dentro, que ya casi nunca aparece… quizá solamente cuando juega este Athletic. ¡Cuánto vale eso!

Tengo fe en lo que este equipo está siendo (haciendo) y me enorgullece su coraje, la nobleza con la que se comporta y su deseo inquebrantable de ir siempre a por ellos. Huyen del victimismo, de las trampas, de las protestas, de la especulación y de las excusas como de la peste, y se centran en lo único importante, en el juego. El Athletic está siendo un ejemplo inspirador y visible de lo que el talento, unido al trabajo y a la máxima exigencia, pueden alcanzar. Si ellos están siendo capaces de transformarse en los jugadores que ahora vemos, los demás también podemos transformarnos en la mejor versión de cada uno de nosotros.

Hoy, los casi 10.000 bizkainos que hemos venido hasta Manchester, la mayor invasión del Reino Unido desde los vikingos del siglo XI, queremos que vosotros lo hagáis por nosotros. No olvidéis que, en lo más profundo de nuestros corazones, los vascos somos conquistadores y aventureros, así que, este es el Reto para hoy; entre todos, conquistaremos el ‘teatro de los sueños’, uno de los reductos sagrados del fútbol mundial para confirmar nuestra candidatura: somos un Club Champions.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 8 de marzo de 2012

“¡Queremos a Pou, ni Pep ni Mou!”

31 enero, 2012

Hace siete meses asistí en Anduva a un triste desenlace, tanto para Juan Carlos Pouso Lejonagoitia como para todo el Mirandés. Era un partido histórico para el ascenso a Segunda División. Tras lograr un esperanzador 0-1 en Guadalajara, ganaban también 1-0 al descanso. En la segunda parte empataron los alcarreños y, a un puñado de minutos para el final, un jugador local quedó tendido en el suelo tras una disputa. El balón salió de banda y él no sabía qué hacer: levantarse o no. Lo normal, lo habitual, lo comprensible, habría sido que se quedara ahí haciendo el paripé y robando unos segundos a un final que pintaba angustioso, pero era consciente de que esa actitud iba en contra de uno de los valores innegociables de su equipo y de su entrenador: el respeto. Tenía un conflicto.

La situación era confusa. El árbitro mirando de reojo, sin parar el juego pero sin ordenar el saque de banda… el masajista preparado para saltar al campo… algunos futbolistas del Mirandés que abandonan sus posiciones y se acercan para interesarse… el jugador que, en ese momento, resuelve sus dudas y decide levantarse… el árbitro que ordena sacar de banda… el contrario que lo hace a la espalda de una defensa descolocada…. penalti… gol… acaba el partido… final del sueño… desolación en Anduva.

Conversando con Pouso tras aquel inesperado desenlace, no escuché ningún comentario del tipo “hemos sido unos pardillos”, “no hemos sabido competir”, “nos ha faltado oficio”, “no sabemos jugar al otro fútbol” y demás excusas pueriles para justificar el azar del juego. No me sorprendió.

Al contrario. Él insiste. El miércoles pasado volví de nuevo a Anduva y pude presenciar cómo, en el descuento y ya con el 2-1 a favor, antes de que el Espanyol colgara al área la última falta del partido, alguien lanzó un balón al campo, a unos 20 metros del banquillo local. De inmediato, Carlos salió corriendo al césped, se disculpó con el jugador catalán más próximo, recogió la pelota y, sin perder un segundo, volvió a toda velocidad a su sitio pidiendo calma al público. En ese momento, me sentí muy orgulloso de ser su amigo, de su coherencia y de su valentía para vivir tan conectado a los valores auténticos del juego.

Así actúa Carlos Pouso y así se comportan sus equipos: respetuosos, nobles, intensos, humildes, valientes y muy conectados al juego, sin dar un respiro al rival, hasta el punto de dominar y eliminar con solvencia a tres rivales de Primera División, levantando la admiración y el reconocimiento de todo el planeta fútbol, no solo por sus victorias, sino por la manera de alcanzarlas. Carlos Pouso, como todos, quiere ganar, pero se diferencia de muchos en que renuncia a coger atajos para hacerlo.

Si tuviera que elegir una virtud suya, destacaría su liderazgo inspirador, entendido en su forma más genuina y auténtica. Su gran capacidad para seducir, su disposición para ayudar, para escuchar, para querer a sus jugadores, para creer en ellos, para identificar y satisfacer sus necesidades (que no sus deseos), para exigirles al máximo y hacerles crecer hasta superar sus límites. Su humildad para hacer sentir importante a todo aquel que trabaja junto a él, su obsesión por mejorar a cada jugador que pasa por sus manos, su identificación total con cada club en el que trabaja… En definitiva, su gran generosidad para estar al servicio de los demás, hace que todos le quieran, que crean en él y que le sigan hasta el final. Parece la mejor versión del flautista de Anduvin, si se me permite la expresión.

Ejerce su liderazgo con tanto arte, lo hace con tanta naturalidad y sencillez, que quienes trabajan en un club bajo su ámbito de influencia deciden voluntariamente comprometerse con él al 100%. Él sabe bien que puede obligar a alguien a obedecer, pero no a comprometerse. Es un generador de ilusión y confianza. Con su coherencia, ejemplo y exquisita sensibilidad (por ejemplo, acordándose de los que ya no están en el momento del éxito) y, por supuesto, su conocimiento profundo y apasionado del fútbol y de los futbolistas, consigue que sus seguidores le ofrezcan con gusto el mejor regalo que cada uno de ellos puede hacer: su compromiso incondicional con una idea grande de juego y con unos valores compartidos para llevarla adelante.

Conversador infatigable, ingenioso y muy divertido, experto en crear y cuidar relaciones de alta calidad, con una lealtad a prueba de bombas y tan exigente en el cumplimiento de las tareas como exquisito en el respeto a las personas, entiende el ejercicio de su profesión como un privilegio del que disfruta intensamente y desea compartirlo. En una de las muchas entrevistas que ha atendido últimamente ofrecía esta respuesta: “Mi mayor felicidad es poder hacer felices a los demás… aunque solo sea un poco”. Quizá también, por cosas así, hoy vuelva a escucharse este grito de guerra en Anduva: Queremos a Pou. Ni Pep ni Mou. Carlos Pouso, un grande, perdido en el fútbol pequeño.

Ahora que, por fin, el endogámico mundo del fútbol de alta competición, como pomposamente les gusta diferenciarse a algunos (cuando la realidad es que el fútbol y los futbolistas son exactamente iguales en todas las categorías), ha descubierto a este entrenador de primer nivel, se escuchan opiniones sobre las virtudes que adornan al técnico de moda (sé que le molesta, pero es lo que toca… ¡y ya era hora!).

Hay algún comentario que me ha llamado la atención y que merece una reflexión: “Su mayor virtud es que ficha jugadores comprometidos”, dijo de él un colega. De tal afirmación podría deducirse que el compromiso y la implicación de las personas vienen de serie. Qué bueno y qué fácil sería eso. ¿Se imaginan que, en sus entrevistas de trabajo, les preguntasen: ‘Es usted comprometido?’ o ‘¿Llegará usted motivado de casa todos los días?’. Sí, claro, por supuesto.

Desgraciadamente, no funciona así. Quizá ahí radique, precisamente, el talento diferencial de un gran entrenador. De hecho, quien consigue este nivel de conexión y compromiso de sus jugadores adquiere el rango y la responsabilidad de ser el líder del grupo. Son los demás quienes le identifican como tal, porque esa distinción no viene con el cargo de entrenador y, para hacerse merecedor de semejante reconocimiento, hace falta mucho coraje y humildad verdadera, así como una vocación de servicio ejemplar.

Carlos tiene de todo eso. Le conozco desde antes de que fuera entrenador… Corrijo, entrenador ha sido siempre.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 31 de enero de 2012

‘Pygmalion’ Bielsa

21 noviembre, 2011

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre y escultor, esculpió en marfil a Galatea, su mujer ideal. Su estatua era tan bella y perfecta que se enamoró de ella. Pygmalion suplicó a Venus, la diosa del amor, que su estatua cobrara vida para ser correspondido. Cuando volvió a casa, besó a Galatea y ésta despertó, cobró vida y se convirtió en la deseada amada de Pygmalion.

Lo que se conoce como ‘Efecto Pygmalion’ es que, cuando alguien cree de verdad en otra persona, las expectativas que tiene respecto a ella, afectan de tal manera a su propia conducta, que la segunda persona tiende a confirmarlas. No es un efecto mágico. No sucede solamente por el mero hecho de creer, sino por cómo cambia mi actitud hacia el otro cuando creo. Desde mi mirada, pasando por gestos, palabras, declaraciones, hasta el lenguaje no verbal… todo es distinto cuando creo.

Intuyo que, como a Pygmalion, a Bielsa le sucede algo parecido. Tras una vida entera buscando la perfección del juego, afronta el reto de dar vida a una escultura a medio hacer (quizá un león dormido) que estaba esperando, ansiosa y sin saberlo, unas manos expertas y un liderazgo auténtico que le diera la vida y le hiciera soñar con otro futuro posible. Soñar con retos ambiciosos, con mejoras sorprendentes, con objetivos hasta ahora inalcanzables, con victorias imposibles, con partidos épicos, soñar con la gloria.  Alguien que creyera en ellos, de verdad, y les ayudase a sacar la mejor versión de cada uno al servicio de un equipo digno de grabarse en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Bielsa lidera a un grupo de futbolistas que, durante cuatro años, ha escuchado con insistencia que tiene limitaciones, que debe sumar y restar, que los grandes no están a su alcance, que los demás tienen jugadores elegidos, que no sabe competir porque no maneja el ‘otro fútbol’, que no entiende que lo único importante es el resultado, que es inmaduro porque no asume que todo vale para ganar, que es mejor que no sueñe porque más dura será la caída… Debe ser difícil crecer así.

El rosarino elige y decide Creer. De verdad. Percibo en él a una persona enigmática, tímida, perfeccionista, muy exigente, brillante, obsesionada y apasionada por el fútbol, que defiende con enorme firmeza y convicción la esencia del juego. En su primer día, nada más aterrizar, resumió su mensaje; ‘El Athletic jugará como un Grande’. En aquel momento, tan solo era una posibilidad… pero necesitábamos tanto a alguien que creyera que era posible y que lo declarase públicamente…alguien que fuera capaz de diseñar una Visión tan potente e inspiradora como ésta y se comprometiera con ella desde el primer momento… él lo hizo. Bielsa vive cada día su Visión, en cada rueda de prensa, en cada conversación, en cada detalle, en cada partido, en cada decisión… él es esa Visión a cada instante. Una Visión poderosa que tira con fuerza del equipo y de cada uno de sus componentes, hacia la nueva realidad que queremos crear. Este es precisamente el elemento distintivo de su liderazgo transformador.

 

Sin excusas, sin justificaciones, sin declaraciones populistas, tomando decisiones arriesgadas, respetando a los árbitros, sin demagogia de baratillo, reconociendo sus errores, se centra exclusivamente en creer en sus futbolistas haciéndoles crecer cada día y cada partido. Consiguiendo transformaciones impensables en algunos casos y mejoras de rendimiento notables en otros. Se dedica en exclusiva a sus jugadores (se entiende ahora que no pudiera trabajar con 35), ayudando a cada uno a conectar con lo mejor que tiene dentro, creando un espacio privilegiado de mucho trabajo, esfuerzo, exigencia máxima, respeto profundo, confianza y seguridad para que se atrevan a sacarlo. Potenciar a sus jugadores… quizá sea esta una de sus mayores virtudes y, desde luego, una capacidad básica para cualquier entrenador, que solamente se activa si Crees en ellos. De verdad, como Pygmalion.  

Desconozco su nivel de integración en la ciudad o de implicación en el Club, la calidad de las relaciones que tiene con otros estamentos de la Institución, si le gustan los txokos, o la amatxu de Begoña, ni siquiera sé si tiene intención de permanecer más allá del año que tiene firmado… pero tampoco me interesa saberlo. No se le contrató para que diseñara el futuro del Club, ni para ejercer de portavoz, ni de profesor para los técnicos de Lezama. Será responsabilidad de otros profesionales recoger todo el aprendizaje de lo que está pasando para consolidarlo, afianzarlo y extenderlo como la pólvora por toda la Organización, de manera que, lo que estamos viviendo ahora, constituya un legado sobre el que seguir edificando el Athletic del futuro.

Bielsa ha venido para hacer exactamente lo que está haciendo; una revolución. Para girar el rumbo del Titanic, evitando el choque con el iceberg. No alcanzo a imaginar las dosis industriales de energía que necesitará cada día para afrontar semejante tarea. Para corregir la deriva y ayudarnos a re-conectar con lo que realmente somos, permitiéndonos  re-descubrir, en el terreno de juego, aquello con lo que nos identificamos tan profundamente. Ese es el extraordinario reto que está afrontando. No conozco a Bielsa pero, viendo lo que hace y cómo lo hace, tengo la seguridad de saber que no renunciará a lo que es innegociable; dirigir a un equipo valiente, ambicioso, protagonista, generoso, esforzado, solidario, intenso y noble. ¡Cómo me gusta eso!  Se le dice ‘El loco’… lo entiendo.

Generar una Visión, un futuro posible, totalmente distinto del predecible (un pasito más sobre lo mismo), resulta muy incómodo, porque ningún futuro posible parece realista al principio. Bielsa declaró públicamente, en una sola frase, lo que los 11.000 que votamos por Josu también pensábamos que era posible y, poco a poco, a pesar de los malos resultados iniciales, está consiguiendo atraer hacia esa Visión a los jugadores, a la afición, a los medios de comunicación y a toda la familia del Athletic. Empezamos a creer que podemos volver a hacerlo… volver a conseguirlo…. volver a disfrutar de un gran equipo… volver a ser campeones. ¿Por qué no?

Queda todavía mucho camino para completar la mutación pero, como a Galatea, la estatua de Pygmalion, veo ya a este Athletic abriendo los ojos, desperezándose y tomando consciencia de su naturaleza y de lo que puede llegar a ser. Yo, ahora, Creo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Mucho más que fútbol

6 noviembre, 2011

Durante todo el domingo pasado tuve la intuición (esa sabiduría interna que todos tenemos y a la que hacemos tan poco caso) de que el partido contra el Barsa sería memorable, una experiencia sublime para compartir con todos los amantes del Athletic. Acudí a San Mames convencido de ello, pero la actitud de los jugadores superó incluso mis mejores expectativas. Hacía muchos años que no me sentía tan íntimamente identificado con mi equipo. Fue una intensa sensación de conexión profunda con todo aquello de lo que estoy orgulloso y forma parte de mí (de nosotros), de nuestra esencia, de lo que realmente somos, mucho más allá del resultado del partido… y del fútbol.

Volviendo a casa tras el partido, bajo el diluvio universal y con varias carreteras cortadas al tráfico, tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que había sentido en San Mames. Descubrir de nuevo a nuestros futbolistas compitiendo contra el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia, con tamaña determinación, intensidad, valentía y nobleza, con tanta fe, resultó muy inspirador. Conectar de nuevo con la grandeza, con ir a ganar siempre y contra cualquier rival, con no rendirse nunca, con recuperar el respeto, el coraje y la ambición que son tan nuestros, fue para mí un auténtico regalo.

Concluí que, si ellos (los jugadores), que son de los míos, son como yo y compartimos los mismos valores, eran capaces de comportarse de esta manera contra un rival de la máxima dificultad, yo también podía hacerlo. Al día siguiente, facilitaba una jornada de formación de coaching deportivo en el COE para seleccionadores nacionales y directores técnicos (un reto también de máximo nivel) y les puedo garantizar que revivir todas las sensaciones que me transmitió el equipo la noche anterior, me ayudó a conectar con la energía necesaria para disfrutar de un gran día.

Quizá sea esto lo más importante que nos puede dar nuestro Club, el mayor regalo que puede hacernos, mucho más allá de las emociones pasajeras de las victorias. El Athletic que está surgiendo ahora, puede convertirse en un referente de comportamiento, en un modelo de conducta y en una referencia para ayudarnos a reconocer, identificar y conectar con aquellos valores que nos definen y de los que estamos tan orgullosos.

La fuerza, el coraje, la ambición y la convicción que demuestran los jugadores en el campo, conectados permanentemente a la esencia del juego, a lo que es realmente importante y tan alejados ya de los engaños, simulaciones, protestas sistemáticas, pérdidas de tiempo exageradas, interrupciones deliberadas del juego… y demás actitudes tramposas que se nos vendían como imprescindibles para ‘ser competitivos (¡qué gran mentira!), pueden ser el faro que ilumine el camino de retorno hacia nuestra Identidad, hacia lo que es innegociable para nosotros, algo que está muy por encima de la interpretación puntual del juego que pudiera proponer uno u otro entrenador.

La gestión por valores (mucho más allá de la gestión de la cuenta de resultados) que proponen Josu Urrutia y su Junta Directiva y que fue el pilar fundamental de su campaña electoral, dispone ahora de la rampa de lanzamiento idónea para su puesta en marcha, tanto por la evolución positiva en los resultados del equipo como, sobre todo, por la actitud ejemplar de los futbolistas comprometidos hasta las cachas en el proceso de convertirse en la mejor versión de sí mismos y del  equipo que puedan llegar a ser.

El carácter que están reflejando en el campo, lo que están haciendo (lo que haces  define lo que eres) constituye una oportunidad de oro para que todas las personas que componen el Athletic, puedan también alinear sus comportamientos con aquello que decimos que es importante. Hablamos de vivir conectados, mediante acciones concretas, a aquellos valores históricos, tan nuestros, y que ahora empiezan a percibirse  con claridad, como si fueran la brújula que diseña el presente y, sobre todo, definirá nuestro futuro.

Ahora, en estos tiempos turbulentos e inciertos, es cuando podemos aferrarnos con más determinación que nunca a lo que somos, porque estar conectados a esto nos ayudará a salir adelante, más fuertes que antes… y no solo en el fútbol. Es un momento excelente para convertir al Athletic en un faro, en una luz y en un referente que ilumine el camino.

Aprovecho aquí para reafirmar la apuesta que hice el pasado 7 de julio en estas mismas páginas. Lo que estoy viendo me ilusiona hasta el punto de que tengo una fe inquebrantable en que este equipo volverá a ser campeón. Ya saben, la fuerza de creer para crear. De momento y, hasta que eso suceda, nos queda disfrutar de esta transformación porque ahora, a diferencia de antes, creo que hemos aprendido que se puede disfrutar del proceso sin tener que esperar a ver si al final del camino hay premio o castigo. Ahora, todos, estamos deseando que llegue ya el próximo partido del Athletic para sentir el orgullo de ver a nuestro equipo comportarse con grandeza, en casa, fuera y ante cualquier rival, y volver a conectar con lo mejor que tenemos. Con lo que somos. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

Mucho ruido y pocas nueces

31 agosto, 2011

Es obvio que el verdadero problema del enfermo sigue sin resolverse. De momento, futbolistas y patronal han decidido ponerle una tirita para parar la hemorragia. Pero el fútbol estatal sigue muy grave y la AFE ha desperdiciado su última bala. La próxima convocatoria de huelga que proponga el mediático Rubiales (sería la sexta en año y medio) tendría peor acogida y menor respaldo, tanto fuera como dentro de su colectivo.

Tampoco se sabe cómo se pagará la deuda pendiente con los jugadores: al principio eran 52 millones de euros, luego 35 y, finalmente, ni se ponen de acuerdo en la cantidad. Sorprendentemente, no hay información sobre los términos del acuerdo, pero entiendo que los clubes no pondrán ni un euro más de la propuesta inicial que plantearon a la AFE (10 millones de euros anuales de fondo concursal). Creo que no lo harán porque no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los bancos ya ni les abren la puerta).

Además, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando incluso gravemente la competición. El caso del Athletic con la venta de Aritz Aduriz es significativo por sangrante. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaino en beneficio de su nuevo club. El Mallorca vende al Valencia al jugador y se queda con la tela. Y, por último, el Athletic tuvo que pagar a escote la deuda del club balear con sus futbolistas, entre ellos con Aduriz. Un ejemplo claro del esperpento en el que se mueve la mejor Liga del mundo.

Dicen que el Senado aprobará en septiembre una modificación de la ley concursal, en su aplicación al ámbito deportivo, que descenderá al club moroso aunque inste el concurso. No lo veo yo tan claro. La propia naturaleza del concurso defiende la viabilidad de la empresa (el club) manteniendo su actividad con el aplazamiento y la renegociación de las deudas (quita y espera). Si desciende por no pagar estando en concurso, esta ley no tendría sentido ya que los clubes perderían sus ingresos y deberían ir directamente a liquidación. Otra tirita.

La cirugía profunda y definitiva sería la entrada en vigor inmediata del fair play financiero en los clubes (equilibrio presupuestario), una medida que comenzará a aplicar la UEFA a partir del año próximo y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años. La aplicación incluye sanciones deportivas y económicas ejemplares a los clubes incumplidores.

En esta Liga de siesta y pandereta, donde al tramposo se le reconoce como virtuoso, a ver quién es el cirujano que se atreve con tan delicada operación. Entiendo que la LFP obligará a la AFE a hacer un frente común para sacarle pasta a papá Estado. Por una parte, exigiendo mayor participación en el reparto de la recaudación de las quinielas. En lugar de destinar una parte del dinero a mejorar instalaciones, se lo daremos a los clubes para que lo vuelvan a despilfarrar (pagamos todos). La segunda, presionando al Gobierno para que elimine la ley de interés general que obliga a emitir un partido en abierto.

Así, quien quiera ver fútbol, a pasar por caja (volvemos a pagar). Lo dicho, tengo la impresión de que esta farra que se han corrido entre la AFE y la LFP nos va a salir una pasta a todos. A la AFE no le queda más remedio que plegarse a las exigencias de la LFP porque ha perdido algo que ha sido santo y seña del sindicato desde su fundación: su independencia.

Ahora es la patronal de clubes la que, a través del Fondo Estructural incluido en el Convenio, paga una cantidad anual a la asociación para afrontar sus gastos, que han crecido en 2,4 millones de euros desde que la nueva Junta Directiva, presidida por Rubiales, decidió, vulnerando los estatutos de la asociación, adjudicarse un sueldo para él y para todos sus integrantes. Ya se sabe: quien paga, manda. Paga la LFP, mandan los clubes.

Visto lo que está pasando y lo que viene, al colectivo de futbolistas se le presenta una excelente oportunidad para dar un gran paso adelante. La creación de un Fondo Solidario para hacer frente a posibles impagos sería una respuesta realmente comprometida para unir, reforzar y cohesionar un colectivo con diferencias siderales entre unos pocos y la gran mayoría. Los que no tienen problemas necesitan de los demás para poder seguir jugando y cobrando.

Crear un Fondo con el 0,7 por ciento de los contratos de cada futbolista y el 0,7 por ciento de cada traspaso supondría acumular casi 10 millones de euros al año para atender a las reclamaciones pendientes de los colegas perjudicados, así como para invertir en los procesos de formación continua y reinserción de los jugadores tras su retirada (la primera plantilla del FC Barcelona ya destina un 0,5 por ciento de sus contratos para la asociación de exjugadores blaugranas).

Tampoco es la solución definitiva, pero sí sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario, egoísta y poco sensible hacia la realidad ajena al fútbol. Con la que está cayendo, es un buen momento para comenzar el aterrizaje.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 28 de agosto de 2011

El cambio necesario

19 agosto, 2011

La transformación será todo un Reto. No será tarea fácil para Bielsa & Cía. Cambiar hábitos, también en el fútbol, es un proceso arduo y complicado que requiere el diseño de una Visión poderosa, inspiradora y compartida del equipo en que te quieres convertir, mucha voluntad, determinación, conversaciones potentes, trabajo y tiempo.

Según algunos expertos, todo proceso de desarrollo de un equipo de alto rendimiento pasa necesariamente por cuatro fases. Intuyo que estamos ya en la segunda, coloquialmente se suele llamar adaptación pero realmente es la de conflicto, en la que todo se pone en duda; los métodos, las formas, los entrenamientos, las decisiones, los conceptos, los sistemas, las normas, las jerarquías, el estilo y hasta los liderazgos internos están en cuestión. Todo se compara y se juzga.

En esta fase, se rivaliza por ocupar posiciones de privilegio en el nuevo escenario y se priorizan objetivos individuales sobre los colectivos, se producen cambios de roles y hay que desarrollar nuevas conexiones, generar nuevas relaciones… pero no hay atajos. Es una fase natural, ya que no es posible generar crecimiento sin conflicto, pues las dificultades son inherentes al propio desarrollo de un equipo. Mientras todo esto sucede, comienza la competición oficial.

Lo dicho, no será fácil. Metafóricamente hablando, es como si el Athletic estuviera ahora colocado entre dos imanes que le atrajesen poderosamente. Por una parte, está muy cerca todavía del imán al que ha estado pegado las últimas temporadas y que le aporta seguridad y confianza. Es terreno conocido y se encontraba cómodo ahí. Sabía que podría jugar mejor, ser más valiente, más atrevido, más dominador de los partidos, pero no le ha ido mal haciéndolo así y esa sensación de confort está todavía muy próxima ejerciendo un poderoso influjo.

Por otro lado, el gran esfuerzo que exige despegarse de este primer imán, requiere tener otro que le atraiga también con fuerza hacia adelante para evitar la tentación de renunciar a su necesaria transformación, superando así los momentos de duda, desconcierto y desconfianza que han de venir. Quizá tomar consciencia del equipo en que se van a convertir, del estilo que pueden crear para los que vendrán después, de la referencia de trabajo, sacrificio y valentía que podrán ser para todos, o de la conexión, el orgullo y reconocimiento que conseguirán de San Mamés, podrían ser algunas posibilidades a visualizar para diseñar un poderoso imán al que merezca la pena acercarse con determinación, alegría y confianza.

Ahora, poco a poco, como un niño que da sus primeros pasos, comenzará a descubrir otro mundo lleno de nuevas posibilidades futbolísticas… pero, de momento, sigue siendo territorio desconocido. El movimiento, el cambio genera incertidumbre, miedo, inseguridad, ansiedad, desconfianza y demás emociones que habrá que afrontar y superar para consolidar una mutación imprescindible que permita a este equipo alcanzar su máximo potencial.

Hoy estaremos todos pendientes de él en San Mamés, vigilando sus primeros pasos, animando cuando tropiece, ilusionados, expectantes y teniendo fe en que el esfuerzo merecerá la pena. Asistimos al nacimiento de una apuesta valiente y decidida por recuperar la identidad de un equipo mandón, atrevido, noble, honesto y respetuoso. Lo que somos. Lo que siempre hemos sido.

Una apuesta que exige un compromiso total por parte de todos los jugadores con una idea de equipo grande, que merece y necesita disponer del apoyo incondicional y del reconocimiento (por el gran esfuerzo que exige este cambio) de una afición entregada a un grupo joven, talentoso, generoso y hambriento, que puede aprovechar esta excelente oportunidad que se le presenta para crecer y mejorar hasta romper sus propios límites y descubrir de qué es capaz. Hoy será sin duda el inicio de una transformación emocionante.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de agosto de 2011