Archive for the ‘coaching deportivo’ Category

Determinator

23 octubre, 2013

Rafael Nadal (L) of Spain embraces Roger Federer of Switzerland durinHace un par de semanas, viendo la final del Open USA, pude comprobar de nuevo hasta qué punto se agranda la figura de Rafa Nadal en las situaciones más desfavorables. Donde la inmensa mayoría de los deportistas negociaría una rendición honorable con su rival, él es capaz, justo ahí, de demostrar una determinación incomparable, arriesgando, creciéndose y superando sus límites, una y otra vez, hasta convertirse en la leyenda que ya es.

¿Cómo puede hacerlo?, ¿de dónde sale esa determinación?, ¿de dónde viene ese valor para arriesgar?, ¿por qué los deportistas tienen miedo a ganar?, ¿qué es y de dónde viene la presión?, ¿unos tienen deseos de ganar y otros no?, ¿se puede aprender?, ¿y mejorar? …

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición, que detalla el referido autor.És muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego para nada su valía como persona. No es rehén de esa creencia tan limitante para un deportista, bajo cuya perspectiva, lo que eres, depende de tus resultados, de forma que, solamente siendo el mejor, solo ganando, crees que encontrarás el respeto y el amor que buscas.

Así, se desesperan cuando pierden… no tanto por la derrota en sí, sino por la identificación que hacen entre la derrota y su identidad. Si pierdo, no soy suficientemente bueno y no soy merecedor del reconocimiento de los demás. Demoledor. Una creencia, extendida al máximo en el deporte e instalada en nuestro disco duro desde la más tierna infancia, desde esos días en que llegabas a casa después de un partido y la primera pregunta era…. ¿qué has hecho?… Ganar ya comenzaba a ser lo más importante.

Por eso, a veces, en el momento decisivo, en el último  punto, en el partido clave, en ese penalti, en el tiro libre definitivo… se apodera de ti el miedo a ganar,porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que levas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a ti… y te sientes culpable… y fallas. No es un pensamiento consciente, pero está ahí, y desde el fondo de tu mente, domina ese instante. No es el miedo a perder, sino el miedo a ganar lo que te bloquea en ese momento decisivo. No es la oscuridad sino la luz lo que nos paraliza.

Rafa ‘Determinator’ Nadal, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros reconocimientos que les regala e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su inquebrantable deseo de ganar viene de otro sitio.

Él entiende que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales y de la competición es la de personas que cooperan con él para ayudarle a alcanzarlo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos,consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser. Sabe que ambos se necesitan para crecer. Cooperan y compiten. “Coopiten”.

Desde esta sugerente perspectiva (coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento caliente del partido. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, sabe que no se está poniendo en duda la valía personal de su adversario, ni la suya. Bajo esta creencia potenciadora, nadie es derrotado. Ambos competidores se benefician del esfuerzo realizado para superar la resistencia del rival. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo y crecimiento del otro.

Visto de esta forma, Nadal le hace un favor a cada uno de su rivales esforzándose al máximo y obligándole a su vez a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y, quizá por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales.

El objetivo es ganar, pero el secreto es no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el auténtico reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada jugada, en cada punto y en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Quienes confunden su Identidad, su yo auténtico y verdadero, con las victorias, resultados, logros o habilidades, ignoran el increíble e inconmensurable valor de cada ser humano. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por una afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible;soy un ganador nato, ganar es lo único importante, la historia no recuerda los perdedores…. La tragedia para estas personas es que, aunque en ocasiones alcancen el efímero éxito de la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la serenidad, el respeto y el amor que buscan desesperadamente.

Ellos persiguen la Gloria, pero la Gloria no se busca, se encuentra, transitando por un sendero sin atajos, un camino reservado para aquellos valientes que se atreven a conectar con su mejor versión e inspiran a  los demás con su ejemplo, dejando una huella indeleble en el recuerdo y en los corazones de las personas que les admiramos por su coraje.

Sin duda, el coaching es una potente herramienta y una apasionante disciplina al servicio de los deportistas y entrenadores para conectar con el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘Determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona, porque eso es, sencillamente, Tierra Sagrada.

Imanol Ibarrondo

Ser ‘Ubuntu’

26 febrero, 2011

Me pedía permiso esta semana Rubèn Duque, alumno de Incoade en el COE y Director de formación en la Real Federación Española de Rugby, para utilizar en una ponencia suya un artículo publicado en verano (durante el mundial de Sudáfrica) y que hacía referencia al espíritu de Equipo, reflejado en la filosofía ‘Ubuntu’, mundialmente divulgada por los Premio Nobel, Nelson Mandela y Desmond Tutú.

Aplicada al deporte, podría resumirse en esta frase; “soy porque somos, sino, nada sería“. Además de agradecerle que utilizara el texto en su presentación, le prometí a Rubén que buscaría algunos ejemplos más para intentar aclarar este concepto, tal y como yo lo entiendo. ¿Cuándo un grupo de jugadores o de deportistas se convierte en un Equipo? ¿Cómo se sabe que la transformación ha sucedido? ¿Dónde se ve?

Los últimos días han sido pródigos en este sentido y he identificado algunas situaciones sencillas que podrían servir para ilustrar qué podría ser ‘Ubuntu’. Hacer algo por el bien de tus compañeros y de tu equipo sin esperar que nadie te lo pida, ni recompensa alguna, ni siquiera que te lo reconozcan. Sencillamente, porque quieres hacerlo. Porque deseas estar a su servicio.

El domingo pasado, durante la Final de Copa del Rey de baloncesto, hubo dos detalles ‘ubuntu’ del Barcelona. Por un lado, la persona que recogió el título fue Basile. Los dos capitanes cedieron al jugador italiano, lesionado de gravedad y con muletas, el honor de recibir el trofeo en representación de todos sus compañeros. Sin duda, un gesto precioso.

Pero, hubo otro detalle, en mi opinión mucho más significativo. Pete Mickael (ahora lesionado de gravedad), excelente alero americano del Barsa y poseedor de lo que se denomina un carácter ‘fuerte’, fue el jugador descartado por su entrenador para este Torneo. Se quedó vestido de calle. Antes de comenzar el partido, en la ronda de calentamiento, Pete se encontraba debajo de la canasta, recogiendo y pasando los balones a sus compañeros. Eso sí es ‘ubuntu’.

Esta semana, en el partido Olympique-Real Madrid, en una jugada de contraataque tras un saque de esquina favorable al Madrid, el primer jugador que llegó al área propia para defender la posición de central, tras una carrera al sprint de 80 metros, fue Angel De María. Nadie le podría haber reclamado que tenía que haber estado ahí si no lo hubiera hecho, pero él lo hizo sin que se lo pidieran. Era lo que en ese momento el equipo necesitaba de él.

Conversando hace unos días con Unai Basurko, el prestigioso navegante vasco, le preguntamos qué era Equipo para él y su respuesta nos emocionó a las dos personas que le estábamos escuchando. Nos dijo que, en alta mar, él sabía que los marineros se habían convertido en una Tripulación (Equipo) cuando apreciaba detalles tan sencillos como bajar, sin que nadie te lo pida, a por la cantimplora de agua para ofrecérsela a quien está trabajando en cubierta; cubrir con la manta por la noche a tu compañero mientras estás de vigilancia; cerrarle el libro o apagarle la luz si está dormido. Apreciando esos pequeños detalles, Unai descubría que ya tenía Tripulación.

Sin duda, eso también es ‘ubuntu’. Son pequeños gestos, actitudes y comportamientos que un buen Lider debe destacar, potenciar y reconocer, para tomar consciencia de que realmente estamos en el camino de conseguir el objetivo: ser Equipo.

Imanol Ibarrondo

Esencia

8 enero, 2011

Estaba nervioso. Llevaba algunas semanas jugando mal y las críticas comenzaban a arreciar. Era de noche, jugábamos contra el Málaga en La Rosaleda y quedaban pocos minutos para comenzar el partido. Intuía que quizá era mi última oportunidad para mantenerme como titular. El equipo andaluz tenía un delantero centro argentino goleador y muy agresivo (violento en ocasiones) que se encontraba en un gran estado de forma. Él era mi pareja de baile para esa noche y el duelo no pintaba bien para mí.

El partido comenzó con fuerza y mucho contacto, hasta que en una disputa aérea por un balón, Mario Armando Husillos (que así se llamaba el artista) me golpeó intencionadamente con el codo en la cara. No llevábamos ni 10 minutos cuando el moco rojo comenzó a manar a borbotones por mi nariz. Retirado en la banda, con bastantes problemas para respirar y atendido por el médico, veía a mi entrenador gesticulando para hacer ya el cambio.

En ese momento, cuando ya estaba asimilando una derrota digna (pérdida de titularidad por lesión), algo en lo más profundo de mí se rebeló exigiéndome que volviera al campo. No sé cuál fue el motivo, pero le dije al médico que me colocara como pudiera la nariz porque volvía a jugar de inmediato. A partir de ese momento, todo mi ser estaba centrado en el balón, en los rivales y en mis compañeros. Estaba 100% conectado al juego. Totalmente concentrado. Nada me distraía. Ni árbitros, ni protestas, ni trampas, ni negras profecías y pensamientos inútiles en mi cabeza. Silencio interior. Solamente quería ganar el partido y ganarle a él. Era capaz de anticipar las jugadas y los pases con medio segundo de antelación. Ganaba en todas las disputas, en las entradas y en cada acción. Estaba pletórico.

Ganamos, y a Husillos lo sustituyeron en la segunda parte por su nula aportación al equipo. Cuando entré en la caseta al finalizar el partido, todo eran felicitaciones, pero yo tenía una sensación muy especial. No era solamente satisfacción por el trabajo bien hecho o alegría por una victoria importante. Tampoco se trataba de tener la conciencia tranquila, de haber salvado un match ball o haber respondido a la confianza del entrenador. Ni siquiera el hecho de haberme asegurado el puesto para las próximas jornadas era lo más relevante. Había algo distinto, más profundo y más íntimo. Era como si, en ese partido, hubiese conectado con algo muy importante de mí que estaba escondido o, por lo menos, de lo que yo no había tenido consciencia hasta entonces.

Durante bastantes semanas, esa sensación me acompañaba todo el tiempo y me mantenía alegre, confiado y seguro, no solo en los entrenamientos y partidos, sino en los demás aspectos de mi vida personal. Sabía que todo estaba relacionado con ese partido, pero no sabía por qué. Lamentablemente, hasta mucho tiempo después (años) no fui capaz de descubrir lo que había pasado en La Rosaleda. Aquel día, jugando al fútbol, conseguí conectar y vivir intensamente algunos de mis valores auténticos. Conecté con mi yo verdadero, con mi esencia y con la esencia del juego. Con mi yo más profundo. Aquella noche, sin saberlo, alcancé un momento de plenitud absoluta.

La esencia del juego no tiene nombre, no se puede definir, tan solo podemos intentar poner algunas palabras que identifiquen las emociones que un deportista siente cuando está enchufado, en estado de gracia, cuando fluye… En definitiva, cuando está totalmente conectado al juego. La grandeza del fútbol es tal que permite a cada jugador (y entrenador) conectar con la esencia del juego viviendo sus valores más auténticos.

En la esencia del juego hay esfuerzo y sacrificio, pero también hay arte y espectáculo. Hay reto y desafío, pero también hay respeto por las reglas y por los contrarios. Hay generosidad, pero también hay deseo de ganar, victoria y gloria para el vencedor. El riesgo también es un valor en el juego, así como la diversión. Hay armonía y valentía. Hay compromiso y solidaridad. Seguridad, confianza, honestidad, creatividad… Todos los valores auténticos tienen cabida en el deporte. De hecho, el deporte en general, y el fútbol en particular, constituyen un espacio privilegiado de la vida en el que una persona tiene la oportunidad de vivir de forma más intensa sus valores esenciales… y también un lugar excelente para descubrirlos.

Solo llegarás rápido, en compañía llegarás lejos“. Sería fantástico que todo jugador o deportista tuviera alguien cerca (entrenador, manager, agente, padre…) con las habilidades necesarias para acompañarle en este proceso de descubrimiento de sus valores auténticos. No para decirle cómo debería ser, qué tiene que hacer o a quién debería parecerse, sino para ayudarle a profundizar en su autoconocimiento, a tomar consciencia de qué piensa, qué siente y cómo se comporta, como elementos previos para poder cambiar, transformarse y crecer hacia el jugador y la persona que realmente quiera llegar a ser.

Contra el Barcelona, pudimos comprobar qué gran recorrido podría tener este Athletic si fuera consciente de que cuando juega tan intensamente conectado a sus valores auténticos, a los que realmente definen la Identidad de sus jugadores, del Club y de su gente, puede competir hasta con el mejor equipo del mundo. Cuando se comporta así, es capaz de alcanzar la Plenitud a través del juego y compartir una experiencia memorable con todos los feligreses que acudimos a la Catedral. Tras caer con orgullo y dignidad en la Copa, ese podría ser su gran aprendizaje y La Rosaleda, sin tanta adrenalina ni emoción desatada, el primer examen para poner en práctica lo aprendido.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 8 de enero 2011

Sangre, sudor y lágrimas

5 diciembre, 2010

Acabo de leer una novela histórica que ilustra cómo se desarrolló la Primera Guerra Mundial, incluso en el frente de batalla. Entre otras cosas, describe con mucho detalle las emociones, sensaciones y pensamientos que compartían los soldados, tristes protagonistas involuntarios en aquel sinsentido que se cobró la vida de más de diez millones de jóvenes.

Me quedé pensando en cómo me comportaría yo en una situación similar y qué tipo de persona me gustaría tener a mi lado en un momento así. Coraje, lealtad, capacidad de sufrimiento, valentía, resistencia, templanza y decisión, serían algunas de las cualidades esenciales que buscaría para compartir tan terrible experiencia. A veces, el fútbol, sin ser tan trágico, también puede convertirse en una guerra interesada que te pilla en medio.

Conocí personalmente a Carlos Gurpegi afrontando, posiblemente, una de las situaciones más difíciles y comprometidas de su vida. Siendo yo vocal de la Junta Directiva de AFE, saltó el escándalo de su positivo. Tras una espera prudente con recursos, apelaciones, condenas y demás zarandajas legales, la sanción se hizo firme y le obligaron a parar durante dos años.

En aquel tiempo tuve el privilegio de conocer a su familia. Fuimos invitados varias veces a comer a su casa de Andosilla. Menestra, alcachofas, pimientos y espárragos de su propia huerta eran los manjares con que nos obsequiaban. Curiosamente, absolutamente todo lo que servían en la mesa, incluido el vino, eran productos ecológicos (paradojas de la vida). Y de postre, teníamos lágrimas. De su familia. Derramadas por la injusticia y la impotencia ante un castigo (no solamente la sanción) desmesurado, inmerecido e imposible de aceptar con serenidad.

Entretanto, Carlos parecía un espartano. Inasequible al desaliento y enfrentando decidido su imprevisible destino. Ni una mala palabra, ni una acusación pública a nadie, siempre con una sonrisa que ofrecer, volcado en acciones solidarias, desdramatizando, relativizando, madurando y, en definitiva, tomando consciencia de que la vida es mucho más que fútbol.

Y volvió. Acelerado, como queriendo recuperar en cada balón los dos años robados. Jugaba descontrolado, no medía bien, sin pausa, sin tiempo, sin confianza. Él no la tenía y tampoco se la daban. Se volvió a romper la cara. Otra vez. Más sangre. Esta vez, traumatismo craneoencefálico y doble fractura de nariz. Antes ya se había partido la mandíbula. Le visité en el hospital. De nuevo, una sonrisa. “Todo esto pasará“, decía él.

Mientras tanto, toneladas de esfuerzo, sacrificio, sudor a raudales, entrenamientos al máximo, referencia de implicación y compromiso para todos. Sigue recibiendo más cariño y admiración que nadie y, doy fe, también el reconocimiento silencioso de todo el planeta fútbol a su formidable carácter forjado a base de coraje para afrontar la adversidad.

Esta semana se cumplen ocho años desde que se confirmó el fatídico positivo y, además, Carlos visita el estadio en el que comenzó su calvario, marcando dos goles. Más paradojas de la vida.

Recuerdo un titular de prensa en una de sus entrevistas durante su castigo. Decía: “Volveré siendo mejor“. Ese fue su ambicioso reto y a ello se dedicó en cuerpo y alma: a profundizar en su autoconocimiento, a descubrir nuevas perspectivas de su realidad, a conectar con su esencia y con sus valores auténticos. A cuidarse y a quererse más. A crecer.

Tengo claro que el gran jugador que estamos disfrutando esta temporada es fruto de este proceso y de la determinación y voluntad con las que peleó por no rendirse, por no permitir que otros decidieran su destino y por atreverse a descubrir sus propios recursos para alcanzar su Reto.

Gurpegi mantiene intactas la intensidad, la valentía, la nobleza, la resistencia, la solidaridad y la agresividad que tenía antes y, además, les ha sumado la pausa, la confianza y la seguridad necesarias para atreverse a pedirla, pararla y jugarla con criterio. También conserva su llegada al gol complementada con golazos de fuera del área y, sobre todo, está feliz. No hay más que ver cómo celebra sus goles con la alegría de un niño.

Un carácter guerrero, noble y humilde forjado a base de sangre, sudor y lágrimas. Desde luego, si el partido de hoy se planteara como una de esas grandes batallas antiguas europeas, qué gran suerte tener en tu bando al jugador que mejor identifica, sin duda, el espíritu y los valores auténticos del Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de diciembre de 2010

Ex jugador de 30 años

21 octubre, 2010

Me sentí triste el martes viendo a Ronaldinho arrastrarse por el Bernabeu. Indolente, apático y desmotivado. Ver así a un jugador que, solamente armado con su alegría desbordante y su extraordinario talento para jugar al fútbol, fue capaz de cambiar el estado ánimo de todo un club. De transformar en entusiasmo y títulos una densa sensación de desilusión y desconfianza extendida por todas las capas del Barsa tras una época demasiado larga de zozobra institucional y deportiva.

Un tipo capaz de iluminar con su sonrisa auténtica y desigual todo un estadio. Un gesto con la mano y dos dedos extendidos difundido mundialmente y que expresaba buen rollo, optimismo ante la vida, gratitud hacia todo y para todos. Un jugador capaz de atraer la admiración de todo el planeta fútbol por permitirnos a cada uno de nosotros reconocer y conectar con el niño que todos llevamos dentro, tan solo viéndole divertirse con tanta naturalidad jugando al balón. Una persona totalmente enchufada a su esencia de niño jugón y a los valores del propio juego. Sin trampas ni engaños, respetando a todo y a todos … feliz, confiado, disfrutón. Y, de repente, pop ¡! (que no Pep), se perdió.

Entiendo que la decadencia física y/o mental del deportista, antes o después, siempre llega y, cuando lo hace, uno poco puede hacer para luchar contra eso pero, en el caso de Ronaldinho, tengo la impresión de que ha sido un proceso de auto destrucción. Como si sus saboteadores, hace ya algunos años, le hubieran dicho algo así como ‘no vas a poder mantener el nivel’, ‘esto es demasiado grande para ti’, ‘no estás a la altura’, ‘antes o después te vas a derrumbar’ y él les hizo caso. Pareciera como si, en lugar de afrontar esos pensamientos destructivos, reconocerlos, aceptarlos y superarlos para seguir conectado a sus valores auténticos y a un propósito tan mágico como contagiar su sonrisa a todo aquel que le viera jugar, decidió rendirse. Consciente o no. Me da igual. Se rindió.

Ayer era como un fantasma deambulando por el césped; desconectado de sí mismo, de sus compañeros y del propio fútbol. Perezoso y aburrido. Como alguien que sabe que su momento ya pasó pero tampoco se esfuerza para intentar salvar los restos del naufragio. Un barco a la deriva. Sin rumbo. Un viejo de tan solo 30 años.

A veces pienso, si yo hubiera sido su coach, qué hubiera trabajado con él. Quizá le hubiera propuesto definir un propósito de vida muy potente. Algo que realmente le hiciera resonar. Quizá algo así como “Soy la sonrisa que hace creer”. Es posible que un propósito como éste le hubiera ayudado a conectar de nuevo con su ‘yo verdadero’ y a seguir disfrutando plenamente de su privilegio. Porque, sin duda, ese es un propósito que tiene algo de magia… la misma que él me transmitía cuando jugaba.

Tengo claro que el final de un trayectoria deportiva de un jugador, su última temporada, su decadencia deportiva (generalmente, el último que se da cuenta es el propio interesado) es un momento muy duro y difícil. A veces, además, puede ir acompañado hasta de pitos y abucheos por parte de las mismas personas que te han aplaudido y ovacionado con veneración durante años. Este es un proceso natural y debería ser de corta duración. Cuando las aguas vuelven a su cauce, dejas de ser jugador y pasa un poco de tiempo, el futbolista que ha dejado huella, el crack o la  estrella, retornan a los altares de la memoria y del recuerdo de los aficionados y, de ahí, ya no bajarán jamás.

Lo que realmente me molesta de Ronaldinho es que su cuesta abajo está siendo ya excesivamente larga y, en mi memoria, se empiezan a acumular demasiados recuerdos e imágenes poco edificantes de tan extraordinario jugador.

Esperemos que este suplicio acabe cuanto antes y pueda volver a poner a Ronaldinho en el Olimpo de los dioses del fútbol.

Imanol Ibarrondo

Coaching deportivo: descúbrete y crece

20 octubre, 2010

Durante toda la Jornada del martes, Juan Cárlos, María y yo mismo, pudimos disfrutar en las instalaciones del COE de una nueva experiencia memorable, junto a 26 responsables técnicos de federaciones deportivas tan diferentes como; Ciclismo, Rugby, Tenis de mesa, Natación, Karate, Lucha, Judo, Golf, Atletismo, Voleibol, Billar, Triatlon y Natación sincronizada. Podéis imaginar lo enriquecedora que es, en lo personal y en lo profesional, compartir esta experiencia con semejante diversidad.

Intensa, muy participativa, con gran dinamismo, emocionante por momentos y realmente divertida son adjetivos que hacen justicia a la Jornada de ayer. Se trata de la tercera Jornada de descubrimiento que hacemos en el COE y lo cierto es que, estas Jornadas, dan sentido a nuestro trabajo y nos llenan de energía y vitalidad para seguir avanzando en el largo camino de alcanzar nuestra Visión de difundir, divulgar, convencer y seducir a todos aquellas personas que tienen influencia e impacto en la formación, el desarrollo y el alto rendimiento de los deportistas, en la aplicación de las habilidades propias de esta apasionante disciplina. En este caso, con los máximos responsables técnicos nacionales de cada deporte. Un gran privilegio del que estamos muy agradecidos.

Incorporar nuevas capacidades y competencias para que no se rindan y bajen los brazos ante el gran reto al que se enfrentan diariamente de trabajar con los mejores.

Para que tomen las riendas, se ilusionen y descubran qué es lo que realmente quieren, qué es importante para ellos/as, definiendo un propósito de vida y una Visión, personal y profesional, potente y eficaz. Para comenzar a diseñar su ‘brújula y faro’.

Para que se atrevan a relacionarse de forma diferente, a comunicar distinto, a transmitir desde la emoción y no solamente desde la razón, a conectar de verdad y escuchar activamente a sus deportistas.

Para que se animen a seguir creciendo y a destapar su verdadero potencial, a descubrir sus valores auténticos y a vivirlos cada día ayudando a que sus deportistas también puedan hacerlo.

Para que se decidan a ser quien realmente son, a auto-liderarse con determinación y coherencia para poder, a partir de ahí, ejercer una gran influencia positiva sobre sus deportistas (liderar, en definitiva).

Para que aprendan a confiar y a creer con convicción en sí mismos y en sus deportistas.

Creo que la Jornada de ayer pudo servir para comenzar a tomar consciencia de la realidad de cada uno, de las excusas y justificaciones que utilizamos más habitualmente, para hacer salir a la superficie a nuestros clásicos ‘saboteadores’, inconscientes hasta ayer, y para comenzar a explorar y poner en práctica desde ya habilidades básicas del coaching en su trabajo diario con deportistas.

La Jornada de descubrimiento fue como abrir una rendija de una persiana en una habitación oscura. Es cierto que solamente fue un resquicio, pero por ahí se ha colado ya un caudal de luz que nos permite percibir, aunque sea levemente, el gran tesoro que cada uno albergamos en nuestro interior. Comienza pues un nuevo y excitante viaje de auto descubrimiento. Bienvenidos a bordo.

Imanol Ibarrondo

PD. Como quedó claro en la Jornada, ya no habrá libro (por lo menos este año), así que tendréis que conformaros con seguir leyendo el blog 😉

Huevos y Castañas

10 octubre, 2010

Joaquín Caparrós afirmó este lunes en una conferencia dirigida a técnicos en Donostia, que el 80% de los entrenadores de fútbol base de Lezama quiere entrenar en primera división y que eso no puede ser, ya que dificulta el desarrollo pleno de su trabajo. Caparros dixit.

Personalmente, con 15 años, tuve la gran fortuna de tener como entrenador al más grande de la historia del Athletic; Jose Ángel Iribar. Yo llevaba más de 16 meses sin jugar un partido oficial y, durante aquella temporada, gracias a él, recuperé la ilusión y la confianza para jugar al fútbol. Debo confesar que el impacto que causó en mi su bondad, su humildad y su figura dejaron una huella indeleble en mi persona. A día de hoy, todavía se me traba la lengua y me sudan las manos cuando alguna vez coincido con ‘el Mítico’. Posteriormente, el ´chopo’ pasó a entrenar a profesionales, pero siempre he tenido la impresión de que Lezama perdió un tesoro con el cambio.

Lo cierto es que entrenar a un equipo senior y formar jugadores en fútbol base, se parecen tanto como un huevo a una castaña. Tan solo tienen en común que el balón es redondo en ambos casos. Mientras que el entrenador tiene la obligación de recoger frutos, de sacar el máximo rendimiento a una plantilla, el formador debe aplicarse en sembrar con dedicación. Si se confunden los términos, podemos anticipar problemas en el futuro.

Si el objetivo fundamental del entrenador de un equipo infantil fuese únicamente ‘ganar’, obligado por la configuración actual de los sistemas de competición, se estaría dejando por el camino algo tan importante como aprender a jugar, respetando la evolución natural de cada jugador. Si la única alternativa que tuviera para demostrar su capacidad, e ir subiendo en el escalafón hasta alcanzar una retribución justa y suficiente, fuera ganar en categorías inferiores, estaríamos perdiendo peligrosamente de vista el verdadero objetivo; la formación de jugadores.

Lezama es una escuela de futbolistas y, parecería razonable pensar que el único Club del mundo que se nutre exclusivamente de su Cantera, fuera pionero y estuviese en vanguardia mundial en la aplicación de los más modernos sistemas de enseñanza-aprendizaje del fútbol en categorías de formación. Para que esto fuera así, sería lógico destinar los recursos necesarios a la formación continua de formadores con el objetivo de que el Athletic contase con un equipo de auténticos expertos en cada categoría.

El entrenador del equipo de 14 años (p.e.) debería aglutinar los más modernos conocimientos de metodología y didáctica de entrenamiento para 14 años, de pedagogía para 14 años, de psicología para 14 años, gestionar a la perfección el arte de la comunicación y motivación de pequeñas personas de 14 años…, debería ser uno de los mejores en todo lo relacionado con la formación de futbolistas de 14 años, hasta convertirse en una referencia internacional en la materia.  Y ese tendría que ser el apasionante reto de su vida profesional.

Por lo tanto, no parece lógico pensar que, si decides invertir en la formación de alguien para que sea el mejor en su categoría, cada año le asignes un equipo diferente o, que el objetivo de ese entrenador, fuese entrenar al primer equipo. Es como si la andereño de infantil de la Ikastola tuviese como objetivo dar clases en la Universidad. Ella es una especialista en la educación de niños/as de 4 a 6 años, y es la mejor en eso. Cada año tiene más experiencia y más conocimientos, lo que repercute directamente en una mayor calidad de su trabajo.

Me atrevo a sugerir algunas preguntas iniciales y básicas para plantear a todos y cada uno de los formadores que trabajan en Lezama o que quieran hacerlo; ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿Cuál es tu sueño, tu visión y tu propósito? ¿Dónde te ves dentro de 10 años? Si la legítima respuesta fuera entrenar en primera división, le desearía toda la suerte del mundo y le animaría a comenzar su trayectoria  en División de Honor, en Tercera o donde pueda iniciar su camino, pero no invertiría un euro en su formación para trabajar con las categorías inferiores.

Posiblemente, los profesionales de la formación de embriones de futbolistas necesiten más conocimientos, incluso, que los entrenadores profesionales. El reto y la responsabilidad que asumen requieren personas cualificadas, con capacidades contrastadas, generosas, con arraigado y profundo sentimiento Athletic (no vale cualquiera) y con una energía y pasión desbordante por desarrollar su tarea.

Es prioritaria la formación continua de los formadores de Lezama en los nuevos y modernos estilos de enseñanza, en los fundamentos científicos del entrenamiento, en las habilidades de comunicación y de motivación, en dinámicas de grupos, en el aprendizaje por descubrimiento, en habilidades de inteligencia emocional, de coaching, en Liderazgo y en todo lo que sea necesario para que puedan convertirse en los mejores. Si se ofrece al personal técnico una formación continua, se está dando realmente al capital humano del club un valor prioritario.

Y, por supuesto, una retribución adecuada que permita a los formadores centrarse exclusivamente en su propósito, sin tener que estar mirando de reojo el fútbol de élite como única ventana de progresión y crecimiento profesional. En realidad, estamos hablando del chocolate del loro para el presupuesto anual de un Club que, como el Athletic, debiera considerar la formación de formadores como la mejor estrategia para garantizar su propio futuro.

Imanol Ibarrondo

PD: post publicado como artículo en el diario Deia con fecha 9 de octubre de 2010.

Determinator

16 septiembre, 2010

Sé que son muchas las cualidades que adornan la figura de Rafa Nadal; humildad, coraje, esfuerzo, sacrificio, ambición, sencillez, respeto y  demás calificativos son cualidades perfectamente reconocibles en el tenista manacorí. Todas ellas son fundamentales, pero hay una que me llama poderosamente la atención y que, en mi opinión, marca la diferencia en los momentos decisivos de los partidos importantes. Es su enorme determinación para ganar.

Es ahí, cuando al resto de los mortales se les encoge el brazo por miedo a fallar, cuando surge con fuerza ‘determinator’. La noche del domingo, viendo la final del USA Open, pude comprobar de nuevo cómo su figura se agranda en esas jugadas claves, apreciándose con nitidez su enorme deseo de ganar. Es precisamente en ese momento cuando se saca aun ‘ace’ ganador o mete un pelotazo desde el fondo de la pista que deja sin respuesta a su oponente. Ahí es cuando él, a diferencia de la mayoría, arriesga, se crece y supera sus límites, una y otra vez.

¿De dónde saca esa determinación para ganar? ¿De dónde viene ese valor para arriesgar?  ¿Por qué los deportistas tienen miedo a ganar? ¿Qué es la presión? ¿Por qué se falla tantas veces el golpe decisivo, el tiro libre del último segundo o el penalty de la victoria? ¿Unos tienen deseos de ganar y otros no?  ¿Se puede aprender?  ¿Y mejorar?

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición que detalla el referido autor. Él es muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego su valía como persona. No es rehén de esa creencia limitante tan extendida, bajo cuya perspectiva la valía personal de quien compite en tenis, o en cualquier otro deporte, depende de los resultados que obtenga. Los que están sometidos a esta creencia, que trabaja desde el inconsciente, consideran que solamente siendo los mejores, solo ganando, van a conseguir el amor y el respeto que necesitan.

Sin embargo, de esta manera, valorando solamente los logros y habilidades de las personas, se está ignorando el verdadero e inconmensurable valor de cada individuo. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por un afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible; soy un ganador nato, he ganado en todos los equipos en los que he estado, solamente me interesa ganar…. La tragedia para estas personas es que, aunque alcancen el éxito en la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la seguridad, la confianza o, incluso, el respeto que realmente andan buscando.

Eso en el mejor de los casos. Porque, en caso contrario, si además no ganas, es cuando se te cae el mundo encima. El miedo se apodera de ti y la parálisis, los bloqueos y demás pensamientos poco recomendables (no valgo para nada, soy muy malo, no voy a poder, qué van a pensar, no me lo merezco…) hacen el resto.

Identificar lo que yo soy realmente, mi yo auténtico, con los resultados que obtengo en el deporte es una creencia muy limitante para poder alcanzar el máximo rendimiento disfrutando plenamente del juego.

Es por ello que, a veces, cuando estás para ganar, en el momento decisivo, en el partido clave, se apodera de ti el miedo a ganar porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que le vas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a tí… y te sientes culpable… y fallas. Puede que no sea un pensamiento consciente pero que está ahí, dominándolo todo.

‘Determinator’, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros elogios y reconocimientos que les hace e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su deseo de ganar viene de otro sitio.

Concretamente, de entender que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales es la de personas que cooperan con él para alcanzar su objetivo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos, consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser.

Desde esta potente perspectiva (de nuevo, coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento definitivo. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, ni se pone en duda la valía personal de su adversario. Bajo esta idea, nadie es derrotado. Ambos se benefician por los esfuerzos que han realizado para superar los obstáculos presentados por el otro. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo del otro.

Visto de esta forma, Nadal les hace un favor esforzándose al máximo y obligando al contrario a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales. No hace falta convertirse en un matón arrogante y vanidoso que humilla y aplasta a los demás para convertirse en un ganador. Tan solo hay que entender que aplastar a los demás no es de lo que se trata.

Una vez definido el objetivo (Ganar el partido o el torneo), quizá el secreto sea no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera por lo tanto grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el Reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Sin duda, el coaching deportivo es la herramienta más potente para que el deportista descubra el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona.

Imanol Ibarrondo

No era yo

20 agosto, 2010

Ese saboteador que todos tenemos...

Así describió en rueda de prensa Karim Benzema su primera temporada en el Madrid. Hubiera estado bien que algún periodista deportivo con curiosidad verdadera y ejerciendo una escucha activa (existen?, ) le hubiera preguntado quién era entonces el jugador que salía al verde.

Entiendo perfectamente lo que quiere decir el francés. No se trata de una justificación pueril, como he leído por ahí. Sencillamente, la temporada pasada, el ‘saboteador’ de KB secuestró su cerebro pensante, haciéndose con los mandos y obligándole a dar las respuestas equivocadas.

Con la excusa de protegerle a sus 20 años, fuera de su entorno habitual, en una ciudad enorme, con otro idioma, en el club más mediático del mundo y con un elenco de estrellas como compañeros de equipo, su ‘saboteador’ confundió la situación real y prefirió hacer caso a sus instintos primarios, en lugar de  utilizar las nuevas capacidades evolucionadas de adaptación de que disponemos ya los seres humanos.

Tras su fichaje por el Madrid, KB necesitaba buscar en su interior soluciones y respuestas adecuadas para afrontar una nueva situación, repleta de retos apasionantes y no necesariamente hostil (solamente es fútbol), pero su ‘saboteador’ (primitivo y miedoso) prefirió pasarse de prudente activando el instinto de supervivencia (como si jugar al fútbol fuera una amenaza para su vida) paralizando al jugador.

Dicen los expertos en la fisiología del miedo que la activación de este instinto primario puede provocar tres reacciones diferentes; ataque, huida y/ bloqueo. La temporada pasada, KB jugaba atemorizado, agarrotado. Estaba bloqueado. Jugaba con miedo. No sé a qué; a no estar a la altura, al qué dirán, a fallar a su familia o a la confianza del Club, a fracasar, a las críticas de la prensa… (ponga aquí la razón que quiera) pero se trataba de otro jugador.

Sin duda, jugar con miedo es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te limita, te paraliza y te impide rendir en función de tus posibilidades reales. Además, no digo yo que KB sea la alegría de la huerta, pero seguramente, la imagen de jugador indolente, desmotivado y solitario que ofrece, estará más relacionada con esa situación de parálisis y bloqueo, que con su verdadero carácter. De hecho, dudo que nadie que tenga el privilegio de hacer lo que le guste, tenga esa apariencia tan desorientada.

Comento el caso de KB para confirmar que, sin duda con menos trascendencia y coste económico, se trata de un clásico en el deporte y, especialmente, en el fútbol. Yo me veo absolutamente reflejado en ese sentido en el jugador francés (salvando las distancias siderales, la ciudad y la edad eran las mismas ).

Una cantidad enorme de deportistas dejan que sea su ‘saboteador’ quien tome el mando en momentos clave de sus carreras que les consume con pensamientos negativos e inútiles, excusas y justificaciones banales, y creencias limitantes que les impiden ser quien realmente son en el terreno de juego.

Decía también KB que, para mejorar su rendimiento este año, había trabajado mucho el aspecto mental. Me alegro, pero lo realmente importante de su afirmación es tomar consciencia de que el miedo es universal, todos lo tenemos y, afrontarlo y superarlo es algo que se puede y debe entrenar. Descubrir cómo te habla y qué te dice (tu saboteador), conectar con la esencia de cada uno, profundizar en tu auto-conocimiento, crear una visión potente e inspiradora o apoyarse en tus valores auténticos son, entre otras cosas, algunos recursos que los deportistas tienen a su disposición para poder disfrutar en el campo y en la vida.

KB juega en el Madrid y sin duda tendrá a su disposición todo lo que necesite para mejorar su rendimiento pero, para el resto de los deportistas mortales, sería de gran ayuda disponer de entrenadores con habilidades y competencias propias de coaching deportivo, que les impulsen a que sean ellos mismos quienes salten al campo, no sus saboteadores, que vienen de serie pero juegan peor.

Imanol Ibarrondo

El Arte de Entrenar

26 julio, 2010

Antes del Mundial, escribí un post (¿lideras o entrenas?) en el que hacía referencia a una reflexión que deslizó Vicente del Bosque durante la conferencia que impartió en el ‘2º congreso internacional de entrenadores de fútbol’ que organizó en mayo la RFEF.

Decía que entrenar no es una ciencia y no se aprende obteniendo el título en la escuela de entrenadores. Este es el mínimo necesario, pero afirmaba que entrenar es un arte cuya mayor dificultad reside en la gestión de las emociones (propias y ajenas) y que, para eso, son necesarias otras habilidades, competencias y capacidades diferentes a las técnico-tácticas.

Sin duda, VB ha demostrado ser un experto en el ‘arte de entrenar’  doctorándose cum laude en el Mundial. No quiero detenerme aquí para glosar la ya sobradamente reconocida figura del seleccionador (entre otras cosas porque no le conozco), pero sí quiero poner el foco en algo que me parece importante y que trabajamos constantemente en nuestras formaciones de coaching.

En mi opinión, su gran éxito es atreverse a ser quien realmente es. En cualquier circunstancia. ¡Qué difícil es eso! Actuar permanentemente respetando sus valores auténticos, aun a riesgo de sufrir importantes decepciones (p. ej. : despido Real Madrid).

Durante el Mundial, hemos podido reconocer en sus actos, en sus declaraciones, en su forma de estar en las victorias y en las derrotas a una persona coherente y digna de confianza. Podemos ver con claridad a alguien para quien el Respeto, la Humildad, la Sencillez, la Serenidad, la Perseverancia… son algo más que palabras. 

Sin duda alguna, sus grandes conocimientos de fútbol, su dilatada experiencia profesional y el formidable elenco de jugadores que seleccionó para el Mundial, han sido elementos básicos y fundamentales para alcanzar el éxito pero, posiblemente, su gran capacidad de Liderar eficazmente este excepcional grupo de futbolistas es el matiz que ha marcado la diferencia entre el éxito y el fracaso.

En mi opinión, el equipo de La Roja transmite exactamente los valores que refleja su entrenador. Sin duda, esto es así porque también los Xavi, Iniesta, Alonso, Puyol…. los viven también intensamente y los  contagian a los demás, reforzando así una Identidad de equipo muy reconocible y fuerte en base a unos valores compartidos por todo el grupo.

Es curios comprobar cómo entrenadores como Guardiola, Mourinho y del Bosque son tan diferentes entre sí y, sin embargo, comparten algo esencial que les hace muy reconocibles (además de sus éxitos deportivos). Es la Coherencia. Son muy distintos pero los tres se permiten y se atreven a ser quien realmente son. No engañan a nadie. Viven intensamente sus valores más auténticos y eso tiene un impacto formidable en cualquier grupo. Es el Liderazgo Coherente lo que les identifica y marca la diferencia. Parece fácil pero seguramente no lo es tanto.

Por nuestra experiencia en la formación en habilidades de coaching con entrenadores, éstos no buscan tanto ser como Guardiola o Mourinho o VB, ni como Rijkaard o Capello cuando ganaban en su momento. Lo que realmente desean es tener su mismo impacto en su equipo. Su capacidad de influencia en el grupo.

La buena noticia es que también esto se puede aprender y mejorar. No se trata tanto de un aprendizaje en conocimientos, sino de un viaje de descubrimiento. No miramos hacia afuera, sino hacia dentro. Descubrir qué es lo que yo tengo que me hace único y diferente. En qué soy muy bueno. Qué es muy importante para mí y es innegociable en mi equipo. Cómo lo comunico, cómo lo vivo y si estoy siendo coherente entre lo que realmente soy, lo que digo y lo que estoy haciendo.

Es durante ese proceso de descubrimiento cuando un entrenador (una persona) descubre qué es lo que realmente quiere y conecta con la energía necesaria para alcanzar sus objetivos y para perseguir sus sueños.

A partir de ahí, ya puedes incorporar actitudes o comportamientos del entrenador de éxito de referencia para ti, que comparta tus mismos valores,  para seguir creciendo y mejorando en el difícil arte de entrenar.

Imanol Ibarrondo