Archive for the ‘Competir’ Category

Soplador de brasas

13 noviembre, 2010

Tras la copita, vuelve la Liga. Diez jornadas después, ni frío ni calor. No se sabe si el Athletic viene o va, si irá para arriba, para abajo o, sencillamente, nos quedaremos demasiado pronto en tierra de nadie. El juego del equipo tampoco ayuda a despejar esta duda. A veces, sobre todo fuera de casa, no distingo si sale a jugar o a no jugar, si quiere jugar al fútbol o al otro fútbol.

No es fácil, ni tampoco gratis, estar pensando permanentemente en parar el juego, perder tiempo centrándose en aguantar el resultado o en no perder. Se paga un alto precio. Cuando un jugador o un equipo entra en esta dinámica, se distrae, pierde la concentración y comete errores. Se desconecta del juego. Y, sobre todo, cuando marcas pronto, intentar cerrar el partido de esta manera parece algo absurdo.

Jugar al otro fútbol es, además, propio de un equipo sin confianza en sus capacidades reales y sin seguridad en lo que hace. Un equipo sin intenciones, sin una visión potente de lo que realmente quiere, sin un propósito claro y, por lo tanto, sin una identidad definida. Un equipo miedoso, poco reconocible y con el que cuesta identificarse. En definitiva, un equipo pequeño.

Me resisto a creer que éste vaya a ser el destino del Athletic esta temporada. Una única victoria a domicilio en todo el año debería ser razón suficiente para confirmar la necesidad de un cambio de estrategia. A veces pareciera que el equipo estuviese enfadado con el balón. Toca ya hacer las paces con la pelota, ajuntarse con ella y comenzar a disfrutar jugándola un poco más.

La apuesta ganadora e imprescindible para dar el salto de calidad necesario que nos permita realmente aspirar a objetivos mayores, sería que los jugadores se convencieran de que saben jugar al fútbol. Al de verdad. Que confiaran en que son capaces de hacerlo todos los domingos; fuera y en casa. Saldrá bien o mal, mejor o peor, pero creer en ello e insistir.

Jugar al fútbol está relacionado también con el compromiso con una idea potente y la responsabilidad para llevarla a cabo. Hace falta ser muy valiente para atreverse a jugar de verdad al fútbol y no conformarse con entregar la cuchara fácilmente ante los mejores de la tabla. Dice el invitado de hoy al banquillo visitante de San Mamés, Juanma Lillo, que “en fútbol, no arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré“. Valga el trabalenguas para defender la idea de que hay que arriesgar para crecer individual y colectivamente hasta alcanzar tus retos.

Hoy es un buen día para confirmar esa apuesta contra un equipo que asume que jugar bien al fútbol es la única alternativa para seguir en Primera. Del Almería me quedo con su discutido entrenador, que, con casi 30 años de experiencia en los banquillos, tiene la extraña virtud de decir algo interesante cada vez que habla, de huir de los topicazos del fútbol, de acabar las frases, de no justificarlo todo con el resultado y de demostrar una lealtad y fidelidad inquebrantables a una idea grande de fútbol. Alguien coherente que busca emocionar a través del juego de sus equipos. Lo conseguirá o no, pero yo le admiro por eso.

Intuyo que, en la plantilla del Athletic, hay un gran potencial latente que está deseando que alguien confíe en él, que le impulse, que le inspire, que crea en él. Lo puedo comparar con las brasas de una barbacoa. Todavía no calientan mucho, pero están casi listas para convertirse en un fuego chisporroteante, brillante y ardiente. Tan solo requieren una mano hábil que les dé el aire que necesitan para completar su transformación.

Dice Lillo, en otra de sus célebres frases, que “el futbolista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Quizá lo que necesita el equipo sea un inspirador. Alguien que le haga creer que puede ser mejor de lo que está siendo. No tanto un vendedor, sino un creador de ilusiones. Quizá necesitamos un soplador de brasas.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se publicó como artículo en el periódico DEIA el sábado 13 de noviembre.

El coleccionista

6 octubre, 2010

Se me pusieron los pelos de punta viendo ayer algunas de las violentas entradas que salpican la trayectoria profesional de Nigel de Jong, el mediocentro holandés que agredió a Xabi Alonso en la final del Mundial. A sus todavía 25 años, ya ha fracturado tibia y peroné a dos colegas. Esas son las televisadas, supongo que coleccionará muchas más en su particular museo del terror.

Lo más doloroso es lo desmedido e innecesario de sus acciones. No pienso en mala voluntad, sino en una falta total de autocontrol. Quien actúa de esta manera, se convierte en un peligro para sus compañeros y para el fútbol.

Tampoco es normal que, quien tiene la desgracia de provocar una fractura tan grave a otro futbolista hace menos de 6 meses en un partido amistoso, no tenga la más mínima capacidad de reflexión para modificar y corregir sus comportamientos e impulsos violentos.

El fútbol no es una guerra y no hay que matar a nadie. Las frases dramáticas del estilo ‘nos jugamos la vida’, ‘hay que ganar por lo civil o por lo criminal’, ‘es un partido a vida o muerte`…,  tampoco ayudan a los jugadores a tener una perspectiva adecuada y equilibrada que facilite distinguir entre agresividad y violencia.

Creo que De Jong necesita coger distancia, adquirir otra perspectiva del juego y bajar de revoluciones para poder jugar al fútbol sin poner en grave riesgo de lesión a sus rivales y colegas.

Así parece que lo ha entendido también el seleccionador holandés, que le ha desconvocado para los próximos partidos internacionales, en una valiente decisión, sin precedentes en el fútbol mundial.

Seguramente, habrá sido difícil tomar esta medida contra alguien que ha peleado contigo y con el que has sido sub-campeón del mundo hace tan solo un par de meses, pero Holanda demuestra, con esta admirable e insólita determinación, que no vale todo para ganar. No todo está permitido. No hay atajos para ganar.

La ‘naranja mecánica’, reconocida históricamente en el fútbol por su valores de respeto al juego, a los contrarios y a las normas, no puede admitir que De Jong atente, repetidamente, contra su esencia. Después de las feroces críticas que recibió por su comportamiento violento e impropio en la final del mundial, la selección holandesa acaba de dar una lección magistral de lo que supone tomar consciencia de qué es su selección, qué es importante para ellos, cuáles son sus valores auténticos, cómo quiere que se le reconozca y actuar en consecuencia. Eso, en Coaching, lo llamamos ser coherente y tiene un enorme impacto.

El respeto a los contrarios es un valor esencial del juego y, dentro de este valor, la integridad física de los rivales está por encima de cualquier cosa. Atentar gratuita y repetidamente contra ello, es poner en riesgo la esencia del propio fútbol. No hablo de provocar una lesión en una disputa. Eso forma parte de un juego de contacto intenso y agresivo como es el fútbol. Me refiero a la imprudencia temeraria continuada.

En contraposición al jugador holandés, tenemos otro futbolista en esta Liga que también tuvo la desgracia de fracturar tibia y peroné a un colega y que, casualmente, recibió ayer el Premio MARCA Puerta-Jarque al ‘Juego Limpio’.

Gorka Iraizoz y el lesionado, Luis Filipe, han demostrado que, a pesar de que las lesiones graves pueden suceder, también son excelentes oportunidades para sacar a relucir los mejores valores personales de cada uno, dando ejemplo de lo que debe ser un comportamiento deportivo, tanto dentro como fuera del campo. Enhorabuena a ambos. 

Imanol Ibarrondo

Nacemos genios y llegamos a idiotas

29 septiembre, 2010

Al hilo de la convocatoria de huelga general de hoy, me pidió un periódico económico un artículo relacionando la situación económica y el coaching. Ésto es lo que salió. Creo que se podría aplicar también perfectamente al mundo de los formadores y entrenadores deportivos.

Últimamente, escucho a diario a Zapatero repetir con insistencia la misma palabra; competitividad. Me recuerda mucho a Caparrós. El entrenador del Athletic también tiene ese vocablo entre sus preferidos. No tengo muy claro a qué se refiere exactamente cuando habla de esto. Menciona siempre cuestiones vagas como cerrar los partidos, el ‘otro’ fútbol, aprender a perder tiempo o jugar al filo de las reglas. Creo que Zapatero no habla de lo mismo, aunque le entiendo igual de poco. Él hace referencia a la flexibilidad en el despido, nuevos modelos de contratación, reforma laboral y demás conceptos relacionados con el mercado de trabajo. Parecen tiritas para detener una hemorragia.

Lo cierto es que con lo bien que se vive aquí, con la calidad de vida y las condiciones laborales que hemos alcanzado y a las que, por supuesto, nadie está dispuesto a renunciar, parece complicado que nuestras empresas puedan ser competitivas. En el mundo globalizado en el que nos movemos, son muchos, y más que serán, los países que ofrecen los mismos productos y servicios que nosotros a mejor precio.

Si la calidad tampoco es ya un elemento diferenciador, quizá tan solo haya una variable en la que sí exista un margen importante de mejora. Que cada persona que trabaje, aumente su rendimiento por cada hora que dedique a su tarea. Es decir, que incremente su productividad.

Si, ya sé, es de perogrullo. El problema es que si a una persona no le gusta su trabajo, difícilmente se sentirá motivada para aumentar su productividad. Más bien al contrario, el absentismo, la desmotivación, las excusas, la desidia y la frustración son los ingredientes básicos de demasiadas personas en el mercado laboral actual. Conclusión; qué importante sería que cada cual se dedicara a aquello para lo que tiene talento.

Soy un convencido de que nacemos genios y llegamos a idiotas. No sé de quién es la frase, pero me encanta. Creo que cada uno de nosotros nace con un talento especial y que la gran mayoría pasamos por la vida sin descubrirlo o, lo que es peor, sin buscarlo siquiera. Nacemos con un tesoro, diferentes y únicos y nos empeñamos en convertirnos en uno más de manada, trabajando para cumplir los sueños de otros y renunciando a hacerlo por los nuestros. Lo dicho; idiotas.

Son atípicos los casos como Nadal en el deporte, al que le ponen una raqueta en la mano con 3 años y descubren a un portento del tenis. Casi nunca es tan sencillo detectar el talento (mucho menos potenciarlo y sacarle el máximo rendimiento), pero intentarlo resulta ya una tarea imprescindible.

Zapatero repite ahora con insistencia que la clave está en la Formación. Estoy de acuerdo. Dicen que el país de referencia en educación a nivel europeo es Finlandia. Aunque pudiera parecerlo, la diferencia no está en los ordenadores, ni en la utilización de las nuevas tecnologías o el número de alumnos por aula. La clave es la preparación, la formación, el compromiso y el prestigio del profesor como elemento central de una sociedad necesitada de aprender.

Si la Formación debe ser el pilar básico sobre el que asiente la transformación del modelo productivo y la competitividad de nuestra economía, quizá habría que comenzar por formar a los formadores. Si deben asumir esta hercúlea responsabilidad, necesitan disponer de las habilidades, competencias y capacidades necesarias para hacer frente a tamaño Reto.

Es habitual escuchar a los profesores de hoy quejarse sobre las enormes dificultades que tienen para desarrollar su trabajo diario; desde la abulia de los alumnos, a la falta de recursos, la burocracia, la falta de protección… Sin duda, todos ellos son argumentos de peso y ciertos… pero no son suficientes para abdicar de su responsabilidad.

Entiendo que es vital que haya ingenieros muy cualificados, así como arquitectos, investigadores, médicos y demás profesionales con una formación muy exigente, pero siendo la juventud actual el activo más importante de cualquier País, habría que depositarlo en las manos de los profesionales más competentes y capacitados que se puedan conseguir. Quizá habría que comenzar por prestigiar realmente la carrera de la docencia, revisar las capacidades mínimas necesarias para poder desempeñar con éxito esta profesión y ser mucho más exigente en la selección de los candidatos para asumir esta gran responsabilidad.

Posiblemente, para ser profesor/a, haya que tener realmente mucho talento. No puede valer cualquiera que solamente busque un trabajo fijo para toda la vida. Deberían disponer de enormes reservas de entusiasmo, fe y confianza en las posibilidades ilimitadas de sus alumnos, escondidas tras esa apariencia de pasotismo y desmotivación permanentes que reflejan muchos de ellos. Personas que no vean lo que son, sino lo que podrían ser y actúen en consecuencia. Expertos en el arte de despertar. Ese sería un buen subtítulo para los profesores.

Así se conoce también el Coaching. El arte despertar consciencias, de agitar los corazones, de poner en acción las voluntades oxidadas por la falta de uso, Sin duda, las circunstancias han cambiado. Los jóvenes son diferentes ahora (necesitaríamos un libro para explicar la transformación) y la autoridad ya no viene regalada como antaño (ni siquiera en casa). No está incluida ya en el cargo de quien imparte la formación. De hecho, salvo en el Ejército y en la Iglesia, creo que ya en ningún sector de actividad  funciona de esta manera.

Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que el ordeno y mando constituía la única alternativa. Ese tiempo ya pasó y, guste o no, no volverá. Ya no vale con lamentarse de cómo son los jóvenes de hoy en día y cómo deberían ser. Esto es lo que hay. Ya no sirve levantar la voz o la mano para conseguir obediencia. Ahora el Liderazgo hay que ganárselo, también en el aula, y eso requiere el desarrollo de nuevas capacidades de comunicación y de relación. Necesitan aprender y aplicar otras habilidades, no para imponer, sino para poder ser ‘cómplices de una posibilidad trascendente’.

Así define George Steiner el arte de educar. Se trata de divisar y sacudir lo que todavía no es. “Si me tratas como soy así seré. Si me tratas como podría ser, es posible que llegue a serlo”.  Así podría definirse también el Coaching.

Descubrir el talento oculto tras la bruma de la apatía de cada uno de los alumnos del aula es el enorme reto al que se enfrentan ahora las nuevas generaciones de profesores. Ya no basta con impartir conocimientos, es necesario sacar a flote la esencia de cada individuo para que le sirva de brújula y pueda orientar su futuro profesional hacia aquellos campos en los que realmente sea capaz de sacar su máximo rendimiento, consiguiendo de esta forma aumentar su productividad.

Necesitan ayuda para poder hacerlo. Y su formación en habilidades propias de las disciplinas del coaching ó de la inteligencia emocional facilitaría poder afrontar este reto con posibilidades reales de éxito. En este momento, lo urgente (las tiritas) se impone a lo importante pero, sin duda, apostar de verdad por la formación de formadores, sería la mejor inversión para garantizar un futuro luminoso para todos.

Imanol Ibarrondo

Determinator

16 septiembre, 2010

Sé que son muchas las cualidades que adornan la figura de Rafa Nadal; humildad, coraje, esfuerzo, sacrificio, ambición, sencillez, respeto y  demás calificativos son cualidades perfectamente reconocibles en el tenista manacorí. Todas ellas son fundamentales, pero hay una que me llama poderosamente la atención y que, en mi opinión, marca la diferencia en los momentos decisivos de los partidos importantes. Es su enorme determinación para ganar.

Es ahí, cuando al resto de los mortales se les encoge el brazo por miedo a fallar, cuando surge con fuerza ‘determinator’. La noche del domingo, viendo la final del USA Open, pude comprobar de nuevo cómo su figura se agranda en esas jugadas claves, apreciándose con nitidez su enorme deseo de ganar. Es precisamente en ese momento cuando se saca aun ‘ace’ ganador o mete un pelotazo desde el fondo de la pista que deja sin respuesta a su oponente. Ahí es cuando él, a diferencia de la mayoría, arriesga, se crece y supera sus límites, una y otra vez.

¿De dónde saca esa determinación para ganar? ¿De dónde viene ese valor para arriesgar?  ¿Por qué los deportistas tienen miedo a ganar? ¿Qué es la presión? ¿Por qué se falla tantas veces el golpe decisivo, el tiro libre del último segundo o el penalty de la victoria? ¿Unos tienen deseos de ganar y otros no?  ¿Se puede aprender?  ¿Y mejorar?

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición que detalla el referido autor. Él es muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego su valía como persona. No es rehén de esa creencia limitante tan extendida, bajo cuya perspectiva la valía personal de quien compite en tenis, o en cualquier otro deporte, depende de los resultados que obtenga. Los que están sometidos a esta creencia, que trabaja desde el inconsciente, consideran que solamente siendo los mejores, solo ganando, van a conseguir el amor y el respeto que necesitan.

Sin embargo, de esta manera, valorando solamente los logros y habilidades de las personas, se está ignorando el verdadero e inconmensurable valor de cada individuo. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por un afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible; soy un ganador nato, he ganado en todos los equipos en los que he estado, solamente me interesa ganar…. La tragedia para estas personas es que, aunque alcancen el éxito en la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la seguridad, la confianza o, incluso, el respeto que realmente andan buscando.

Eso en el mejor de los casos. Porque, en caso contrario, si además no ganas, es cuando se te cae el mundo encima. El miedo se apodera de ti y la parálisis, los bloqueos y demás pensamientos poco recomendables (no valgo para nada, soy muy malo, no voy a poder, qué van a pensar, no me lo merezco…) hacen el resto.

Identificar lo que yo soy realmente, mi yo auténtico, con los resultados que obtengo en el deporte es una creencia muy limitante para poder alcanzar el máximo rendimiento disfrutando plenamente del juego.

Es por ello que, a veces, cuando estás para ganar, en el momento decisivo, en el partido clave, se apodera de ti el miedo a ganar porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que le vas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a tí… y te sientes culpable… y fallas. Puede que no sea un pensamiento consciente pero que está ahí, dominándolo todo.

‘Determinator’, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros elogios y reconocimientos que les hace e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su deseo de ganar viene de otro sitio.

Concretamente, de entender que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales es la de personas que cooperan con él para alcanzar su objetivo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos, consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser.

Desde esta potente perspectiva (de nuevo, coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento definitivo. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, ni se pone en duda la valía personal de su adversario. Bajo esta idea, nadie es derrotado. Ambos se benefician por los esfuerzos que han realizado para superar los obstáculos presentados por el otro. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo del otro.

Visto de esta forma, Nadal les hace un favor esforzándose al máximo y obligando al contrario a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales. No hace falta convertirse en un matón arrogante y vanidoso que humilla y aplasta a los demás para convertirse en un ganador. Tan solo hay que entender que aplastar a los demás no es de lo que se trata.

Una vez definido el objetivo (Ganar el partido o el torneo), quizá el secreto sea no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera por lo tanto grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el Reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Sin duda, el coaching deportivo es la herramienta más potente para que el deportista descubra el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona.

Imanol Ibarrondo

Suplentes coyunturales

30 agosto, 2010

Trás la primera alineación presentada por Joaquín Caparrós en el estreno del Athletic en el Rico Pérez frente al Hércules, dos hombres veteranos en la plantilla rojiblanca, dos hombres con peso y palabra en el vestuario de Lezama, como son Pablo Orbaiz y Aitor Ocio apuntan a que tendrán que esperar su oportunidad para ocupar un puesto en el once titular. Ahí es nada.

Decía el nuevo capitán rojiblanco que, desde el banquillo, desea ayudar a sus compañeros, como durante todos estos años le ayudaron a él los que jugaban menos. Estupenda reflexión y punto de partida necesario para explicar el concepto de coopetitividad.

Se dice que la característica que mejor define a los equipos de alto rendimiento, sobre todo en el deporte, es que son muy competitivos. En mi opinión, es una afirmación incompleta. Creo que lo que realmente son es coopetitivos. Cooperar y competir son las dos caras de la misma moneda. Ambas son imprescindibles para que un equipo de fútbol logre su máximo potencial. La una sin la otra, no alcanza.

Al hilo de la reflexión de Pablo, son los jugadores que menos juegan los que marcan el carácter coopetitivo de un equipo. El suplente (parece que ahora no es políticamente correcto llamarlo así), en muchas ocasiones, no es consciente de que su actitud es la que determina el nivel de rendimiento del equipo a lo largo de una temporada.

El suplente estructural (casi nunca juega y hace poco por revertir su situación) es muy reconocible y puede actuar de muchas maneras. Puede dedicarse a mostrar su enfado, tanto en los entrenamientos, como en el vestuario o en declaraciones públicas, siendo capaz de estar triste y alicaído, con malas caras y peores gestos, durante todo el tiempo que haga falta. Puede provocar división en el vestuario sembrando dudas y críticas permanentemente y también puede querer llevar a su terreno a otros suplentes (quizá coyunturales) para reforzar su situación.

Entre otras habilidades, también es un experto en el arte de compadecerse y lamentarse continuamente. Asimismo, aprovecha cualquier ocasión para proclamar a los cuatro vientos la injusticia que se está cometiendo con él y también permite que su cabeza se inunde de excusas, justificaciones y pensamientos negativos e inútiles (el entrenador me tiene manía, soy muy malo, aquí no juego en la vida, la prensa va a por mí…) que le quitan energía e ilusión por mejorar. A veces, también puede dejarse utilizar por gente interesada en generar polémica en torno al equipo, al entrenador o al propio club. Y, por último, también suele bajar los brazos y entrenar a menor intensidad de la necesaria o puede, incluso, rendirse y tirar la toalla. En definitiva, le gusta hacerse la víctima. Una actitud bastante cómoda, pero no gratis.

Bajo esta perspectiva del victimismo, el suplente estructural encontrará muy buenas razones para actuar de cualquiera de las maneras mencionadas, pero se estará haciendo un flaco favor a sí mismo y, por supuesto, al equipo. El grado de cooperación con el grupo del suplente estructural es cero.

De ahí la importancia de tener suplentes como Pablo o Aitor. Tengo la convicción de que aceptarán su situación, pero de ninguna manera se resignarán a ella. Han dado sobradas muestras en su carrera para no dudar de sus deseos de jugar siempre. Son suplentes coyunturales. Un lujo para este equipo. Seguro que ninguna de las actitudes referidas anteriormente entra dentro de su código de conducta. Sin duda, harán todo lo contrario, cooperando al máximo con los que están jugando y ayudando a crear un clima de confianza, unidad y lealtad que favorezca y facilite el crecimiento y desarrollo de los más jóvenes y del equipo.

No se trata tanto de que sean buena gente (seguro que lo son), como de que sean conscientes de que, incluso en su propio beneficio, los intereses colectivos están por encima de los individuales. Siempre y cuando no te rindas, si al equipo le va bien, a ti te irá bien, juegues más o juegues menos.

Aitor y Pablo cooperarán sin duda con sus compañeros pero, por otra parte, competirán a cara de perro con ellos por un puesto, entrenando al máximo cada día. No van a regalar nada y se lo pondrán realmente difícil a los titulares, obligándoles a no conformarse y a dar cada vez un poco más.

Javi, Carlos y Ander parece que tendrán el privilegio de tener por detrás a dos auténticos jugadores coopetitivos. Esperemos que cunda el ejemplo porque, posiblemente, ése haya sido siempre el secreto del éxito del Athletic; cooperar y competir. Saber coopetir.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado con el título “Coopetitivos” con fecha 30 de agosto en el periódico DEIA como artículo de colaboración

No era yo

20 agosto, 2010

Ese saboteador que todos tenemos...

Así describió en rueda de prensa Karim Benzema su primera temporada en el Madrid. Hubiera estado bien que algún periodista deportivo con curiosidad verdadera y ejerciendo una escucha activa (existen?, ) le hubiera preguntado quién era entonces el jugador que salía al verde.

Entiendo perfectamente lo que quiere decir el francés. No se trata de una justificación pueril, como he leído por ahí. Sencillamente, la temporada pasada, el ‘saboteador’ de KB secuestró su cerebro pensante, haciéndose con los mandos y obligándole a dar las respuestas equivocadas.

Con la excusa de protegerle a sus 20 años, fuera de su entorno habitual, en una ciudad enorme, con otro idioma, en el club más mediático del mundo y con un elenco de estrellas como compañeros de equipo, su ‘saboteador’ confundió la situación real y prefirió hacer caso a sus instintos primarios, en lugar de  utilizar las nuevas capacidades evolucionadas de adaptación de que disponemos ya los seres humanos.

Tras su fichaje por el Madrid, KB necesitaba buscar en su interior soluciones y respuestas adecuadas para afrontar una nueva situación, repleta de retos apasionantes y no necesariamente hostil (solamente es fútbol), pero su ‘saboteador’ (primitivo y miedoso) prefirió pasarse de prudente activando el instinto de supervivencia (como si jugar al fútbol fuera una amenaza para su vida) paralizando al jugador.

Dicen los expertos en la fisiología del miedo que la activación de este instinto primario puede provocar tres reacciones diferentes; ataque, huida y/ bloqueo. La temporada pasada, KB jugaba atemorizado, agarrotado. Estaba bloqueado. Jugaba con miedo. No sé a qué; a no estar a la altura, al qué dirán, a fallar a su familia o a la confianza del Club, a fracasar, a las críticas de la prensa… (ponga aquí la razón que quiera) pero se trataba de otro jugador.

Sin duda, jugar con miedo es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te limita, te paraliza y te impide rendir en función de tus posibilidades reales. Además, no digo yo que KB sea la alegría de la huerta, pero seguramente, la imagen de jugador indolente, desmotivado y solitario que ofrece, estará más relacionada con esa situación de parálisis y bloqueo, que con su verdadero carácter. De hecho, dudo que nadie que tenga el privilegio de hacer lo que le guste, tenga esa apariencia tan desorientada.

Comento el caso de KB para confirmar que, sin duda con menos trascendencia y coste económico, se trata de un clásico en el deporte y, especialmente, en el fútbol. Yo me veo absolutamente reflejado en ese sentido en el jugador francés (salvando las distancias siderales, la ciudad y la edad eran las mismas ).

Una cantidad enorme de deportistas dejan que sea su ‘saboteador’ quien tome el mando en momentos clave de sus carreras que les consume con pensamientos negativos e inútiles, excusas y justificaciones banales, y creencias limitantes que les impiden ser quien realmente son en el terreno de juego.

Decía también KB que, para mejorar su rendimiento este año, había trabajado mucho el aspecto mental. Me alegro, pero lo realmente importante de su afirmación es tomar consciencia de que el miedo es universal, todos lo tenemos y, afrontarlo y superarlo es algo que se puede y debe entrenar. Descubrir cómo te habla y qué te dice (tu saboteador), conectar con la esencia de cada uno, profundizar en tu auto-conocimiento, crear una visión potente e inspiradora o apoyarse en tus valores auténticos son, entre otras cosas, algunos recursos que los deportistas tienen a su disposición para poder disfrutar en el campo y en la vida.

KB juega en el Madrid y sin duda tendrá a su disposición todo lo que necesite para mejorar su rendimiento pero, para el resto de los deportistas mortales, sería de gran ayuda disponer de entrenadores con habilidades y competencias propias de coaching deportivo, que les impulsen a que sean ellos mismos quienes salten al campo, no sus saboteadores, que vienen de serie pero juegan peor.

Imanol Ibarrondo

Coopetir

16 agosto, 2010

Al hilo del penúltimo post publicado en este blog (Hasta la victoria siempre) y coincidiendo con la séptima victoria de la temporada de Lorenzo, quisiera hacer una comparación entre dos deportes similares (Moto GP y Formula1) que también tienen 2 pilotos por equipo y compiten por marcas,  además de por la clasificación individual.

El mismo domingo de Julio en que Massa dejó pasar a su compañero Alonso para que ganara en Alemania, por la noche vi como Jorge Lorenzo vencía en Laguna Seca.

Recordé en ese momento la espectacular carrera de junio del año pasado en Montmeló, en la que Rossi y Lorenzo, compañeros de escudería, pelearon hasta la última curva en una formidable pelea por la victoria, asumiendo el gran riesgo  para su equipo de que cualquiera de ellos, o ambos, acabaran derrapando con sus monos por la pista.

No quiero imaginar cómo estaría el box Fiat-Yamaha en ese momento, pero puedo recordar a qué velocidad latían los corazones de todos los que estábamos pegados a la televisión, viendo los increíbles adelantamientos de las últimas vueltas.

Me cuesta creer que en uno de esos momentos memorables para la historia de la Moto GP, alguien desde el box estuviera dando instrucciones a Rossi o a Lorenzo para que fueran más tranquilos, para pensar en los puntos de la clasificación por equipos… No sé si por los pinganillos de ambos se oirían este tipo de comentarios pero, seguramente, ambos pilotos, preferirían cambiar de equipo antes que renunciar a ganar.

Aquél día, Rossi se le metió por dentro en la última curva y se llevó la victoria. Sin duda, fue una derrota amarga para Lorenzo. En su casa, frente a su mayor rival, de su mismo equipo y perdiendo el liderato del Mundial en el último giro. Una gran adversidad.

Dicen que Rossi y Lorenzo son enemigos. No lo creo. Ni en su mejor amigo del circuito podría encontrar el mallorquín un mejor colaborador para su crecimiento y pleno desarrollo como piloto. Tener, quizás al mejor de la historia, como máximo rival y compañero de equipo, es un privilegio del que, si no lo ha hecho todavía, supongo que Lorenzo tomará consciencia en su momento.

Competir con(tra) Rossi le está permitiendo enfrentarse y superar, cada día, las mayores dificultades posibles, avanzando a pasos agigantados hacia el mítico piloto en que podrá convertirse en su momento.

Creo que, sobre todo al máximo nivel, competir está directamente relacionado con cooperar. Necesitas que alguien te ayude y te obligue a sacar lo máximo y lo mejor de ti. A conocer tus límites y a superarlos para poder seguir mejorando, creciendo y ganando.

Y por este motivo, necesitas a tus rivales. Cuando mejor sean ellos, cuanto más se esfuercen, cuanto más difícil te lo pongan (en todos los sentidos), mayor será el favor que te estarán haciendo y más estarán colaborando en tu propósito.

En mi opinión, tras carreras como la de del año pasado de Montmeló, Lorenzo, podría aprovechar para dar las gracias sinceras y de corazón a Rossi, porque le está ayudando a madurar y mejorar a una velocidad imposible de alcanzar sin ‘Il Dottore’ en la pista. De momento, aunque con acierto, ayer se limitó a afirmar “mis antiguos errores me han hecho mejorar”. Por mi parte, estoy seguro que el año que viene seguirá mirando de reojo a la Ducati para seguir aprendiendo.

Imanol Ibarrondo