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Sobre el Compromiso (con ‘C’ mayúscula)

30 diciembre, 2013

Nueva imagen (2)Ancelotti dio un toque a sus jugadores tras la inapelable derrota en el derby madrileño apelando a lo más clásico y tópico del fútbol: la actitud. Ayer, los jugadores, molestos, pidieron una reunión con el técnico italiano para exigir(se), unos a otros (se entiende), compromiso. Compromiso y actitud, dos palabras circulares, que sirven para todo, pero que nada explican.

Hace un año, facilitando las ‘7P para potenciar personas’ con los técnicos y staff de la selección mexicana de fútbol, momentos antes de comenzar el séptimo y último taller, me llegó un mensaje desde España informándome que había fallecido de un infarto mi estimado Manolo Preciado, justo un día antes de su presentación como entrenador del Villareal CF. La noticia me llenó de pena y tristeza pero, tenerle presente durante aquellas cuatro horas, precisamente en el taller del Compromiso, generó un espacio, con una energía y emoción tan cálidas, que guardo un recuerdo imborrable de aquel momento.

Si hablamos del Liderazgo como la actitud imprescindible para generar Compromiso auténtico (con ‘C’ mayúscula), siempre me viene a la cabeza la imagen de Manolo Preciado, un verdadero referente, así reconocido por todos en el planeta fútbol, incluso antes de fallecer… para variar.

A veces, utilizamos el ejemplo de los huevos con beicon para ilustrar la diferencia entre obligación y compromiso. Para cocinar este plato, ¿quién está más comprometido, el cerdo o la gallina? La gallina pone los huevos, hace lo que debe y cumple correctamente con su tarea. La gallina está implicada. El cerdo, por otra parte, va más allá de lo exigible y se deja la vida en el empeño. El cerdo está realmente comprometido. Manolo, sin duda, era el cerdo del ejemplo por excelencia.

Conocía desde hace mucho a Manolo Preciado. Ya fue una referencia en la conquista de derechos laborales para los futbolistas cuando los tiempos eran realmente duros. Los que, como él, daban la cara en aquel momento, ponían en juego sus contratos y sus carreras. Asumían grandes riesgos por los demás y se la jugaban por todos. Una vez más, Humildad y Compromiso auténtico.

Desde la distancia, le ví afrontar situaciones verdaderamente límite, ante las que un cese sería un juego de niños. Le admiré mucho como entrenador pero, sobre todo, me descubro ante la persona. La vida le golpeó con extrema dureza y él se reponía una y otra vez, con una entereza y valentía incomparables (resilencia se diría ahora). Sin rencor ni resentimiento, al contrario, contagiando a todos su increíble capacidad para disfrutar de la vida y del fútbol.

Trabajador, sensible, cercano, integro, humilde, valiente y alegre eran algunos valores que definían una personalidad arrebatadora. Manolo se dejaba la vida por sus jugadores y, cómo no, sus jugadores morían por él. Su liderazgo ha dejado huella en todos los futbolistas que tuvieron el privilegio de trabajar a sus órdenes. Él no tenía ‘gallinas’ en su vestuario.

Dos meses antes de morir, en un taxi, durante un gigantesco atasco en Madrid, tuve una larga conversación con Manolo y, hablando de lo estresante que era su profesión, le pregunté hasta cuándo tenía intención de seguir en los banquillos. Él, me miró a los ojos, sonrió y, con su socarrona voz de siempre, me respondió; “hasta el día que me muera”. Como siempre, cumplió. En nuestras formaciones de coaching y liderazgo en España siempre sale (y seguirá saliendo) el nombre de Manolo Preciado, como referente de entrenador generador de Compromiso.

La gran mayoría de los técnicos y entrenadores que acuden a nuestras aulas, de cualquier deporte y categoría, coinciden en que es, precisamente, conseguir el Compromiso, uno de los retos más importantes a los se enfrentan. Escribo Compromiso con ‘C’ mayúscula para diferenciarlo del otro compromiso, con minúscula, el que se exige y se reclama, en público y en privado, como una receta milagrosa cuando las cosas se complican.

La verdad es que me rebelo cada vez que escucho, habitualmente, declaraciones del tipo; “el equipo está muy comprometido”… “yo estoy muy comprometido”… “el Club está comprometido”. Es una palabra que, utilizada de esta manera, queda vacía de contenido, una palabra circular que, como decía al principio, sirve para todo, pero nada explica. Si no se concreta y se demuestra diariamente con acciones, decisiones y comportamientos visibles, está absolutamente desnaturalizada. Es por esto que, siempre que escucho esa declaración, me hago la misma pregunta; “realmente, ¿con qué está comprometido tu equipo?”… “¿con qué estás comprometido tú?…”

El Compromiso es necesario cuando se acaba la diversión, cuando la cosa se complica, cuando empiezan las dificultades… y, en el deporte, antes o después, cada temporada, por arriba o por abajo, siempre lo hace. Es ahí, en ese momento, cuando se descubre si hay o no hay un equipo compuesto por personas Comprometidas, al servicio de sus compañeros y del Equipo.

El Compromiso (con mayúscula) es una elección. Se trata de elegir a qué valores y a qué actitudes estoy diciendo que SÍ con mi Compromiso y a qué digo que NO. Comprometerse es un acto radical y una decisión absolutamente personal. Nadie puede obligarme y no se puede exigir… pero es imprescindible para poder aspirar a convertirte en la mejor versión del jugador y del equipo que puedas llegar a ser.

Trabajo cada semana con entrenadores y aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ‘ordeno y mando’ para conseguirlos. Saben que no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para alcanzar el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Lo saben bien.

Hay algunos que se atreverán a cambiar y otros que no. Los primeros seguirán adelante disfrutando de su pasión y, los segundos, poco a poco, se quedarán fuera. El cambio es inevitable. El fútbol sigue siendo parecido, pero los futbolistas son muy diferentes. Ya no se aceptan capataces ni sargentos de hierro, no es suficiente con entrenar deportistas, se necesitan, se exigen, Líderes inspiradores y al servicio de sus jugadores.

Quizá, en el mejor de los casos, a los primeros, todavía les alcanza para obtener su obediencia, por miedo a las consecuencias generalmente, pero ni de lejos les sirve para conseguir su Compromiso. Ese es un regalo personal de cada jugador y, si te lo hacen, es porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti, para seguirte hasta el infinito y más allá. Entonces, y solo entonces, suceden cosas extraordinarias…

Imanol Ibarrondo

Ya hemos ganado

26 abril, 2012

Si tuviera que definir una Misión que dotara de sentido y propósito a la existencia del Athletic, una declaración que recogiera la esencia del ‘para qué’ existe este Club, no destacaría en ella ‘ganar partidos’ o ‘títulos y trofeos’. La idea central sobre la que giraría mi reflexión sería, sin duda, que el Athletic existe para ‘hacer felices a las personas’. Una Misión rotunda, atractiva, emocionante e inspiradora. No se me ocurre mayor privilegio que ser parte de una Organización que declarase una Misión así y actuara en consecuencia.

En el deporte, unos son felices solamente cuando su equipo gana, otros buscan la felicidad en la clasificación, para algunos es jugar bien, hay quienes necesitan identificarse con su equipo, los hay que solamente lo son ganando títulos pero, aquí, también buscamos desesperadamente momentos sublimes y experiencias memorables para compartir. Viendo el estado de ilusión que el Athletic ha decretado en Bizkaia, reflejado en el increíble mar de banderas rojiblancas ondeando en millares de balcones, podríamos concluir que el Club, esta temporada, ya ha cumplido su Misión.

Además de la gran satisfacción y del íntimo orgullo que todos los socios y aficionados sentimos, incluiría también, como beneficiarios de esta Misión, a todas aquellas personas, no necesariamente del Athletic, que valoran, reconocen y se emocionan con la nobleza, el respeto, la humildad, la ambición y la determinación que demuestra este equipo en el campo, reflejando los auténticos valores que nos identifican, en nuestra mejor versión. Por eso, ahora, por primera vez en mucho tiempo, el Athletic ha entrado de nuevo en multitud de corazones que reconocen el coraje y el esfuerzo de un Club que, sostenido por su filosofía, es capaz de jugar y competir al máximo nivel, plenamente conectado a la esencia del juego, rompiendo un montón de tópicos, mitos y creencias limitantes, profundamente arraigadas en el fútbol. Eso es grandeza y es admirable.

Jugando con intensidad y alegría, a pecho descubierto, siempre a por ellos, en cualquier campo y contra cualquier rival, sin especular y sin trampas, honrando cada partido como el más importante y cada competición como la principal (así es como ha llegado a ser el único Club que permanece vivo en todas). Sin buscar nunca excusas ni justificaciones. Si la felicidad es la ausencia de miedo, más aún en el actual contexto de dificultad que soportamos, la actitud irreductible y valiente de este equipo es absolutamente ejemplar.

Pase lo que pase a partir de hoy, ya hemos ganado, mucho más incluso, de lo que cualquiera hubiera soñado hace tan solo 10 meses. Este año se acumulan ya las despedidas con el equipo saludando a un público entregado, las tardes celebrando éxitos en perfecta comunión con la grada, las colas y sorteos para hacerse con entradas, las taquillas agotadas, un buen puñado de viajes masivos con una afición ejemplar, comidas y poteos multitudinarios antes y después de los partidos, reconocimientos internacionales, algunas victorias inolvidables en citas para la historia y recuerdos imborrables para contar a las próximas generaciones. Ilusión desatada.

Se me escapa una sonrisa cuando, en las mañanas de partidos europeos importantes (como hoy), veo un montón de niños/as camino de la ikastola vestidos del Athletic, personas encorbatadas con las solapas de la zamarra rojiblanca saliéndoles por los cuellos de la camisa, bufandas del Athletic sobre las chaquetas, banderas adornando escaparates y presidiendo bares y restaurantes, miradas cómplices y alegría contenida. En silencio, pero todos unidos en un sentimiento que nos hace mejores; el sentimiento Athletic que no para de crecer. Ya hemos ganado.

Este equipo, un generador inagotable de ilusión, lleva cocinando a fuego lento, día a día, un delicioso pastel. Es el que más partidos ha jugado, el que más sesiones de entrenamiento acumula y el que más horas de concentraciones suma. Un título sería (tan solo) una fabulosa y merecida guinda a su compromiso incuestionable con un reto de proporciones extraordinarias. Los profesionales buscarán con todas sus fuerzas culminar con broche de oro una temporada que les está costando dosis industriales de esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, llevado hasta la agonía en ocasiones. Su comportamiento, ejemplar nos enorgullece.

Pero, independientemente de lo que pase este último mes de competición, con todos los frentes abiertos, cuando acabe la temporada, cojan distancia y miren atrás (con o sin títulos), podrán disfrutar intensamente del camino recorrido, del equipo y los jugadores en que se han transformado, de lo que han crecido y aprendido, del impacto y la admiración que han levantado en el planeta fútbol, del reconocimiento internacional, del gran ejemplo que han sido para todos, de la alegría que nos han producido y, lo mejor de todo, del excitante camino que todavía les queda por hacer juntos. En ese momento, serán conscientes de que el éxito no se mide solamente por el objetivo (título) conseguido, sino por el equipo y el jugador en que has sido capaz de convertirse para llegar a merecerlo.

El gran éxito es, precisamente, haberse transformado en un grupo de jugadores capaz de aspirar legítimamente a ser campeón de Europa (hasta ser considerado favorito) y a ganar la Copa al mejor equipo del mundo. La guinda (el título) sería la rúbrica, una marca en la historia del Athletic, para recordar que este fue, sencillamente, un año irrepetible. Los profesionales pueden tener la tranquilidad y la seguridad de que, nuestra capacidad para gestionar, de otra manera, tanto las victorias como las derrotas, también nos hace diferentes. En estas circunstancias, incluso cuando perdemos, ganamos.

Si esta temporada se cerrase con un histórico doblete, el equipo alcanzaría la etiqueta de legendario y quedaría grabado a fuego, para siempre, en nuestros corazones. Si ‘solamente’ se ganase uno de los dos, o bien el europeo, por ser el primero en las vitrinas del Club, o el de Copa, por la magnitud del oponente, sería el colofón a una temporada extraordinaria y única. Si no se consiguiera ninguno, me quedaría el inolvidable recuerdo del año en que disfruté como nunca y en el que recuperé la esperanza de que todo es posible. Ya hemos ganado. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 26 de abril de 2012

VV y el compromiso

13 diciembre, 2011

El compromiso es una decisión personal. La obediencia sí es una obligación pero nadie, tampoco el entrenador, puede obligar a un jugador a comprometerse. Es algo así como la diferencia entre obligar a un niño a meterse en la cama y obligarle a que se duerma. Se duerme cuando quiere. Con el compromiso pasa algo parecido.

Cuando se acaba la diversión y las cosas comienzan a ponerse difíciles, es cuando se necesita (y se aprecia) el compromiso auténtico. VV cometió un error grosero a los 20 segundos que supuso el 1-0. En ese momento, pudo pensar que se ponían a 9 puntos, que la Liga se les escapaba, que les iban a meter la del pulpo, que era el inicio del fin de ciclo, que vaya día que tengo… y un montón de pensamientos negativos e inútiles más (basura) que no le habrían ayudado en absoluto.

En cambio, él decidió otra cosa. Decidió respetar y vivir su compromiso. En la siguiente cesión de un compañero, volvió a actuar como entrena y juega cada domingo. De nuevo, lo repitió e insistió en ello durante todo el partido. Cometió más errores. Es obvio que no fue el día más afortunado de su vida pero, respetando su compromiso con la idea la de juego que les ha hecho tan grandes, creció un palmo más en su trayectoria para convertirse en un portero legendario.

Escuchar a Xavi en las declaraciones tras el partido a pie de campo alabando la valentía de su compañero o al propio Guardiola en rueda de prensa informando que había reconocido públicamente en el vestuario el coraje de Valdés por atreverse e insistir en lo que había que hacer, refuerza aún más el valor de ese compromiso.

Habría sido muy justificable y fácil de entender que, a partir del gol, VV hubiera decidido no complicarse la vida y jugar en largo, pero eso habría sido renunciar. Hace falta ser de una pasta muy especial para mantenerse firme y perseverar, enfrentarte a tus miedos y saboteadores e insistir en lo que debes hacer, en lo que toca, que es exactamente lo que te ha traído hasta aquí. Actuar así, no está al alcance de cualquiera. No hace falta solamente ser valiente para hacerlo, es necesario serlo mucho. ¿De dónde sale tanta Valentía? En mi opinión, surge del compromiso auténtico.

Me llama la atención escuchar habitualmente la expresión de ‘el equipo está muy comprometido’. Suelo preguntarme, ¿Con qué? ¿Con qué está comprometido? ¿A qué dice que sí y a qué dice que no con ese compromiso?. Porque eso es precisamente comprometerse, decir SÍ a unas ideas, valores, principios… que nos acercan al equipo, entrenador o jugador que queremos ser y decir que NO a otras que te llevan en dirección contraria. Comprometerse es decidir. Es controlar tu actitud…. y actuar en consecuencia.

Cuando VV, tras su grave error, insiste en seguir ofreciéndose a sus compañeros, en temporizar hasta que se desmarquen y le ofrezcan una línea de pase, en asumir que le lleguen a presionar y le compliquen la vida, en seguir dando pases, está diciendo SÍ a ser fiel y parte de una idea grande, SÍ a ayudar a sus compañeros a tener el balón, SÍ a ser valiente, SÍ a superar retos y a seguir creciendo. Actuando de esta manera, dice NO a tener miedo, NO a ser egoísta, NO a rendirse, NO a fallar a sus compañeros y NO a traicionar una idea. De ahí proviene toda esa fuerza, determinación y valentía.

Victor Valdes dio ayer todo un ejemplo de compromiso, de coherencia y de estar al servicio de su equipo y compañeros, sacrificando incluso su propio status e imagen, si fuera necesario. Un ejemplo rotundo de Liderazgo autentico. Grande VV.

Imanol Ibarrondo

La teoría de las “ventanas rotas”

16 septiembre, 2011

Del blog de Eduardo Martí. “En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos coches abandonados en la calle,  idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, para entonces una zona ya pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, un barrio rico y tranquilo de California.

Como era previsible, resultó que el coche abandonado en el Bronx comenzó a ser asaltado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el  abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el coche abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper una ventana del vehículo de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué la ventana rota del coche abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Una ventana  rota en un coche abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el coche reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importar a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘esas pequeñas faltas’ como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves”. Hasta aquí el experimento.

Hace tiempo que leí esta teoría y según lo hacía, me vino a la mente el Metro de Bilbao. Llama poderosamente la atención que tras más de 15 años de funcionamiento se mantenga tan impecable como el primer día, ganando premios internacionales y siendo el orgullo de todos los bilbaínos. ¿Qué ha pasado para que no haya un solo papel tirado en el suelo, ni una sola pintada en los vagones o no exista un deterioro visible en los andenes o en los asientos? Atendiendo a esta teoría, creo que nunca se ha permitido que hubiera ‘ventanas rotas’ y cuando las ha habido se han reparado con diligencia.

Pero la reflexión profunda sobre esta teoría y su  mayor impacto se produjeron cuando la apliqué a mi propia vida. En ocasiones, veo que me sucede como a esas paredes de fábricas semi-abandonadas que tienen alguna fachada en forma de ventanal, llena de cristales cuadrados, todos rotos. Supongo que comenzó alguien rompiendo uno, como el del coche abandonado y después, aumentaron los ataques hasta no dejar uno intacto.

A veces, dejas de cumplir una pequeña promesa porque crees que no es importante (una ventanita rota) y nadie se va a dar cuenta y, a partir de ahí, te justificas para decidir tú cuáles de tus promesas y compromisos con otras personas son relevantes y cuáles no. Para cuando te das cuenta del error ya has generado un auténtico estropicio de cristales rotos. El respeto a las personas, un valor importante para mí, cae hecho pedazos. La incoherencia o la falta de reflejo entre lo que digo y lo que hago, me hace trizas.

Otras veces, no le digo algo que debería a otra persona por evitar un conflicto y abro la puerta de par en par para que siga repitiendo ese comportamiento de forma permanente, hasta que reacciono en el momento más inadecuado y de la forma más inoportuna. Todo por no haber arreglado la primera ventana rota en su momento. La valentía, otro valor del que me siento orgullosos, se va por el agujero.

Otros días, dejo de ir al gimnasio como tenía previsto, por pereza, aunque lo justifique por falta de tiempo (vidrio roto) y semanas después me doy cuenta de que tengo otra cristalera destrozada… Mi cuidado personal, estar disponible y en buenas condiciones en el futuro para mi familia… también al carajo. 

A veces, retraso las gestiones difíciles o las aplazo en la agenda por temor a que no salgan como espero y para cuando me doy cuenta, se me acumulan y me atrapan la desconfianza, la preocupación y la parálisis (otra vidriera rota). Actuando así, pongo en duda mi auténtico compromiso con el coaching y con la divulgación de esta disciplina en el mundo del deporte Todo esto, duele.

De repente, sin ser ni siquiera consciente, entran ráfagas de viento helado por todas las cristaleras rotas y se hace mucho más complicado encontrar una solución. Cada vez que rompo una ventana y no la reparo, me alejo de la persona que quiero ser, del padre en quien me quiero convertir o del profesional al que aspiro.

Romper ventanas y no arreglarlas es alejarte de poder vivir conectado a tus valores auténticos, de lo que es importante para ti o de aspirar a vivir una vida plena. Realmente, la plenitud es un acto radical. Es innegociable y exige estar muy atento y, cada vez que se rompe un cristal, ponerse manos a la obra para reponerlo de inmediato.

Cada uno de nosotros sabe cuáles son sus ventanas rotas, en la familia, con la pareja, en el trabajo, con los amigos, con un mismo, con su propósito y su desarrollo personal…, se trata de tomar consciencia de ellas y ponerse a ello.

Esta teoría de las VR tuvo un gran impacto en mí y me ayudó mucho a ser más conscientes de cuáles son mis ventanas importantes para estar pendiente de ellas.

¿Cuáles son tus ‘ventanas rotas’ que debes repara de inmediato? ¿Qué acciones te comprometes a tomar a partir de hoy para repararlas?

Imanol Ibarrondo

0,7 solidario (y II)

23 agosto, 2011

Desde la perspectiva de haber participado directamente en la mesa de negociación de los tres últimos convenios colectivos AFE/LFP, me aventuro a dar una opinión sobre el posible final del conflicto.

Dos son las razones por las que considero que los clubes van a moverse muy poco de su propuesta inicial (10 MM euros anuales para el fondo concursal) que han ofrecido a la AFE. La primera es que no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los Bancos ya ni les abren la puerta) y la segunda es que, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando además gravemente la competición

El caso del Athletic con la venta de Aduriz es significativo. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto,, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaíno en beneficio de su nuevo club y por último, el Mallorca vende a un tercero al jugador cobrando una cantidad mayor que la que había ‘pagado’ al Athletic. Un ejemplo claro, dentro de los muchos que se están sucediendo, del nefasto impacto que está teniendo la ley concursal aplicada al fútbol.

Para desbloquear el conflicto se trabaja contrarreloj en dos direcciones. Por una parte, resolver la cuestión estructural referente a la lamentable gestión de las sociedades anónimas deportivas. La reforma de la ley concursal que posiblemente será aprobada en el senado el mes que viene, reconducirá la situación  al escenario anterior que ya había demostrado sobradamente su probada eficacia (si no pagas, desciendes). Además, la aplicación del ‘fair play’ financiero de los clubes (control presupuestario para gastar menos de lo ingresado), una medida que ya aplica con éxito la UEFA y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años, serán los dos pilares que comenzarán a poner un poco de cordura en semejante desatino.

Pero aún así, quedará sin resolver el problema de los 50 MM de euros que se adeuda a 200 futbolistas. Esa es la verdadera patata caliente de la negociación.  Esa y que el presidente del sindicato pretende que la Liga le subvencione los gastos de la asociación (otros 10 MM de euros cada 4 años). Vamos, que les pague el sueldo a él y a todos sus directivos.

Mi propuesta es que sean los propios futbolistas quienes tomen las riendas de esta cuestión y resuelvan la situación. Se trataría de una medida excepcional que afectaría únicamente a la vigencia de este Convenio, pero la situación creada también lo es.

La creación de un ‘Fondo Solidario’ entre los propios futbolistas sería una respuesta realmente comprometida, mucho más que sacarse una foto para la convocatoria de huelga. Los que no tienen problemas y cobran al día necesitan de los demás para poder seguir jugando y seguir cobrando. Crear un Fondo con el 0.7% de los contratos de cada futbolista y con el 0.7 del  importe de cada traspaso, más los 10 MM que pone la Liga como fondo concursal, supondría acumular en 4 años una cantidad cercana a los 50 MM de euros para atender a las reclamaciones pendientes de todos los colegas perjudicados.

De hecho, no sería una medida tan excepcional. Cada integrante de la primera plantilla del FC Barcelona ya cede el 0.5% de su contrato a la asociación de ex jugadores blaugrana que trabaja para ayudar a los ex futbolistas más desfavorecidos. Este ‘Fondo Solidario’ no sería por tanto una novedad, pero sí que sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario y egoísta. Haría falta un Liderazgo potente y auténtico en la AFE para atreverse a plantear una propuesta de este tipo. Rubiales, sólo para tus ojos…

Imanol Ibarrondo

El cambio necesario

19 agosto, 2011

La transformación será todo un Reto. No será tarea fácil para Bielsa & Cía. Cambiar hábitos, también en el fútbol, es un proceso arduo y complicado que requiere el diseño de una Visión poderosa, inspiradora y compartida del equipo en que te quieres convertir, mucha voluntad, determinación, conversaciones potentes, trabajo y tiempo.

Según algunos expertos, todo proceso de desarrollo de un equipo de alto rendimiento pasa necesariamente por cuatro fases. Intuyo que estamos ya en la segunda, coloquialmente se suele llamar adaptación pero realmente es la de conflicto, en la que todo se pone en duda; los métodos, las formas, los entrenamientos, las decisiones, los conceptos, los sistemas, las normas, las jerarquías, el estilo y hasta los liderazgos internos están en cuestión. Todo se compara y se juzga.

En esta fase, se rivaliza por ocupar posiciones de privilegio en el nuevo escenario y se priorizan objetivos individuales sobre los colectivos, se producen cambios de roles y hay que desarrollar nuevas conexiones, generar nuevas relaciones… pero no hay atajos. Es una fase natural, ya que no es posible generar crecimiento sin conflicto, pues las dificultades son inherentes al propio desarrollo de un equipo. Mientras todo esto sucede, comienza la competición oficial.

Lo dicho, no será fácil. Metafóricamente hablando, es como si el Athletic estuviera ahora colocado entre dos imanes que le atrajesen poderosamente. Por una parte, está muy cerca todavía del imán al que ha estado pegado las últimas temporadas y que le aporta seguridad y confianza. Es terreno conocido y se encontraba cómodo ahí. Sabía que podría jugar mejor, ser más valiente, más atrevido, más dominador de los partidos, pero no le ha ido mal haciéndolo así y esa sensación de confort está todavía muy próxima ejerciendo un poderoso influjo.

Por otro lado, el gran esfuerzo que exige despegarse de este primer imán, requiere tener otro que le atraiga también con fuerza hacia adelante para evitar la tentación de renunciar a su necesaria transformación, superando así los momentos de duda, desconcierto y desconfianza que han de venir. Quizá tomar consciencia del equipo en que se van a convertir, del estilo que pueden crear para los que vendrán después, de la referencia de trabajo, sacrificio y valentía que podrán ser para todos, o de la conexión, el orgullo y reconocimiento que conseguirán de San Mamés, podrían ser algunas posibilidades a visualizar para diseñar un poderoso imán al que merezca la pena acercarse con determinación, alegría y confianza.

Ahora, poco a poco, como un niño que da sus primeros pasos, comenzará a descubrir otro mundo lleno de nuevas posibilidades futbolísticas… pero, de momento, sigue siendo territorio desconocido. El movimiento, el cambio genera incertidumbre, miedo, inseguridad, ansiedad, desconfianza y demás emociones que habrá que afrontar y superar para consolidar una mutación imprescindible que permita a este equipo alcanzar su máximo potencial.

Hoy estaremos todos pendientes de él en San Mamés, vigilando sus primeros pasos, animando cuando tropiece, ilusionados, expectantes y teniendo fe en que el esfuerzo merecerá la pena. Asistimos al nacimiento de una apuesta valiente y decidida por recuperar la identidad de un equipo mandón, atrevido, noble, honesto y respetuoso. Lo que somos. Lo que siempre hemos sido.

Una apuesta que exige un compromiso total por parte de todos los jugadores con una idea de equipo grande, que merece y necesita disponer del apoyo incondicional y del reconocimiento (por el gran esfuerzo que exige este cambio) de una afición entregada a un grupo joven, talentoso, generoso y hambriento, que puede aprovechar esta excelente oportunidad que se le presenta para crecer y mejorar hasta romper sus propios límites y descubrir de qué es capaz. Hoy será sin duda el inicio de una transformación emocionante.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de agosto de 2011

Lideras o entrenas

22 abril, 2011

El míster del Athletic, Joaquín Caparrós, parece enfadado. Es lo que percibo escuchando sus ruedas de prensa. Sus respuestas son agresivas, cortantes y hasta maleducadas en ocasiones. Su lenguaje no verbal refleja tensión, irritabilidad e incomodidad. Interrumpe las preguntas de los periodistas cuando no le gustan, no mira a nadie cuando habla, cabecea, se gira, deja muchas respuestas incompletas y aparece inquieto y nervioso, mostrándose especialmente arisco cuando le preguntan sobre fútbol, algo que me llama poderosamente la atención.

No sé a ustedes pero a mí me encanta hablar de lo que me apasiona, de los proyectos en los que me involucro o de las ideas en las que creo. Cuando se me da la oportunidad, aprovecho para declararlas, compartirlas y expresarlas. Me encanta y agradezco que alguien esté dispuesto a escuchar lo que quiero decir. Cuanto más hablo de ello, más real se vuelve, más detalles le pongo y más posible me parece.

Para un entrenador, debiera ser un privilegio disponer del altavoz mediático para trasladar su idea del fútbol, compartir su propósito o difundir su visión del equipo, pudiendo extenderla y enriquecerla, consiguiendo adeptos y apoyos para hacerla cada día más grande y más visible. Claro que, para poder hacerlo, hay que creer realmente que en el fútbol puede haber algo más en juego que los tres puntos. Algo relacionado con el disfrute y la emoción, también durante el proceso y no solo dependiente del resultado.

Quizá me equivoco y no está enfadado, sino tan solo preocupado porque ya están ahí los exámenes finales y sabe, aunque no lo diga, que el equipo no está jugando bien. Quizá está cansado de que no se le reconozcan suficientemente sus méritos. Puede que esté molesto porque la gente ponga el foco en cuestiones menores como la escasa calidad del juego, en lugar de fijarse en lo único importante: ¡vamos quintos! En definitiva, igual se siente frustrado porque no todos compartan su teoría de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que no es fácil ser entrenador en la actualidad.

Yo trabajo cada semana con entrenadores. Aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ordeno y mando para conseguir resultados. Saben que ya no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para conseguir el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Quizá, en el mejor de los casos, alcanza para obtener la obediencia de tus jugadores, pero ni de lejos llega para conseguir su compromiso. El compromiso es una decisión personal de cada jugador. Es un regalo que te hacen porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti y seguirte hasta el infinito y más allá. El compromiso de todos tus jugadores es imprescindible para alcanzar resultados extraordinarios.

Para conseguirlo, el entrenador debe estar dispuesto a arriesgar, a mostrarse abierto, disponible y vulnerable. A dejar su discurso racional a un lado y a conectar con fuerza con sus jugadores. Se trata de una conexión emocional. El reto está en tener la capacidad de manejar grupos, emociones y estados de ánimo. En liderar personas, no solamente en entrenar futbolistas. No es fácil esto. Hace falta un gran nivel de autoconocimiento, de seguridad y de confianza para actuar de esta manera. Necesitan aprender y desarrollar nuevas habilidades y competencias que exceden en mucho a los conocimientos técnico/táctico/físicos. De hecho, supongo que por eso hay tantos entrenadores y tan pocos líderes.

La semana pasada tuve el privilegio de compartir 90 minutos de conversación mano a mano con Valero Rivera, durante 20 años entrenador del equipo de balonmano del Barcelona y con más títulos que Mourinho. En la actualidad, Valero es seleccionador español de balonmano. Debatimos sobrela figura delentrenador y la importancia de su liderazgo, algo clave en su opinión. Al finalizar, le pedí si podía resumirme en una sola frase, en base a su amplia y exitosa experiencia, lo que para él significa liderazgo en un entrenador. Lo pensó un poco y respondió; “capacidad de influencia positiva y coherencia. No mentir nunca”. La verdad es que, dicho así, parece sencillo. Si tu equipo ha jugado horrible, aunque haya ganado, tan solo debes reconocerlo, aceptarlo y seguir hacia delante. Quizá mañana, contra los vecinos, igual hay suertecilla y la cosa sale mejor. Y no te enfades. ¡Que vamos quintos!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 22 de abril de 2011

Se pegó la leche

21 marzo, 2011

Tengo dos recuerdos de mi relación con José María Ruiz Mateos, cada uno de ellos en un equipo diferente y ambos en situaciones agónicas. Sé que en estos momentos toca linchamiento público pero, personalmente, mis emociones están ligadas a la esperanza y por ello, me declaro agradecido por su comportamiento.

En la primera, en el Rayo Vallecano del 92, llegó a mitad de temporada con el equipo en claro riesgo de descenso a Segunda B y con el club hecho unos zorros. Prometió, cumplió, ascendimos a Primera y se quedó, durante casi 20 años, para liderar la época más gloriosa del club, consolidando las categorías inferiores como referencia en la Comunidad de Madrid, levantando una ciudad deportiva que es la envidia de todos los clubes de la capital y llevando al equipo, incluso, a jugar la UEFA por primera y única vez en su historia.

Lo cierto es que, durante todos estos años, el Rayo ha estado viviendo muy por encima de sus posibilidades reales, pagando a tocateja salarios propios de equipos con más recursos y de superior categoría. Por supuesto, nadie se ha quejado nunca. Era como el juego de las sillas. Todos sabían que existía un gran riesgo, pero ninguno esperaba que la música dejase de sonar. Ahora se ha acabado y resulta que no hay sillas para nadie.

La segunda vez que acudió al rescate fue en el Sestao del 95, otra sociedad anónima deportiva. A pesar de que eran diez ya los meses sin cobrar, con pagarés devueltos de la temporada anterior y viviendo una situación realmente comprometida, nos clasificamos para jugar el play-off de ascenso a Segunda A. Tras múltiples conversaciones, engaños y promesas incumplidas de los propietarios, la plantilla decidió encerrarse en los vestuarios de Las Llanas. Nos dejaron solos.

Le escribimos una carta desesperada y nos escuchó. Nos preguntó qué necesitábamos de él y se lo pedimos. Y vino a Las Llanas a un partido decisivo contra el Córdoba. Y movilizó a la prensa, las instituciones y a la opinión pública. Y ganamos. Y, ese domingo, tras quince días de encierro, volvimos a nuestras casas con la esperanza de que, finalmente, todo se resolviera. Y con esa ilusión jugamos el play-off. Y nos sentimos capaces de todo. Y ascendimos en Castellón, sin cobrar una pela en todo el año. Se trata de un recuerdo imborrable compartido con veinte amigos, de una experiencia memorable que también está asociada a este personaje y que justifica mi agradecimiento.

Es el riesgo de las SAD (Sociedades Anónimas Deportivas), un engendro que permitieron las administraciones públicas en su momento para esconder la enorme deuda que arrastraba el fútbol por la nefasta gestión de sus dirigentes. Hacer tabla rasa y comenzar de nuevo. Ese era el objetivo pero, sin duda, fue peor el remedio que la enfermedad.

A día de hoy, son ya demasiados los clubes (SAD) que se han declarado en concurso de acreedores y otros tantos están a un paso de hacerlo. Se convierten así en clubes anónimos (ya nadie sabe de quién son) que pervierten la competición, creando además las condiciones para que jeques, indios, sociedades ocultas y demás aventureros con patrimonios dudosos se acerquen al mercadillo del fútbol en busca de saldos y oportunidades de poder e influencia.

Es privilegio del Athletic ser uno de los cuatro clubes que, gracias a su buena gestión, pudo entonces permitirse el lujo de seguir siendo un club de fútbol propiedad de sus socios. Afortunadamente, eso también nos hace diferentes y nos permite mantener y reafirmar una Identidad que constituye nuestro pilar fundamental para seguir siendo quien somos.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 21 de marzo de 2011

Crear un futuro posible

6 marzo, 2011

Independientemente de lo que pase hoy contra el Sevilla, doy por hecho que el Athletic estará peleando por Europa hasta el final de temporada.

Por otra parte, el presidente declaró hace unas semanas que el ciclo del actual entrenador no había finalizado. Me parece una afirmación prematura porque, si no se cumpliera el objetivo europeo, posiblemente ni siquiera habría debate y, si lo alcanzara, será necesario establecer primero los nuevos retos del Athletic para definir, después, el perfil de la persona que deberá liderar el equipo en esa nueva etapa. Joaquín Caparrós, en cualquier caso, se ha ganado el respeto de la afición de San Mames y ha demostrado su competencia para conseguir los objetivos encomendados.

Concretamente, sacar al equipo de una dinámica muy peligrosa hasta llevarlo a pelear por Europa en cuatro años. Por el camino, una final de Copa y un breve paseo por Europa. Si hubiera que pagarle un variable por cumplimiento de objetivos, salvo inesperada catástrofe en este último tercio de Liga, se lo habría ganado. Además, ha acertado abriendo el Athletic al fútbol vizcaíno y ha dado la alternativa definitiva a Muniain.

Pero estos y otros méritos no garantizan que, necesariamente, sea la persona adecuada para afrontar los próximos retos del Club. Definirlos y responder a  esta cuestión será responsabilidad de la futura Junta Directiva. Si el criterio fuera que es suficiente con respetar la evolución natural de las cosas y analizar las últimas temporadas para definir los objetivos de las siguientes, se estaría planificando un futuro predecible. Nada nuevo bajo el sol. Algo que, sencillamente, pasará en condiciones normales sin que haya que hacer un gran esfuerzo para alcanzarlo. La inercia del pasado va a hacer que el futuro (predecible) se produzca.

No hace falta romperse la cabeza y, no diré que podría valer cualquiera, pero no sería un gran logro. Hay otra alternativa mucho más apasionante; apostar por crear un futuro posible. Eso ya supone un Reto y requiere un liderazgo transformador. Es comprometerse a crear una nueva realidad cuando todavía solamente es una posibilidad, algo que de momento no existe. Es crear una Visión inspiradora por la que merezca la pena dejarse la piel. Es atreverse con el juego grande o seguir jugando el pequeño.

La Visión es la posibilidad, no lo que se puede predecir. De hecho, si fuera predecible, no sería una Visión. Cada uno puede crear su propia realidad. ¿Queremos hacerla sobre nuestros sueños y deseos o solamente sobre lo que es predecible y realista? ¿Con qué futuro se quiere comprometer el Athletic?  ¿Qué realidad queremos crear para el próximo cuatrienio? ¿Cuál es la Visión potente por la que merezca la pena comprometerse de verdad?

Es momento de apostar por una posibilidad, por crear un futuro posible, que sea mucho más grande que el pasado reciente. En mi opinión, el Athletic cuenta en estos momentos con una de las cuatro  plantillas con mayor potencial de la Liga. Considerar esta afirmación como una presión a los jugadores y cuerpo técnico, es una interpretación errónea y muy limitante. Se trata de un reconocimiento hacia la labor que se ha hecho en los últimos años para conjuntar este grupo y la razón que justifica que se deba articular una ya Visión poderosa, que tire con fuerza del equipo y de cada uno de sus integrantes hacia la nueva realidad que queremos crear.

Las posibilidades se crean declarándolas. Necesitamos alguien que crea que es posible antes de hacerlo y que lo declare públicamente;  soy esta Visión. Alguien que se comprometa con esa declaración y que la viva cada día. Que hable de ella, que la comparta, que la integre en sus conversaciones privadas y en sus declaraciones públicas, que la impregne en todo el sentir rojiblanco. Y que tenga el valor de hacerlo sin tener garantizado de antemano que los demás le sigan en esta apuesta tan poco razonable.

Generar una Visión resulta incómodo, porque ningún ‘futuro posible’ parece realista al principio. Necesitamos alguien capaz de establecer conversaciones comprometidas con cada una de las personas de su equipo para alinearles con esta Visión. Alguien, en definitiva, que se atreva a jugarse el culo en lugar de tapárselo. La cuestión es apostar por quien tenga la competencia y el talento necesarios para comprometerse con una Visión del tipo ‘somos un equipo campeón’ o ‘somos un equipo de Champions’.

Su trabajo será, desde esa realidad declarada como posible, identificar lo que falta y cambiarlo hasta conseguir ser lo que declaramos que ya somos. Liderar el crecimiento y la transformación necesarias del equipo hasta hacerlo merecedor de alcanzar esa posibilidad. Eso es crear un futuro posible. Eso es un Liderazgo transformador.Quiero recordar que al entrenador lo elige el presidente, pero al Líder lo eligen los jugadores, no se puede imponer. Sin Liderazgo no hay Visión y sin Visión, solo nos queda el futuro predecible. Un poco más de lo mismo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 6 de marzo de 2011

El ‘Aplausómetro’

27 febrero, 2011

El pasado domingo, debatiendo en un programa de ETB sobre la necesidad de blindar el contrato de Llorente como buque insignia del Athletic, se planteó un curioso debate, relacionado con la relación entre el ariete y la afición, que podría ser clave para clarificar esta cuestión.

Como ya se ha comentado en esta columna en alguna ocasión, entre otras grandes virtudes de San Mames está su sonoridad. Nuestro estadio recoge y registra con precisión de relojero cada una de las emociones que se trasladan desde el césped y que tienen cumplido reflejo en la grada. Podríamos decir que se trata de un medidor de la intensidad emocional que provoca cada situación, así como de la calidad de la conexión que cada futbolista tiene con su público.

Hay algunos jugadores que hacen reventar la aguja del aplausómetro; Gurpe, Toquero e Iker, por poner tres ejemplos, cuentan con la bendición de San Mamés y el respaldo unánime de la grada. Los decibelios aumentan espectacularmente con las ovaciones que recogen y, en estas ocasiones, el medidor raramente baja del 9.

Por otra parte, Fernando Llorente, las pocas veces que es sustituido, no suele superar el 7 y tampoco recuerdo que todo el estadio haya coreado nunca su nombre con entusiasmo. Por no mencionar que, esta misma temporada, el segundo partido de Liga y con 2-0 en el marcador, recibió silbidos (pocos) por fallar una ocasión y murmullos en otros tantos. Reconozco que soy el primero en no romperme las manos cuando le cambian aunque, hasta ahora, no había sido consciente de ello. Esto son hechos concretos y ahora me animo con una interpretación.

Es curioso. Repasando con detalle su trayectoria en el Athletic, llego a la conclusión de que quizá no haya ningún jugador en la plantilla con más merecimientos que él para recibir todo el cariño, el respeto y el reconocimiento de la parroquia rojiblanca. Tomar la decisión de separarte de tus padres y tus hermanos con 12 años para venir a vivir a Bilbao en busca de un sueño; ser capaz de convivir desde muy joven con las más altas expectativas sobre tu futuro, alcanzarlas y superarlas; ser campeón del mundo por méritos propios y convertirte, jugando en el Athletic, en un delantero centro de talla mundial, me parecen méritos suficientes para que San Mamés le reconozca como uno de los grandes.

Todo ello, por supuesto, unido a un comportamiento intachable, tanto dentro como fuera del campo. Debería ser un orgullo contar con una persona así en mi equipo.

Pero, a pesar de todo ello, el aplausómetro le sigue negando lo que legítimamente le corresponde y se ha ganado a pulso. Podemos argumentar que es frío, que no demuestra la garra que nos gusta, que juega con la roja (Joseba Etxeberria lo hizo más de 50 veces y no por ello perdió nunca la bendición del Santo)… la razón que ustedes deseen. Si yo fuera Fernando, podría empezar a pensar (si no lo hace ya) que San Mamés no le valora lo suficiente.

No sé lo que tendría que cambiar FL9 para conectar con más fuerza con la grada. Eso será trabajo suyo pero, en lo que a mi respecta, prometo rectificar y demostrarle fehacientemente el respeto que me merecen tanto su compromiso con el equipo como su sacrificio para ser futbolista del Athletic y su trayectoria como rojiblanco.

Esta noche, el Athletic se la juega contra un Valencia, afortunadamente, sin Aduriz. En poco más de cinco años, entre Fernando y Aritz llevan 110 goles en Primera. Da vértigo pensar qué podría haber conseguido este equipo con ese montón de goles y más vértigo todavía pensar qué podría ser del Athletic a corto plazo sin ninguno de los dos. Anuncian frío para la hora del partido. Será la excusa perfecta para calentarme las manos aplaudiendo al 9 hasta hacer reventar, por una vez, la dichosa aguja del aplausómetro.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 27 de febrero