Archive for the ‘Confianza’ Category

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

La teoría de las “ventanas rotas”

16 septiembre, 2011

Del blog de Eduardo Martí. “En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos coches abandonados en la calle,  idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, para entonces una zona ya pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, un barrio rico y tranquilo de California.

Como era previsible, resultó que el coche abandonado en el Bronx comenzó a ser asaltado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no lo destruyeron. En cambio el  abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí, cuando el coche abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper una ventana del vehículo de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre.

¿Por qué la ventana rota del coche abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Una ventana  rota en un coche abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el coche reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importar a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen ‘esas pequeñas faltas’ como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves”. Hasta aquí el experimento.

Hace tiempo que leí esta teoría y según lo hacía, me vino a la mente el Metro de Bilbao. Llama poderosamente la atención que tras más de 15 años de funcionamiento se mantenga tan impecable como el primer día, ganando premios internacionales y siendo el orgullo de todos los bilbaínos. ¿Qué ha pasado para que no haya un solo papel tirado en el suelo, ni una sola pintada en los vagones o no exista un deterioro visible en los andenes o en los asientos? Atendiendo a esta teoría, creo que nunca se ha permitido que hubiera ‘ventanas rotas’ y cuando las ha habido se han reparado con diligencia.

Pero la reflexión profunda sobre esta teoría y su  mayor impacto se produjeron cuando la apliqué a mi propia vida. En ocasiones, veo que me sucede como a esas paredes de fábricas semi-abandonadas que tienen alguna fachada en forma de ventanal, llena de cristales cuadrados, todos rotos. Supongo que comenzó alguien rompiendo uno, como el del coche abandonado y después, aumentaron los ataques hasta no dejar uno intacto.

A veces, dejas de cumplir una pequeña promesa porque crees que no es importante (una ventanita rota) y nadie se va a dar cuenta y, a partir de ahí, te justificas para decidir tú cuáles de tus promesas y compromisos con otras personas son relevantes y cuáles no. Para cuando te das cuenta del error ya has generado un auténtico estropicio de cristales rotos. El respeto a las personas, un valor importante para mí, cae hecho pedazos. La incoherencia o la falta de reflejo entre lo que digo y lo que hago, me hace trizas.

Otras veces, no le digo algo que debería a otra persona por evitar un conflicto y abro la puerta de par en par para que siga repitiendo ese comportamiento de forma permanente, hasta que reacciono en el momento más inadecuado y de la forma más inoportuna. Todo por no haber arreglado la primera ventana rota en su momento. La valentía, otro valor del que me siento orgullosos, se va por el agujero.

Otros días, dejo de ir al gimnasio como tenía previsto, por pereza, aunque lo justifique por falta de tiempo (vidrio roto) y semanas después me doy cuenta de que tengo otra cristalera destrozada… Mi cuidado personal, estar disponible y en buenas condiciones en el futuro para mi familia… también al carajo. 

A veces, retraso las gestiones difíciles o las aplazo en la agenda por temor a que no salgan como espero y para cuando me doy cuenta, se me acumulan y me atrapan la desconfianza, la preocupación y la parálisis (otra vidriera rota). Actuando así, pongo en duda mi auténtico compromiso con el coaching y con la divulgación de esta disciplina en el mundo del deporte Todo esto, duele.

De repente, sin ser ni siquiera consciente, entran ráfagas de viento helado por todas las cristaleras rotas y se hace mucho más complicado encontrar una solución. Cada vez que rompo una ventana y no la reparo, me alejo de la persona que quiero ser, del padre en quien me quiero convertir o del profesional al que aspiro.

Romper ventanas y no arreglarlas es alejarte de poder vivir conectado a tus valores auténticos, de lo que es importante para ti o de aspirar a vivir una vida plena. Realmente, la plenitud es un acto radical. Es innegociable y exige estar muy atento y, cada vez que se rompe un cristal, ponerse manos a la obra para reponerlo de inmediato.

Cada uno de nosotros sabe cuáles son sus ventanas rotas, en la familia, con la pareja, en el trabajo, con los amigos, con un mismo, con su propósito y su desarrollo personal…, se trata de tomar consciencia de ellas y ponerse a ello.

Esta teoría de las VR tuvo un gran impacto en mí y me ayudó mucho a ser más conscientes de cuáles son mis ventanas importantes para estar pendiente de ellas.

¿Cuáles son tus ‘ventanas rotas’ que debes repara de inmediato? ¿Qué acciones te comprometes a tomar a partir de hoy para repararlas?

Imanol Ibarrondo

El cambio necesario

19 agosto, 2011

La transformación será todo un Reto. No será tarea fácil para Bielsa & Cía. Cambiar hábitos, también en el fútbol, es un proceso arduo y complicado que requiere el diseño de una Visión poderosa, inspiradora y compartida del equipo en que te quieres convertir, mucha voluntad, determinación, conversaciones potentes, trabajo y tiempo.

Según algunos expertos, todo proceso de desarrollo de un equipo de alto rendimiento pasa necesariamente por cuatro fases. Intuyo que estamos ya en la segunda, coloquialmente se suele llamar adaptación pero realmente es la de conflicto, en la que todo se pone en duda; los métodos, las formas, los entrenamientos, las decisiones, los conceptos, los sistemas, las normas, las jerarquías, el estilo y hasta los liderazgos internos están en cuestión. Todo se compara y se juzga.

En esta fase, se rivaliza por ocupar posiciones de privilegio en el nuevo escenario y se priorizan objetivos individuales sobre los colectivos, se producen cambios de roles y hay que desarrollar nuevas conexiones, generar nuevas relaciones… pero no hay atajos. Es una fase natural, ya que no es posible generar crecimiento sin conflicto, pues las dificultades son inherentes al propio desarrollo de un equipo. Mientras todo esto sucede, comienza la competición oficial.

Lo dicho, no será fácil. Metafóricamente hablando, es como si el Athletic estuviera ahora colocado entre dos imanes que le atrajesen poderosamente. Por una parte, está muy cerca todavía del imán al que ha estado pegado las últimas temporadas y que le aporta seguridad y confianza. Es terreno conocido y se encontraba cómodo ahí. Sabía que podría jugar mejor, ser más valiente, más atrevido, más dominador de los partidos, pero no le ha ido mal haciéndolo así y esa sensación de confort está todavía muy próxima ejerciendo un poderoso influjo.

Por otro lado, el gran esfuerzo que exige despegarse de este primer imán, requiere tener otro que le atraiga también con fuerza hacia adelante para evitar la tentación de renunciar a su necesaria transformación, superando así los momentos de duda, desconcierto y desconfianza que han de venir. Quizá tomar consciencia del equipo en que se van a convertir, del estilo que pueden crear para los que vendrán después, de la referencia de trabajo, sacrificio y valentía que podrán ser para todos, o de la conexión, el orgullo y reconocimiento que conseguirán de San Mamés, podrían ser algunas posibilidades a visualizar para diseñar un poderoso imán al que merezca la pena acercarse con determinación, alegría y confianza.

Ahora, poco a poco, como un niño que da sus primeros pasos, comenzará a descubrir otro mundo lleno de nuevas posibilidades futbolísticas… pero, de momento, sigue siendo territorio desconocido. El movimiento, el cambio genera incertidumbre, miedo, inseguridad, ansiedad, desconfianza y demás emociones que habrá que afrontar y superar para consolidar una mutación imprescindible que permita a este equipo alcanzar su máximo potencial.

Hoy estaremos todos pendientes de él en San Mamés, vigilando sus primeros pasos, animando cuando tropiece, ilusionados, expectantes y teniendo fe en que el esfuerzo merecerá la pena. Asistimos al nacimiento de una apuesta valiente y decidida por recuperar la identidad de un equipo mandón, atrevido, noble, honesto y respetuoso. Lo que somos. Lo que siempre hemos sido.

Una apuesta que exige un compromiso total por parte de todos los jugadores con una idea de equipo grande, que merece y necesita disponer del apoyo incondicional y del reconocimiento (por el gran esfuerzo que exige este cambio) de una afición entregada a un grupo joven, talentoso, generoso y hambriento, que puede aprovechar esta excelente oportunidad que se le presenta para crecer y mejorar hasta romper sus propios límites y descubrir de qué es capaz. Hoy será sin duda el inicio de una transformación emocionante.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de agosto de 2011

Conectado

1 mayo, 2011

Es una grata sorpresa la irrupción de Borja Ekiza. En pocos meses parece haberse convertido en el central más fiable del Athletic. El navarro actuaba generalmente como suplente en el filial y, según salió publicado, no estaba claro su futuro en el Club a partir del 30 de junio. Aprovechando lesiones y sanciones de sus compañeros, saltó ala titularidad del primer equipo en un momento de necesidad y ahora, gracias a la confianza que merecidamente le ha otorgado su entrenador, se aferra al puesto con uñas y dientes.

En mi opinión, no es un jugador muy rápido, aunque llega a los cruces, ni tampoco tiene un gran desplazamiento de balón, aunque se atreve a pegarla con las dos. No dispone de una salida impecable desde atrás, ni es especialmente poderoso en el juego aéreo, aunque disputa bien por arriba. En cambio, tiene algo básico e imprescindible para cualquier futbolista, y mucho más para un central: poder de concentración. ¡Cuánto vale eso! Como se dice en el argot futbolero, está siempre puesto. Le da igual si el marcador es favorable o no, si tiene que jugar con muchos metros a su espalda o replegado, de central derecho o hacerlo por la izquierda. Mide bien, anticipa cuando toca, disputa con agresividad y limpieza, es contundente cuando debe y juega sin complicarse. No comete errores groseros, ni hace entradas absurdas y tampoco regala tarjetas. Es un central fiable y seguro que aporta tranquilidad al equipo y que se ha ganado a pulso su puesto de titular. Casi nada.

Jugando así, concentrado, Ekiza es mejor jugador. Parece más rápido, más fuerte y oculta sus carencias, ya que estar cien por cien presente en el juego le permite anticipar la jugada, verla medio segundo antes, disponiendo así de un extra time para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Jugar concentrado es ganar tiempo y espacio. Es hacerte la vida más fácil para poder rendir al máximo de tus capacidades.

En la formación de habilidades para el desarrollo de personas y equipos, existe una ecuación que dice que el rendimiento de un jugador es igual a su máximo potencial menos las interferencias (R=P-I). Las interferencias son todos aquellos pensamientos negativos, miedos y saboteadores que te desconectan del juego y te alejan de tu potencial. Cuando tu cabeza se pone a hablar, mal asunto para jugar. Quizá por eso, jugadores con grandes talentos y capacidades técnicas superiores no consiguen muchas veces alcanzar un alto rendimiento. Aunque el potencial de Ekiza pudiera ser menor que el de otros compañeros más cualificados física o técnicamente, percibo que su diálogo interno, sus interferencias, son casi nulas, por lo que su rendimiento es notable.

El navarro está demostrando una alta capacidad para mantener su mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas, centrándose únicamente en el desarrollo eficaz de su tarea. Parece muy consciente de que, a pesar de la importancia de la táctica en un juego colectivo como es el fútbol, en el momento decisivo todo se reduce a un uno contra uno, en el que tú te la juegas con tu rival. En el remate y en el regate, en la entrada y en la disputa, en la anticipación y en la estrategia, conseguir que tu mente esté al cien por cien de tu parte es vital para ganar ese metro o esa décima de segundo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol.

No es fácil esto que hace Ekiza. Háganme caso. Tiene mucho valor. Si fuera sencillo, todos los jugadores estarían siempre enchufados, y eso, obviamente, no ocurre. De hecho, si sus compañeros de demarcación tuvieran este talento, jugarían ellos. No vale solo con desearlo, ni tampoco, como escucho a entrenadores, con decir en voz alta y muchas veces “¡Hay que estar concentrados!” (“Sí, claro, pero ¡dime cómo lo hago!”). Puede que, en al caso de Borja, sea un talento natural o también puede ser que, tras muchos años fuera de su casa sacrificándose para ser futbolista, tenga muy claro qué es lo que quiere y no esté dispuesto a regalar ni un metro que ponga en riesgo algo que le costado tanto conseguir.

El poder de concentración, estar conectado al juego, exige un alto nivel de autoconocimiento. Identificar claramente en qué eres muy bueno y cuáles son tus áreas de mejora, saber quién eres y qué es realmente importante para ti. Buscar y encontrar tu propia fuente de automotivación, descubrir para qué juegas y en qué tipo de jugador quieres convertirte. Tener la capacidad de reconocer y manejar adecuadamente tus pensamientos y emociones para poder jugar conectado a tus valores auténticos y a los valores del fútbol. Todo esto también se puede entrenar. Podríamos llamarlo entrenamiento emocional y requiere de los entrenadores el desarrollo de nuevas competencias y capacidades complementarias a las habilidades clásicas que se les atribuyen.

Teniendo en cuenta que el fútbol es un juego (en el caso del Athletic a domicilio, se podría decir que es casi un juego de azar), el equipo necesitará en Cornellá-El Prat, y hasta el final de temporada, muchos futbolistas conectados y concentrados para asegurar Europa, también para que pueda tocar la pedrea (quinto puesto) y puede, incluso, que para poder ganar el premio gordo (vade retro Champions). Qué quieren… A pesar de todo, soy un optimista irreductible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 1 de mayo de 2011

¿Y por qué no?

13 febrero, 2011

La Catedral (1913)

Cuenta la leyenda que, en la construcción de San Mamés, hubo una vez tres albañiles trabajando en la obra. Siendo preguntado el primero de ellos sobre qué estaba haciendo, respondió aburrido que estaba poniendo ladrillos. El segundo, un poco más animado, dijo que levantando una pared y, cuando el tercero fue cuestionado al respecto, miró hacia arriba y afirmó con entusiasmo que estaba construyendo una catedral. Realmente, los tres estaban haciendo lo mismo pero, mientras que una tarea sin visión no es más que un trabajo pesado, una visión con tarea es un sueño realizado.

Parece que en el Athletic ya está permitido soñar. Tras cuatro victorias consecutivas, unidas a rachas de fútbol de alto nivel, hasta los profesionales parecen sentirse más cómodos admitiendo, declarando y asumiendo (todavía con reparos) que algo grande es posible. Se agradece. Incluso, me atrevería a decir que se han dado permiso a sí mismos para creérselo. Para pensar que pueden hacerlo, que son capaces y que está a su alcance completar una temporada memorable.

Aun así, todavía escucho mensajes del tipo “el entusiasmo de la afición no debe entrar en el vestuario“. ¿Y, por qué no? En mi opinión, es precisamente al contrario. Es el equipo quien contagia este optimismo a la grada. El proceso no es de fuera hacia dentro, sino a la inversa; de dentro hacia fuera. Cuando ellos se sienten bien, nosotros estamos bien.

Son los propios jugadores quienes transmiten en cada partido un montón de información, de sensaciones y de mensajes. Lo que me llega ahora desde el césped es alegría, confianza, seguridad, decisión, conexión al juego, intensidad, ambición y diversión por momentos. No son sus palabras las que contagian, sino sus actos, sus comportamientos, en definitiva, su juego.

Que el entusiasmo y la alegría cuelguen de cada percha en los vestuarios de Lezama es una excelente noticia. Ya pueden cerrar puertas y ventanas para que no se escapen. No se me ocurre mejor estado de ánimo que el actual para jugar al fútbol. La ilusión genera confianza y esta provoca valentía y atrevimiento para afrontar los retos más complicados. De hecho, como decía algún sabio del que no recuerdo su nombre, “no es que no nos atrevemos porque las cosas son difíciles, sino que son difíciles porque no nos atrevemos“. Creer que es posible es, por lo tanto, imprescindible.

Comparto una Visión que me parece potente y que quizá pueda ayudar a los artistas a seguir creyendo, a seguir poniendo ladrillos cada día con entusiasmo y a perseverar jugando con la alegría y la convicción con que lo están haciendo en estos momentos. Nuestro mítico estadio está viviendo sus últimos partidos. De hecho, la próxima temporada parece que será su despedida. ¡Qué grande sería un San Mamés de Champions para poner el broche de oro a un campo legendario! Un auténtico reto a la altura de esta plantilla. Sí, ya sé que es muy complicado pero, aunque lo parezca, no es lo mismo decir “es posible pero es muy difícil… que es muy difícil, pero es posible“. En la primera hay justificación y en la segunda se impone el deseo. Una vez más, creer primero para crear después.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 13 de febrero de 2011