Archive for the ‘Crecimiento’ Category

Jugador de pequeña…

24 enero, 2011

Esta semana, echando un mus y después de unas cuantas manos lamentables, mi compañero me soltó juegas menos que el Athletic. Como seguían sin entrar cartas, me entretuve haciéndome la absurda pregunta de qué tipo de muslari sería el Athletic actual.

Pensé que, a estas alturas de la partida y de la temporada queda claro que, salvo contadas excepciones, pasaría de jugar a grande y a lo grande. Pares no pillaría casi nunca o, como mucho, juntaría un par de pases (perdón, de pares) y, como no sea de mano, prohibido arriesgar intentando jugársela con unas medias (perdón, con los medios). Ni pensar en un buen solomillo y de juego, lo dicho, poca cosa. Treinta y una de postre cada muchas manos o jugadas de poco fuste. No le gusta que los contrarios lleven juego porque cree que se maneja bien cuando no se juega. Prefiere jugar al punto.

Si hay oportunidad de hacer descartes y redefinir la estrategia de la partida, el Athletic prefiere quedarse con as/cuatro y asegurar la pequeña. Jugar de farol y a engañar, pero sin cartas. A perder tiempo descaradamente, a ralentizar, a esperar no se sabe muy bien a qué y a desconectarse del juego. Contra equipos más flojos, justito, pero alcanza, porque San Mamés pesa mucho y los contrarios se comen los faroles pero, cada vez que toca jugar contra uno bueno, o fuera de casa, casi nunca tenemos opción.

Se llevan todo; mayor, pares y juego… y nos regalan la pequeña. Hay que reconocer que, últimamente, jugando a pequeña, el Athletic es el mejor. Siempre nos llevamos esa piedra. La lástima es que, como cualquier muslari sabe, jugador de chica, perdedor de mus. Aquí, en Euskadi, deberíamos tener eso claro, que por algo inventamos el juego.

Como en esencia el equipo es valiente, correoso, sacrificado y no se rinde con facilidad, es difícil que no llegue vivo al final de cada partida (perdón, de cada partido) y, entonces, cuando la cosa pinta mal, se la juega con órdagos desesperados, con efervescentes ataques finales plenos de emoción y poco fundamento. Lo que se dice engordar para morir, aunque alguna vez suene la flauta.

A veces, también utilizamos la estrategia como si fuera una media de ases, que nos sirve para llevarnos la chica y así también robamos los pares. De hecho, en ocasiones, si ninguno juega (perdón, lleva juego) levantamos también la piedra del punto o los tres puntos y nos llega con este poco para ganar la mano pero, en general, seguimos comportándonos como jugadores de pequeña.

No sé ustedes, pero yo hace tiempo que no recuerdo un Athletic desatado, pegando a todo, dominando y mandando en cada mano, con alegría, arriesgando en los descartes, divirtiéndose y ganando amarrekos de cinco en cinco. Sí, ya sé que hoy en día está todo muy igualado en el mus y que todos los contrarios son buenos, están preparados y es difícil ganar las partidas (perdón, los partidos) pero, digo yo que también se puede probar a jugar a la piedra, pero a todas, no solo a pequeña, también a mayor, a pares y, sobre todo, a juego, porque cartas para jugar, tenemos de sobra. Solamente nos falta creer que es posible.

Reconozco en el entrenador a una persona apasionada por el fútbol y con los conocimientos, capacidades y trayectoria suficiente como para ser considerado uno de los profesionales más reconocidos de la Liga. Tengo claro que sus resultados en la alta competición avalan y justifican su forma de entender el juego. Entiendo que considere que no necesita cambiar nada para seguir teniendo un sitio reservado en la élite del fútbol, pero creo sinceramente que está dejando escapar una excelente oportunidad para crecer dos palmos como entrenador con su experiencia en el conjunto rojiblanco.

Después de casi cuatro años viviendo en Bilbao, estoy seguro que algunos de los valores más auténticos de este club, como la nobleza y el respeto, deben estar ya calando, de alguna manera, en lo más profundo de su ser. Atreverse a vivirlos intensamente podría ayudarle, sin duda, a crecer y a progresar más todavía como líder de grupos o, lo que es lo mismo, como entrenador. A confiar en que es posible creer en algo más grande y más ilusionante que los tres puntos de cada domingo. Creer para crear, quizá sea algo tan sencillo como esto. Todavía le quedan cinco meses para hacerse grande en el Athletic y llevarse algo realmente bueno de aquí… además del mus.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 24 de enero de 2011

Anuncios

Sangre, sudor y lágrimas

5 diciembre, 2010

Acabo de leer una novela histórica que ilustra cómo se desarrolló la Primera Guerra Mundial, incluso en el frente de batalla. Entre otras cosas, describe con mucho detalle las emociones, sensaciones y pensamientos que compartían los soldados, tristes protagonistas involuntarios en aquel sinsentido que se cobró la vida de más de diez millones de jóvenes.

Me quedé pensando en cómo me comportaría yo en una situación similar y qué tipo de persona me gustaría tener a mi lado en un momento así. Coraje, lealtad, capacidad de sufrimiento, valentía, resistencia, templanza y decisión, serían algunas de las cualidades esenciales que buscaría para compartir tan terrible experiencia. A veces, el fútbol, sin ser tan trágico, también puede convertirse en una guerra interesada que te pilla en medio.

Conocí personalmente a Carlos Gurpegi afrontando, posiblemente, una de las situaciones más difíciles y comprometidas de su vida. Siendo yo vocal de la Junta Directiva de AFE, saltó el escándalo de su positivo. Tras una espera prudente con recursos, apelaciones, condenas y demás zarandajas legales, la sanción se hizo firme y le obligaron a parar durante dos años.

En aquel tiempo tuve el privilegio de conocer a su familia. Fuimos invitados varias veces a comer a su casa de Andosilla. Menestra, alcachofas, pimientos y espárragos de su propia huerta eran los manjares con que nos obsequiaban. Curiosamente, absolutamente todo lo que servían en la mesa, incluido el vino, eran productos ecológicos (paradojas de la vida). Y de postre, teníamos lágrimas. De su familia. Derramadas por la injusticia y la impotencia ante un castigo (no solamente la sanción) desmesurado, inmerecido e imposible de aceptar con serenidad.

Entretanto, Carlos parecía un espartano. Inasequible al desaliento y enfrentando decidido su imprevisible destino. Ni una mala palabra, ni una acusación pública a nadie, siempre con una sonrisa que ofrecer, volcado en acciones solidarias, desdramatizando, relativizando, madurando y, en definitiva, tomando consciencia de que la vida es mucho más que fútbol.

Y volvió. Acelerado, como queriendo recuperar en cada balón los dos años robados. Jugaba descontrolado, no medía bien, sin pausa, sin tiempo, sin confianza. Él no la tenía y tampoco se la daban. Se volvió a romper la cara. Otra vez. Más sangre. Esta vez, traumatismo craneoencefálico y doble fractura de nariz. Antes ya se había partido la mandíbula. Le visité en el hospital. De nuevo, una sonrisa. “Todo esto pasará“, decía él.

Mientras tanto, toneladas de esfuerzo, sacrificio, sudor a raudales, entrenamientos al máximo, referencia de implicación y compromiso para todos. Sigue recibiendo más cariño y admiración que nadie y, doy fe, también el reconocimiento silencioso de todo el planeta fútbol a su formidable carácter forjado a base de coraje para afrontar la adversidad.

Esta semana se cumplen ocho años desde que se confirmó el fatídico positivo y, además, Carlos visita el estadio en el que comenzó su calvario, marcando dos goles. Más paradojas de la vida.

Recuerdo un titular de prensa en una de sus entrevistas durante su castigo. Decía: “Volveré siendo mejor“. Ese fue su ambicioso reto y a ello se dedicó en cuerpo y alma: a profundizar en su autoconocimiento, a descubrir nuevas perspectivas de su realidad, a conectar con su esencia y con sus valores auténticos. A cuidarse y a quererse más. A crecer.

Tengo claro que el gran jugador que estamos disfrutando esta temporada es fruto de este proceso y de la determinación y voluntad con las que peleó por no rendirse, por no permitir que otros decidieran su destino y por atreverse a descubrir sus propios recursos para alcanzar su Reto.

Gurpegi mantiene intactas la intensidad, la valentía, la nobleza, la resistencia, la solidaridad y la agresividad que tenía antes y, además, les ha sumado la pausa, la confianza y la seguridad necesarias para atreverse a pedirla, pararla y jugarla con criterio. También conserva su llegada al gol complementada con golazos de fuera del área y, sobre todo, está feliz. No hay más que ver cómo celebra sus goles con la alegría de un niño.

Un carácter guerrero, noble y humilde forjado a base de sangre, sudor y lágrimas. Desde luego, si el partido de hoy se planteara como una de esas grandes batallas antiguas europeas, qué gran suerte tener en tu bando al jugador que mejor identifica, sin duda, el espíritu y los valores auténticos del Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de diciembre de 2010

Diseñando jugadores

30 noviembre, 2010

Comparto con vosotros una referencia sobre la relación entre los videojuegos y el Deporte que he encontrado en el facebook de ‘entrenadores‘. Me ha llamado poderosamente la atención porque durante 10 años he trabajado en el sector del ocio digital (videojuegos) y, ciertamente, teníamos claro en el diseño previo de los juegos, cuáles eran los factores que marcaban la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Buscábamos permanentemente estrategias emocionales que nos ayudaran, tal y como indica el artículo, a motivar a los jugadores para que no abandonaran, para que perseverasen en superar pantallas y niveles hasta llegar al final del juego. En principio, básicamente, lo mismo que busca un entrenador con sus pupilos

Tom Chatfield, en su libro “Siete formas en que los videojuegos premian el cerebro” define 7 cuestiones que podemos aprender de los videojuegos para aplicar en otros ámbitos. Adaptándolo al deporte, comento tres de ellos que también nosotros teníamos muy presentes en el negocio del videojuego.

El primero, que utilizábamos siempre, era una sencilla barra de progreso. La simple idea de mostrar, de evidenciar, cómo evolucionan aspectos de su propio juego que están en constante desarrollo, resulta algo muy motivador, tanto para el usuario de un videojuego como pudiera serlo para un deportista.

Cómo sería, en el fútbol, poder informar a cada uno de nuestros jugadores de sus progresos individuales mediante el análisis de algunos comportamientos (no muchos) y no necesariamente asociados al partido o al resultado del mismo, sino a la mejora y al crecimiento personal de cada persona. Seleccionar un determinado número de acciones relacionadas con aspectos técnicos, tácticos, emocionales y de valores humanos y, partiendo de una situación inicial, que cada jugador pudiera comprobar, con la ayuda del técnico, cómo avanza, mejora y crece. Sin duda, sería un gran regalo y muy motivador.

Otro elemento que teníamos siempre presente en el diseño de los videojuegos era la importancia de dar feedback, en cuanto a información que ayude a resolver problemas. Es importante que el usuario tenga acceso a pistas o recursos para superar sus dificultades en cualquier momento del juego. Tener siempre disponible una ayuda inmediata. Si no pueden asociarse las consecuencias a acciones concretas, resulta complicado aprender. Al contrario, el aprendizaje que proporciona el feedback inmediato, después de cualquier error, es un poderoso elemento motivacional. Donde pongo el foco, pongo la energía, pongo mi emoción y voy yo. Enfocarse en la tarea y en la posible solución, en lugar de hacerlo en la crítica personal o en el problema.

Por último, premiar el esfuerzo, incluso el más mínimo, aunque sea con un premio igualmente mínimo. En el Deporte, sería tan sencillo como una sonrisa, tal vez un guiño, un pulgar hacia arriba, una palmada en el hombro… La importancia capital de potenciar, creer, respaldar, reconocer y reforzar como elementos imprescindibles para perseverar y volver a intentarlo una y otra vez.

Por cierto, viendo ayer el memorable partido del Barcelona parecía que todos los jugadores culés eran de videojuego. El diseñador es, sin duda, un mago capaz de hacer que la realidad supere incluso a la ficción.

Imanol Ibarrondo

Coaching deportivo: descúbrete y crece

20 octubre, 2010

Durante toda la Jornada del martes, Juan Cárlos, María y yo mismo, pudimos disfrutar en las instalaciones del COE de una nueva experiencia memorable, junto a 26 responsables técnicos de federaciones deportivas tan diferentes como; Ciclismo, Rugby, Tenis de mesa, Natación, Karate, Lucha, Judo, Golf, Atletismo, Voleibol, Billar, Triatlon y Natación sincronizada. Podéis imaginar lo enriquecedora que es, en lo personal y en lo profesional, compartir esta experiencia con semejante diversidad.

Intensa, muy participativa, con gran dinamismo, emocionante por momentos y realmente divertida son adjetivos que hacen justicia a la Jornada de ayer. Se trata de la tercera Jornada de descubrimiento que hacemos en el COE y lo cierto es que, estas Jornadas, dan sentido a nuestro trabajo y nos llenan de energía y vitalidad para seguir avanzando en el largo camino de alcanzar nuestra Visión de difundir, divulgar, convencer y seducir a todos aquellas personas que tienen influencia e impacto en la formación, el desarrollo y el alto rendimiento de los deportistas, en la aplicación de las habilidades propias de esta apasionante disciplina. En este caso, con los máximos responsables técnicos nacionales de cada deporte. Un gran privilegio del que estamos muy agradecidos.

Incorporar nuevas capacidades y competencias para que no se rindan y bajen los brazos ante el gran reto al que se enfrentan diariamente de trabajar con los mejores.

Para que tomen las riendas, se ilusionen y descubran qué es lo que realmente quieren, qué es importante para ellos/as, definiendo un propósito de vida y una Visión, personal y profesional, potente y eficaz. Para comenzar a diseñar su ‘brújula y faro’.

Para que se atrevan a relacionarse de forma diferente, a comunicar distinto, a transmitir desde la emoción y no solamente desde la razón, a conectar de verdad y escuchar activamente a sus deportistas.

Para que se animen a seguir creciendo y a destapar su verdadero potencial, a descubrir sus valores auténticos y a vivirlos cada día ayudando a que sus deportistas también puedan hacerlo.

Para que se decidan a ser quien realmente son, a auto-liderarse con determinación y coherencia para poder, a partir de ahí, ejercer una gran influencia positiva sobre sus deportistas (liderar, en definitiva).

Para que aprendan a confiar y a creer con convicción en sí mismos y en sus deportistas.

Creo que la Jornada de ayer pudo servir para comenzar a tomar consciencia de la realidad de cada uno, de las excusas y justificaciones que utilizamos más habitualmente, para hacer salir a la superficie a nuestros clásicos ‘saboteadores’, inconscientes hasta ayer, y para comenzar a explorar y poner en práctica desde ya habilidades básicas del coaching en su trabajo diario con deportistas.

La Jornada de descubrimiento fue como abrir una rendija de una persiana en una habitación oscura. Es cierto que solamente fue un resquicio, pero por ahí se ha colado ya un caudal de luz que nos permite percibir, aunque sea levemente, el gran tesoro que cada uno albergamos en nuestro interior. Comienza pues un nuevo y excitante viaje de auto descubrimiento. Bienvenidos a bordo.

Imanol Ibarrondo

PD. Como quedó claro en la Jornada, ya no habrá libro (por lo menos este año), así que tendréis que conformaros con seguir leyendo el blog 😉

Nacemos genios y llegamos a idiotas

29 septiembre, 2010

Al hilo de la convocatoria de huelga general de hoy, me pidió un periódico económico un artículo relacionando la situación económica y el coaching. Ésto es lo que salió. Creo que se podría aplicar también perfectamente al mundo de los formadores y entrenadores deportivos.

Últimamente, escucho a diario a Zapatero repetir con insistencia la misma palabra; competitividad. Me recuerda mucho a Caparrós. El entrenador del Athletic también tiene ese vocablo entre sus preferidos. No tengo muy claro a qué se refiere exactamente cuando habla de esto. Menciona siempre cuestiones vagas como cerrar los partidos, el ‘otro’ fútbol, aprender a perder tiempo o jugar al filo de las reglas. Creo que Zapatero no habla de lo mismo, aunque le entiendo igual de poco. Él hace referencia a la flexibilidad en el despido, nuevos modelos de contratación, reforma laboral y demás conceptos relacionados con el mercado de trabajo. Parecen tiritas para detener una hemorragia.

Lo cierto es que con lo bien que se vive aquí, con la calidad de vida y las condiciones laborales que hemos alcanzado y a las que, por supuesto, nadie está dispuesto a renunciar, parece complicado que nuestras empresas puedan ser competitivas. En el mundo globalizado en el que nos movemos, son muchos, y más que serán, los países que ofrecen los mismos productos y servicios que nosotros a mejor precio.

Si la calidad tampoco es ya un elemento diferenciador, quizá tan solo haya una variable en la que sí exista un margen importante de mejora. Que cada persona que trabaje, aumente su rendimiento por cada hora que dedique a su tarea. Es decir, que incremente su productividad.

Si, ya sé, es de perogrullo. El problema es que si a una persona no le gusta su trabajo, difícilmente se sentirá motivada para aumentar su productividad. Más bien al contrario, el absentismo, la desmotivación, las excusas, la desidia y la frustración son los ingredientes básicos de demasiadas personas en el mercado laboral actual. Conclusión; qué importante sería que cada cual se dedicara a aquello para lo que tiene talento.

Soy un convencido de que nacemos genios y llegamos a idiotas. No sé de quién es la frase, pero me encanta. Creo que cada uno de nosotros nace con un talento especial y que la gran mayoría pasamos por la vida sin descubrirlo o, lo que es peor, sin buscarlo siquiera. Nacemos con un tesoro, diferentes y únicos y nos empeñamos en convertirnos en uno más de manada, trabajando para cumplir los sueños de otros y renunciando a hacerlo por los nuestros. Lo dicho; idiotas.

Son atípicos los casos como Nadal en el deporte, al que le ponen una raqueta en la mano con 3 años y descubren a un portento del tenis. Casi nunca es tan sencillo detectar el talento (mucho menos potenciarlo y sacarle el máximo rendimiento), pero intentarlo resulta ya una tarea imprescindible.

Zapatero repite ahora con insistencia que la clave está en la Formación. Estoy de acuerdo. Dicen que el país de referencia en educación a nivel europeo es Finlandia. Aunque pudiera parecerlo, la diferencia no está en los ordenadores, ni en la utilización de las nuevas tecnologías o el número de alumnos por aula. La clave es la preparación, la formación, el compromiso y el prestigio del profesor como elemento central de una sociedad necesitada de aprender.

Si la Formación debe ser el pilar básico sobre el que asiente la transformación del modelo productivo y la competitividad de nuestra economía, quizá habría que comenzar por formar a los formadores. Si deben asumir esta hercúlea responsabilidad, necesitan disponer de las habilidades, competencias y capacidades necesarias para hacer frente a tamaño Reto.

Es habitual escuchar a los profesores de hoy quejarse sobre las enormes dificultades que tienen para desarrollar su trabajo diario; desde la abulia de los alumnos, a la falta de recursos, la burocracia, la falta de protección… Sin duda, todos ellos son argumentos de peso y ciertos… pero no son suficientes para abdicar de su responsabilidad.

Entiendo que es vital que haya ingenieros muy cualificados, así como arquitectos, investigadores, médicos y demás profesionales con una formación muy exigente, pero siendo la juventud actual el activo más importante de cualquier País, habría que depositarlo en las manos de los profesionales más competentes y capacitados que se puedan conseguir. Quizá habría que comenzar por prestigiar realmente la carrera de la docencia, revisar las capacidades mínimas necesarias para poder desempeñar con éxito esta profesión y ser mucho más exigente en la selección de los candidatos para asumir esta gran responsabilidad.

Posiblemente, para ser profesor/a, haya que tener realmente mucho talento. No puede valer cualquiera que solamente busque un trabajo fijo para toda la vida. Deberían disponer de enormes reservas de entusiasmo, fe y confianza en las posibilidades ilimitadas de sus alumnos, escondidas tras esa apariencia de pasotismo y desmotivación permanentes que reflejan muchos de ellos. Personas que no vean lo que son, sino lo que podrían ser y actúen en consecuencia. Expertos en el arte de despertar. Ese sería un buen subtítulo para los profesores.

Así se conoce también el Coaching. El arte despertar consciencias, de agitar los corazones, de poner en acción las voluntades oxidadas por la falta de uso, Sin duda, las circunstancias han cambiado. Los jóvenes son diferentes ahora (necesitaríamos un libro para explicar la transformación) y la autoridad ya no viene regalada como antaño (ni siquiera en casa). No está incluida ya en el cargo de quien imparte la formación. De hecho, salvo en el Ejército y en la Iglesia, creo que ya en ningún sector de actividad  funciona de esta manera.

Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que el ordeno y mando constituía la única alternativa. Ese tiempo ya pasó y, guste o no, no volverá. Ya no vale con lamentarse de cómo son los jóvenes de hoy en día y cómo deberían ser. Esto es lo que hay. Ya no sirve levantar la voz o la mano para conseguir obediencia. Ahora el Liderazgo hay que ganárselo, también en el aula, y eso requiere el desarrollo de nuevas capacidades de comunicación y de relación. Necesitan aprender y aplicar otras habilidades, no para imponer, sino para poder ser ‘cómplices de una posibilidad trascendente’.

Así define George Steiner el arte de educar. Se trata de divisar y sacudir lo que todavía no es. “Si me tratas como soy así seré. Si me tratas como podría ser, es posible que llegue a serlo”.  Así podría definirse también el Coaching.

Descubrir el talento oculto tras la bruma de la apatía de cada uno de los alumnos del aula es el enorme reto al que se enfrentan ahora las nuevas generaciones de profesores. Ya no basta con impartir conocimientos, es necesario sacar a flote la esencia de cada individuo para que le sirva de brújula y pueda orientar su futuro profesional hacia aquellos campos en los que realmente sea capaz de sacar su máximo rendimiento, consiguiendo de esta forma aumentar su productividad.

Necesitan ayuda para poder hacerlo. Y su formación en habilidades propias de las disciplinas del coaching ó de la inteligencia emocional facilitaría poder afrontar este reto con posibilidades reales de éxito. En este momento, lo urgente (las tiritas) se impone a lo importante pero, sin duda, apostar de verdad por la formación de formadores, sería la mejor inversión para garantizar un futuro luminoso para todos.

Imanol Ibarrondo

Coopetir

16 agosto, 2010

Al hilo del penúltimo post publicado en este blog (Hasta la victoria siempre) y coincidiendo con la séptima victoria de la temporada de Lorenzo, quisiera hacer una comparación entre dos deportes similares (Moto GP y Formula1) que también tienen 2 pilotos por equipo y compiten por marcas,  además de por la clasificación individual.

El mismo domingo de Julio en que Massa dejó pasar a su compañero Alonso para que ganara en Alemania, por la noche vi como Jorge Lorenzo vencía en Laguna Seca.

Recordé en ese momento la espectacular carrera de junio del año pasado en Montmeló, en la que Rossi y Lorenzo, compañeros de escudería, pelearon hasta la última curva en una formidable pelea por la victoria, asumiendo el gran riesgo  para su equipo de que cualquiera de ellos, o ambos, acabaran derrapando con sus monos por la pista.

No quiero imaginar cómo estaría el box Fiat-Yamaha en ese momento, pero puedo recordar a qué velocidad latían los corazones de todos los que estábamos pegados a la televisión, viendo los increíbles adelantamientos de las últimas vueltas.

Me cuesta creer que en uno de esos momentos memorables para la historia de la Moto GP, alguien desde el box estuviera dando instrucciones a Rossi o a Lorenzo para que fueran más tranquilos, para pensar en los puntos de la clasificación por equipos… No sé si por los pinganillos de ambos se oirían este tipo de comentarios pero, seguramente, ambos pilotos, preferirían cambiar de equipo antes que renunciar a ganar.

Aquél día, Rossi se le metió por dentro en la última curva y se llevó la victoria. Sin duda, fue una derrota amarga para Lorenzo. En su casa, frente a su mayor rival, de su mismo equipo y perdiendo el liderato del Mundial en el último giro. Una gran adversidad.

Dicen que Rossi y Lorenzo son enemigos. No lo creo. Ni en su mejor amigo del circuito podría encontrar el mallorquín un mejor colaborador para su crecimiento y pleno desarrollo como piloto. Tener, quizás al mejor de la historia, como máximo rival y compañero de equipo, es un privilegio del que, si no lo ha hecho todavía, supongo que Lorenzo tomará consciencia en su momento.

Competir con(tra) Rossi le está permitiendo enfrentarse y superar, cada día, las mayores dificultades posibles, avanzando a pasos agigantados hacia el mítico piloto en que podrá convertirse en su momento.

Creo que, sobre todo al máximo nivel, competir está directamente relacionado con cooperar. Necesitas que alguien te ayude y te obligue a sacar lo máximo y lo mejor de ti. A conocer tus límites y a superarlos para poder seguir mejorando, creciendo y ganando.

Y por este motivo, necesitas a tus rivales. Cuando mejor sean ellos, cuanto más se esfuercen, cuanto más difícil te lo pongan (en todos los sentidos), mayor será el favor que te estarán haciendo y más estarán colaborando en tu propósito.

En mi opinión, tras carreras como la de del año pasado de Montmeló, Lorenzo, podría aprovechar para dar las gracias sinceras y de corazón a Rossi, porque le está ayudando a madurar y mejorar a una velocidad imposible de alcanzar sin ‘Il Dottore’ en la pista. De momento, aunque con acierto, ayer se limitó a afirmar “mis antiguos errores me han hecho mejorar”. Por mi parte, estoy seguro que el año que viene seguirá mirando de reojo a la Ducati para seguir aprendiendo.

Imanol Ibarrondo

Vino de mesa o Reserva

10 agosto, 2010

Parece ser que, una vez superados los trámites legales, se confirma que Fernando Amorebieta jugará como internacional con Venezuela. No pretendo con estos comentarios infravalorar a la selección vinotinto, sino aprovechar la decisión para hacer una distinción entre Objetivos y Retos.

Fernando ha señalado en numerosas ocasiones que su nacimiento en Cantaura y su estancia en aquella localidad hasta los dos años, fueron fruto de la casualidad. Por otra parte, ha sido internacional en todas las categorías con la selección española, por lo tanto, si no hay condicionantes emocionales, ni lazos de identidad patriótica con ninguna de las dos, ni nada parecido, entiendo que se trata de una decisión estrictamente deportiva.

Supongo que Amorebieta quiere ser internacional esta temporada. Las razones pueden ser muchas; lo hago para mejorar participando con asiduidad en competiciones internacionales, para aportar mayor experiencia internacional al Athletic, lo hago por agradecimiento a Venezuela, porque me han convocado, porque me da igual uno que otro…  en fin, por el motivo que sea. Por tanto, aprovechar la oportunidad que le ofrece Venezuela le facilita alcanzar el objetivo de ser internacional.

No parece jugar con Venezuela sea un objetivo especialmente exigente para él, ya que su nivel actual y ser del Athletic, le permiten tener cómodamente un hueco en una selección menor del panorama internacional. En principio, jugar con Venezuela no le exige mejorar, ni aumentar sus prestaciones como central. Con lo que hay, es suficiente.

En mi opinión, en este sentido, el verdadero Reto para Amorebieta sería convertirse en el central zurdo titular de ‘La Roja’ en el próximo Europeo, a la izquierda de Piqué. Ese sí que sería un reto auténtico para él, al alcance de sus posibilidades reales y de su talento sin explotar. Algo que ciertamente le exigiría un esfuerzo extra para llegar a ser el jugador que necesitaría ser y, sin duda, podría ser, para alcanzar ese Reto.

Para ello, sí que sería imprescindible que creciera, madurase y compitiera  este año en el Athletic, hasta alcanzar el nivel de continuidad, seguridad y solvencia necesarias para hacerse un hueco en el equipo campeón del mundo. Para jugar con Venezuela, no le hace falta esforzarse tanto.
Tener la posibilidad real de crecer como jugador hasta alcanzar y superar tus propios límites entrenando, conviviendo y jugando con los mejores jugadores del mundo, es un privilegio que pocos futbolistas pueden disfrutar. Levantar los máximos trofeos internacionales también está al alcance solamente de algunos elegidos en la Historia del fútbol. No solo depende de uno mismo, sino que es básica la coincidencia temporal con una generación de grandes jugadores con capacidad real para disputar esos títulos.

En este momento, Fernando, teniendo a su disposición todo eso, además de la confianza del seleccionador que ya le ha convocado en una ocasión…  ha decidido renunciar. Ni siquiera quiere intentarlo con fuerza y convicción. Ha elegido bajar los brazos sin pelear. No sé, quizás me equivoco pero, personalmente, interpreto esta decisión más como una rendición que como un paso adelante en su futuro.

Desconozco si el de Iurreta es consciente de su privilegiada situación (entre los 40 principales de la Liga), si es capaz de visualizarla y de sentir las enormes posibilidades que le ofrece para vivir intensamente su profesión y descubrir todo su potencial. De hecho, ni siquiera sé si realmente es un apasionado del fútbol. Conozco gran cantidad de futbolistas muy buenos que no lo son. No es una crítica, pero no ayuda a tomar las mejores decisiones.

Tengo la impresión de que, si Amorebieta se propusiera realmente lograr ese reto en dos años y pusiera en el empeño toda su energía e ilusión, comprometiéndose a sacar el máximo rendimiento de sus enormes capacidades, sin duda se convertiría en un central mítico en la historia del Athletic. No por conseguirlo (que quizá no lo haga), sino por transformarse en un jugador capaz de merecerlo. Y eso, sí que son palabras mayores.

Imanol Ibarrondo

Este post se publicará mañana como artículo en el periódico Deia