Archive for the ‘Defensa’ Category

Tiempo de valientes

8 abril, 2011

Con 15 años, siendo infantil del Athletic, mi sueño y mayor ilusión era debutar con el primer equipo en San Mamés. Cuando a los 21, tras jugar en otros clubes vizcainos, tuve alguna oportunidad (remota) de hacerlo, jugadores como Ferreira, Alkorta, Salinas o Andrinua taponaban cualquier opción.

Asimismo, acababan de dejar el Athletic los legendarios Goiko y Liceranzu. Aparte de su gran nivel y calidad como futbolistas (todos internacionales), los seis jugadores nombrados tenían algo en común; eran vizcainos. Además de ellos, también estaban por delante de mí en el ranking, entre otros, Gonzalo, Gorriarán o Herrero, por poner tres ejemplos más de excelentes centrales vizcaínos de Primera División.

Hace algunas semanas, por primera vez en la historia del Club, ninguno de los catorce jugadores que saltaron al campo en Zaragoza era local. Este lunes, en Almería, solamente uno del once titular lo era, Xabi Castillo. Curiosamente, el durangués (la gran mayoría de vizcainos del Athletic son de esa comarca) no pasó el corte de los juveniles en Lezama, se hizo futbolista después en Zubieta y hubo que pasar por caja para recuperarlo. Se podría pensar que la ausencia de vizcainos es una casualidad o un dato sin relevancia pero, en mi opinión, se trata de un hecho que refleja una tendencia y que no convendría dejar pasar sin una reflexión.

Desconozco exactamente los cientos de equipos y los miles de jugadores que cada fin de semana saltan a los campos de Bizkaia para disputar sus partidos. Tampoco sé cuántos entrenadores, directivos y padres se mueven alrededor de este fenómeno deportivo, pero son decenas de miles. Puedo comprender la desilusión que podrían sentir, tanto los jóvenes jugadores como los equipos que los forman, al constatar esta nueva realidad que se está imponiendo en el Athletic. Aunque los motivos sean bien distintos, parece que las actuales generaciones de potenciales futbolistas vizcainos lo tendrán bastante más difícil todavía que yo para cumplir su sueño.

Es significativo que, siendo Bizkaia el territorio de Euskal Herria más poblado y con casi el 50% de las licencias totales, se produzca este desequilibrio en el Athletic. Entiendo que no se trata de un problema de captación porque tampoco se van jugadores de alto nivel a triunfar en otros equipos, por lo que interpreto que puede estar más relacionado con la formación. Antes, dabas una patada a una piedra y te salía un central internacional. Ahora, en cambio, no salen. Ahora, hay que sacarlos. Parece razonable pensar que lo que antes valía, ahora ya no vale.

Conozco de sobra las razones y argumentos de peso que, una y otra vez, se esgrimen para justificar esta cuestión; poca natalidad, prefieren la play, no se juega en la calle, tienen una vida muy fácil, hay más alternativas de ocio, no se sacrifican, no se comprometen, Bizkaia no tiene deportistas de élite en ninguna especialidad…. (ponga Ud. la razón que desee), pero, aun así, quejarse no es suficiente.

Todas estas explicaciones son interpretaciones de la realidad que nos están limitando, bloqueando y paralizando en la búsqueda de nuevas alternativas y respuestas eficaces que ayuden a crear otra nueva realidad. Una cosa es aceptar los hechos concretos y otra, muy diferente, resignarse ante ellos.

Es al Athletic, como líder y referencia absoluta del fútbol en Bizkaia, a quien corresponde la responsabilidad de afrontar, mejor antes que tarde, la búsqueda de fórmulas imaginativas para resolver esta carencia. Que el futuro del Club dependa excesivamente de captar jugadores del resto de Euskal Herria se me antoja una apuesta demasiado arriesgada.

Sin duda, se trata de un reto complicado, pero también apasionante. Parece razonable pensar que, siendo el Athletic el único club del mundo que vive de su cantera, debiera ser el mejor club del mundo trabajando con ella y, en este momento, no es así. Sería bueno reconocerlo y aceptarlo como primer paso para empezar el camino del cambio.

Es una oportunidad excelente para innovar, evolucionar y crecer hasta alcanzar el puesto de vanguardia que, también en este campo, nos corresponde. Ya lo hicimos hace 40 años cuando alguien fue tan audaz como para diseñar un futuro posible. Imaginó una escuela de futbolistas e inventó Lezama. Podemos volver a hacerlo. Tenemos que hacerlo. Podemos re-inventarla. De lo contrario, si seguimos haciendo lo mismo, seguiremos teniendo iguales resultados, es decir, cada vez menos jugadores vizcainos y mayor riesgo.

O se toman las decisiones a tiempo o el tiempo las toma por ti y, entonces, posiblemente ya no sean de tu agrado. El período electoral que se avecina presenta un marco propicio para aquellos que no temen proponer y probar nuevas soluciones, para los que se atreven a cambiar lo que saben que ya no funciona, para los que tienen el coraje de arriesgar con nuevas iniciativas. Es tiempo de innovadores. Es tiempo de valientes.

P. D. El Osasuna B jugó los cinco primeros partidos de la Liga de este año únicamente con dos jugadores navarros en su equipo titular. Si ya no quedan ni navarros para fichar, la cosa se podría complicar.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de abril de 2011

Marcando sombras

20 febrero, 2011

Guardo un recuerdo impactante del Camp Nou. Lo califico así porque me costó años quitármelo de encima. De hecho, todavía me asalta de vez en cuando. Era una noche de sábado, y durante toda la semana habíamos ensayado (nosotros, el Rayo Vallecano) la táctica del murciélago para enfrentarnos al Dream Team. Ya saben, es como la del autobús pero más cutre: todos colgados del larguero. Como pueden comprobar, no estaba el equipo con mucha confianza pero, en el último momento, el míster sufrió un ataque de valentía y decidió plantear cinco marcajes al hombre por todo el campo.

Me tocó uno de ellos y, como fue a sorteo, el destino quiso que Laudrup fuera mi pareja de baile para esa noche. Imagínense esta esperpéntica situación: el mago danés que baja a recibir hasta medio campo, Koeman se la da en cortito y me encuentro en el círculo central, frente a él, siendo el jugador más adelantado de mi equipo. Papelón. En ese momento, yo pensaba (porque jugar no, pero pensar, pensaba un rato largo): ¿Qué co… estoy haciendo aquí? En esas estaba cuando Laudrup se para con el balón frente a mí. No necesitaba ni siquiera hacer una finta, creo que tan solo movía los ojos hacia un lado o una ceja hacia arriba y yo ya perdía el equilibrio, mientras él salía como un dandy con la pelota controlada para otro lado.

Si hacen un pequeño esfuerzo, quizá puedan sentir la sensación de ridículo que me invadía en ese momento. Tras el tercer simulacro de marcaje, decidí esperarle en la frontal de mi área. Yo me justificaba diciendo: “Ya vendrás…”. En buena hora. Menos mal que él no era de meter muchos goles… tan solo los daba hechos. Para el minuto 28 ya perdíamos cinco a cero. Aquello se convirtió en una pesadilla. Parecíamos el ejército de Pancho Villa marcando fantasmas que aparecían por sorpresa y casi siempre a nuestra espalda. Decididamente, hacer la guerra por la cuenta de cada uno no parece una buena estrategia para puntuar en el feudo del equipo que mejor juega al fútbol del mundo.

Por descontado, el Athletic de hoy no es el Rayo Vallecano de entonces, y sus jugadores estarán sin duda mucho más despiertos de lo que estuvimos nosotros aquella noche. La concentración será necesaria para que no se les aparezcan los fantasmas de mi pesadilla, pero no será suficiente para afrontar con éxito su gran reto defensivo: el marcaje de sombras.

¡Qué difícil es para un defensa no tener un solo delantero a quien seguir! ¡Qué complicado es no tener una referencia, alguien a quien fijar! ¡Qué incómodo se hace que el delantero aparezca y desaparezca! ¡Tachaaan! Ahora estoy, ahora no estoy. ¿Cómo se marca a una sombra?

Requiere talento defensivo, inteligencia táctica, comunicación constante (hasta quedarte ronco si fuera necesario) y, sobre todo, ojos en tu espalda para vigilarlas. Serán los de tus compañeros, que deberán estar muy cerca de ti, más que nunca, olvidándose incluso del suyo y de su zona para apoyarte, hacerte coberturas y ofrecerte ayudas permanentes. En definitiva, organización, intensidad y toneladas de solidaridad. Estar más que nunca al servicio de tu compañero y de tu equipo. Un esfuerzo generoso y continuado. Ahí sí que somos buenos… quizá de los mejores.

Ser solidarios en defensa… y también en ataque. Llegar con valentía, soltarse con convicción, desengancharse del medio campo y aparecer en el área contraria cuando toque, para que el (los) delantero(s) también sientan que no están solos. En definitiva, más que nunca, Equipo.

Sé que tras dos empates consecutivos con el Barcelona, los optimistas pensarán que no hay dos sin tres para sacar un puntito del Camp Nou. Los ilusos, en cambio, preferimos otra frase para hoy: a la tercera va la vencida…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 20 de febrero de 2011

Corazón de León

28 noviembre, 2010

Excesivas facilidades. Está barato golear al Athletic. El equipo, según su entrenador, casi cuatro años después de su llegada, sigue siendo blando. No parece que sea cuestión de defender con más gente, ni más atrás o al pelotazo. Tiene más que ver con la actitud, sobre todo, de los defensas. Es cierto que defiende todo el equipo, pero los últimos bastiones deben ser expertos en el arte de defender, contagiando a los demás.

Hoy en día, para ser un defensa de élite, sin duda, es importante maniobrar bien con el balón, participar en la salida limpia de la pelota desde atrás, dar apoyos y ofrecerse para descargar el juego… pero hay algo que resulta sencillamente imprescindible; defender. Esa debe ser la mayor virtud de un defensa.

Existe un concepto en fútbol que define a los grandes defensores. Se llama rigor defensivo y está íntimamente relacionado con la actitud. Con querer defender, saber cómo se hace y disfrutar haciéndolo. Significa aplicarse en cada acción defensiva hasta las últimas consecuencias. Se trata de no permitir un centro desde la banda sin echar el resto para evitarlo, de no conceder un pase fácil, ni dejar girarse a un delantero con comodidad. De no regalar una falta en lugares peligrosos y no hablemos de un penalti. De no perder nunca de vista el balón, ni darse la vuelta atemorizado ante un pelotazo. Al contrario, de lanzarse en ‘sarras’ a tapar cualquier disparo. De no conceder un remate sin oposición, ni perder una disputa sin pelea. En definitiva, de no regalar ni el aire que respira al delantero. Defender como un León.

Ser un gran defensa exige, además de excelentes cualidades físicas, un nivel de determinación y concentración en el juego que no está al alcance de cualquiera. Mientras que la primera vive en el corazón, la segunda reside en la cabeza. Cuando se juntan las dos cosas, el defensa parece un imán al que llegan todos los balones. Estando así en el campo, el fútbol es más fácil generándose una sensación de fluidez, como si todo lo que sucediese en el césped estuviese bajo tu control. Esos días, jugar es un placer. Estás tan absorto en el juego que casi puedes anticipar lo que va  pasar en cada momento.

Ese es básicamente el efecto de la concentración. Es como un ‘potenciador de la percepción’, que hace que parezcas más rápido, más fuerte e, incluso, te ayuda a tapar tus carencias técnicas ya que, estar concentrado, te permite anticipar la jugada, lo que te da un ‘bonus’ de tiempo para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Concentrado, eres mucho mejor jugador. Algunas veces, pocas, yo me sentía así.

Los demás días,  mi mente, en lugar de centrarse en el juego y ayudarme a mantener la tensión y la concentración necesarias como era su obligación, se distraía dedicándose a boicotearme descaradamente. Me decía cosas como; “seguro que fallas”, “vaya día que tienes”, “fijo que se te va”… y demás lindezas o, sencillamente, se ponía a pensar en otras cosas. Todo esto me hacía perder confianza y seguridad, me sacaba del partido y, en ocasiones, me llevaba al bloqueo y a la inacción, por miedo a que se cumplieran las negativas previsiones de mi caprichosa mente

Lo cierto es que, aunque la táctica desempeña una función esencial en el fútbol, finalmente, todo se reduce a un ‘uno contra uno’, en el que tú te la juegas con tu contrario. En el remate, en la entrada, en la disputa, en el regate, en la anticipación, en el marcaje o en la estrategia, conseguir que tu mente esté al 100% de tu parte es vital para ganar ese metro, o esa décima de segundo, que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol. Al final, eres tú contra tu delantero. Es un duelo y debes  ganarlo jugada a jugada, hasta que se rinda y le saques del partido… o él te saque a ti.

Por desgracia, ese estado ideal de concentración no es fácil de conseguir y, desde luego, no se alcanza tan solo deseándolo, ni tampoco repitiendo una y otra vez “tenemos que estar más concentrados”. Puedo confirmar que tampoco funciona nombrar a los antepasados de tal o cual jugador para que esté más atento.

Saber cómo eres, cómo te comportas, qué piensas, qué es lo que realmente quieres o conocer a dónde se va tu mente cuando se despista, resulta fundamental para aprender a mantener la concentración. Podríamos decir que el  autoconocimiento es básico para controlar la atención manteniendo  la mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas y centrándose en el desarrollo eficaz de su tarea. Eso, también es un entrenamiento.

Hoy visita San Mamés un ilustre del fútbol, José Antonio Camacho, que haciendo bandera del rigor defensivo, alcanzó los mayores éxitos y reconocimientos como futbolista. Una leyenda y quizá uno de los defensas más ejemplares que yo haya visto, comparable, por ejemplo, a Puyol. Tuve el privilegio de tenerle como entrenador y todavía recuerdo, las pocas veces que le tocaba entrar, cómo rascaba en los rondos. Lo dicho, una actitud.  

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 28 de noviembre