Archive for the ‘Equipo’ Category

Jardineros, escultores y sopladores de brasas…

7 octubre, 2013

Nueva imagen“Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre la fantasía de despertar”. (‘El principito’ de A.S. Exupéry).

Al igual que una pequeña bellota ya tiene dentro todo lo que necesita para convertirse en un roble extraordinario, así cada persona viene completa de serie y con todos los recursos que le harán falta para convertirse en la mejor versión de sí misma.

No pretendo que se lo crean, ni es una verdad incontestable (¿acaso existen?), tampoco lo puedo demostrar, no es por tanto dogma de fe, ni una doctrina que hay que seguir a pies juntillas. Tan solo es una creencia potenciadora que me ayuda a ver a las personas y equipos con los que trabajo, no solamente como lo que son a día de hoy, sino como lo que podrían llegar a ser si se atrevieran a serlo. Es simple, pero funciona. La esencia de cada uno nunca se pierde, está ahí, dormida, en el fondo de nuestro ser, esperando a que despertemos. A veces, tan solo necesitamos que alguien crea, de verdad, en nosotros/as, alguien que nos vea con ‘mirada bellotera’ para comenzar a florecer.

Desde esta creencia, reconozco mi desconfianza hacia aquellas escuelas o entrenadores que consideran que pueden crear el prototipo de deportista ideal para determinado puesto o equipo. Se muestran incapaces de ver más allá de lo que quieren ver, dedicándose a etiquetar a sus jugadores, limitándoles enormemente, poniendo el foco en lo que está mal, en lo que falta, en lo que no funciona o no se adapta a su troquel y se pierden tantas cosas…  Pierden de vista la esencia de lo que ya está dentro, por no tener la actitud de curiosidad genuina para descubrir cuál es el regalo que cada uno lleva en su interior y que está esperando ser desvelado.

Así como el jardinero sabe que no necesita meter nada dentro de la bellota, tan solo plantarla en un lugar fecundo, regarla, cortar algunas ramitas, tener paciencia y dar tiempo, el trabajo del entrenador no consiste en ‘meter’ sino en ‘sacar’ lo que ya es, descubrir qué es lo que le hace a cada uno único, diferente y especial, identificar y valorar la diversidad, reconocer su esencia, potenciarla y hacerla crecer, sin pretender transformarla en otra cosa, en lo que no es. Sembrar.

Trata a un deportista como lo que es y seguirá siendo lo que es. Trátale como puede llegar a ser y se convertirá en lo que puede llegar a ser”. W.A. Goethe (adaptado).

Creo honestamente que ningún entrenador puede hacer un jugador… pero sí que puede deshacerlo. El jugador que vaya a ser ya es, ya está dentro. La labor del entrenador/Líder se parece mucho a la del escultor. Cuando al gran Miguel Ángel le preguntaban cómo era capaz de crear tan magníficas obras, él se limitaba a responder que su trabajo únicamente consistía en desvelar lo que ya estaba ahí, oculto bajo la piedra. Una vez más, al servicio.

Las habilidades y actitudes para ‘sacar’, para desvelar lo que ya está dentro, lo que ya es, son notablemente diferentes a las que se utilizan para ‘meter’. Juanma Lillo escribió que “un deportista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Al coaching se le reconoce también como el ‘arte de soplar brasas’ (libro de Leonardo Wolk). No se me ocurre definición más adecuada para describir la responsabilidad fundamental de cualquier entrenador. Se necesitan entusiastas, inspiradores, personas que hagan creer a sus jugadores que pueden ser mejores de lo que están siendo. Necesitamos sopladores de brasas. Líderes al servicio de sus deportistas.

Su apasionante reto será despertar la semilla que está latente y deseando brotar dentro de cada uno de ellos/as. Escultores, jardineros, sopladores de brasas… cualquiera de estas imágenes vale para ilustrar la inestimable labor de alguien cuya función va mucho más allá de entrenar jugadores; se trata más bien de tener el coraje de brillar y ser luz para poder liderar a tus deportistas. De atreverte a mirar, tú también, hacia dentro, y maravillarte descubriendo qué es lo que hay en lo más profundo de tu bellota esperando despertar. Palabras mayores. ¿Te atreves?

Imanol Ibarrondo

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VV y el compromiso

13 diciembre, 2011

El compromiso es una decisión personal. La obediencia sí es una obligación pero nadie, tampoco el entrenador, puede obligar a un jugador a comprometerse. Es algo así como la diferencia entre obligar a un niño a meterse en la cama y obligarle a que se duerma. Se duerme cuando quiere. Con el compromiso pasa algo parecido.

Cuando se acaba la diversión y las cosas comienzan a ponerse difíciles, es cuando se necesita (y se aprecia) el compromiso auténtico. VV cometió un error grosero a los 20 segundos que supuso el 1-0. En ese momento, pudo pensar que se ponían a 9 puntos, que la Liga se les escapaba, que les iban a meter la del pulpo, que era el inicio del fin de ciclo, que vaya día que tengo… y un montón de pensamientos negativos e inútiles más (basura) que no le habrían ayudado en absoluto.

En cambio, él decidió otra cosa. Decidió respetar y vivir su compromiso. En la siguiente cesión de un compañero, volvió a actuar como entrena y juega cada domingo. De nuevo, lo repitió e insistió en ello durante todo el partido. Cometió más errores. Es obvio que no fue el día más afortunado de su vida pero, respetando su compromiso con la idea la de juego que les ha hecho tan grandes, creció un palmo más en su trayectoria para convertirse en un portero legendario.

Escuchar a Xavi en las declaraciones tras el partido a pie de campo alabando la valentía de su compañero o al propio Guardiola en rueda de prensa informando que había reconocido públicamente en el vestuario el coraje de Valdés por atreverse e insistir en lo que había que hacer, refuerza aún más el valor de ese compromiso.

Habría sido muy justificable y fácil de entender que, a partir del gol, VV hubiera decidido no complicarse la vida y jugar en largo, pero eso habría sido renunciar. Hace falta ser de una pasta muy especial para mantenerse firme y perseverar, enfrentarte a tus miedos y saboteadores e insistir en lo que debes hacer, en lo que toca, que es exactamente lo que te ha traído hasta aquí. Actuar así, no está al alcance de cualquiera. No hace falta solamente ser valiente para hacerlo, es necesario serlo mucho. ¿De dónde sale tanta Valentía? En mi opinión, surge del compromiso auténtico.

Me llama la atención escuchar habitualmente la expresión de ‘el equipo está muy comprometido’. Suelo preguntarme, ¿Con qué? ¿Con qué está comprometido? ¿A qué dice que sí y a qué dice que no con ese compromiso?. Porque eso es precisamente comprometerse, decir SÍ a unas ideas, valores, principios… que nos acercan al equipo, entrenador o jugador que queremos ser y decir que NO a otras que te llevan en dirección contraria. Comprometerse es decidir. Es controlar tu actitud…. y actuar en consecuencia.

Cuando VV, tras su grave error, insiste en seguir ofreciéndose a sus compañeros, en temporizar hasta que se desmarquen y le ofrezcan una línea de pase, en asumir que le lleguen a presionar y le compliquen la vida, en seguir dando pases, está diciendo SÍ a ser fiel y parte de una idea grande, SÍ a ayudar a sus compañeros a tener el balón, SÍ a ser valiente, SÍ a superar retos y a seguir creciendo. Actuando de esta manera, dice NO a tener miedo, NO a ser egoísta, NO a rendirse, NO a fallar a sus compañeros y NO a traicionar una idea. De ahí proviene toda esa fuerza, determinación y valentía.

Victor Valdes dio ayer todo un ejemplo de compromiso, de coherencia y de estar al servicio de su equipo y compañeros, sacrificando incluso su propio status e imagen, si fuera necesario. Un ejemplo rotundo de Liderazgo autentico. Grande VV.

Imanol Ibarrondo

‘Pygmalion’ Bielsa

21 noviembre, 2011

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre y escultor, esculpió en marfil a Galatea, su mujer ideal. Su estatua era tan bella y perfecta que se enamoró de ella. Pygmalion suplicó a Venus, la diosa del amor, que su estatua cobrara vida para ser correspondido. Cuando volvió a casa, besó a Galatea y ésta despertó, cobró vida y se convirtió en la deseada amada de Pygmalion.

Lo que se conoce como ‘Efecto Pygmalion’ es que, cuando alguien cree de verdad en otra persona, las expectativas que tiene respecto a ella, afectan de tal manera a su propia conducta, que la segunda persona tiende a confirmarlas. No es un efecto mágico. No sucede solamente por el mero hecho de creer, sino por cómo cambia mi actitud hacia el otro cuando creo. Desde mi mirada, pasando por gestos, palabras, declaraciones, hasta el lenguaje no verbal… todo es distinto cuando creo.

Intuyo que, como a Pygmalion, a Bielsa le sucede algo parecido. Tras una vida entera buscando la perfección del juego, afronta el reto de dar vida a una escultura a medio hacer (quizá un león dormido) que estaba esperando, ansiosa y sin saberlo, unas manos expertas y un liderazgo auténtico que le diera la vida y le hiciera soñar con otro futuro posible. Soñar con retos ambiciosos, con mejoras sorprendentes, con objetivos hasta ahora inalcanzables, con victorias imposibles, con partidos épicos, soñar con la gloria.  Alguien que creyera en ellos, de verdad, y les ayudase a sacar la mejor versión de cada uno al servicio de un equipo digno de grabarse en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Bielsa lidera a un grupo de futbolistas que, durante cuatro años, ha escuchado con insistencia que tiene limitaciones, que debe sumar y restar, que los grandes no están a su alcance, que los demás tienen jugadores elegidos, que no sabe competir porque no maneja el ‘otro fútbol’, que no entiende que lo único importante es el resultado, que es inmaduro porque no asume que todo vale para ganar, que es mejor que no sueñe porque más dura será la caída… Debe ser difícil crecer así.

El rosarino elige y decide Creer. De verdad. Percibo en él a una persona enigmática, tímida, perfeccionista, muy exigente, brillante, obsesionada y apasionada por el fútbol, que defiende con enorme firmeza y convicción la esencia del juego. En su primer día, nada más aterrizar, resumió su mensaje; ‘El Athletic jugará como un Grande’. En aquel momento, tan solo era una posibilidad… pero necesitábamos tanto a alguien que creyera que era posible y que lo declarase públicamente…alguien que fuera capaz de diseñar una Visión tan potente e inspiradora como ésta y se comprometiera con ella desde el primer momento… él lo hizo. Bielsa vive cada día su Visión, en cada rueda de prensa, en cada conversación, en cada detalle, en cada partido, en cada decisión… él es esa Visión a cada instante. Una Visión poderosa que tira con fuerza del equipo y de cada uno de sus componentes, hacia la nueva realidad que queremos crear. Este es precisamente el elemento distintivo de su liderazgo transformador.

 

Sin excusas, sin justificaciones, sin declaraciones populistas, tomando decisiones arriesgadas, respetando a los árbitros, sin demagogia de baratillo, reconociendo sus errores, se centra exclusivamente en creer en sus futbolistas haciéndoles crecer cada día y cada partido. Consiguiendo transformaciones impensables en algunos casos y mejoras de rendimiento notables en otros. Se dedica en exclusiva a sus jugadores (se entiende ahora que no pudiera trabajar con 35), ayudando a cada uno a conectar con lo mejor que tiene dentro, creando un espacio privilegiado de mucho trabajo, esfuerzo, exigencia máxima, respeto profundo, confianza y seguridad para que se atrevan a sacarlo. Potenciar a sus jugadores… quizá sea esta una de sus mayores virtudes y, desde luego, una capacidad básica para cualquier entrenador, que solamente se activa si Crees en ellos. De verdad, como Pygmalion.  

Desconozco su nivel de integración en la ciudad o de implicación en el Club, la calidad de las relaciones que tiene con otros estamentos de la Institución, si le gustan los txokos, o la amatxu de Begoña, ni siquiera sé si tiene intención de permanecer más allá del año que tiene firmado… pero tampoco me interesa saberlo. No se le contrató para que diseñara el futuro del Club, ni para ejercer de portavoz, ni de profesor para los técnicos de Lezama. Será responsabilidad de otros profesionales recoger todo el aprendizaje de lo que está pasando para consolidarlo, afianzarlo y extenderlo como la pólvora por toda la Organización, de manera que, lo que estamos viviendo ahora, constituya un legado sobre el que seguir edificando el Athletic del futuro.

Bielsa ha venido para hacer exactamente lo que está haciendo; una revolución. Para girar el rumbo del Titanic, evitando el choque con el iceberg. No alcanzo a imaginar las dosis industriales de energía que necesitará cada día para afrontar semejante tarea. Para corregir la deriva y ayudarnos a re-conectar con lo que realmente somos, permitiéndonos  re-descubrir, en el terreno de juego, aquello con lo que nos identificamos tan profundamente. Ese es el extraordinario reto que está afrontando. No conozco a Bielsa pero, viendo lo que hace y cómo lo hace, tengo la seguridad de saber que no renunciará a lo que es innegociable; dirigir a un equipo valiente, ambicioso, protagonista, generoso, esforzado, solidario, intenso y noble. ¡Cómo me gusta eso!  Se le dice ‘El loco’… lo entiendo.

Generar una Visión, un futuro posible, totalmente distinto del predecible (un pasito más sobre lo mismo), resulta muy incómodo, porque ningún futuro posible parece realista al principio. Bielsa declaró públicamente, en una sola frase, lo que los 11.000 que votamos por Josu también pensábamos que era posible y, poco a poco, a pesar de los malos resultados iniciales, está consiguiendo atraer hacia esa Visión a los jugadores, a la afición, a los medios de comunicación y a toda la familia del Athletic. Empezamos a creer que podemos volver a hacerlo… volver a conseguirlo…. volver a disfrutar de un gran equipo… volver a ser campeones. ¿Por qué no?

Queda todavía mucho camino para completar la mutación pero, como a Galatea, la estatua de Pygmalion, veo ya a este Athletic abriendo los ojos, desperezándose y tomando consciencia de su naturaleza y de lo que puede llegar a ser. Yo, ahora, Creo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Mucho más que fútbol

6 noviembre, 2011

Durante todo el domingo pasado tuve la intuición (esa sabiduría interna que todos tenemos y a la que hacemos tan poco caso) de que el partido contra el Barsa sería memorable, una experiencia sublime para compartir con todos los amantes del Athletic. Acudí a San Mames convencido de ello, pero la actitud de los jugadores superó incluso mis mejores expectativas. Hacía muchos años que no me sentía tan íntimamente identificado con mi equipo. Fue una intensa sensación de conexión profunda con todo aquello de lo que estoy orgulloso y forma parte de mí (de nosotros), de nuestra esencia, de lo que realmente somos, mucho más allá del resultado del partido… y del fútbol.

Volviendo a casa tras el partido, bajo el diluvio universal y con varias carreteras cortadas al tráfico, tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que había sentido en San Mames. Descubrir de nuevo a nuestros futbolistas compitiendo contra el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia, con tamaña determinación, intensidad, valentía y nobleza, con tanta fe, resultó muy inspirador. Conectar de nuevo con la grandeza, con ir a ganar siempre y contra cualquier rival, con no rendirse nunca, con recuperar el respeto, el coraje y la ambición que son tan nuestros, fue para mí un auténtico regalo.

Concluí que, si ellos (los jugadores), que son de los míos, son como yo y compartimos los mismos valores, eran capaces de comportarse de esta manera contra un rival de la máxima dificultad, yo también podía hacerlo. Al día siguiente, facilitaba una jornada de formación de coaching deportivo en el COE para seleccionadores nacionales y directores técnicos (un reto también de máximo nivel) y les puedo garantizar que revivir todas las sensaciones que me transmitió el equipo la noche anterior, me ayudó a conectar con la energía necesaria para disfrutar de un gran día.

Quizá sea esto lo más importante que nos puede dar nuestro Club, el mayor regalo que puede hacernos, mucho más allá de las emociones pasajeras de las victorias. El Athletic que está surgiendo ahora, puede convertirse en un referente de comportamiento, en un modelo de conducta y en una referencia para ayudarnos a reconocer, identificar y conectar con aquellos valores que nos definen y de los que estamos tan orgullosos.

La fuerza, el coraje, la ambición y la convicción que demuestran los jugadores en el campo, conectados permanentemente a la esencia del juego, a lo que es realmente importante y tan alejados ya de los engaños, simulaciones, protestas sistemáticas, pérdidas de tiempo exageradas, interrupciones deliberadas del juego… y demás actitudes tramposas que se nos vendían como imprescindibles para ‘ser competitivos (¡qué gran mentira!), pueden ser el faro que ilumine el camino de retorno hacia nuestra Identidad, hacia lo que es innegociable para nosotros, algo que está muy por encima de la interpretación puntual del juego que pudiera proponer uno u otro entrenador.

La gestión por valores (mucho más allá de la gestión de la cuenta de resultados) que proponen Josu Urrutia y su Junta Directiva y que fue el pilar fundamental de su campaña electoral, dispone ahora de la rampa de lanzamiento idónea para su puesta en marcha, tanto por la evolución positiva en los resultados del equipo como, sobre todo, por la actitud ejemplar de los futbolistas comprometidos hasta las cachas en el proceso de convertirse en la mejor versión de sí mismos y del  equipo que puedan llegar a ser.

El carácter que están reflejando en el campo, lo que están haciendo (lo que haces  define lo que eres) constituye una oportunidad de oro para que todas las personas que componen el Athletic, puedan también alinear sus comportamientos con aquello que decimos que es importante. Hablamos de vivir conectados, mediante acciones concretas, a aquellos valores históricos, tan nuestros, y que ahora empiezan a percibirse  con claridad, como si fueran la brújula que diseña el presente y, sobre todo, definirá nuestro futuro.

Ahora, en estos tiempos turbulentos e inciertos, es cuando podemos aferrarnos con más determinación que nunca a lo que somos, porque estar conectados a esto nos ayudará a salir adelante, más fuertes que antes… y no solo en el fútbol. Es un momento excelente para convertir al Athletic en un faro, en una luz y en un referente que ilumine el camino.

Aprovecho aquí para reafirmar la apuesta que hice el pasado 7 de julio en estas mismas páginas. Lo que estoy viendo me ilusiona hasta el punto de que tengo una fe inquebrantable en que este equipo volverá a ser campeón. Ya saben, la fuerza de creer para crear. De momento y, hasta que eso suceda, nos queda disfrutar de esta transformación porque ahora, a diferencia de antes, creo que hemos aprendido que se puede disfrutar del proceso sin tener que esperar a ver si al final del camino hay premio o castigo. Ahora, todos, estamos deseando que llegue ya el próximo partido del Athletic para sentir el orgullo de ver a nuestro equipo comportarse con grandeza, en casa, fuera y ante cualquier rival, y volver a conectar con lo mejor que tenemos. Con lo que somos. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Todos para uno

2 marzo, 2011

Desde el partido contra el Atlético Madrid en el Calderón echo de menos mayor contundencia en determinadas declaraciones de los portavoces del Athletic. Ese domingo fue de nuevo bochornoso el trato que recibió uno de nuestros capitanes. Ya es suficientemente doloroso que los árbitros se laven las manos ante los graves insultos y descalificaciones que sufre Gurpegi, como para que nadie saliera ante los medios de comunicación denunciando con dureza estos graves y reiterados comportamientos.

Varios de sus compañeros y su entrenador comparecieron en diferentes televisiones y radios del foro tras acabar el partido y a ninguno escuché lamentar alto y claro tan inaceptable conducta. Como si estuvieran más preocupados por no incomodar a los medios capitalinos que por defender al navarro.

La semana pasada se emitió desde Bilbao el programa nocturno que lideró en su momento la caza y captura de Gurpe. Acudieron al confesionario el presidente, el entrenador y varios futbolistas. No sé lo que pensará el afectado sobre esta cuestión pero, en mi opinión, desperdiciaron una excelente oportunidad para hacerle sentir su apoyo incondicional, solidarizarse con él y rechazar públicamente el trato incalificable que sufre como resultado de la durísima campaña de acoso y derribo que afectó tan gravemente a la carrera de un futbolista ejemplar.

Su trayectoria profesional le avala, pero no hubiera estado de más aprovechar el momento para reivindicarla ante quienes se cebaron en su persona de manera tan injusta y desproporcionada. En ocasiones, me irrita la docilidad que demuestra este club y la poca capacidad y contundencia que tenemos para defender lo nuestro y a los nuestros.

El domingo, David Navarro agredió a Fernando Llorente después de haberlo hecho antes con Javi Martínez. En ambos casos, por detrás. No es la primera vez que actúa así, ni será la última. Siendo esto en sí mismo sancionable, haciendo un gran esfuerzo, pudiera hasta considerarse como un lance del juego y valorarse como tarjeta roja sin más. Podría pasar también que el árbitro no lo apreciase así en el campo y sería incluso razonable por tanto que el entrenador del Athletic se mordiese la lengua (como hizo) y aguantase el tirón declarando que si no la ha visto, ya no hay nada que hacer y toca pasar página. Hasta ahí de acuerdo.

Lo que sí es denunciable y hay que hacerlo públicamente, porque nos afecta a todos, es el sainete posterior. Que el desvergonzado agresor simule y se haga pasar por agredido, que el médico le tome hasta la tensión, que salga del campo en camilla y que vuelva al terreno de juego para amedrentar a Llorente durante toda la segunda parte es una farsa injustificable. Eso sí requiere una denuncia pública.

No se puede seguir diciendo que eso forma parte del juego y que el fútbol es para listos. Eso son trampas y engaños que no pertenecen a la esencia del deporte. Esto es San Mamés y eso no es admisible. Me molesta que no se defienda con claridad y contundencia lo que es importante para nosotros: el respeto a los auténticos valores del juego.

Lo que pasa en el campo se queda en el campo es una frase mentirosa, difundida por los tramposos para justificar provocaciones, agresiones, engaños y demás actitudes que no son aceptables entre deportistas. Es potestad y responsabilidad de quienes no actúan así denunciar con rotundidad y valentía estos comportamientos; no al árbitro por no verlo, sino al tramposo. Exactamente, lo que ha hecho Fernando Llorente.

Hoy, de nuevo en tierra hostil, contra un equipo en graves dificultades de todo tipo y tras tres derrotas consecutivas, el Athletic deberá ser más equipo que nunca y hacer buena la frase de todos para uno….

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 2 de marzo de 2011

Ser ‘Ubuntu’

26 febrero, 2011

Me pedía permiso esta semana Rubèn Duque, alumno de Incoade en el COE y Director de formación en la Real Federación Española de Rugby, para utilizar en una ponencia suya un artículo publicado en verano (durante el mundial de Sudáfrica) y que hacía referencia al espíritu de Equipo, reflejado en la filosofía ‘Ubuntu’, mundialmente divulgada por los Premio Nobel, Nelson Mandela y Desmond Tutú.

Aplicada al deporte, podría resumirse en esta frase; “soy porque somos, sino, nada sería“. Además de agradecerle que utilizara el texto en su presentación, le prometí a Rubén que buscaría algunos ejemplos más para intentar aclarar este concepto, tal y como yo lo entiendo. ¿Cuándo un grupo de jugadores o de deportistas se convierte en un Equipo? ¿Cómo se sabe que la transformación ha sucedido? ¿Dónde se ve?

Los últimos días han sido pródigos en este sentido y he identificado algunas situaciones sencillas que podrían servir para ilustrar qué podría ser ‘Ubuntu’. Hacer algo por el bien de tus compañeros y de tu equipo sin esperar que nadie te lo pida, ni recompensa alguna, ni siquiera que te lo reconozcan. Sencillamente, porque quieres hacerlo. Porque deseas estar a su servicio.

El domingo pasado, durante la Final de Copa del Rey de baloncesto, hubo dos detalles ‘ubuntu’ del Barcelona. Por un lado, la persona que recogió el título fue Basile. Los dos capitanes cedieron al jugador italiano, lesionado de gravedad y con muletas, el honor de recibir el trofeo en representación de todos sus compañeros. Sin duda, un gesto precioso.

Pero, hubo otro detalle, en mi opinión mucho más significativo. Pete Mickael (ahora lesionado de gravedad), excelente alero americano del Barsa y poseedor de lo que se denomina un carácter ‘fuerte’, fue el jugador descartado por su entrenador para este Torneo. Se quedó vestido de calle. Antes de comenzar el partido, en la ronda de calentamiento, Pete se encontraba debajo de la canasta, recogiendo y pasando los balones a sus compañeros. Eso sí es ‘ubuntu’.

Esta semana, en el partido Olympique-Real Madrid, en una jugada de contraataque tras un saque de esquina favorable al Madrid, el primer jugador que llegó al área propia para defender la posición de central, tras una carrera al sprint de 80 metros, fue Angel De María. Nadie le podría haber reclamado que tenía que haber estado ahí si no lo hubiera hecho, pero él lo hizo sin que se lo pidieran. Era lo que en ese momento el equipo necesitaba de él.

Conversando hace unos días con Unai Basurko, el prestigioso navegante vasco, le preguntamos qué era Equipo para él y su respuesta nos emocionó a las dos personas que le estábamos escuchando. Nos dijo que, en alta mar, él sabía que los marineros se habían convertido en una Tripulación (Equipo) cuando apreciaba detalles tan sencillos como bajar, sin que nadie te lo pida, a por la cantimplora de agua para ofrecérsela a quien está trabajando en cubierta; cubrir con la manta por la noche a tu compañero mientras estás de vigilancia; cerrarle el libro o apagarle la luz si está dormido. Apreciando esos pequeños detalles, Unai descubría que ya tenía Tripulación.

Sin duda, eso también es ‘ubuntu’. Son pequeños gestos, actitudes y comportamientos que un buen Lider debe destacar, potenciar y reconocer, para tomar consciencia de que realmente estamos en el camino de conseguir el objetivo: ser Equipo.

Imanol Ibarrondo

Marcando sombras

20 febrero, 2011

Guardo un recuerdo impactante del Camp Nou. Lo califico así porque me costó años quitármelo de encima. De hecho, todavía me asalta de vez en cuando. Era una noche de sábado, y durante toda la semana habíamos ensayado (nosotros, el Rayo Vallecano) la táctica del murciélago para enfrentarnos al Dream Team. Ya saben, es como la del autobús pero más cutre: todos colgados del larguero. Como pueden comprobar, no estaba el equipo con mucha confianza pero, en el último momento, el míster sufrió un ataque de valentía y decidió plantear cinco marcajes al hombre por todo el campo.

Me tocó uno de ellos y, como fue a sorteo, el destino quiso que Laudrup fuera mi pareja de baile para esa noche. Imagínense esta esperpéntica situación: el mago danés que baja a recibir hasta medio campo, Koeman se la da en cortito y me encuentro en el círculo central, frente a él, siendo el jugador más adelantado de mi equipo. Papelón. En ese momento, yo pensaba (porque jugar no, pero pensar, pensaba un rato largo): ¿Qué co… estoy haciendo aquí? En esas estaba cuando Laudrup se para con el balón frente a mí. No necesitaba ni siquiera hacer una finta, creo que tan solo movía los ojos hacia un lado o una ceja hacia arriba y yo ya perdía el equilibrio, mientras él salía como un dandy con la pelota controlada para otro lado.

Si hacen un pequeño esfuerzo, quizá puedan sentir la sensación de ridículo que me invadía en ese momento. Tras el tercer simulacro de marcaje, decidí esperarle en la frontal de mi área. Yo me justificaba diciendo: “Ya vendrás…”. En buena hora. Menos mal que él no era de meter muchos goles… tan solo los daba hechos. Para el minuto 28 ya perdíamos cinco a cero. Aquello se convirtió en una pesadilla. Parecíamos el ejército de Pancho Villa marcando fantasmas que aparecían por sorpresa y casi siempre a nuestra espalda. Decididamente, hacer la guerra por la cuenta de cada uno no parece una buena estrategia para puntuar en el feudo del equipo que mejor juega al fútbol del mundo.

Por descontado, el Athletic de hoy no es el Rayo Vallecano de entonces, y sus jugadores estarán sin duda mucho más despiertos de lo que estuvimos nosotros aquella noche. La concentración será necesaria para que no se les aparezcan los fantasmas de mi pesadilla, pero no será suficiente para afrontar con éxito su gran reto defensivo: el marcaje de sombras.

¡Qué difícil es para un defensa no tener un solo delantero a quien seguir! ¡Qué complicado es no tener una referencia, alguien a quien fijar! ¡Qué incómodo se hace que el delantero aparezca y desaparezca! ¡Tachaaan! Ahora estoy, ahora no estoy. ¿Cómo se marca a una sombra?

Requiere talento defensivo, inteligencia táctica, comunicación constante (hasta quedarte ronco si fuera necesario) y, sobre todo, ojos en tu espalda para vigilarlas. Serán los de tus compañeros, que deberán estar muy cerca de ti, más que nunca, olvidándose incluso del suyo y de su zona para apoyarte, hacerte coberturas y ofrecerte ayudas permanentes. En definitiva, organización, intensidad y toneladas de solidaridad. Estar más que nunca al servicio de tu compañero y de tu equipo. Un esfuerzo generoso y continuado. Ahí sí que somos buenos… quizá de los mejores.

Ser solidarios en defensa… y también en ataque. Llegar con valentía, soltarse con convicción, desengancharse del medio campo y aparecer en el área contraria cuando toque, para que el (los) delantero(s) también sientan que no están solos. En definitiva, más que nunca, Equipo.

Sé que tras dos empates consecutivos con el Barcelona, los optimistas pensarán que no hay dos sin tres para sacar un puntito del Camp Nou. Los ilusos, en cambio, preferimos otra frase para hoy: a la tercera va la vencida…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 20 de febrero de 2011

Me da alas

17 noviembre, 2010

Si hubiera que contar una historia esta semana para definir la Plenitud sería, sin duda, la que ha acabado con Vettel como campeón del mundo de F1 y con su escudería, Red Bull, con el título de constructores. Un equipo nuevo, sin vicios, sin intrigas, sin trampas, haciendo de la deportividad una bandera y una forma de vida. Creo que la marca Red Bull ha ganado más con la manera en que lo ha conquistado que con todas las campañas de publicidad y marketing que pudiera inventarse.

Les han insultado, les han querido humillar, les han dicho que no saben de qué va ésto, que iban de farol, que todo era una pose y que al final, como todos, harían trampas, se saltarían las reglas y habría órdenes de equipo. La única duda consistía en saber si iban a disimular.

Han estado semanas soportando todo tipo de críticas, mientras defendían públicamente su respeto a las reglas y a sus dos pilotos.

Dicen que la Plenitud es un acto radical. Hace falta mucho valor para atreverse a actuar conforme a unos valores que definen lo que eres, que forman parte de tí y que constituyen tu esencia como persona o como equipo. Me puedo imaginar cómo pueden sentirse hoy todos los integrantes de Red Bull, desde los dueños, hasta el último mecánico. Es muy posible que todavía estén levitando (para ellos es fácil  😛 ).

La satisfacción y el enorme orgullo de pertenecer a un equipo campeón que respeta los valores de deporte y que está conectado a ellos hasta el final, quizá sea lo máximo a lo que pueden aspirar un deportista y un equipo.

Ganar es una cosa y sentirse pleno es otra que puede ser bien distinta.

Es emocionante presenciar cómo en el máximo nivel, donde la cantidad de dinero, intereses y presión es descomunal, todavía existen personas y equipos que son capaces de vivir y actuar tan enchufados a los valores esnciales del deporte.

Hasta ahora, nunca he comprado una lata de Red Bull, pero os aseguro que hoy mismo me beberé uno con agrado. Lo haré con calma, disfrutando de la satisfación de colaborar, aunque sea un poco, con un equipo tan ejemplar. A ver si se me pega algo.

Imanol Ibarrondo

Soplador de brasas

13 noviembre, 2010

Tras la copita, vuelve la Liga. Diez jornadas después, ni frío ni calor. No se sabe si el Athletic viene o va, si irá para arriba, para abajo o, sencillamente, nos quedaremos demasiado pronto en tierra de nadie. El juego del equipo tampoco ayuda a despejar esta duda. A veces, sobre todo fuera de casa, no distingo si sale a jugar o a no jugar, si quiere jugar al fútbol o al otro fútbol.

No es fácil, ni tampoco gratis, estar pensando permanentemente en parar el juego, perder tiempo centrándose en aguantar el resultado o en no perder. Se paga un alto precio. Cuando un jugador o un equipo entra en esta dinámica, se distrae, pierde la concentración y comete errores. Se desconecta del juego. Y, sobre todo, cuando marcas pronto, intentar cerrar el partido de esta manera parece algo absurdo.

Jugar al otro fútbol es, además, propio de un equipo sin confianza en sus capacidades reales y sin seguridad en lo que hace. Un equipo sin intenciones, sin una visión potente de lo que realmente quiere, sin un propósito claro y, por lo tanto, sin una identidad definida. Un equipo miedoso, poco reconocible y con el que cuesta identificarse. En definitiva, un equipo pequeño.

Me resisto a creer que éste vaya a ser el destino del Athletic esta temporada. Una única victoria a domicilio en todo el año debería ser razón suficiente para confirmar la necesidad de un cambio de estrategia. A veces pareciera que el equipo estuviese enfadado con el balón. Toca ya hacer las paces con la pelota, ajuntarse con ella y comenzar a disfrutar jugándola un poco más.

La apuesta ganadora e imprescindible para dar el salto de calidad necesario que nos permita realmente aspirar a objetivos mayores, sería que los jugadores se convencieran de que saben jugar al fútbol. Al de verdad. Que confiaran en que son capaces de hacerlo todos los domingos; fuera y en casa. Saldrá bien o mal, mejor o peor, pero creer en ello e insistir.

Jugar al fútbol está relacionado también con el compromiso con una idea potente y la responsabilidad para llevarla a cabo. Hace falta ser muy valiente para atreverse a jugar de verdad al fútbol y no conformarse con entregar la cuchara fácilmente ante los mejores de la tabla. Dice el invitado de hoy al banquillo visitante de San Mamés, Juanma Lillo, que “en fútbol, no arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré“. Valga el trabalenguas para defender la idea de que hay que arriesgar para crecer individual y colectivamente hasta alcanzar tus retos.

Hoy es un buen día para confirmar esa apuesta contra un equipo que asume que jugar bien al fútbol es la única alternativa para seguir en Primera. Del Almería me quedo con su discutido entrenador, que, con casi 30 años de experiencia en los banquillos, tiene la extraña virtud de decir algo interesante cada vez que habla, de huir de los topicazos del fútbol, de acabar las frases, de no justificarlo todo con el resultado y de demostrar una lealtad y fidelidad inquebrantables a una idea grande de fútbol. Alguien coherente que busca emocionar a través del juego de sus equipos. Lo conseguirá o no, pero yo le admiro por eso.

Intuyo que, en la plantilla del Athletic, hay un gran potencial latente que está deseando que alguien confíe en él, que le impulse, que le inspire, que crea en él. Lo puedo comparar con las brasas de una barbacoa. Todavía no calientan mucho, pero están casi listas para convertirse en un fuego chisporroteante, brillante y ardiente. Tan solo requieren una mano hábil que les dé el aire que necesitan para completar su transformación.

Dice Lillo, en otra de sus célebres frases, que “el futbolista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Quizá lo que necesita el equipo sea un inspirador. Alguien que le haga creer que puede ser mejor de lo que está siendo. No tanto un vendedor, sino un creador de ilusiones. Quizá necesitamos un soplador de brasas.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se publicó como artículo en el periódico DEIA el sábado 13 de noviembre.

Suplentes coyunturales

30 agosto, 2010

Trás la primera alineación presentada por Joaquín Caparrós en el estreno del Athletic en el Rico Pérez frente al Hércules, dos hombres veteranos en la plantilla rojiblanca, dos hombres con peso y palabra en el vestuario de Lezama, como son Pablo Orbaiz y Aitor Ocio apuntan a que tendrán que esperar su oportunidad para ocupar un puesto en el once titular. Ahí es nada.

Decía el nuevo capitán rojiblanco que, desde el banquillo, desea ayudar a sus compañeros, como durante todos estos años le ayudaron a él los que jugaban menos. Estupenda reflexión y punto de partida necesario para explicar el concepto de coopetitividad.

Se dice que la característica que mejor define a los equipos de alto rendimiento, sobre todo en el deporte, es que son muy competitivos. En mi opinión, es una afirmación incompleta. Creo que lo que realmente son es coopetitivos. Cooperar y competir son las dos caras de la misma moneda. Ambas son imprescindibles para que un equipo de fútbol logre su máximo potencial. La una sin la otra, no alcanza.

Al hilo de la reflexión de Pablo, son los jugadores que menos juegan los que marcan el carácter coopetitivo de un equipo. El suplente (parece que ahora no es políticamente correcto llamarlo así), en muchas ocasiones, no es consciente de que su actitud es la que determina el nivel de rendimiento del equipo a lo largo de una temporada.

El suplente estructural (casi nunca juega y hace poco por revertir su situación) es muy reconocible y puede actuar de muchas maneras. Puede dedicarse a mostrar su enfado, tanto en los entrenamientos, como en el vestuario o en declaraciones públicas, siendo capaz de estar triste y alicaído, con malas caras y peores gestos, durante todo el tiempo que haga falta. Puede provocar división en el vestuario sembrando dudas y críticas permanentemente y también puede querer llevar a su terreno a otros suplentes (quizá coyunturales) para reforzar su situación.

Entre otras habilidades, también es un experto en el arte de compadecerse y lamentarse continuamente. Asimismo, aprovecha cualquier ocasión para proclamar a los cuatro vientos la injusticia que se está cometiendo con él y también permite que su cabeza se inunde de excusas, justificaciones y pensamientos negativos e inútiles (el entrenador me tiene manía, soy muy malo, aquí no juego en la vida, la prensa va a por mí…) que le quitan energía e ilusión por mejorar. A veces, también puede dejarse utilizar por gente interesada en generar polémica en torno al equipo, al entrenador o al propio club. Y, por último, también suele bajar los brazos y entrenar a menor intensidad de la necesaria o puede, incluso, rendirse y tirar la toalla. En definitiva, le gusta hacerse la víctima. Una actitud bastante cómoda, pero no gratis.

Bajo esta perspectiva del victimismo, el suplente estructural encontrará muy buenas razones para actuar de cualquiera de las maneras mencionadas, pero se estará haciendo un flaco favor a sí mismo y, por supuesto, al equipo. El grado de cooperación con el grupo del suplente estructural es cero.

De ahí la importancia de tener suplentes como Pablo o Aitor. Tengo la convicción de que aceptarán su situación, pero de ninguna manera se resignarán a ella. Han dado sobradas muestras en su carrera para no dudar de sus deseos de jugar siempre. Son suplentes coyunturales. Un lujo para este equipo. Seguro que ninguna de las actitudes referidas anteriormente entra dentro de su código de conducta. Sin duda, harán todo lo contrario, cooperando al máximo con los que están jugando y ayudando a crear un clima de confianza, unidad y lealtad que favorezca y facilite el crecimiento y desarrollo de los más jóvenes y del equipo.

No se trata tanto de que sean buena gente (seguro que lo son), como de que sean conscientes de que, incluso en su propio beneficio, los intereses colectivos están por encima de los individuales. Siempre y cuando no te rindas, si al equipo le va bien, a ti te irá bien, juegues más o juegues menos.

Aitor y Pablo cooperarán sin duda con sus compañeros pero, por otra parte, competirán a cara de perro con ellos por un puesto, entrenando al máximo cada día. No van a regalar nada y se lo pondrán realmente difícil a los titulares, obligándoles a no conformarse y a dar cada vez un poco más.

Javi, Carlos y Ander parece que tendrán el privilegio de tener por detrás a dos auténticos jugadores coopetitivos. Esperemos que cunda el ejemplo porque, posiblemente, ése haya sido siempre el secreto del éxito del Athletic; cooperar y competir. Saber coopetir.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado con el título “Coopetitivos” con fecha 30 de agosto en el periódico DEIA como artículo de colaboración