Archive for the ‘Errores’ Category

VV y el compromiso

13 diciembre, 2011

El compromiso es una decisión personal. La obediencia sí es una obligación pero nadie, tampoco el entrenador, puede obligar a un jugador a comprometerse. Es algo así como la diferencia entre obligar a un niño a meterse en la cama y obligarle a que se duerma. Se duerme cuando quiere. Con el compromiso pasa algo parecido.

Cuando se acaba la diversión y las cosas comienzan a ponerse difíciles, es cuando se necesita (y se aprecia) el compromiso auténtico. VV cometió un error grosero a los 20 segundos que supuso el 1-0. En ese momento, pudo pensar que se ponían a 9 puntos, que la Liga se les escapaba, que les iban a meter la del pulpo, que era el inicio del fin de ciclo, que vaya día que tengo… y un montón de pensamientos negativos e inútiles más (basura) que no le habrían ayudado en absoluto.

En cambio, él decidió otra cosa. Decidió respetar y vivir su compromiso. En la siguiente cesión de un compañero, volvió a actuar como entrena y juega cada domingo. De nuevo, lo repitió e insistió en ello durante todo el partido. Cometió más errores. Es obvio que no fue el día más afortunado de su vida pero, respetando su compromiso con la idea la de juego que les ha hecho tan grandes, creció un palmo más en su trayectoria para convertirse en un portero legendario.

Escuchar a Xavi en las declaraciones tras el partido a pie de campo alabando la valentía de su compañero o al propio Guardiola en rueda de prensa informando que había reconocido públicamente en el vestuario el coraje de Valdés por atreverse e insistir en lo que había que hacer, refuerza aún más el valor de ese compromiso.

Habría sido muy justificable y fácil de entender que, a partir del gol, VV hubiera decidido no complicarse la vida y jugar en largo, pero eso habría sido renunciar. Hace falta ser de una pasta muy especial para mantenerse firme y perseverar, enfrentarte a tus miedos y saboteadores e insistir en lo que debes hacer, en lo que toca, que es exactamente lo que te ha traído hasta aquí. Actuar así, no está al alcance de cualquiera. No hace falta solamente ser valiente para hacerlo, es necesario serlo mucho. ¿De dónde sale tanta Valentía? En mi opinión, surge del compromiso auténtico.

Me llama la atención escuchar habitualmente la expresión de ‘el equipo está muy comprometido’. Suelo preguntarme, ¿Con qué? ¿Con qué está comprometido? ¿A qué dice que sí y a qué dice que no con ese compromiso?. Porque eso es precisamente comprometerse, decir SÍ a unas ideas, valores, principios… que nos acercan al equipo, entrenador o jugador que queremos ser y decir que NO a otras que te llevan en dirección contraria. Comprometerse es decidir. Es controlar tu actitud…. y actuar en consecuencia.

Cuando VV, tras su grave error, insiste en seguir ofreciéndose a sus compañeros, en temporizar hasta que se desmarquen y le ofrezcan una línea de pase, en asumir que le lleguen a presionar y le compliquen la vida, en seguir dando pases, está diciendo SÍ a ser fiel y parte de una idea grande, SÍ a ayudar a sus compañeros a tener el balón, SÍ a ser valiente, SÍ a superar retos y a seguir creciendo. Actuando de esta manera, dice NO a tener miedo, NO a ser egoísta, NO a rendirse, NO a fallar a sus compañeros y NO a traicionar una idea. De ahí proviene toda esa fuerza, determinación y valentía.

Victor Valdes dio ayer todo un ejemplo de compromiso, de coherencia y de estar al servicio de su equipo y compañeros, sacrificando incluso su propio status e imagen, si fuera necesario. Un ejemplo rotundo de Liderazgo autentico. Grande VV.

Imanol Ibarrondo

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

Percepciones

17 abril, 2011

El  pasado sábado en San Mamés, viendo resbalarse una y otra vez sobre el césped recién regado a los jugadores rojiblancos, tuve la percepción de que, lo que antes era importante, está dejando de serlo. Lo esencial se ha convertido en accesorio, y al revés.

En aquel tiempo, cuando yo jugaba al fútbol y no hace tanto de eso, dedicábamos cariño y tiempo a revisar los tacos de las botas para ajustarlos al terreno de juego. Era como un ritual antes de los partidos. Salir al campo, pisar el terreno de juego, visitar las áreas, las bandas, el centro del campo, cada uno por su zona de influencia para valorar la situación.

Después, ya en el vestuario, el utillero abría la caja de herramientas en la que estaba la bolsa de los tacos y cada jugador se acercaba a elegir los más apropiados para ese partido y para ese campo. Allí había de todo, tacos nuevos y usados, largos y cortos, afilados, prohibidos, de goma y aluminio, hasta tacos de rugby para los más torpes. En la caja, también se podían encontrar llaves de tacos, alicates y llaves inglesas para cambiar los que estaban tan desgastados que no había quién los desenroscara. No faltaban los cepillos para limpiar las botas, la grasa de caballo y los trapos para abrillantar el cuero de los borceguíes y saltar al campo con el material en perfecto estado. Llevado al extremo, había entrenadores que prohibían a los defensas jugar con tacos de goma. Percibo que dedicar tiempo y atención a los tacos ya no es tan importante. Hay más cosas que tengo la percepción que están dejando de serlo.

Antes, el fútbol del Athletic reflejaba la esencia y los valores del Club y era innegociable que así fuese. Todos nos identificábamos con esa forma de entender el juego y la competición. La bronca, el barullo, el lío, el engaño o la provocación no forman parte de nuestra naturaleza. Nunca hemos jugado a eso y no nos ha ido tan mal. Me siento incómodo viendo a nuestros jugadores protestar permanentemente. Puedo entender las quejas como una reacción puntual ante una jugada concreta, pero no lo comparto como norma de comportamiento.

No se trata tanto de consideraciones éticas o de imagen, sino puramente prácticas. Cuando centras tu atención en otras cosas distintas al propio juego, por ejemplo, en el árbitro, es cuando surgen los errores de concentración, los fallos groseros, las entradas a destiempo… y el fútbol deja de fluir. Te desconectas del juego. Lo curioso es que esta actitud de sobreexcitación en la que parecen vivir instalados los jugadores, se está contagiando a la grada. No sé si alguien lo alienta pero, desde luego, nadie lo reconduce.

En la Catedral, siempre se ha respetado la esencia del juego, sus valores auténticos, así como a los rivales, las normas y a los árbitros. Era el último reducto con aroma al fútbol inglés más genuino. Ahora, tengo la percepción de que también esto está en proceso de cambio. Desde la grada, se protesta de forma desmesurada, casi histérica, cada decisión arbitral, independientemente de si es correcta o no. El sábado pasado se aplaudió (y no es la primera vez) un gol en contra; el segundo penalti (claro en mi opinión y en la de todos los analistas).

Se insulta de forma permanente a los contrarios y a los árbitros. Incluso, como si de un equipo pequeño se tratara, se canta en contra del equipo rival en lugar de animar al propio. San Mamés se ha reconocido siempre como un campo caliente con una afición entendida, respetuosa y volcada con los suyos pero, que yo sepa, nunca ha sido un campo hostil para nadie. Quizá, con el cambio de estadio, perdamos también este reconocimiento, porque percibo que, también en esto, lo que antes era importante, está dejando de serlo.

El señorío del Athletic estaba también presente en las declaraciones públicas de sus dirigentes, tanto en las victorias como en las derrotas. Ahora, se argumentan excusas y justificaciones pueriles en lugar de reconocer con la elegancia y categoría propias del Club lo que ha sido evidente para todos; se jugó mal y se perdió con toda justicia ante un rival muy superior. Las populistas declaraciones de un presidente en campaña reclamando cinco penaltis tras una derrota incontestable confirman esta percepción.

En las últimas semanas son varias las situaciones que en las que García Macua está actuando como si ya fuera un candidato. Desde una foto robada a la salida de un restaurante, tras comer con un futbolista que le había dejado en evidencia días antes negando que alguien del Club hubiese hablado con él sobre su renovación, pasando por los panfletos de autopromo antes del partido, hasta la imposición de la insignia de oro y brillantes al alcalde recibiendo a cambio un apoyo sorprendente y, en mi opinión, prematuro.

Parece razonable pensar que, sabiendo que habrá elecciones, convendría no dilatar su convocatoria de manera que, quien saliera elegido, tuviese el tiempo suficiente y necesario para organizar el Club y planificar el próximo curso adecuadamente. Es bueno ser hábil en el manejo de los tiempos, pero sería mejor que fuese en beneficio de los intereses del Club en lugar de en beneficio propio. Tan solo es otra percepción.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 17 de abril de 2011

Cuestión de estilos

14 marzo, 2011

A veces pienso qué habría cambiado si hubiera entrado aquel remate de cabeza en los últimos minutos. Esta temporada se cumplen diez años de aquel decisivo partido. Jugábamos el play-off de ascenso a Segunda A y el Getafe era el rival a batir. Nos habían ganado 2-3 en Lasesarre y necesitábamos la victoria en el coliseum Alfonso Pérez. Nos pusimos 0-1, pero nos empataron pronto. Finalmente, el remate se fue al palo y ascendió el Getafe.

Desde entonces, no han parado de crecer. Les sigo con cierta envidia desde la distancia, aunque hablo a menudo con mi amigo Toni Muñoz, su director técnico. Me gusta pensar que, si hubiera sido el Barakaldo quien hubiese ascendido en aquella ocasión, quizá habría podido tener una trayectoria tan ejemplar como la del equipo azulón.

Su presidente, Ángel Torres, compró el club al año siguiente del ascenso a Segunda A y declaró con gran atrevimiento que, su Visión, era un gran Getafe jugando en Europa. Por supuesto, nadie daba un duro por él, prueba inequívoca de que, la suya, era realmente una gran Visión. Poniendo fecha a su sueño, presentó también su hoja de ruta con las metas volantes definidas: ascenso a Primera en dos años, otros dos para confirmar el equipo en la categoría y dos más para pelear por Europa. No solamente consiguió todo eso, sino que, además, como guinda y justo premio a su valor, en este tiempo jugó también dos finales de Copa y estuvo a un paso de disputar una final de la UEFA, tras un legendario partido de semifinales contra el Bayern Múnich.

A pesar de que, hasta el momento, no llevan un buen 2011, cada temporada se consolidan un poco más en Primera, siguen defendiendo una apuesta firme por tener el balón y fichan, generalmente con gran antelación, jugadores libres que encajan en su forma alegre de interpretar el fútbol. También tienen claro su perfil de entrenador; joven, ambicioso, comprometido con el buen juego, exfutbolista de élite y barato (el banquillo azulón cuesta diez veces menos que el rojiblanco). De no seguir Míchel, suena Luis Enrique para la próxima temporada, otro entrenador que encaja como un guante en su perfil.

Admiro el nivel de exigencia que se autoimpone el Getafe, sorprendente para uno de los clubes con presupuesto más bajo de la categoría. No sufren presión mediática, ni tienen una historia que defender, ni siquiera un público exigente que les apriete en exceso (apuesto que no habrá 3.000 espectadores esta noche y serán mayoría los del Athletic) pero, aun así, el equipo sigue teniendo ambición, no se conforman y tiene un estilo identificable: juega bien, un poco blando en ocasiones pero, en un buen día, te puede hacer un roto, tanto en casa como fuera.

El Athletic no ha conseguido ganar en ninguna de sus últimas seis visitas al Coliseo. Fuera de casa, el equipo rojiblanco sigue dubitativo, demasiado temeroso y sin una idea de juego reconocible.

Excesivamente dependiente de la estrategia, queda generalmente a merced del contrario. No puede decirse que haya un estilo definido en sus actuaciones como visitante. Si acaso, la falta de ete a estas alturas, sería lo más destacable. Exactamente lo contrario de lo que sucede en San Mamés. Sin duda, una sorprendente mutación.

Hablando de estilo, el lunes por la noche asistí a la gala de la Asociación Española de la Prensa Deportiva celebrada en el Arriaga. Anna Tarrés, seleccionadora nacional de natación sincronizada, me invitó a compartir la velada con ella y sus encantadoras sirenas. Presencié, por tanto, el sainete que organizó el club rojiblanco.

No comparto la versión oficial (conozco la real) pero, en cualquier caso, considero impropio de quien representa al Athletic, abandonar de forma tan descortés, junto a toda su comitiva, una gala deportiva con repercusión nacional e internacional. Me pareció una reacción impulsiva, desmesurada y una respuesta desproporcionada a la situación creada. Me quedé abochornado ante la espantada rojiblanca. Afortunadamente, entiendo que, reconociendo su error, dos días después el club ofreció una recepción en Ibaigane a los agraviados directivos de la asociación para limar asperezas. De sabios es rectificar.

Otro detalle sorprendente de la gala fue la ausencia de los campeones del mundo del Athletic para recoger su premio, junto a Del Bosque y Villar. No sé cuál es el criterio (si es que existe alguno) para acudir al Príncipe de Asturias y no hacerlo el lunes al Teatro Arriaga. Si tan solo fuera la relevancia del reconocimiento, podrían tomar nota del seleccionador, que recibe con el mismo agradecimiento un marquesado que el premio del nabo. Una vez más, cuestión de estilo.

Afortunadamente, apareció por allí Iñaki Azkuna para dejar bien alto el pabellón del genuino y reconocible estilo bilbaino. Observando al alcalde, queda claro que, uno de Bilbao, nace donde quiere. Clausuró la gala de forma brillante. Consciente de que no era un acto de protocolo, sino un programa de televisión (algo que otros no percibieron), le llevó tres minutos poner el broche final, pleno de gracia, salero y elegancia. Haciendo honor a la hospitalidad bilbaina, que podía haber quedado en entredicho, hizo un guiño a Del Bosque, apelando a su época universitaria salmantina, compartió con todos una divertida anécdota con Edurne Pasaban y pegó un simpático tirón de orejas a Villar con referencia a San Mamés, para finalizar con el ya clásico y supongo que esperado por todos… “será por dinero”. Lo dicho, cuestión de estilos.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 14 de marzo de 2011

‘Hannibal’ Suarez

23 noviembre, 2010

Este fin de semana, Luis Suárez, el gran goleador uruguayo y capitán del Ajax, sufrió un ataque transitorio de canibalismo que le llevó a propinar un inesperado mordisco en el cuello a un rival. El árbitro no vio la acción y no fue expulsado.

La Federación holandesa decidió no re-arbitrar el partido y dejó sin sanción al delantero ajacied. Hasta aquí, todo más o menos normal. Alguien pierde los papeles en el campo, el árbitro no lo ve y no se le sanciona.

Lo sorprendente es que ha sido el propio Club quien ha decidido sancionar con 2 partidos y una fuerte multa económica (con donación a una ONG) a su jugador. No es que el Ajax vaya primero en la clasificación y lo haga por una mera cuestión de imagen (que tampoco estaría mal). Al contrario, el equipo se encuentra en cuarta posición, fuera de la Liga de campeones y, aún así, decide sancionar a su mejor jugador y máximo goleador.

Lo que interpreto de esta ejemplar decisión es que el Ajax tiene una Visión potente sobré quién es y qué es lo que quiere ser. Sobre qué es importante para el Club y cuáles son los valores que alumbran su camino. No solamente lo tiene claro sino, lo que es más relevante, actúa en consecuencia. Es coherente. En este caso, el respeto al contrario no es de boquilla, sino que lo vive intensamente en la práctica, tomando una decisión que, a corto plazo, podría perjudicar sus intereses deportivos.

Lo que hace actuando así es consolidar con determinación su Identidad, tanto hacia dentro como hacia fuera. Puedo imaginar el impacto que esta decisión tendrá en los cientos de jugadores que forman parte de una de las canteras más prolíficas del mundo, así como en todos los jóvenes jugadores holandeses que algún día sueñan con llevar la camiseta de uno de los Clubes más míticos de Europa.

Desde la Final del pasado Mundial, son ya dos las decisiones que ha tomado el fútbol holandés para cambiar la percepción del fútbol mundial sobré qué es realmente importante para ellos. Tanto la exclusión de De Jong de las convocatorias de la selección holandesa como la del Ajax de sancionar Luis Suarez indican que el fútbol holandés vuelve a estar conectado a los valores auténticos del fútbol; al respeto a las reglas y a los contrarios como base fundamental para conectar con la esencia del juego.

Es una gran noticia para el fútbol. No es casualidad que un País con tan solo 3 MM de habitantes sea una referencia en la historia del fútbol, tanto a nivel de clubes como de selecciones. Decisiones como la del Ajax son las que marcan la diferencia e indican el camino a seguir.

Imanol Ibarrondo

Potros y el “lado oscuro”

30 septiembre, 2010

Cuando el potro se desboca y asume el control de la situación, ya podemos prepararnos para que cometa cualquier destrozo. Creo que la falta de autocontrol viene precedida por la falta de autoconocimiento. Un deportista que no toma consciencia de cómo reacciona, cómo se comporta en el campo, cuál es impacto de sus acciones en sí mismo y en el equipo, que no trabaje su visión personal, cuál es su propósito, en qué jugador desea convertirse ó qué es lo que realmente quiere, está a expensas de que su potro interior tome las riendas en cualquier momento.

Viendo jugar a Amorebieta, me viene siempre a la mente la imagen de un potro desbocado. Hasta las vendas con las que se protege los tobillos por encima de las medias refuerzan esa idea. Nervio, agresividad, intensidad, velocidad y fuerza. Todo ello en cantidades industriales y, de momento, sin mucho control. Hace unos años era divertido descubrir su gran potencial, a la espera de que fuera corrigiendo los excesos hasta convertirse en lo que, sin duda, podría ser; un pura sangre, un central de gran categoría.

De momento, algunas de sus reacciones siguen siendo todavía demasiado impulsivas, muy previsibles y desproporcionadas, dejando demasiadas cosas a la interpretación de los árbitros y limitando claramente su esperada progresión. Seguimos esperando que sea Fernando quien coja las riendas y comience a controlar a Amorebieta. No perdemos la esperanza.

A diferencia del central vizcaino, Mourinho sí parece ser muy consciente de sus capacidades, de su talento y de sus posibilidades. De hecho, es tan espectacular la seguridad y la confianza en sí mismo que pretende reflejar en sus ruedas de prensa, que me parece que está jugando al filo de la navaja. Está a punto de pasarse al lado oscuro.

Lo que yo percibo ya en muchas de sus declaraciones y actitudes públicas es arrogancia, vanidad, soberbia y falta de respeto. Tengo la impresión de que, al igual que en el terreno de juego, para él no es importante el cómo o, mejor dicho, no es importante crear un estilo, trascender, dejar un legado, algo que sirva para los que vienen por detrás. En mi opinión, para ser el mejor entrenador del mundo, la referencia, no solamente es necesario ganar. También se debería tener una visión potente e inspiradora del fútbol para los demás. No es su caso.

Sé que es una línea muy fina e interpretable la que puede separar la autoconfianza de la arrogancia pero creo que, en poco tiempo, son ya demasiadas las ocasiones en las que ‘special one’ se está deslizado peligrosamente ya por el lado oscuro de la fuerza. Espero que los entrenadores no pretendan imitar a Mourinho. Por suerte, es irrepetible.

Imanol Ibarrondo

“El fair play es para juveniles”

24 agosto, 2010

Si me preguntaran a quien podría pertenecer esta sorprendente afirmación, tendría algunos perfiles como posibles candidatos. Por un lado, podría pensar en un jugador veterano, preferentemente sudamericano, vendiendo el pollino de ser muy competitivo, con oficio y gran conocedor de los códigos secretos del fútbol.

Por otra parte, me podría encajar un entrenador que de los que afirman muy convencidos que ‘ganar es lo único importante’ y que, por lo tanto, vale todo para ganar. Lo demás son inventos de la gente que no sabe ni entiende de fútbol.

Pensando mal, también podría ponerle voz al comentario el típico periodista que no ha jugado nunca a fútbol, pero parece que lo inventó y conoce todas las claves del rendimiento mejor que nadie.

No desentonaría tampoco en un aficionado forofo para justificar el comportamiento tramposo y pendenciero de su equipo y, por último, se me ocurriría que un presidente desesperado que se está jugando juega la tela, podría intentar buscar mayor agresividad en sus jugadores con un comentario de este tipo.

En todos ellos podría encontrarle un sentido a tan absurda afirmación pero, a quien nunca podría imaginar aseverando algo así, sería a un árbitro. Pues bien, la frase más sorprendente del verano la firma precisamente un árbitro. Y no uno cualquiera, sino uno de los mejores. Lo hizo esta semana Iturralde González en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander.

No conozco el contexto en el que produjo la frase ni tampoco juzgo su intención, pero lo cierto es que, cuestionado sobre la actitud de jugadores tramposos, afirma que les entiende y que él haría lo mismo.

Iturralde parece haber olvidado que el respeto a las normas, a los árbitros y a los contrarios forma parte de la esencia del juego desde que se inventó. No es opcional. Y no solamente por los árbitros y por el juego, sino por los propios jugadores. Estar pensando en hacer trampas, en engañar, en simular o en provocar al contrario te desconecta del juego y te impide rendir en función de tus capacidades reales.

Desde este blog he defendido en varias entradas (humanos standard y Tecnología, ¿buena para el juego o para el negocio?) la figura del árbitro como parte esencial del juego (tanto como lo son el balón o las porterías y al mismo nivel de protagonismo), pero también es necesario que ellos se ayuden a sí mismos y no remen en dirección contraria con declaraciones como la que titula este post. Provoca confusión y anima a equivocarse.

Espero y deseo que el comportamiento respetuoso y ejemplar que los Xavi, Iniesta, Alonso y compañía demuestran en el terreno de juego siendo campeones del mundo, tenga mayor impacto en el colectivo de futbolistas que la desafortunada frase protagonista de estas líneas.

Imanol Ibarrondo

Coopetir

16 agosto, 2010

Al hilo del penúltimo post publicado en este blog (Hasta la victoria siempre) y coincidiendo con la séptima victoria de la temporada de Lorenzo, quisiera hacer una comparación entre dos deportes similares (Moto GP y Formula1) que también tienen 2 pilotos por equipo y compiten por marcas,  además de por la clasificación individual.

El mismo domingo de Julio en que Massa dejó pasar a su compañero Alonso para que ganara en Alemania, por la noche vi como Jorge Lorenzo vencía en Laguna Seca.

Recordé en ese momento la espectacular carrera de junio del año pasado en Montmeló, en la que Rossi y Lorenzo, compañeros de escudería, pelearon hasta la última curva en una formidable pelea por la victoria, asumiendo el gran riesgo  para su equipo de que cualquiera de ellos, o ambos, acabaran derrapando con sus monos por la pista.

No quiero imaginar cómo estaría el box Fiat-Yamaha en ese momento, pero puedo recordar a qué velocidad latían los corazones de todos los que estábamos pegados a la televisión, viendo los increíbles adelantamientos de las últimas vueltas.

Me cuesta creer que en uno de esos momentos memorables para la historia de la Moto GP, alguien desde el box estuviera dando instrucciones a Rossi o a Lorenzo para que fueran más tranquilos, para pensar en los puntos de la clasificación por equipos… No sé si por los pinganillos de ambos se oirían este tipo de comentarios pero, seguramente, ambos pilotos, preferirían cambiar de equipo antes que renunciar a ganar.

Aquél día, Rossi se le metió por dentro en la última curva y se llevó la victoria. Sin duda, fue una derrota amarga para Lorenzo. En su casa, frente a su mayor rival, de su mismo equipo y perdiendo el liderato del Mundial en el último giro. Una gran adversidad.

Dicen que Rossi y Lorenzo son enemigos. No lo creo. Ni en su mejor amigo del circuito podría encontrar el mallorquín un mejor colaborador para su crecimiento y pleno desarrollo como piloto. Tener, quizás al mejor de la historia, como máximo rival y compañero de equipo, es un privilegio del que, si no lo ha hecho todavía, supongo que Lorenzo tomará consciencia en su momento.

Competir con(tra) Rossi le está permitiendo enfrentarse y superar, cada día, las mayores dificultades posibles, avanzando a pasos agigantados hacia el mítico piloto en que podrá convertirse en su momento.

Creo que, sobre todo al máximo nivel, competir está directamente relacionado con cooperar. Necesitas que alguien te ayude y te obligue a sacar lo máximo y lo mejor de ti. A conocer tus límites y a superarlos para poder seguir mejorando, creciendo y ganando.

Y por este motivo, necesitas a tus rivales. Cuando mejor sean ellos, cuanto más se esfuercen, cuanto más difícil te lo pongan (en todos los sentidos), mayor será el favor que te estarán haciendo y más estarán colaborando en tu propósito.

En mi opinión, tras carreras como la de del año pasado de Montmeló, Lorenzo, podría aprovechar para dar las gracias sinceras y de corazón a Rossi, porque le está ayudando a madurar y mejorar a una velocidad imposible de alcanzar sin ‘Il Dottore’ en la pista. De momento, aunque con acierto, ayer se limitó a afirmar “mis antiguos errores me han hecho mejorar”. Por mi parte, estoy seguro que el año que viene seguirá mirando de reojo a la Ducati para seguir aprendiendo.

Imanol Ibarrondo

Tecnología, buena para el juego o para el negocio?

30 junio, 2010
Al hilo del post anterior publicado bajo el título ‘Humanos Standard’ y para definir con mayor claridad mi opinión respecto a la utilización de la tecnología en el fútbol, creo que sería conveniente hacer esta distinción previa, para poder enfocar correctamente la cuestión.
Yo tengo la convicción de que el error del árbitro forma parte del juego, por lo que no considero necesario aplicar la tecnología para re-arbitrar sus decisiones.
Me gusta el juego del fútbol. El negocio no me molesta, para nada, siempre que no afecte al juego. Lo que no haría es modificar las reglas del juego para adaptarlas a las reglas del negocio.
Los estadios llenos y vacíos, el césped alto y la hierba recién cortada, los campos de arena y de cemento, los días de viento helado y viento sur, los calores ardientes, la lluvia fina y la tormenta, los postes de madera y los hechos con jerseys, el ‘gol portero’ y el que ‘meta gana’, los tacos de goma y aluminio, los partidos por el día, por la tarde y por la noche, el olor a réflex, los penaltis pitados y los no señalados, los goles fantasma y en fuera de juego, los marcadores con tablilla y contar los goles con las manos, los goles de córner, de falta y en propia puerta, el sudor y el cansancio, la alegría y la tristeza, la derrota, la victoria y la gloria …. y los errores arbitrales. Todo eso y muchas cosas más, forman parte del juego que me emociona. 
Las botas de colores, los futbolistas anuncio, las diademas, gominas, pendientes, y tatuajes, las camisetas pegadas y las marcas deportivas, los sueldos multimillonarios, los trajes y los balones de diseño, las pantallas gigantes y los pinganillos y demás parafernalia, están bien, pero no forman parte del juego… y la tecnología tampoco.
No estoy en contra del espectáculo. Al contrario. Me encanta. Y también la cámara superlenta. Espero que después del Mundial las incluyan en las retransmisiones del campeonato doméstico, pero no forma parte del juego. Quizá sea fundamental para el negocio y el espectáculo global, pero no mejora el juego. Viene bien para disfrutar todavía más de la belleza y estética del fútbol, pero no la necesito para juzgar a los árbitros.
Y, en todo caso, por preguntar, si el árbitro hubiera concedido el gol de Lampard tras ver la repetición, por qué no revisar también el fuera de banda que da origen al gol y que el árbitro sancionó al revés. Además, el jugador inglés que lo puso en juego lo hizo cinco metros más adelante… y la jugada viene de un córner a favor de Alemania en el que Muller colocó el balón fuera del espacio reglamentario y así…. hasta el saque de centro en el que un jugador inglés estaba pisando la raya. ¿Dónde está el límite?. En un gol claro como el de Lampard, en un fuera de juego clamoroso, en un penalti escandaloso (o no tanto), en una falta dudosa en la frontal, en un codazo por una disputa aérea, en una mano voluntaria (o no)… dónde se aplica y dónde no, la tecnología?.
Desde el inicio del fútbol moderno, hay una persona en el terreno de juego que es responsable de tutelar el juego, repito, tutelar, no acertar siempre y que, en base a sus percepciones y con la ayuda de sus dos colaboradores, toma las decisiones en tiempo real. Su error, como cualquier error de los que están en el césped, forma parte de la esencia del juego porque, el fútbol, es un juego de errores. Si no los hubiera, todos los partidos acabarían 0-0. El error del árbitro, como elemento esencial del juego, también forma parte del mismo.
En este sentido, Blatter se equivoca pidiendo disculpas a las selecciones de Mexico e Inglaterra por los errores arbitrales. Fallaron, sin duda, pero sus errores sí son parte del juego. Tal vez debería, en cambio, disculparse en su propio nombre por ofrecer las repeticiones de esas jugadas en los marcadores gigantes. Ese grosero error no es parte del juego y sí fue su responsabilidad.
Quiero hacer desde aquí una propuesta de mejora para la FIFA. Sugiero que se sustituya el protocolario saludo inicial con la clásica foto de todos juntos, que nunca se publica en ninguna parte, por un breve ritual mucho más enriquecedor. Sería genial que, en ese momento, antes de comenzar el partido, ambos capitanes, en representación de sus equipos, reconocieran al árbitro como parte fundamental del juego y se comprometieran además a respetarle, ayudarle y acatar todas sus decisiones, tanto las acertadas como las erróneas.
Aquí sí que aprovecharía la tecnología para reforzar y hacer público ese compromiso, emitiéndolo por las pantallas gigantes del estadio y expandiéndolo así a todos los confines del planeta fútbol.
La promoción y divulgación mundial de este ritual sí que sería una gran aportación de la tecnología al fútbol y de aplicación universal en cualquier competición; desde la Final de la Copa del Mundo, hasta un partido de benjamines en el patio de cualquier colegio. Este cambio de actitud sí que facilitaría una evolución espectacular en el juego…. y en el negocio.
Imanol Ibarrondo

Humanos Standard

28 junio, 2010

Arden los tabloides ingleses y la prensa mexicana por los clamorosos errores arbitrales en sus eliminatorias de octavos (en contra, naturalmente). No escuché ninguna protesta mexicana por el monumental fuera de juego de Chicharito en su 1-0 contra Francia. Tampoco Inglaterra ha devuelto, que yo sepa, su único título Mundial, conseguido en su casa en el 66,  con un gol idéntico (pero que no entró).

Si los universitarios de Cambridge que hace más de 160 años inventaron el fútbol, levantaran la cabeza, no reconocerían lo que está pasando con un aspecto esencial del juego desde que se inventó; el respeto al árbitro y a sus decisiones. En aquellos tiempos, todo era mucho más sencillo. Se podía tocar el balón con la mano, pero no se podía llevar de un lado a otro y se jugaba con los pies. Esas eran las diferencias fundamentales respecto al rugby. Por lo demás, los partidos podían durar 3 ó 4 horas, se podía fumar y estar charlando con un contrario mientras el balón estaba por otro lado, no había demarcaciones fijas y cada uno corría por donde le apetecía en cada momento. Era divertido, un poco caótico, pero el nuevo juego fue calando y ganando adeptos poco a poco entre los ingleses.

30 años después, en 1870, en Escocia, apareció el arquero que, a partir de ese momento, era el único que podía jugar con las manos en una zona restringida, se organizó el juego en defensa, media y ataque y los equipos tenían ya 11 jugadores. El fútbol comenzaba a crear sus propias reglas. Respecto a las faltas y demás, al principio era fácil, y entre los dos capitanes se bastaban y sobraban para resolver las jugadas dudosas.

Según avanzaba el interés por el fútbol y empezó a haber en juego algo más que entretenimiento, el asunto se fue complicando. Ya no se ponían de acuerdo con tanta facilidad y, como las discrepancias continuas cortaban y ralentizaban el juego hasta hacerlo imposible, en 1891, se apostó por incorporar al terreno de juego un observador neutral, una persona de referencia (referee); un árbitro.

Curiosamente, la misión que se le encomendó al árbitro no era acertar siempre (mejor que acierte, claro!), sino decidir con rapidez para que el juego no se interrumpiese con debates y discusiones inacabables. En aquella época (qué lejos queda) los jugadores se comprometían a colaborar para facilitar su tarea, así como a respetar y acatar siempre sus decisiones, agradeciendo además su intermediación.

Tan era así que, en el primer reglamento escrito del fútbol inglés, se reconoce el error del árbitro como parte inherente a la esencia del juego. Tanto como pudiera serlo el del delantero que falla un gol cantado, el portero que se la traga o el del entrenador que se equivoca con la alineación, el planteamiento o los cambios. Durante más de 120 años ha sido así y el fútbol no ha perdido ni un ápice de su emoción e interés, más bien al contrario. Tampoco los errores arbitrales han evitado que la mejor selección del Mundo (Brasil) haya sido pentacampeona mundial… que el Barcelona haya sido el mejor hace un año y lo haya ganado todo… En fin, que el que se lo merece, gane.

El árbitro se incorpora al fútbol para tutelar el juego. Está para juzgar y decidir en base a su criterio, no para acertar. Sorprendente, no?. Resulta curioso comprobar cómo se ha ido pervirtiendo esta idea con el tiempo llegando incluso al punto de que, hoy en día, el árbitro de fútbol, sea posiblemente el único profesional del mundo al que se le exige un 100% de acierto en sus decisiones.

Con el gol fantasma de Lampard y el gol en clamoroso fuera de juego de Tévez, pudimos comprobar una vez más que, incluso los mejores árbitros de cada país, los mejores árbitros del mundo, se equivocan. Tan solo son seres humanos con sus anhelos, sus miedos, sus sueños, preocupaciones, presiones… En definitiva, humanos standard. 

El verdadero problema no es el error del árbitro en sí, sino el impacto que ese error  tiene en los jugadores. El desastre viene cuando Osorio, central de Mexico, todavía distraído y despistado por la jugada anterior, regala el balón a Higuain para el 2-0. Si un compañero suyo hubiera errado un penalti, posiblemente no le habría afectado tanto, pero en cambio, permite que un error del árbitro le descentre totalmente.

No es importante que un jugador esté o no de acuerdo con esta reflexión sobre el arbitraje, sino que sea consciente que entender este concepto es básico para poder seguir conectado al juego, para seguir enchufado y no perderse en cuestiones que le  alejan, y mucho, de su mejor rendimiento. ¡¡Respeta al árbitro. Hazlo por ti!!

Ahora es cuando surgirá de nuevo con fuerza el clásico debate sobre introducir la  tecnología en el fútbol para evitar los errores arbitrales, olvidando dos cuestiones fundamentales.

La primera es que las reglas del fútbol son universales. Deben ser de obligada aplicación en todos los confines del mundo en los que se juegue al fútbol. Me cuesta ver en Sudáfrica balones con microchips controlados por ordenador, cámaras en las porterías (no tienen ni porterías), sensores o demás eventos tecnológicos que lo único que conseguirían sería profundizar en las enormes diferencias que ya de por sí tiene el desarrollo del fútbol en función dónde se juegue.

La segunda y, en mi opinión mucho más relevante, es que todos debiéramos asumir ya que mucho antes que las audiencias millonarias, el espectáculo global, la tecnología, el gran negocio del fútbol, la publicidad y las grandes marcas, estaba en el fútbol el Respeto al árbitro y a las reglas del juego por parte de todos los que, de una u otra manera, formamos parte de este bello deporte. Así debería seguir siendo.

Por último, me parece que los árbitros mundialistas tienen el enemigo en casa y me refiero a la incalificable torpeza de la FIFA permitiendo que se repitan en las pantallas gigantes del estadio las jugadas dudosas, poniendo así, a los pies de los caballos a sus propios árbitros. Incomprensible.

Imanol Ibarrondo

PD:  artículo publicado en Deia con fecha 30 de junio