Archive for the ‘Habilidades’ Category

Conectado

1 mayo, 2011

Es una grata sorpresa la irrupción de Borja Ekiza. En pocos meses parece haberse convertido en el central más fiable del Athletic. El navarro actuaba generalmente como suplente en el filial y, según salió publicado, no estaba claro su futuro en el Club a partir del 30 de junio. Aprovechando lesiones y sanciones de sus compañeros, saltó ala titularidad del primer equipo en un momento de necesidad y ahora, gracias a la confianza que merecidamente le ha otorgado su entrenador, se aferra al puesto con uñas y dientes.

En mi opinión, no es un jugador muy rápido, aunque llega a los cruces, ni tampoco tiene un gran desplazamiento de balón, aunque se atreve a pegarla con las dos. No dispone de una salida impecable desde atrás, ni es especialmente poderoso en el juego aéreo, aunque disputa bien por arriba. En cambio, tiene algo básico e imprescindible para cualquier futbolista, y mucho más para un central: poder de concentración. ¡Cuánto vale eso! Como se dice en el argot futbolero, está siempre puesto. Le da igual si el marcador es favorable o no, si tiene que jugar con muchos metros a su espalda o replegado, de central derecho o hacerlo por la izquierda. Mide bien, anticipa cuando toca, disputa con agresividad y limpieza, es contundente cuando debe y juega sin complicarse. No comete errores groseros, ni hace entradas absurdas y tampoco regala tarjetas. Es un central fiable y seguro que aporta tranquilidad al equipo y que se ha ganado a pulso su puesto de titular. Casi nada.

Jugando así, concentrado, Ekiza es mejor jugador. Parece más rápido, más fuerte y oculta sus carencias, ya que estar cien por cien presente en el juego le permite anticipar la jugada, verla medio segundo antes, disponiendo así de un extra time para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Jugar concentrado es ganar tiempo y espacio. Es hacerte la vida más fácil para poder rendir al máximo de tus capacidades.

En la formación de habilidades para el desarrollo de personas y equipos, existe una ecuación que dice que el rendimiento de un jugador es igual a su máximo potencial menos las interferencias (R=P-I). Las interferencias son todos aquellos pensamientos negativos, miedos y saboteadores que te desconectan del juego y te alejan de tu potencial. Cuando tu cabeza se pone a hablar, mal asunto para jugar. Quizá por eso, jugadores con grandes talentos y capacidades técnicas superiores no consiguen muchas veces alcanzar un alto rendimiento. Aunque el potencial de Ekiza pudiera ser menor que el de otros compañeros más cualificados física o técnicamente, percibo que su diálogo interno, sus interferencias, son casi nulas, por lo que su rendimiento es notable.

El navarro está demostrando una alta capacidad para mantener su mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas, centrándose únicamente en el desarrollo eficaz de su tarea. Parece muy consciente de que, a pesar de la importancia de la táctica en un juego colectivo como es el fútbol, en el momento decisivo todo se reduce a un uno contra uno, en el que tú te la juegas con tu rival. En el remate y en el regate, en la entrada y en la disputa, en la anticipación y en la estrategia, conseguir que tu mente esté al cien por cien de tu parte es vital para ganar ese metro o esa décima de segundo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol.

No es fácil esto que hace Ekiza. Háganme caso. Tiene mucho valor. Si fuera sencillo, todos los jugadores estarían siempre enchufados, y eso, obviamente, no ocurre. De hecho, si sus compañeros de demarcación tuvieran este talento, jugarían ellos. No vale solo con desearlo, ni tampoco, como escucho a entrenadores, con decir en voz alta y muchas veces “¡Hay que estar concentrados!” (“Sí, claro, pero ¡dime cómo lo hago!”). Puede que, en al caso de Borja, sea un talento natural o también puede ser que, tras muchos años fuera de su casa sacrificándose para ser futbolista, tenga muy claro qué es lo que quiere y no esté dispuesto a regalar ni un metro que ponga en riesgo algo que le costado tanto conseguir.

El poder de concentración, estar conectado al juego, exige un alto nivel de autoconocimiento. Identificar claramente en qué eres muy bueno y cuáles son tus áreas de mejora, saber quién eres y qué es realmente importante para ti. Buscar y encontrar tu propia fuente de automotivación, descubrir para qué juegas y en qué tipo de jugador quieres convertirte. Tener la capacidad de reconocer y manejar adecuadamente tus pensamientos y emociones para poder jugar conectado a tus valores auténticos y a los valores del fútbol. Todo esto también se puede entrenar. Podríamos llamarlo entrenamiento emocional y requiere de los entrenadores el desarrollo de nuevas competencias y capacidades complementarias a las habilidades clásicas que se les atribuyen.

Teniendo en cuenta que el fútbol es un juego (en el caso del Athletic a domicilio, se podría decir que es casi un juego de azar), el equipo necesitará en Cornellá-El Prat, y hasta el final de temporada, muchos futbolistas conectados y concentrados para asegurar Europa, también para que pueda tocar la pedrea (quinto puesto) y puede, incluso, que para poder ganar el premio gordo (vade retro Champions). Qué quieren… A pesar de todo, soy un optimista irreductible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 1 de mayo de 2011

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Juego de engaño

18 diciembre, 2010

Podría ser también otra forma de definir el fútbol; un juego de engaño, que no de trampas. La diferencia es sencilla para quien la quiera entender. El engaño y la picardía forman parte de las reglas del juego. Las trampas, no. Dentro y fuera, como en Barrio Sésamo.

Amago que voy y me quedo, parece que freno y arranco por sorpresa, finto al segundo palo y rompo al primero, hago como apoyo y tiro un desmarque, simulo que voy a hacer una entrada pero aguanto, la estrategia, las faltas, los córners, las bicicletas, los amagos y las fintas… toda una amplia variedad de elementos que configuran el arte del engaño. Llevado al extremo, recuerdo a Laudrup dando pases de gol mirando hacia otro lado. Ale hop! Casi magia. Imprescindible engañar al contrario para jugar bien. Lo que se entiende menos es que te engañes a ti mismo.

No ser consciente de que sabes y puedes hacerlo mucho mejor y no confiar en tus verdaderas capacidades, es engañarse. Pensar que regalando habitualmente el balón al contrario estás más cerca de la victoria, es engañarse. Creer que el buen juego sale por casualidad, que no requiere grandes dosis de compromiso con una idea y coraje para llevarla adelante, también es engañarse. No ponerte retos que te ayuden a crecer y a mejorar por miedo a fracasar, es engañarse, porque el auténtico fracaso es no intentarlo siquiera.

El Athletic, como si convivieran en su interior el doctor Jekyll y míster Hyde, parece que sufre de un trastorno de personalidad que ha derivado en una irregularidad propia de quien no tiene muy claro a dónde va ni a qué juega. A veces, es como si no tuviera una Visión potente sobre qué equipo quiere ser, que haga de faro e ilumine el camino, ni tampoco un Propósito que cada domingo le impulse en esa dirección. Tan solo es necesario ver el partido completo contra el Espanyol para confirmar el diagnóstico de bipolaridad.

La remontada nos dejó indicios, ¡qué digo indicios!, pruebas y evidencias claras de que este equipo, jugando así, podría aspirar legítimamente a los retos que declara tener con la boca pequeña. Un equipo, intenso, con ritmo, valiente y, sobre todo, comprometido con el balón y con el juego. Con movilidad, participación y gran concentración de todos los jugadores, metidos y centrados en la tarea, sin tiempo para despistarse y cometer errores. Con esa determinación por ser protagonista, se podría afirmar alto y claro que queremos ser de los mejores y que estamos dispuestos a arriesgar para conseguirlo. El premio sería jugar en Europa, pero el éxito verdadero y sostenible sería transformarse en un gran equipo capaz de merecerlo.

Lo que me hace saltar los domingos del sofá para ir a San Mamés no es solamente la incertidumbre y la emoción del resultado, sino la esperanza de poder disfrutar de una experiencia intensa identificándome con un equipo que refleje en el césped lo mejor de nosotros, los valores auténticos que realmente nos fortalecen y nos unen a todos; nobleza, honestidad, generosidad, valentía, intensidad y fidelidad a un estilo que refleja lo que somos y con el que me siento íntimamente conectado. Y el Respeto. A sí mismos, a los contrarios, a las reglas y al propio juego como pilar básico de nuestro club. Lo que realmente deseo cada domingo es renovar y reforzar mi compromiso con lo que soy.

Cuando reconozco estos valores en el terreno de juego me siento bien, orgulloso, feliz, me da energía y me recuerda que yo también soy eso, que soy así, que esos valores también forman parte de mí y que, si quiero, al igual que lo hacen ellos en el campo, puedo elegir sacar lo mejor de mí cada día.

Creo que ya va siendo hora de entender que, cuando el Athletic juega conectado a la esencia de lo que realmente es, juega mejor y es mejor. Cuando lo hace así, se consuma el sacramento de la comunión en La Catedral. Todo lo demás es engañarse. Engañarnos.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de diciembre

Coaching deportivo: descúbrete y crece

20 octubre, 2010

Durante toda la Jornada del martes, Juan Cárlos, María y yo mismo, pudimos disfrutar en las instalaciones del COE de una nueva experiencia memorable, junto a 26 responsables técnicos de federaciones deportivas tan diferentes como; Ciclismo, Rugby, Tenis de mesa, Natación, Karate, Lucha, Judo, Golf, Atletismo, Voleibol, Billar, Triatlon y Natación sincronizada. Podéis imaginar lo enriquecedora que es, en lo personal y en lo profesional, compartir esta experiencia con semejante diversidad.

Intensa, muy participativa, con gran dinamismo, emocionante por momentos y realmente divertida son adjetivos que hacen justicia a la Jornada de ayer. Se trata de la tercera Jornada de descubrimiento que hacemos en el COE y lo cierto es que, estas Jornadas, dan sentido a nuestro trabajo y nos llenan de energía y vitalidad para seguir avanzando en el largo camino de alcanzar nuestra Visión de difundir, divulgar, convencer y seducir a todos aquellas personas que tienen influencia e impacto en la formación, el desarrollo y el alto rendimiento de los deportistas, en la aplicación de las habilidades propias de esta apasionante disciplina. En este caso, con los máximos responsables técnicos nacionales de cada deporte. Un gran privilegio del que estamos muy agradecidos.

Incorporar nuevas capacidades y competencias para que no se rindan y bajen los brazos ante el gran reto al que se enfrentan diariamente de trabajar con los mejores.

Para que tomen las riendas, se ilusionen y descubran qué es lo que realmente quieren, qué es importante para ellos/as, definiendo un propósito de vida y una Visión, personal y profesional, potente y eficaz. Para comenzar a diseñar su ‘brújula y faro’.

Para que se atrevan a relacionarse de forma diferente, a comunicar distinto, a transmitir desde la emoción y no solamente desde la razón, a conectar de verdad y escuchar activamente a sus deportistas.

Para que se animen a seguir creciendo y a destapar su verdadero potencial, a descubrir sus valores auténticos y a vivirlos cada día ayudando a que sus deportistas también puedan hacerlo.

Para que se decidan a ser quien realmente son, a auto-liderarse con determinación y coherencia para poder, a partir de ahí, ejercer una gran influencia positiva sobre sus deportistas (liderar, en definitiva).

Para que aprendan a confiar y a creer con convicción en sí mismos y en sus deportistas.

Creo que la Jornada de ayer pudo servir para comenzar a tomar consciencia de la realidad de cada uno, de las excusas y justificaciones que utilizamos más habitualmente, para hacer salir a la superficie a nuestros clásicos ‘saboteadores’, inconscientes hasta ayer, y para comenzar a explorar y poner en práctica desde ya habilidades básicas del coaching en su trabajo diario con deportistas.

La Jornada de descubrimiento fue como abrir una rendija de una persiana en una habitación oscura. Es cierto que solamente fue un resquicio, pero por ahí se ha colado ya un caudal de luz que nos permite percibir, aunque sea levemente, el gran tesoro que cada uno albergamos en nuestro interior. Comienza pues un nuevo y excitante viaje de auto descubrimiento. Bienvenidos a bordo.

Imanol Ibarrondo

PD. Como quedó claro en la Jornada, ya no habrá libro (por lo menos este año), así que tendréis que conformaros con seguir leyendo el blog 😉

Huevos y Castañas

10 octubre, 2010

Joaquín Caparrós afirmó este lunes en una conferencia dirigida a técnicos en Donostia, que el 80% de los entrenadores de fútbol base de Lezama quiere entrenar en primera división y que eso no puede ser, ya que dificulta el desarrollo pleno de su trabajo. Caparros dixit.

Personalmente, con 15 años, tuve la gran fortuna de tener como entrenador al más grande de la historia del Athletic; Jose Ángel Iribar. Yo llevaba más de 16 meses sin jugar un partido oficial y, durante aquella temporada, gracias a él, recuperé la ilusión y la confianza para jugar al fútbol. Debo confesar que el impacto que causó en mi su bondad, su humildad y su figura dejaron una huella indeleble en mi persona. A día de hoy, todavía se me traba la lengua y me sudan las manos cuando alguna vez coincido con ‘el Mítico’. Posteriormente, el ´chopo’ pasó a entrenar a profesionales, pero siempre he tenido la impresión de que Lezama perdió un tesoro con el cambio.

Lo cierto es que entrenar a un equipo senior y formar jugadores en fútbol base, se parecen tanto como un huevo a una castaña. Tan solo tienen en común que el balón es redondo en ambos casos. Mientras que el entrenador tiene la obligación de recoger frutos, de sacar el máximo rendimiento a una plantilla, el formador debe aplicarse en sembrar con dedicación. Si se confunden los términos, podemos anticipar problemas en el futuro.

Si el objetivo fundamental del entrenador de un equipo infantil fuese únicamente ‘ganar’, obligado por la configuración actual de los sistemas de competición, se estaría dejando por el camino algo tan importante como aprender a jugar, respetando la evolución natural de cada jugador. Si la única alternativa que tuviera para demostrar su capacidad, e ir subiendo en el escalafón hasta alcanzar una retribución justa y suficiente, fuera ganar en categorías inferiores, estaríamos perdiendo peligrosamente de vista el verdadero objetivo; la formación de jugadores.

Lezama es una escuela de futbolistas y, parecería razonable pensar que el único Club del mundo que se nutre exclusivamente de su Cantera, fuera pionero y estuviese en vanguardia mundial en la aplicación de los más modernos sistemas de enseñanza-aprendizaje del fútbol en categorías de formación. Para que esto fuera así, sería lógico destinar los recursos necesarios a la formación continua de formadores con el objetivo de que el Athletic contase con un equipo de auténticos expertos en cada categoría.

El entrenador del equipo de 14 años (p.e.) debería aglutinar los más modernos conocimientos de metodología y didáctica de entrenamiento para 14 años, de pedagogía para 14 años, de psicología para 14 años, gestionar a la perfección el arte de la comunicación y motivación de pequeñas personas de 14 años…, debería ser uno de los mejores en todo lo relacionado con la formación de futbolistas de 14 años, hasta convertirse en una referencia internacional en la materia.  Y ese tendría que ser el apasionante reto de su vida profesional.

Por lo tanto, no parece lógico pensar que, si decides invertir en la formación de alguien para que sea el mejor en su categoría, cada año le asignes un equipo diferente o, que el objetivo de ese entrenador, fuese entrenar al primer equipo. Es como si la andereño de infantil de la Ikastola tuviese como objetivo dar clases en la Universidad. Ella es una especialista en la educación de niños/as de 4 a 6 años, y es la mejor en eso. Cada año tiene más experiencia y más conocimientos, lo que repercute directamente en una mayor calidad de su trabajo.

Me atrevo a sugerir algunas preguntas iniciales y básicas para plantear a todos y cada uno de los formadores que trabajan en Lezama o que quieran hacerlo; ¿Qué es lo que realmente quieres? ¿Cuál es tu sueño, tu visión y tu propósito? ¿Dónde te ves dentro de 10 años? Si la legítima respuesta fuera entrenar en primera división, le desearía toda la suerte del mundo y le animaría a comenzar su trayectoria  en División de Honor, en Tercera o donde pueda iniciar su camino, pero no invertiría un euro en su formación para trabajar con las categorías inferiores.

Posiblemente, los profesionales de la formación de embriones de futbolistas necesiten más conocimientos, incluso, que los entrenadores profesionales. El reto y la responsabilidad que asumen requieren personas cualificadas, con capacidades contrastadas, generosas, con arraigado y profundo sentimiento Athletic (no vale cualquiera) y con una energía y pasión desbordante por desarrollar su tarea.

Es prioritaria la formación continua de los formadores de Lezama en los nuevos y modernos estilos de enseñanza, en los fundamentos científicos del entrenamiento, en las habilidades de comunicación y de motivación, en dinámicas de grupos, en el aprendizaje por descubrimiento, en habilidades de inteligencia emocional, de coaching, en Liderazgo y en todo lo que sea necesario para que puedan convertirse en los mejores. Si se ofrece al personal técnico una formación continua, se está dando realmente al capital humano del club un valor prioritario.

Y, por supuesto, una retribución adecuada que permita a los formadores centrarse exclusivamente en su propósito, sin tener que estar mirando de reojo el fútbol de élite como única ventana de progresión y crecimiento profesional. En realidad, estamos hablando del chocolate del loro para el presupuesto anual de un Club que, como el Athletic, debiera considerar la formación de formadores como la mejor estrategia para garantizar su propio futuro.

Imanol Ibarrondo

PD: post publicado como artículo en el diario Deia con fecha 9 de octubre de 2010.

Nacemos genios y llegamos a idiotas

29 septiembre, 2010

Al hilo de la convocatoria de huelga general de hoy, me pidió un periódico económico un artículo relacionando la situación económica y el coaching. Ésto es lo que salió. Creo que se podría aplicar también perfectamente al mundo de los formadores y entrenadores deportivos.

Últimamente, escucho a diario a Zapatero repetir con insistencia la misma palabra; competitividad. Me recuerda mucho a Caparrós. El entrenador del Athletic también tiene ese vocablo entre sus preferidos. No tengo muy claro a qué se refiere exactamente cuando habla de esto. Menciona siempre cuestiones vagas como cerrar los partidos, el ‘otro’ fútbol, aprender a perder tiempo o jugar al filo de las reglas. Creo que Zapatero no habla de lo mismo, aunque le entiendo igual de poco. Él hace referencia a la flexibilidad en el despido, nuevos modelos de contratación, reforma laboral y demás conceptos relacionados con el mercado de trabajo. Parecen tiritas para detener una hemorragia.

Lo cierto es que con lo bien que se vive aquí, con la calidad de vida y las condiciones laborales que hemos alcanzado y a las que, por supuesto, nadie está dispuesto a renunciar, parece complicado que nuestras empresas puedan ser competitivas. En el mundo globalizado en el que nos movemos, son muchos, y más que serán, los países que ofrecen los mismos productos y servicios que nosotros a mejor precio.

Si la calidad tampoco es ya un elemento diferenciador, quizá tan solo haya una variable en la que sí exista un margen importante de mejora. Que cada persona que trabaje, aumente su rendimiento por cada hora que dedique a su tarea. Es decir, que incremente su productividad.

Si, ya sé, es de perogrullo. El problema es que si a una persona no le gusta su trabajo, difícilmente se sentirá motivada para aumentar su productividad. Más bien al contrario, el absentismo, la desmotivación, las excusas, la desidia y la frustración son los ingredientes básicos de demasiadas personas en el mercado laboral actual. Conclusión; qué importante sería que cada cual se dedicara a aquello para lo que tiene talento.

Soy un convencido de que nacemos genios y llegamos a idiotas. No sé de quién es la frase, pero me encanta. Creo que cada uno de nosotros nace con un talento especial y que la gran mayoría pasamos por la vida sin descubrirlo o, lo que es peor, sin buscarlo siquiera. Nacemos con un tesoro, diferentes y únicos y nos empeñamos en convertirnos en uno más de manada, trabajando para cumplir los sueños de otros y renunciando a hacerlo por los nuestros. Lo dicho; idiotas.

Son atípicos los casos como Nadal en el deporte, al que le ponen una raqueta en la mano con 3 años y descubren a un portento del tenis. Casi nunca es tan sencillo detectar el talento (mucho menos potenciarlo y sacarle el máximo rendimiento), pero intentarlo resulta ya una tarea imprescindible.

Zapatero repite ahora con insistencia que la clave está en la Formación. Estoy de acuerdo. Dicen que el país de referencia en educación a nivel europeo es Finlandia. Aunque pudiera parecerlo, la diferencia no está en los ordenadores, ni en la utilización de las nuevas tecnologías o el número de alumnos por aula. La clave es la preparación, la formación, el compromiso y el prestigio del profesor como elemento central de una sociedad necesitada de aprender.

Si la Formación debe ser el pilar básico sobre el que asiente la transformación del modelo productivo y la competitividad de nuestra economía, quizá habría que comenzar por formar a los formadores. Si deben asumir esta hercúlea responsabilidad, necesitan disponer de las habilidades, competencias y capacidades necesarias para hacer frente a tamaño Reto.

Es habitual escuchar a los profesores de hoy quejarse sobre las enormes dificultades que tienen para desarrollar su trabajo diario; desde la abulia de los alumnos, a la falta de recursos, la burocracia, la falta de protección… Sin duda, todos ellos son argumentos de peso y ciertos… pero no son suficientes para abdicar de su responsabilidad.

Entiendo que es vital que haya ingenieros muy cualificados, así como arquitectos, investigadores, médicos y demás profesionales con una formación muy exigente, pero siendo la juventud actual el activo más importante de cualquier País, habría que depositarlo en las manos de los profesionales más competentes y capacitados que se puedan conseguir. Quizá habría que comenzar por prestigiar realmente la carrera de la docencia, revisar las capacidades mínimas necesarias para poder desempeñar con éxito esta profesión y ser mucho más exigente en la selección de los candidatos para asumir esta gran responsabilidad.

Posiblemente, para ser profesor/a, haya que tener realmente mucho talento. No puede valer cualquiera que solamente busque un trabajo fijo para toda la vida. Deberían disponer de enormes reservas de entusiasmo, fe y confianza en las posibilidades ilimitadas de sus alumnos, escondidas tras esa apariencia de pasotismo y desmotivación permanentes que reflejan muchos de ellos. Personas que no vean lo que son, sino lo que podrían ser y actúen en consecuencia. Expertos en el arte de despertar. Ese sería un buen subtítulo para los profesores.

Así se conoce también el Coaching. El arte despertar consciencias, de agitar los corazones, de poner en acción las voluntades oxidadas por la falta de uso, Sin duda, las circunstancias han cambiado. Los jóvenes son diferentes ahora (necesitaríamos un libro para explicar la transformación) y la autoridad ya no viene regalada como antaño (ni siquiera en casa). No está incluida ya en el cargo de quien imparte la formación. De hecho, salvo en el Ejército y en la Iglesia, creo que ya en ningún sector de actividad  funciona de esta manera.

Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que el ordeno y mando constituía la única alternativa. Ese tiempo ya pasó y, guste o no, no volverá. Ya no vale con lamentarse de cómo son los jóvenes de hoy en día y cómo deberían ser. Esto es lo que hay. Ya no sirve levantar la voz o la mano para conseguir obediencia. Ahora el Liderazgo hay que ganárselo, también en el aula, y eso requiere el desarrollo de nuevas capacidades de comunicación y de relación. Necesitan aprender y aplicar otras habilidades, no para imponer, sino para poder ser ‘cómplices de una posibilidad trascendente’.

Así define George Steiner el arte de educar. Se trata de divisar y sacudir lo que todavía no es. “Si me tratas como soy así seré. Si me tratas como podría ser, es posible que llegue a serlo”.  Así podría definirse también el Coaching.

Descubrir el talento oculto tras la bruma de la apatía de cada uno de los alumnos del aula es el enorme reto al que se enfrentan ahora las nuevas generaciones de profesores. Ya no basta con impartir conocimientos, es necesario sacar a flote la esencia de cada individuo para que le sirva de brújula y pueda orientar su futuro profesional hacia aquellos campos en los que realmente sea capaz de sacar su máximo rendimiento, consiguiendo de esta forma aumentar su productividad.

Necesitan ayuda para poder hacerlo. Y su formación en habilidades propias de las disciplinas del coaching ó de la inteligencia emocional facilitaría poder afrontar este reto con posibilidades reales de éxito. En este momento, lo urgente (las tiritas) se impone a lo importante pero, sin duda, apostar de verdad por la formación de formadores, sería la mejor inversión para garantizar un futuro luminoso para todos.

Imanol Ibarrondo