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Sobre el Compromiso (con ‘C’ mayúscula)

30 diciembre, 2013

Nueva imagen (2)Ancelotti dio un toque a sus jugadores tras la inapelable derrota en el derby madrileño apelando a lo más clásico y tópico del fútbol: la actitud. Ayer, los jugadores, molestos, pidieron una reunión con el técnico italiano para exigir(se), unos a otros (se entiende), compromiso. Compromiso y actitud, dos palabras circulares, que sirven para todo, pero que nada explican.

Hace un año, facilitando las ‘7P para potenciar personas’ con los técnicos y staff de la selección mexicana de fútbol, momentos antes de comenzar el séptimo y último taller, me llegó un mensaje desde España informándome que había fallecido de un infarto mi estimado Manolo Preciado, justo un día antes de su presentación como entrenador del Villareal CF. La noticia me llenó de pena y tristeza pero, tenerle presente durante aquellas cuatro horas, precisamente en el taller del Compromiso, generó un espacio, con una energía y emoción tan cálidas, que guardo un recuerdo imborrable de aquel momento.

Si hablamos del Liderazgo como la actitud imprescindible para generar Compromiso auténtico (con ‘C’ mayúscula), siempre me viene a la cabeza la imagen de Manolo Preciado, un verdadero referente, así reconocido por todos en el planeta fútbol, incluso antes de fallecer… para variar.

A veces, utilizamos el ejemplo de los huevos con beicon para ilustrar la diferencia entre obligación y compromiso. Para cocinar este plato, ¿quién está más comprometido, el cerdo o la gallina? La gallina pone los huevos, hace lo que debe y cumple correctamente con su tarea. La gallina está implicada. El cerdo, por otra parte, va más allá de lo exigible y se deja la vida en el empeño. El cerdo está realmente comprometido. Manolo, sin duda, era el cerdo del ejemplo por excelencia.

Conocía desde hace mucho a Manolo Preciado. Ya fue una referencia en la conquista de derechos laborales para los futbolistas cuando los tiempos eran realmente duros. Los que, como él, daban la cara en aquel momento, ponían en juego sus contratos y sus carreras. Asumían grandes riesgos por los demás y se la jugaban por todos. Una vez más, Humildad y Compromiso auténtico.

Desde la distancia, le ví afrontar situaciones verdaderamente límite, ante las que un cese sería un juego de niños. Le admiré mucho como entrenador pero, sobre todo, me descubro ante la persona. La vida le golpeó con extrema dureza y él se reponía una y otra vez, con una entereza y valentía incomparables (resilencia se diría ahora). Sin rencor ni resentimiento, al contrario, contagiando a todos su increíble capacidad para disfrutar de la vida y del fútbol.

Trabajador, sensible, cercano, integro, humilde, valiente y alegre eran algunos valores que definían una personalidad arrebatadora. Manolo se dejaba la vida por sus jugadores y, cómo no, sus jugadores morían por él. Su liderazgo ha dejado huella en todos los futbolistas que tuvieron el privilegio de trabajar a sus órdenes. Él no tenía ‘gallinas’ en su vestuario.

Dos meses antes de morir, en un taxi, durante un gigantesco atasco en Madrid, tuve una larga conversación con Manolo y, hablando de lo estresante que era su profesión, le pregunté hasta cuándo tenía intención de seguir en los banquillos. Él, me miró a los ojos, sonrió y, con su socarrona voz de siempre, me respondió; “hasta el día que me muera”. Como siempre, cumplió. En nuestras formaciones de coaching y liderazgo en España siempre sale (y seguirá saliendo) el nombre de Manolo Preciado, como referente de entrenador generador de Compromiso.

La gran mayoría de los técnicos y entrenadores que acuden a nuestras aulas, de cualquier deporte y categoría, coinciden en que es, precisamente, conseguir el Compromiso, uno de los retos más importantes a los se enfrentan. Escribo Compromiso con ‘C’ mayúscula para diferenciarlo del otro compromiso, con minúscula, el que se exige y se reclama, en público y en privado, como una receta milagrosa cuando las cosas se complican.

La verdad es que me rebelo cada vez que escucho, habitualmente, declaraciones del tipo; “el equipo está muy comprometido”… “yo estoy muy comprometido”… “el Club está comprometido”. Es una palabra que, utilizada de esta manera, queda vacía de contenido, una palabra circular que, como decía al principio, sirve para todo, pero nada explica. Si no se concreta y se demuestra diariamente con acciones, decisiones y comportamientos visibles, está absolutamente desnaturalizada. Es por esto que, siempre que escucho esa declaración, me hago la misma pregunta; “realmente, ¿con qué está comprometido tu equipo?”… “¿con qué estás comprometido tú?…”

El Compromiso es necesario cuando se acaba la diversión, cuando la cosa se complica, cuando empiezan las dificultades… y, en el deporte, antes o después, cada temporada, por arriba o por abajo, siempre lo hace. Es ahí, en ese momento, cuando se descubre si hay o no hay un equipo compuesto por personas Comprometidas, al servicio de sus compañeros y del Equipo.

El Compromiso (con mayúscula) es una elección. Se trata de elegir a qué valores y a qué actitudes estoy diciendo que SÍ con mi Compromiso y a qué digo que NO. Comprometerse es un acto radical y una decisión absolutamente personal. Nadie puede obligarme y no se puede exigir… pero es imprescindible para poder aspirar a convertirte en la mejor versión del jugador y del equipo que puedas llegar a ser.

Trabajo cada semana con entrenadores y aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ‘ordeno y mando’ para conseguirlos. Saben que no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para alcanzar el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Lo saben bien.

Hay algunos que se atreverán a cambiar y otros que no. Los primeros seguirán adelante disfrutando de su pasión y, los segundos, poco a poco, se quedarán fuera. El cambio es inevitable. El fútbol sigue siendo parecido, pero los futbolistas son muy diferentes. Ya no se aceptan capataces ni sargentos de hierro, no es suficiente con entrenar deportistas, se necesitan, se exigen, Líderes inspiradores y al servicio de sus jugadores.

Quizá, en el mejor de los casos, a los primeros, todavía les alcanza para obtener su obediencia, por miedo a las consecuencias generalmente, pero ni de lejos les sirve para conseguir su Compromiso. Ese es un regalo personal de cada jugador y, si te lo hacen, es porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti, para seguirte hasta el infinito y más allá. Entonces, y solo entonces, suceden cosas extraordinarias…

Imanol Ibarrondo

Jardineros, escultores y sopladores de brasas…

7 octubre, 2013

Nueva imagen“Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre la fantasía de despertar”. (‘El principito’ de A.S. Exupéry).

Al igual que una pequeña bellota ya tiene dentro todo lo que necesita para convertirse en un roble extraordinario, así cada persona viene completa de serie y con todos los recursos que le harán falta para convertirse en la mejor versión de sí misma.

No pretendo que se lo crean, ni es una verdad incontestable (¿acaso existen?), tampoco lo puedo demostrar, no es por tanto dogma de fe, ni una doctrina que hay que seguir a pies juntillas. Tan solo es una creencia potenciadora que me ayuda a ver a las personas y equipos con los que trabajo, no solamente como lo que son a día de hoy, sino como lo que podrían llegar a ser si se atrevieran a serlo. Es simple, pero funciona. La esencia de cada uno nunca se pierde, está ahí, dormida, en el fondo de nuestro ser, esperando a que despertemos. A veces, tan solo necesitamos que alguien crea, de verdad, en nosotros/as, alguien que nos vea con ‘mirada bellotera’ para comenzar a florecer.

Desde esta creencia, reconozco mi desconfianza hacia aquellas escuelas o entrenadores que consideran que pueden crear el prototipo de deportista ideal para determinado puesto o equipo. Se muestran incapaces de ver más allá de lo que quieren ver, dedicándose a etiquetar a sus jugadores, limitándoles enormemente, poniendo el foco en lo que está mal, en lo que falta, en lo que no funciona o no se adapta a su troquel y se pierden tantas cosas…  Pierden de vista la esencia de lo que ya está dentro, por no tener la actitud de curiosidad genuina para descubrir cuál es el regalo que cada uno lleva en su interior y que está esperando ser desvelado.

Así como el jardinero sabe que no necesita meter nada dentro de la bellota, tan solo plantarla en un lugar fecundo, regarla, cortar algunas ramitas, tener paciencia y dar tiempo, el trabajo del entrenador no consiste en ‘meter’ sino en ‘sacar’ lo que ya es, descubrir qué es lo que le hace a cada uno único, diferente y especial, identificar y valorar la diversidad, reconocer su esencia, potenciarla y hacerla crecer, sin pretender transformarla en otra cosa, en lo que no es. Sembrar.

Trata a un deportista como lo que es y seguirá siendo lo que es. Trátale como puede llegar a ser y se convertirá en lo que puede llegar a ser”. W.A. Goethe (adaptado).

Creo honestamente que ningún entrenador puede hacer un jugador… pero sí que puede deshacerlo. El jugador que vaya a ser ya es, ya está dentro. La labor del entrenador/Líder se parece mucho a la del escultor. Cuando al gran Miguel Ángel le preguntaban cómo era capaz de crear tan magníficas obras, él se limitaba a responder que su trabajo únicamente consistía en desvelar lo que ya estaba ahí, oculto bajo la piedra. Una vez más, al servicio.

Las habilidades y actitudes para ‘sacar’, para desvelar lo que ya está dentro, lo que ya es, son notablemente diferentes a las que se utilizan para ‘meter’. Juanma Lillo escribió que “un deportista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Al coaching se le reconoce también como el ‘arte de soplar brasas’ (libro de Leonardo Wolk). No se me ocurre definición más adecuada para describir la responsabilidad fundamental de cualquier entrenador. Se necesitan entusiastas, inspiradores, personas que hagan creer a sus jugadores que pueden ser mejores de lo que están siendo. Necesitamos sopladores de brasas. Líderes al servicio de sus deportistas.

Su apasionante reto será despertar la semilla que está latente y deseando brotar dentro de cada uno de ellos/as. Escultores, jardineros, sopladores de brasas… cualquiera de estas imágenes vale para ilustrar la inestimable labor de alguien cuya función va mucho más allá de entrenar jugadores; se trata más bien de tener el coraje de brillar y ser luz para poder liderar a tus deportistas. De atreverte a mirar, tú también, hacia dentro, y maravillarte descubriendo qué es lo que hay en lo más profundo de tu bellota esperando despertar. Palabras mayores. ¿Te atreves?

Imanol Ibarrondo

“¡Queremos a Pou, ni Pep ni Mou!”

31 enero, 2012

Hace siete meses asistí en Anduva a un triste desenlace, tanto para Juan Carlos Pouso Lejonagoitia como para todo el Mirandés. Era un partido histórico para el ascenso a Segunda División. Tras lograr un esperanzador 0-1 en Guadalajara, ganaban también 1-0 al descanso. En la segunda parte empataron los alcarreños y, a un puñado de minutos para el final, un jugador local quedó tendido en el suelo tras una disputa. El balón salió de banda y él no sabía qué hacer: levantarse o no. Lo normal, lo habitual, lo comprensible, habría sido que se quedara ahí haciendo el paripé y robando unos segundos a un final que pintaba angustioso, pero era consciente de que esa actitud iba en contra de uno de los valores innegociables de su equipo y de su entrenador: el respeto. Tenía un conflicto.

La situación era confusa. El árbitro mirando de reojo, sin parar el juego pero sin ordenar el saque de banda… el masajista preparado para saltar al campo… algunos futbolistas del Mirandés que abandonan sus posiciones y se acercan para interesarse… el jugador que, en ese momento, resuelve sus dudas y decide levantarse… el árbitro que ordena sacar de banda… el contrario que lo hace a la espalda de una defensa descolocada…. penalti… gol… acaba el partido… final del sueño… desolación en Anduva.

Conversando con Pouso tras aquel inesperado desenlace, no escuché ningún comentario del tipo “hemos sido unos pardillos”, “no hemos sabido competir”, “nos ha faltado oficio”, “no sabemos jugar al otro fútbol” y demás excusas pueriles para justificar el azar del juego. No me sorprendió.

Al contrario. Él insiste. El miércoles pasado volví de nuevo a Anduva y pude presenciar cómo, en el descuento y ya con el 2-1 a favor, antes de que el Espanyol colgara al área la última falta del partido, alguien lanzó un balón al campo, a unos 20 metros del banquillo local. De inmediato, Carlos salió corriendo al césped, se disculpó con el jugador catalán más próximo, recogió la pelota y, sin perder un segundo, volvió a toda velocidad a su sitio pidiendo calma al público. En ese momento, me sentí muy orgulloso de ser su amigo, de su coherencia y de su valentía para vivir tan conectado a los valores auténticos del juego.

Así actúa Carlos Pouso y así se comportan sus equipos: respetuosos, nobles, intensos, humildes, valientes y muy conectados al juego, sin dar un respiro al rival, hasta el punto de dominar y eliminar con solvencia a tres rivales de Primera División, levantando la admiración y el reconocimiento de todo el planeta fútbol, no solo por sus victorias, sino por la manera de alcanzarlas. Carlos Pouso, como todos, quiere ganar, pero se diferencia de muchos en que renuncia a coger atajos para hacerlo.

Si tuviera que elegir una virtud suya, destacaría su liderazgo inspirador, entendido en su forma más genuina y auténtica. Su gran capacidad para seducir, su disposición para ayudar, para escuchar, para querer a sus jugadores, para creer en ellos, para identificar y satisfacer sus necesidades (que no sus deseos), para exigirles al máximo y hacerles crecer hasta superar sus límites. Su humildad para hacer sentir importante a todo aquel que trabaja junto a él, su obsesión por mejorar a cada jugador que pasa por sus manos, su identificación total con cada club en el que trabaja… En definitiva, su gran generosidad para estar al servicio de los demás, hace que todos le quieran, que crean en él y que le sigan hasta el final. Parece la mejor versión del flautista de Anduvin, si se me permite la expresión.

Ejerce su liderazgo con tanto arte, lo hace con tanta naturalidad y sencillez, que quienes trabajan en un club bajo su ámbito de influencia deciden voluntariamente comprometerse con él al 100%. Él sabe bien que puede obligar a alguien a obedecer, pero no a comprometerse. Es un generador de ilusión y confianza. Con su coherencia, ejemplo y exquisita sensibilidad (por ejemplo, acordándose de los que ya no están en el momento del éxito) y, por supuesto, su conocimiento profundo y apasionado del fútbol y de los futbolistas, consigue que sus seguidores le ofrezcan con gusto el mejor regalo que cada uno de ellos puede hacer: su compromiso incondicional con una idea grande de juego y con unos valores compartidos para llevarla adelante.

Conversador infatigable, ingenioso y muy divertido, experto en crear y cuidar relaciones de alta calidad, con una lealtad a prueba de bombas y tan exigente en el cumplimiento de las tareas como exquisito en el respeto a las personas, entiende el ejercicio de su profesión como un privilegio del que disfruta intensamente y desea compartirlo. En una de las muchas entrevistas que ha atendido últimamente ofrecía esta respuesta: “Mi mayor felicidad es poder hacer felices a los demás… aunque solo sea un poco”. Quizá también, por cosas así, hoy vuelva a escucharse este grito de guerra en Anduva: Queremos a Pou. Ni Pep ni Mou. Carlos Pouso, un grande, perdido en el fútbol pequeño.

Ahora que, por fin, el endogámico mundo del fútbol de alta competición, como pomposamente les gusta diferenciarse a algunos (cuando la realidad es que el fútbol y los futbolistas son exactamente iguales en todas las categorías), ha descubierto a este entrenador de primer nivel, se escuchan opiniones sobre las virtudes que adornan al técnico de moda (sé que le molesta, pero es lo que toca… ¡y ya era hora!).

Hay algún comentario que me ha llamado la atención y que merece una reflexión: “Su mayor virtud es que ficha jugadores comprometidos”, dijo de él un colega. De tal afirmación podría deducirse que el compromiso y la implicación de las personas vienen de serie. Qué bueno y qué fácil sería eso. ¿Se imaginan que, en sus entrevistas de trabajo, les preguntasen: ‘Es usted comprometido?’ o ‘¿Llegará usted motivado de casa todos los días?’. Sí, claro, por supuesto.

Desgraciadamente, no funciona así. Quizá ahí radique, precisamente, el talento diferencial de un gran entrenador. De hecho, quien consigue este nivel de conexión y compromiso de sus jugadores adquiere el rango y la responsabilidad de ser el líder del grupo. Son los demás quienes le identifican como tal, porque esa distinción no viene con el cargo de entrenador y, para hacerse merecedor de semejante reconocimiento, hace falta mucho coraje y humildad verdadera, así como una vocación de servicio ejemplar.

Carlos tiene de todo eso. Le conozco desde antes de que fuera entrenador… Corrijo, entrenador ha sido siempre.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 31 de enero de 2012

0,7 solidario (y II)

23 agosto, 2011

Desde la perspectiva de haber participado directamente en la mesa de negociación de los tres últimos convenios colectivos AFE/LFP, me aventuro a dar una opinión sobre el posible final del conflicto.

Dos son las razones por las que considero que los clubes van a moverse muy poco de su propuesta inicial (10 MM euros anuales para el fondo concursal) que han ofrecido a la AFE. La primera es que no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los Bancos ya ni les abren la puerta) y la segunda es que, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando además gravemente la competición

El caso del Athletic con la venta de Aduriz es significativo. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto,, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaíno en beneficio de su nuevo club y por último, el Mallorca vende a un tercero al jugador cobrando una cantidad mayor que la que había ‘pagado’ al Athletic. Un ejemplo claro, dentro de los muchos que se están sucediendo, del nefasto impacto que está teniendo la ley concursal aplicada al fútbol.

Para desbloquear el conflicto se trabaja contrarreloj en dos direcciones. Por una parte, resolver la cuestión estructural referente a la lamentable gestión de las sociedades anónimas deportivas. La reforma de la ley concursal que posiblemente será aprobada en el senado el mes que viene, reconducirá la situación  al escenario anterior que ya había demostrado sobradamente su probada eficacia (si no pagas, desciendes). Además, la aplicación del ‘fair play’ financiero de los clubes (control presupuestario para gastar menos de lo ingresado), una medida que ya aplica con éxito la UEFA y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años, serán los dos pilares que comenzarán a poner un poco de cordura en semejante desatino.

Pero aún así, quedará sin resolver el problema de los 50 MM de euros que se adeuda a 200 futbolistas. Esa es la verdadera patata caliente de la negociación.  Esa y que el presidente del sindicato pretende que la Liga le subvencione los gastos de la asociación (otros 10 MM de euros cada 4 años). Vamos, que les pague el sueldo a él y a todos sus directivos.

Mi propuesta es que sean los propios futbolistas quienes tomen las riendas de esta cuestión y resuelvan la situación. Se trataría de una medida excepcional que afectaría únicamente a la vigencia de este Convenio, pero la situación creada también lo es.

La creación de un ‘Fondo Solidario’ entre los propios futbolistas sería una respuesta realmente comprometida, mucho más que sacarse una foto para la convocatoria de huelga. Los que no tienen problemas y cobran al día necesitan de los demás para poder seguir jugando y seguir cobrando. Crear un Fondo con el 0.7% de los contratos de cada futbolista y con el 0.7 del  importe de cada traspaso, más los 10 MM que pone la Liga como fondo concursal, supondría acumular en 4 años una cantidad cercana a los 50 MM de euros para atender a las reclamaciones pendientes de todos los colegas perjudicados.

De hecho, no sería una medida tan excepcional. Cada integrante de la primera plantilla del FC Barcelona ya cede el 0.5% de su contrato a la asociación de ex jugadores blaugrana que trabaja para ayudar a los ex futbolistas más desfavorecidos. Este ‘Fondo Solidario’ no sería por tanto una novedad, pero sí que sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario y egoísta. Haría falta un Liderazgo potente y auténtico en la AFE para atreverse a plantear una propuesta de este tipo. Rubiales, sólo para tus ojos…

Imanol Ibarrondo

Hau bai da gure estiloa!

7 julio, 2011

Tengo una fe ciega en que la influencia y el liderazgo auténtico de Marcelo Bielsa en esta plantilla les hará progresar y crecer, individual y colectivamente, hasta el punto de poder aspirar a convertir al Athletic, de nuevo, en un equipo campeón. Me emociona poder asistir a esta transformación. Viendo competir a Chile en el pasado Mundial, pienso en todo lo que este gran comunicador y motivador será capaz de conseguir entrenando cada día con una plantilla joven, talentosa y esforzada como la nuestra. Su gran dedicación y su estilo de trabajo intenso, sistemático y comprometido serán, además, una referencia ineludible para todos los formadores de Lezama. Valores tan nuestros como el respeto, la nobleza, la valentía, la firmeza y la ambición, que sus equipos viven con intensidad en el campo, volverán a ser ejemplo para todos los cachorros de Lezama. Su impacto dejará un gran legado que servirá como modelo para los tiempos venideros. Será una mezcla fabulosa. Es, sin duda, una gran apuesta.

Otro valor diferencial de la candidatura de Josu Urrutia es su proyecto de cantera poniendo el acento en una cuestión básica y fundamental: la formación continua de los técnicos de Lezama y el diseño de una visión compartida e integradora de personas, ideas y proyectos. Si hemos decidido ser el único equipo del mundo que vive de su cantera, parece razonable pensar que debemos ser el mejor club del mundo trabajando la misma. Este ambicioso objetivo requiere disponer de los mejores formadores y de los especialistas más cualificados, algo que va mucho más allá que contratar exfutbolistas de gran trayectoria y reconocido prestigio. Necesitamos técnicos vocacionales y apasionados por el desarrollo y crecimiento de los jóvenes talentos. Para ello, es imprescindible invertir en su formación continua, en su crecimiento y su mejora, abriendo Lezama además al intercambio de ideas, métodos, estilos formativos y entrenadores que nos impulsen de nuevo a estar en vanguardia. Al lugar que nos corresponde. Salir del búnker de la mediocridad, la complacencia y el conformismo y entrar de lleno en el mundo de la innovación. Contar con las personas y apostar de verdad por ellas invirtiendo en su desarrollo. No se me ocurre mejor estrategia para garantizar nuestro futuro.

Este mensaje, como tantos otros, carece de sentido en boca de García Macua. Su errático devenir en Lezama invalida totalmente esta pretensión. Conviene recordar que comenzó con un responsable que dimitió a los pocos días, continuó con otros dos señores que fueron despedidos dos años después, junto a la dimisión de su vicepresidente. Después negoció con José Mari Amorrortu, que rechazó su ofrecimiento, y finalizó su travesía del desierto con el nombramiento de dos personas entrañables que le han ofrecido con creces su agradecimiento, demostrando, cuando menos, una notable, sorprendente y decepcionante falta de ética. Hace cuatro años, Macua fusiló públicamente a Julen Guerrero por algo parecido. Una incoherencia más.

La inversión del Athletic en formación durante todo su mandato ha sido exactamente de cero euros. Los técnicos que han querido formarse en cualquier disciplina se lo han pagado de su bolsillo. Dime en qué te gastas la tela y te diré qué es importante para ti. Conclusión: la formación no es relevante y los técnicos, tampoco. La prueba del algodón del respeto que le merecen es que no ha tenido ningún reparo en mandarles a todos al paro por su caprichosa convocatoria electoral.

Respecto a la palabra de moda, la “gestión”, el Athletic ha estado históricamente presidido por personas sensatas, discretas y serias. Gentes de Bilbao, formales y con fundamento. Así como no se le puede acusar de mala gestión a Macua por vender a Aduriz y no cobrar, tampoco debería tirar las campanas al vuelo por su contrato de televisión. De hecho, hace cuatro años, su predecesor en el cargo ya consiguió duplicar también los ingresos en este apartado, sin tanto altavoz mediático. Sin conocer las cuentas al detalle, parece una gestión correcta. Sin alharacas. La candidatura de Urrutia está sobradamente capacitada para atender este apartado con el máximo de rigor y seriedad. Sin más. No hagamos algo extraordinario de lo que debiera ser normal.

Por último, quiero hacer alusión al estilo Athletic, algo que me enorgullece y me hace sentirme muy conectado a mi club. Nada mejor que lo sucedido durante estas elecciones para clarificar lo que representa este concepto. En mi opinión, el estilo Athletic es exactamente el comportamiento que ha definido a Urrutia durante estos 40 días. Admiro su humildad para anteponer los intereses del Club a los suyos propios, su templanza para soportar con elegancia las descalificaciones, provocaciones, medias verdades, infundios, manipulaciones y mentiras innobles que se han sucedido, así como la valentía y coherencia que ha demostrado para atreverse a ser quien realmente es. No tenemos muchos dirigentes así… y no solo en el fútbol. Personas con principios y firmes convicciones que no están dispuestas a ganar de cualquier manera. Que entiendan que, como en el campo, tampoco en la vida vale todo para alcanzar la victoria. Que respetan, de verdad, con acciones y hechos concretos, nuestros valores auténticos. Josu es honesto e íntegro y, además, lo parece. No viene a servirse, sino a servir al Athletic. Tenemos el privilegio de poder elegir un presidente así. Si realmente somos diferentes, no deberíamos dejar para pasar tan magnífica oportunidad para comenzar a creer y a crear un futuro posible a la altura de nuestra historia y tradición. Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 7 de julio de 2011

El buen gestor

4 junio, 2011

Gestión o liderazgo; esa es la cuestión. El segundo abarca, sin duda, mucho más que el primero, requiriendo además otras competencias, capacidades y habilidades superiores a las exigibles a un gestor. Se gestionan recursos, pero se lideran personas. El gestor se centra en la tarea, en el logro, pero el líder cuida también las relaciones y se pone al servicio de los demás creando y compartiendo una visión inspiradora e integradora, conectada con los valores esenciales del Club e ilusionante para todos los que formamos parte del Athletic. García Macua se refiere con insistencia a su gestión. No me corresponde rascar ahí pero, básicamente, estoy de acuerdo. Pero, ¿es eso suficiente para el Athletic? Un buen Líder será capaz de rodearse de personas competentes para gestionar adecuadamente, pero quien únicamente gestiona, perderá perspectiva para liderar con sentido.

Liderar implica también humildad para ponerse al servicio de los intereses y necesidades legítimas del Club, no poner el Club al servicio de tus intereses, aunque sean legítimos. Humildad no es hacerse de menos, sino pensar más en los demás. En mi opinión, convocar elecciones para el 7 de julio es una muestra de una decisión tomada estratégicamente en beneficio propio y claramente perjudicial para el Athletic, no solamente por la dificultad de encontrar entrenador para el primer equipo, sino también por la incertidumbre innecesaria que genera a todos los profesionales que trabajan en Lezama.

A pesar de sus éxitos deportivos y económicos, Macua parece muy consciente de sus dificultades para generar la suficiente adhesión, apego, compromiso y confianza entre la masa social del Club. De lo contrario, no se entiende su ferviente actividad y su necesidad casi patológica de protagonismo renovando a diestro y siniestro, poniendo piedras, dando conferencias, firmando contratos y saliendo en todas las fotos. No sé si se han percatado, pero en las últimas cuatro o cinco renovaciones de jugadores las únicas imágenes publicadas (que han sido las únicas disponibles) son posando con el presidente. El Club, a su servicio, se ha encargado de que así sea. Metafóricamente, identifico tan frenética actividad como gritos desesperados reclamando atención y reconocimiento. Sus resultados hablan alto, así que él podría hablar más bajo.

El hecho es que, si existe otra candidatura ofertando algo distinto, será porque las personas que la integran habrán detectado que más socios comparten la creencia de que debemos volver a recuperar nuestra identidad, aquella en la que todos los aficionados del Athletic nos sentimos representados y que va mucho más allá de los resultados, les guste o no a Macua y Caparrós. Estoy de acuerdo en que nadie es depositario en exclusiva de la esencia del Club, pero yo me identifico mucho con los comportamientos, actitudes, declaraciones y manera de vivir y entender el Athletic de Josu Urrutia. Desde siempre. Tengo la ilusión de volver a reconocer valores que estoy echando de menos últimamente en el terreno de juego y también fuera del mismo. Estoy deseando poder conectar de nuevo con un equipo noble, valiente, honesto, respetuoso y ambicioso. Son mucho más que palabras resonantes. Es lo que siempre hemos sido y que cada vez me está costando más reconocer. Un Club y un equipo comprometidos de verdad con esta forma de entender el juego y la competición. Hace falta creer de verdad que esto es posible para poder crearlo después. Eso requiere un Liderazgo auténtico al servicio del Athletic, además de, por supuesto, una buena gestión.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 4 de junio de 2011

Último capítulo

15 mayo, 2011

Me gusta leer y me gusta el fútbol. Disfrutar de un buen libro es como ver un buen partido. No me imagino una novela sin argumento, ni me emociona un partido sin fundamento. El fútbol, como las novelas, es ficción. Ambos son espacios creados para la evasión, la emoción, la diversión y para desconectar de los problemas cotidianos de cada uno. Reducir el juego a una clasificación final es como valorar un libro solamente por su último capítulo.

El Athletic es, para muchos vizcainos, lo más importante de lo no importante. No es poca cosa. Soy del Athletic por mucho más que sus resultados y lo seguiré siendo juegue como juegue. Eso no lo puedo evitar (ni siquiera creo que sea una elección), pero les confieso que, el pasado sábado, me salté un capítulo del libro. Hacía una tarde primaveral y, ante una mínima dificultad logística fácilmente superable, decidí no ir a San Mamés y enterarme de los goles por los cohetes que lanza el batzoki de mi pueblo. Reconozco que, semanas antes, cometí el mismo pecado renunciando a ver por televisión el partido contra el Zaragoza. El motivo fue el mismo en ambos casos: aburrimiento y falta de ilusión.

Las emociones son altamente contagiosas y eso es precisamente lo que me transmiten los protagonistas del espectáculo. Lo que yo percibo de su actitud y comportamiento es que están agotados mentalmente, y si a ellos les cuesta jugar, a mí me cuesta mirar. Si ellos sufren jugando, yo también viéndoles jugar. Si ellos no creen que son capaces de hacerlo mejor, yo tampoco lo creo. Si ellos están deseando que acabe la temporada, lo mismo me pasa a mí. Si ellos no disfrutan con el balón (lo tienen muy poco) ni sin él, pues ya me dirán qué nos queda a los demás.

Ahora mismo, a pesar de su privilegiada situación clasificatoria, la impresión que tengo es que no hay nada ni nadie que tire de estos jugadores y del equipo. Ni hay una idea potente en la que creer, ni un estilo de juego reconocible por el que apostar con alegría y determinación, ni tampoco existe un liderazgo auténtico que impulse al grupo y con el que merezca la pena comprometerse. Si acaso, se obedece al entrenador. Esa es realmente la gran suerte que tiene Caparrós: la nobleza, la profesionalidad y la bondad de esta plantilla. Le costará encontrar algo parecido en los demás equipos repletos de jugadores elegidos, como él dice habitualmente.

Antes, me daba corte dejar un libro sin acabar. Me decía: “Voy a darle otra oportunidad… Quizá en el próximo capítulo me enganche…“. Me sentía en la obligación de llegar hasta el final, aunque hacerlo me costara un esfuerzo. Ahora no: si una novela no me gusta, la dejo. Sin más. Con el fútbol me sucede algo parecido, pero como no puedo abdicar del Athletic, lo comparto con ustedes. Quizá esta novela haya tenido momentos emocionantes (pocos) y algún personaje interesante pero, en general, ha sido monótona, aburrida, pesada, previsible y sin gancho. Demasiados capítulos como aquellas novelas antiguas en las que ya se sabía, casi desde el inicio, que el asesino era el mayordomo.

Nadie entendería empezar un libro por el último capítulo para saber el final. Sería perderse todo lo importante. Renunciar a lo que realmente aporta valor y le da sentido. Lo bueno de una novela es que te enganche y te conecte a tope con la trama y los personajes, que estés deseando llegar a casa para robar una horita de lectura, que pienses en ella, que te dé un motivo para estar contento, que te saque una sonrisa, que te emocione, que te ilusione o que te haga sentir bien. Puedo imaginarme una novela sin un gran final, pero no concibo una sin todo lo anterior. Lo mismo me pasa con el fútbol.

Puedo entender una temporada sin premio, pero lo que me cuesta horrores admitir es ver a un equipo talentoso renunciar a ser lo que podría ser, sencillamente porque se han tragado el cuento de que lo único que vale y se recuerda es la clasificación final. Ese es el mantra de los entrenadores, pero no es toda la verdad. La historia del deporte está repleta de hazañas de equipos y deportistas que no ganaron, pero que se atrevieron a intentarlo y su audacia les mantiene vivos en el recuerdo. En cambio, nadie se acuerda de aquellos que ganaron sin grandeza, sacrificándolo todo por el resultado. Esos no dejan huella en la memoria, ni mucho menos en los corazones. Perdimos la final de Copa pero nunca olvidaremos aquel partido y, sí, jugaremos en Europa, pero nadie guardará un gran recuerdo de esta temporada… ni siquiera sus protagonistas.

A pesar de todo, espero con ilusión la nueva novela de la próxima temporada. Quizá sea más alegre, más creativa, más imaginativa, más valiente, más fresca, más atrevida y más consciente de las posibilidades y talentos reales que ofrece el elenco de protagonistas. Las circunstancias y la situación actual y futura del fútbol soplan a favor, para que el Athletic pueda aspirar a publicar próximamente un auténtico best seller. Aunque, para ello, sería fundamental que tanto al autor como el editor creyeran de verdad que este reto es posible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 15 de mayo de 2011

Lideras o entrenas

22 abril, 2011

El míster del Athletic, Joaquín Caparrós, parece enfadado. Es lo que percibo escuchando sus ruedas de prensa. Sus respuestas son agresivas, cortantes y hasta maleducadas en ocasiones. Su lenguaje no verbal refleja tensión, irritabilidad e incomodidad. Interrumpe las preguntas de los periodistas cuando no le gustan, no mira a nadie cuando habla, cabecea, se gira, deja muchas respuestas incompletas y aparece inquieto y nervioso, mostrándose especialmente arisco cuando le preguntan sobre fútbol, algo que me llama poderosamente la atención.

No sé a ustedes pero a mí me encanta hablar de lo que me apasiona, de los proyectos en los que me involucro o de las ideas en las que creo. Cuando se me da la oportunidad, aprovecho para declararlas, compartirlas y expresarlas. Me encanta y agradezco que alguien esté dispuesto a escuchar lo que quiero decir. Cuanto más hablo de ello, más real se vuelve, más detalles le pongo y más posible me parece.

Para un entrenador, debiera ser un privilegio disponer del altavoz mediático para trasladar su idea del fútbol, compartir su propósito o difundir su visión del equipo, pudiendo extenderla y enriquecerla, consiguiendo adeptos y apoyos para hacerla cada día más grande y más visible. Claro que, para poder hacerlo, hay que creer realmente que en el fútbol puede haber algo más en juego que los tres puntos. Algo relacionado con el disfrute y la emoción, también durante el proceso y no solo dependiente del resultado.

Quizá me equivoco y no está enfadado, sino tan solo preocupado porque ya están ahí los exámenes finales y sabe, aunque no lo diga, que el equipo no está jugando bien. Quizá está cansado de que no se le reconozcan suficientemente sus méritos. Puede que esté molesto porque la gente ponga el foco en cuestiones menores como la escasa calidad del juego, en lugar de fijarse en lo único importante: ¡vamos quintos! En definitiva, igual se siente frustrado porque no todos compartan su teoría de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que no es fácil ser entrenador en la actualidad.

Yo trabajo cada semana con entrenadores. Aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ordeno y mando para conseguir resultados. Saben que ya no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para conseguir el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Quizá, en el mejor de los casos, alcanza para obtener la obediencia de tus jugadores, pero ni de lejos llega para conseguir su compromiso. El compromiso es una decisión personal de cada jugador. Es un regalo que te hacen porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti y seguirte hasta el infinito y más allá. El compromiso de todos tus jugadores es imprescindible para alcanzar resultados extraordinarios.

Para conseguirlo, el entrenador debe estar dispuesto a arriesgar, a mostrarse abierto, disponible y vulnerable. A dejar su discurso racional a un lado y a conectar con fuerza con sus jugadores. Se trata de una conexión emocional. El reto está en tener la capacidad de manejar grupos, emociones y estados de ánimo. En liderar personas, no solamente en entrenar futbolistas. No es fácil esto. Hace falta un gran nivel de autoconocimiento, de seguridad y de confianza para actuar de esta manera. Necesitan aprender y desarrollar nuevas habilidades y competencias que exceden en mucho a los conocimientos técnico/táctico/físicos. De hecho, supongo que por eso hay tantos entrenadores y tan pocos líderes.

La semana pasada tuve el privilegio de compartir 90 minutos de conversación mano a mano con Valero Rivera, durante 20 años entrenador del equipo de balonmano del Barcelona y con más títulos que Mourinho. En la actualidad, Valero es seleccionador español de balonmano. Debatimos sobrela figura delentrenador y la importancia de su liderazgo, algo clave en su opinión. Al finalizar, le pedí si podía resumirme en una sola frase, en base a su amplia y exitosa experiencia, lo que para él significa liderazgo en un entrenador. Lo pensó un poco y respondió; “capacidad de influencia positiva y coherencia. No mentir nunca”. La verdad es que, dicho así, parece sencillo. Si tu equipo ha jugado horrible, aunque haya ganado, tan solo debes reconocerlo, aceptarlo y seguir hacia delante. Quizá mañana, contra los vecinos, igual hay suertecilla y la cosa sale mejor. Y no te enfades. ¡Que vamos quintos!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 22 de abril de 2011

Mou Vader

9 abril, 2011

Hoy llega el Madrid a Bilbao para disputar uno de los tres clásicos de la Liga. Duelo importante para el Athletic, no tanto para los blancos, que ya entregaron la cuchara de la Liga el pasado domingo perdiendo en casa contra los de Manolo Preciado (¡qué grande es el fútbol!). No conozco a Mourinho, pero el personaje que interpreta públicamente me recuerda al protagonista de una mítica película que da título al artículo.

Hace mucho tiempo, en una galaxia futbolística no muy lejana, un grupo de románticos caballeros Jedi comenzó a desarrollar en su planeta un estilo futbolístico basado en el buen trato del balón, en el juego armonioso y en una vocación ofensiva sin límites. Con el tiempo, la influencia y la visión del gran maestro Jedi, Yodan Cruyff, y otros que trabajaron bajo su tutela, esta reconocible y admirable forma de entender el juego comenzó a consolidarse, obteniendo victorias y éxitos en todas las competiciones, locales e interplanetarias.

El estilo Jedi no se limita tan solo al ámbito futbolístico, sino que se rige también por unos códigos de conducta basados en la humildad, el respeto a las normas y a los contrarios, la búsqueda de la excelencia, una identidad reconocible y unos valores innegociables, tanto dentro como fuera del césped, lo que hace aún más atractiva la propuesta futbolística de los rebeldes catalanes.

Frente a ellos, el imperio galáctico del antiguamente conocido como Senador Florentine, que tras diversas y cuestionadas operaciones político-económicas sobrevino en el Emperador Florentine, un “ser superior” a juicio de sus acólitos. A base de talonario y enormes desembolsos, el Emperador consiguió atraer hacia su nuevo imperio a destacados miembros de la Orden del Balón de Oro, autoproclamados galácticos, llamados para intentar arrasar en todas las competiciones; lo consiguió a medias durante un tiempo, el que necesitaron los Jedi para terminar de elaborar su proyecto y comenzar a discutir la hegemonía del imperio blanco.

En aquel tiempo, en el planeta rebelde, se había formado también un joven aprendiz de Jedi que, a decir del Consejo de Sabios, poseía en su interior la mayor expresión de la Fuerza vista hasta entonces (además de hablar varios idiomas galácticos). La Fuerza es lo que da sentido al universo Jedi, un talento natural que, si sucumbe a las tentaciones más terrenales y no es capaz de controlar instintos como la ira, la soberbia, el egoísmo, la arrogancia o la falta de respeto, puede convertir al potencial caballero Jedi en un caballero Sith, defensor del lado oscuro. Así fue como Mourinho, prometedor Jedi, se convirtió finalmente en Mou Vader, implacable brazo ejecutor del Emperador Florentine.

Mourinho se enfrentó constantemente a sus maestros porque consideraba que estaba preparado de sobra para afrontar misiones más importantes, mientras que los sabios Jedi querían formarle poco a poco ya que anticipaban el peligro del lado oscuro que rondaba sobre el orgulloso aprendiz. Su salida del Barcelona sin haber tenido oportunidad de demostrar su capacidad e indudable talento, provocó su resentimiento hacia el Club blaugrana y su filosofía, empujándole a liderar un estilo totalmente opuesto, tanto en lo futbolístico como en lo personal que, finalmente, le arrastró al lado oscuro de la Fuerza.

Mientras tanto, cegado por su obsesión de acabar con la rebelión protagonizada por los amantes del buen fútbol y las formas exquisitas, quienes habían encontrado en su nuevo líder, el maestro Obi Pep Kenobi, y en su discípulo más aventajado, Leo Skywalker, los pilares sobre los que acumular todo tipo de éxitos y reconocimientos interplanetarios, Florentine vendió su alma a Mou Vader, doblegando todo su Imperio a los caprichos del caballero del lado oscuro. La factura a pagar todavía se desconoce. De momento, sufren recibimientos hostiles en la mayoría de los estadios que visitan, reconocen ya haber perdido la Liga y llevan en el zurrón un 5-0 que escuece lo suyo.

Creo que, en el fondo de su alma, lo que realmente desea y envidia Mou Vader es ser como Obi Pep Kenobi. Volver al camino Jedi. De hecho, en esencia, debe serlo, porque el vínculo casi sanguíneo, la admiración, los resultados, el rendimiento y la adhesión inquebrantable que consigue de sus jugadores son imposibles de alcanzar sin ser un Líder realmente auténtico.

Quizá algún día Mou Vader, como en la peli, consiga salir del lado oscuro de la Fuerza, quitándose esa amenazante máscara que le protege, y pueda convertirse por fin en un maestro y caballero Jedi. Que la Fuerza nos acompañe a todos esta tarde, sobre todo al Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 9 de abril de 2011

Zergatarako?

3 abril, 2011

Buenas noticias. El corazón rojiblanco está palpitante. Cuando parecía que la complacencia y la conformidad amenazaban con acomodarse peligrosamente en el entorno del Club, comienzan a surgir voces discrepantes que opinan que es el momento idóneo para plantear nuevas alternativas y propuestas de renovación e impulso al proyecto Athletic. Tiene pinta de que habrá elecciones.

Excelente oportunidad para contrastar ideas, proyectos, personas, equipos, propósitos y, sobre todo, visiones de futuro. Parece que no será suficiente con proponer una gestión continuista para ocupar el sillón de Ibaigane. Toca re-inventarse.

Si finalmente Josu Urrutia decidiera presentarse, sin duda sería un rival temible para el actual presidente y para el resto de candidatos, si los hubiera. Conozco a Josu desde los 10 años. Durante cinco, viajamos juntos en autobús desde la parada de San Pedro de Deusto hasta la fábrica de futbolistas. Compartimos asiento, bocadillo, equipo y sueños. Por aquel tiempo, en cada entrenamiento, quedaba muy claro que él era diferente. Tuvo que trabajar mucho, sobre todo físicamente, para hacer valer esa diferencia pero, gracias a su constancia, disciplina y pasión por el fútbol, consiguió completar una trayectoria de rojiblanco al alcance solamente de los elegidos. No descubro nada si afirmo que, ya por entonces, era sensato, sencillo, discreto, humilde, comprometido, técnicamente incomparable y más del Athletic que el escudo. Y así continuó hasta el final de su carrera. Sencillamente ejemplar… pero, si a García Macua no le será suficiente con lo que ha hecho para renovar su mandato, a Josu tampoco le bastará con lo que ha sido para alcanzar su propósito. Lo cual, en sí mismo, es también una excelente noticia.

Ambos necesitarán algo más para ganarse la confianza de los socios. El bagaje de cada uno será sin duda un buen aval que servirá de condición necesaria pero no suficiente para ser presidente. Más relevante que el porqué me presento debiera ser el para qué lo hago. ¿Qué es lo que quiero cambiar? ¿Qué legado me gustaría dejar? ¿Cuál es mi visión potente para el Athletic del próximo cuatrienio? ¿Se trata tan solo de un futuro predecible o me comprometo a crear un futuro posible? ¿Quiero diseñar un futuro deseado o me vale con un poco más de lo mismo? Mi hija pequeña resume estas dudas existenciales con la simplicidad propia de sus cuatro años en la palabra que da título al artículo: Zergatarako? (zergatik eta zertarako), una mezcla de razones y deseos, de motivos e ilusiones, de realidades y sueños.

Decía Platón que se conoce más a un hombre en una hora de juego que en un año de conversación. Siendo esto así, hay un aspecto del juego de Josu que tengo gran curiosidad e interés por reconocer en su nueva condición de (posible) candidato. Se trata de su Visión. En categorías inferiores, su visión de juego era, sencillamente, proverbial. Seguramente, en Lezama no se recordará (el mítico Manolo Delgado es testigo) ningún jugador con una conducción más elegante que la suya. De hecho, creo que no se sabe si alguna vez miró al balón; siempre la cabeza levantada, parecía un periscopio con visión panorámica del campo y de los rivales, buscando el pase perfecto y al compañero en mejor posición. Su Visión le permitía ver casi el final de cada jugada desde su primer pase. Para que se hagan una idea, no tenía entonces nada que envidiar al mejor jugador del mundo en esa función, Xavi Hernández.

Aplicar ese talento suyo natural para crear una visión potente del Athletic, diseñar el futuro (como si fuera una jugada) y declararlo posible, ya sería una gran contribución para este proceso electoral.
Pero, por encima de su Visión y de su profundo conocimiento del fútbol y del Athletic, lo mejor que podría aportar Josu al Club es su calidad humana, una persona que vive con intensidad los valores auténticos del Athletic. Esta cualidad podría parecer poca cosa para dirigirlo, pero convendrán conmigo en que, tal y como está el patio, con la cantidad de jeques, indios, aventureros, imputados y personajes de toda índole y condición que abundan en el escenario futbolero, poder confiar en alguien que no llega al fútbol para alcanzar poder, notoriedad o para hacer negocios, es muy tranquilizador. Es gratificante poder contar con una persona que, sin ninguna necesidad de demostrar nada a nadie, pone en juego lo mejor que tiene, su prestigio. Sin duda, es digno de alabanza asumir el reto de bajar a la arena desde el pedestal del santoral bilbaino para disputar unas elecciones.

A la espera de conocer su decisión final, leo que García Macua apoyará su candidatura en los dos pilares en los que se considera más experto que su posible adversario, su exitosa gestión económica y su Liderazgo. No sé yo. Depende de cómo se interprete. A bote pronto podría decirse que vender barato (sin cobrar) y comprar caro (hasta 11 millones según el Zaragoza) no representa precisamente el paradigma de la buena gestión. Y, respecto al Liderazgo, si un Líder es aquel que tiene seguidores, conviene recordar que al presidente le ha abandonado hasta el 50% de su Junta, así es que, si acaso, líder a medias.

Sí le reconozco en cambio su serenidad en los momentos difíciles, su capacidad para mantener un criterio con firmeza en las negociaciones y su habilidad en la interlocución con las Instituciones. De momento, pasará a la historia como el presidente que devolvió la estabilidad al Club tras un período negro de serios apuros y dificultades. No es poca cosa y es digno de agradecimiento. Cuatro años después, a muchos todavía les dura el miedo en el cuerpo y la prueba es lo poco con lo que nos conformamos, pero seguir apelando al miedo para dar valor a tu gestión me parece una estrategia equivocada. Recordar permanentemente la historia más reciente es un argumento muy limitante para poder crear un futuro ilusionante.

Personalmente, en este momento, me desilusionaría un presidente cuya virtud más destacada fuese ser un buen gestor. Con el debido respeto, no hace falta ser Premio Nobel de economía para llevar las cuentas del Athletic. Teniendo en cuenta que entre el 70% y 80% del presupuesto se va en sueldos de jugadores y cuerpo técnico del primer equipo, el resto son habas contadas, incluida la generación de ingresos. En cualquier caso y, teniendo en cuenta el proyecto de construcción y financiación del nuevo San Mamés, doy por hecho que cualquier candidato que se presente sabrá rodearse de un elenco de profesionales con la suficiente experiencia, capacidad y competencia para gestionar adecuadamente el patrimonio del Club.

Si pudiera elegir, preferiría un presidente que no se conformase con un poco más de lo mismo, que fuese valiente y ambicioso. Un inspirador. Alguien que nos hiciera creer que podemos ser mejores de lo que estamos siendo y que fuese capaz de construir una Visión de futuro esperanzadora para retener el talento y sacar el máximo rendimiento a la generación de futbolistas con mayor potencial que ha tenido el Athletic en muchos años.

Desearía que Josu se sintiera impulsado más que empujado a tomar la decisión de presentar su candidatura. Si le están empujando podría ser que realmente no lo deseara y se sintiera obligado, mientras que sentirse impulsado, implica apoyo, ayuda y confianza para lanzarte a cumplir un sueño. En cualquier caso, sé que, tras su periodo de reflexión, tomará la mejor decisión para que la jugada nazca en buenas condiciones, como siempre hizo en el verde.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 3 de abril de 2011