Archive for the ‘Miedo’ Category

Determinator

16 septiembre, 2010

Sé que son muchas las cualidades que adornan la figura de Rafa Nadal; humildad, coraje, esfuerzo, sacrificio, ambición, sencillez, respeto y  demás calificativos son cualidades perfectamente reconocibles en el tenista manacorí. Todas ellas son fundamentales, pero hay una que me llama poderosamente la atención y que, en mi opinión, marca la diferencia en los momentos decisivos de los partidos importantes. Es su enorme determinación para ganar.

Es ahí, cuando al resto de los mortales se les encoge el brazo por miedo a fallar, cuando surge con fuerza ‘determinator’. La noche del domingo, viendo la final del USA Open, pude comprobar de nuevo cómo su figura se agranda en esas jugadas claves, apreciándose con nitidez su enorme deseo de ganar. Es precisamente en ese momento cuando se saca aun ‘ace’ ganador o mete un pelotazo desde el fondo de la pista que deja sin respuesta a su oponente. Ahí es cuando él, a diferencia de la mayoría, arriesga, se crece y supera sus límites, una y otra vez.

¿De dónde saca esa determinación para ganar? ¿De dónde viene ese valor para arriesgar?  ¿Por qué los deportistas tienen miedo a ganar? ¿Qué es la presión? ¿Por qué se falla tantas veces el golpe decisivo, el tiro libre del último segundo o el penalty de la victoria? ¿Unos tienen deseos de ganar y otros no?  ¿Se puede aprender?  ¿Y mejorar?

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición que detalla el referido autor. Él es muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego su valía como persona. No es rehén de esa creencia limitante tan extendida, bajo cuya perspectiva la valía personal de quien compite en tenis, o en cualquier otro deporte, depende de los resultados que obtenga. Los que están sometidos a esta creencia, que trabaja desde el inconsciente, consideran que solamente siendo los mejores, solo ganando, van a conseguir el amor y el respeto que necesitan.

Sin embargo, de esta manera, valorando solamente los logros y habilidades de las personas, se está ignorando el verdadero e inconmensurable valor de cada individuo. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por un afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible; soy un ganador nato, he ganado en todos los equipos en los que he estado, solamente me interesa ganar…. La tragedia para estas personas es que, aunque alcancen el éxito en la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la seguridad, la confianza o, incluso, el respeto que realmente andan buscando.

Eso en el mejor de los casos. Porque, en caso contrario, si además no ganas, es cuando se te cae el mundo encima. El miedo se apodera de ti y la parálisis, los bloqueos y demás pensamientos poco recomendables (no valgo para nada, soy muy malo, no voy a poder, qué van a pensar, no me lo merezco…) hacen el resto.

Identificar lo que yo soy realmente, mi yo auténtico, con los resultados que obtengo en el deporte es una creencia muy limitante para poder alcanzar el máximo rendimiento disfrutando plenamente del juego.

Es por ello que, a veces, cuando estás para ganar, en el momento decisivo, en el partido clave, se apodera de ti el miedo a ganar porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que le vas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a tí… y te sientes culpable… y fallas. Puede que no sea un pensamiento consciente pero que está ahí, dominándolo todo.

‘Determinator’, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros elogios y reconocimientos que les hace e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su deseo de ganar viene de otro sitio.

Concretamente, de entender que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales es la de personas que cooperan con él para alcanzar su objetivo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos, consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser.

Desde esta potente perspectiva (de nuevo, coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento definitivo. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, ni se pone en duda la valía personal de su adversario. Bajo esta idea, nadie es derrotado. Ambos se benefician por los esfuerzos que han realizado para superar los obstáculos presentados por el otro. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo del otro.

Visto de esta forma, Nadal les hace un favor esforzándose al máximo y obligando al contrario a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales. No hace falta convertirse en un matón arrogante y vanidoso que humilla y aplasta a los demás para convertirse en un ganador. Tan solo hay que entender que aplastar a los demás no es de lo que se trata.

Una vez definido el objetivo (Ganar el partido o el torneo), quizá el secreto sea no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera por lo tanto grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el Reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Sin duda, el coaching deportivo es la herramienta más potente para que el deportista descubra el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona.

Imanol Ibarrondo

No era yo

20 agosto, 2010

Ese saboteador que todos tenemos...

Así describió en rueda de prensa Karim Benzema su primera temporada en el Madrid. Hubiera estado bien que algún periodista deportivo con curiosidad verdadera y ejerciendo una escucha activa (existen?, ) le hubiera preguntado quién era entonces el jugador que salía al verde.

Entiendo perfectamente lo que quiere decir el francés. No se trata de una justificación pueril, como he leído por ahí. Sencillamente, la temporada pasada, el ‘saboteador’ de KB secuestró su cerebro pensante, haciéndose con los mandos y obligándole a dar las respuestas equivocadas.

Con la excusa de protegerle a sus 20 años, fuera de su entorno habitual, en una ciudad enorme, con otro idioma, en el club más mediático del mundo y con un elenco de estrellas como compañeros de equipo, su ‘saboteador’ confundió la situación real y prefirió hacer caso a sus instintos primarios, en lugar de  utilizar las nuevas capacidades evolucionadas de adaptación de que disponemos ya los seres humanos.

Tras su fichaje por el Madrid, KB necesitaba buscar en su interior soluciones y respuestas adecuadas para afrontar una nueva situación, repleta de retos apasionantes y no necesariamente hostil (solamente es fútbol), pero su ‘saboteador’ (primitivo y miedoso) prefirió pasarse de prudente activando el instinto de supervivencia (como si jugar al fútbol fuera una amenaza para su vida) paralizando al jugador.

Dicen los expertos en la fisiología del miedo que la activación de este instinto primario puede provocar tres reacciones diferentes; ataque, huida y/ bloqueo. La temporada pasada, KB jugaba atemorizado, agarrotado. Estaba bloqueado. Jugaba con miedo. No sé a qué; a no estar a la altura, al qué dirán, a fallar a su familia o a la confianza del Club, a fracasar, a las críticas de la prensa… (ponga aquí la razón que quiera) pero se trataba de otro jugador.

Sin duda, jugar con miedo es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te limita, te paraliza y te impide rendir en función de tus posibilidades reales. Además, no digo yo que KB sea la alegría de la huerta, pero seguramente, la imagen de jugador indolente, desmotivado y solitario que ofrece, estará más relacionada con esa situación de parálisis y bloqueo, que con su verdadero carácter. De hecho, dudo que nadie que tenga el privilegio de hacer lo que le guste, tenga esa apariencia tan desorientada.

Comento el caso de KB para confirmar que, sin duda con menos trascendencia y coste económico, se trata de un clásico en el deporte y, especialmente, en el fútbol. Yo me veo absolutamente reflejado en ese sentido en el jugador francés (salvando las distancias siderales, la ciudad y la edad eran las mismas ).

Una cantidad enorme de deportistas dejan que sea su ‘saboteador’ quien tome el mando en momentos clave de sus carreras que les consume con pensamientos negativos e inútiles, excusas y justificaciones banales, y creencias limitantes que les impiden ser quien realmente son en el terreno de juego.

Decía también KB que, para mejorar su rendimiento este año, había trabajado mucho el aspecto mental. Me alegro, pero lo realmente importante de su afirmación es tomar consciencia de que el miedo es universal, todos lo tenemos y, afrontarlo y superarlo es algo que se puede y debe entrenar. Descubrir cómo te habla y qué te dice (tu saboteador), conectar con la esencia de cada uno, profundizar en tu auto-conocimiento, crear una visión potente e inspiradora o apoyarse en tus valores auténticos son, entre otras cosas, algunos recursos que los deportistas tienen a su disposición para poder disfrutar en el campo y en la vida.

KB juega en el Madrid y sin duda tendrá a su disposición todo lo que necesite para mejorar su rendimiento pero, para el resto de los deportistas mortales, sería de gran ayuda disponer de entrenadores con habilidades y competencias propias de coaching deportivo, que les impulsen a que sean ellos mismos quienes salten al campo, no sus saboteadores, que vienen de serie pero juegan peor.

Imanol Ibarrondo