Archive for the ‘Motivación’ Category

Hau bai da gure estiloa!

7 julio, 2011

Tengo una fe ciega en que la influencia y el liderazgo auténtico de Marcelo Bielsa en esta plantilla les hará progresar y crecer, individual y colectivamente, hasta el punto de poder aspirar a convertir al Athletic, de nuevo, en un equipo campeón. Me emociona poder asistir a esta transformación. Viendo competir a Chile en el pasado Mundial, pienso en todo lo que este gran comunicador y motivador será capaz de conseguir entrenando cada día con una plantilla joven, talentosa y esforzada como la nuestra. Su gran dedicación y su estilo de trabajo intenso, sistemático y comprometido serán, además, una referencia ineludible para todos los formadores de Lezama. Valores tan nuestros como el respeto, la nobleza, la valentía, la firmeza y la ambición, que sus equipos viven con intensidad en el campo, volverán a ser ejemplo para todos los cachorros de Lezama. Su impacto dejará un gran legado que servirá como modelo para los tiempos venideros. Será una mezcla fabulosa. Es, sin duda, una gran apuesta.

Otro valor diferencial de la candidatura de Josu Urrutia es su proyecto de cantera poniendo el acento en una cuestión básica y fundamental: la formación continua de los técnicos de Lezama y el diseño de una visión compartida e integradora de personas, ideas y proyectos. Si hemos decidido ser el único equipo del mundo que vive de su cantera, parece razonable pensar que debemos ser el mejor club del mundo trabajando la misma. Este ambicioso objetivo requiere disponer de los mejores formadores y de los especialistas más cualificados, algo que va mucho más allá que contratar exfutbolistas de gran trayectoria y reconocido prestigio. Necesitamos técnicos vocacionales y apasionados por el desarrollo y crecimiento de los jóvenes talentos. Para ello, es imprescindible invertir en su formación continua, en su crecimiento y su mejora, abriendo Lezama además al intercambio de ideas, métodos, estilos formativos y entrenadores que nos impulsen de nuevo a estar en vanguardia. Al lugar que nos corresponde. Salir del búnker de la mediocridad, la complacencia y el conformismo y entrar de lleno en el mundo de la innovación. Contar con las personas y apostar de verdad por ellas invirtiendo en su desarrollo. No se me ocurre mejor estrategia para garantizar nuestro futuro.

Este mensaje, como tantos otros, carece de sentido en boca de García Macua. Su errático devenir en Lezama invalida totalmente esta pretensión. Conviene recordar que comenzó con un responsable que dimitió a los pocos días, continuó con otros dos señores que fueron despedidos dos años después, junto a la dimisión de su vicepresidente. Después negoció con José Mari Amorrortu, que rechazó su ofrecimiento, y finalizó su travesía del desierto con el nombramiento de dos personas entrañables que le han ofrecido con creces su agradecimiento, demostrando, cuando menos, una notable, sorprendente y decepcionante falta de ética. Hace cuatro años, Macua fusiló públicamente a Julen Guerrero por algo parecido. Una incoherencia más.

La inversión del Athletic en formación durante todo su mandato ha sido exactamente de cero euros. Los técnicos que han querido formarse en cualquier disciplina se lo han pagado de su bolsillo. Dime en qué te gastas la tela y te diré qué es importante para ti. Conclusión: la formación no es relevante y los técnicos, tampoco. La prueba del algodón del respeto que le merecen es que no ha tenido ningún reparo en mandarles a todos al paro por su caprichosa convocatoria electoral.

Respecto a la palabra de moda, la “gestión”, el Athletic ha estado históricamente presidido por personas sensatas, discretas y serias. Gentes de Bilbao, formales y con fundamento. Así como no se le puede acusar de mala gestión a Macua por vender a Aduriz y no cobrar, tampoco debería tirar las campanas al vuelo por su contrato de televisión. De hecho, hace cuatro años, su predecesor en el cargo ya consiguió duplicar también los ingresos en este apartado, sin tanto altavoz mediático. Sin conocer las cuentas al detalle, parece una gestión correcta. Sin alharacas. La candidatura de Urrutia está sobradamente capacitada para atender este apartado con el máximo de rigor y seriedad. Sin más. No hagamos algo extraordinario de lo que debiera ser normal.

Por último, quiero hacer alusión al estilo Athletic, algo que me enorgullece y me hace sentirme muy conectado a mi club. Nada mejor que lo sucedido durante estas elecciones para clarificar lo que representa este concepto. En mi opinión, el estilo Athletic es exactamente el comportamiento que ha definido a Urrutia durante estos 40 días. Admiro su humildad para anteponer los intereses del Club a los suyos propios, su templanza para soportar con elegancia las descalificaciones, provocaciones, medias verdades, infundios, manipulaciones y mentiras innobles que se han sucedido, así como la valentía y coherencia que ha demostrado para atreverse a ser quien realmente es. No tenemos muchos dirigentes así… y no solo en el fútbol. Personas con principios y firmes convicciones que no están dispuestas a ganar de cualquier manera. Que entiendan que, como en el campo, tampoco en la vida vale todo para alcanzar la victoria. Que respetan, de verdad, con acciones y hechos concretos, nuestros valores auténticos. Josu es honesto e íntegro y, además, lo parece. No viene a servirse, sino a servir al Athletic. Tenemos el privilegio de poder elegir un presidente así. Si realmente somos diferentes, no deberíamos dejar para pasar tan magnífica oportunidad para comenzar a creer y a crear un futuro posible a la altura de nuestra historia y tradición. Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 7 de julio de 2011

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Último capítulo

15 mayo, 2011

Me gusta leer y me gusta el fútbol. Disfrutar de un buen libro es como ver un buen partido. No me imagino una novela sin argumento, ni me emociona un partido sin fundamento. El fútbol, como las novelas, es ficción. Ambos son espacios creados para la evasión, la emoción, la diversión y para desconectar de los problemas cotidianos de cada uno. Reducir el juego a una clasificación final es como valorar un libro solamente por su último capítulo.

El Athletic es, para muchos vizcainos, lo más importante de lo no importante. No es poca cosa. Soy del Athletic por mucho más que sus resultados y lo seguiré siendo juegue como juegue. Eso no lo puedo evitar (ni siquiera creo que sea una elección), pero les confieso que, el pasado sábado, me salté un capítulo del libro. Hacía una tarde primaveral y, ante una mínima dificultad logística fácilmente superable, decidí no ir a San Mamés y enterarme de los goles por los cohetes que lanza el batzoki de mi pueblo. Reconozco que, semanas antes, cometí el mismo pecado renunciando a ver por televisión el partido contra el Zaragoza. El motivo fue el mismo en ambos casos: aburrimiento y falta de ilusión.

Las emociones son altamente contagiosas y eso es precisamente lo que me transmiten los protagonistas del espectáculo. Lo que yo percibo de su actitud y comportamiento es que están agotados mentalmente, y si a ellos les cuesta jugar, a mí me cuesta mirar. Si ellos sufren jugando, yo también viéndoles jugar. Si ellos no creen que son capaces de hacerlo mejor, yo tampoco lo creo. Si ellos están deseando que acabe la temporada, lo mismo me pasa a mí. Si ellos no disfrutan con el balón (lo tienen muy poco) ni sin él, pues ya me dirán qué nos queda a los demás.

Ahora mismo, a pesar de su privilegiada situación clasificatoria, la impresión que tengo es que no hay nada ni nadie que tire de estos jugadores y del equipo. Ni hay una idea potente en la que creer, ni un estilo de juego reconocible por el que apostar con alegría y determinación, ni tampoco existe un liderazgo auténtico que impulse al grupo y con el que merezca la pena comprometerse. Si acaso, se obedece al entrenador. Esa es realmente la gran suerte que tiene Caparrós: la nobleza, la profesionalidad y la bondad de esta plantilla. Le costará encontrar algo parecido en los demás equipos repletos de jugadores elegidos, como él dice habitualmente.

Antes, me daba corte dejar un libro sin acabar. Me decía: “Voy a darle otra oportunidad… Quizá en el próximo capítulo me enganche…“. Me sentía en la obligación de llegar hasta el final, aunque hacerlo me costara un esfuerzo. Ahora no: si una novela no me gusta, la dejo. Sin más. Con el fútbol me sucede algo parecido, pero como no puedo abdicar del Athletic, lo comparto con ustedes. Quizá esta novela haya tenido momentos emocionantes (pocos) y algún personaje interesante pero, en general, ha sido monótona, aburrida, pesada, previsible y sin gancho. Demasiados capítulos como aquellas novelas antiguas en las que ya se sabía, casi desde el inicio, que el asesino era el mayordomo.

Nadie entendería empezar un libro por el último capítulo para saber el final. Sería perderse todo lo importante. Renunciar a lo que realmente aporta valor y le da sentido. Lo bueno de una novela es que te enganche y te conecte a tope con la trama y los personajes, que estés deseando llegar a casa para robar una horita de lectura, que pienses en ella, que te dé un motivo para estar contento, que te saque una sonrisa, que te emocione, que te ilusione o que te haga sentir bien. Puedo imaginarme una novela sin un gran final, pero no concibo una sin todo lo anterior. Lo mismo me pasa con el fútbol.

Puedo entender una temporada sin premio, pero lo que me cuesta horrores admitir es ver a un equipo talentoso renunciar a ser lo que podría ser, sencillamente porque se han tragado el cuento de que lo único que vale y se recuerda es la clasificación final. Ese es el mantra de los entrenadores, pero no es toda la verdad. La historia del deporte está repleta de hazañas de equipos y deportistas que no ganaron, pero que se atrevieron a intentarlo y su audacia les mantiene vivos en el recuerdo. En cambio, nadie se acuerda de aquellos que ganaron sin grandeza, sacrificándolo todo por el resultado. Esos no dejan huella en la memoria, ni mucho menos en los corazones. Perdimos la final de Copa pero nunca olvidaremos aquel partido y, sí, jugaremos en Europa, pero nadie guardará un gran recuerdo de esta temporada… ni siquiera sus protagonistas.

A pesar de todo, espero con ilusión la nueva novela de la próxima temporada. Quizá sea más alegre, más creativa, más imaginativa, más valiente, más fresca, más atrevida y más consciente de las posibilidades y talentos reales que ofrece el elenco de protagonistas. Las circunstancias y la situación actual y futura del fútbol soplan a favor, para que el Athletic pueda aspirar a publicar próximamente un auténtico best seller. Aunque, para ello, sería fundamental que tanto al autor como el editor creyeran de verdad que este reto es posible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 15 de mayo de 2011

Ari, ari, ari….

10 mayo, 2011

Ha necesitado mucho menos de los 100 partidos que ya adornan su palmarés para hacerse imprescindible. Atrás quedaron las bromitas con su pelo, con su forma desgarbada de correr o con el número de su camiseta, impropio de un delantero. Ya nadie duda del gran valor de su aportación al equipo y no se discute su presencia permanente en el once. Ha obtenido la admiración de todos, el reconocimiento sincero de los profesionales del fútbol y, por supuesto, el cariño incondicional de la afición del Athletic.

Toquero conecta como nadie con la grada y lo hace siendo honesto, generoso, valiente, humilde, solidario, noble y agresivo. Dice que le sale de dentro dejarse la piel, presionar y sacrificarse por el equipo. Se permite jugar totalmente conectado con su naturaleza, con su esencia y sus valores auténticos, con lo que para él es importante. Eso le facilita estar siempre concentrado, enchufado y metido en el juego. Esa plenitud que demuestra en el verde, tiene además beneficiosos efectos secundarios. La enorme cantidad de energía y vitalidad que desprende en cada partido es contagiosa, para sus compañeros y para la grada. Semejante despliegue de coraje, voluntad y determinación tiene premio; San Mames le adora.

Sus desmarques de treinta metros a la máxima velocidad sobre la espalda del lateral izquierdo contrario se han convertido en marca de la casa, así como su capacidad y talento para presionar sin descanso a toda la línea defensiva contraria, si fuera necesario. También disfrutamos de los excelentes centros que saca en carrera con ambas piernas y de su impecable juego aéreo, ganador en el noventa por ciento de los balones que disputa, así como de su evidente progresión en el remate. Pero, posiblemente, lo que más conecta con los aficionados es su fe. Toquero cree que es posible. Siempre. En caso contrario, no se entendería que persiga y alcance balones imposibles, que presione sin desmayo en clara desventaja hasta robar o cortar pases y que sea capaz de sacar algo de jugadas donde no hay nada. Él va. De hecho, como dijo un entrenador suyo, va muy rápido, muchas veces y a muchos sitios. Es posible que actúe con esta convicción porque sea muy consciente de que está viviendo su sueño. Él sabe que, cuando uno cree de verdad, la realidad es capaz de superar los mejores sueños. Está disfrutando su privilegio como nadie, porque le ha costado como a ninguno.

A la hora del reparto de medallas, aparte del protagonista, habría que hacer dos menciones. La primera para Caparrós. Hace falta tenerlo muy claro y ser valiente para fichar a un jugador de 2ªB y, tras cuatro meses en el Eibar, hacerle debutar de delantero en San Mamés. Acierto pleno del de Utrera. Desde luego, sus dos palabras favoritas, a saber, intensidad y competitivo, encajan a la perfección en el perfil de Toquero. La segunda, honorífica, para quien le puso en el escaparate. Apostar por un delantero que, en 34 partidos en el Lemona, metió solamente un gol, también tiene mérito. Creer en él, enseñarle a descubrir los secretos del juego, a entenderlo y hacerle tácticamente casi perfecto, no está al alcance de cualquiera. Curiosamente, este entrenador (Cárlos Pouso) hizo exactamente lo mismo con otro león que, antes de llegar al Sestao, daba tumbos por tercera; Koikili. No debe ser casualidad. Pouso, sin duda uno de los mejores entrenadores vizcaínos, está a punto de completar una hazaña en el Mirandés proclamándose campeón de 2ªB, por primera vez en su historia, con doce jugadores vascos en sus filas.

A día de hoy, la agresividad, el ritmo, la intensidad, la energía, el coraje y la determinación que imprime Toquero a cada una de sus acciones, no tiene parangón en el Athletic. Es un jugador diferente y único y, por lo tanto, un tesoro que hay que cuidar y apreciar. Ni más ni menos que el Lehendakari.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 10 de mayo de 2011

Levante…el ánimo

7 mayo, 2011

Por fin acabó el rally de clásicos del siglo. Todo estaba dispuesto para presenciar el que se anunciaba como el mejor espectáculo del mundo pero, por momentos, ha resultado bochornoso y reconozco haber sentido un poco de vergüenza ajena en ocasiones. Ver y escuchar los gestos, actitudes y declaraciones de personas serenas, respetuosas y ejemplares en general como Casillas, Alonso, Arbeloa o el propio Karanka, acercándose peligrosamente a su lado más oscuro, para alinearse con el discurso más radical de Mou Vader, ha sido decepcionante, como también lo han sido algunas sobreactuaciones de jugadores del Barcelona.

En cualquier caso, ya tenemos final de Champions y será la reedición de la de hace dos años. Aquella tarde, Eto’o redondeó su gloriosa temporada anotando el primer gol del partido. A pesar de todo ello, el club (su entrenador, Guardiola) prescindió de sus servicios demostrando que no vale todo para ganar y que, aunque parezca increíble para algunos, hay cosas que están (o deberían) por encima del resultado. No valoro la calidad de aquella decisión, lo que admiro es la coherencia y el compromiso verdadero con una idea, con un propósito y con una visión que son los que definen a ese club, así como el coraje para llevarla a cabo. La búsqueda de la plenitud y la excelencia exige actuar/vivir/jugar conectado a los valores auténticos del deporte y de tu equipo. Se trata de un acto radical que requiere acción y toma de decisiones (¡Eto’o, fuera!).

Descubrir cuál es tu identidad, tu ADN, qué equipo quieres ser, cómo quieres comportarte, cómo quieres jugar, qué perfil de entrenador quieres, cuáles son los valores innegociables de tu equipo y de tu club, qué es realmente importante (además del resultado), qué emociona a tus seguidores, qué es lo que te conecta con tu gente, qué nos enorgullece y nos identifica, son elementos de reflexión imprescindibles que constituyen la brújula y el faro para orientar la travesía de cualquier proyecto deportivo.

En el lado opuesto, viviendo su particular calvario, se encuentra el Madrid. Vendió su alma al diablo a cambio de los títulos que no conseguirá este año. Contrató a un profesional arrogante con un currículo de ganador implacable, una persona capaz de hacer lo necesario para levantar copas y garantizar resultados. Necesitado de éxitos inmediatos, el Madrid eligió el camino de los atajos. No importaba el cómo ni a cambio de qué, lo único importante era ganar. El fin lo justificaba todo. Ahora bien, cuando haces una apuesta tan arriesgada y pierdes, no te queda nada, y te dejas enormes jirones de prestigio y credibilidad por el camino. Sin brújula, estás perdido y solamente dispones de un arsenal de excusas, justificaciones, contubernios, complots, persecuciones y demás paranoias propias de personajes populistas, soberbios y manipuladores que se buscan e inventan enemigos para no asumir ninguna responsabilidad en las derrotas

Son dos formas opuestas de afrontar el juego y la competición. Ambas buscan la victoria y la gloria. La primera requiere creer en algo que dé sentido al resultado. Para la segunda, el resultado es lo único en lo que merece la pena creer. La primera disfruta cada día, siendo la victoria la guinda del pastel. En la segunda, no hay pastel y pasas hambre, solamente te comes la guinda, y eso, cuando ganas. La primera inspira y compromete; la segunda obliga. En la primera estás deseando ver jugar a tu equipo, identificarte con él, sentirte parte del mismo. En la segunda, te basta con el teletexto para saber el resultado. Entre estos dos clubes históricos, se encuentra el tercero, el Athletic. A día de hoy, no tengo claro con cuál de estas dos tendencias nos alineamos; brújula y faro o ¡clasificación, amigo!

Hace cuatros años, semana arriba o abajo, se jugó en La Catedral el mismo partido de hoy. Fue dramático por la trascendencia y penoso por lo que le rodeó. Los que asistimos en directo cerramos los ojos y nos tapamos la nariz para poder sentirnos inocentes de lo que allí aconteció. Sin duda, un triste precedente. Afortunadamente, en este tiempo, la situación ha cambiado radicalmente. Aquel dudoso partido cerró un periodo negro que duraba ya unos años con el equipo al borde del precipicio y devorando entrenadores sin control. El Athletic pelea ahora por lo que históricamente le corresponde y el Levante, con muy poco, está completando una magnífica remontada tras acabar último la primera vuelta. Tendría que suceder un desastre para que el Athletic se quedase sin guinda, lo que, con el hambre que estamos pasando últimamente, sería imperdonable.

Percibo que los futbolistas están en la reserva y deseando que acabe el año. Les noto, además, desanimados (¿o seré yo?), sin chispa, sin alegría, juegan como si estuvieran aburridos. Pareciera como si jugar al fútbol cada partido fuera ya un sufrimiento. ¡Qué lástima! A veces, tengo la sensación de que en lugar de a jugar, fueran a la oficina, a fichar y a completar un trabajo rutinario y monótono que no les aportara nada más que dinero. Quizá están afectados por la astenia primaveral, lo que daría sentido a esta tristeza fatigosa e inexplicable. A falta de otras ilusiones futbolísticas, puede que con un poquito de gingseng y guaraná aguantemos todos hasta el final…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de mayo de 2011

Conectado

1 mayo, 2011

Es una grata sorpresa la irrupción de Borja Ekiza. En pocos meses parece haberse convertido en el central más fiable del Athletic. El navarro actuaba generalmente como suplente en el filial y, según salió publicado, no estaba claro su futuro en el Club a partir del 30 de junio. Aprovechando lesiones y sanciones de sus compañeros, saltó ala titularidad del primer equipo en un momento de necesidad y ahora, gracias a la confianza que merecidamente le ha otorgado su entrenador, se aferra al puesto con uñas y dientes.

En mi opinión, no es un jugador muy rápido, aunque llega a los cruces, ni tampoco tiene un gran desplazamiento de balón, aunque se atreve a pegarla con las dos. No dispone de una salida impecable desde atrás, ni es especialmente poderoso en el juego aéreo, aunque disputa bien por arriba. En cambio, tiene algo básico e imprescindible para cualquier futbolista, y mucho más para un central: poder de concentración. ¡Cuánto vale eso! Como se dice en el argot futbolero, está siempre puesto. Le da igual si el marcador es favorable o no, si tiene que jugar con muchos metros a su espalda o replegado, de central derecho o hacerlo por la izquierda. Mide bien, anticipa cuando toca, disputa con agresividad y limpieza, es contundente cuando debe y juega sin complicarse. No comete errores groseros, ni hace entradas absurdas y tampoco regala tarjetas. Es un central fiable y seguro que aporta tranquilidad al equipo y que se ha ganado a pulso su puesto de titular. Casi nada.

Jugando así, concentrado, Ekiza es mejor jugador. Parece más rápido, más fuerte y oculta sus carencias, ya que estar cien por cien presente en el juego le permite anticipar la jugada, verla medio segundo antes, disponiendo así de un extra time para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Jugar concentrado es ganar tiempo y espacio. Es hacerte la vida más fácil para poder rendir al máximo de tus capacidades.

En la formación de habilidades para el desarrollo de personas y equipos, existe una ecuación que dice que el rendimiento de un jugador es igual a su máximo potencial menos las interferencias (R=P-I). Las interferencias son todos aquellos pensamientos negativos, miedos y saboteadores que te desconectan del juego y te alejan de tu potencial. Cuando tu cabeza se pone a hablar, mal asunto para jugar. Quizá por eso, jugadores con grandes talentos y capacidades técnicas superiores no consiguen muchas veces alcanzar un alto rendimiento. Aunque el potencial de Ekiza pudiera ser menor que el de otros compañeros más cualificados física o técnicamente, percibo que su diálogo interno, sus interferencias, son casi nulas, por lo que su rendimiento es notable.

El navarro está demostrando una alta capacidad para mantener su mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas, centrándose únicamente en el desarrollo eficaz de su tarea. Parece muy consciente de que, a pesar de la importancia de la táctica en un juego colectivo como es el fútbol, en el momento decisivo todo se reduce a un uno contra uno, en el que tú te la juegas con tu rival. En el remate y en el regate, en la entrada y en la disputa, en la anticipación y en la estrategia, conseguir que tu mente esté al cien por cien de tu parte es vital para ganar ese metro o esa décima de segundo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol.

No es fácil esto que hace Ekiza. Háganme caso. Tiene mucho valor. Si fuera sencillo, todos los jugadores estarían siempre enchufados, y eso, obviamente, no ocurre. De hecho, si sus compañeros de demarcación tuvieran este talento, jugarían ellos. No vale solo con desearlo, ni tampoco, como escucho a entrenadores, con decir en voz alta y muchas veces “¡Hay que estar concentrados!” (“Sí, claro, pero ¡dime cómo lo hago!”). Puede que, en al caso de Borja, sea un talento natural o también puede ser que, tras muchos años fuera de su casa sacrificándose para ser futbolista, tenga muy claro qué es lo que quiere y no esté dispuesto a regalar ni un metro que ponga en riesgo algo que le costado tanto conseguir.

El poder de concentración, estar conectado al juego, exige un alto nivel de autoconocimiento. Identificar claramente en qué eres muy bueno y cuáles son tus áreas de mejora, saber quién eres y qué es realmente importante para ti. Buscar y encontrar tu propia fuente de automotivación, descubrir para qué juegas y en qué tipo de jugador quieres convertirte. Tener la capacidad de reconocer y manejar adecuadamente tus pensamientos y emociones para poder jugar conectado a tus valores auténticos y a los valores del fútbol. Todo esto también se puede entrenar. Podríamos llamarlo entrenamiento emocional y requiere de los entrenadores el desarrollo de nuevas competencias y capacidades complementarias a las habilidades clásicas que se les atribuyen.

Teniendo en cuenta que el fútbol es un juego (en el caso del Athletic a domicilio, se podría decir que es casi un juego de azar), el equipo necesitará en Cornellá-El Prat, y hasta el final de temporada, muchos futbolistas conectados y concentrados para asegurar Europa, también para que pueda tocar la pedrea (quinto puesto) y puede, incluso, que para poder ganar el premio gordo (vade retro Champions). Qué quieren… A pesar de todo, soy un optimista irreductible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 1 de mayo de 2011

¿Y por qué no?

13 febrero, 2011

La Catedral (1913)

Cuenta la leyenda que, en la construcción de San Mamés, hubo una vez tres albañiles trabajando en la obra. Siendo preguntado el primero de ellos sobre qué estaba haciendo, respondió aburrido que estaba poniendo ladrillos. El segundo, un poco más animado, dijo que levantando una pared y, cuando el tercero fue cuestionado al respecto, miró hacia arriba y afirmó con entusiasmo que estaba construyendo una catedral. Realmente, los tres estaban haciendo lo mismo pero, mientras que una tarea sin visión no es más que un trabajo pesado, una visión con tarea es un sueño realizado.

Parece que en el Athletic ya está permitido soñar. Tras cuatro victorias consecutivas, unidas a rachas de fútbol de alto nivel, hasta los profesionales parecen sentirse más cómodos admitiendo, declarando y asumiendo (todavía con reparos) que algo grande es posible. Se agradece. Incluso, me atrevería a decir que se han dado permiso a sí mismos para creérselo. Para pensar que pueden hacerlo, que son capaces y que está a su alcance completar una temporada memorable.

Aun así, todavía escucho mensajes del tipo “el entusiasmo de la afición no debe entrar en el vestuario“. ¿Y, por qué no? En mi opinión, es precisamente al contrario. Es el equipo quien contagia este optimismo a la grada. El proceso no es de fuera hacia dentro, sino a la inversa; de dentro hacia fuera. Cuando ellos se sienten bien, nosotros estamos bien.

Son los propios jugadores quienes transmiten en cada partido un montón de información, de sensaciones y de mensajes. Lo que me llega ahora desde el césped es alegría, confianza, seguridad, decisión, conexión al juego, intensidad, ambición y diversión por momentos. No son sus palabras las que contagian, sino sus actos, sus comportamientos, en definitiva, su juego.

Que el entusiasmo y la alegría cuelguen de cada percha en los vestuarios de Lezama es una excelente noticia. Ya pueden cerrar puertas y ventanas para que no se escapen. No se me ocurre mejor estado de ánimo que el actual para jugar al fútbol. La ilusión genera confianza y esta provoca valentía y atrevimiento para afrontar los retos más complicados. De hecho, como decía algún sabio del que no recuerdo su nombre, “no es que no nos atrevemos porque las cosas son difíciles, sino que son difíciles porque no nos atrevemos“. Creer que es posible es, por lo tanto, imprescindible.

Comparto una Visión que me parece potente y que quizá pueda ayudar a los artistas a seguir creyendo, a seguir poniendo ladrillos cada día con entusiasmo y a perseverar jugando con la alegría y la convicción con que lo están haciendo en estos momentos. Nuestro mítico estadio está viviendo sus últimos partidos. De hecho, la próxima temporada parece que será su despedida. ¡Qué grande sería un San Mamés de Champions para poner el broche de oro a un campo legendario! Un auténtico reto a la altura de esta plantilla. Sí, ya sé que es muy complicado pero, aunque lo parezca, no es lo mismo decir “es posible pero es muy difícil… que es muy difícil, pero es posible“. En la primera hay justificación y en la segunda se impone el deseo. Una vez más, creer primero para crear después.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 13 de febrero de 2011

Esencia

8 enero, 2011

Estaba nervioso. Llevaba algunas semanas jugando mal y las críticas comenzaban a arreciar. Era de noche, jugábamos contra el Málaga en La Rosaleda y quedaban pocos minutos para comenzar el partido. Intuía que quizá era mi última oportunidad para mantenerme como titular. El equipo andaluz tenía un delantero centro argentino goleador y muy agresivo (violento en ocasiones) que se encontraba en un gran estado de forma. Él era mi pareja de baile para esa noche y el duelo no pintaba bien para mí.

El partido comenzó con fuerza y mucho contacto, hasta que en una disputa aérea por un balón, Mario Armando Husillos (que así se llamaba el artista) me golpeó intencionadamente con el codo en la cara. No llevábamos ni 10 minutos cuando el moco rojo comenzó a manar a borbotones por mi nariz. Retirado en la banda, con bastantes problemas para respirar y atendido por el médico, veía a mi entrenador gesticulando para hacer ya el cambio.

En ese momento, cuando ya estaba asimilando una derrota digna (pérdida de titularidad por lesión), algo en lo más profundo de mí se rebeló exigiéndome que volviera al campo. No sé cuál fue el motivo, pero le dije al médico que me colocara como pudiera la nariz porque volvía a jugar de inmediato. A partir de ese momento, todo mi ser estaba centrado en el balón, en los rivales y en mis compañeros. Estaba 100% conectado al juego. Totalmente concentrado. Nada me distraía. Ni árbitros, ni protestas, ni trampas, ni negras profecías y pensamientos inútiles en mi cabeza. Silencio interior. Solamente quería ganar el partido y ganarle a él. Era capaz de anticipar las jugadas y los pases con medio segundo de antelación. Ganaba en todas las disputas, en las entradas y en cada acción. Estaba pletórico.

Ganamos, y a Husillos lo sustituyeron en la segunda parte por su nula aportación al equipo. Cuando entré en la caseta al finalizar el partido, todo eran felicitaciones, pero yo tenía una sensación muy especial. No era solamente satisfacción por el trabajo bien hecho o alegría por una victoria importante. Tampoco se trataba de tener la conciencia tranquila, de haber salvado un match ball o haber respondido a la confianza del entrenador. Ni siquiera el hecho de haberme asegurado el puesto para las próximas jornadas era lo más relevante. Había algo distinto, más profundo y más íntimo. Era como si, en ese partido, hubiese conectado con algo muy importante de mí que estaba escondido o, por lo menos, de lo que yo no había tenido consciencia hasta entonces.

Durante bastantes semanas, esa sensación me acompañaba todo el tiempo y me mantenía alegre, confiado y seguro, no solo en los entrenamientos y partidos, sino en los demás aspectos de mi vida personal. Sabía que todo estaba relacionado con ese partido, pero no sabía por qué. Lamentablemente, hasta mucho tiempo después (años) no fui capaz de descubrir lo que había pasado en La Rosaleda. Aquel día, jugando al fútbol, conseguí conectar y vivir intensamente algunos de mis valores auténticos. Conecté con mi yo verdadero, con mi esencia y con la esencia del juego. Con mi yo más profundo. Aquella noche, sin saberlo, alcancé un momento de plenitud absoluta.

La esencia del juego no tiene nombre, no se puede definir, tan solo podemos intentar poner algunas palabras que identifiquen las emociones que un deportista siente cuando está enchufado, en estado de gracia, cuando fluye… En definitiva, cuando está totalmente conectado al juego. La grandeza del fútbol es tal que permite a cada jugador (y entrenador) conectar con la esencia del juego viviendo sus valores más auténticos.

En la esencia del juego hay esfuerzo y sacrificio, pero también hay arte y espectáculo. Hay reto y desafío, pero también hay respeto por las reglas y por los contrarios. Hay generosidad, pero también hay deseo de ganar, victoria y gloria para el vencedor. El riesgo también es un valor en el juego, así como la diversión. Hay armonía y valentía. Hay compromiso y solidaridad. Seguridad, confianza, honestidad, creatividad… Todos los valores auténticos tienen cabida en el deporte. De hecho, el deporte en general, y el fútbol en particular, constituyen un espacio privilegiado de la vida en el que una persona tiene la oportunidad de vivir de forma más intensa sus valores esenciales… y también un lugar excelente para descubrirlos.

Solo llegarás rápido, en compañía llegarás lejos“. Sería fantástico que todo jugador o deportista tuviera alguien cerca (entrenador, manager, agente, padre…) con las habilidades necesarias para acompañarle en este proceso de descubrimiento de sus valores auténticos. No para decirle cómo debería ser, qué tiene que hacer o a quién debería parecerse, sino para ayudarle a profundizar en su autoconocimiento, a tomar consciencia de qué piensa, qué siente y cómo se comporta, como elementos previos para poder cambiar, transformarse y crecer hacia el jugador y la persona que realmente quiera llegar a ser.

Contra el Barcelona, pudimos comprobar qué gran recorrido podría tener este Athletic si fuera consciente de que cuando juega tan intensamente conectado a sus valores auténticos, a los que realmente definen la Identidad de sus jugadores, del Club y de su gente, puede competir hasta con el mejor equipo del mundo. Cuando se comporta así, es capaz de alcanzar la Plenitud a través del juego y compartir una experiencia memorable con todos los feligreses que acudimos a la Catedral. Tras caer con orgullo y dignidad en la Copa, ese podría ser su gran aprendizaje y La Rosaleda, sin tanta adrenalina ni emoción desatada, el primer examen para poner en práctica lo aprendido.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 8 de enero 2011

Palo y zanahoria

15 diciembre, 2010

El presidente pide reflexión a la plantilla y al entrenador tras criticar la actitud del Athletic en el derbi. En mi opinión, si algo no se puede achacar a los jugadores, es falta de actitud. De hecho, creo que si fuera por correr, el equipo estaría ya en Champions o todavía más allá. Desgraciadamente, para alcanzar los puestos europeos hace falta también jugar al fútbol. No sé, quizá quisiera motivar a la plantilla y considerase que era conveniente darle un toque, apelando a lo más clásico y tópico del fútbol: la actitud de los jugadores.

Un palo. Tres días después, tras comprobar que sus declaraciones habían molestado en el vestuario, zanahoria. “Estamos en el mismo barco, confiamos plenamente en la plantilla y no hay ninguna duda sobre la profesionalidad de nadie“. Lo habitual.

Lamentablemente, cuando pretendemos motivar a las personas o a los equipos, todavía funcionamos como hace 100 años: palo y zanahoria. Si se sigue tratando a las personas como si fueran burros, no puede sorprender después que actúen como tales. De forma rutinaria, mecánica, sin ilusión y sin iniciativa.

Hoy en día, existen numerosos estudios y experimentos científicos, llevados a cabo por las más destacadas universidades mundiales para el ámbito empresarial, que han demostrado y confirmado sobradamente que la recompensa y el castigo, el palo y la zanahoria, tienen una influencia muy corta y solo sirven para tareas muy específicas. Prestigiosos economistas del MIT, de Princeton o de la Carnegie Mellon confirman que las técnicas de motivación que funcionaron en las industrias del siglo pasado ya no tienen efecto o, incluso, inciden negativamente en el rendimiento de las actividades del presente y más aún en las del futuro, donde las reglas ya no son tan claras, las tareas no son mecánicas y las soluciones no son ni sencillas ni únicas.

En actividades en las que es imprescindible ampliar el foco de la mente (por ejemplo, jugar al fútbol) en lugar de centrarlo en una única tarea simple y rutinaria, el enfoque mecanicista de  recompensas y castigos entorpece el pensamiento y limita la creatividad. Correr en un partido puede ser considerada una tarea mecánica y sencilla, y las primas, por ejemplo, podrían funcionar para correr más, pero no para jugar mejor.

El fútbol es uno de los deportes más complejos que existe. La cantidad de variables que inciden en el resultado es enorme e imposible de controlar. Cada acción tiene múltiples soluciones posibles y la creatividad juega un papel esencial. La dificultad aumenta además porque se juega con los pies, herramientas que fueron desbancadas en utilidad por las manos hace miles de años. No parece el fútbol, por lo tanto, una tarea mecánica, rutinaria y simple en la que tengan sentido la recompensa y el castigo. Por el contrario, una actividad tan compleja y reconocida socialmente requiere la búsqueda incesante de la motivación interna.

Partiendo de una remuneración adecuada y justa, la motivación efectiva, la verdadera, es un elemento interno, personal e intransferible que tiene mucho que ver con los valores, el propósito y la visión de un proyecto, de un trabajo o de un equipo. La fuente inagotable de la motivación interna está íntimamente conectada con formar parte de algo más grande y más trascendente que uno mismo. Con ser parte de algo que realmente dé un sentido a lo que haces. Con vivir intensamente, por ejemplo, los valores que conforman la Identidad de un club o de un equipo. Quizá haya también aquí elementos interesantes para una reflexión del presidente o de quien quiera serlo próximamente.

Hoy nos visita el Espanyol, un equipo que podría servir de ejemplo inspirador para el Athletic actual. Hace dos temporadas estaba prácticamente descendido hasta la llegada de Pochettino. Se salvaron. Sufrieron la pérdida irreparable de su capitán, Jarque, y ahora, menos de dos años después, están peleando por Europa, en puestos de Champions, plagado de canteranos de gran calidad y jugando muy bien al fútbol. Solamente han pasado dos años y su entrenador declara que el margen de crecimiento de su equipo es tan grande que no ve dónde puede estar el límite. Soñar está permitido. De hecho, es obligatorio. Es la única forma de avanzar hacia algo más que “lo importante son los tres puntos” o “tenemos que ir domingo a domingo“. Sí, es cierto, pero, ¿hacia dónde?

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 12 de diciembre de 2010

Creer para ver

20 noviembre, 2010

AÑO 1990. Estadio Santiago Bernabéu. Un domingo de primavera, el Madrid de Toshack y de La Quinta del Buitre, enchufado a por el título y a por el récord de goles de la Liga (lo hizo, con 107), contra el Rayito, en puestos de descenso, como casi siempre. Durante la semana previa, las preguntas de la prensa únicamente giraban en torno a cuántos nos iban a meter. El Madrid estaba haciendo set en blanco casi todos los domingos y se apostaba por otra escandalosa goleada.

Para el minuto 5 ya íbamos palmando, y en el 8 nos quedamos con uno menos por expulsión de Óscar Vivanco. A los 10, ya perdíamos 2-0. Fue una jugada de funambulista por la línea de fondo de Butragueño con pase atrás a Hugo Sánchez. Yo, que me quiero anticipar a su remate, entró con el mexicano al alimón y meto gol en propia puerta. No pintaba bien la cosa. La media docena igual caía en el primer tiempo.

Quien tenga mucha curiosidad por saber cómo acabó el partido, puede buscar en Google el resultado. Lo que interesa ahora es la historia de este segundo gol. Al acabar el partido, para mi sorpresa y agradecimiento, se lo adjudicaron a Hugo Sánchez que, como es bien sabido, nunca destacó por su fair play y no tuvo ningún escrúpulo en reconocer como suyo el autogol. Quedaban pocas jornadas para acabar la Liga y el mexicano siguió marcando goles hasta el final, hasta el punto de que mi gol se convirtió en decisivo, ni más ni menos, que para que el goleador azteca no batiera (sólo lo igualó) el récord de goles, 38, de nuestro mítico Zarra.

¡Hasta ahí podíamos llegar! Como pueden comprender, ante tamaño ultraje, tuve que salir públicamente a defender la autoría del gol. No sólo a reconocerlo, sino a exigir que se me adjudicase de inmediato. Y lo conseguí. Sé que puede sonar un poco patético: mi único gol en Primera fue en propia puerta y tuve que defenderlo con orgullo. Pero ésa ha sido mi mayor contribución, de momento, a la historia del Athletic. No es mucho, pero ahí queda eso. Quizá Telmo, ahora disfrutando en el olimpo de los dioses del fútbol, me lo agradeció en su momento.

Además del decisivo autogol, el recuerdo que tengo de aquel partido es el miedo con el que lo afrontamos. Toda la semana defendiéndonos de aquellas preguntas insidiosas, pero sin poder dejar de pensar que nos podían meter indómito. Sucedió que esos pensamientos tan negativos crearon la realidad en el terreno de juego. Nada más comenzar el partido, el Madrid olió el miedo y nosotros nos entregamos sin pelear. Solamente nos faltó pedir perdón por estropear el césped.

Al fútbol se puede jugar de muchas maneras y todas son válidas. Unas más vistosas y otras menos, algunas más eficaces y otras más estéticas. Lo que no se puede hacer es jugar con miedo. Es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te paraliza, te hace pequeño, te bloquea y te impide rendir en función de tus capacidades reales.

Creer para ver. Si creo que voy a perder, pierdo. Si creo que me van a golear, me golean. Se llaman profecías autocumplidas y demuestran el gran poder que tiene la mente para adaptar la realidad al pensamiento.

Tengo dos propuestas para los jugadores del Athletic. La primera es que utilicen la palabra que da título a estos artículos (Maaasszzuungaaaa!) como grito de ánimo en el círculo que hacen antes de los partidos. Se trata de una tribu africana que no se rindió nunca. Quizá les pueda contagiar el valor necesario para afrontar el duelo. La segunda es salir al campo con la semilla de un pensamiento poderoso en su mente para afrontar el partido con confianza, ilusión, vitalidad y esperanza. Les sugiero éste: ganando, romperán la racha de ocho años sin perder en casa del desabrido Mou y tendrán reconocimiento mundial. No está mal.

Sé que un pensamiento positivo no será suficiente para ganar el partido, pero sí será imprescindible para no perderlo antes de empezar.

No es fácil convertir en placer escénico la famosa frase inversa acuñada por Jorge Valdano, pero sin duda, ese sería el objetivo. Estoy seguro que a ninguno de los jugadores del Athletic le gustaría tener que comenzar un artículo como éste dentro de diez años. La buena noticia es que todavía no ha pasado. Maaasszzungaaa!!

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado como artículo en el periódico DEIA el sábado 20 de noviembre

Energizol: dosis de automotivación y respeto

3 noviembre, 2010

Mourinho dice que es tarea de Benzema encontrar la motivación necesaria para volver a ser el jugador del Lyon que fichó el Madrid hace dos temporadas. Él tan solo es un colaborador en este proceso, siendo el francés quien debe conectar con sus propios recursos. 

Estoy plenamente de acuerdo con esta afirmación. No creo en la motivación externa como herramienta permanente para que un jugador alcance su máximo rendimiento. Sí puede ser un detonador, una especie de despertar pero, a partir de ahí, cada uno debe encontrar en su interior su propio ‘energizol’ (motivación). Ser capaz de descubrir qué es lo que realmente quiere, en qué jugador desea convertirse, qué le da la energía y la vitalidad que necesita para impulsarle a avanzar con determinación hacia sus objetivos.

Creo que, hasta el momento, Mourinho ha estado utilizando los medios de comunicación para mandar mensajes retadores y motivadores al jugador francés. Parece que no han funcionado mucho. Recuerdo casos similares (Clemente llamando Fernandito a Llorente) con resultados parecidos. Quizá sea un buen momento para cambiar de estrategia trabajando con el jugador hacia dentro en lugar de hacia fuera.

Por otra parte, Del Bosque, una vez más (y ya son muchas) ha dado una nueva muestra de sabiduría y sentido común en una entrevista publicada por la UEFA. A la pregunta de qué cambiaría en el fútbol si tuviera el poder necesario para hacerlo, respondió que prohibiría terminantemente a los jugadores y técnicos hablar públicamente de los árbitros. Eso es lo que cambiaría. Algo tan sencillo como Respetar, de verdad, a los árbitros. Una vez más, habla de estar conectado a la esencia del juego viviendo con intensidad uno de los valores más importantes para poder conseguirlo; el Respeto.

Al hilo de esto, llega la decisión de la UEFA de sancionar con dos partidos de suspensión al portero del Barcelona, Pinto, por su acción antideportiva contra el Copenhage de la pasada jornada de Champions. ¡Bien¡ Lo celebro. Es una buena noticia. El ‘Fair Play’ no puede ser solamente un concepto de marketing para vender imagen. Se trata de acciones y comportamientos concretos que hay que identificar, corregir, sancionar ó, en su caso, destacar, alabar y premiar.

Hace un año, la UEFA suspendió con dos partidos al delantero brasileño del Arsenal (Eduardo) por simular un penalti. Nadie se rasgó las vestiduras. Tampoco ahora con Pinto. No pasa nada por denunciar los comportamientos tramposos. Al contrario, somos mayoría quienes defendemos el ‘juego limpio’ como elemento fundamental de la esencia del juego.

Imanol Ibarrondo