Archive for the ‘Pensamiento positivo’ Category

El guerrero pacífico

24 diciembre, 2010

Decía Platón que se conoce más a un hombre en una hora de juego que en un año de conversación. Al hilo de esta reflexión, el recuerdo de lo que Joseba ha sido, es y será para el Athletic ha quedado grabado a fuego en el corazón de todos los aficionados, tanto por su comportamiento en el terreno de juego durante más de 500 partidos oficiales, como con su irreprochable actitud fuera del mismo.

El filósofo griego dice que lo que se ve en el campo es lo que eres. Esa es tu verdadera esencia. No hay posibilidad de engaño. Esa frase de “es que yo en el campo me transformo”, no cuela. Un futbolista, cuando juega, enseña lo que realmente hay, lo bueno y lo mejorable y, si es capaz, saca lo mejor que tiene, para conectar a través del juego con sus valores más importantes, hasta alcanzar su máximo rendimiento. Joseba consiguió hacerlo durante quince años.

Poner nombre a la esencia de Joseba (ni a la de nadie) es imposible. Es algo inefable, que no se puede explicar, que cada uno habrá sentido a su manera, pero que quizá podamos identificar a través de algunos valores fundamentales que han alumbrado su carrera y que han quedado intensa y repetidamente reflejados en el verde.

Ver jugar a Joseba siempre ha sido un placer para el espectador. Es de los pocos futbolistas que irradiaba tal nivel de confianza en sus capacidades que contagiaba seguridad a la grada. Posiblemente, ese sea el atributo más importante de un deportista. Ser consciente de cuáles son tus fortalezas y confiar en ellas. No recuerdo a nadie más ejemplar que Joseba en esta cuestión fundamental.

Si tuviera que elegir una imagen suya como jugador me quedaría con la clásica de Joseba en la banda, encarando en carrera a un contrario, fintando a la izquierda, saliendo como un tiro a la derecha, ganando un metro de ventaja y poniendo el centro. Sin complicaciones, sencillo, práctico, alegre, valiente y decidido. Siempre presente en el juego. Abierto y disponible. Disfrutando cada momento intensamente. En el campo y en la vida. Viéndole retar defensas una y otra vez, intuyo que la aventura y el riesgo también deben ser importantes para él. En definitiva, un jugador ejemplar y un tipo alegre, feliz. Así podría definir el juego de Joseba e, intuyo, que su trayectoria fuera de los terrenos de juego, refleja valores similares.

Siempre he tenido la sensación, desde que llegó y se plantó en San Mamés con 17 añitos, que Joseba tenía muy claro qué es lo que quería, de la vida y del fútbol. Es como si desde el principio hubiera tenido una Visión muy potente de su futuro, del jugador que quería ser, que le iluminara el camino desde el principio, ayudándole a forjar su propio carácter, partido a partido, a través de cada una de sus decisiones y acciones.

Eligiendo sus respuestas adecuadamente para cada situación, pocas veces ha reaccionado de forma descontrolada (no recuerdo ninguna). A pesar de que le llamen El potro de Elgoibar, ha sido un ejemplo también de autocontrol, de reconocer y manejar adecuadamente sus emociones, lo que le ha permitido ser quien realmente es, siendo siempre dueño y responsable de sus actos, que son los que le han definido como jugador y como persona.

En su proceso de integración en Bizkaia, tuvo el talento de sacar el máximo rendimiento a una virtud más propia de nuestros vecinos guipuzcoanos: la astucia. Ser listo, en el campo y fuera. Que no tramposo, ni provocador, ni irrespetuoso. Si definimos el fútbol como lo que es, un juego de engaño, Joseba ha sido un maestro en esta materia. Su capacidad para sacar ventaja de cualquier despiste del contrario, de la más mínima duda ó pequeño error, ha sido proverbial. Hacer de la picardía un talento, estar siempre atento y concentrado en el juego, no está a la altura de cualquiera. Tan solo de los más grandes, como meter más de 100 goles con el Athletic.

Es listo y también muy inteligente. Diría que dispone de una mente privilegiada, despejada. No se come el coco, simplifica y actúa.Alejado de polémicas y debates estériles, y centrado siempre en lo importante, piensa lo que quiere, se marca un objetivo y se lanza a por ello, habilidad esta muy higiénica para que la mente no se enrede en pensamientos inútiles y negativos que desgastan, paralizan y quitan mucha energía.

Después de cerrar una de las etapas más brillantes en la historia del club y tras el correspondiente periodo de descompresión y renovación, imprescindible para coger distancia, aire, nuevas energías y cambiar de perspectiva, posiblemente Joseba comenzará pronto a diseñar una nueva Visión poderosa e ilusionante para sus próximos quince años. Quizá, en esa imagen, acabe por completar la foto que todavía le falta. Y, seguramente, ya estará esbozando los pasos siguientes para alcanzar un sueño pendiente: ser campeón con el Athletic. Continuará… cuando él quiera.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 24 de diciembre de 2010

Sangre, sudor y lágrimas

5 diciembre, 2010

Acabo de leer una novela histórica que ilustra cómo se desarrolló la Primera Guerra Mundial, incluso en el frente de batalla. Entre otras cosas, describe con mucho detalle las emociones, sensaciones y pensamientos que compartían los soldados, tristes protagonistas involuntarios en aquel sinsentido que se cobró la vida de más de diez millones de jóvenes.

Me quedé pensando en cómo me comportaría yo en una situación similar y qué tipo de persona me gustaría tener a mi lado en un momento así. Coraje, lealtad, capacidad de sufrimiento, valentía, resistencia, templanza y decisión, serían algunas de las cualidades esenciales que buscaría para compartir tan terrible experiencia. A veces, el fútbol, sin ser tan trágico, también puede convertirse en una guerra interesada que te pilla en medio.

Conocí personalmente a Carlos Gurpegi afrontando, posiblemente, una de las situaciones más difíciles y comprometidas de su vida. Siendo yo vocal de la Junta Directiva de AFE, saltó el escándalo de su positivo. Tras una espera prudente con recursos, apelaciones, condenas y demás zarandajas legales, la sanción se hizo firme y le obligaron a parar durante dos años.

En aquel tiempo tuve el privilegio de conocer a su familia. Fuimos invitados varias veces a comer a su casa de Andosilla. Menestra, alcachofas, pimientos y espárragos de su propia huerta eran los manjares con que nos obsequiaban. Curiosamente, absolutamente todo lo que servían en la mesa, incluido el vino, eran productos ecológicos (paradojas de la vida). Y de postre, teníamos lágrimas. De su familia. Derramadas por la injusticia y la impotencia ante un castigo (no solamente la sanción) desmesurado, inmerecido e imposible de aceptar con serenidad.

Entretanto, Carlos parecía un espartano. Inasequible al desaliento y enfrentando decidido su imprevisible destino. Ni una mala palabra, ni una acusación pública a nadie, siempre con una sonrisa que ofrecer, volcado en acciones solidarias, desdramatizando, relativizando, madurando y, en definitiva, tomando consciencia de que la vida es mucho más que fútbol.

Y volvió. Acelerado, como queriendo recuperar en cada balón los dos años robados. Jugaba descontrolado, no medía bien, sin pausa, sin tiempo, sin confianza. Él no la tenía y tampoco se la daban. Se volvió a romper la cara. Otra vez. Más sangre. Esta vez, traumatismo craneoencefálico y doble fractura de nariz. Antes ya se había partido la mandíbula. Le visité en el hospital. De nuevo, una sonrisa. “Todo esto pasará“, decía él.

Mientras tanto, toneladas de esfuerzo, sacrificio, sudor a raudales, entrenamientos al máximo, referencia de implicación y compromiso para todos. Sigue recibiendo más cariño y admiración que nadie y, doy fe, también el reconocimiento silencioso de todo el planeta fútbol a su formidable carácter forjado a base de coraje para afrontar la adversidad.

Esta semana se cumplen ocho años desde que se confirmó el fatídico positivo y, además, Carlos visita el estadio en el que comenzó su calvario, marcando dos goles. Más paradojas de la vida.

Recuerdo un titular de prensa en una de sus entrevistas durante su castigo. Decía: “Volveré siendo mejor“. Ese fue su ambicioso reto y a ello se dedicó en cuerpo y alma: a profundizar en su autoconocimiento, a descubrir nuevas perspectivas de su realidad, a conectar con su esencia y con sus valores auténticos. A cuidarse y a quererse más. A crecer.

Tengo claro que el gran jugador que estamos disfrutando esta temporada es fruto de este proceso y de la determinación y voluntad con las que peleó por no rendirse, por no permitir que otros decidieran su destino y por atreverse a descubrir sus propios recursos para alcanzar su Reto.

Gurpegi mantiene intactas la intensidad, la valentía, la nobleza, la resistencia, la solidaridad y la agresividad que tenía antes y, además, les ha sumado la pausa, la confianza y la seguridad necesarias para atreverse a pedirla, pararla y jugarla con criterio. También conserva su llegada al gol complementada con golazos de fuera del área y, sobre todo, está feliz. No hay más que ver cómo celebra sus goles con la alegría de un niño.

Un carácter guerrero, noble y humilde forjado a base de sangre, sudor y lágrimas. Desde luego, si el partido de hoy se planteara como una de esas grandes batallas antiguas europeas, qué gran suerte tener en tu bando al jugador que mejor identifica, sin duda, el espíritu y los valores auténticos del Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de diciembre de 2010

Creer para ver

20 noviembre, 2010

AÑO 1990. Estadio Santiago Bernabéu. Un domingo de primavera, el Madrid de Toshack y de La Quinta del Buitre, enchufado a por el título y a por el récord de goles de la Liga (lo hizo, con 107), contra el Rayito, en puestos de descenso, como casi siempre. Durante la semana previa, las preguntas de la prensa únicamente giraban en torno a cuántos nos iban a meter. El Madrid estaba haciendo set en blanco casi todos los domingos y se apostaba por otra escandalosa goleada.

Para el minuto 5 ya íbamos palmando, y en el 8 nos quedamos con uno menos por expulsión de Óscar Vivanco. A los 10, ya perdíamos 2-0. Fue una jugada de funambulista por la línea de fondo de Butragueño con pase atrás a Hugo Sánchez. Yo, que me quiero anticipar a su remate, entró con el mexicano al alimón y meto gol en propia puerta. No pintaba bien la cosa. La media docena igual caía en el primer tiempo.

Quien tenga mucha curiosidad por saber cómo acabó el partido, puede buscar en Google el resultado. Lo que interesa ahora es la historia de este segundo gol. Al acabar el partido, para mi sorpresa y agradecimiento, se lo adjudicaron a Hugo Sánchez que, como es bien sabido, nunca destacó por su fair play y no tuvo ningún escrúpulo en reconocer como suyo el autogol. Quedaban pocas jornadas para acabar la Liga y el mexicano siguió marcando goles hasta el final, hasta el punto de que mi gol se convirtió en decisivo, ni más ni menos, que para que el goleador azteca no batiera (sólo lo igualó) el récord de goles, 38, de nuestro mítico Zarra.

¡Hasta ahí podíamos llegar! Como pueden comprender, ante tamaño ultraje, tuve que salir públicamente a defender la autoría del gol. No sólo a reconocerlo, sino a exigir que se me adjudicase de inmediato. Y lo conseguí. Sé que puede sonar un poco patético: mi único gol en Primera fue en propia puerta y tuve que defenderlo con orgullo. Pero ésa ha sido mi mayor contribución, de momento, a la historia del Athletic. No es mucho, pero ahí queda eso. Quizá Telmo, ahora disfrutando en el olimpo de los dioses del fútbol, me lo agradeció en su momento.

Además del decisivo autogol, el recuerdo que tengo de aquel partido es el miedo con el que lo afrontamos. Toda la semana defendiéndonos de aquellas preguntas insidiosas, pero sin poder dejar de pensar que nos podían meter indómito. Sucedió que esos pensamientos tan negativos crearon la realidad en el terreno de juego. Nada más comenzar el partido, el Madrid olió el miedo y nosotros nos entregamos sin pelear. Solamente nos faltó pedir perdón por estropear el césped.

Al fútbol se puede jugar de muchas maneras y todas son válidas. Unas más vistosas y otras menos, algunas más eficaces y otras más estéticas. Lo que no se puede hacer es jugar con miedo. Es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te paraliza, te hace pequeño, te bloquea y te impide rendir en función de tus capacidades reales.

Creer para ver. Si creo que voy a perder, pierdo. Si creo que me van a golear, me golean. Se llaman profecías autocumplidas y demuestran el gran poder que tiene la mente para adaptar la realidad al pensamiento.

Tengo dos propuestas para los jugadores del Athletic. La primera es que utilicen la palabra que da título a estos artículos (Maaasszzuungaaaa!) como grito de ánimo en el círculo que hacen antes de los partidos. Se trata de una tribu africana que no se rindió nunca. Quizá les pueda contagiar el valor necesario para afrontar el duelo. La segunda es salir al campo con la semilla de un pensamiento poderoso en su mente para afrontar el partido con confianza, ilusión, vitalidad y esperanza. Les sugiero éste: ganando, romperán la racha de ocho años sin perder en casa del desabrido Mou y tendrán reconocimiento mundial. No está mal.

Sé que un pensamiento positivo no será suficiente para ganar el partido, pero sí será imprescindible para no perderlo antes de empezar.

No es fácil convertir en placer escénico la famosa frase inversa acuñada por Jorge Valdano, pero sin duda, ese sería el objetivo. Estoy seguro que a ninguno de los jugadores del Athletic le gustaría tener que comenzar un artículo como éste dentro de diez años. La buena noticia es que todavía no ha pasado. Maaasszzungaaa!!

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado como artículo en el periódico DEIA el sábado 20 de noviembre

No era yo

20 agosto, 2010

Ese saboteador que todos tenemos...

Así describió en rueda de prensa Karim Benzema su primera temporada en el Madrid. Hubiera estado bien que algún periodista deportivo con curiosidad verdadera y ejerciendo una escucha activa (existen?, ) le hubiera preguntado quién era entonces el jugador que salía al verde.

Entiendo perfectamente lo que quiere decir el francés. No se trata de una justificación pueril, como he leído por ahí. Sencillamente, la temporada pasada, el ‘saboteador’ de KB secuestró su cerebro pensante, haciéndose con los mandos y obligándole a dar las respuestas equivocadas.

Con la excusa de protegerle a sus 20 años, fuera de su entorno habitual, en una ciudad enorme, con otro idioma, en el club más mediático del mundo y con un elenco de estrellas como compañeros de equipo, su ‘saboteador’ confundió la situación real y prefirió hacer caso a sus instintos primarios, en lugar de  utilizar las nuevas capacidades evolucionadas de adaptación de que disponemos ya los seres humanos.

Tras su fichaje por el Madrid, KB necesitaba buscar en su interior soluciones y respuestas adecuadas para afrontar una nueva situación, repleta de retos apasionantes y no necesariamente hostil (solamente es fútbol), pero su ‘saboteador’ (primitivo y miedoso) prefirió pasarse de prudente activando el instinto de supervivencia (como si jugar al fútbol fuera una amenaza para su vida) paralizando al jugador.

Dicen los expertos en la fisiología del miedo que la activación de este instinto primario puede provocar tres reacciones diferentes; ataque, huida y/ bloqueo. La temporada pasada, KB jugaba atemorizado, agarrotado. Estaba bloqueado. Jugaba con miedo. No sé a qué; a no estar a la altura, al qué dirán, a fallar a su familia o a la confianza del Club, a fracasar, a las críticas de la prensa… (ponga aquí la razón que quiera) pero se trataba de otro jugador.

Sin duda, jugar con miedo es lo peor que le puede pasar a un futbolista. El miedo te limita, te paraliza y te impide rendir en función de tus posibilidades reales. Además, no digo yo que KB sea la alegría de la huerta, pero seguramente, la imagen de jugador indolente, desmotivado y solitario que ofrece, estará más relacionada con esa situación de parálisis y bloqueo, que con su verdadero carácter. De hecho, dudo que nadie que tenga el privilegio de hacer lo que le guste, tenga esa apariencia tan desorientada.

Comento el caso de KB para confirmar que, sin duda con menos trascendencia y coste económico, se trata de un clásico en el deporte y, especialmente, en el fútbol. Yo me veo absolutamente reflejado en ese sentido en el jugador francés (salvando las distancias siderales, la ciudad y la edad eran las mismas ).

Una cantidad enorme de deportistas dejan que sea su ‘saboteador’ quien tome el mando en momentos clave de sus carreras que les consume con pensamientos negativos e inútiles, excusas y justificaciones banales, y creencias limitantes que les impiden ser quien realmente son en el terreno de juego.

Decía también KB que, para mejorar su rendimiento este año, había trabajado mucho el aspecto mental. Me alegro, pero lo realmente importante de su afirmación es tomar consciencia de que el miedo es universal, todos lo tenemos y, afrontarlo y superarlo es algo que se puede y debe entrenar. Descubrir cómo te habla y qué te dice (tu saboteador), conectar con la esencia de cada uno, profundizar en tu auto-conocimiento, crear una visión potente e inspiradora o apoyarse en tus valores auténticos son, entre otras cosas, algunos recursos que los deportistas tienen a su disposición para poder disfrutar en el campo y en la vida.

KB juega en el Madrid y sin duda tendrá a su disposición todo lo que necesite para mejorar su rendimiento pero, para el resto de los deportistas mortales, sería de gran ayuda disponer de entrenadores con habilidades y competencias propias de coaching deportivo, que les impulsen a que sean ellos mismos quienes salten al campo, no sus saboteadores, que vienen de serie pero juegan peor.

Imanol Ibarrondo

Sin Perdón

23 junio, 2010

A veces, Luis Aragonés me recuerda a un niño caprichoso, enfadado y consentido. Creo además que Luis es el mayor perjudicado por la mala leche que, en mi opinión, destilan sus comentarios más recientes y que le impiden disfrutar plenamente de su reconocida trayectoria profesional y de su gran legado internacional.

Observando desde la distancia sus actitudes y declaraciones de los dos últimos años, constato cómo, una vez más, se cumple la secuencia de que la calidad de nuestros pensamientos determina la calidad de nuestras acciones y, la repetición continuada de éstas, define nuestro carácter.

En su caso, tengo la impresión de que su mente está invadida por pensamientos inútiles y negativos del tipo; no me han valorado, no me han apoyado, me han dejado solo ante la prensa, han ido a por mí, no me han dejado disfrutar de mi éxito, no me reconocen suficientemente, toda la prensa es mi enemiga, si no hubiera dicho esto o lo otro… y demás pensamientos basura que no generan más que resentimiento, rencor, frustración, amargura, rabia, enfado y demás emociones, todas ellas, sin duda, altamente tóxicas.

No pongo en duda que tenga sus muy buenas razones para justificar esos pensamientos, pero también tengo claro que quedarse anclado a todas esas emociones negativas le perjudican notablemente. Desde esa posición entiendo que el gesto enfadado, permanentemente huraño, hosco y serio, además de las declaraciones y comentarios ‘nunca positifos, siempre negatifos’ de los dos últimos años, determinan un carácter, que no me atrevo a definir, pero que no es el que a mí me gustaría tener de mayor.

No estoy diciendo en absoluto que Luis sea así, pero es lo que interpreto de sus reiterados comportamientos en público más recientes. De hecho, en toda la fase de clasificación, no creo haberle escuchado ni leído ningún elogio o reconocimiento hacia el trabajo del equipo o del actual seleccionador y, de haberlo querido, motivos de sobra ha tenido.

En mi opinión, utiliza el altavoz mediático que le ofrece el canal árabe para vengarse de todos los que considera causantes de su injusta situación (por supuesto, él es la víctima) aprovechando dos partidos mediocres para crear dudas, malestar, desavenencias, en definitiva, para sembrar inquietud en un momento, en el que él mejor que nadie sabe, el equipo necesita sosiego, tranquilidad, serenidad y confianza para perseverar en un estilo en el que creen y para el que están preparados. 

Si Luis estuviera ahora en otro estado emocional más positivo para él, si estuviera sereno, confiado y contento, no tengo dudas de que aprovecharía la oportunidad que le dan los medios de comunicación para trasladar un mensaje de optimismo y alegría hacia los que todavía considera ‘su grupo’; aquellos que le respetan, le defendieron y defienden y que tienen muy en cuenta sus opiniones, comentarios y declaraciones.

Ya sé que “consejos vendo y para mi no tengo”, pero me permito hacerle una sugerencia al anterior seleccionador. PERDÓNELES. A todos los que Ud. legítimamente cree que le han hecho daño, le han agraviado y han sido injustos con Ud. Pero no lo haga por ellos. Para nada. Hágalo por Ud. Para que pueda soltar lastre, seguir adelante, disfrutar y ayudar en lo que pueda al grupo que Ud. creó, consolidó e hizo campeón de Europa.

Imanol Ibarrondo

Invictus

20 junio, 2010

Soy el dueño de mi destino y el capitán de mi alma”. Con esta frase del poema Invictus se reconfortaba cada día el Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, durante los 27 años de cautiverio en la prisión de Robben Island. Según su propio testimonio, éste era el pensamiento que inundaba su mente en aquella tortura. Ése fue su secreto para no hundirse; ser el creador de sus propios pensamientos.

Traigo esta reflexión para confesar un deseo; quiero que el futbolista catalán Xavi Hernández sea elegido el mejor jugador del Mundial. Creo que Xavi aprendió y aplica desde hace tiempo el secreto que permitió a Mandela cambiar un país… para cambiar el fútbol.

Si tuviera que destacar una cualidad en Xavi diría que dispone de una mente privilegiada. No me estoy refiriendo obviamente a su coeficiente intelectual, sino a una mente despejada. Si los pensamientos son el producto de la mente, la calidad de sus semillas debe ser excelente.

Puede parecer una estupidez (quizá lo sea) pero creo que el hecho de pensar está absolutamente sobrevalorado. Tengo la convicción de que pensar es malo y pensar mucho, muy malo. La gran mayoría de nuestros miles de pensamientos diarios son basura. Se trata de pensamientos inútiles y negativos que nos desgastan, nos quitan energía, nos frustran y nos generan ansiedad. Están relacionados con el pasado o con el futuro, con la incertidumbre, con reproches por haber hecho o dejado de hacer, con comparaciones, con excusas y justificaciones, con conversaciones y diálogos internos sobre lo que tendría que hacer o debería hacer pero que nunca hago, sobre buscar culpables, excusas y justificaciones…. En definitiva, semillas que no dan fruto.

Xavi lo sabe. Sabe que la calidad de sus pensamientos define la calidad de sus acciones, tanto dentro como fuera del campo. Hablo de cosas pequeñas, de acostumbrarse a vencerse a sí mismo en los pequeños detalles de cada día, porque la repetición de estas acciones de forma continuada define una conducta o un hábito. También es consciente de que la suma de los diferentes hábitos de un futbolista (persona) define su carácter. Y, por último, sabe que definiendo su carácter está diseñando su destino.

Digo que lo sabe porque veo cómo actúa y cómo se comporta. Sus actos, decisiones y declaraciones tanto dentro como fuera del campo, con sus compañeros y con los contrarios, hablan de una persona, sencilla, humilde, respetuosa, solidaria, comprometida, ambiciosa, agradecida y muy generosa.

No tengo más que recordar su comportamiento en la final de Copa hacia la afición del Athletic al finalizar el partido o la espectacular ovación que se llevó en San Mamés en el partido de ida de la Supercopa del año pasado. Se le reconoce en esos hechos y acciones que, repetidas de forma permanente, definen unos hábitos y unas conductas ejemplares que diseñan su carácter. Y ese carácter es el que le acerca irremisiblemente a su destino; ser el mejor jugador del mundo.

Quizá no sea el más espectacular, ni el más goleador, ni el mejor regateador… Pero no he visto nunca un jugador con mayor influencia en el juego de un equipo… e, incluso, en el del contrario.

Con la humildad y el respeto que le caracterizan, ejerce un liderazgo sereno, sencillo y pleno de seguridad y confianza. Es capaz de sacar lo mejor de todos sus compañeros y eso lo consigue desde la total coherencia entre lo que es, lo que dice y lo que hace. Un alineamiento formidable que ejerce una atracción irresistible.

Tengo la convicción de que Xavi sabe que no somos lo que pensamos, sino que podemos ser los creadores de nuestros propios pensamientos (como hizo Mandela) y, como esto también es un entrenamiento, Xavi lleva muchos años sembrando pensamientos positivos de excelente calidad en su mente y deseo que este año pueda recoger un fruto especial: ser reconocido como el mejor del mundo.

Imanol Ibarrondo

PD:  artículo publicado en el diario Deia el sábado 19 de junio.

Y tú, ¿lideras o entrenas?

31 mayo, 2010

El pasado fin de semana se celebró de la RFEF el II Congreso Internacional organizado por el Comité de Entrenadores de la RFEF. Con una asistencia de más de 300 personas y unas ponencias, mesas redondas y talleres de gran calidad y participación, pude constatar el excelente estado de salud de un gremio no suficientemente reconocido.

Entre todas las intervenciones que se produjeron en un intenso fin de semana, quiero resaltar aquí la de Gerard Houllier, director técnico de la federación francesa de fútbol, que desarrolló una ponencia que me impactó. Su título era “11 claves? para éxito” y, a modo de alineación, reflexionó sobre los ingredientes básicos que el entrenador debe utilizar con maestría para condimentar un equipo ganador.

Lo que sorprendió a los asistentes fue que, en ningún caso hizo referencia a los conceptos técnicos, tácticos o de preparación física (supongo que los daba por supuesto, como el valor en la mili), sino que se centró casi exclusivamente en habilidades, competencias y capacidades que trabajamos con intensidad en nuestro ‘programa superior de coaching deportivo’.

Comenzó con la necesidad de que el entrenador trabaje en crear una Visión personal y de equipo potente. ¿Qué es lo que quiere?. ¿En qué entrenador ideal desea convertirse en el futuro?.  ¿Cuál será su legado?. ¿Será inspirador para los demás o será un ejemplo para no imitar?. ¿Cómo quiere que se le recuerde?. ¿Qué es lo que quiere aportar a sus equipos y a sus jugadores?…
Es importante que no ponga límites a su sueño. Que se permita soñar con grandeza… y poder crear una visión y una identidad compartidas para su equipo.  De no ser realista en sus sueños, de creer en lo imposible (en lo que ahora parece imposible) y lanzarse a por ello. Deja soñar a tu corazón para definir una Visión poderosa e inspiradora para ti y para las personas que han de seguirte y creer en ti.

Habló después de trabajar mucho, de no rendirse nunca, de seguir perseverando a pesar de las adversidades, de perseguir  tu sueño,  de insistir, insistir e insistir. De centrarse en pequeñas tareas individuales y colectivas cuando las cosas no van bien para ganar en confianza y seguridad, en lugar de pretender grandes cambios y modificaciones.

Defendió la necesidad de pensar siempre en positivo, de hablar de las virtudes y utilizar el reconocimiento y el feedback positivo permanentemente. Una vez más, de creer en ti y en ellos, pase lo que pase.

Explicó con ejemplos muy ilustrativos la importancia de la escucha auténtica hacia los jugadores, de la necesidad de preguntar y de sacar de ellos sus propias soluciones y respuestas (el ejemplo de Owen fue espectacular).

Insistió en la importancia de mantener siempre arriba la bandera del entusiasmo y la alegría. De eliminar del vestuario la comunicación, las relaciones y las emociones tóxicas y negativas. De acabar con los pesimistas (cobardes disfrazados). De obligar a todos a trabajar por crear un ambiente de alegría, optimismo y buen humor. De desdramatizar y de quitar tensión a las situaciones. De no etiquetar a las personas, de creer que realmente pueden dar mucho más ayudando  a que cada jugador pueda convertirse en el mejor jugador que lleva dentro.

Quizá el mejor resumen de esta ponencia lo hizo seguidamente Vicente del Bosque cuando, con una confianza, sencillez y humidad  apabullantes dijo que “entrenar no es una ciencia; es un arte” y es la capacidad para gestionar las emociones individuales y colectivas lo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso, y lo que realmente te convierte en un Líder auténtico… mucho más allá que un entrenador.

Y tú, lideras o entrenas?

Imanol Ibarrondo