Archive for the ‘Reconocimiento’ Category

Ya hemos ganado

26 abril, 2012

Si tuviera que definir una Misión que dotara de sentido y propósito a la existencia del Athletic, una declaración que recogiera la esencia del ‘para qué’ existe este Club, no destacaría en ella ‘ganar partidos’ o ‘títulos y trofeos’. La idea central sobre la que giraría mi reflexión sería, sin duda, que el Athletic existe para ‘hacer felices a las personas’. Una Misión rotunda, atractiva, emocionante e inspiradora. No se me ocurre mayor privilegio que ser parte de una Organización que declarase una Misión así y actuara en consecuencia.

En el deporte, unos son felices solamente cuando su equipo gana, otros buscan la felicidad en la clasificación, para algunos es jugar bien, hay quienes necesitan identificarse con su equipo, los hay que solamente lo son ganando títulos pero, aquí, también buscamos desesperadamente momentos sublimes y experiencias memorables para compartir. Viendo el estado de ilusión que el Athletic ha decretado en Bizkaia, reflejado en el increíble mar de banderas rojiblancas ondeando en millares de balcones, podríamos concluir que el Club, esta temporada, ya ha cumplido su Misión.

Además de la gran satisfacción y del íntimo orgullo que todos los socios y aficionados sentimos, incluiría también, como beneficiarios de esta Misión, a todas aquellas personas, no necesariamente del Athletic, que valoran, reconocen y se emocionan con la nobleza, el respeto, la humildad, la ambición y la determinación que demuestra este equipo en el campo, reflejando los auténticos valores que nos identifican, en nuestra mejor versión. Por eso, ahora, por primera vez en mucho tiempo, el Athletic ha entrado de nuevo en multitud de corazones que reconocen el coraje y el esfuerzo de un Club que, sostenido por su filosofía, es capaz de jugar y competir al máximo nivel, plenamente conectado a la esencia del juego, rompiendo un montón de tópicos, mitos y creencias limitantes, profundamente arraigadas en el fútbol. Eso es grandeza y es admirable.

Jugando con intensidad y alegría, a pecho descubierto, siempre a por ellos, en cualquier campo y contra cualquier rival, sin especular y sin trampas, honrando cada partido como el más importante y cada competición como la principal (así es como ha llegado a ser el único Club que permanece vivo en todas). Sin buscar nunca excusas ni justificaciones. Si la felicidad es la ausencia de miedo, más aún en el actual contexto de dificultad que soportamos, la actitud irreductible y valiente de este equipo es absolutamente ejemplar.

Pase lo que pase a partir de hoy, ya hemos ganado, mucho más incluso, de lo que cualquiera hubiera soñado hace tan solo 10 meses. Este año se acumulan ya las despedidas con el equipo saludando a un público entregado, las tardes celebrando éxitos en perfecta comunión con la grada, las colas y sorteos para hacerse con entradas, las taquillas agotadas, un buen puñado de viajes masivos con una afición ejemplar, comidas y poteos multitudinarios antes y después de los partidos, reconocimientos internacionales, algunas victorias inolvidables en citas para la historia y recuerdos imborrables para contar a las próximas generaciones. Ilusión desatada.

Se me escapa una sonrisa cuando, en las mañanas de partidos europeos importantes (como hoy), veo un montón de niños/as camino de la ikastola vestidos del Athletic, personas encorbatadas con las solapas de la zamarra rojiblanca saliéndoles por los cuellos de la camisa, bufandas del Athletic sobre las chaquetas, banderas adornando escaparates y presidiendo bares y restaurantes, miradas cómplices y alegría contenida. En silencio, pero todos unidos en un sentimiento que nos hace mejores; el sentimiento Athletic que no para de crecer. Ya hemos ganado.

Este equipo, un generador inagotable de ilusión, lleva cocinando a fuego lento, día a día, un delicioso pastel. Es el que más partidos ha jugado, el que más sesiones de entrenamiento acumula y el que más horas de concentraciones suma. Un título sería (tan solo) una fabulosa y merecida guinda a su compromiso incuestionable con un reto de proporciones extraordinarias. Los profesionales buscarán con todas sus fuerzas culminar con broche de oro una temporada que les está costando dosis industriales de esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, llevado hasta la agonía en ocasiones. Su comportamiento, ejemplar nos enorgullece.

Pero, independientemente de lo que pase este último mes de competición, con todos los frentes abiertos, cuando acabe la temporada, cojan distancia y miren atrás (con o sin títulos), podrán disfrutar intensamente del camino recorrido, del equipo y los jugadores en que se han transformado, de lo que han crecido y aprendido, del impacto y la admiración que han levantado en el planeta fútbol, del reconocimiento internacional, del gran ejemplo que han sido para todos, de la alegría que nos han producido y, lo mejor de todo, del excitante camino que todavía les queda por hacer juntos. En ese momento, serán conscientes de que el éxito no se mide solamente por el objetivo (título) conseguido, sino por el equipo y el jugador en que has sido capaz de convertirse para llegar a merecerlo.

El gran éxito es, precisamente, haberse transformado en un grupo de jugadores capaz de aspirar legítimamente a ser campeón de Europa (hasta ser considerado favorito) y a ganar la Copa al mejor equipo del mundo. La guinda (el título) sería la rúbrica, una marca en la historia del Athletic, para recordar que este fue, sencillamente, un año irrepetible. Los profesionales pueden tener la tranquilidad y la seguridad de que, nuestra capacidad para gestionar, de otra manera, tanto las victorias como las derrotas, también nos hace diferentes. En estas circunstancias, incluso cuando perdemos, ganamos.

Si esta temporada se cerrase con un histórico doblete, el equipo alcanzaría la etiqueta de legendario y quedaría grabado a fuego, para siempre, en nuestros corazones. Si ‘solamente’ se ganase uno de los dos, o bien el europeo, por ser el primero en las vitrinas del Club, o el de Copa, por la magnitud del oponente, sería el colofón a una temporada extraordinaria y única. Si no se consiguiera ninguno, me quedaría el inolvidable recuerdo del año en que disfruté como nunca y en el que recuperé la esperanza de que todo es posible. Ya hemos ganado. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 26 de abril de 2012

Epílogo electoral

21 mayo, 2011

Vaya despedida! Me impactó el enorme contraste que se produjo tras el pitido final. El entrenador cerrando los puños festejando un éxito indudable y San Mamés dedicando una sonora pitada, tan general como inesperada. Más allá del runrrún por los cambios y la actitud contemplativa del equipo durante el partido (nada nuevo bajo el sol), nadie presagiaba un final tan sorprendente. Más que nunca quedó patente la distancia sideral entre algunos de los valores que definen al técnico de Utrera, y que lleva grabados a fuego en su ADN, con la concepción que tenemos aquí de lo que realmente es importante. Fue un reflejo cristalino de dos formas antagónicas de entender la competición, el fútbol y, si me apuran, la propia vida. Los aficionados se permitieron expresar su malestar, su rechazo, su hastío y su disgusto por el comportamiento y la actitud de un equipo apocado, encogido, sin alegría, temeroso y pequeño, adjetivos que están muy lejos de representar la esencia y la grandeza del Athletic. Han sido demasiados partidos con la desagradable sensación de jugar a no jugar.

Tras la clamorosa reacción de los dueños del club mostrando con rotundidad su desaprobación en un día presuntamente destinado a la celebración, debiera haber un aprendizaje muy potente para todos sus estamentos, fundamentalmente para presidente, directiva, técnicos y futbolistas. Puedo entender e incluso compartir la decepción y el disgusto del entrenador y los jugadores, que, a pesar de alcanzar el objetivo de la clasificación europea, reciben la reprimenda de San Mamés. Pero, más allá de esa emoción respetable, queda el mensaje clarificador de que, en el Athletic, el fin no justifica los medios. No es suficiente con alcanzar el objetivo. Importa el cómo. No es que la afición quiera siempre más, como se ha repetido toda la semana justificando el desaire, es que quiere otra cosa. Los sonoros cánticos de Hau ez da gure estiloa deben seguir resonando con fuerza en las cabezas de los protagonistas. Toca reflexión. Profunda.

Dicho esto, el trabajo de Caparrós y de todo su equipo merece un sincero reconocimiento. Es un hombre apasionado, coherente con sus principios, listo y firme en sus convicciones. Nadie puede sentirse engañado ya que nunca prometió algo diferente. Él es un especialista y muy bueno en lo suyo. Cogió un equipo enfermo y lo ha dejado completamente recuperado. Cuando llegó, el Athletic se encontraba prácticamente en coma, ingresado en la UVI y con pronóstico reservado. Tras someterlo a un intenso tratamiento de choque durante las dos primeras temporadas, con notables altibajos en su evolución (en un mes, final de Copa y partido dramático en Liga, contra el Betis, con Armando de salvador), finalmente fue recuperando sus constantes vitales hasta ser trasladado a planta, donde ha permanecido los dos últimos años convaleciente, pero disfrutando de calma y tranquilidad. Lo cierto es que, al principio y durante un tiempo, a todos nos pareció bien tener que tomar aceite de ricino cada domingo como reconstituyente para un equipo decaído, sin confianza y a punto de un ataque de nervios. Cuatro años después, los familiares y amigos del paciente esperamos ansiosos que reciba ya el alta médica para comenzar una nueva etapa, impulsando al máximo el crecimiento y el rendimiento de este equipo. Caparrós asumió con decisión la hoja de ruta del club y, utilizado sus propias recetas, con un estilo espartano, poco dado a alegrías estéticas y demás concesiones a la galería tan alejadas de su ideario, ha conseguido los objetivos. Independientemente de lo que pase a partir de ahora, es justo felicitarle por su trayectoria. Prueba superada.

A partir de aquí, los defensores de la continuidad del técnico de Utrera la reivindican alertando que existen muchos peligros fuera del hospital, que hace mucho frío fuera y que no es conveniente cambiar de tratamiento, ni tampoco de especialista. En mi opinión, se equivocan. Apelar al miedo en esta tierra no es una buena elección. No es precisamente la falta de valor, empuje, atrevimiento, creatividad y decisión lo que define a los vizcainos. Somos muy capaces de soñar con visiones inspiradoras que parecen inalcanzables para otros y hacerlas realidad. El propio Athletic es la mejor prueba de ello. Forma parte de nuestra naturaleza acometer grandes retos con determinación, alegría, optimismo y coraje. También sabemos afrontar las dificultades con unidad y entereza. Así se salvó el equipo hace cuatro años, pero durante más de 110 años de historia ha existido en este club una regla general de comportamiento, un criterio sencillo, claro y fácil de entender, aunque no tanto de aplicar: jugar siempre y en todo lugar con el orgullo y la dignidad de un equipo grande. Eso es lo que somos. Podremos ganar y podremos perder, pero siempre que podamos, iremos a por ellos. Honestos, alegres, nobles, ambiciosos y valientes. Así nos gusta verles. Así nos gusta vernos.

Afortunadamente, estas dos corrientes de opinión (los que quieren el alta médica y los que prefieren seguir en observación) podrán decidir en breve qué es lo más conveniente para el Athletic. Lo increíble es no saber todavía cuándo. Parece que al presidente le cuesta aceptar que este club no es una sociedad anónima, sino un club deportivo propiedad de sus socios. Ya tuvo un desliz deslegitimando a sus representantes legales en la asamblea, los compromisarios, cuando afirmó que los socios habrían aprobado la propuesta de estatutos que lideró, y ha repetido esta semana, obviando esta vez la reacción de San Mamés, declarando que la mayoría estará muy contenta con esta temporada. ¿Quién es la mayoría para el presidente? Creo que este injustificable retraso en la convocatoria electoral, así como otras muchas actitudes, decisiones y comportamientos, retratan perfectamente la única prioridad del presidente-candidato desde hace meses: garantizarse su reelección. Semejante capricho podría dar lugar al absurdo de que el equipo, si se viera abocado a disputar dos rondas previas para jugar en Europa, tuviera que volver a los entrenamientos sin entrenador y sin presidente. Algo insólito e impropio del Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 21 de mayo de 2011

Lideras o entrenas

22 abril, 2011

El míster del Athletic, Joaquín Caparrós, parece enfadado. Es lo que percibo escuchando sus ruedas de prensa. Sus respuestas son agresivas, cortantes y hasta maleducadas en ocasiones. Su lenguaje no verbal refleja tensión, irritabilidad e incomodidad. Interrumpe las preguntas de los periodistas cuando no le gustan, no mira a nadie cuando habla, cabecea, se gira, deja muchas respuestas incompletas y aparece inquieto y nervioso, mostrándose especialmente arisco cuando le preguntan sobre fútbol, algo que me llama poderosamente la atención.

No sé a ustedes pero a mí me encanta hablar de lo que me apasiona, de los proyectos en los que me involucro o de las ideas en las que creo. Cuando se me da la oportunidad, aprovecho para declararlas, compartirlas y expresarlas. Me encanta y agradezco que alguien esté dispuesto a escuchar lo que quiero decir. Cuanto más hablo de ello, más real se vuelve, más detalles le pongo y más posible me parece.

Para un entrenador, debiera ser un privilegio disponer del altavoz mediático para trasladar su idea del fútbol, compartir su propósito o difundir su visión del equipo, pudiendo extenderla y enriquecerla, consiguiendo adeptos y apoyos para hacerla cada día más grande y más visible. Claro que, para poder hacerlo, hay que creer realmente que en el fútbol puede haber algo más en juego que los tres puntos. Algo relacionado con el disfrute y la emoción, también durante el proceso y no solo dependiente del resultado.

Quizá me equivoco y no está enfadado, sino tan solo preocupado porque ya están ahí los exámenes finales y sabe, aunque no lo diga, que el equipo no está jugando bien. Quizá está cansado de que no se le reconozcan suficientemente sus méritos. Puede que esté molesto porque la gente ponga el foco en cuestiones menores como la escasa calidad del juego, en lugar de fijarse en lo único importante: ¡vamos quintos! En definitiva, igual se siente frustrado porque no todos compartan su teoría de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que no es fácil ser entrenador en la actualidad.

Yo trabajo cada semana con entrenadores. Aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ordeno y mando para conseguir resultados. Saben que ya no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para conseguir el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Quizá, en el mejor de los casos, alcanza para obtener la obediencia de tus jugadores, pero ni de lejos llega para conseguir su compromiso. El compromiso es una decisión personal de cada jugador. Es un regalo que te hacen porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti y seguirte hasta el infinito y más allá. El compromiso de todos tus jugadores es imprescindible para alcanzar resultados extraordinarios.

Para conseguirlo, el entrenador debe estar dispuesto a arriesgar, a mostrarse abierto, disponible y vulnerable. A dejar su discurso racional a un lado y a conectar con fuerza con sus jugadores. Se trata de una conexión emocional. El reto está en tener la capacidad de manejar grupos, emociones y estados de ánimo. En liderar personas, no solamente en entrenar futbolistas. No es fácil esto. Hace falta un gran nivel de autoconocimiento, de seguridad y de confianza para actuar de esta manera. Necesitan aprender y desarrollar nuevas habilidades y competencias que exceden en mucho a los conocimientos técnico/táctico/físicos. De hecho, supongo que por eso hay tantos entrenadores y tan pocos líderes.

La semana pasada tuve el privilegio de compartir 90 minutos de conversación mano a mano con Valero Rivera, durante 20 años entrenador del equipo de balonmano del Barcelona y con más títulos que Mourinho. En la actualidad, Valero es seleccionador español de balonmano. Debatimos sobrela figura delentrenador y la importancia de su liderazgo, algo clave en su opinión. Al finalizar, le pedí si podía resumirme en una sola frase, en base a su amplia y exitosa experiencia, lo que para él significa liderazgo en un entrenador. Lo pensó un poco y respondió; “capacidad de influencia positiva y coherencia. No mentir nunca”. La verdad es que, dicho así, parece sencillo. Si tu equipo ha jugado horrible, aunque haya ganado, tan solo debes reconocerlo, aceptarlo y seguir hacia delante. Quizá mañana, contra los vecinos, igual hay suertecilla y la cosa sale mejor. Y no te enfades. ¡Que vamos quintos!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 22 de abril de 2011

El ‘Aplausómetro’

27 febrero, 2011

El pasado domingo, debatiendo en un programa de ETB sobre la necesidad de blindar el contrato de Llorente como buque insignia del Athletic, se planteó un curioso debate, relacionado con la relación entre el ariete y la afición, que podría ser clave para clarificar esta cuestión.

Como ya se ha comentado en esta columna en alguna ocasión, entre otras grandes virtudes de San Mames está su sonoridad. Nuestro estadio recoge y registra con precisión de relojero cada una de las emociones que se trasladan desde el césped y que tienen cumplido reflejo en la grada. Podríamos decir que se trata de un medidor de la intensidad emocional que provoca cada situación, así como de la calidad de la conexión que cada futbolista tiene con su público.

Hay algunos jugadores que hacen reventar la aguja del aplausómetro; Gurpe, Toquero e Iker, por poner tres ejemplos, cuentan con la bendición de San Mamés y el respaldo unánime de la grada. Los decibelios aumentan espectacularmente con las ovaciones que recogen y, en estas ocasiones, el medidor raramente baja del 9.

Por otra parte, Fernando Llorente, las pocas veces que es sustituido, no suele superar el 7 y tampoco recuerdo que todo el estadio haya coreado nunca su nombre con entusiasmo. Por no mencionar que, esta misma temporada, el segundo partido de Liga y con 2-0 en el marcador, recibió silbidos (pocos) por fallar una ocasión y murmullos en otros tantos. Reconozco que soy el primero en no romperme las manos cuando le cambian aunque, hasta ahora, no había sido consciente de ello. Esto son hechos concretos y ahora me animo con una interpretación.

Es curioso. Repasando con detalle su trayectoria en el Athletic, llego a la conclusión de que quizá no haya ningún jugador en la plantilla con más merecimientos que él para recibir todo el cariño, el respeto y el reconocimiento de la parroquia rojiblanca. Tomar la decisión de separarte de tus padres y tus hermanos con 12 años para venir a vivir a Bilbao en busca de un sueño; ser capaz de convivir desde muy joven con las más altas expectativas sobre tu futuro, alcanzarlas y superarlas; ser campeón del mundo por méritos propios y convertirte, jugando en el Athletic, en un delantero centro de talla mundial, me parecen méritos suficientes para que San Mamés le reconozca como uno de los grandes.

Todo ello, por supuesto, unido a un comportamiento intachable, tanto dentro como fuera del campo. Debería ser un orgullo contar con una persona así en mi equipo.

Pero, a pesar de todo ello, el aplausómetro le sigue negando lo que legítimamente le corresponde y se ha ganado a pulso. Podemos argumentar que es frío, que no demuestra la garra que nos gusta, que juega con la roja (Joseba Etxeberria lo hizo más de 50 veces y no por ello perdió nunca la bendición del Santo)… la razón que ustedes deseen. Si yo fuera Fernando, podría empezar a pensar (si no lo hace ya) que San Mamés no le valora lo suficiente.

No sé lo que tendría que cambiar FL9 para conectar con más fuerza con la grada. Eso será trabajo suyo pero, en lo que a mi respecta, prometo rectificar y demostrarle fehacientemente el respeto que me merecen tanto su compromiso con el equipo como su sacrificio para ser futbolista del Athletic y su trayectoria como rojiblanco.

Esta noche, el Athletic se la juega contra un Valencia, afortunadamente, sin Aduriz. En poco más de cinco años, entre Fernando y Aritz llevan 110 goles en Primera. Da vértigo pensar qué podría haber conseguido este equipo con ese montón de goles y más vértigo todavía pensar qué podría ser del Athletic a corto plazo sin ninguno de los dos. Anuncian frío para la hora del partido. Será la excusa perfecta para calentarme las manos aplaudiendo al 9 hasta hacer reventar, por una vez, la dichosa aguja del aplausómetro.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 27 de febrero