Archive for the ‘Respeto’ Category

Mentiras arriesgadas

25 noviembre, 2010

Lo de la buscar la tarjeta o, incluso, la expulsión de un jugador es algo que se ha visto muchas veces. Hacerlo con dos jugadores en un partido ya se ha dado en menos ocasiones (yo no lo he visto). Que sea en Champions, seguro que no ha pasado nunca. Pero que el entrenador, único maquinador del asunto, niegue públicamente su autoría y acuse al árbitro de falta de criterio para quitarse la responsabilidad de la decisión tomada, es algo nuevo y sorprendente de Mourinho.

Me cuesta intuir quién pudo sentirse más ofendido ó molesto por esta cuestionable decisión.

Por una parte, los propios jugadores afectados se vieron obligados a hacer el indio demostrando en ambos casos que la interpretación no es lo suyo. El rival (el mítico Ajax) también se pudo sentir claramente menospreciado en su propio estadio.

Vulneró asimismo las reglas que prohiben taxativamente provocar tarjetas y expusiones en beneficio propio. Faltó al respeto al árbitro a quien acusó de incompetente. Despreció a la Champions que cuida el ‘fair play’ como uno de los valores principales de su producto.

También, sin duda, a la UEFA, Institución propietaria de la Champions, que es muy probable que sancione ejemplarmente al técnico portugués. Por supuesto, a la historia e imagen de su propio Club, que está muy por encima de trastadas como ésta.

Y, por último pero no menos importante, a todos los aficionados al fútbol a quienes nos tomó por idiotas.

Dicho ésto, para buscar una nueva perspectiva más constructiva a la comentada decisión, intento deducir qué valores de Mourinho aparecen claramente reflejados en esta situación. No me cuesta reconocer la eficacia, el pragmatismo, la planificación, el método o la organización como valores muy evidentes.

Por un chupito de energizol, qué más valores de Mou se pueden observar en esta situación. 1, 2 3 …. respondan otra vez.

PD. No tiene precio la interpretación en la banda fingiendo un enfado monumental por la expulsión y casi lanzando (otra vez) la botella contra algo. Se me ocurre que el espectáculo también puede ser un valor para Mou…

Imanol Ibarrondo

‘Hannibal’ Suarez

23 noviembre, 2010

Este fin de semana, Luis Suárez, el gran goleador uruguayo y capitán del Ajax, sufrió un ataque transitorio de canibalismo que le llevó a propinar un inesperado mordisco en el cuello a un rival. El árbitro no vio la acción y no fue expulsado.

La Federación holandesa decidió no re-arbitrar el partido y dejó sin sanción al delantero ajacied. Hasta aquí, todo más o menos normal. Alguien pierde los papeles en el campo, el árbitro no lo ve y no se le sanciona.

Lo sorprendente es que ha sido el propio Club quien ha decidido sancionar con 2 partidos y una fuerte multa económica (con donación a una ONG) a su jugador. No es que el Ajax vaya primero en la clasificación y lo haga por una mera cuestión de imagen (que tampoco estaría mal). Al contrario, el equipo se encuentra en cuarta posición, fuera de la Liga de campeones y, aún así, decide sancionar a su mejor jugador y máximo goleador.

Lo que interpreto de esta ejemplar decisión es que el Ajax tiene una Visión potente sobré quién es y qué es lo que quiere ser. Sobre qué es importante para el Club y cuáles son los valores que alumbran su camino. No solamente lo tiene claro sino, lo que es más relevante, actúa en consecuencia. Es coherente. En este caso, el respeto al contrario no es de boquilla, sino que lo vive intensamente en la práctica, tomando una decisión que, a corto plazo, podría perjudicar sus intereses deportivos.

Lo que hace actuando así es consolidar con determinación su Identidad, tanto hacia dentro como hacia fuera. Puedo imaginar el impacto que esta decisión tendrá en los cientos de jugadores que forman parte de una de las canteras más prolíficas del mundo, así como en todos los jóvenes jugadores holandeses que algún día sueñan con llevar la camiseta de uno de los Clubes más míticos de Europa.

Desde la Final del pasado Mundial, son ya dos las decisiones que ha tomado el fútbol holandés para cambiar la percepción del fútbol mundial sobré qué es realmente importante para ellos. Tanto la exclusión de De Jong de las convocatorias de la selección holandesa como la del Ajax de sancionar Luis Suarez indican que el fútbol holandés vuelve a estar conectado a los valores auténticos del fútbol; al respeto a las reglas y a los contrarios como base fundamental para conectar con la esencia del juego.

Es una gran noticia para el fútbol. No es casualidad que un País con tan solo 3 MM de habitantes sea una referencia en la historia del fútbol, tanto a nivel de clubes como de selecciones. Decisiones como la del Ajax son las que marcan la diferencia e indican el camino a seguir.

Imanol Ibarrondo

Me da alas

17 noviembre, 2010

Si hubiera que contar una historia esta semana para definir la Plenitud sería, sin duda, la que ha acabado con Vettel como campeón del mundo de F1 y con su escudería, Red Bull, con el título de constructores. Un equipo nuevo, sin vicios, sin intrigas, sin trampas, haciendo de la deportividad una bandera y una forma de vida. Creo que la marca Red Bull ha ganado más con la manera en que lo ha conquistado que con todas las campañas de publicidad y marketing que pudiera inventarse.

Les han insultado, les han querido humillar, les han dicho que no saben de qué va ésto, que iban de farol, que todo era una pose y que al final, como todos, harían trampas, se saltarían las reglas y habría órdenes de equipo. La única duda consistía en saber si iban a disimular.

Han estado semanas soportando todo tipo de críticas, mientras defendían públicamente su respeto a las reglas y a sus dos pilotos.

Dicen que la Plenitud es un acto radical. Hace falta mucho valor para atreverse a actuar conforme a unos valores que definen lo que eres, que forman parte de tí y que constituyen tu esencia como persona o como equipo. Me puedo imaginar cómo pueden sentirse hoy todos los integrantes de Red Bull, desde los dueños, hasta el último mecánico. Es muy posible que todavía estén levitando (para ellos es fácil  😛 ).

La satisfacción y el enorme orgullo de pertenecer a un equipo campeón que respeta los valores de deporte y que está conectado a ellos hasta el final, quizá sea lo máximo a lo que pueden aspirar un deportista y un equipo.

Ganar es una cosa y sentirse pleno es otra que puede ser bien distinta.

Es emocionante presenciar cómo en el máximo nivel, donde la cantidad de dinero, intereses y presión es descomunal, todavía existen personas y equipos que son capaces de vivir y actuar tan enchufados a los valores esnciales del deporte.

Hasta ahora, nunca he comprado una lata de Red Bull, pero os aseguro que hoy mismo me beberé uno con agrado. Lo haré con calma, disfrutando de la satisfación de colaborar, aunque sea un poco, con un equipo tan ejemplar. A ver si se me pega algo.

Imanol Ibarrondo

Soplador de brasas

13 noviembre, 2010

Tras la copita, vuelve la Liga. Diez jornadas después, ni frío ni calor. No se sabe si el Athletic viene o va, si irá para arriba, para abajo o, sencillamente, nos quedaremos demasiado pronto en tierra de nadie. El juego del equipo tampoco ayuda a despejar esta duda. A veces, sobre todo fuera de casa, no distingo si sale a jugar o a no jugar, si quiere jugar al fútbol o al otro fútbol.

No es fácil, ni tampoco gratis, estar pensando permanentemente en parar el juego, perder tiempo centrándose en aguantar el resultado o en no perder. Se paga un alto precio. Cuando un jugador o un equipo entra en esta dinámica, se distrae, pierde la concentración y comete errores. Se desconecta del juego. Y, sobre todo, cuando marcas pronto, intentar cerrar el partido de esta manera parece algo absurdo.

Jugar al otro fútbol es, además, propio de un equipo sin confianza en sus capacidades reales y sin seguridad en lo que hace. Un equipo sin intenciones, sin una visión potente de lo que realmente quiere, sin un propósito claro y, por lo tanto, sin una identidad definida. Un equipo miedoso, poco reconocible y con el que cuesta identificarse. En definitiva, un equipo pequeño.

Me resisto a creer que éste vaya a ser el destino del Athletic esta temporada. Una única victoria a domicilio en todo el año debería ser razón suficiente para confirmar la necesidad de un cambio de estrategia. A veces pareciera que el equipo estuviese enfadado con el balón. Toca ya hacer las paces con la pelota, ajuntarse con ella y comenzar a disfrutar jugándola un poco más.

La apuesta ganadora e imprescindible para dar el salto de calidad necesario que nos permita realmente aspirar a objetivos mayores, sería que los jugadores se convencieran de que saben jugar al fútbol. Al de verdad. Que confiaran en que son capaces de hacerlo todos los domingos; fuera y en casa. Saldrá bien o mal, mejor o peor, pero creer en ello e insistir.

Jugar al fútbol está relacionado también con el compromiso con una idea potente y la responsabilidad para llevarla a cabo. Hace falta ser muy valiente para atreverse a jugar de verdad al fútbol y no conformarse con entregar la cuchara fácilmente ante los mejores de la tabla. Dice el invitado de hoy al banquillo visitante de San Mamés, Juanma Lillo, que «en fútbol, no arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré«. Valga el trabalenguas para defender la idea de que hay que arriesgar para crecer individual y colectivamente hasta alcanzar tus retos.

Hoy es un buen día para confirmar esa apuesta contra un equipo que asume que jugar bien al fútbol es la única alternativa para seguir en Primera. Del Almería me quedo con su discutido entrenador, que, con casi 30 años de experiencia en los banquillos, tiene la extraña virtud de decir algo interesante cada vez que habla, de huir de los topicazos del fútbol, de acabar las frases, de no justificarlo todo con el resultado y de demostrar una lealtad y fidelidad inquebrantables a una idea grande de fútbol. Alguien coherente que busca emocionar a través del juego de sus equipos. Lo conseguirá o no, pero yo le admiro por eso.

Intuyo que, en la plantilla del Athletic, hay un gran potencial latente que está deseando que alguien confíe en él, que le impulse, que le inspire, que crea en él. Lo puedo comparar con las brasas de una barbacoa. Todavía no calientan mucho, pero están casi listas para convertirse en un fuego chisporroteante, brillante y ardiente. Tan solo requieren una mano hábil que les dé el aire que necesitan para completar su transformación.

Dice Lillo, en otra de sus célebres frases, que «el futbolista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender«. Quizá lo que necesita el equipo sea un inspirador. Alguien que le haga creer que puede ser mejor de lo que está siendo. No tanto un vendedor, sino un creador de ilusiones. Quizá necesitamos un soplador de brasas.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se publicó como artículo en el periódico DEIA el sábado 13 de noviembre.

Energizol: dosis de automotivación y respeto

3 noviembre, 2010

Mourinho dice que es tarea de Benzema encontrar la motivación necesaria para volver a ser el jugador del Lyon que fichó el Madrid hace dos temporadas. Él tan solo es un colaborador en este proceso, siendo el francés quien debe conectar con sus propios recursos. 

Estoy plenamente de acuerdo con esta afirmación. No creo en la motivación externa como herramienta permanente para que un jugador alcance su máximo rendimiento. Sí puede ser un detonador, una especie de despertar pero, a partir de ahí, cada uno debe encontrar en su interior su propio ‘energizol’ (motivación). Ser capaz de descubrir qué es lo que realmente quiere, en qué jugador desea convertirse, qué le da la energía y la vitalidad que necesita para impulsarle a avanzar con determinación hacia sus objetivos.

Creo que, hasta el momento, Mourinho ha estado utilizando los medios de comunicación para mandar mensajes retadores y motivadores al jugador francés. Parece que no han funcionado mucho. Recuerdo casos similares (Clemente llamando Fernandito a Llorente) con resultados parecidos. Quizá sea un buen momento para cambiar de estrategia trabajando con el jugador hacia dentro en lugar de hacia fuera.

Por otra parte, Del Bosque, una vez más (y ya son muchas) ha dado una nueva muestra de sabiduría y sentido común en una entrevista publicada por la UEFA. A la pregunta de qué cambiaría en el fútbol si tuviera el poder necesario para hacerlo, respondió que prohibiría terminantemente a los jugadores y técnicos hablar públicamente de los árbitros. Eso es lo que cambiaría. Algo tan sencillo como Respetar, de verdad, a los árbitros. Una vez más, habla de estar conectado a la esencia del juego viviendo con intensidad uno de los valores más importantes para poder conseguirlo; el Respeto.

Al hilo de esto, llega la decisión de la UEFA de sancionar con dos partidos de suspensión al portero del Barcelona, Pinto, por su acción antideportiva contra el Copenhage de la pasada jornada de Champions. ¡Bien¡ Lo celebro. Es una buena noticia. El ‘Fair Play’ no puede ser solamente un concepto de marketing para vender imagen. Se trata de acciones y comportamientos concretos que hay que identificar, corregir, sancionar ó, en su caso, destacar, alabar y premiar.

Hace un año, la UEFA suspendió con dos partidos al delantero brasileño del Arsenal (Eduardo) por simular un penalti. Nadie se rasgó las vestiduras. Tampoco ahora con Pinto. No pasa nada por denunciar los comportamientos tramposos. Al contrario, somos mayoría quienes defendemos el ‘juego limpio’ como elemento fundamental de la esencia del juego.

Imanol Ibarrondo

El coleccionista

6 octubre, 2010

Se me pusieron los pelos de punta viendo ayer algunas de las violentas entradas que salpican la trayectoria profesional de Nigel de Jong, el mediocentro holandés que agredió a Xabi Alonso en la final del Mundial. A sus todavía 25 años, ya ha fracturado tibia y peroné a dos colegas. Esas son las televisadas, supongo que coleccionará muchas más en su particular museo del terror.

Lo más doloroso es lo desmedido e innecesario de sus acciones. No pienso en mala voluntad, sino en una falta total de autocontrol. Quien actúa de esta manera, se convierte en un peligro para sus compañeros y para el fútbol.

Tampoco es normal que, quien tiene la desgracia de provocar una fractura tan grave a otro futbolista hace menos de 6 meses en un partido amistoso, no tenga la más mínima capacidad de reflexión para modificar y corregir sus comportamientos e impulsos violentos.

El fútbol no es una guerra y no hay que matar a nadie. Las frases dramáticas del estilo ‘nos jugamos la vida’, ‘hay que ganar por lo civil o por lo criminal’, ‘es un partido a vida o muerte`…,  tampoco ayudan a los jugadores a tener una perspectiva adecuada y equilibrada que facilite distinguir entre agresividad y violencia.

Creo que De Jong necesita coger distancia, adquirir otra perspectiva del juego y bajar de revoluciones para poder jugar al fútbol sin poner en grave riesgo de lesión a sus rivales y colegas.

Así parece que lo ha entendido también el seleccionador holandés, que le ha desconvocado para los próximos partidos internacionales, en una valiente decisión, sin precedentes en el fútbol mundial.

Seguramente, habrá sido difícil tomar esta medida contra alguien que ha peleado contigo y con el que has sido sub-campeón del mundo hace tan solo un par de meses, pero Holanda demuestra, con esta admirable e insólita determinación, que no vale todo para ganar. No todo está permitido. No hay atajos para ganar.

La ‘naranja mecánica’, reconocida históricamente en el fútbol por su valores de respeto al juego, a los contrarios y a las normas, no puede admitir que De Jong atente, repetidamente, contra su esencia. Después de las feroces críticas que recibió por su comportamiento violento e impropio en la final del mundial, la selección holandesa acaba de dar una lección magistral de lo que supone tomar consciencia de qué es su selección, qué es importante para ellos, cuáles son sus valores auténticos, cómo quiere que se le reconozca y actuar en consecuencia. Eso, en Coaching, lo llamamos ser coherente y tiene un enorme impacto.

El respeto a los contrarios es un valor esencial del juego y, dentro de este valor, la integridad física de los rivales está por encima de cualquier cosa. Atentar gratuita y repetidamente contra ello, es poner en riesgo la esencia del propio fútbol. No hablo de provocar una lesión en una disputa. Eso forma parte de un juego de contacto intenso y agresivo como es el fútbol. Me refiero a la imprudencia temeraria continuada.

En contraposición al jugador holandés, tenemos otro futbolista en esta Liga que también tuvo la desgracia de fracturar tibia y peroné a un colega y que, casualmente, recibió ayer el Premio MARCA Puerta-Jarque al ‘Juego Limpio’.

Gorka Iraizoz y el lesionado, Luis Filipe, han demostrado que, a pesar de que las lesiones graves pueden suceder, también son excelentes oportunidades para sacar a relucir los mejores valores personales de cada uno, dando ejemplo de lo que debe ser un comportamiento deportivo, tanto dentro como fuera del campo. Enhorabuena a ambos. 

Imanol Ibarrondo

Determinator

16 septiembre, 2010

Sé que son muchas las cualidades que adornan la figura de Rafa Nadal; humildad, coraje, esfuerzo, sacrificio, ambición, sencillez, respeto y  demás calificativos son cualidades perfectamente reconocibles en el tenista manacorí. Todas ellas son fundamentales, pero hay una que me llama poderosamente la atención y que, en mi opinión, marca la diferencia en los momentos decisivos de los partidos importantes. Es su enorme determinación para ganar.

Es ahí, cuando al resto de los mortales se les encoge el brazo por miedo a fallar, cuando surge con fuerza ‘determinator’. La noche del domingo, viendo la final del USA Open, pude comprobar de nuevo cómo su figura se agranda en esas jugadas claves, apreciándose con nitidez su enorme deseo de ganar. Es precisamente en ese momento cuando se saca aun ‘ace’ ganador o mete un pelotazo desde el fondo de la pista que deja sin respuesta a su oponente. Ahí es cuando él, a diferencia de la mayoría, arriesga, se crece y supera sus límites, una y otra vez.

¿De dónde saca esa determinación para ganar? ¿De dónde viene ese valor para arriesgar?  ¿Por qué los deportistas tienen miedo a ganar? ¿Qué es la presión? ¿Por qué se falla tantas veces el golpe decisivo, el tiro libre del último segundo o el penalty de la victoria? ¿Unos tienen deseos de ganar y otros no?  ¿Se puede aprender?  ¿Y mejorar?

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición que detalla el referido autor. Él es muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego su valía como persona. No es rehén de esa creencia limitante tan extendida, bajo cuya perspectiva la valía personal de quien compite en tenis, o en cualquier otro deporte, depende de los resultados que obtenga. Los que están sometidos a esta creencia, que trabaja desde el inconsciente, consideran que solamente siendo los mejores, solo ganando, van a conseguir el amor y el respeto que necesitan.

Sin embargo, de esta manera, valorando solamente los logros y habilidades de las personas, se está ignorando el verdadero e inconmensurable valor de cada individuo. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por un afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible; soy un ganador nato, he ganado en todos los equipos en los que he estado, solamente me interesa ganar…. La tragedia para estas personas es que, aunque alcancen el éxito en la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la seguridad, la confianza o, incluso, el respeto que realmente andan buscando.

Eso en el mejor de los casos. Porque, en caso contrario, si además no ganas, es cuando se te cae el mundo encima. El miedo se apodera de ti y la parálisis, los bloqueos y demás pensamientos poco recomendables (no valgo para nada, soy muy malo, no voy a poder, qué van a pensar, no me lo merezco…) hacen el resto.

Identificar lo que yo soy realmente, mi yo auténtico, con los resultados que obtengo en el deporte es una creencia muy limitante para poder alcanzar el máximo rendimiento disfrutando plenamente del juego.

Es por ello que, a veces, cuando estás para ganar, en el momento decisivo, en el partido clave, se apodera de ti el miedo a ganar porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que le vas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a tí… y te sientes culpable… y fallas. Puede que no sea un pensamiento consciente pero que está ahí, dominándolo todo.

‘Determinator’, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros elogios y reconocimientos que les hace e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su deseo de ganar viene de otro sitio.

Concretamente, de entender que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales es la de personas que cooperan con él para alcanzar su objetivo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos, consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser.

Desde esta potente perspectiva (de nuevo, coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento definitivo. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, ni se pone en duda la valía personal de su adversario. Bajo esta idea, nadie es derrotado. Ambos se benefician por los esfuerzos que han realizado para superar los obstáculos presentados por el otro. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo del otro.

Visto de esta forma, Nadal les hace un favor esforzándose al máximo y obligando al contrario a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales. No hace falta convertirse en un matón arrogante y vanidoso que humilla y aplasta a los demás para convertirse en un ganador. Tan solo hay que entender que aplastar a los demás no es de lo que se trata.

Una vez definido el objetivo (Ganar el partido o el torneo), quizá el secreto sea no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera por lo tanto grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el Reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Sin duda, el coaching deportivo es la herramienta más potente para que el deportista descubra el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona.

Imanol Ibarrondo

Coopetir

16 agosto, 2010

Al hilo del penúltimo post publicado en este blog (Hasta la victoria siempre) y coincidiendo con la séptima victoria de la temporada de Lorenzo, quisiera hacer una comparación entre dos deportes similares (Moto GP y Formula1) que también tienen 2 pilotos por equipo y compiten por marcas,  además de por la clasificación individual.

El mismo domingo de Julio en que Massa dejó pasar a su compañero Alonso para que ganara en Alemania, por la noche vi como Jorge Lorenzo vencía en Laguna Seca.

Recordé en ese momento la espectacular carrera de junio del año pasado en Montmeló, en la que Rossi y Lorenzo, compañeros de escudería, pelearon hasta la última curva en una formidable pelea por la victoria, asumiendo el gran riesgo  para su equipo de que cualquiera de ellos, o ambos, acabaran derrapando con sus monos por la pista.

No quiero imaginar cómo estaría el box Fiat-Yamaha en ese momento, pero puedo recordar a qué velocidad latían los corazones de todos los que estábamos pegados a la televisión, viendo los increíbles adelantamientos de las últimas vueltas.

Me cuesta creer que en uno de esos momentos memorables para la historia de la Moto GP, alguien desde el box estuviera dando instrucciones a Rossi o a Lorenzo para que fueran más tranquilos, para pensar en los puntos de la clasificación por equipos… No sé si por los pinganillos de ambos se oirían este tipo de comentarios pero, seguramente, ambos pilotos, preferirían cambiar de equipo antes que renunciar a ganar.

Aquél día, Rossi se le metió por dentro en la última curva y se llevó la victoria. Sin duda, fue una derrota amarga para Lorenzo. En su casa, frente a su mayor rival, de su mismo equipo y perdiendo el liderato del Mundial en el último giro. Una gran adversidad.

Dicen que Rossi y Lorenzo son enemigos. No lo creo. Ni en su mejor amigo del circuito podría encontrar el mallorquín un mejor colaborador para su crecimiento y pleno desarrollo como piloto. Tener, quizás al mejor de la historia, como máximo rival y compañero de equipo, es un privilegio del que, si no lo ha hecho todavía, supongo que Lorenzo tomará consciencia en su momento.

Competir con(tra) Rossi le está permitiendo enfrentarse y superar, cada día, las mayores dificultades posibles, avanzando a pasos agigantados hacia el mítico piloto en que podrá convertirse en su momento.

Creo que, sobre todo al máximo nivel, competir está directamente relacionado con cooperar. Necesitas que alguien te ayude y te obligue a sacar lo máximo y lo mejor de ti. A conocer tus límites y a superarlos para poder seguir mejorando, creciendo y ganando.

Y por este motivo, necesitas a tus rivales. Cuando mejor sean ellos, cuanto más se esfuercen, cuanto más difícil te lo pongan (en todos los sentidos), mayor será el favor que te estarán haciendo y más estarán colaborando en tu propósito.

En mi opinión, tras carreras como la de del año pasado de Montmeló, Lorenzo, podría aprovechar para dar las gracias sinceras y de corazón a Rossi, porque le está ayudando a madurar y mejorar a una velocidad imposible de alcanzar sin ‘Il Dottore’ en la pista. De momento, aunque con acierto, ayer se limitó a afirmar “mis antiguos errores me han hecho mejorar”. Por mi parte, estoy seguro que el año que viene seguirá mirando de reojo a la Ducati para seguir aprendiendo.

Imanol Ibarrondo

Hasta la Victoria Siempre

4 agosto, 2010

WoP en la cima del Tour

 Allí estaba yo, con unos amigos, en la ladera del mítico Tourmalet, en un día de perros, con lluvia, frío y niebla, pero esperando ilusionado como un crío la llegada de los valientes para afrontar los 12 últimos kilómetros de ascensión hasta la meta.

Tras el paso de un puñado de escapados, le tocó el turno al grupo de favoritos.

Pasaron en un visto y no visto los Contador, Schleck, Samuel, Menchov, Amstrong y demás ilustres, con sus rostros afilados y las piernas de alambre. Me llamó poderosamente la atención la cara de niño que tienen y lo increíblemente delgados que están. Va a ser cierto eso que dicen que la tele te echa 5 años y 5 kilos de más.

Tras ver desfilar a buena parte del pelotón, decidimos bajar rápido hasta la mitad del pueblo para ver las últimas rampas en unas pantallas gigantes instaladas en la calle. Quedaban 4 kilómetros y los dos primeros de la general se estaban jugando la victoria y quizá el Tour.

Todos especulábamos con el momento del ataque de Contador que seguía a rueda de su rival. “Será ahora” decía uno, “no, esperará al último km.” contestaba otro, “los 500 mts. finales son durísimos, seguro que ataca ahí” añadía un tercero…. Pero no, todos nos equivocamos. El final ya estaba acordado en  el orden previsto para no perjudicar su amistad.

Reconozco que mi sensación fue de decepción. Me sentí  molesto y también un poco enfadado. Por momentos, hasta cabreado. Esas emociones eran compartidas por otros aficionados con las que coincidimos tomando unas cervezas por el pueblo después de la carrera.

No pretendo juzgar la actuación de ambos corredores. Seguro que tendrán argumentos de peso para justificar su decisión. No critico lo que hicieron, tan solo quiero exponer cómo me hizo sentir a mí y a muchos de los que estuvimos allí ese día. 

Reflexionando sobre estas sensaciones llegué a la conclusión de que el ingrediente que nunca debe faltar en cualquier deporte de competición y el motivo por el que miles de millones de personas se apasionan practicándolo y, sobre todo, viéndolo, es la incertidumbre de la victoria y el deseo de ganar de los competidores. No saber quién va a vencer y tener la certeza de que los contendientes van a pelear al límite por conseguirlo, es algo que me atrae profundamente. En cualquier deporte.

Unos días después, el domingo siguiente, Massa dejó pasar a Alonso para ganar en Alemania. Sentí exactamente lo mismo. Insisto, no es un juicio pero, dejando al margen a la razón que todo lo contamina y justifica, no puedo evitar reconocer mis emociones. No me gustó. Me sentí incómodo de nuevo.

Por eso no me atraen los partidos amistosos, ni tampoco comulgo con las estrategias de equipo que manipulan las victorias (las entiendo, pero no me gustan) … y mucho menos, comparto  la amistad mal entendida dentro de la competición (hoy por ti y mañana por mi).

Creo que ganar es ser capaz de superar obstáculos para alcanzar un objetivo, pero el valor de la victoria puede que no sea siempre tan valioso como la experiencia obtenida al enfrentarse y superar los obstáculos que se han presentado en el camino.

Mientras mayores sean las dificultades que debas afrontar, mayores serán las posibilidades para descubrir y ampliar tu máximo potencial. Quizá ese potencial siempre haya podido estar ahí, latente y  disponible, pero si no se manifiesta a través de la acción, continuará siendo un secreto escondido.

En el Deporte, son tus rivales los encargados de ponerte los obstáculos a la medida de tus capacidades. Es a ellos a quienes debes agradecer que te permitan crecer y alcanzar tu máximo potencial. Tu rival no es un enemigo, sino la persona o el equipo que te ayudará a mejorar.

Creo sinceramente que en el deporte no hay amigos… pero tampoco enemigos. De hecho, mi oponente actúa realmente  como un amigo y coopera conmigo cuando me lo pone realmente difícil y me ayuda a descubrir y  desarrollar nuevas capacidades ocultas que necesito poner en juego para  convertirme en el jugador, ciclista, piloto… que realmente quiero llegar a ser.

Dicen que existe una fuerte amistad entre Contador y Schleck. Siendo esto así, considero que se trata de un argumento adicional para que el de Pinto hubiera disputado la etapa al luxemburgués, obligándole a sacar todo lo mejor que tuviera dentro en ese momento. A crecer un palmo como ciclista.
Tal y como sucedieron las cosas, Schleck, de momento, sigue sin saber dónde está su límite y si puede ganar a su máximo rival.

Desde mi punto de vista, flaco favor le hizo su amigo.

Imanol Ibarrondo

PD: La foto que ilustra el post es la prueba documental gráfica que demuestra que el proyecto WOP (http://www.walkonproject.org), en su iniciativa de escalar cumbres y superar dificultades, estuvo también en el Tourmalet. Bueno, es cierto que faltaban unos kilómetros para la cima, pero al día siguiente pasamos en coche….

El Arte de Entrenar

26 julio, 2010

Antes del Mundial, escribí un post (¿lideras o entrenas?) en el que hacía referencia a una reflexión que deslizó Vicente del Bosque durante la conferencia que impartió en el ‘2º congreso internacional de entrenadores de fútbol’ que organizó en mayo la RFEF.

Decía que entrenar no es una ciencia y no se aprende obteniendo el título en la escuela de entrenadores. Este es el mínimo necesario, pero afirmaba que entrenar es un arte cuya mayor dificultad reside en la gestión de las emociones (propias y ajenas) y que, para eso, son necesarias otras habilidades, competencias y capacidades diferentes a las técnico-tácticas.

Sin duda, VB ha demostrado ser un experto en el ‘arte de entrenar’  doctorándose cum laude en el Mundial. No quiero detenerme aquí para glosar la ya sobradamente reconocida figura del seleccionador (entre otras cosas porque no le conozco), pero sí quiero poner el foco en algo que me parece importante y que trabajamos constantemente en nuestras formaciones de coaching.

En mi opinión, su gran éxito es atreverse a ser quien realmente es. En cualquier circunstancia. ¡Qué difícil es eso! Actuar permanentemente respetando sus valores auténticos, aun a riesgo de sufrir importantes decepciones (p. ej. : despido Real Madrid).

Durante el Mundial, hemos podido reconocer en sus actos, en sus declaraciones, en su forma de estar en las victorias y en las derrotas a una persona coherente y digna de confianza. Podemos ver con claridad a alguien para quien el Respeto, la Humildad, la Sencillez, la Serenidad, la Perseverancia… son algo más que palabras. 

Sin duda alguna, sus grandes conocimientos de fútbol, su dilatada experiencia profesional y el formidable elenco de jugadores que seleccionó para el Mundial, han sido elementos básicos y fundamentales para alcanzar el éxito pero, posiblemente, su gran capacidad de Liderar eficazmente este excepcional grupo de futbolistas es el matiz que ha marcado la diferencia entre el éxito y el fracaso.

En mi opinión, el equipo de La Roja transmite exactamente los valores que refleja su entrenador. Sin duda, esto es así porque también los Xavi, Iniesta, Alonso, Puyol…. los viven también intensamente y los  contagian a los demás, reforzando así una Identidad de equipo muy reconocible y fuerte en base a unos valores compartidos por todo el grupo.

Es curios comprobar cómo entrenadores como Guardiola, Mourinho y del Bosque son tan diferentes entre sí y, sin embargo, comparten algo esencial que les hace muy reconocibles (además de sus éxitos deportivos). Es la Coherencia. Son muy distintos pero los tres se permiten y se atreven a ser quien realmente son. No engañan a nadie. Viven intensamente sus valores más auténticos y eso tiene un impacto formidable en cualquier grupo. Es el Liderazgo Coherente lo que les identifica y marca la diferencia. Parece fácil pero seguramente no lo es tanto.

Por nuestra experiencia en la formación en habilidades de coaching con entrenadores, éstos no buscan tanto ser como Guardiola o Mourinho o VB, ni como Rijkaard o Capello cuando ganaban en su momento. Lo que realmente desean es tener su mismo impacto en su equipo. Su capacidad de influencia en el grupo.

La buena noticia es que también esto se puede aprender y mejorar. No se trata tanto de un aprendizaje en conocimientos, sino de un viaje de descubrimiento. No miramos hacia afuera, sino hacia dentro. Descubrir qué es lo que yo tengo que me hace único y diferente. En qué soy muy bueno. Qué es muy importante para mí y es innegociable en mi equipo. Cómo lo comunico, cómo lo vivo y si estoy siendo coherente entre lo que realmente soy, lo que digo y lo que estoy haciendo.

Es durante ese proceso de descubrimiento cuando un entrenador (una persona) descubre qué es lo que realmente quiere y conecta con la energía necesaria para alcanzar sus objetivos y para perseguir sus sueños.

A partir de ahí, ya puedes incorporar actitudes o comportamientos del entrenador de éxito de referencia para ti, que comparta tus mismos valores,  para seguir creciendo y mejorando en el difícil arte de entrenar.

Imanol Ibarrondo