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Huelga de futbolistas (I)

22 agosto, 2011

No sé cuántas amenazas de huelga ha convocado ya el mediático Luis Rubiales durante el año y medio que lleva de mandato la nueva Junta Directiva de la AFE.  Creo que son 4 ó 5. Apelar de forma permanente al último y desesperado recurso de que dispone un Sindicato, revela una alarmante falta de competencia, capacidad, formación y experiencia de sus directivos. Convocar una huelga con la mesa de negociación abierta y cuando ambas partes reconocen que se está avanzando en los acuerdos, lo considero además una irresponsabilidad.  

Reconozco que, conociendo al protagonista, no me sorprende la decisión. De hecho, tengo la impresión, compartida por muchos, de que Rubiales tiene ya lo que llevaba buscando desde que se hizo con las riendas de la AFE; su huelga. Su carácter imprudente, populista, manipulador, muy variable, poco reflexivo y con una necesidad de protagonismo desmedida, aboca al colectivo a una situación muy complicada.

Conozco perfectamente cómo funcionan la mayoría de los Clubes y sus dirigentes. He sido y soy muy crítico con su gestión y con la falta de previsión con la que toman las decisiones pero, aún así, entiendo que lo que propone la LFP para desbloquear el Convenio no es lo ideal, pero sí es un paso adelante. Es avanzar. Aspirar a todo, ya y ahora, como un niño mimado y consentido, te puede dejar sin nada. La complejidad de la situación también exige de los negociadores habilidades sociales y relacionales, así como capacidad para empatizar con la otra parte de la mesa, ponerte en sus zapatos para poder entender mejor y buscar desde ahí soluciones conjuntas, sin dedicarse a descalificar públicamente a tus interlocutores, desprestigiando su competencia.

La realidad no es blanca o negra. Resulta demasiado simplista pensar de esta manera y, quien así lo hace, queda desacreditado para gestionar esta situación. El Presidente de la AFE se cree en posesión de la verdad absoluta y actúa en consecuencia. Esa actitud, al frente del Sindicato, le llevó a vulnerar gravemente los estatutos de la propia asociación, adjudicándose un sueldo para él y para toda su Junta Directiva, algo que estaba expresamente prohibido en la norma fundamental del sindicato, aumentando así en 1,1 MM de euros al año la partida de sueldos y salarios de la AFE. Si a esto le sumamos otro epígrafe de gastos extraordinarios de más de 1,3 MM de euros anuales, nos queda la bonita cantidad de 2,4 MM de euros de incremento en el gasto corriente anual de la asociación desde su llegada.

Uno de los puntos calientes en la negociación del Convenio es que la AFE pretende que sea la Liga quien pague la cuenta de sus arbitrarias decisiones, ya que, sin Convenio y con este nivel de gasto, la AFE (la Institución deportiva más saneada hasta la llegada de la Junta actual) se iría a la quiebra en tres temporadas y a algunos se les acabaría el chollo.

No digo que la deuda de los jugadores no sea la reclamación fundamental (que lo es) pero, quizá si la Liga fuera más complaciente con esta cuestión secundaria (lo llaman ‘fondo estructural’), el Convenio tendría más posibilidades de comenzar a desbloquearse. Por decirlo con más claridad, si los Clubes accedieran, aprobando este Fondo, a financiar los sueldos y las actividades de los directivos del Sindicato, las posturas se acercarían notablemente. Al tiempo.

Imanol Ibarrondo

Papelón y gracias

2 enero, 2011

Hace apenas un mes, en una espectacular puesta en escena de la asamblea anual de AFE (ya quisiera el BBVA una parecida), Luis Rubiales impuso a Ángel Villar la medalla con la más alta distinción que nunca ha concedido la asociación de futbolistas. Tras este reconocimiento público, a ver cómo le va a meter, solo un mes más tarde, una demanda judicial a la RFEF. Así es que Rubiales decide ponérsela a otro, da igual que fuera al que no tocase: la LFP. Lo importante era hacer ruido y dar la nota, asumiendo el enorme riesgo de quitar tres semanas de vacaciones a los futbolistas y tener que avalar 16 millones por daños y perjuicios a la Liga.

Afortunadamente, la Audiencia Nacional ha dejado a la AFE solamente en ridículo. Podía haber sido peor.

Las vacaciones de Navidad fue un logro que alcanzó la anterior Junta Directiva de la AFE, de la que tuve el privilegio de formar parte durante 10 años, tras una ardua negociación con la Liga y superando todo tipo de presiones, tanto de la prensa interesada en que el fútbol no pare nunca, como de las televisiones y de la propia Liga. Un descanso tan necesario como imprescindible para que los profesionales puedan llegar en el mejor estado de forma, tanto físico como mental, hasta el final de temporada. Lo conseguimos, para agradecimiento y disfrute de todos los futbolistas y sus familias.

Esta semana se aludía a que, según recoge el Convenio, la fecha del 2 de enero era vacación. Es cierto, como también lo es que el calendario de competición se aprueba el mes de julio y la AFE está debidamente representada en la asamblea de la RFEF. Se aprobó por unanimidad, sin un solo voto en contra, ni siquiera el de los futbolistas. En el acuerdo vigente, se consiguió también que la Liga constituyera un Fondo de Garantía Concursal especial para cubrir los salarios de los jugadores cuyos clubes se declaraban en concurso de acreedores; 6 millones de euros para los de Primera División y 3 millones para los de 2ª. Un punto que fue decisivo y clave para firmar el convenio. Hace dos temporadas, los jugadores de la Real Sociedad, cobraron el 100% de su dinero por este fondo.

Curiosamente, el Levante del actual presidente de la AFE, gracias a la intervención personal del anterior responsable del sindicato, cobró más de 9 millones de euros. Los jardineros y demás empleados de ambos clubes todavía tendrán que esperar otros tres años más para poder cobrar, si tienen suerte, la mitad de sus sueldos pendientes. A día de hoy, con la que está cayendo, ningún sector de actividad tiene, ni de lejos, este nivel de protección para sus asalariados. Un lujo. No diré un privilegio porque con la tela que mueve el fútbol, parece razonable pensar que los protagonistas deben tener garantizado su dinero.

La judicialización del conflicto ha sido una improvisada huida hacia delante de una persona mal asesorada que refleja un carácter imprudente, muy variable, poco reflexivo y con una necesidad de protagonismo exagerada. La secuencia de los hechos refrenda esta impresión. Primero, apelando al convenio, la AFE se negó a que hubiera fútbol el día 2. En la reunión posterior con los capitanes, varios de ellos, de equipos importantes, le dijeron que no harían huelga y que era inadmisible tanta improvisación. Entonces, Rubiales cambia de nuevo su discurso y acepta jugar el día 2, pero solo de 17 y las 19 horas. Finalmente, viendo lo absurdo de su argumento, decide quitarse el marrón y mandárselo a la Audiencia, con tanta torpeza y falta de conocimiento que presenta la demanda contra quien no toca.

Recuerdo perfectamente las más de 25 reuniones (oficiales y extraoficiales) que mantuvimos durante casi 6 meses para cerrar el convenio vigente a última hora de la noche del 30 de julio, hace tres años. De unos delegados sindicales se espera una mínima capacidad de negociación y mayor responsabilidad para alcanzar acuerdos, además de formación, conocimientos y experiencia, sin recurrir siempre a medidas de fuerza. Puede funcionar una vez, pero abusar de ello te lleva a perder credibilidad ante tu colectivo y a quebrar la confianza con la otra parte de la mesa. Es significativo que, en tan solo 9 meses, hayan sido ya tres los amagos de huelga con los que ha amenazado la nueva Junta de la AFE. Excesivo.

El trasfondo de la pataleta no es, ni mucho menos, la vacación del día 2, sino la exigencia de que el Betis pague la deuda de 9 millones que tiene con sus futbolistas. El equipo verdiblanco está en proceso concursal por lo que, como marca el convenio, a final de temporada se reunirá la Comisión Mixta correspondiente para autorizar el pago de los 3 millones de euros que corresponde a los jugadores. En ningún caso la Liga tiene la obligación ni de pagarlos ahora ni de hacer frente a la deuda del Betis. Sin duda, habrá que buscar una solución y tienen seis meses para sentarse y negociar hasta final de temporada, pero trabajando juntos, no con chantajes ni amenazas de huelga encubiertas.

Entiendo la necesidad de resolver lo urgente, lo inmediato, pero los problemas complicados no suelen tener soluciones sencillas ni rápidas. Hace falta trabajar más los temas, formarse más y conocer cómo se han conseguido las cosas hasta ahora para poder seguir avanzando.

Hasta hace unos meses, la discreción era el criterio que regía en la AFE sobre la comunicación de todas las mejoras en derechos laborales y garantías económicas que, con mucho esfuerzo negociador y nula exigencia de medidas de fuerza para los futbolistas, se conseguían para el colectivo. Se hacía así para evitar comparaciones con otros deportes y por respeto a todos los demás trabajadores de cualquier sector de actividad, que están a años luz de la protección y seguridad de que disponen los jugadores. En el fútbol, si un equipo no paga a los futbolistas, desciende de categoría. Inmediato. Puede no pagar a Hacienda o a la Seguridad Social y no pasa nada, pero si no lo hace con los jugadores, baja o desaparece. Imagínense algo así en la vida real. Ciencia ficción.

Ahora se ha cambiado de estrategia. Todo se publicita y se difunde a los cuatro vientos con un afán de protagonismo desmedido. Creo que es un grave error que, a medio y largo plazo, perjudicará notablemente la imagen del colectivo. Esta semana pensaba que, tal y como pintaban las cosas, como medida compensatoria para paliar este posible impacto negativo de niños mimados que pudieran ofrecer los futbolistas con esta reclamación y, aprovechando que estamos en estado de alarma, podrían militarizar también el fútbol, como a los controladores, decretar servicios mínimos y obligar a los jugadores a desfilar a paso militar cuando salgan al campo, mientras suena a todo trapo el himno de infantería por megafonía. Solo nos faltaría la cabra para completar la esperpéntica foto de esta semana.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 2 de enero de 2011

Corazón de León

28 noviembre, 2010

Excesivas facilidades. Está barato golear al Athletic. El equipo, según su entrenador, casi cuatro años después de su llegada, sigue siendo blando. No parece que sea cuestión de defender con más gente, ni más atrás o al pelotazo. Tiene más que ver con la actitud, sobre todo, de los defensas. Es cierto que defiende todo el equipo, pero los últimos bastiones deben ser expertos en el arte de defender, contagiando a los demás.

Hoy en día, para ser un defensa de élite, sin duda, es importante maniobrar bien con el balón, participar en la salida limpia de la pelota desde atrás, dar apoyos y ofrecerse para descargar el juego… pero hay algo que resulta sencillamente imprescindible; defender. Esa debe ser la mayor virtud de un defensa.

Existe un concepto en fútbol que define a los grandes defensores. Se llama rigor defensivo y está íntimamente relacionado con la actitud. Con querer defender, saber cómo se hace y disfrutar haciéndolo. Significa aplicarse en cada acción defensiva hasta las últimas consecuencias. Se trata de no permitir un centro desde la banda sin echar el resto para evitarlo, de no conceder un pase fácil, ni dejar girarse a un delantero con comodidad. De no regalar una falta en lugares peligrosos y no hablemos de un penalti. De no perder nunca de vista el balón, ni darse la vuelta atemorizado ante un pelotazo. Al contrario, de lanzarse en ‘sarras’ a tapar cualquier disparo. De no conceder un remate sin oposición, ni perder una disputa sin pelea. En definitiva, de no regalar ni el aire que respira al delantero. Defender como un León.

Ser un gran defensa exige, además de excelentes cualidades físicas, un nivel de determinación y concentración en el juego que no está al alcance de cualquiera. Mientras que la primera vive en el corazón, la segunda reside en la cabeza. Cuando se juntan las dos cosas, el defensa parece un imán al que llegan todos los balones. Estando así en el campo, el fútbol es más fácil generándose una sensación de fluidez, como si todo lo que sucediese en el césped estuviese bajo tu control. Esos días, jugar es un placer. Estás tan absorto en el juego que casi puedes anticipar lo que va  pasar en cada momento.

Ese es básicamente el efecto de la concentración. Es como un ‘potenciador de la percepción’, que hace que parezcas más rápido, más fuerte e, incluso, te ayuda a tapar tus carencias técnicas ya que, estar concentrado, te permite anticipar la jugada, lo que te da un ‘bonus’ de tiempo para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Concentrado, eres mucho mejor jugador. Algunas veces, pocas, yo me sentía así.

Los demás días,  mi mente, en lugar de centrarse en el juego y ayudarme a mantener la tensión y la concentración necesarias como era su obligación, se distraía dedicándose a boicotearme descaradamente. Me decía cosas como; “seguro que fallas”, “vaya día que tienes”, “fijo que se te va”… y demás lindezas o, sencillamente, se ponía a pensar en otras cosas. Todo esto me hacía perder confianza y seguridad, me sacaba del partido y, en ocasiones, me llevaba al bloqueo y a la inacción, por miedo a que se cumplieran las negativas previsiones de mi caprichosa mente

Lo cierto es que, aunque la táctica desempeña una función esencial en el fútbol, finalmente, todo se reduce a un ‘uno contra uno’, en el que tú te la juegas con tu contrario. En el remate, en la entrada, en la disputa, en el regate, en la anticipación, en el marcaje o en la estrategia, conseguir que tu mente esté al 100% de tu parte es vital para ganar ese metro, o esa décima de segundo, que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol. Al final, eres tú contra tu delantero. Es un duelo y debes  ganarlo jugada a jugada, hasta que se rinda y le saques del partido… o él te saque a ti.

Por desgracia, ese estado ideal de concentración no es fácil de conseguir y, desde luego, no se alcanza tan solo deseándolo, ni tampoco repitiendo una y otra vez “tenemos que estar más concentrados”. Puedo confirmar que tampoco funciona nombrar a los antepasados de tal o cual jugador para que esté más atento.

Saber cómo eres, cómo te comportas, qué piensas, qué es lo que realmente quieres o conocer a dónde se va tu mente cuando se despista, resulta fundamental para aprender a mantener la concentración. Podríamos decir que el  autoconocimiento es básico para controlar la atención manteniendo  la mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas y centrándose en el desarrollo eficaz de su tarea. Eso, también es un entrenamiento.

Hoy visita San Mamés un ilustre del fútbol, José Antonio Camacho, que haciendo bandera del rigor defensivo, alcanzó los mayores éxitos y reconocimientos como futbolista. Una leyenda y quizá uno de los defensas más ejemplares que yo haya visto, comparable, por ejemplo, a Puyol. Tuve el privilegio de tenerle como entrenador y todavía recuerdo, las pocas veces que le tocaba entrar, cómo rascaba en los rondos. Lo dicho, una actitud.  

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 28 de noviembre