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Duelo para ganar

13 mayo, 2012

Tengo la sensación de que la gran mayoría de nosotros somos analfabetos emocionales. Nos cuesta mucho identificar o reconocer nuestras propias emociones, así como aceptarlas y tenemos grandes dificultades también para expresarlas adecuadamente. Aquí somos más de todo pa’dentro. Esto es así por educación y cultura y también porque habitualmente escasean a nuestro alrededor personas capaces de sostener una emoción, sin juzgarnos, sin aconsejarnos, sin decirnos lo que tenemos que hacer o debemos sentir y sin que se agobien cuando perciben una emoción que vaya más allá de bien/alegre, triste/jodido, el pequeño rango de emociones ajenas que somos capaces de tolerar. Lo cierto es que, en general somos bastante “estreñidos” emocionalmente.

Nos cuesta aceptar que las emociones no son ni buenas ni malas, que son pura química, pero que el sentimiento que generan influye decisivamente en nuestra actitud. No se trata de justificarlas ni de racionalizarlas, sino tan solo de reconocerlas, sentirlas, expresarlas y aceptarlas. Tendemos a confundir la sensibilidad con debilidad, sin entender que hace falta mucho valor y coraje para atreverse a expresar lo que uno siente, mostrándose abierto, disponible y vulnerable, porque es precisamente ahí donde reside toda nuestra fuerza. Mejor nos iría a todos si, en lugar de decir lo que pensamos, expresáramos más a menudo lo que sentimos.

Sin embargo, desde el pasado miércoles por la noche, las lágrimas de desconsuelo que se derramaron por toda Bizkaia nos hicieron a todos un poco más inteligentes emocionalmente. Las lágrimas tan auténticas de los jugadores fueron un gran regalo que nos permitió empatizar con ellos, comprenderles profundamente, ponernos en sus zapatos de verdad y entender el tamaño de su desconsuelo. Que en todas los hogares vizcaínos, los peques lloraran con Iker, Ibai, Tokero… fue una experiencia memorable. Que sus familias hayan sido capaces de aguantar ese sentimiento, sin consuelo posible, nos hace mejores ayudándonos a ampliar nuestro rango emocional. Felicito especialmente a Iker por darse permiso para llorar de esa manera. Será sin duda quien primero se recupere de este gran disgusto. Las lágrimas del miércoles, grabadas ya a fuego en las entrañas de los más jóvenes, acaban de forjar una nueva generación de athletizales que jamás olvidarán este día.

Desde el final del partido, se suceden los mensajes de ánimo para la plantilla, buscando una recuperación anímica express con vistas a la segunda Final. Demasiado pronto. Lo entiendo, pero creo que todavía no toca. Tampoco creo que sea el momento de reflexión y análisis con los jugadores para corregir errores del partido. Tiempo habrá para hacerlo con todo detalle. Es muy posible que, tras la dolorosa derrota encajada el miércoles, las dudas, la incertidumbre, la inseguridad, la desconfianza, el miedo a perder o a ganar, la tristeza, la decepción, la frustración, la rabia, el desconsuelo y otras muchas emociones poco edificantes estén presentes en ese vestuario.

Ahora hay dolor. El duelo hay que vivirlo, como cualquier pérdida irreparable. Este título, esperado durante 35 largos años, ya no volverá. Eso duele. Y mucho. No es posible pasar página sin más. No se puede pretender estar a tope en el siguiente partido. No es real y sería engañarse. Toca procesar.

Tanto el entrenador como sus jugadores, deberían disponer de un espacio privilegiado, seguro, sin juicio y sin crítica para poder compartir y expresar cómo está realmente cada uno, qué le está pasando y cómo le está afectando la situación. No se trata de saber qué piensa, ni su opinión sobre el partido, los errores o explicaciones de por qué pasó, lo que interesa es conocer qué está sintiendo. No se trata de racionalizar las emociones, sino de expresarlas. Tampoco se trata de hablar de ellas, sino de sentirlas. Se trata, en definitiva, de aplicar el principio sufí que dice que ‘lo que resistes, persiste y lo que aceptas lo puedes transformar”.

Aceptar que cada uno tiene derecho a sentirse como se sienta, que no lo tenga que justificar, que no se sienta culpable por sentirlo, que pueda reconocer esa emoción y que la pueda nombrar, expresar, compartir y liberar, es una necesidad. Tener la posibilidad de disfrutar de un espacio para poder hacer este trabajo con todos tus compañeros, es un regalo.

Si admitimos que el fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), lo que toca ahora es cambiar un sentimiento, un proceso delicado que requiere talento, sensibilidad, herramientas y las habilidades necesarias para completar esta mágica transformación. La emoción es inefable, no se puede expresar con palabras, así que utilizar metáforas, símbolos o imágenes y jugar con ellas nos permite expresarlas, aceptarlas, vivirlas intensamente y, finalmente, transformarlas para recuperar todas aquellas que les (nos) han traído hasta aquí durante esta increíble temporada.

Tras la inmensa ola de empatía que recorrió y sacudió Bizkaia el pasado miércoles, seguro que podremos comprender y sabremos respetar el espacio y el tiempo que los jugadores necesitan para recuperar su estado de ánimo más propicio. Quizá no tengan ganas de sonreír ni de estar alegres y está bien. Quizá prefieran no pararse a firmar autógrafos y a sacarse fotos y no pasa nada. Quizá no tengan cuerpo para enviar mensajes de ánimo e ilusión a la afición y será lo que toca. Ellos deben superar su proceso de duelo y nosotros el nuestro. Nos volveremos a encontrar, juntos, plenos de confianza, fuerza e ilusión para la gran batalla final. De momento, tiempo al tiempo.

Imanol Ibarrondo (@energizol)

Presidente Instituto Coaching Deportivo

Nota: post publicado como articulo en el periódico DEIA de fecha 13 de mayo de 2012