Archive for the ‘Talento’ Category

Conectado

1 mayo, 2011

Es una grata sorpresa la irrupción de Borja Ekiza. En pocos meses parece haberse convertido en el central más fiable del Athletic. El navarro actuaba generalmente como suplente en el filial y, según salió publicado, no estaba claro su futuro en el Club a partir del 30 de junio. Aprovechando lesiones y sanciones de sus compañeros, saltó ala titularidad del primer equipo en un momento de necesidad y ahora, gracias a la confianza que merecidamente le ha otorgado su entrenador, se aferra al puesto con uñas y dientes.

En mi opinión, no es un jugador muy rápido, aunque llega a los cruces, ni tampoco tiene un gran desplazamiento de balón, aunque se atreve a pegarla con las dos. No dispone de una salida impecable desde atrás, ni es especialmente poderoso en el juego aéreo, aunque disputa bien por arriba. En cambio, tiene algo básico e imprescindible para cualquier futbolista, y mucho más para un central: poder de concentración. ¡Cuánto vale eso! Como se dice en el argot futbolero, está siempre puesto. Le da igual si el marcador es favorable o no, si tiene que jugar con muchos metros a su espalda o replegado, de central derecho o hacerlo por la izquierda. Mide bien, anticipa cuando toca, disputa con agresividad y limpieza, es contundente cuando debe y juega sin complicarse. No comete errores groseros, ni hace entradas absurdas y tampoco regala tarjetas. Es un central fiable y seguro que aporta tranquilidad al equipo y que se ha ganado a pulso su puesto de titular. Casi nada.

Jugando así, concentrado, Ekiza es mejor jugador. Parece más rápido, más fuerte y oculta sus carencias, ya que estar cien por cien presente en el juego le permite anticipar la jugada, verla medio segundo antes, disponiendo así de un extra time para decidir la acción técnica más adecuada y ejecutarla convenientemente. Jugar concentrado es ganar tiempo y espacio. Es hacerte la vida más fácil para poder rendir al máximo de tus capacidades.

En la formación de habilidades para el desarrollo de personas y equipos, existe una ecuación que dice que el rendimiento de un jugador es igual a su máximo potencial menos las interferencias (R=P-I). Las interferencias son todos aquellos pensamientos negativos, miedos y saboteadores que te desconectan del juego y te alejan de tu potencial. Cuando tu cabeza se pone a hablar, mal asunto para jugar. Quizá por eso, jugadores con grandes talentos y capacidades técnicas superiores no consiguen muchas veces alcanzar un alto rendimiento. Aunque el potencial de Ekiza pudiera ser menor que el de otros compañeros más cualificados física o técnicamente, percibo que su diálogo interno, sus interferencias, son casi nulas, por lo que su rendimiento es notable.

El navarro está demostrando una alta capacidad para mantener su mente limpia de parásitos mentales e imágenes negativas, centrándose únicamente en el desarrollo eficaz de su tarea. Parece muy consciente de que, a pesar de la importancia de la táctica en un juego colectivo como es el fútbol, en el momento decisivo todo se reduce a un uno contra uno, en el que tú te la juegas con tu rival. En el remate y en el regate, en la entrada y en la disputa, en la anticipación y en la estrategia, conseguir que tu mente esté al cien por cien de tu parte es vital para ganar ese metro o esa décima de segundo que marca la diferencia entre el éxito y el fracaso en el fútbol.

No es fácil esto que hace Ekiza. Háganme caso. Tiene mucho valor. Si fuera sencillo, todos los jugadores estarían siempre enchufados, y eso, obviamente, no ocurre. De hecho, si sus compañeros de demarcación tuvieran este talento, jugarían ellos. No vale solo con desearlo, ni tampoco, como escucho a entrenadores, con decir en voz alta y muchas veces “¡Hay que estar concentrados!” (“Sí, claro, pero ¡dime cómo lo hago!”). Puede que, en al caso de Borja, sea un talento natural o también puede ser que, tras muchos años fuera de su casa sacrificándose para ser futbolista, tenga muy claro qué es lo que quiere y no esté dispuesto a regalar ni un metro que ponga en riesgo algo que le costado tanto conseguir.

El poder de concentración, estar conectado al juego, exige un alto nivel de autoconocimiento. Identificar claramente en qué eres muy bueno y cuáles son tus áreas de mejora, saber quién eres y qué es realmente importante para ti. Buscar y encontrar tu propia fuente de automotivación, descubrir para qué juegas y en qué tipo de jugador quieres convertirte. Tener la capacidad de reconocer y manejar adecuadamente tus pensamientos y emociones para poder jugar conectado a tus valores auténticos y a los valores del fútbol. Todo esto también se puede entrenar. Podríamos llamarlo entrenamiento emocional y requiere de los entrenadores el desarrollo de nuevas competencias y capacidades complementarias a las habilidades clásicas que se les atribuyen.

Teniendo en cuenta que el fútbol es un juego (en el caso del Athletic a domicilio, se podría decir que es casi un juego de azar), el equipo necesitará en Cornellá-El Prat, y hasta el final de temporada, muchos futbolistas conectados y concentrados para asegurar Europa, también para que pueda tocar la pedrea (quinto puesto) y puede, incluso, que para poder ganar el premio gordo (vade retro Champions). Qué quieren… A pesar de todo, soy un optimista irreductible.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 1 de mayo de 2011

Anuncios

Físico y química

20 marzo, 2011

He perdido la cuenta de las ocasiones en las que Gorka Iraizoz ha subido a rematar jugadas de estrategia en los últimos instantes de un partido. Calculo que habrán sido ya 6 u 8, con cabezazos incluidos.

Entiendo que jugar a la épica, a la heroica o a la desesperada, llámenlo como quieran, tiene su punto de emoción y es divertido para los espectadores, pero algo debe de estar pasando cuando, de forma reiterada, utilizamos un recurso tan extremo.

Que el veinticinco por ciento de los cuarenta y cuatro goles del Athletic se hayan marcado en los últimos cinco minutos del partido y en jugadas de estrategia, define a un equipo animoso, que no se rinde con facilidad y que sabe sacar rendimiento a sus centímetros y a la calidad de sus golpeos. Si a esto le sumamos los goles que ha marcado en San Mamés en los primeros cinco o diez minutos, queda patente también su dominio de la técnica del abordaje para desarbolar a los contrarios con intensidad, ritmo y coraje.

Ambos, poderío físico y abordaje son, sin duda, excelentes recursos en los que el equipo ha alcanzado la maestría, pero necesitaría manejar otros registros del juego para no depender tanto de un estilo tan agónico.

En mi opinión, no es posible jugar a tope de revoluciones, con una tensión límite y con máxima intensidad en cada partido, de forma permanente. Este hábito produce un desgaste que funde a los jugadores física y emocionalmente. Se trata de una mera cuestión hormonal; ya saben, el cuerpo ante un desafío, en estado de alerta, es capaz de generar sustancias químicas que generan ilusión, confianza y seguridad, pero no puede hacerlo de forma sostenida. Necesita recuperar y cambiar de ritmo de vez en cuando, porque si no lo hace, la sangre se llena de cortisol, que sustituye a las anteriores, y entonces pareces apático, sin tensión competitiva y es cuando surgen los errores y los problemas de concentración.

Si durante la temporada esta sustancia no se va eliminando adecuadamente, se acumula en el organismo hasta producir residuos tóxicos que desembocan en el agotamiento. Básicamente, lo que se entiende como estrés. Y, cuando un futbolista llega a esa situación, solamente queda un remedio: vacaciones.

Creo que el equipo no confía suficientemente en que tiene otras capacidades y talentos para jugar con más calma en ocasiones, controlar el juego cuando toca y descansar un poco con la pelota. Recuperar jugando. Dispone de Jugadores con condiciones para hacerlo, pero no lo hace.

Tampoco el entrenador lo hace. No descansa ni un segundo en la banda. Verle masticar chicle a la velocidad que lo hace incita sin duda a que los jugadores no paren de correr. Alguna vez, me ha parecido incluso verle saltar en la banda para rematar un córner. En fin, que parece que todos se sienten más cómodos a mil por hora… pero, ese ritmo no se puede mantener durante muchos partidos seguidos y, por supuesto, imposible durante toda una temporada. Las espectaculares caídas en el rendimiento del equipo durante el último tramo de los tres últimos años, refuerzan esta conclusión.

Hoy, hará falta de todo, físico, química, un poco de suerte (como en las dos últimas jornadas) y unos marcajes de lujo para desactivar a unos vaqueros más rápidos de la Liga, que desenfundan a una velocidad de vértigo y con una puntería extraordinaria. Son astutos, hábiles y letales encarando la portería contraria. El gran nivel de concentración que muestra Ekiza en cada partido será el mínimo necesario exigible para toda la retaguardia, si no quieren quedar retratados a las primeras de cambio. Los delanteros del Villarreal cuentan, además, con unos proveedores de gran talento jugando a sus espaldas.

Todo un Reto a la altura de un equipo que aspira a jugar en Europa la próxima temporada.
La convocatoria de tres rojiblancos con La Roja refleja claramente que el Athletic disfruta de jugadores con el talento suficiente como para no tener que sufrir de estrés cada final de temporada, aunque hoy no sea el mejor día para dejar de fumar…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 20 de marzo de 2011

Marcando sombras

20 febrero, 2011

Guardo un recuerdo impactante del Camp Nou. Lo califico así porque me costó años quitármelo de encima. De hecho, todavía me asalta de vez en cuando. Era una noche de sábado, y durante toda la semana habíamos ensayado (nosotros, el Rayo Vallecano) la táctica del murciélago para enfrentarnos al Dream Team. Ya saben, es como la del autobús pero más cutre: todos colgados del larguero. Como pueden comprobar, no estaba el equipo con mucha confianza pero, en el último momento, el míster sufrió un ataque de valentía y decidió plantear cinco marcajes al hombre por todo el campo.

Me tocó uno de ellos y, como fue a sorteo, el destino quiso que Laudrup fuera mi pareja de baile para esa noche. Imagínense esta esperpéntica situación: el mago danés que baja a recibir hasta medio campo, Koeman se la da en cortito y me encuentro en el círculo central, frente a él, siendo el jugador más adelantado de mi equipo. Papelón. En ese momento, yo pensaba (porque jugar no, pero pensar, pensaba un rato largo): ¿Qué co… estoy haciendo aquí? En esas estaba cuando Laudrup se para con el balón frente a mí. No necesitaba ni siquiera hacer una finta, creo que tan solo movía los ojos hacia un lado o una ceja hacia arriba y yo ya perdía el equilibrio, mientras él salía como un dandy con la pelota controlada para otro lado.

Si hacen un pequeño esfuerzo, quizá puedan sentir la sensación de ridículo que me invadía en ese momento. Tras el tercer simulacro de marcaje, decidí esperarle en la frontal de mi área. Yo me justificaba diciendo: “Ya vendrás…”. En buena hora. Menos mal que él no era de meter muchos goles… tan solo los daba hechos. Para el minuto 28 ya perdíamos cinco a cero. Aquello se convirtió en una pesadilla. Parecíamos el ejército de Pancho Villa marcando fantasmas que aparecían por sorpresa y casi siempre a nuestra espalda. Decididamente, hacer la guerra por la cuenta de cada uno no parece una buena estrategia para puntuar en el feudo del equipo que mejor juega al fútbol del mundo.

Por descontado, el Athletic de hoy no es el Rayo Vallecano de entonces, y sus jugadores estarán sin duda mucho más despiertos de lo que estuvimos nosotros aquella noche. La concentración será necesaria para que no se les aparezcan los fantasmas de mi pesadilla, pero no será suficiente para afrontar con éxito su gran reto defensivo: el marcaje de sombras.

¡Qué difícil es para un defensa no tener un solo delantero a quien seguir! ¡Qué complicado es no tener una referencia, alguien a quien fijar! ¡Qué incómodo se hace que el delantero aparezca y desaparezca! ¡Tachaaan! Ahora estoy, ahora no estoy. ¿Cómo se marca a una sombra?

Requiere talento defensivo, inteligencia táctica, comunicación constante (hasta quedarte ronco si fuera necesario) y, sobre todo, ojos en tu espalda para vigilarlas. Serán los de tus compañeros, que deberán estar muy cerca de ti, más que nunca, olvidándose incluso del suyo y de su zona para apoyarte, hacerte coberturas y ofrecerte ayudas permanentes. En definitiva, organización, intensidad y toneladas de solidaridad. Estar más que nunca al servicio de tu compañero y de tu equipo. Un esfuerzo generoso y continuado. Ahí sí que somos buenos… quizá de los mejores.

Ser solidarios en defensa… y también en ataque. Llegar con valentía, soltarse con convicción, desengancharse del medio campo y aparecer en el área contraria cuando toque, para que el (los) delantero(s) también sientan que no están solos. En definitiva, más que nunca, Equipo.

Sé que tras dos empates consecutivos con el Barcelona, los optimistas pensarán que no hay dos sin tres para sacar un puntito del Camp Nou. Los ilusos, en cambio, preferimos otra frase para hoy: a la tercera va la vencida…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 20 de febrero de 2011

Eau d’Pep

5 enero, 2011

Hace 13 años tuve el gran privilegio de poder contar con Pep Guardiola para la elaboración de una Colección divulgativa de ocho vídeos titulada Esto es fútbol. Estaba en su plenitud como futbolista y no era fácil acceder a él. Gracias a la ayuda de un amigo común, pudimos reunirnos en una concentración de la Selección en Valladolid. Planificador y metódico como ahora, me concedió quince minutos, entre la comida y la siesta, para que le contara el proyecto.

Recuerdo cómo me escuchó sin interrumpirme y en todo momento tuve la agradable sensación de que realmente le importaba lo que le estaba explicando. Cuando acabé, tan solo me dijo que le gustaban tanto la idea como su propósito y que, contándolo, le generaba mucha confianza. Seguidamente, me dio la mano y me confirmó su participación. Ni una sola mención a su retribución. Tan solo, que le pagase lo que pudiese, como a los demás. Aquella decisión fue clave para sacar adelante la Colección. Después de Pep, se sumaron Julen Guerrero, Kiko, Alfonso, Karanka y César completando un elenco de estrellas para un ambicioso proyecto.

Cuatro meses después, finalizada la primera fase de preproducción y financiación de la Colección, las fechas elegidas previamente para hacer la grabación resultaron ser momentos muy delicados para Guardiola. Sufría una lesión tendinosa en el bíceps femoral que le mantenía ya demasiados meses sin jugar y la presión mediática iba en aumento en Barcelona. Desde la distancia, leyendo la prensa catalana, yo estaba muy preocupado por la posibilidad de que se echara atrás en su decisión. Hubiera sido muy razonable que decidiera renunciar alegando sus problemas físicos o que decidiera retrasar la grabación, poniendo en grave peligro la viabilidad del Proyecto pero, afortunadamente, no fue así y cumplió con su compromiso. Nos dedicó una jornada entera en un campo del CAR en Barcelona para grabar gestos técnicos, demostraciones y explicaciones que son lo mejor de la Colección.

Mi mejor recuerdo de aquel día fue, sin ninguna duda, cómo se expresaba ante las cámaras durante las explicaciones teóricas que grabamos. Sabiendo de la dificultad que tienen los jugadores en general (y cualquiera) para hablar en público, solíamos escribir los textos en pizarras o en papel para que el protagonista los leyera o se los aprendiera, antes de decirlos a la cámara. Generalmente, no quedaban especialmente bien. Correctos, sí, pero no eran lo mejor de la Colección… excepto con Guardiola. Yo le daba los textos, él me pedía dos minutos mientras se alejaba unos metros y, seguidamente, en una sola toma, los sacaba desde dentro, con tal fuerza y convicción que generaba un impacto formidable en quien los escuchaba. Eran distintos, decía lo mismo, pero a su manera. Ahí ya estaba muy presente una de sus grandes virtudes para la comunicación y la dirección de equipos. Su talento para convencer, persuadir y seducir. Incomparable.

Todo lo que dice, lo siente antes. No es un discurso racional solamente. No se limita a decir lo que toca. No finge. No pretende ser quien no es. Su gran capacidad de conexión con su equipo y con su entorno, lo que hace que tenga un Liderazgo emocional tan potente, es precisamente que, lo que dice y lo que hace está totalmente alineado con lo que de verdad es, y eso tiene un influencia positiva y un formidable impacto sobre cualquier grupo.

También pude sentir la pasión que irradia cuando habla de fútbol, la seguridad que demuestra en lo que cree y la Visión que tiene del juego y del deporte. Estas cualidades, unidas a la confianza, el cariño, el respeto y la admiración que demuestra permanentemente hacia sus jugadores, son elementos diferenciales de su forma de ser y de liderar, siempre al servicio de sus jugadores, que definen un estilo único e incomparable.

El respeto que demostró por mi trabajo hace 13 años en una situación incómoda para él debido a su lesión, es otro valor que también vive intensamente. Lo demuestra cada día con sus declaraciones llenas de respeto y admiración hacia todos los equipos, aficiones, colegas y jugadores rivales a los que se enfrenta. Se esfuerza siempre en ver lo bueno que tiene cada uno, con sinceridad y, cuando hace un reconocimiento, suena auténtico.

Considero a Guardiola una persona y un entrenador profundamente conectado a su esencia, a lo que realmente es. Eso le facilita ejercer un liderazgo inspirador para quienes tienen el privilegio de trabajar con él. Yo lo sentí así en su momento y sus jugadores, seguramente, perciban la misma esencia, aumentada y reforzada por los éxitos conseguidos. Sin duda, es una referencia a imitar para todos sus colegas por su comportamiento respetuoso con los valores del fútbol y del deporte y por su valentía para crear y para creer en una Visión potente y trascendente del fútbol y de su equipo.

Desde Madrid se mofan diciendo que mea colonia. Para mí, lo que desprende es un agradable aroma de autenticidad y coherencia. Aprovechando que todavía están abiertos los comercios, quizá podamos regalarnos un frasquito de perfume Eau de Pep. Dicen que su fragancia ayuda a conectar con la esencia y lo mejor de cada uno. Ese sería un buen propósito para el año que empieza y para la fiesta de esta noche en San Mamés.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de enero de 2011

 

Ex jugador de 30 años

21 octubre, 2010

Me sentí triste el martes viendo a Ronaldinho arrastrarse por el Bernabeu. Indolente, apático y desmotivado. Ver así a un jugador que, solamente armado con su alegría desbordante y su extraordinario talento para jugar al fútbol, fue capaz de cambiar el estado ánimo de todo un club. De transformar en entusiasmo y títulos una densa sensación de desilusión y desconfianza extendida por todas las capas del Barsa tras una época demasiado larga de zozobra institucional y deportiva.

Un tipo capaz de iluminar con su sonrisa auténtica y desigual todo un estadio. Un gesto con la mano y dos dedos extendidos difundido mundialmente y que expresaba buen rollo, optimismo ante la vida, gratitud hacia todo y para todos. Un jugador capaz de atraer la admiración de todo el planeta fútbol por permitirnos a cada uno de nosotros reconocer y conectar con el niño que todos llevamos dentro, tan solo viéndole divertirse con tanta naturalidad jugando al balón. Una persona totalmente enchufada a su esencia de niño jugón y a los valores del propio juego. Sin trampas ni engaños, respetando a todo y a todos … feliz, confiado, disfrutón. Y, de repente, pop ¡! (que no Pep), se perdió.

Entiendo que la decadencia física y/o mental del deportista, antes o después, siempre llega y, cuando lo hace, uno poco puede hacer para luchar contra eso pero, en el caso de Ronaldinho, tengo la impresión de que ha sido un proceso de auto destrucción. Como si sus saboteadores, hace ya algunos años, le hubieran dicho algo así como ‘no vas a poder mantener el nivel’, ‘esto es demasiado grande para ti’, ‘no estás a la altura’, ‘antes o después te vas a derrumbar’ y él les hizo caso. Pareciera como si, en lugar de afrontar esos pensamientos destructivos, reconocerlos, aceptarlos y superarlos para seguir conectado a sus valores auténticos y a un propósito tan mágico como contagiar su sonrisa a todo aquel que le viera jugar, decidió rendirse. Consciente o no. Me da igual. Se rindió.

Ayer era como un fantasma deambulando por el césped; desconectado de sí mismo, de sus compañeros y del propio fútbol. Perezoso y aburrido. Como alguien que sabe que su momento ya pasó pero tampoco se esfuerza para intentar salvar los restos del naufragio. Un barco a la deriva. Sin rumbo. Un viejo de tan solo 30 años.

A veces pienso, si yo hubiera sido su coach, qué hubiera trabajado con él. Quizá le hubiera propuesto definir un propósito de vida muy potente. Algo que realmente le hiciera resonar. Quizá algo así como “Soy la sonrisa que hace creer”. Es posible que un propósito como éste le hubiera ayudado a conectar de nuevo con su ‘yo verdadero’ y a seguir disfrutando plenamente de su privilegio. Porque, sin duda, ese es un propósito que tiene algo de magia… la misma que él me transmitía cuando jugaba.

Tengo claro que el final de un trayectoria deportiva de un jugador, su última temporada, su decadencia deportiva (generalmente, el último que se da cuenta es el propio interesado) es un momento muy duro y difícil. A veces, además, puede ir acompañado hasta de pitos y abucheos por parte de las mismas personas que te han aplaudido y ovacionado con veneración durante años. Este es un proceso natural y debería ser de corta duración. Cuando las aguas vuelven a su cauce, dejas de ser jugador y pasa un poco de tiempo, el futbolista que ha dejado huella, el crack o la  estrella, retornan a los altares de la memoria y del recuerdo de los aficionados y, de ahí, ya no bajarán jamás.

Lo que realmente me molesta de Ronaldinho es que su cuesta abajo está siendo ya excesivamente larga y, en mi memoria, se empiezan a acumular demasiados recuerdos e imágenes poco edificantes de tan extraordinario jugador.

Esperemos que este suplicio acabe cuanto antes y pueda volver a poner a Ronaldinho en el Olimpo de los dioses del fútbol.

Imanol Ibarrondo

Nacemos genios y llegamos a idiotas

29 septiembre, 2010

Al hilo de la convocatoria de huelga general de hoy, me pidió un periódico económico un artículo relacionando la situación económica y el coaching. Ésto es lo que salió. Creo que se podría aplicar también perfectamente al mundo de los formadores y entrenadores deportivos.

Últimamente, escucho a diario a Zapatero repetir con insistencia la misma palabra; competitividad. Me recuerda mucho a Caparrós. El entrenador del Athletic también tiene ese vocablo entre sus preferidos. No tengo muy claro a qué se refiere exactamente cuando habla de esto. Menciona siempre cuestiones vagas como cerrar los partidos, el ‘otro’ fútbol, aprender a perder tiempo o jugar al filo de las reglas. Creo que Zapatero no habla de lo mismo, aunque le entiendo igual de poco. Él hace referencia a la flexibilidad en el despido, nuevos modelos de contratación, reforma laboral y demás conceptos relacionados con el mercado de trabajo. Parecen tiritas para detener una hemorragia.

Lo cierto es que con lo bien que se vive aquí, con la calidad de vida y las condiciones laborales que hemos alcanzado y a las que, por supuesto, nadie está dispuesto a renunciar, parece complicado que nuestras empresas puedan ser competitivas. En el mundo globalizado en el que nos movemos, son muchos, y más que serán, los países que ofrecen los mismos productos y servicios que nosotros a mejor precio.

Si la calidad tampoco es ya un elemento diferenciador, quizá tan solo haya una variable en la que sí exista un margen importante de mejora. Que cada persona que trabaje, aumente su rendimiento por cada hora que dedique a su tarea. Es decir, que incremente su productividad.

Si, ya sé, es de perogrullo. El problema es que si a una persona no le gusta su trabajo, difícilmente se sentirá motivada para aumentar su productividad. Más bien al contrario, el absentismo, la desmotivación, las excusas, la desidia y la frustración son los ingredientes básicos de demasiadas personas en el mercado laboral actual. Conclusión; qué importante sería que cada cual se dedicara a aquello para lo que tiene talento.

Soy un convencido de que nacemos genios y llegamos a idiotas. No sé de quién es la frase, pero me encanta. Creo que cada uno de nosotros nace con un talento especial y que la gran mayoría pasamos por la vida sin descubrirlo o, lo que es peor, sin buscarlo siquiera. Nacemos con un tesoro, diferentes y únicos y nos empeñamos en convertirnos en uno más de manada, trabajando para cumplir los sueños de otros y renunciando a hacerlo por los nuestros. Lo dicho; idiotas.

Son atípicos los casos como Nadal en el deporte, al que le ponen una raqueta en la mano con 3 años y descubren a un portento del tenis. Casi nunca es tan sencillo detectar el talento (mucho menos potenciarlo y sacarle el máximo rendimiento), pero intentarlo resulta ya una tarea imprescindible.

Zapatero repite ahora con insistencia que la clave está en la Formación. Estoy de acuerdo. Dicen que el país de referencia en educación a nivel europeo es Finlandia. Aunque pudiera parecerlo, la diferencia no está en los ordenadores, ni en la utilización de las nuevas tecnologías o el número de alumnos por aula. La clave es la preparación, la formación, el compromiso y el prestigio del profesor como elemento central de una sociedad necesitada de aprender.

Si la Formación debe ser el pilar básico sobre el que asiente la transformación del modelo productivo y la competitividad de nuestra economía, quizá habría que comenzar por formar a los formadores. Si deben asumir esta hercúlea responsabilidad, necesitan disponer de las habilidades, competencias y capacidades necesarias para hacer frente a tamaño Reto.

Es habitual escuchar a los profesores de hoy quejarse sobre las enormes dificultades que tienen para desarrollar su trabajo diario; desde la abulia de los alumnos, a la falta de recursos, la burocracia, la falta de protección… Sin duda, todos ellos son argumentos de peso y ciertos… pero no son suficientes para abdicar de su responsabilidad.

Entiendo que es vital que haya ingenieros muy cualificados, así como arquitectos, investigadores, médicos y demás profesionales con una formación muy exigente, pero siendo la juventud actual el activo más importante de cualquier País, habría que depositarlo en las manos de los profesionales más competentes y capacitados que se puedan conseguir. Quizá habría que comenzar por prestigiar realmente la carrera de la docencia, revisar las capacidades mínimas necesarias para poder desempeñar con éxito esta profesión y ser mucho más exigente en la selección de los candidatos para asumir esta gran responsabilidad.

Posiblemente, para ser profesor/a, haya que tener realmente mucho talento. No puede valer cualquiera que solamente busque un trabajo fijo para toda la vida. Deberían disponer de enormes reservas de entusiasmo, fe y confianza en las posibilidades ilimitadas de sus alumnos, escondidas tras esa apariencia de pasotismo y desmotivación permanentes que reflejan muchos de ellos. Personas que no vean lo que son, sino lo que podrían ser y actúen en consecuencia. Expertos en el arte de despertar. Ese sería un buen subtítulo para los profesores.

Así se conoce también el Coaching. El arte despertar consciencias, de agitar los corazones, de poner en acción las voluntades oxidadas por la falta de uso, Sin duda, las circunstancias han cambiado. Los jóvenes son diferentes ahora (necesitaríamos un libro para explicar la transformación) y la autoridad ya no viene regalada como antaño (ni siquiera en casa). No está incluida ya en el cargo de quien imparte la formación. De hecho, salvo en el Ejército y en la Iglesia, creo que ya en ningún sector de actividad  funciona de esta manera.

Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que el ordeno y mando constituía la única alternativa. Ese tiempo ya pasó y, guste o no, no volverá. Ya no vale con lamentarse de cómo son los jóvenes de hoy en día y cómo deberían ser. Esto es lo que hay. Ya no sirve levantar la voz o la mano para conseguir obediencia. Ahora el Liderazgo hay que ganárselo, también en el aula, y eso requiere el desarrollo de nuevas capacidades de comunicación y de relación. Necesitan aprender y aplicar otras habilidades, no para imponer, sino para poder ser ‘cómplices de una posibilidad trascendente’.

Así define George Steiner el arte de educar. Se trata de divisar y sacudir lo que todavía no es. “Si me tratas como soy así seré. Si me tratas como podría ser, es posible que llegue a serlo”.  Así podría definirse también el Coaching.

Descubrir el talento oculto tras la bruma de la apatía de cada uno de los alumnos del aula es el enorme reto al que se enfrentan ahora las nuevas generaciones de profesores. Ya no basta con impartir conocimientos, es necesario sacar a flote la esencia de cada individuo para que le sirva de brújula y pueda orientar su futuro profesional hacia aquellos campos en los que realmente sea capaz de sacar su máximo rendimiento, consiguiendo de esta forma aumentar su productividad.

Necesitan ayuda para poder hacerlo. Y su formación en habilidades propias de las disciplinas del coaching ó de la inteligencia emocional facilitaría poder afrontar este reto con posibilidades reales de éxito. En este momento, lo urgente (las tiritas) se impone a lo importante pero, sin duda, apostar de verdad por la formación de formadores, sería la mejor inversión para garantizar un futuro luminoso para todos.

Imanol Ibarrondo