Archive for the ‘Uncategorized’ Category

“Pillapilla” (conversaciones transformadoras)

30 diciembre, 2013

Nueva imagen (1)Era el típico entrenamiento de sábado, previo al partido del domingo. Como había llovido toda la semana, el campo estaba muy blandito y, como tantas veces, entramos a hurtadillas en el parque municipal junto al estadio, aprovechando que no estaban los jardineros, para completar el calentamiento sin pisar el terreno de juego.

Al parecer, el entrenador tenía un día un tanto juguetón, algo absolutamente inusual en él, y uno de los ejercicios consistía en jugar al “pillapilla encadenado”. Es divertido. En un espacio limitado y suficiente para poder correr y moverse bien, uno la lleva y tiene que tocar a otro. Cuando lo hace, ambos se dan la mano y, sin soltarse, deben tocar a un tercero que se suma a la cadena. Y así, sucesivamente, hasta que no queda nadie libre.

Aquel día, supongo que gracias a mi excelente juego de cintura, flexibilidad y agilidad prodigiosa (si era durito al natural, no os cuento a las 9:30 de la mañana y con una tendinitis que me obligaba a llegar al baño a cuatro patas, tras dejarme caer de la cama). En fin, que aquella mañana anduve fino y quedé libre hasta el final. En la última ronda, con todo el equipo encadenado y estrechando el círculo hasta el punto que ya no había salida posible (por lo menos, yo no la veía) decidí echarme encima de todos para acabar el juego echando unas risas. Error. Mala elección.

En ese momento retumbó un trueno. Todos pudimos escuchar con claridad su grito (todavía me llega el eco): “¡Lo sabía!… ¡Eres un perdedor!… ¡No eres competitivo!… ¡Nunca lo has sido y nunca lo serás!…”. Esa fue su sentenciaGané el juego, pero perdí mucho aquel día.

Lo cierto es que podemos olvidar todo lo que nos diga o haga un entrenador, pero lo que no olvidamos nunca es cómo nos hizo sentir. Aún hoy, cuando lo estoy escribiendo, recuerdo perfectamente el impacto que tuvo en mí aquella demoledora declaración, resonando como un disparo, delante de todos mis compañeros. Estuve mucho tiempo sin entender cómo pudo decirme algo así. Ahora lo comprendo.

Él tenía ‘su’ razón, bajo su punto de vista, no ‘estaba siendo’ competitivo, pero su sentencia fue tan definitiva como desafortunada. ‘Ser’ y ‘estar siendo’ no es lo mismo. En la primera estamos etiquetando a la otra persona y eliminamos la opción de que pueda cambiar, corregir, aprender y mejorar. Con la segunda expresión, creamos un espacio para que pueda hacerlo e incluso, nos ponemos en la mejor disposición para ayudarle a conseguirlo.

Nuestra mente es muy obediente y, si sembramos una etiqueta limitante respecto a cualquiera, ya se encargará ella en adelante de que solamente veas aquello que confirma y refuerza ese pensamiento. Lo demás, lo que vaya en contra de la etiqueta, resultará invisible.

Este sencillo cambio de ‘eres’ por ‘estás siendo’ abre muchas posibilidades para establecer conversaciones transformadoras, para ser curioso, para preguntar y escuchar, para ayudar a tomar consciencia, para descubrir, para aprender y crecer y, sobre todo, para poder seguir creyendo que es posible cambiar y construir nuestro propio futuro, así como ayudar a otros a hacerlo con el suyo.

Ahora sé lo que esperaba el entrenador cuando descargó su ira sobre mí en aquel momento del ‘pila pilla’. Él esperaba de mí que no me rindiera, que hiciera todo lo posible por superar aquella dificultad máxima del juego, que no bajara los brazos, que siguiera peleando, que estuviera presente en el juego y centrado hasta el final. Que no me saliera del ejercicio. Él confiaba en mí pero era incapaz de expresarlo. De ahí su frustración, su enojo y su rabia.

A él, lo que le disgustó fue comprobar que reaccionaba igual que lo hacía en el campo y que, en las situaciones límite, cuando la cosa se ponía muy complicada, me salía del partido y no asumía mi rol. Prefería pactar una rendición honorable con el enemigo que competir hasta el final. Ser competitivo no es querer ganar, eso lo queremos todos. De hecho, si fuera solamente eso, si ganador viene de ganas, yo sería el mejor porque tenía más ganas e ilusión que cualquiera. No es tan sencillo. Se trata de poner todos los medios necesarios para poder ganar; sacrificio, ilusión, emoción, energía, perseverancia, optimismo, pasión, resistencia extrema, determinación, deseo de ganar siempre, de crecer, de mejorar… Ahí la cosa se complica. Ahí ya llegan muy pocos… sin ayuda.

No sé qué hubieras hecho tú en mi situación… pero si me imagino a Puyol siendo el último en el ‘pillapilla’, le veo intentando subirse a algún árbol, tirarse por encima de los arbustos, intentar pasar de un salto por encima de todos o por debajo de las piernas de algún despistado encadenado…en fin, le veo sin rendirse, peleándolo hasta el final, concentrado en el juego, atento a cualquier posibilidad, con alegría pero en alerta máxima, siendo un ejemplo de actitud para todos los demás ‘encadenados’ de su equipo. Le veo exactamente igual que en el campo.

Yo no lo hice así y, un entrenador con habilidades básicas de coaching, hubiera tenido ahí una excelente oportunidad para, primero, no reaccionar como lo hizo, con absoluta falta de autocontrol, y segundo, conversar conmigo ayudándome a sacar, de esa experiencia, un gran aprendizaje para trasladarlo al campo y para crecer dos palmos en un área fundamental para mi crecimiento profesional y personal. Prefirió hacer otra cosa. Eligió desahogar su frustración. Me sentí humillado. Sin duda, la suya fue tan mala elección como la mía.

Qué podría haber sido diferente si hubiera aprovechado esa situación para, en otro momento, comentar conmigo lo sucedido, revisar mi comportamiento en el campo relacionándolo con ese ejercicio, tomar consciencia de qué impacto tiene mi reacción en el equipo, qué podría ser sería diferente si, la próxima vez que perciba ese momento en el campo, tome consciencia de lo que (me) está pasando para poder ofrecer una respuesta mejor, más consciente, más beneficiosa y positiva para mí y para mi equipo.

El ‘pillapilla’ quizá podría haber sido un punto de inflexión para mi, un descubrimiento concreto, de gran impacto, un regalo de auto-conocimiento que me hubiera impulsado e inspirado a ponerme a trabajar de inmediato en mi propio plan de acción para mejorar esa área del rendimiento fundamental en cualquier deportista.

Sir John Withmore, referente mundial del coaching, resume en dos palabras lo que para él significa esta disciplina; consciencia y responsabilidad. El entrenador puede funcionar como una gran antena que recoge permanentemente datos e información, invisible para el deportista, y se la ofrece (dar feedback) para que pueda decidir, consciente y responsablemente, qué es lo que quieren hacer con ella, para generar conversaciones transformadoras que le sirvan para cambiar su realidad, para crecer y para acercarse, poco a poco, a la mejor versión del jugador que pueda llegar a ser.

Imanol Ibarrondo

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Reflexiones sobre liderazgo (y III)

30 diciembre, 2013

Nueva imagen (3)Era un partido de play off para el ascenso a 2ª. Quien lo ganara tenía casi asegurado el premio gordo de salir del pozo de la 2ªB para volver al fútbol profesional. Nosotros lo necesitábamos imperiosamente. Tras el descenso de la temporada anterior, el Club había hecho el esfuerzo de mantener los contratos para volver a subir en un año, y todos lo sentíamos como una obligación. Jugábamos en casa, donde solo habíamos encajado un gol en toda la temporada… la cosa pintaba bien.

Era el partido de vuelta (habíamos perdido fuera, uno a cero) y debíamos ganar, a poder ser por dos de diferencia, para conseguir el objetivo. El resultado era de 2-0 en el minuto 40 de la primera parte y estábamos jugando un auténtico partidazo. En los fatídicos cinco últimos minutos del primer tiempo encajamos dos goles y entramos al vestuario totalmente desconcertados.

En ese momento se desató un huracán. El entrenador, presa de un terrible secuestro emocional y sumido en un ataque de ira y de furia incontenible, se dedicó durante quince interminables minutos, a desahogar sobre nosotros toda su rabia y su frustración, dirigiéndonos todo tipo de descalificaciones, amenazas, insultos y humillaciones. No hubo forma de ponerse a cubierto.

En la segunda parte el equipo dejó en la caseta su corazón recuperándose del impacto y jugamos a nada, sin alma, perdimos 2-3, no ascendimos y él, además de castigarnos con unas increíbles palizas físicas durante las últimas dos semanas de competición, no volvió a dirigirnos la palabra hasta que acabó la temporada. Se dice que podemos olvidarlo que nos dijeron o lo que nos hicieron, pero que nunca olvidamos lo que nos hicieron sentir. Doy fe de que es cierto. Nunca olvidaré aquella experiencia.

No sé si el resultado hubiera podido ser diferente o no, lo que sí tengo claro es que aquellos terribles quince minutos no ayudaron en nada a que saliéramos al campo en la mejor disposición emocional y mental. Seguramente, el entrenador tenía toda la razón en su análisis de los errores cometidos, en cómo teníamos que haber defendido, en que faltó la concentración y en todo lo demás… pero, en ese preciso momento, no tocaba nada de eso. No se trataba de tener razón (cuestión del ego), sino de alcanzar el objetivo; ganar el partido.

Probablemente, el auto-control emocional sea una de la competencias que más y mejor debe dominar un Líder. Ser víctima de un secuestro emocional como el de la historia, te deja impotente y sin acceso a todos tus recursos, hace que reacciones de forma descontrolada en lugar de buscar la respuesta más adecuada para cada situación, e impide que puedas ejercer el rol de Líder, al servicio de tus jugadores, que, en momentos de gran tensión y responsabilidad como aquél, resulta imprescindible. Es precisamente en medio de la tempestad cuando se requiere liderazgo. No hace falta capitán cuando el mar está en calma.

En estos últimos años de estudio, formación y práctica profesional en coaching y liderazgo en el ámbito deportivo, he tomado consciencia de que el Valor esencial que distingue a los grandes líderes, también en el deporte, es la Humildad, que no es hacerse de menos, sino pensar antes en los demás que en mí mismo. Antes, confundía la humildad (profunda) con la modestia (superficial), pensaba que eran más o menos sinónimos. Ahora lo veo muy diferente. Para ser realmente humilde, hay que tener un enorme nivel de confianza y de seguridad en uno mismo. Hace falta mucho valor y coraje para atreverse a brillar y ser luz para otros/as, para ponerse al servicio de los demás, para escuchar y preguntar, para mostrarse abierto, disponible y vulnerable, para sostener y transformar emociones, para desdramatizar, para preguntarse ‘¿qué necesitan de mí ahora?, ¿cómo les puedo ayudar?, ¿quién necesito ser en este momento?,¿quién quiero ser en esta situación?, ¿cuál es el reto aquí para mí?… seguro que no es una tarea sencilla, quizá por eso haya tantos entrenadores y tan pocos líderes auténticos.

Pensaba que la Humildad venía de serie, o eres o no. Ahora sé que se puede aprender, practicar y desarrollar. La empatía, es la habilidad que te conecta realmente con al Humildad, que te facilita poder ponerte en los zapatos de otro/s, pero quitándote previamente los tuyos, dejando al margen todos tus juicios, tus emociones, tus creencias, tus certezas y verdades absolutas, para tener una comprensión mucho más profunda de la realidad de los demás, para entender e identificar claramente cuáles son sus necesidades, de manera que, cuando vuelves a tus zapatos, estás deseando hacer algo para ayudarle/s, para ponerte, de verdad, a su servicio.

A veces, confundimos estar al servicio de las necesidades de las personas a las que debemos liderar, con ser esclavo de sus deseos y estar a su merced. Gran error. Ser esclavo es hacer lo que otros quieren, mientras que servir es hacer lo que otros necesitan. Hay una diferencia abismal entre satisfacer deseos y satisfacer necesidades. De hecho, casi nunca coinciden.

En aquel inolvidable descanso de 15 minutos, el equipo no necesitaba la brutal y descontrolada descarga de gritos y descalificaciones con que nos recibió y, posiblemente, la actitud de nuestro emocionalmente secuestrado entrenador, habría sufrido una radical transformación, si se hubiera dado un poco de tiempo, un minuto, para hacerse a sí mismo una sencilla pregunta: ¿qué necesitan AHORA mis jugadores de mí?

Imanol Ibarrondo

Reflexiones sobre liderazgo (II)

30 diciembre, 2013

Nueva imagen (2)Hace un par de semanas se celebró en Madrid el I Congreso Internacional de ASESCO (asociación española de coaching) en el que tuve el privilegio de participar como ponente.

El título de mi conferencia era: “De entrenador a Líder. ¿Qué harías si no tuvieras miedo?” Dediqué una semana a preparar una ponencia de dos horas, con unas 40 diapositivas, 3 ó 4 vídeos geniales y un taco de citas deslumbrantes. Me quedó genial…o eso pensaba yo.

Con plena confianza en el éxito que me esperaba, llegué por la mañana al salón del Hotel donde se celebraba el Congreso, y asistí a las conferencias que, desde las 9h., se desarrollaron durante todo el día; Javier Carril, Viviane Launer y Marcos Urarte estuvieron impecables. Mi participación estaba programada para las 18:30h, pero con los retrasos acumulados, tras la última pausa, los 200 coaches asistentes al Congreso, volvieron a entrar al salón sobre las 19h. Hacía calor, era tarde, la gente estaba cansada y dispersa. Empecé a preocuparme…

Por una parte pensaba, “te has currado una presentación muy chula, la sueltas y se acabó. No es cosa mía que estén cansados/as o que sea tarde. Seguro que habrá algunos que la aprovechen y, el resto… ellos/as se lo pierden. No es mi problema”. Esas cosas me decía mi ‘saboteador’ y yo no sabía bien qué hacer.

Por otro lado, mi intuición me insistía en que no tocaba soltar mi rollo y hablar de mi libro… que esas personas, en ese momento, necesitaban otra cosa. Cuando todos estuvieron sentados, expresé en alto lo que estaba sintiendo y decidí preguntar.  Preguntarles. ¿Cómo estáis?,  que levante por favor la mano quien esté cansado, ¿quién está ya un poco saturado?… ¿aburrido/a?… ¿pletórico/a?… ¿quién está pensando ya en lo que tiene que hacer después?… ¿en baños, cenas y cuentos?… ¿a quién le apasiona el deporte?… ¿y los/as deportistas?  Que levante la mano quien….  Así lo hice.

Escuché toda esa información, confirmé mis sospechas y decidí que tocaba otra cosa. Algo más dinámico y participativo. Algo que les mantuviera presentes y conectados, a pesar del cansancio y la hora. Sí, ya sé que podía haberlo pensado cuando estaba preparando la ponencia, que ya sabía que era la última del día y demás… pero no lo hice entonces. Falta de experiencia, de previsión, no sé, pero allí estaba, en ese instante, con todo en el aire y todo por hacer.

Decidí cambiar la ponencia, enseñando más de lo que soy y menos lo que hago. Decidí atreverme y ofrecer algo de corazón. En ese momento, decidí ponerme de verdad a su servicio y aceptar que no se trataba de mí, sino de ellos/as, que el objetivo de esas dos horas no era satisfacer mi necesidad de reconocimiento, ni demostrar mi supuesta competencia y habilidades, sino satisfacer el ‘hambre’ que había en la sala, su curiosidad, sus ganas de confirmar y reforzar su creencia de que el coaching es realmente transformador, que los deportistas y entrenadores lo necesitan y lo reciben con los brazos abiertos, que hay un enorme campo por explorar y que, cada uno/a de los 200 participantes del Congreso tenía (tenemos) una gran oportunidad de desarrollo personal y profesional como coaches… si lo deseamos de corazón.

Pasé de las diapositivas, los vídeos y las citas, trabajamos en algunas dinámicas y compartimos la experiencia de sentir el impacto de la presencia, de conectar, aunque sea brevemente, con la esencia de cada uno, de agradecer y honrar a los que, alguna vez nos vieron como bellotas, experimentamos el sorprendente impacto de la ‘mirada bellotera’, nos reímos mucho de nosotros mismos y de nuestros mezquinos ‘saboteadores’ y descubrimos la fuerza de creer para poder crear, consiguiendo generar un espacio de ilusión, energía y esperanza para los asistentes.

Cuando acabamos (las dos horas pasaron en un suspiro), sentí que había sido útil, que había sido capaz de ampliar mi ‘zona de confort’ y que había tenido el coraje y la confianza necesarias para ponerme realmente a su servicio. Me sentí pleno y agradecido. Quizá, liderar, sea sencillamente eso, tener el valor de ponerte al servicio de los demás para ayudarles a ser mejores, conectando con sus necesidades (que no coinciden necesariamente con sus deseos) y respondiendo adecuadamente.

Por tanto, si liderar es servir, tengo la certeza de que todos hemos sido líderes alguna vez, en el colegio, con un amigo/a, en un equipo, en el trabajo o en cualquier ámbito de nuestra vida, seguro que, cada uno de nosotros/as, hemos ejercido una influencia positiva sobre alguien. Posiblemente, en esas ocasiones, le escuchamos con atención, le preguntamos con verdadera curiosidad, le reforzamos y potenciamos, creímos en él/ella, le ayudamos a relativizar y desdramatizar, a descubrir otras interpretaciones de su realidad, le sostuvimos, en definitiva, le ayudamos a ser mejor.

Imanol Ibarrondo

Se acabó el recreo

30 diciembre, 2013

Ayer, en un encuentro casual con Miguel Gutiérrez, fisio de La Roja desde la época de Clemente, y conversando sobre el delicado momento de la retirada de los futbolistas, esa decisión que se pospone hasta que finalmente suele ser el fútbol el que te deja a ti, recordé una Jornada de coaching que hicimos con los entrenadores valencianos y en la que, gracias a la generosidad de un voluntario de lujo (futbolista profesional con varios títulos en su ya dilatada trayectoria), que tuvo la generosidad de compartir con todos nosotros su experiencia, tuvimos la oportunidad de revivir con intensidad una emoción clásica y universal en el deportista profesional; el final de su carrera.

n_valencia_varios-57183El actual director deportivo del FC Barcelona, Andoni Zubizarreta, se despidió del fútbol en una rueda prensa que concluyó diciendo; “se acabó el recreo”. Es una metáfora excelente que refleja cómo debería vivir su carrera un deportista profesional porque, antes o después, llega el último entrenamiento, el último partido, la última entrevista y luego… se acabó. Se apagan las luces y los focos se dirigen a engullir al próximo, al nuevo, al que te sustituye… tú ya eres historia.

No conozco ningún ex abogado, ni tampoco ex médicos, ex músicos o ex periodistas.  En cambio, sí existe la figura del ex futbolista. Ser ex de algo, y tener la capacidad de re-inventarse, exige casi siempre un período de adaptación, así como superar la crisis que se produce en el momento del cambio.

Has sido futbolista desde los 10 hasta los 30 y pico años, has vivido intensamente el fútbol, le has dedicado toda tu vida y la sensación de ‘pérdida’ es inevitable. Pero tú todavía te sientes futbolista, ¡eres futbolista!, esa es tu identidad, fortalecida por todos los que durante este tiempo te han admirado, respetado y envidiado por haber conseguido lo que, la gran mayoría, alguna vez solamente soñó con ser.

Ahora debes desprenderte de tu identidad… y eso duele, duele mucho. Como cualquier pérdida importante provoca dolor, una gran tristeza e, incluso, depresión. Y eso nos da miedo. No estamos dispuestos a reconocer que estamos tristes, muy tristes.

Tras más de 10 años de experiencia en la Junta Directiva de AFE (Asociación de futbolistas profesionales), puedo afirmar que esta sensación de ‘pérdida’ es universal y afecta a jugadores de todas las categorías, independientemente del patrimonio que cada uno haya podido conseguir en su carrera. De hecho, este sentimiento de pérdida y de tristeza es más acentuado en jugadores de élite que en los de 2ªB ya que, aunque los últimos se hayan sentido tan futbolistas como los primeros, no han estado tan expuestos en primera línea y, además, han tenido la necesidad (y la oportunidad) de reorientar su futuro profesional, incluso, compaginándolo con el fútbol.

Ante esta situación de tristeza no reconocida, en muchas ocasiones, se actúa de una forma irracional y poco recomendable. Lo hacemos así porque en nuestro interior pensamos; “¡Cómo demonios voy a estar triste, si soy un privilegiado!… ¡Qué va a pensar la gente!… No tengo derecho a estar triste”. Tenemos una sensación de culpa que nos mortifica pero, ¡por supuesto que tienes derecho a estar triste!. De hecho, es necesario.

Ya no hay partidos, ni concentraciones, ni viajes, ni peñas, ni ‘saraos’, ni entrevistas…. y estando acostumbrados a ese ritmo de gran actividad y, presos de la confusión que nos embarga, nos lanzamos a un activismo desmesurado Nos arriesgamos inversiones erróneas, proyectos empresariales inadecuados o negocios que nos proponen en los que ponemos sobre la mesa lo mejor que tenemos; nuestra imagen y prestigio a cambio de… nada o casi nada.

El riesgo de esta secuencia es que genera más confusión y finalmente puede acabar afectando a lo más importante: a nosotros y a nuestras relaciones personales y familiares.

Lo cierto es que una gran pérdida como la que sufre un jugador (su identidad de futbolista) y la gran tristeza que esta situación genera, solamente puede superarse de una manera; gestionando el duelo convenientemente. Se trata de reconocer que estamos tristes (incluso deprimidos), sentir esa emoción y abrir un período de reflexión y de adaptación a la nueva realidad. Calma, tranquilidad, no hay prisa. Lo primero es superar la tristeza, echar unas lagrimitas y cicatrizar bien, para poder seguir adelante.

Siendo la capacidad de anticipación una de las cualidades técnicas más apreciadas en un futbolista, parece razonable pensar que habría que desarrollar esta capacidad también en otros ámbitos. El impacto que esta pérdida tiene en cada ex jugador (persona) viene directamente determinado por su capacidad para manejar convenientemente el estado de tristeza que inevitablemente se produce.

Para ello, es fundamental que el deportistas disponga de una formación integral y de un entrenamiento emocional y mental durante su carrera profesional que le permita, por un lado, aumentar su rendimiento deportivo mientras está en activo y, por otro (y no menos importante), aprovechar su vida deportiva para ir construyendo, poco a poco, su ‘otra identidad’, desarrollando, entre otras habilidades y competencias, los recursos necesarios para poder conocer y manejar adecuadamente sus emociones, como por ejemplo, la tristeza del adiós.

Imanol Ibarrondo

Reflexiones sobre liderazgo (I)

2 noviembre, 2013

Nueva imagen (1)Quedaban solamente cuatro partidos y teníamos que ganarlos todos para conseguir el ascenso a Primera, asegurando así la viabilidad del Club que pasaba (pasábamos) por grandes problemas económicos. No hacerlo significaba, de hecho, su desaparición y todos lo teníamos demasiado presente. Jugábamos fuera contra un equipo de la parte baja de la tabla y, a pesar de ser el mes de mayo, salió un día invernal, con mucha lluvia y un viento helado que te calaba hasta los huesos.

Nos marcaron el primero nada más comenzar y acusamos el gol de forma exagerada. Estábamos muy tensos y, por la cabeza de cada uno de nosotros, comenzaron a pulular todo tipo de fantasmas, emociones y pensamientos negativos que nos bloqueaban, provocando continuos errores y pérdidas de concentración. Un descalabro.

El baño que nos estaban dando era espectacular y perdíamos 2-0 al descanso. Cuando entramos en la caseta, algunos discutían, otros gritaban y la mayoría estábamos con la cabeza baja, anticipando el inminente desastre que, inevitablemente, se iba a producir. La angustia, la frustración y mucho miedo, eran las densas emociones que ocupaban todo el espacio. La ansiedad hacía que nuestra mente fuera a toda velocidad y nos viéramos ya hundidos, fracasados y con un futuro muy incierto. Una ola de fatalismo lo inundaba todo. Pesaba el ambiente.

Cinco minutos más tarde, el entrenador entró en el vestuario. Todos esperábamos que se sumara, de alguna manera, al secuestro emocional que en ese momento invadía el vestuario, cuando él, a la vez que alzaba los cuellos de su abrigo, dijo con toda calma y una sonrisa: “¡Joé, qué frío hace!. ¿Alguien quiere un cafecito?”. Y se puso a servirnos cafés…

El efecto que su sorprendente actitud tuvo en el estado de ánimo del equipo fue tremendo. Los recursos que demostró en ese momento decisivo para controlar sus impulsos y permanecer sereno, a pesar de las presión que todos sentíamos, él también, supuso una liberación inmediata para todos nosotros.

La demostración que hizo, de forma tan sencilla, de su capacidad para conectar emocionalmente con el grupo, su decisión de ponerse a nuestro servicio, de auto controlarse, de empatizar con nuestro miedo y angustia, de sentir nuestra emoción. Solamente con una frase y una cálida sonrisa, la transformó en un solo instante. Los oscuros nubarrones que presagiaban la catástrofe comenzaron a evaporarse y comenzó a soplar una leve brisa de ilusión renovada, esperanza y optimismo. Las cabezas arriba, palabras de ánimo y confianza, alguna sonrisa… ¡Quizá todavía pudiéramos conseguirlo!

Su capacidad para evitar un secuestro emocional, para mantenerse sereno y no descargar sobre el equipo su rabia y frustración por un primer tiempo lamentable que ponía en grave riesgo el futuro de todos, le ayudó también a pensar con claridad, hacer algunos cambios y modificaciones tácticas que convirtieron la brisa de confianza en la salida en un huracán de juego y goles que nos permitió remontar y ganar el partido.

El decidió ponerse en nuestros zapatos, quitándose previamente los suyos y, en esos cinco minutos que tardó en entrar al vestuario, quizá se preguntó: ‘¿qué necesitan mis jugadores de mí ahora?, ¿cómo les puedo ayudar?, ¿quién necesito ser en este momento?, ¿cómo estoy yo?, ¿qué me está pasando?, ¿cuál es el reto aquí para mí?, ¿qué necesito hacer o decir?…” Su decisión de ejercer de Líder y no de entrenador o jefe, de servir en lugar de mandar, cambió el partido y nuestro destino esa temporada. Finalmente ascendimos… pero ahora sé que lo logramos en aquel descanso, gracias a un Líder que se atrevió a preguntar: “¿alguien quiere un cafecito?”.

Liderar no es cuestión de glamour, ni de simpatía, oratoria o elegancia. Esos pueden ser atributos de popularidad, pero no necesariamente lo son de liderazgo. Al Líder no se le mide por su personalidad o estilo, sino por la calidad de su acción. Lo que realmente importa es qué es lo que haces y con qué te comprometes.

Todos podemos liderar… podemos y debemos hacerlo, primero con nosotros (auto-liderazgo) y luego con los demás. Tan solo se trata de ser más conscientes y desarrollar algunas habilidades y competencias sencillas, para poder hacerlo con mayor continuidad, con más personas y con un impacto superior. El liderazgo es, sin duda, una actitud y, como tal, se puede aprender y desarrollar. No hay excusas. Tú, también eres un Líder.

Imanol Ibarrondo

La mejor final de la historia

25 mayo, 2012

Lo sé. Suena atrevido y arriesgado, pero es lo menos que se merece un equipo que hoy pone punto y final a una apasionante temporada para el recuerdo. El año en que recuperamos la esperanza de volver a ser campeones y el orgullo de sentirnos plenamente identificados con nuestro Athletic. Reconozco mis dudas tras la decepción de Bucarest, así es que el martes decidí ir en un salto a Lezama para ver el entrenamiento y, dos horas después, volvía en mi coche absolutamente convencido de que hoy tendremos el privilegio de presenciar la mejor final de la historia, entre los dos grandes clubes que, con su fútbol valiente y su actitud ejemplar, dignifican y engrandecen este apasionante deporte. Uno de ellos, es el nuestro.

El equipo entrenó ese día con una actitud, una intensidad, un ritmo, una agresividad y una concentración tales, que recuperé las mejores sensaciones de que este equipo es capaz de todo y, además, percibí algo que no había sentido con tanta claridad hasta este momento; el Athletic está rabioso, dolido y hambriento. Es un león peligroso.

Me llamó poderosamente la atención la repetición insistente de los movimientos de presión, la automatización hasta el aburrimiento, la perfección y la sincronización de todos los jugadores y el nivel de presencia de absolutamente todos los que participan, de una u otra manera, en la sesión de entrenamiento. La exigencia es máxima para todos, incluidos sus asistentes, los utilleros, los que quitan y ponen a los alemanes, el que graba el entreno…, todos saben que no hay margen para la relajación, ni para bajar un ápice el nivel de tensión con que se trabaja. No hay fugas en el entorno que permitan un respiro a los protagonistas. Nada nuevo bajo el sol del planeta Bielsa. Él no necesita dar ni una sola voz, su discurso es el ejemplo, no requiere palabras y es sin duda el más eficaz. Intuyo que el rosarino es de la opinión que “pienses lo que pienses y te sientas como te sientas, haz lo que debes”. No hay mejor forma de recuperar el ánimo y la motivación que seguir trabajando con el mismo (o más) nivel de exigencia.

Quizá toda esta automatización tiene un solo propósito; no pensar. Para jugar, pensar es malo y pensar mucho, muy malo. En el césped, no se trata de pensar, sino de sentir, fluir si fuera posible y, el pensamiento, tal y como lo entendemos, entorpece este proceso hasta límites sorprendentes. Se trata de dejar hacer a tu cuerpo, porque sabe hacerlo, perfectamente, para eso lleva más de mil horas esta temporada repitiendo movimientos hasta la extenuación. Pero, a veces, ese diálogo interno, no deja a los futbolistas jugar con libertad.

Ocurrió en Bucarest. Es muy posible que una ingente cantidad de pensamientos inútiles y negativos acumulados en sus atribuladas cabezas, les consumieran demasiada energía antes de jugar, llevándoles al bloqueo, la inacción y la derrota. Teniendo en cuenta el nefasto resultado de tal proceso, eso de que pensar es gratis, podría ser sometido a debate y discusión. Los pensamientos no dejan de ser semillas que dan fruto. Hay algunos que consumen y gastan mucha energía, se pudren y no producen nada bueno. Hay otros, en cambio, que te conectan con energía, vitalidad, confianza y seguridad. Es decisión de cada uno elegir qué quiere pensar y, desde ahí, controlar su actitud.

La secuencia que viene después de un pensamiento negativo, no da ningún fruto y genera emociones tóxicas: “… y si perdemos otra final?”, “… y si nos marcan otra vez nada más comenzar?”, “… y si nos puede la presión?”, “… y si no somos suficientemente buenos?”, “… y si nos falta experiencia?”, “… y si Messi tiene su día?”‘, “… y si somos demasiado jóvenes?” Obviamente, esto no es pensar, este agotador proceso se conoce coloquialmente como comerse el tarro, que no es ni parecido. Todo este diálogo interno, absurdo e irracional, te conecta irremediablemente con el miedo, con tus saboteadores internos y con tu peor versión. Tanto entrenar, cuidarte, alimentarte, descansar… para dejar que un montón de energía, que vas a necesitar, se te vaya por la cabeza a través de pensamientos basura.

Entiendo que es imposible no pensar en las horas previas a una gran final contra, posiblemente, el mejor equipo de la historia. Los futbolistas no son monjes tibetanos, ni están entrenados para controlar su mente, relajarse, meditar, respirar profundamente y demás actividades que les permitan controlar sus pensamientos, pero les propongo que, en lugar de tener pensamientos negativos e inútiles descontrolados pululando por sus mentes y chupando de su depósito de energía, los cambien por otros positivos, que les conecten con lo mejor que tienen, con todos sus recursos, con su esencia y sus auténticos valores.

Como no van a poder evitar pensar, sugiero algunas preguntas distintas, cuyas respuestas seguramente les aportarían las dosis industriales de energía, optimismo y confianza que, sin duda necesitarán, para afrontar el hercúleo reto de tumbar a Goliath. Quizá podrían preguntarse a sí mismos, o mejor aún, a sus compañeros de habitación, en el comedor, por los pasillos… ¿qué es lo mejor que tienes? ¿Cómo te gustaría contar este partido a tus hijos dentro de 20 años? ¿Cómo has conseguido llegar hasta aquí? ¿En qué jugador te has convertido? ¿Quién necesitas ser esta noche? ¿Qué vas a aportar tú para hacer un gran partido? Ganemos o perdamos, ¿cómo te gustaría sentirte después de la final? ¿Qué necesitas hoy de mí? ¿Cómo te puedo ayudar durante el partido? Son preguntas que te llevan a lugares muy distintos del miedo, de la ansiedad y de la angustia. Sencillamente, te permiten conectar con tu mejor versión.

Mi único deseo es que esta noche salgan al campo con las piernas ligeras, los corazones valientes, las mentes serenas y los espíritus guerreros. Sin pensar. Que se den permiso para estar Presentes. Aquí y ahora. Si esto es así, sentiremos su Presencia, será contagiosa y todos juntos disfrutaremos de la mejor final de la historia. ¡A por ello!

Imanol Ibarrondo

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Nota: post publicado como articulo en el periódico DEIA de fecha 25 de mayo de 2012

Nacemos genios y llegamos a idiotas

29 septiembre, 2010

Al hilo de la convocatoria de huelga general de hoy, me pidió un periódico económico un artículo relacionando la situación económica y el coaching. Ésto es lo que salió. Creo que se podría aplicar también perfectamente al mundo de los formadores y entrenadores deportivos.

Últimamente, escucho a diario a Zapatero repetir con insistencia la misma palabra; competitividad. Me recuerda mucho a Caparrós. El entrenador del Athletic también tiene ese vocablo entre sus preferidos. No tengo muy claro a qué se refiere exactamente cuando habla de esto. Menciona siempre cuestiones vagas como cerrar los partidos, el ‘otro’ fútbol, aprender a perder tiempo o jugar al filo de las reglas. Creo que Zapatero no habla de lo mismo, aunque le entiendo igual de poco. Él hace referencia a la flexibilidad en el despido, nuevos modelos de contratación, reforma laboral y demás conceptos relacionados con el mercado de trabajo. Parecen tiritas para detener una hemorragia.

Lo cierto es que con lo bien que se vive aquí, con la calidad de vida y las condiciones laborales que hemos alcanzado y a las que, por supuesto, nadie está dispuesto a renunciar, parece complicado que nuestras empresas puedan ser competitivas. En el mundo globalizado en el que nos movemos, son muchos, y más que serán, los países que ofrecen los mismos productos y servicios que nosotros a mejor precio.

Si la calidad tampoco es ya un elemento diferenciador, quizá tan solo haya una variable en la que sí exista un margen importante de mejora. Que cada persona que trabaje, aumente su rendimiento por cada hora que dedique a su tarea. Es decir, que incremente su productividad.

Si, ya sé, es de perogrullo. El problema es que si a una persona no le gusta su trabajo, difícilmente se sentirá motivada para aumentar su productividad. Más bien al contrario, el absentismo, la desmotivación, las excusas, la desidia y la frustración son los ingredientes básicos de demasiadas personas en el mercado laboral actual. Conclusión; qué importante sería que cada cual se dedicara a aquello para lo que tiene talento.

Soy un convencido de que nacemos genios y llegamos a idiotas. No sé de quién es la frase, pero me encanta. Creo que cada uno de nosotros nace con un talento especial y que la gran mayoría pasamos por la vida sin descubrirlo o, lo que es peor, sin buscarlo siquiera. Nacemos con un tesoro, diferentes y únicos y nos empeñamos en convertirnos en uno más de manada, trabajando para cumplir los sueños de otros y renunciando a hacerlo por los nuestros. Lo dicho; idiotas.

Son atípicos los casos como Nadal en el deporte, al que le ponen una raqueta en la mano con 3 años y descubren a un portento del tenis. Casi nunca es tan sencillo detectar el talento (mucho menos potenciarlo y sacarle el máximo rendimiento), pero intentarlo resulta ya una tarea imprescindible.

Zapatero repite ahora con insistencia que la clave está en la Formación. Estoy de acuerdo. Dicen que el país de referencia en educación a nivel europeo es Finlandia. Aunque pudiera parecerlo, la diferencia no está en los ordenadores, ni en la utilización de las nuevas tecnologías o el número de alumnos por aula. La clave es la preparación, la formación, el compromiso y el prestigio del profesor como elemento central de una sociedad necesitada de aprender.

Si la Formación debe ser el pilar básico sobre el que asiente la transformación del modelo productivo y la competitividad de nuestra economía, quizá habría que comenzar por formar a los formadores. Si deben asumir esta hercúlea responsabilidad, necesitan disponer de las habilidades, competencias y capacidades necesarias para hacer frente a tamaño Reto.

Es habitual escuchar a los profesores de hoy quejarse sobre las enormes dificultades que tienen para desarrollar su trabajo diario; desde la abulia de los alumnos, a la falta de recursos, la burocracia, la falta de protección… Sin duda, todos ellos son argumentos de peso y ciertos… pero no son suficientes para abdicar de su responsabilidad.

Entiendo que es vital que haya ingenieros muy cualificados, así como arquitectos, investigadores, médicos y demás profesionales con una formación muy exigente, pero siendo la juventud actual el activo más importante de cualquier País, habría que depositarlo en las manos de los profesionales más competentes y capacitados que se puedan conseguir. Quizá habría que comenzar por prestigiar realmente la carrera de la docencia, revisar las capacidades mínimas necesarias para poder desempeñar con éxito esta profesión y ser mucho más exigente en la selección de los candidatos para asumir esta gran responsabilidad.

Posiblemente, para ser profesor/a, haya que tener realmente mucho talento. No puede valer cualquiera que solamente busque un trabajo fijo para toda la vida. Deberían disponer de enormes reservas de entusiasmo, fe y confianza en las posibilidades ilimitadas de sus alumnos, escondidas tras esa apariencia de pasotismo y desmotivación permanentes que reflejan muchos de ellos. Personas que no vean lo que son, sino lo que podrían ser y actúen en consecuencia. Expertos en el arte de despertar. Ese sería un buen subtítulo para los profesores.

Así se conoce también el Coaching. El arte despertar consciencias, de agitar los corazones, de poner en acción las voluntades oxidadas por la falta de uso, Sin duda, las circunstancias han cambiado. Los jóvenes son diferentes ahora (necesitaríamos un libro para explicar la transformación) y la autoridad ya no viene regalada como antaño (ni siquiera en casa). No está incluida ya en el cargo de quien imparte la formación. De hecho, salvo en el Ejército y en la Iglesia, creo que ya en ningún sector de actividad  funciona de esta manera.

Muchos echan de menos los viejos tiempos en los que el ordeno y mando constituía la única alternativa. Ese tiempo ya pasó y, guste o no, no volverá. Ya no vale con lamentarse de cómo son los jóvenes de hoy en día y cómo deberían ser. Esto es lo que hay. Ya no sirve levantar la voz o la mano para conseguir obediencia. Ahora el Liderazgo hay que ganárselo, también en el aula, y eso requiere el desarrollo de nuevas capacidades de comunicación y de relación. Necesitan aprender y aplicar otras habilidades, no para imponer, sino para poder ser ‘cómplices de una posibilidad trascendente’.

Así define George Steiner el arte de educar. Se trata de divisar y sacudir lo que todavía no es. “Si me tratas como soy así seré. Si me tratas como podría ser, es posible que llegue a serlo”.  Así podría definirse también el Coaching.

Descubrir el talento oculto tras la bruma de la apatía de cada uno de los alumnos del aula es el enorme reto al que se enfrentan ahora las nuevas generaciones de profesores. Ya no basta con impartir conocimientos, es necesario sacar a flote la esencia de cada individuo para que le sirva de brújula y pueda orientar su futuro profesional hacia aquellos campos en los que realmente sea capaz de sacar su máximo rendimiento, consiguiendo de esta forma aumentar su productividad.

Necesitan ayuda para poder hacerlo. Y su formación en habilidades propias de las disciplinas del coaching ó de la inteligencia emocional facilitaría poder afrontar este reto con posibilidades reales de éxito. En este momento, lo urgente (las tiritas) se impone a lo importante pero, sin duda, apostar de verdad por la formación de formadores, sería la mejor inversión para garantizar un futuro luminoso para todos.

Imanol Ibarrondo

Experiencia memorable en Oviedo

3 mayo, 2010

El pasado viernes, Juan Cárlos Campillo, María Alaña y yo mismo, coaches de Incoade, tuvimos la oportunidad de disfrutar de una experiencia memorable trabajando con los 24 integrantes del primer equipo del Real Oviedo.

El sentido del humor, la alegría, la ilusión por alcanzar un objetivo común, la confianza y la unidad que pudimos palpar durante las 4 horas que compartimos con el equipo, serán sin duda los pilares básicos que servirán de apoyo para que este grupo pueda competir al máximo de sus posibilidades en la consecución del sueño compartido por todos los ovetenses; volver al fútbol profesional.

Las ganas de trabajar y de participar, el deseo de compartir y de ayudar a los compañeros, la valentía para arriesgar y exponerse, la humildad para no imponer y la generosidad para dar y para recibir que demostraron durante las intensas horas que disfrutamos con ellos,
hicieron que la tarde pasara en un suspiro.

Quiero agradecer también la confianza que los responsables del Club, sobre todo José Manuel Martínez (Director Técnico) y ‘Pichi’ Lucas (entrenador) demostraron en nosotros, sin la cual, sin duda alguna, hubiera sido imposible desarrollar este trabajo.

¡¡ Viva Caluca !!…… pues eso 😛 .

Imanol Ibarrondo

Píldoras de Energizol

31 marzo, 2010

Pero…¿Qué es el Energizol?

1.- Dícese de aquella energía que proviene de nuestro interior y que surge cuando conectamos con lo que realmente es importante para nosotros, con nuestros valores auténticos y con aquello que de verdad nos hace resonar.

2.- Se trata de una energía gratis, que está siempre disponible y es inagotable. No da positivo, pero sus síntomas son muy elocuentes: alegría, entusiasmo, fuerza, coraje… y acción.

3.- Concepto acuñado por Incoade y de obligado cumplimiento para todas las personas que participan en nuestras formaciones.

Tenemos el placer de abrir este espacio para compartir todas aquellas experiencias (grandes o pequeñas), comentarios (a favor y en contra), reflexiones (divertidas o filosóficas), artículos (tuyos o de otros) frases (anónimas o no)… y lo que cada uno quiera aportar, que nos ayuden a estar conectados con la esencia del deporte y del deportista.

Queremos crear un espacio de coaching grupal que impulse a cada uno de los que participemos a seguir creciendo y avanzando de forma implacable hacia la consecución de nuestros sueños.

¿Cuál es tu sueño?

El equipo de Incoade