Archive for the ‘Victoria’ Category

Determinator

23 octubre, 2013

Rafael Nadal (L) of Spain embraces Roger Federer of Switzerland durinHace un par de semanas, viendo la final del Open USA, pude comprobar de nuevo hasta qué punto se agranda la figura de Rafa Nadal en las situaciones más desfavorables. Donde la inmensa mayoría de los deportistas negociaría una rendición honorable con su rival, él es capaz, justo ahí, de demostrar una determinación incomparable, arriesgando, creciéndose y superando sus límites, una y otra vez, hasta convertirse en la leyenda que ya es.

¿Cómo puede hacerlo?, ¿de dónde sale esa determinación?, ¿de dónde viene ese valor para arriesgar?, ¿por qué los deportistas tienen miedo a ganar?, ¿qué es y de dónde viene la presión?, ¿unos tienen deseos de ganar y otros no?, ¿se puede aprender?, ¿y mejorar? …

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición, que detalla el referido autor.És muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego para nada su valía como persona. No es rehén de esa creencia tan limitante para un deportista, bajo cuya perspectiva, lo que eres, depende de tus resultados, de forma que, solamente siendo el mejor, solo ganando, crees que encontrarás el respeto y el amor que buscas.

Así, se desesperan cuando pierden… no tanto por la derrota en sí, sino por la identificación que hacen entre la derrota y su identidad. Si pierdo, no soy suficientemente bueno y no soy merecedor del reconocimiento de los demás. Demoledor. Una creencia, extendida al máximo en el deporte e instalada en nuestro disco duro desde la más tierna infancia, desde esos días en que llegabas a casa después de un partido y la primera pregunta era…. ¿qué has hecho?… Ganar ya comenzaba a ser lo más importante.

Por eso, a veces, en el momento decisivo, en el último  punto, en el partido clave, en ese penalti, en el tiro libre definitivo… se apodera de ti el miedo a ganar,porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que levas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a ti… y te sientes culpable… y fallas. No es un pensamiento consciente, pero está ahí, y desde el fondo de tu mente, domina ese instante. No es el miedo a perder, sino el miedo a ganar lo que te bloquea en ese momento decisivo. No es la oscuridad sino la luz lo que nos paraliza.

Rafa ‘Determinator’ Nadal, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros reconocimientos que les regala e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su inquebrantable deseo de ganar viene de otro sitio.

Él entiende que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales y de la competición es la de personas que cooperan con él para ayudarle a alcanzarlo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos,consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser. Sabe que ambos se necesitan para crecer. Cooperan y compiten. “Coopiten”.

Desde esta sugerente perspectiva (coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento caliente del partido. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, sabe que no se está poniendo en duda la valía personal de su adversario, ni la suya. Bajo esta creencia potenciadora, nadie es derrotado. Ambos competidores se benefician del esfuerzo realizado para superar la resistencia del rival. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo y crecimiento del otro.

Visto de esta forma, Nadal le hace un favor a cada uno de su rivales esforzándose al máximo y obligándole a su vez a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y, quizá por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales.

El objetivo es ganar, pero el secreto es no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el auténtico reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada jugada, en cada punto y en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Quienes confunden su Identidad, su yo auténtico y verdadero, con las victorias, resultados, logros o habilidades, ignoran el increíble e inconmensurable valor de cada ser humano. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por una afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible;soy un ganador nato, ganar es lo único importante, la historia no recuerda los perdedores…. La tragedia para estas personas es que, aunque en ocasiones alcancen el efímero éxito de la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la serenidad, el respeto y el amor que buscan desesperadamente.

Ellos persiguen la Gloria, pero la Gloria no se busca, se encuentra, transitando por un sendero sin atajos, un camino reservado para aquellos valientes que se atreven a conectar con su mejor versión e inspiran a  los demás con su ejemplo, dejando una huella indeleble en el recuerdo y en los corazones de las personas que les admiramos por su coraje.

Sin duda, el coaching es una potente herramienta y una apasionante disciplina al servicio de los deportistas y entrenadores para conectar con el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘Determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona, porque eso es, sencillamente, Tierra Sagrada.

Imanol Ibarrondo

Duelo para ganar

13 mayo, 2012

Tengo la sensación de que la gran mayoría de nosotros somos analfabetos emocionales. Nos cuesta mucho identificar o reconocer nuestras propias emociones, así como aceptarlas y tenemos grandes dificultades también para expresarlas adecuadamente. Aquí somos más de todo pa’dentro. Esto es así por educación y cultura y también porque habitualmente escasean a nuestro alrededor personas capaces de sostener una emoción, sin juzgarnos, sin aconsejarnos, sin decirnos lo que tenemos que hacer o debemos sentir y sin que se agobien cuando perciben una emoción que vaya más allá de bien/alegre, triste/jodido, el pequeño rango de emociones ajenas que somos capaces de tolerar. Lo cierto es que, en general somos bastante “estreñidos” emocionalmente.

Nos cuesta aceptar que las emociones no son ni buenas ni malas, que son pura química, pero que el sentimiento que generan influye decisivamente en nuestra actitud. No se trata de justificarlas ni de racionalizarlas, sino tan solo de reconocerlas, sentirlas, expresarlas y aceptarlas. Tendemos a confundir la sensibilidad con debilidad, sin entender que hace falta mucho valor y coraje para atreverse a expresar lo que uno siente, mostrándose abierto, disponible y vulnerable, porque es precisamente ahí donde reside toda nuestra fuerza. Mejor nos iría a todos si, en lugar de decir lo que pensamos, expresáramos más a menudo lo que sentimos.

Sin embargo, desde el pasado miércoles por la noche, las lágrimas de desconsuelo que se derramaron por toda Bizkaia nos hicieron a todos un poco más inteligentes emocionalmente. Las lágrimas tan auténticas de los jugadores fueron un gran regalo que nos permitió empatizar con ellos, comprenderles profundamente, ponernos en sus zapatos de verdad y entender el tamaño de su desconsuelo. Que en todas los hogares vizcaínos, los peques lloraran con Iker, Ibai, Tokero… fue una experiencia memorable. Que sus familias hayan sido capaces de aguantar ese sentimiento, sin consuelo posible, nos hace mejores ayudándonos a ampliar nuestro rango emocional. Felicito especialmente a Iker por darse permiso para llorar de esa manera. Será sin duda quien primero se recupere de este gran disgusto. Las lágrimas del miércoles, grabadas ya a fuego en las entrañas de los más jóvenes, acaban de forjar una nueva generación de athletizales que jamás olvidarán este día.

Desde el final del partido, se suceden los mensajes de ánimo para la plantilla, buscando una recuperación anímica express con vistas a la segunda Final. Demasiado pronto. Lo entiendo, pero creo que todavía no toca. Tampoco creo que sea el momento de reflexión y análisis con los jugadores para corregir errores del partido. Tiempo habrá para hacerlo con todo detalle. Es muy posible que, tras la dolorosa derrota encajada el miércoles, las dudas, la incertidumbre, la inseguridad, la desconfianza, el miedo a perder o a ganar, la tristeza, la decepción, la frustración, la rabia, el desconsuelo y otras muchas emociones poco edificantes estén presentes en ese vestuario.

Ahora hay dolor. El duelo hay que vivirlo, como cualquier pérdida irreparable. Este título, esperado durante 35 largos años, ya no volverá. Eso duele. Y mucho. No es posible pasar página sin más. No se puede pretender estar a tope en el siguiente partido. No es real y sería engañarse. Toca procesar.

Tanto el entrenador como sus jugadores, deberían disponer de un espacio privilegiado, seguro, sin juicio y sin crítica para poder compartir y expresar cómo está realmente cada uno, qué le está pasando y cómo le está afectando la situación. No se trata de saber qué piensa, ni su opinión sobre el partido, los errores o explicaciones de por qué pasó, lo que interesa es conocer qué está sintiendo. No se trata de racionalizar las emociones, sino de expresarlas. Tampoco se trata de hablar de ellas, sino de sentirlas. Se trata, en definitiva, de aplicar el principio sufí que dice que ‘lo que resistes, persiste y lo que aceptas lo puedes transformar”.

Aceptar que cada uno tiene derecho a sentirse como se sienta, que no lo tenga que justificar, que no se sienta culpable por sentirlo, que pueda reconocer esa emoción y que la pueda nombrar, expresar, compartir y liberar, es una necesidad. Tener la posibilidad de disfrutar de un espacio para poder hacer este trabajo con todos tus compañeros, es un regalo.

Si admitimos que el fútbol es un estado de ánimo (Valdano dixit), lo que toca ahora es cambiar un sentimiento, un proceso delicado que requiere talento, sensibilidad, herramientas y las habilidades necesarias para completar esta mágica transformación. La emoción es inefable, no se puede expresar con palabras, así que utilizar metáforas, símbolos o imágenes y jugar con ellas nos permite expresarlas, aceptarlas, vivirlas intensamente y, finalmente, transformarlas para recuperar todas aquellas que les (nos) han traído hasta aquí durante esta increíble temporada.

Tras la inmensa ola de empatía que recorrió y sacudió Bizkaia el pasado miércoles, seguro que podremos comprender y sabremos respetar el espacio y el tiempo que los jugadores necesitan para recuperar su estado de ánimo más propicio. Quizá no tengan ganas de sonreír ni de estar alegres y está bien. Quizá prefieran no pararse a firmar autógrafos y a sacarse fotos y no pasa nada. Quizá no tengan cuerpo para enviar mensajes de ánimo e ilusión a la afición y será lo que toca. Ellos deben superar su proceso de duelo y nosotros el nuestro. Nos volveremos a encontrar, juntos, plenos de confianza, fuerza e ilusión para la gran batalla final. De momento, tiempo al tiempo.

Imanol Ibarrondo (@energizol)

Presidente Instituto Coaching Deportivo

Nota: post publicado como articulo en el periódico DEIA de fecha 13 de mayo de 2012

El espíritu de Ramón

9 mayo, 2012

Yo estoy aquí porque él estuvo allí. No sabemos muy bien cómo lo hizo, pero fue. Llamó y dijo que llegaría tarde. No era algo extraño y a nadie sorprendió. Era mayo del 77 y estaba en Turín. Era Ramón, mi aita, y hubiera disfrutado a tope de esta temporada irrepetible. Este Athletic juega como él vivió. Soñador y valiente, siempre hacia adelante, alegre y optimista, generoso y solidario, desinhibido y muy atrevido, intenso e impaciente, con gran iniciativa y una envidiable confianza en sus posibilidades, sin considerarse más que nadie ni menos que ninguno y, sobre todo, disfrutando como un niño del juego y de la vida. Se pueden imaginar lo que se emocionaría alguien como él con un equipo así.

Los más de 10.000 bizkainos que hoy estamos en Bucarest tenemos el gran privilegio de representar a Ramón y a todos los aitas, amas, aitites y amomas que ya no vendrán (35 años son demasiados para poder repetir), pero que son los legítimos co-autores de esta obra que hoy estamos disfrutando. Ellos/as han sido nuestro ejemplo y este Club, del que nos sentimos tan orgullosos y con el que tanto nos identificamos, refleja con grandeza lo mejor de nosotros, y de ellos, porque el Athletic somos todos y los jugadores son, han sido y serán, en cada momento de la historia, nuestros representantes sobre el césped. Ellos son los elegidos, son de los nuestros y nos están regalando el enorme privilegio de poder reconocernos plenamente, con profunda satisfacción e íntimo orgullo, en lo que están consiguiendo y, sobre todo, en cómo lo están haciendo.

Han sido capaces de re-ínventarse, de superar sus propios límites hasta alcanzar su mejor versión, brillante y admirada en toda Europa. Lo más revelador que he descubierto esta temporada es tomar consciencia de que, si ellos han podido transformarse así, yo también puedo hacerlo. Todos podemos.

En este contexto de gran dificultad que invita a muchas personas a rendirse, nosotros también podemos sacar nuestra mejor versión, lo mismo que hace el Athletic, no bajando nunca los brazos y afrontando las dificultades como retos, con optimismo, esfuerzo y valentía, que no es ausencia de miedo, sino tener el coraje suficiente para afrontarlo, conectando con lo mejor de cada uno y poniéndolo en juego.  Tenemos tanto…

El Athletic está siendo un ejemplo tremendamente inspirador que nos muestra el camino para hacernos mejores, para ser mejores y crecer ante la adversidad. Si ellos, que son de los nuestros, son capaces de hacer una última carrera cuando los demás se paran, de cerrar los puños y seguir apretando, de perseverar hasta el límite en el esfuerzo con una fe y determinación conmovedoras, de ser honestos e íntegros, de creer que todo es posible, nosotros también podemos. Si ellos se muestran como deportistas nobles, dignos y respetuosos, humildes y solidarios, valientes y ambiciosos, nosotros también podemos serlo. Si ellos, en tan poco tiempo, han sido capaces de transformarse de esta forma tan increíble, nosotros también podemos. Cada uno en su entorno, en su casa, en su trabajo o buscando curro, en su ikastola, en su empresa o en la Uni, cada uno en su ámbito de influencia, todos podemos aspirar a ser mejores. Todos tenemos, como ellos, mucho más para ofrecer y, si estos chavales son capaces de hacernos sentir como campeones de Europa, deberíamos comportarnos como tales y no solamente los días de partido.

El Athletic está cumpliendo con creces su misión de responsabilidad social ante la sociedad vasca, convirtiéndose en un referente inspirador de buenas prácticas y comportamientos ejemplares para todos los individuos y empresas de este País. Desde hace meses, en los días de partido, toda Bizkaia es una marea rojiblanca, se vaya o no a San Mames. Entiendo que las Instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Gobierno vasco) considerarán sobradamente rentabilizado todo su apoyo al Club. No podrían haber encontrado mejor embajador que este equipo y su afición para difundir a los cuatro vientos la verdadera esencia e identidad de Bilbao, Bizkaia, Euskadi y de sus gentes.

El Athletic ha multiplicado exponencialmente el atractivo de nuestro País, y no solamente para turistas, sino para todas aquellas organizaciones, empresas y profesionales internacionales, de cualquier sector de actividad, que han podido comprobar y admirar los verdaderos valores que nos distinguen y que son, precisamente, los que nos hacen tan atractivos.

No se trata solamente de playas, comida, museos, paisajes… Lo que realmente hace a Euskadi diferente somos nosotros, las personas que vivimos aquí. Gente noble y de palabra, respetuosa y apasionada, emprendedora y valiente, trabajadora y sacrificada, solidaria y generosa, tal y como el Athletic ha demostrado, de punta a punta de Europa, durante esta mágica temporada. El informe de conclusiones de los ´bobbys´ ingleses tras nuestra invasión de Manchester es rotundo; “que vuelvan cuando quieran”. Así somos.

Hoy recuerdo con cariño y agradecimiento a mi aita. Es un gran día para honrar la memoria y homenajear a familiares y amigos que ya no están, pero que permanecen vivos en nuestros corazones. También para seguir disfrutando de la esperanza de que todo es posible. Les confieso que, aun ganando hoy, dudo que mañana quede grabado en mis recuerdos como un momento más feliz que los vividos estas semanas previas. Nosotros ya  hemos ganado y, para poner una guinda espectacular a esta temporada inolvidable, esta noche necesitaremos más que nunca que el ‘espíritu de Ramón’ nos impulse a alcanzar nuestro sueño: el Athletic, campeón de Europa.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 9 de mayo de 2012

Ya hemos ganado

26 abril, 2012

Si tuviera que definir una Misión que dotara de sentido y propósito a la existencia del Athletic, una declaración que recogiera la esencia del ‘para qué’ existe este Club, no destacaría en ella ‘ganar partidos’ o ‘títulos y trofeos’. La idea central sobre la que giraría mi reflexión sería, sin duda, que el Athletic existe para ‘hacer felices a las personas’. Una Misión rotunda, atractiva, emocionante e inspiradora. No se me ocurre mayor privilegio que ser parte de una Organización que declarase una Misión así y actuara en consecuencia.

En el deporte, unos son felices solamente cuando su equipo gana, otros buscan la felicidad en la clasificación, para algunos es jugar bien, hay quienes necesitan identificarse con su equipo, los hay que solamente lo son ganando títulos pero, aquí, también buscamos desesperadamente momentos sublimes y experiencias memorables para compartir. Viendo el estado de ilusión que el Athletic ha decretado en Bizkaia, reflejado en el increíble mar de banderas rojiblancas ondeando en millares de balcones, podríamos concluir que el Club, esta temporada, ya ha cumplido su Misión.

Además de la gran satisfacción y del íntimo orgullo que todos los socios y aficionados sentimos, incluiría también, como beneficiarios de esta Misión, a todas aquellas personas, no necesariamente del Athletic, que valoran, reconocen y se emocionan con la nobleza, el respeto, la humildad, la ambición y la determinación que demuestra este equipo en el campo, reflejando los auténticos valores que nos identifican, en nuestra mejor versión. Por eso, ahora, por primera vez en mucho tiempo, el Athletic ha entrado de nuevo en multitud de corazones que reconocen el coraje y el esfuerzo de un Club que, sostenido por su filosofía, es capaz de jugar y competir al máximo nivel, plenamente conectado a la esencia del juego, rompiendo un montón de tópicos, mitos y creencias limitantes, profundamente arraigadas en el fútbol. Eso es grandeza y es admirable.

Jugando con intensidad y alegría, a pecho descubierto, siempre a por ellos, en cualquier campo y contra cualquier rival, sin especular y sin trampas, honrando cada partido como el más importante y cada competición como la principal (así es como ha llegado a ser el único Club que permanece vivo en todas). Sin buscar nunca excusas ni justificaciones. Si la felicidad es la ausencia de miedo, más aún en el actual contexto de dificultad que soportamos, la actitud irreductible y valiente de este equipo es absolutamente ejemplar.

Pase lo que pase a partir de hoy, ya hemos ganado, mucho más incluso, de lo que cualquiera hubiera soñado hace tan solo 10 meses. Este año se acumulan ya las despedidas con el equipo saludando a un público entregado, las tardes celebrando éxitos en perfecta comunión con la grada, las colas y sorteos para hacerse con entradas, las taquillas agotadas, un buen puñado de viajes masivos con una afición ejemplar, comidas y poteos multitudinarios antes y después de los partidos, reconocimientos internacionales, algunas victorias inolvidables en citas para la historia y recuerdos imborrables para contar a las próximas generaciones. Ilusión desatada.

Se me escapa una sonrisa cuando, en las mañanas de partidos europeos importantes (como hoy), veo un montón de niños/as camino de la ikastola vestidos del Athletic, personas encorbatadas con las solapas de la zamarra rojiblanca saliéndoles por los cuellos de la camisa, bufandas del Athletic sobre las chaquetas, banderas adornando escaparates y presidiendo bares y restaurantes, miradas cómplices y alegría contenida. En silencio, pero todos unidos en un sentimiento que nos hace mejores; el sentimiento Athletic que no para de crecer. Ya hemos ganado.

Este equipo, un generador inagotable de ilusión, lleva cocinando a fuego lento, día a día, un delicioso pastel. Es el que más partidos ha jugado, el que más sesiones de entrenamiento acumula y el que más horas de concentraciones suma. Un título sería (tan solo) una fabulosa y merecida guinda a su compromiso incuestionable con un reto de proporciones extraordinarias. Los profesionales buscarán con todas sus fuerzas culminar con broche de oro una temporada que les está costando dosis industriales de esfuerzo, sacrificio y sufrimiento, llevado hasta la agonía en ocasiones. Su comportamiento, ejemplar nos enorgullece.

Pero, independientemente de lo que pase este último mes de competición, con todos los frentes abiertos, cuando acabe la temporada, cojan distancia y miren atrás (con o sin títulos), podrán disfrutar intensamente del camino recorrido, del equipo y los jugadores en que se han transformado, de lo que han crecido y aprendido, del impacto y la admiración que han levantado en el planeta fútbol, del reconocimiento internacional, del gran ejemplo que han sido para todos, de la alegría que nos han producido y, lo mejor de todo, del excitante camino que todavía les queda por hacer juntos. En ese momento, serán conscientes de que el éxito no se mide solamente por el objetivo (título) conseguido, sino por el equipo y el jugador en que has sido capaz de convertirse para llegar a merecerlo.

El gran éxito es, precisamente, haberse transformado en un grupo de jugadores capaz de aspirar legítimamente a ser campeón de Europa (hasta ser considerado favorito) y a ganar la Copa al mejor equipo del mundo. La guinda (el título) sería la rúbrica, una marca en la historia del Athletic, para recordar que este fue, sencillamente, un año irrepetible. Los profesionales pueden tener la tranquilidad y la seguridad de que, nuestra capacidad para gestionar, de otra manera, tanto las victorias como las derrotas, también nos hace diferentes. En estas circunstancias, incluso cuando perdemos, ganamos.

Si esta temporada se cerrase con un histórico doblete, el equipo alcanzaría la etiqueta de legendario y quedaría grabado a fuego, para siempre, en nuestros corazones. Si ‘solamente’ se ganase uno de los dos, o bien el europeo, por ser el primero en las vitrinas del Club, o el de Copa, por la magnitud del oponente, sería el colofón a una temporada extraordinaria y única. Si no se consiguiera ninguno, me quedaría el inolvidable recuerdo del año en que disfruté como nunca y en el que recuperé la esperanza de que todo es posible. Ya hemos ganado. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 26 de abril de 2012

‘Pygmalion’ Bielsa

21 noviembre, 2011

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre y escultor, esculpió en marfil a Galatea, su mujer ideal. Su estatua era tan bella y perfecta que se enamoró de ella. Pygmalion suplicó a Venus, la diosa del amor, que su estatua cobrara vida para ser correspondido. Cuando volvió a casa, besó a Galatea y ésta despertó, cobró vida y se convirtió en la deseada amada de Pygmalion.

Lo que se conoce como ‘Efecto Pygmalion’ es que, cuando alguien cree de verdad en otra persona, las expectativas que tiene respecto a ella, afectan de tal manera a su propia conducta, que la segunda persona tiende a confirmarlas. No es un efecto mágico. No sucede solamente por el mero hecho de creer, sino por cómo cambia mi actitud hacia el otro cuando creo. Desde mi mirada, pasando por gestos, palabras, declaraciones, hasta el lenguaje no verbal… todo es distinto cuando creo.

Intuyo que, como a Pygmalion, a Bielsa le sucede algo parecido. Tras una vida entera buscando la perfección del juego, afronta el reto de dar vida a una escultura a medio hacer (quizá un león dormido) que estaba esperando, ansiosa y sin saberlo, unas manos expertas y un liderazgo auténtico que le diera la vida y le hiciera soñar con otro futuro posible. Soñar con retos ambiciosos, con mejoras sorprendentes, con objetivos hasta ahora inalcanzables, con victorias imposibles, con partidos épicos, soñar con la gloria.  Alguien que creyera en ellos, de verdad, y les ayudase a sacar la mejor versión de cada uno al servicio de un equipo digno de grabarse en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Bielsa lidera a un grupo de futbolistas que, durante cuatro años, ha escuchado con insistencia que tiene limitaciones, que debe sumar y restar, que los grandes no están a su alcance, que los demás tienen jugadores elegidos, que no sabe competir porque no maneja el ‘otro fútbol’, que no entiende que lo único importante es el resultado, que es inmaduro porque no asume que todo vale para ganar, que es mejor que no sueñe porque más dura será la caída… Debe ser difícil crecer así.

El rosarino elige y decide Creer. De verdad. Percibo en él a una persona enigmática, tímida, perfeccionista, muy exigente, brillante, obsesionada y apasionada por el fútbol, que defiende con enorme firmeza y convicción la esencia del juego. En su primer día, nada más aterrizar, resumió su mensaje; ‘El Athletic jugará como un Grande’. En aquel momento, tan solo era una posibilidad… pero necesitábamos tanto a alguien que creyera que era posible y que lo declarase públicamente…alguien que fuera capaz de diseñar una Visión tan potente e inspiradora como ésta y se comprometiera con ella desde el primer momento… él lo hizo. Bielsa vive cada día su Visión, en cada rueda de prensa, en cada conversación, en cada detalle, en cada partido, en cada decisión… él es esa Visión a cada instante. Una Visión poderosa que tira con fuerza del equipo y de cada uno de sus componentes, hacia la nueva realidad que queremos crear. Este es precisamente el elemento distintivo de su liderazgo transformador.

 

Sin excusas, sin justificaciones, sin declaraciones populistas, tomando decisiones arriesgadas, respetando a los árbitros, sin demagogia de baratillo, reconociendo sus errores, se centra exclusivamente en creer en sus futbolistas haciéndoles crecer cada día y cada partido. Consiguiendo transformaciones impensables en algunos casos y mejoras de rendimiento notables en otros. Se dedica en exclusiva a sus jugadores (se entiende ahora que no pudiera trabajar con 35), ayudando a cada uno a conectar con lo mejor que tiene dentro, creando un espacio privilegiado de mucho trabajo, esfuerzo, exigencia máxima, respeto profundo, confianza y seguridad para que se atrevan a sacarlo. Potenciar a sus jugadores… quizá sea esta una de sus mayores virtudes y, desde luego, una capacidad básica para cualquier entrenador, que solamente se activa si Crees en ellos. De verdad, como Pygmalion.  

Desconozco su nivel de integración en la ciudad o de implicación en el Club, la calidad de las relaciones que tiene con otros estamentos de la Institución, si le gustan los txokos, o la amatxu de Begoña, ni siquiera sé si tiene intención de permanecer más allá del año que tiene firmado… pero tampoco me interesa saberlo. No se le contrató para que diseñara el futuro del Club, ni para ejercer de portavoz, ni de profesor para los técnicos de Lezama. Será responsabilidad de otros profesionales recoger todo el aprendizaje de lo que está pasando para consolidarlo, afianzarlo y extenderlo como la pólvora por toda la Organización, de manera que, lo que estamos viviendo ahora, constituya un legado sobre el que seguir edificando el Athletic del futuro.

Bielsa ha venido para hacer exactamente lo que está haciendo; una revolución. Para girar el rumbo del Titanic, evitando el choque con el iceberg. No alcanzo a imaginar las dosis industriales de energía que necesitará cada día para afrontar semejante tarea. Para corregir la deriva y ayudarnos a re-conectar con lo que realmente somos, permitiéndonos  re-descubrir, en el terreno de juego, aquello con lo que nos identificamos tan profundamente. Ese es el extraordinario reto que está afrontando. No conozco a Bielsa pero, viendo lo que hace y cómo lo hace, tengo la seguridad de saber que no renunciará a lo que es innegociable; dirigir a un equipo valiente, ambicioso, protagonista, generoso, esforzado, solidario, intenso y noble. ¡Cómo me gusta eso!  Se le dice ‘El loco’… lo entiendo.

Generar una Visión, un futuro posible, totalmente distinto del predecible (un pasito más sobre lo mismo), resulta muy incómodo, porque ningún futuro posible parece realista al principio. Bielsa declaró públicamente, en una sola frase, lo que los 11.000 que votamos por Josu también pensábamos que era posible y, poco a poco, a pesar de los malos resultados iniciales, está consiguiendo atraer hacia esa Visión a los jugadores, a la afición, a los medios de comunicación y a toda la familia del Athletic. Empezamos a creer que podemos volver a hacerlo… volver a conseguirlo…. volver a disfrutar de un gran equipo… volver a ser campeones. ¿Por qué no?

Queda todavía mucho camino para completar la mutación pero, como a Galatea, la estatua de Pygmalion, veo ya a este Athletic abriendo los ojos, desperezándose y tomando consciencia de su naturaleza y de lo que puede llegar a ser. Yo, ahora, Creo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

Percepciones

17 abril, 2011

El  pasado sábado en San Mamés, viendo resbalarse una y otra vez sobre el césped recién regado a los jugadores rojiblancos, tuve la percepción de que, lo que antes era importante, está dejando de serlo. Lo esencial se ha convertido en accesorio, y al revés.

En aquel tiempo, cuando yo jugaba al fútbol y no hace tanto de eso, dedicábamos cariño y tiempo a revisar los tacos de las botas para ajustarlos al terreno de juego. Era como un ritual antes de los partidos. Salir al campo, pisar el terreno de juego, visitar las áreas, las bandas, el centro del campo, cada uno por su zona de influencia para valorar la situación.

Después, ya en el vestuario, el utillero abría la caja de herramientas en la que estaba la bolsa de los tacos y cada jugador se acercaba a elegir los más apropiados para ese partido y para ese campo. Allí había de todo, tacos nuevos y usados, largos y cortos, afilados, prohibidos, de goma y aluminio, hasta tacos de rugby para los más torpes. En la caja, también se podían encontrar llaves de tacos, alicates y llaves inglesas para cambiar los que estaban tan desgastados que no había quién los desenroscara. No faltaban los cepillos para limpiar las botas, la grasa de caballo y los trapos para abrillantar el cuero de los borceguíes y saltar al campo con el material en perfecto estado. Llevado al extremo, había entrenadores que prohibían a los defensas jugar con tacos de goma. Percibo que dedicar tiempo y atención a los tacos ya no es tan importante. Hay más cosas que tengo la percepción que están dejando de serlo.

Antes, el fútbol del Athletic reflejaba la esencia y los valores del Club y era innegociable que así fuese. Todos nos identificábamos con esa forma de entender el juego y la competición. La bronca, el barullo, el lío, el engaño o la provocación no forman parte de nuestra naturaleza. Nunca hemos jugado a eso y no nos ha ido tan mal. Me siento incómodo viendo a nuestros jugadores protestar permanentemente. Puedo entender las quejas como una reacción puntual ante una jugada concreta, pero no lo comparto como norma de comportamiento.

No se trata tanto de consideraciones éticas o de imagen, sino puramente prácticas. Cuando centras tu atención en otras cosas distintas al propio juego, por ejemplo, en el árbitro, es cuando surgen los errores de concentración, los fallos groseros, las entradas a destiempo… y el fútbol deja de fluir. Te desconectas del juego. Lo curioso es que esta actitud de sobreexcitación en la que parecen vivir instalados los jugadores, se está contagiando a la grada. No sé si alguien lo alienta pero, desde luego, nadie lo reconduce.

En la Catedral, siempre se ha respetado la esencia del juego, sus valores auténticos, así como a los rivales, las normas y a los árbitros. Era el último reducto con aroma al fútbol inglés más genuino. Ahora, tengo la percepción de que también esto está en proceso de cambio. Desde la grada, se protesta de forma desmesurada, casi histérica, cada decisión arbitral, independientemente de si es correcta o no. El sábado pasado se aplaudió (y no es la primera vez) un gol en contra; el segundo penalti (claro en mi opinión y en la de todos los analistas).

Se insulta de forma permanente a los contrarios y a los árbitros. Incluso, como si de un equipo pequeño se tratara, se canta en contra del equipo rival en lugar de animar al propio. San Mamés se ha reconocido siempre como un campo caliente con una afición entendida, respetuosa y volcada con los suyos pero, que yo sepa, nunca ha sido un campo hostil para nadie. Quizá, con el cambio de estadio, perdamos también este reconocimiento, porque percibo que, también en esto, lo que antes era importante, está dejando de serlo.

El señorío del Athletic estaba también presente en las declaraciones públicas de sus dirigentes, tanto en las victorias como en las derrotas. Ahora, se argumentan excusas y justificaciones pueriles en lugar de reconocer con la elegancia y categoría propias del Club lo que ha sido evidente para todos; se jugó mal y se perdió con toda justicia ante un rival muy superior. Las populistas declaraciones de un presidente en campaña reclamando cinco penaltis tras una derrota incontestable confirman esta percepción.

En las últimas semanas son varias las situaciones que en las que García Macua está actuando como si ya fuera un candidato. Desde una foto robada a la salida de un restaurante, tras comer con un futbolista que le había dejado en evidencia días antes negando que alguien del Club hubiese hablado con él sobre su renovación, pasando por los panfletos de autopromo antes del partido, hasta la imposición de la insignia de oro y brillantes al alcalde recibiendo a cambio un apoyo sorprendente y, en mi opinión, prematuro.

Parece razonable pensar que, sabiendo que habrá elecciones, convendría no dilatar su convocatoria de manera que, quien saliera elegido, tuviese el tiempo suficiente y necesario para organizar el Club y planificar el próximo curso adecuadamente. Es bueno ser hábil en el manejo de los tiempos, pero sería mejor que fuese en beneficio de los intereses del Club en lugar de en beneficio propio. Tan solo es otra percepción.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 17 de abril de 2011

Semana fantástica

15 enero, 2011

Para la primera jornada de este año (Deportivo), tenía previsto publicar unas líneas sobre la gran trascendencia que podrían tener en el futuro a corto y medio plazo del Club, los 5 partidos a disputar en veintiún días por el Athletic. Los cuatro de casa (Depor, Racing, Hércules y Barcelona) y el de Málaga. Finalmente, escribí sobre la huelga de AFE y el artículo se quedó en el tintero. Mejor así.

Ya se han jugado tres de los cinco y el sabor es agridulce. Solamente quedan dos. Coincidiendo con la semana fantástica de unos grandes almacenes, tan solo queda por saber quién sacará beneficio de las rebajas. Si será el Athletic quien esté de oferta o serán el Racing y el Hércules quienes darán facilidades.

Estos dos partidos sí que son decisivos y definitorios, aunque no definitivos. Son duelos en los que vamos a poder comprobar qué es lo que realmente quiere ser este equipo. De verdad. Si desea ser protagonista de su futuro esta temporada o se conformará de nuevo con lo que dejen los demás, con los restos de la competición. Con los saldos.

Dentro de la dificultad, contra el Barcelona es fácil motivarse, estar concentrado, ser intenso y agresivo. No hay nada que perder. De hecho, fuimos eliminados y todos los titulares de prensa coincidían con la sensación general de la afición en que el equipo había superado las mejores expectativas en la eliminatoria. Lo difícil viene esta semana, empezando por hoy.

A pesar de lo que se diga y se publique, no tengo claro cuál es el objetivo para esta temporada. Son demasiadas declaraciones auto-complacientes, justificativas y poco exigentes en las que se impone el clásico partido a partido. Remiten al último tramo de la competición para ver cómo estamos y entonces decimos a qué aspiramos. No estoy de acuerdo con esta forma de plantear los objetivos.

Reconozco que es muy cómodo, porque permite ajustar la expectativa cada semana en función del último resultado y la posición en la tabla y además, no compromete a nada. Que la cosa va bien, digo que Europa, que no va tan bien, pues el objetivo es mejorar la clasificación del año pasado. Que va peor todavía, el objetivo es salir de esta situación complicada…. Echo de menos una Visión compartida por todos y un Reto ilusionante, difícil y motivador que obligue a crecer individual y colectivamente a cada jugador y al equipo. Quizá no lo alcancen pero habrán tenido que dar pasos adelante para convertirse en un equipo capaz de merecerlo.

Eso obliga a comprometerse y el compromiso es una decisión personal. Es mucho más que una obligación. Comprometerse no es tener que hacer algo, es desear hacerlo. El compromiso auténtico implica elección. A qué dices sí y a qué dices no. No vale todo. Comprometerse con un objetivo ambicioso como jugar en Europa implica ser consciente de que es imprescindible una apuesta auténtica por jugar al fútbol para merecer ganar los partidos. Tocar a rebato y todos al ataque, hasta el portero, a ver si suena la flauta en el descuento, puede ser un recurso, pero utilizarlo como estrategia parece pobre.

Queda claro que el equipo no se rinde, que no baja los brazos, que insiste hasta el final, que es valiente y, alguna vez, tendrá premio con sus arreones finales, pero eso no es incompatible con disputar el control del juego y del partido, de mandar y dominar contra gran parte de los equipos de Primera, para aumentar las posibilidades de victoria, más allá de la épica que tanto nos gusta.

Ganar así estos dos próximos partidos significaría volver a creer. Comenzar la segunda vuelta dando un puñetazo en la tabla clasificatoria y demostrando que queremos estar ahí. De verdad. No desde la obligación del tener que sino desde la convicción, la energía y la fuerza que surgen de un compromiso auténtico con el equipo que realmente queremos ser.

Estos seis puntos servirían para contagiar a la afición un deseo verdadero, una ilusión lícita y la visión de un equipo ganador que realmente aspira a mejorar y a crecer. Sé que es muy complicado ganar dos partidos seguidos en casa pero, precisamente por eso, superar con éxito esta semana fantástica, sería dar un paso de gigante hacia el verdadero Reto de estos jugadores; creer que realmente pueden.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 15 de enero de 2011

Energizol

11 diciembre, 2010

Escucho decepcionado por la radio la detención de Marta Dominguez y las implicaciones de la operación Galgo. Los expertos analizan los motivos que puedan explicar cómo una atleta de élite puede tirar por el desagüe toda su carrera, su imagen pública, su prestigio e incluso su futuro en el deporte que ama y al que ha dedicado toda su vida.

Aducen que en esta sociedad, también en el deporte, se  busca el éxito fácil, el triunfo sin esfuerzo, inmediato y se valora únicamente al ganador. Tomamos café express, sopa instantánea, tenemos Google, Internet, Facebook, todo rápido y al instante. Lo queremos todo ya.

Aunque el público en general lo desconozca, los deportistas viven ansiosos, angustiados, presionados y, en general, disfrutan muy poco de su privilegio. Así son las cosas. La mayoría considera que solamente vale ganar. Incluso de cualquier manera. Discursos como ‘ganar es lo único que importa’ confunden y no son toda la verdad. Ganar es importante, sin duda, pero hay mucho más.  De hecho, me atrevo a decir que, en la victoria, realmente, no hay nada.

Lo único auténtico que te queda después de ganar, cuando acaban las celebraciones, el baño de multitudes, el dinero y el reconocimiento público, es la persona en la que te has convertido para hacerte merecedor de esa victoria. Eso es lo que hay. Descubrir cómo has crecido, cómo has mejorado, qué has aprendido y qué nuevas habilidades o capacidades has sido capaz de desarrollar y de integrar en ti. Ese es el único y verdadero éxito. Ser capaz de ser mejor cada día o en cada competición hasta convertirte en el mejor deportista que puedas llegar a ser.

Disfrutar de la íntima y genuina satisfacción de saber que has sido capaz de superar todos los obstáculos y dificultades, de no haberte rendido, de perseverar, de mantener la ilusión ante la diversidad, de superar la presión, de cuidar tus emociones y tus pensamientos, en definitiva, de crecer. Eso es ganar y, para eso, no es imprescindible quedar primero. No te llevarás la gloria pero sin duda, habrás ganado.

Para conseguirlo, es imprescindible vivir conectado a tus valores auténticos y a los de tu deporte, a tu esencia, a lo que realmente eres y te hace sentir pleno. Definir también una Visión y un propósito que sirvan de brújula y faro para tu carrera. Descubrir quién eres y qué es lo que realmente quieres te dará la energía, la vitalidad y la ilusión que necesitas para sacrificarte, esforzarte y perseverar hasta estar en condiciones de alcanzar tu sueño. Y, si no lo alcanzas, podrás mirar para atrás y ver dónde estabas y hasta dónde has llegado antes de seguir hacia adelante con una sonrisa iluminando tu espíritu. En Incoade, a esa energía la llamamos energizol. No viene de fuera ni es sintética. El depósito está en el interior de cada uno. Tan solo hay que mirar hacia dentro para descubrirlo El energizol es gratis, inagotable, está siempre disponible y, aunque los síntomas sean de alegría, vitalidad, fuerza y coraje… no da positivo. 

Imanol Ibarrondo

Me da alas

17 noviembre, 2010

Si hubiera que contar una historia esta semana para definir la Plenitud sería, sin duda, la que ha acabado con Vettel como campeón del mundo de F1 y con su escudería, Red Bull, con el título de constructores. Un equipo nuevo, sin vicios, sin intrigas, sin trampas, haciendo de la deportividad una bandera y una forma de vida. Creo que la marca Red Bull ha ganado más con la manera en que lo ha conquistado que con todas las campañas de publicidad y marketing que pudiera inventarse.

Les han insultado, les han querido humillar, les han dicho que no saben de qué va ésto, que iban de farol, que todo era una pose y que al final, como todos, harían trampas, se saltarían las reglas y habría órdenes de equipo. La única duda consistía en saber si iban a disimular.

Han estado semanas soportando todo tipo de críticas, mientras defendían públicamente su respeto a las reglas y a sus dos pilotos.

Dicen que la Plenitud es un acto radical. Hace falta mucho valor para atreverse a actuar conforme a unos valores que definen lo que eres, que forman parte de tí y que constituyen tu esencia como persona o como equipo. Me puedo imaginar cómo pueden sentirse hoy todos los integrantes de Red Bull, desde los dueños, hasta el último mecánico. Es muy posible que todavía estén levitando (para ellos es fácil  😛 ).

La satisfacción y el enorme orgullo de pertenecer a un equipo campeón que respeta los valores de deporte y que está conectado a ellos hasta el final, quizá sea lo máximo a lo que pueden aspirar un deportista y un equipo.

Ganar es una cosa y sentirse pleno es otra que puede ser bien distinta.

Es emocionante presenciar cómo en el máximo nivel, donde la cantidad de dinero, intereses y presión es descomunal, todavía existen personas y equipos que son capaces de vivir y actuar tan enchufados a los valores esnciales del deporte.

Hasta ahora, nunca he comprado una lata de Red Bull, pero os aseguro que hoy mismo me beberé uno con agrado. Lo haré con calma, disfrutando de la satisfación de colaborar, aunque sea un poco, con un equipo tan ejemplar. A ver si se me pega algo.

Imanol Ibarrondo