Archive for the ‘Entrenadores’ Category

Antes o después… ¡te van a echar!

23 octubre, 2013

entrenadoresNo ha acabado todavía el verano y ya han destituido a cuatro entrenadores del Grupo II de la 2ªB. Se confirma una certeza que, en uno u otro momento, alcanza a la inmensa mayoría (por no decir a todos) los técnicos de fútbol y de otros deportes; “te van a echar”. ¡Que lo sepas! Será antes o después, cuatro meses o quizá cuatro años, pero lo que parece inevitable es, que te van a echar. Dicho así, quizá suene un poco duro, pero también podría ser una sentencia muy liberadora.

Vivir permanentemente con la espada de Damocles de un cese y pendiente del resultado de cada domingo te aleja, y mucho, de lo único sobre lo que tienes influencia; el momento presente. Angustiarte por la incertidumbre del misterioso e impredecible futuro o castigarte por lo que podrías haber hecho y no hiciste, te impide disfrutar del gran regalo (present-e) que puedes vivir intensamente: este momento, cada momento… AHORA.

Siendo esto así, quizá, para obtener un cambio de perspectiva, más inspirador y sugerente, podría ayudar que los entrenadores se hicieran una pregunta distinta a la que, inconscientemente, se plantean la mayoría de ellos cuando están en activo: “¿Qué tengo que hacer para que no me echen?”. Ganar, es, posiblemente, la única respuesta que resuena como un trueno en sus atribuladas cabezas.

La creencia limitante e inconsciente que subyace a esta respuesta es que “ganar es lo único importante” y, esta ‘verdad’, cuando los resultados no se están dando, te conecta inmediatamente con el miedo, con la pérdida, con la angustia, con la preocupación permanente, ves problemas (negativos) en lugar de situaciones (neutras), aparecen enemigos y complots por doquier, personas que te quieren quitar algo (la prensa va a por ti, los jugadores son unos egoístas, los directivos no tienen ni idea…). Esta respuesta, en definitiva, te provoca desconfianza, inseguridad, te sitúa en el papel de víctima, inocente e impotente, te saca totalmente del momento presente y, sin ninguna duda, te conecta con tu peor versión. Ya estás fuera… y lo peor es que ni siquiera te has dado cuenta.

No se trata de discutir si esta creencia (“ganar es lo único importante”) es verdad o no. De hecho, no creo en las verdades absolutas (¿existen?) pero, para poder trabajar con ella, revisarla, observarla y matizarla, me basta con que sea verdad para ti. Lo que realmente me interesa que descubras es qué impacto tiene en ti esta ’verdad’ tuya. ¿En qué te está ayudando?, ¿qué te da?, ¿qué te está quitando?, ¿en quién te convierte?, ¿cómo te relacionas, desde esta creencia, con tus jugadores/colaboradores/prensa/directivos…?, ¿cómo te comportas?, ¿quién estás siendo ahora con esa ‘verdad’ tuya?, ¿qué Valor tuyo estás pisando?… En realidad, esa pregunta (¿qué tengo que hacer para que no me echen?) es, cualquier cosa, menos potente.

Propongo una pregunta distinta: “¿Quién quiero ser mientras estoy?” WOW!… Esto es otra cosa, pasará lo que tenga que pasar, pero yo seré quien quiero ser durante este tiempo, y viviré y disfrutaré intensamente de esta experiencia y lo contagiaré a todas las personas sobre las que tengo influencia y responsabilidad. Esta pregunta me conecta con lo mejor que tengo, con mis valores auténticos, con lo que realmente es importante para mí, me mantiene enchufado, con energía, con esperanza, con ilusión, con optimismo, con entusiasmo! Es una decisión personal. No son mis circunstancias las que determinarán quién voy a ser. Soy yo, conectado a mi esencia, quien decide quién quiero ser.

No es lo mismo hacer (actuar) desde el miedo, la desconfianza, o la inseguridad que Hacer desde el Ser. El impacto de las acciones que surgen desde la conexión con lo más profundo y auténtico de cada uno, es incomparable y absolutamente transformador.

La reflexión sobre esta pregunta potente (¿quién quiero ser mientras estoy?), me ayudará a tener el coraje que necesito para afrontar y superar mis miedos, para ampliar mi ‘zona de confort’, para atreverme a ser quien realmente soy y ponerlo al servicio de mis jugadores, para ser auténtico y coherente, para ocuparme en lugar de (pre)ocuparme, para mostrarme abierto, disponible y vulnerable, para brillar y ser luz para otros. Para acercarme a mi mejor versión.

La respuesta a esta pregunta me conecta con el Líder que llevo dentro, que está ahí,… dormido, en el fondo de mi Ser… esperando a que yo despierte de una vez, para ponerse en marcha y acercarme a la victoria, a ganar, y no solo a la victoria, sino también a la gloria, que está reservada para aquellos valientes que aspiran a ganar sin atajos, a los que disfrutan intensamente del proceso y contagian su entusiasmo a sus jugadores, haciéndoles sentir importantes, reconocidos y valiosos, y dejando una huella imborrable en sus corazones. Para los líderes auténticos que inspiran los mejores y extra-ordinarios logros humanos. Y tú, “¿Quién vas a ser mientras estás?”

Imanol Ibarrondo

Jardineros, escultores y sopladores de brasas…

7 octubre, 2013

Nueva imagen“Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre la fantasía de despertar”. (‘El principito’ de A.S. Exupéry).

Al igual que una pequeña bellota ya tiene dentro todo lo que necesita para convertirse en un roble extraordinario, así cada persona viene completa de serie y con todos los recursos que le harán falta para convertirse en la mejor versión de sí misma.

No pretendo que se lo crean, ni es una verdad incontestable (¿acaso existen?), tampoco lo puedo demostrar, no es por tanto dogma de fe, ni una doctrina que hay que seguir a pies juntillas. Tan solo es una creencia potenciadora que me ayuda a ver a las personas y equipos con los que trabajo, no solamente como lo que son a día de hoy, sino como lo que podrían llegar a ser si se atrevieran a serlo. Es simple, pero funciona. La esencia de cada uno nunca se pierde, está ahí, dormida, en el fondo de nuestro ser, esperando a que despertemos. A veces, tan solo necesitamos que alguien crea, de verdad, en nosotros/as, alguien que nos vea con ‘mirada bellotera’ para comenzar a florecer.

Desde esta creencia, reconozco mi desconfianza hacia aquellas escuelas o entrenadores que consideran que pueden crear el prototipo de deportista ideal para determinado puesto o equipo. Se muestran incapaces de ver más allá de lo que quieren ver, dedicándose a etiquetar a sus jugadores, limitándoles enormemente, poniendo el foco en lo que está mal, en lo que falta, en lo que no funciona o no se adapta a su troquel y se pierden tantas cosas…  Pierden de vista la esencia de lo que ya está dentro, por no tener la actitud de curiosidad genuina para descubrir cuál es el regalo que cada uno lleva en su interior y que está esperando ser desvelado.

Así como el jardinero sabe que no necesita meter nada dentro de la bellota, tan solo plantarla en un lugar fecundo, regarla, cortar algunas ramitas, tener paciencia y dar tiempo, el trabajo del entrenador no consiste en ‘meter’ sino en ‘sacar’ lo que ya es, descubrir qué es lo que le hace a cada uno único, diferente y especial, identificar y valorar la diversidad, reconocer su esencia, potenciarla y hacerla crecer, sin pretender transformarla en otra cosa, en lo que no es. Sembrar.

Trata a un deportista como lo que es y seguirá siendo lo que es. Trátale como puede llegar a ser y se convertirá en lo que puede llegar a ser”. W.A. Goethe (adaptado).

Creo honestamente que ningún entrenador puede hacer un jugador… pero sí que puede deshacerlo. El jugador que vaya a ser ya es, ya está dentro. La labor del entrenador/Líder se parece mucho a la del escultor. Cuando al gran Miguel Ángel le preguntaban cómo era capaz de crear tan magníficas obras, él se limitaba a responder que su trabajo únicamente consistía en desvelar lo que ya estaba ahí, oculto bajo la piedra. Una vez más, al servicio.

Las habilidades y actitudes para ‘sacar’, para desvelar lo que ya está dentro, lo que ya es, son notablemente diferentes a las que se utilizan para ‘meter’. Juanma Lillo escribió que “un deportista no es un bote que hay que llenar, sino una llama que hay que encender“. Al coaching se le reconoce también como el ‘arte de soplar brasas’ (libro de Leonardo Wolk). No se me ocurre definición más adecuada para describir la responsabilidad fundamental de cualquier entrenador. Se necesitan entusiastas, inspiradores, personas que hagan creer a sus jugadores que pueden ser mejores de lo que están siendo. Necesitamos sopladores de brasas. Líderes al servicio de sus deportistas.

Su apasionante reto será despertar la semilla que está latente y deseando brotar dentro de cada uno de ellos/as. Escultores, jardineros, sopladores de brasas… cualquiera de estas imágenes vale para ilustrar la inestimable labor de alguien cuya función va mucho más allá de entrenar jugadores; se trata más bien de tener el coraje de brillar y ser luz para poder liderar a tus deportistas. De atreverte a mirar, tú también, hacia dentro, y maravillarte descubriendo qué es lo que hay en lo más profundo de tu bellota esperando despertar. Palabras mayores. ¿Te atreves?

Imanol Ibarrondo

“¡Queremos a Pou, ni Pep ni Mou!”

31 enero, 2012

Hace siete meses asistí en Anduva a un triste desenlace, tanto para Juan Carlos Pouso Lejonagoitia como para todo el Mirandés. Era un partido histórico para el ascenso a Segunda División. Tras lograr un esperanzador 0-1 en Guadalajara, ganaban también 1-0 al descanso. En la segunda parte empataron los alcarreños y, a un puñado de minutos para el final, un jugador local quedó tendido en el suelo tras una disputa. El balón salió de banda y él no sabía qué hacer: levantarse o no. Lo normal, lo habitual, lo comprensible, habría sido que se quedara ahí haciendo el paripé y robando unos segundos a un final que pintaba angustioso, pero era consciente de que esa actitud iba en contra de uno de los valores innegociables de su equipo y de su entrenador: el respeto. Tenía un conflicto.

La situación era confusa. El árbitro mirando de reojo, sin parar el juego pero sin ordenar el saque de banda… el masajista preparado para saltar al campo… algunos futbolistas del Mirandés que abandonan sus posiciones y se acercan para interesarse… el jugador que, en ese momento, resuelve sus dudas y decide levantarse… el árbitro que ordena sacar de banda… el contrario que lo hace a la espalda de una defensa descolocada…. penalti… gol… acaba el partido… final del sueño… desolación en Anduva.

Conversando con Pouso tras aquel inesperado desenlace, no escuché ningún comentario del tipo “hemos sido unos pardillos”, “no hemos sabido competir”, “nos ha faltado oficio”, “no sabemos jugar al otro fútbol” y demás excusas pueriles para justificar el azar del juego. No me sorprendió.

Al contrario. Él insiste. El miércoles pasado volví de nuevo a Anduva y pude presenciar cómo, en el descuento y ya con el 2-1 a favor, antes de que el Espanyol colgara al área la última falta del partido, alguien lanzó un balón al campo, a unos 20 metros del banquillo local. De inmediato, Carlos salió corriendo al césped, se disculpó con el jugador catalán más próximo, recogió la pelota y, sin perder un segundo, volvió a toda velocidad a su sitio pidiendo calma al público. En ese momento, me sentí muy orgulloso de ser su amigo, de su coherencia y de su valentía para vivir tan conectado a los valores auténticos del juego.

Así actúa Carlos Pouso y así se comportan sus equipos: respetuosos, nobles, intensos, humildes, valientes y muy conectados al juego, sin dar un respiro al rival, hasta el punto de dominar y eliminar con solvencia a tres rivales de Primera División, levantando la admiración y el reconocimiento de todo el planeta fútbol, no solo por sus victorias, sino por la manera de alcanzarlas. Carlos Pouso, como todos, quiere ganar, pero se diferencia de muchos en que renuncia a coger atajos para hacerlo.

Si tuviera que elegir una virtud suya, destacaría su liderazgo inspirador, entendido en su forma más genuina y auténtica. Su gran capacidad para seducir, su disposición para ayudar, para escuchar, para querer a sus jugadores, para creer en ellos, para identificar y satisfacer sus necesidades (que no sus deseos), para exigirles al máximo y hacerles crecer hasta superar sus límites. Su humildad para hacer sentir importante a todo aquel que trabaja junto a él, su obsesión por mejorar a cada jugador que pasa por sus manos, su identificación total con cada club en el que trabaja… En definitiva, su gran generosidad para estar al servicio de los demás, hace que todos le quieran, que crean en él y que le sigan hasta el final. Parece la mejor versión del flautista de Anduvin, si se me permite la expresión.

Ejerce su liderazgo con tanto arte, lo hace con tanta naturalidad y sencillez, que quienes trabajan en un club bajo su ámbito de influencia deciden voluntariamente comprometerse con él al 100%. Él sabe bien que puede obligar a alguien a obedecer, pero no a comprometerse. Es un generador de ilusión y confianza. Con su coherencia, ejemplo y exquisita sensibilidad (por ejemplo, acordándose de los que ya no están en el momento del éxito) y, por supuesto, su conocimiento profundo y apasionado del fútbol y de los futbolistas, consigue que sus seguidores le ofrezcan con gusto el mejor regalo que cada uno de ellos puede hacer: su compromiso incondicional con una idea grande de juego y con unos valores compartidos para llevarla adelante.

Conversador infatigable, ingenioso y muy divertido, experto en crear y cuidar relaciones de alta calidad, con una lealtad a prueba de bombas y tan exigente en el cumplimiento de las tareas como exquisito en el respeto a las personas, entiende el ejercicio de su profesión como un privilegio del que disfruta intensamente y desea compartirlo. En una de las muchas entrevistas que ha atendido últimamente ofrecía esta respuesta: “Mi mayor felicidad es poder hacer felices a los demás… aunque solo sea un poco”. Quizá también, por cosas así, hoy vuelva a escucharse este grito de guerra en Anduva: Queremos a Pou. Ni Pep ni Mou. Carlos Pouso, un grande, perdido en el fútbol pequeño.

Ahora que, por fin, el endogámico mundo del fútbol de alta competición, como pomposamente les gusta diferenciarse a algunos (cuando la realidad es que el fútbol y los futbolistas son exactamente iguales en todas las categorías), ha descubierto a este entrenador de primer nivel, se escuchan opiniones sobre las virtudes que adornan al técnico de moda (sé que le molesta, pero es lo que toca… ¡y ya era hora!).

Hay algún comentario que me ha llamado la atención y que merece una reflexión: “Su mayor virtud es que ficha jugadores comprometidos”, dijo de él un colega. De tal afirmación podría deducirse que el compromiso y la implicación de las personas vienen de serie. Qué bueno y qué fácil sería eso. ¿Se imaginan que, en sus entrevistas de trabajo, les preguntasen: ‘Es usted comprometido?’ o ‘¿Llegará usted motivado de casa todos los días?’. Sí, claro, por supuesto.

Desgraciadamente, no funciona así. Quizá ahí radique, precisamente, el talento diferencial de un gran entrenador. De hecho, quien consigue este nivel de conexión y compromiso de sus jugadores adquiere el rango y la responsabilidad de ser el líder del grupo. Son los demás quienes le identifican como tal, porque esa distinción no viene con el cargo de entrenador y, para hacerse merecedor de semejante reconocimiento, hace falta mucho coraje y humildad verdadera, así como una vocación de servicio ejemplar.

Carlos tiene de todo eso. Le conozco desde antes de que fuera entrenador… Corrijo, entrenador ha sido siempre.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 31 de enero de 2012

‘Pygmalion’ Bielsa

21 noviembre, 2011

Cuenta la leyenda que Pygmalion, rey de Chipre y escultor, esculpió en marfil a Galatea, su mujer ideal. Su estatua era tan bella y perfecta que se enamoró de ella. Pygmalion suplicó a Venus, la diosa del amor, que su estatua cobrara vida para ser correspondido. Cuando volvió a casa, besó a Galatea y ésta despertó, cobró vida y se convirtió en la deseada amada de Pygmalion.

Lo que se conoce como ‘Efecto Pygmalion’ es que, cuando alguien cree de verdad en otra persona, las expectativas que tiene respecto a ella, afectan de tal manera a su propia conducta, que la segunda persona tiende a confirmarlas. No es un efecto mágico. No sucede solamente por el mero hecho de creer, sino por cómo cambia mi actitud hacia el otro cuando creo. Desde mi mirada, pasando por gestos, palabras, declaraciones, hasta el lenguaje no verbal… todo es distinto cuando creo.

Intuyo que, como a Pygmalion, a Bielsa le sucede algo parecido. Tras una vida entera buscando la perfección del juego, afronta el reto de dar vida a una escultura a medio hacer (quizá un león dormido) que estaba esperando, ansiosa y sin saberlo, unas manos expertas y un liderazgo auténtico que le diera la vida y le hiciera soñar con otro futuro posible. Soñar con retos ambiciosos, con mejoras sorprendentes, con objetivos hasta ahora inalcanzables, con victorias imposibles, con partidos épicos, soñar con la gloria.  Alguien que creyera en ellos, de verdad, y les ayudase a sacar la mejor versión de cada uno al servicio de un equipo digno de grabarse en nuestra memoria y en nuestros corazones.

Bielsa lidera a un grupo de futbolistas que, durante cuatro años, ha escuchado con insistencia que tiene limitaciones, que debe sumar y restar, que los grandes no están a su alcance, que los demás tienen jugadores elegidos, que no sabe competir porque no maneja el ‘otro fútbol’, que no entiende que lo único importante es el resultado, que es inmaduro porque no asume que todo vale para ganar, que es mejor que no sueñe porque más dura será la caída… Debe ser difícil crecer así.

El rosarino elige y decide Creer. De verdad. Percibo en él a una persona enigmática, tímida, perfeccionista, muy exigente, brillante, obsesionada y apasionada por el fútbol, que defiende con enorme firmeza y convicción la esencia del juego. En su primer día, nada más aterrizar, resumió su mensaje; ‘El Athletic jugará como un Grande’. En aquel momento, tan solo era una posibilidad… pero necesitábamos tanto a alguien que creyera que era posible y que lo declarase públicamente…alguien que fuera capaz de diseñar una Visión tan potente e inspiradora como ésta y se comprometiera con ella desde el primer momento… él lo hizo. Bielsa vive cada día su Visión, en cada rueda de prensa, en cada conversación, en cada detalle, en cada partido, en cada decisión… él es esa Visión a cada instante. Una Visión poderosa que tira con fuerza del equipo y de cada uno de sus componentes, hacia la nueva realidad que queremos crear. Este es precisamente el elemento distintivo de su liderazgo transformador.

 

Sin excusas, sin justificaciones, sin declaraciones populistas, tomando decisiones arriesgadas, respetando a los árbitros, sin demagogia de baratillo, reconociendo sus errores, se centra exclusivamente en creer en sus futbolistas haciéndoles crecer cada día y cada partido. Consiguiendo transformaciones impensables en algunos casos y mejoras de rendimiento notables en otros. Se dedica en exclusiva a sus jugadores (se entiende ahora que no pudiera trabajar con 35), ayudando a cada uno a conectar con lo mejor que tiene dentro, creando un espacio privilegiado de mucho trabajo, esfuerzo, exigencia máxima, respeto profundo, confianza y seguridad para que se atrevan a sacarlo. Potenciar a sus jugadores… quizá sea esta una de sus mayores virtudes y, desde luego, una capacidad básica para cualquier entrenador, que solamente se activa si Crees en ellos. De verdad, como Pygmalion.  

Desconozco su nivel de integración en la ciudad o de implicación en el Club, la calidad de las relaciones que tiene con otros estamentos de la Institución, si le gustan los txokos, o la amatxu de Begoña, ni siquiera sé si tiene intención de permanecer más allá del año que tiene firmado… pero tampoco me interesa saberlo. No se le contrató para que diseñara el futuro del Club, ni para ejercer de portavoz, ni de profesor para los técnicos de Lezama. Será responsabilidad de otros profesionales recoger todo el aprendizaje de lo que está pasando para consolidarlo, afianzarlo y extenderlo como la pólvora por toda la Organización, de manera que, lo que estamos viviendo ahora, constituya un legado sobre el que seguir edificando el Athletic del futuro.

Bielsa ha venido para hacer exactamente lo que está haciendo; una revolución. Para girar el rumbo del Titanic, evitando el choque con el iceberg. No alcanzo a imaginar las dosis industriales de energía que necesitará cada día para afrontar semejante tarea. Para corregir la deriva y ayudarnos a re-conectar con lo que realmente somos, permitiéndonos  re-descubrir, en el terreno de juego, aquello con lo que nos identificamos tan profundamente. Ese es el extraordinario reto que está afrontando. No conozco a Bielsa pero, viendo lo que hace y cómo lo hace, tengo la seguridad de saber que no renunciará a lo que es innegociable; dirigir a un equipo valiente, ambicioso, protagonista, generoso, esforzado, solidario, intenso y noble. ¡Cómo me gusta eso!  Se le dice ‘El loco’… lo entiendo.

Generar una Visión, un futuro posible, totalmente distinto del predecible (un pasito más sobre lo mismo), resulta muy incómodo, porque ningún futuro posible parece realista al principio. Bielsa declaró públicamente, en una sola frase, lo que los 11.000 que votamos por Josu también pensábamos que era posible y, poco a poco, a pesar de los malos resultados iniciales, está consiguiendo atraer hacia esa Visión a los jugadores, a la afición, a los medios de comunicación y a toda la familia del Athletic. Empezamos a creer que podemos volver a hacerlo… volver a conseguirlo…. volver a disfrutar de un gran equipo… volver a ser campeones. ¿Por qué no?

Queda todavía mucho camino para completar la mutación pero, como a Galatea, la estatua de Pygmalion, veo ya a este Athletic abriendo los ojos, desperezándose y tomando consciencia de su naturaleza y de lo que puede llegar a ser. Yo, ahora, Creo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Mucho más que fútbol

6 noviembre, 2011

Durante todo el domingo pasado tuve la intuición (esa sabiduría interna que todos tenemos y a la que hacemos tan poco caso) de que el partido contra el Barsa sería memorable, una experiencia sublime para compartir con todos los amantes del Athletic. Acudí a San Mames convencido de ello, pero la actitud de los jugadores superó incluso mis mejores expectativas. Hacía muchos años que no me sentía tan íntimamente identificado con mi equipo. Fue una intensa sensación de conexión profunda con todo aquello de lo que estoy orgulloso y forma parte de mí (de nosotros), de nuestra esencia, de lo que realmente somos, mucho más allá del resultado del partido… y del fútbol.

Volviendo a casa tras el partido, bajo el diluvio universal y con varias carreteras cortadas al tráfico, tuve tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que había sentido en San Mames. Descubrir de nuevo a nuestros futbolistas compitiendo contra el mejor equipo del mundo y posiblemente de la historia, con tamaña determinación, intensidad, valentía y nobleza, con tanta fe, resultó muy inspirador. Conectar de nuevo con la grandeza, con ir a ganar siempre y contra cualquier rival, con no rendirse nunca, con recuperar el respeto, el coraje y la ambición que son tan nuestros, fue para mí un auténtico regalo.

Concluí que, si ellos (los jugadores), que son de los míos, son como yo y compartimos los mismos valores, eran capaces de comportarse de esta manera contra un rival de la máxima dificultad, yo también podía hacerlo. Al día siguiente, facilitaba una jornada de formación de coaching deportivo en el COE para seleccionadores nacionales y directores técnicos (un reto también de máximo nivel) y les puedo garantizar que revivir todas las sensaciones que me transmitió el equipo la noche anterior, me ayudó a conectar con la energía necesaria para disfrutar de un gran día.

Quizá sea esto lo más importante que nos puede dar nuestro Club, el mayor regalo que puede hacernos, mucho más allá de las emociones pasajeras de las victorias. El Athletic que está surgiendo ahora, puede convertirse en un referente de comportamiento, en un modelo de conducta y en una referencia para ayudarnos a reconocer, identificar y conectar con aquellos valores que nos definen y de los que estamos tan orgullosos.

La fuerza, el coraje, la ambición y la convicción que demuestran los jugadores en el campo, conectados permanentemente a la esencia del juego, a lo que es realmente importante y tan alejados ya de los engaños, simulaciones, protestas sistemáticas, pérdidas de tiempo exageradas, interrupciones deliberadas del juego… y demás actitudes tramposas que se nos vendían como imprescindibles para ‘ser competitivos (¡qué gran mentira!), pueden ser el faro que ilumine el camino de retorno hacia nuestra Identidad, hacia lo que es innegociable para nosotros, algo que está muy por encima de la interpretación puntual del juego que pudiera proponer uno u otro entrenador.

La gestión por valores (mucho más allá de la gestión de la cuenta de resultados) que proponen Josu Urrutia y su Junta Directiva y que fue el pilar fundamental de su campaña electoral, dispone ahora de la rampa de lanzamiento idónea para su puesta en marcha, tanto por la evolución positiva en los resultados del equipo como, sobre todo, por la actitud ejemplar de los futbolistas comprometidos hasta las cachas en el proceso de convertirse en la mejor versión de sí mismos y del  equipo que puedan llegar a ser.

El carácter que están reflejando en el campo, lo que están haciendo (lo que haces  define lo que eres) constituye una oportunidad de oro para que todas las personas que componen el Athletic, puedan también alinear sus comportamientos con aquello que decimos que es importante. Hablamos de vivir conectados, mediante acciones concretas, a aquellos valores históricos, tan nuestros, y que ahora empiezan a percibirse  con claridad, como si fueran la brújula que diseña el presente y, sobre todo, definirá nuestro futuro.

Ahora, en estos tiempos turbulentos e inciertos, es cuando podemos aferrarnos con más determinación que nunca a lo que somos, porque estar conectados a esto nos ayudará a salir adelante, más fuertes que antes… y no solo en el fútbol. Es un momento excelente para convertir al Athletic en un faro, en una luz y en un referente que ilumine el camino.

Aprovecho aquí para reafirmar la apuesta que hice el pasado 7 de julio en estas mismas páginas. Lo que estoy viendo me ilusiona hasta el punto de que tengo una fe inquebrantable en que este equipo volverá a ser campeón. Ya saben, la fuerza de creer para crear. De momento y, hasta que eso suceda, nos queda disfrutar de esta transformación porque ahora, a diferencia de antes, creo que hemos aprendido que se puede disfrutar del proceso sin tener que esperar a ver si al final del camino hay premio o castigo. Ahora, todos, estamos deseando que llegue ya el próximo partido del Athletic para sentir el orgullo de ver a nuestro equipo comportarse con grandeza, en casa, fuera y ante cualquier rival, y volver a conectar con lo mejor que tenemos. Con lo que somos. ¡Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA

Athletic 1.0

3 octubre, 2011

Se dice que el único lugar en el que el éxito aparece antes que el trabajo es en el diccionario. Conozco muchas personas que trabajan mucho sin gran éxito, pero todas las que tienen éxito, trabajan mucho. Así es que, de momento, el primer ingrediente de la ecuación parece garantizado. En los dos meses que Bielsa lleva en el Athletic, la cualidad más destacada por todos los que siguen el día a día del equipo, incluidos los propios jugadores, es su enorme capacidad de trabajo. Sin duda, para rediseñar completamente el sistema operativo interno de este equipo, el argentino necesitará echar mano de sus mejores talentos. El Reto al que se enfrenta es más que una evolución, más bien, una revolución.

El Sistema Operativo Interno (SOY si me permiten la trampita) es precisamente eso; lo que soy, en este caso, lo que este equipo es, y va mucho más allá de una mera cuestión estética o de estilo. El asunto no está en debatir sobre si hay que pegarla p’arriba o aumentar la posesión. El estilo se adaptará a las muchas posibilidades que ofrecen los futbolistas pero, aun siendo esto importante, es secundario. En mi opinión, se trata de un cambio mucho más profundo, de mentalidad e incluso de espíritu, me atrevería a asegurar.

El SOY del Athletic, como cualquier sistema operativo, es el complicado conjunto de procesos internos que define lo que se ve en la pantalla, o lo que se ve en el campo si hablamos de fútbol. El SOY es como si fuera un enorme iceberg del que solamente pudiéramos ver la punta, en este caso, el juego sobre el césped, pero que por debajo tiene un montón de capas que determinan, limitan o potencian ese comportamiento observable. En el fondo, en la base de este iceberg, están la esencia y los valores auténticos del Athletic, aquello que realmente somos, que nos define y que los aficionados queremos recuperar y vivir intensamente cada domingo. Ahí se esconden el atrevimiento, la honestidad, la ambición, el respeto, la nobleza y el compromiso con una identidad.

Es en las capas intermedias del iceberg donde se encuentra el meollo de este asunto. Ahí es donde aparecen las interferencias que todavía desenfocan la visión. Persisten algunas creencias de equipo pequeño (ideas inconscientes que damos por ciertas y que nos limitan), pensamientos negativos (“igual no somos capaces de jugar así”) o ciertas emociones tóxicas como la ansiedad, el miedo o la desconfianza que dificultan alcanzar el máximo rendimiento. Es precisamente ahí donde se debe generar el auténtico cambio invisible que facilite el alineamiento entre lo que se ve y lo que se es. Ente la punta y el fondo del iceberg.

Tras 60 días de intenso trabajo, parece que ya está disponible la versión Athletic 1.0 de Bielsa. Obviamente, no incorpora todavía todas las aplicaciones ni se ha completado el proceso de control y revisión de errores, pero ya está en juego y tiene muy buena pinta. En esta versión aparece un equipo dinámico, intenso, dominador, moderno y ambicioso. Posiblemente, habrá todavía toboganes en el rendimiento, hay desajustes, falta de continuidad en el juego y algunos errores de precisión en ambas áreas, pero el tiempo favorece al Athletic y la transformación parece imparable.

Si Fernando Amorebieta está siendo capaz de rediseñar su SOY y tras varias temporadas estancado en su rendimiento, se presenta ahora como un central sobrio, seguro, comprometido con la idea de tener el balón, contenido en las entradas, agresivo y centrado en el juego, o si por primera vez en muchos años vemos al Athletic cerrar un partido manejando la pelota, en campo contrario, controlando el juego, el tiempo y al rival…; si esto es posible, ¿qué no lo será? Toca creer. De verdad. Se trata de creer para ver y no al revés.

Esta noche vuelve el Athletic a San Mamés. Se pide paciencia desde muchos ámbitos, pero no parece que abunde por aquí. Hubo pitos contra el Rayo Vallecano y era el debut. Así están las cosas. Paciencia no significa aguantar como sea, de mala manera y con la escopeta cargada a la búsqueda del error, sino esperar con la actitud adecuada de confianza, perseverancia y apoyo. La apuesta lo merece. Eso es paciencia; el resto, tan solo disimulo.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 18 de septiembre de 2011

El cambio necesario

19 agosto, 2011

La transformación será todo un Reto. No será tarea fácil para Bielsa & Cía. Cambiar hábitos, también en el fútbol, es un proceso arduo y complicado que requiere el diseño de una Visión poderosa, inspiradora y compartida del equipo en que te quieres convertir, mucha voluntad, determinación, conversaciones potentes, trabajo y tiempo.

Según algunos expertos, todo proceso de desarrollo de un equipo de alto rendimiento pasa necesariamente por cuatro fases. Intuyo que estamos ya en la segunda, coloquialmente se suele llamar adaptación pero realmente es la de conflicto, en la que todo se pone en duda; los métodos, las formas, los entrenamientos, las decisiones, los conceptos, los sistemas, las normas, las jerarquías, el estilo y hasta los liderazgos internos están en cuestión. Todo se compara y se juzga.

En esta fase, se rivaliza por ocupar posiciones de privilegio en el nuevo escenario y se priorizan objetivos individuales sobre los colectivos, se producen cambios de roles y hay que desarrollar nuevas conexiones, generar nuevas relaciones… pero no hay atajos. Es una fase natural, ya que no es posible generar crecimiento sin conflicto, pues las dificultades son inherentes al propio desarrollo de un equipo. Mientras todo esto sucede, comienza la competición oficial.

Lo dicho, no será fácil. Metafóricamente hablando, es como si el Athletic estuviera ahora colocado entre dos imanes que le atrajesen poderosamente. Por una parte, está muy cerca todavía del imán al que ha estado pegado las últimas temporadas y que le aporta seguridad y confianza. Es terreno conocido y se encontraba cómodo ahí. Sabía que podría jugar mejor, ser más valiente, más atrevido, más dominador de los partidos, pero no le ha ido mal haciéndolo así y esa sensación de confort está todavía muy próxima ejerciendo un poderoso influjo.

Por otro lado, el gran esfuerzo que exige despegarse de este primer imán, requiere tener otro que le atraiga también con fuerza hacia adelante para evitar la tentación de renunciar a su necesaria transformación, superando así los momentos de duda, desconcierto y desconfianza que han de venir. Quizá tomar consciencia del equipo en que se van a convertir, del estilo que pueden crear para los que vendrán después, de la referencia de trabajo, sacrificio y valentía que podrán ser para todos, o de la conexión, el orgullo y reconocimiento que conseguirán de San Mamés, podrían ser algunas posibilidades a visualizar para diseñar un poderoso imán al que merezca la pena acercarse con determinación, alegría y confianza.

Ahora, poco a poco, como un niño que da sus primeros pasos, comenzará a descubrir otro mundo lleno de nuevas posibilidades futbolísticas… pero, de momento, sigue siendo territorio desconocido. El movimiento, el cambio genera incertidumbre, miedo, inseguridad, ansiedad, desconfianza y demás emociones que habrá que afrontar y superar para consolidar una mutación imprescindible que permita a este equipo alcanzar su máximo potencial.

Hoy estaremos todos pendientes de él en San Mamés, vigilando sus primeros pasos, animando cuando tropiece, ilusionados, expectantes y teniendo fe en que el esfuerzo merecerá la pena. Asistimos al nacimiento de una apuesta valiente y decidida por recuperar la identidad de un equipo mandón, atrevido, noble, honesto y respetuoso. Lo que somos. Lo que siempre hemos sido.

Una apuesta que exige un compromiso total por parte de todos los jugadores con una idea de equipo grande, que merece y necesita disponer del apoyo incondicional y del reconocimiento (por el gran esfuerzo que exige este cambio) de una afición entregada a un grupo joven, talentoso, generoso y hambriento, que puede aprovechar esta excelente oportunidad que se le presenta para crecer y mejorar hasta romper sus propios límites y descubrir de qué es capaz. Hoy será sin duda el inicio de una transformación emocionante.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de agosto de 2011

Hau bai da gure estiloa!

7 julio, 2011

Tengo una fe ciega en que la influencia y el liderazgo auténtico de Marcelo Bielsa en esta plantilla les hará progresar y crecer, individual y colectivamente, hasta el punto de poder aspirar a convertir al Athletic, de nuevo, en un equipo campeón. Me emociona poder asistir a esta transformación. Viendo competir a Chile en el pasado Mundial, pienso en todo lo que este gran comunicador y motivador será capaz de conseguir entrenando cada día con una plantilla joven, talentosa y esforzada como la nuestra. Su gran dedicación y su estilo de trabajo intenso, sistemático y comprometido serán, además, una referencia ineludible para todos los formadores de Lezama. Valores tan nuestros como el respeto, la nobleza, la valentía, la firmeza y la ambición, que sus equipos viven con intensidad en el campo, volverán a ser ejemplo para todos los cachorros de Lezama. Su impacto dejará un gran legado que servirá como modelo para los tiempos venideros. Será una mezcla fabulosa. Es, sin duda, una gran apuesta.

Otro valor diferencial de la candidatura de Josu Urrutia es su proyecto de cantera poniendo el acento en una cuestión básica y fundamental: la formación continua de los técnicos de Lezama y el diseño de una visión compartida e integradora de personas, ideas y proyectos. Si hemos decidido ser el único equipo del mundo que vive de su cantera, parece razonable pensar que debemos ser el mejor club del mundo trabajando la misma. Este ambicioso objetivo requiere disponer de los mejores formadores y de los especialistas más cualificados, algo que va mucho más allá que contratar exfutbolistas de gran trayectoria y reconocido prestigio. Necesitamos técnicos vocacionales y apasionados por el desarrollo y crecimiento de los jóvenes talentos. Para ello, es imprescindible invertir en su formación continua, en su crecimiento y su mejora, abriendo Lezama además al intercambio de ideas, métodos, estilos formativos y entrenadores que nos impulsen de nuevo a estar en vanguardia. Al lugar que nos corresponde. Salir del búnker de la mediocridad, la complacencia y el conformismo y entrar de lleno en el mundo de la innovación. Contar con las personas y apostar de verdad por ellas invirtiendo en su desarrollo. No se me ocurre mejor estrategia para garantizar nuestro futuro.

Este mensaje, como tantos otros, carece de sentido en boca de García Macua. Su errático devenir en Lezama invalida totalmente esta pretensión. Conviene recordar que comenzó con un responsable que dimitió a los pocos días, continuó con otros dos señores que fueron despedidos dos años después, junto a la dimisión de su vicepresidente. Después negoció con José Mari Amorrortu, que rechazó su ofrecimiento, y finalizó su travesía del desierto con el nombramiento de dos personas entrañables que le han ofrecido con creces su agradecimiento, demostrando, cuando menos, una notable, sorprendente y decepcionante falta de ética. Hace cuatro años, Macua fusiló públicamente a Julen Guerrero por algo parecido. Una incoherencia más.

La inversión del Athletic en formación durante todo su mandato ha sido exactamente de cero euros. Los técnicos que han querido formarse en cualquier disciplina se lo han pagado de su bolsillo. Dime en qué te gastas la tela y te diré qué es importante para ti. Conclusión: la formación no es relevante y los técnicos, tampoco. La prueba del algodón del respeto que le merecen es que no ha tenido ningún reparo en mandarles a todos al paro por su caprichosa convocatoria electoral.

Respecto a la palabra de moda, la “gestión”, el Athletic ha estado históricamente presidido por personas sensatas, discretas y serias. Gentes de Bilbao, formales y con fundamento. Así como no se le puede acusar de mala gestión a Macua por vender a Aduriz y no cobrar, tampoco debería tirar las campanas al vuelo por su contrato de televisión. De hecho, hace cuatro años, su predecesor en el cargo ya consiguió duplicar también los ingresos en este apartado, sin tanto altavoz mediático. Sin conocer las cuentas al detalle, parece una gestión correcta. Sin alharacas. La candidatura de Urrutia está sobradamente capacitada para atender este apartado con el máximo de rigor y seriedad. Sin más. No hagamos algo extraordinario de lo que debiera ser normal.

Por último, quiero hacer alusión al estilo Athletic, algo que me enorgullece y me hace sentirme muy conectado a mi club. Nada mejor que lo sucedido durante estas elecciones para clarificar lo que representa este concepto. En mi opinión, el estilo Athletic es exactamente el comportamiento que ha definido a Urrutia durante estos 40 días. Admiro su humildad para anteponer los intereses del Club a los suyos propios, su templanza para soportar con elegancia las descalificaciones, provocaciones, medias verdades, infundios, manipulaciones y mentiras innobles que se han sucedido, así como la valentía y coherencia que ha demostrado para atreverse a ser quien realmente es. No tenemos muchos dirigentes así… y no solo en el fútbol. Personas con principios y firmes convicciones que no están dispuestas a ganar de cualquier manera. Que entiendan que, como en el campo, tampoco en la vida vale todo para alcanzar la victoria. Que respetan, de verdad, con acciones y hechos concretos, nuestros valores auténticos. Josu es honesto e íntegro y, además, lo parece. No viene a servirse, sino a servir al Athletic. Tenemos el privilegio de poder elegir un presidente así. Si realmente somos diferentes, no deberíamos dejar para pasar tan magnífica oportunidad para comenzar a creer y a crear un futuro posible a la altura de nuestra historia y tradición. Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 7 de julio de 2011

Epílogo electoral

21 mayo, 2011

Vaya despedida! Me impactó el enorme contraste que se produjo tras el pitido final. El entrenador cerrando los puños festejando un éxito indudable y San Mamés dedicando una sonora pitada, tan general como inesperada. Más allá del runrrún por los cambios y la actitud contemplativa del equipo durante el partido (nada nuevo bajo el sol), nadie presagiaba un final tan sorprendente. Más que nunca quedó patente la distancia sideral entre algunos de los valores que definen al técnico de Utrera, y que lleva grabados a fuego en su ADN, con la concepción que tenemos aquí de lo que realmente es importante. Fue un reflejo cristalino de dos formas antagónicas de entender la competición, el fútbol y, si me apuran, la propia vida. Los aficionados se permitieron expresar su malestar, su rechazo, su hastío y su disgusto por el comportamiento y la actitud de un equipo apocado, encogido, sin alegría, temeroso y pequeño, adjetivos que están muy lejos de representar la esencia y la grandeza del Athletic. Han sido demasiados partidos con la desagradable sensación de jugar a no jugar.

Tras la clamorosa reacción de los dueños del club mostrando con rotundidad su desaprobación en un día presuntamente destinado a la celebración, debiera haber un aprendizaje muy potente para todos sus estamentos, fundamentalmente para presidente, directiva, técnicos y futbolistas. Puedo entender e incluso compartir la decepción y el disgusto del entrenador y los jugadores, que, a pesar de alcanzar el objetivo de la clasificación europea, reciben la reprimenda de San Mamés. Pero, más allá de esa emoción respetable, queda el mensaje clarificador de que, en el Athletic, el fin no justifica los medios. No es suficiente con alcanzar el objetivo. Importa el cómo. No es que la afición quiera siempre más, como se ha repetido toda la semana justificando el desaire, es que quiere otra cosa. Los sonoros cánticos de Hau ez da gure estiloa deben seguir resonando con fuerza en las cabezas de los protagonistas. Toca reflexión. Profunda.

Dicho esto, el trabajo de Caparrós y de todo su equipo merece un sincero reconocimiento. Es un hombre apasionado, coherente con sus principios, listo y firme en sus convicciones. Nadie puede sentirse engañado ya que nunca prometió algo diferente. Él es un especialista y muy bueno en lo suyo. Cogió un equipo enfermo y lo ha dejado completamente recuperado. Cuando llegó, el Athletic se encontraba prácticamente en coma, ingresado en la UVI y con pronóstico reservado. Tras someterlo a un intenso tratamiento de choque durante las dos primeras temporadas, con notables altibajos en su evolución (en un mes, final de Copa y partido dramático en Liga, contra el Betis, con Armando de salvador), finalmente fue recuperando sus constantes vitales hasta ser trasladado a planta, donde ha permanecido los dos últimos años convaleciente, pero disfrutando de calma y tranquilidad. Lo cierto es que, al principio y durante un tiempo, a todos nos pareció bien tener que tomar aceite de ricino cada domingo como reconstituyente para un equipo decaído, sin confianza y a punto de un ataque de nervios. Cuatro años después, los familiares y amigos del paciente esperamos ansiosos que reciba ya el alta médica para comenzar una nueva etapa, impulsando al máximo el crecimiento y el rendimiento de este equipo. Caparrós asumió con decisión la hoja de ruta del club y, utilizado sus propias recetas, con un estilo espartano, poco dado a alegrías estéticas y demás concesiones a la galería tan alejadas de su ideario, ha conseguido los objetivos. Independientemente de lo que pase a partir de ahora, es justo felicitarle por su trayectoria. Prueba superada.

A partir de aquí, los defensores de la continuidad del técnico de Utrera la reivindican alertando que existen muchos peligros fuera del hospital, que hace mucho frío fuera y que no es conveniente cambiar de tratamiento, ni tampoco de especialista. En mi opinión, se equivocan. Apelar al miedo en esta tierra no es una buena elección. No es precisamente la falta de valor, empuje, atrevimiento, creatividad y decisión lo que define a los vizcainos. Somos muy capaces de soñar con visiones inspiradoras que parecen inalcanzables para otros y hacerlas realidad. El propio Athletic es la mejor prueba de ello. Forma parte de nuestra naturaleza acometer grandes retos con determinación, alegría, optimismo y coraje. También sabemos afrontar las dificultades con unidad y entereza. Así se salvó el equipo hace cuatro años, pero durante más de 110 años de historia ha existido en este club una regla general de comportamiento, un criterio sencillo, claro y fácil de entender, aunque no tanto de aplicar: jugar siempre y en todo lugar con el orgullo y la dignidad de un equipo grande. Eso es lo que somos. Podremos ganar y podremos perder, pero siempre que podamos, iremos a por ellos. Honestos, alegres, nobles, ambiciosos y valientes. Así nos gusta verles. Así nos gusta vernos.

Afortunadamente, estas dos corrientes de opinión (los que quieren el alta médica y los que prefieren seguir en observación) podrán decidir en breve qué es lo más conveniente para el Athletic. Lo increíble es no saber todavía cuándo. Parece que al presidente le cuesta aceptar que este club no es una sociedad anónima, sino un club deportivo propiedad de sus socios. Ya tuvo un desliz deslegitimando a sus representantes legales en la asamblea, los compromisarios, cuando afirmó que los socios habrían aprobado la propuesta de estatutos que lideró, y ha repetido esta semana, obviando esta vez la reacción de San Mamés, declarando que la mayoría estará muy contenta con esta temporada. ¿Quién es la mayoría para el presidente? Creo que este injustificable retraso en la convocatoria electoral, así como otras muchas actitudes, decisiones y comportamientos, retratan perfectamente la única prioridad del presidente-candidato desde hace meses: garantizarse su reelección. Semejante capricho podría dar lugar al absurdo de que el equipo, si se viera abocado a disputar dos rondas previas para jugar en Europa, tuviera que volver a los entrenamientos sin entrenador y sin presidente. Algo insólito e impropio del Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 21 de mayo de 2011

Levante…el ánimo

7 mayo, 2011

Por fin acabó el rally de clásicos del siglo. Todo estaba dispuesto para presenciar el que se anunciaba como el mejor espectáculo del mundo pero, por momentos, ha resultado bochornoso y reconozco haber sentido un poco de vergüenza ajena en ocasiones. Ver y escuchar los gestos, actitudes y declaraciones de personas serenas, respetuosas y ejemplares en general como Casillas, Alonso, Arbeloa o el propio Karanka, acercándose peligrosamente a su lado más oscuro, para alinearse con el discurso más radical de Mou Vader, ha sido decepcionante, como también lo han sido algunas sobreactuaciones de jugadores del Barcelona.

En cualquier caso, ya tenemos final de Champions y será la reedición de la de hace dos años. Aquella tarde, Eto’o redondeó su gloriosa temporada anotando el primer gol del partido. A pesar de todo ello, el club (su entrenador, Guardiola) prescindió de sus servicios demostrando que no vale todo para ganar y que, aunque parezca increíble para algunos, hay cosas que están (o deberían) por encima del resultado. No valoro la calidad de aquella decisión, lo que admiro es la coherencia y el compromiso verdadero con una idea, con un propósito y con una visión que son los que definen a ese club, así como el coraje para llevarla a cabo. La búsqueda de la plenitud y la excelencia exige actuar/vivir/jugar conectado a los valores auténticos del deporte y de tu equipo. Se trata de un acto radical que requiere acción y toma de decisiones (¡Eto’o, fuera!).

Descubrir cuál es tu identidad, tu ADN, qué equipo quieres ser, cómo quieres comportarte, cómo quieres jugar, qué perfil de entrenador quieres, cuáles son los valores innegociables de tu equipo y de tu club, qué es realmente importante (además del resultado), qué emociona a tus seguidores, qué es lo que te conecta con tu gente, qué nos enorgullece y nos identifica, son elementos de reflexión imprescindibles que constituyen la brújula y el faro para orientar la travesía de cualquier proyecto deportivo.

En el lado opuesto, viviendo su particular calvario, se encuentra el Madrid. Vendió su alma al diablo a cambio de los títulos que no conseguirá este año. Contrató a un profesional arrogante con un currículo de ganador implacable, una persona capaz de hacer lo necesario para levantar copas y garantizar resultados. Necesitado de éxitos inmediatos, el Madrid eligió el camino de los atajos. No importaba el cómo ni a cambio de qué, lo único importante era ganar. El fin lo justificaba todo. Ahora bien, cuando haces una apuesta tan arriesgada y pierdes, no te queda nada, y te dejas enormes jirones de prestigio y credibilidad por el camino. Sin brújula, estás perdido y solamente dispones de un arsenal de excusas, justificaciones, contubernios, complots, persecuciones y demás paranoias propias de personajes populistas, soberbios y manipuladores que se buscan e inventan enemigos para no asumir ninguna responsabilidad en las derrotas

Son dos formas opuestas de afrontar el juego y la competición. Ambas buscan la victoria y la gloria. La primera requiere creer en algo que dé sentido al resultado. Para la segunda, el resultado es lo único en lo que merece la pena creer. La primera disfruta cada día, siendo la victoria la guinda del pastel. En la segunda, no hay pastel y pasas hambre, solamente te comes la guinda, y eso, cuando ganas. La primera inspira y compromete; la segunda obliga. En la primera estás deseando ver jugar a tu equipo, identificarte con él, sentirte parte del mismo. En la segunda, te basta con el teletexto para saber el resultado. Entre estos dos clubes históricos, se encuentra el tercero, el Athletic. A día de hoy, no tengo claro con cuál de estas dos tendencias nos alineamos; brújula y faro o ¡clasificación, amigo!

Hace cuatros años, semana arriba o abajo, se jugó en La Catedral el mismo partido de hoy. Fue dramático por la trascendencia y penoso por lo que le rodeó. Los que asistimos en directo cerramos los ojos y nos tapamos la nariz para poder sentirnos inocentes de lo que allí aconteció. Sin duda, un triste precedente. Afortunadamente, en este tiempo, la situación ha cambiado radicalmente. Aquel dudoso partido cerró un periodo negro que duraba ya unos años con el equipo al borde del precipicio y devorando entrenadores sin control. El Athletic pelea ahora por lo que históricamente le corresponde y el Levante, con muy poco, está completando una magnífica remontada tras acabar último la primera vuelta. Tendría que suceder un desastre para que el Athletic se quedase sin guinda, lo que, con el hambre que estamos pasando últimamente, sería imperdonable.

Percibo que los futbolistas están en la reserva y deseando que acabe el año. Les noto, además, desanimados (¿o seré yo?), sin chispa, sin alegría, juegan como si estuvieran aburridos. Pareciera como si jugar al fútbol cada partido fuera ya un sufrimiento. ¡Qué lástima! A veces, tengo la sensación de que en lugar de a jugar, fueran a la oficina, a fichar y a completar un trabajo rutinario y monótono que no les aportara nada más que dinero. Quizá están afectados por la astenia primaveral, lo que daría sentido a esta tristeza fatigosa e inexplicable. A falta de otras ilusiones futbolísticas, puede que con un poquito de gingseng y guaraná aguantemos todos hasta el final…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de mayo de 2011