Archive for the ‘Humildad’ Category

Determinator

23 octubre, 2013

Rafael Nadal (L) of Spain embraces Roger Federer of Switzerland durinHace un par de semanas, viendo la final del Open USA, pude comprobar de nuevo hasta qué punto se agranda la figura de Rafa Nadal en las situaciones más desfavorables. Donde la inmensa mayoría de los deportistas negociaría una rendición honorable con su rival, él es capaz, justo ahí, de demostrar una determinación incomparable, arriesgando, creciéndose y superando sus límites, una y otra vez, hasta convertirse en la leyenda que ya es.

¿Cómo puede hacerlo?, ¿de dónde sale esa determinación?, ¿de dónde viene ese valor para arriesgar?, ¿por qué los deportistas tienen miedo a ganar?, ¿qué es y de dónde viene la presión?, ¿unos tienen deseos de ganar y otros no?, ¿se puede aprender?, ¿y mejorar? …

Revisando el muy recomendable libro de Timothy Gallwey (El juego interior del tenis), he llegado a la conclusión de que Rafa Nadal ha descubierto el sentido auténtico de la competición, que detalla el referido autor.És muy consciente de que tanto en la victoria como en la derrota, no está en juego para nada su valía como persona. No es rehén de esa creencia tan limitante para un deportista, bajo cuya perspectiva, lo que eres, depende de tus resultados, de forma que, solamente siendo el mejor, solo ganando, crees que encontrarás el respeto y el amor que buscas.

Así, se desesperan cuando pierden… no tanto por la derrota en sí, sino por la identificación que hacen entre la derrota y su identidad. Si pierdo, no soy suficientemente bueno y no soy merecedor del reconocimiento de los demás. Demoledor. Una creencia, extendida al máximo en el deporte e instalada en nuestro disco duro desde la más tierna infancia, desde esos días en que llegabas a casa después de un partido y la primera pregunta era…. ¿qué has hecho?… Ganar ya comenzaba a ser lo más importante.

Por eso, a veces, en el momento decisivo, en el último  punto, en el partido clave, en ese penalti, en el tiro libre definitivo… se apodera de ti el miedo a ganar,porque consideras, desde esta perspectiva absolutamente inconsciente, que levas a infligir al contrario el mismo daño y dolor que la derrota te produce a ti… y te sientes culpable… y fallas. No es un pensamiento consciente, pero está ahí, y desde el fondo de tu mente, domina ese instante. No es el miedo a perder, sino el miedo a ganar lo que te bloquea en ese momento decisivo. No es la oscuridad sino la luz lo que nos paraliza.

Rafa ‘Determinator’ Nadal, en este sentido, pertenece a otra especie. No hay más que escuchar sus declaraciones tras las victorias, el respeto exquisito que muestra hacia sus rivales, los sinceros reconocimientos que les regala e, incluso, los agradecimientos que les dirige, para entender que su inquebrantable deseo de ganar viene de otro sitio.

Él entiende que ganar es, sencillamente, superar obstáculos para alcanzar un objetivo. Desde ahí, su percepción de los rivales y de la competición es la de personas que cooperan con él para ayudarle a alcanzarlo. Cuanto mejores son sus oponentes, más le ayudan. Gracias a ellos,consigue mejorar cada día, superando sus límites y convirtiéndose en el mejor jugador de tenis que podría llegar ser. Sabe que ambos se necesitan para crecer. Cooperan y compiten. “Coopiten”.

Desde esta sugerente perspectiva (coopetir), Nadal no tiene miedo a ganar y no se le encoge el brazo en el momento caliente del partido. No está destrozando a nadie, ni perdiéndole el respeto, sabe que no se está poniendo en duda la valía personal de su adversario, ni la suya. Bajo esta creencia potenciadora, nadie es derrotado. Ambos competidores se benefician del esfuerzo realizado para superar la resistencia del rival. Los dos jugadores se hacen más fuertes y cada uno participa en el desarrollo y crecimiento del otro.

Visto de esta forma, Nadal le hace un favor a cada uno de su rivales esforzándose al máximo y obligándole a su vez a dar lo mejor que tenga. Eso es lo que espera él de sus rivales y, quizá por eso, se lo agradece públicamente en las grandes finales.

El objetivo es ganar, pero el secreto es no preocuparse por el resultado final, algo que realmente escapa a tu control y genera grandes dosis de ansiedad, sino en centrar toda tu energía y atención en cada punto y en cada jugada. Hacer el máximo esfuerzo para estar presente y plenamente consciente en cada acción. Ese es el auténtico reto; superar cada obstáculo, mejorar y crecer en cada jugada, en cada punto y en cada partido. La victoria es solamente el resultado natural de este proceso.

Quienes confunden su Identidad, su yo auténtico y verdadero, con las victorias, resultados, logros o habilidades, ignoran el increíble e inconmensurable valor de cada ser humano. Quienes compiten solamente impulsados por esta creencia están poseídos por una afán de triunfo desmedido que eclipsa todo lo demás. Su discurso es repetitivo y reconocible;soy un ganador nato, ganar es lo único importante, la historia no recuerda los perdedores…. La tragedia para estas personas es que, aunque en ocasiones alcancen el efímero éxito de la victoria, no encontrarán ahí la plenitud, la serenidad, el respeto y el amor que buscan desesperadamente.

Ellos persiguen la Gloria, pero la Gloria no se busca, se encuentra, transitando por un sendero sin atajos, un camino reservado para aquellos valientes que se atreven a conectar con su mejor versión e inspiran a  los demás con su ejemplo, dejando una huella indeleble en el recuerdo y en los corazones de las personas que les admiramos por su coraje.

Sin duda, el coaching es una potente herramienta y una apasionante disciplina al servicio de los deportistas y entrenadores para conectar con el sentido verdadero de la competición, para despertar a su ‘Determinator’ y para comenzar a descubrir su verdadera identidad, de manera que, nunca más, ganar o perder un partido, ponga en duda su incalculable valor como persona, porque eso es, sencillamente, Tierra Sagrada.

Imanol Ibarrondo

“¡Queremos a Pou, ni Pep ni Mou!”

31 enero, 2012

Hace siete meses asistí en Anduva a un triste desenlace, tanto para Juan Carlos Pouso Lejonagoitia como para todo el Mirandés. Era un partido histórico para el ascenso a Segunda División. Tras lograr un esperanzador 0-1 en Guadalajara, ganaban también 1-0 al descanso. En la segunda parte empataron los alcarreños y, a un puñado de minutos para el final, un jugador local quedó tendido en el suelo tras una disputa. El balón salió de banda y él no sabía qué hacer: levantarse o no. Lo normal, lo habitual, lo comprensible, habría sido que se quedara ahí haciendo el paripé y robando unos segundos a un final que pintaba angustioso, pero era consciente de que esa actitud iba en contra de uno de los valores innegociables de su equipo y de su entrenador: el respeto. Tenía un conflicto.

La situación era confusa. El árbitro mirando de reojo, sin parar el juego pero sin ordenar el saque de banda… el masajista preparado para saltar al campo… algunos futbolistas del Mirandés que abandonan sus posiciones y se acercan para interesarse… el jugador que, en ese momento, resuelve sus dudas y decide levantarse… el árbitro que ordena sacar de banda… el contrario que lo hace a la espalda de una defensa descolocada…. penalti… gol… acaba el partido… final del sueño… desolación en Anduva.

Conversando con Pouso tras aquel inesperado desenlace, no escuché ningún comentario del tipo “hemos sido unos pardillos”, “no hemos sabido competir”, “nos ha faltado oficio”, “no sabemos jugar al otro fútbol” y demás excusas pueriles para justificar el azar del juego. No me sorprendió.

Al contrario. Él insiste. El miércoles pasado volví de nuevo a Anduva y pude presenciar cómo, en el descuento y ya con el 2-1 a favor, antes de que el Espanyol colgara al área la última falta del partido, alguien lanzó un balón al campo, a unos 20 metros del banquillo local. De inmediato, Carlos salió corriendo al césped, se disculpó con el jugador catalán más próximo, recogió la pelota y, sin perder un segundo, volvió a toda velocidad a su sitio pidiendo calma al público. En ese momento, me sentí muy orgulloso de ser su amigo, de su coherencia y de su valentía para vivir tan conectado a los valores auténticos del juego.

Así actúa Carlos Pouso y así se comportan sus equipos: respetuosos, nobles, intensos, humildes, valientes y muy conectados al juego, sin dar un respiro al rival, hasta el punto de dominar y eliminar con solvencia a tres rivales de Primera División, levantando la admiración y el reconocimiento de todo el planeta fútbol, no solo por sus victorias, sino por la manera de alcanzarlas. Carlos Pouso, como todos, quiere ganar, pero se diferencia de muchos en que renuncia a coger atajos para hacerlo.

Si tuviera que elegir una virtud suya, destacaría su liderazgo inspirador, entendido en su forma más genuina y auténtica. Su gran capacidad para seducir, su disposición para ayudar, para escuchar, para querer a sus jugadores, para creer en ellos, para identificar y satisfacer sus necesidades (que no sus deseos), para exigirles al máximo y hacerles crecer hasta superar sus límites. Su humildad para hacer sentir importante a todo aquel que trabaja junto a él, su obsesión por mejorar a cada jugador que pasa por sus manos, su identificación total con cada club en el que trabaja… En definitiva, su gran generosidad para estar al servicio de los demás, hace que todos le quieran, que crean en él y que le sigan hasta el final. Parece la mejor versión del flautista de Anduvin, si se me permite la expresión.

Ejerce su liderazgo con tanto arte, lo hace con tanta naturalidad y sencillez, que quienes trabajan en un club bajo su ámbito de influencia deciden voluntariamente comprometerse con él al 100%. Él sabe bien que puede obligar a alguien a obedecer, pero no a comprometerse. Es un generador de ilusión y confianza. Con su coherencia, ejemplo y exquisita sensibilidad (por ejemplo, acordándose de los que ya no están en el momento del éxito) y, por supuesto, su conocimiento profundo y apasionado del fútbol y de los futbolistas, consigue que sus seguidores le ofrezcan con gusto el mejor regalo que cada uno de ellos puede hacer: su compromiso incondicional con una idea grande de juego y con unos valores compartidos para llevarla adelante.

Conversador infatigable, ingenioso y muy divertido, experto en crear y cuidar relaciones de alta calidad, con una lealtad a prueba de bombas y tan exigente en el cumplimiento de las tareas como exquisito en el respeto a las personas, entiende el ejercicio de su profesión como un privilegio del que disfruta intensamente y desea compartirlo. En una de las muchas entrevistas que ha atendido últimamente ofrecía esta respuesta: “Mi mayor felicidad es poder hacer felices a los demás… aunque solo sea un poco”. Quizá también, por cosas así, hoy vuelva a escucharse este grito de guerra en Anduva: Queremos a Pou. Ni Pep ni Mou. Carlos Pouso, un grande, perdido en el fútbol pequeño.

Ahora que, por fin, el endogámico mundo del fútbol de alta competición, como pomposamente les gusta diferenciarse a algunos (cuando la realidad es que el fútbol y los futbolistas son exactamente iguales en todas las categorías), ha descubierto a este entrenador de primer nivel, se escuchan opiniones sobre las virtudes que adornan al técnico de moda (sé que le molesta, pero es lo que toca… ¡y ya era hora!).

Hay algún comentario que me ha llamado la atención y que merece una reflexión: “Su mayor virtud es que ficha jugadores comprometidos”, dijo de él un colega. De tal afirmación podría deducirse que el compromiso y la implicación de las personas vienen de serie. Qué bueno y qué fácil sería eso. ¿Se imaginan que, en sus entrevistas de trabajo, les preguntasen: ‘Es usted comprometido?’ o ‘¿Llegará usted motivado de casa todos los días?’. Sí, claro, por supuesto.

Desgraciadamente, no funciona así. Quizá ahí radique, precisamente, el talento diferencial de un gran entrenador. De hecho, quien consigue este nivel de conexión y compromiso de sus jugadores adquiere el rango y la responsabilidad de ser el líder del grupo. Son los demás quienes le identifican como tal, porque esa distinción no viene con el cargo de entrenador y, para hacerse merecedor de semejante reconocimiento, hace falta mucho coraje y humildad verdadera, así como una vocación de servicio ejemplar.

Carlos tiene de todo eso. Le conozco desde antes de que fuera entrenador… Corrijo, entrenador ha sido siempre.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 31 de enero de 2012

El buen gestor

4 junio, 2011

Gestión o liderazgo; esa es la cuestión. El segundo abarca, sin duda, mucho más que el primero, requiriendo además otras competencias, capacidades y habilidades superiores a las exigibles a un gestor. Se gestionan recursos, pero se lideran personas. El gestor se centra en la tarea, en el logro, pero el líder cuida también las relaciones y se pone al servicio de los demás creando y compartiendo una visión inspiradora e integradora, conectada con los valores esenciales del Club e ilusionante para todos los que formamos parte del Athletic. García Macua se refiere con insistencia a su gestión. No me corresponde rascar ahí pero, básicamente, estoy de acuerdo. Pero, ¿es eso suficiente para el Athletic? Un buen Líder será capaz de rodearse de personas competentes para gestionar adecuadamente, pero quien únicamente gestiona, perderá perspectiva para liderar con sentido.

Liderar implica también humildad para ponerse al servicio de los intereses y necesidades legítimas del Club, no poner el Club al servicio de tus intereses, aunque sean legítimos. Humildad no es hacerse de menos, sino pensar más en los demás. En mi opinión, convocar elecciones para el 7 de julio es una muestra de una decisión tomada estratégicamente en beneficio propio y claramente perjudicial para el Athletic, no solamente por la dificultad de encontrar entrenador para el primer equipo, sino también por la incertidumbre innecesaria que genera a todos los profesionales que trabajan en Lezama.

A pesar de sus éxitos deportivos y económicos, Macua parece muy consciente de sus dificultades para generar la suficiente adhesión, apego, compromiso y confianza entre la masa social del Club. De lo contrario, no se entiende su ferviente actividad y su necesidad casi patológica de protagonismo renovando a diestro y siniestro, poniendo piedras, dando conferencias, firmando contratos y saliendo en todas las fotos. No sé si se han percatado, pero en las últimas cuatro o cinco renovaciones de jugadores las únicas imágenes publicadas (que han sido las únicas disponibles) son posando con el presidente. El Club, a su servicio, se ha encargado de que así sea. Metafóricamente, identifico tan frenética actividad como gritos desesperados reclamando atención y reconocimiento. Sus resultados hablan alto, así que él podría hablar más bajo.

El hecho es que, si existe otra candidatura ofertando algo distinto, será porque las personas que la integran habrán detectado que más socios comparten la creencia de que debemos volver a recuperar nuestra identidad, aquella en la que todos los aficionados del Athletic nos sentimos representados y que va mucho más allá de los resultados, les guste o no a Macua y Caparrós. Estoy de acuerdo en que nadie es depositario en exclusiva de la esencia del Club, pero yo me identifico mucho con los comportamientos, actitudes, declaraciones y manera de vivir y entender el Athletic de Josu Urrutia. Desde siempre. Tengo la ilusión de volver a reconocer valores que estoy echando de menos últimamente en el terreno de juego y también fuera del mismo. Estoy deseando poder conectar de nuevo con un equipo noble, valiente, honesto, respetuoso y ambicioso. Son mucho más que palabras resonantes. Es lo que siempre hemos sido y que cada vez me está costando más reconocer. Un Club y un equipo comprometidos de verdad con esta forma de entender el juego y la competición. Hace falta creer de verdad que esto es posible para poder crearlo después. Eso requiere un Liderazgo auténtico al servicio del Athletic, además de, por supuesto, una buena gestión.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 4 de junio de 2011

Ari, ari, ari….

10 mayo, 2011

Ha necesitado mucho menos de los 100 partidos que ya adornan su palmarés para hacerse imprescindible. Atrás quedaron las bromitas con su pelo, con su forma desgarbada de correr o con el número de su camiseta, impropio de un delantero. Ya nadie duda del gran valor de su aportación al equipo y no se discute su presencia permanente en el once. Ha obtenido la admiración de todos, el reconocimiento sincero de los profesionales del fútbol y, por supuesto, el cariño incondicional de la afición del Athletic.

Toquero conecta como nadie con la grada y lo hace siendo honesto, generoso, valiente, humilde, solidario, noble y agresivo. Dice que le sale de dentro dejarse la piel, presionar y sacrificarse por el equipo. Se permite jugar totalmente conectado con su naturaleza, con su esencia y sus valores auténticos, con lo que para él es importante. Eso le facilita estar siempre concentrado, enchufado y metido en el juego. Esa plenitud que demuestra en el verde, tiene además beneficiosos efectos secundarios. La enorme cantidad de energía y vitalidad que desprende en cada partido es contagiosa, para sus compañeros y para la grada. Semejante despliegue de coraje, voluntad y determinación tiene premio; San Mames le adora.

Sus desmarques de treinta metros a la máxima velocidad sobre la espalda del lateral izquierdo contrario se han convertido en marca de la casa, así como su capacidad y talento para presionar sin descanso a toda la línea defensiva contraria, si fuera necesario. También disfrutamos de los excelentes centros que saca en carrera con ambas piernas y de su impecable juego aéreo, ganador en el noventa por ciento de los balones que disputa, así como de su evidente progresión en el remate. Pero, posiblemente, lo que más conecta con los aficionados es su fe. Toquero cree que es posible. Siempre. En caso contrario, no se entendería que persiga y alcance balones imposibles, que presione sin desmayo en clara desventaja hasta robar o cortar pases y que sea capaz de sacar algo de jugadas donde no hay nada. Él va. De hecho, como dijo un entrenador suyo, va muy rápido, muchas veces y a muchos sitios. Es posible que actúe con esta convicción porque sea muy consciente de que está viviendo su sueño. Él sabe que, cuando uno cree de verdad, la realidad es capaz de superar los mejores sueños. Está disfrutando su privilegio como nadie, porque le ha costado como a ninguno.

A la hora del reparto de medallas, aparte del protagonista, habría que hacer dos menciones. La primera para Caparrós. Hace falta tenerlo muy claro y ser valiente para fichar a un jugador de 2ªB y, tras cuatro meses en el Eibar, hacerle debutar de delantero en San Mamés. Acierto pleno del de Utrera. Desde luego, sus dos palabras favoritas, a saber, intensidad y competitivo, encajan a la perfección en el perfil de Toquero. La segunda, honorífica, para quien le puso en el escaparate. Apostar por un delantero que, en 34 partidos en el Lemona, metió solamente un gol, también tiene mérito. Creer en él, enseñarle a descubrir los secretos del juego, a entenderlo y hacerle tácticamente casi perfecto, no está al alcance de cualquiera. Curiosamente, este entrenador (Cárlos Pouso) hizo exactamente lo mismo con otro león que, antes de llegar al Sestao, daba tumbos por tercera; Koikili. No debe ser casualidad. Pouso, sin duda uno de los mejores entrenadores vizcaínos, está a punto de completar una hazaña en el Mirandés proclamándose campeón de 2ªB, por primera vez en su historia, con doce jugadores vascos en sus filas.

A día de hoy, la agresividad, el ritmo, la intensidad, la energía, el coraje y la determinación que imprime Toquero a cada una de sus acciones, no tiene parangón en el Athletic. Es un jugador diferente y único y, por lo tanto, un tesoro que hay que cuidar y apreciar. Ni más ni menos que el Lehendakari.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 10 de mayo de 2011

Mou Vader

9 abril, 2011

Hoy llega el Madrid a Bilbao para disputar uno de los tres clásicos de la Liga. Duelo importante para el Athletic, no tanto para los blancos, que ya entregaron la cuchara de la Liga el pasado domingo perdiendo en casa contra los de Manolo Preciado (¡qué grande es el fútbol!). No conozco a Mourinho, pero el personaje que interpreta públicamente me recuerda al protagonista de una mítica película que da título al artículo.

Hace mucho tiempo, en una galaxia futbolística no muy lejana, un grupo de románticos caballeros Jedi comenzó a desarrollar en su planeta un estilo futbolístico basado en el buen trato del balón, en el juego armonioso y en una vocación ofensiva sin límites. Con el tiempo, la influencia y la visión del gran maestro Jedi, Yodan Cruyff, y otros que trabajaron bajo su tutela, esta reconocible y admirable forma de entender el juego comenzó a consolidarse, obteniendo victorias y éxitos en todas las competiciones, locales e interplanetarias.

El estilo Jedi no se limita tan solo al ámbito futbolístico, sino que se rige también por unos códigos de conducta basados en la humildad, el respeto a las normas y a los contrarios, la búsqueda de la excelencia, una identidad reconocible y unos valores innegociables, tanto dentro como fuera del césped, lo que hace aún más atractiva la propuesta futbolística de los rebeldes catalanes.

Frente a ellos, el imperio galáctico del antiguamente conocido como Senador Florentine, que tras diversas y cuestionadas operaciones político-económicas sobrevino en el Emperador Florentine, un “ser superior” a juicio de sus acólitos. A base de talonario y enormes desembolsos, el Emperador consiguió atraer hacia su nuevo imperio a destacados miembros de la Orden del Balón de Oro, autoproclamados galácticos, llamados para intentar arrasar en todas las competiciones; lo consiguió a medias durante un tiempo, el que necesitaron los Jedi para terminar de elaborar su proyecto y comenzar a discutir la hegemonía del imperio blanco.

En aquel tiempo, en el planeta rebelde, se había formado también un joven aprendiz de Jedi que, a decir del Consejo de Sabios, poseía en su interior la mayor expresión de la Fuerza vista hasta entonces (además de hablar varios idiomas galácticos). La Fuerza es lo que da sentido al universo Jedi, un talento natural que, si sucumbe a las tentaciones más terrenales y no es capaz de controlar instintos como la ira, la soberbia, el egoísmo, la arrogancia o la falta de respeto, puede convertir al potencial caballero Jedi en un caballero Sith, defensor del lado oscuro. Así fue como Mourinho, prometedor Jedi, se convirtió finalmente en Mou Vader, implacable brazo ejecutor del Emperador Florentine.

Mourinho se enfrentó constantemente a sus maestros porque consideraba que estaba preparado de sobra para afrontar misiones más importantes, mientras que los sabios Jedi querían formarle poco a poco ya que anticipaban el peligro del lado oscuro que rondaba sobre el orgulloso aprendiz. Su salida del Barcelona sin haber tenido oportunidad de demostrar su capacidad e indudable talento, provocó su resentimiento hacia el Club blaugrana y su filosofía, empujándole a liderar un estilo totalmente opuesto, tanto en lo futbolístico como en lo personal que, finalmente, le arrastró al lado oscuro de la Fuerza.

Mientras tanto, cegado por su obsesión de acabar con la rebelión protagonizada por los amantes del buen fútbol y las formas exquisitas, quienes habían encontrado en su nuevo líder, el maestro Obi Pep Kenobi, y en su discípulo más aventajado, Leo Skywalker, los pilares sobre los que acumular todo tipo de éxitos y reconocimientos interplanetarios, Florentine vendió su alma a Mou Vader, doblegando todo su Imperio a los caprichos del caballero del lado oscuro. La factura a pagar todavía se desconoce. De momento, sufren recibimientos hostiles en la mayoría de los estadios que visitan, reconocen ya haber perdido la Liga y llevan en el zurrón un 5-0 que escuece lo suyo.

Creo que, en el fondo de su alma, lo que realmente desea y envidia Mou Vader es ser como Obi Pep Kenobi. Volver al camino Jedi. De hecho, en esencia, debe serlo, porque el vínculo casi sanguíneo, la admiración, los resultados, el rendimiento y la adhesión inquebrantable que consigue de sus jugadores son imposibles de alcanzar sin ser un Líder realmente auténtico.

Quizá algún día Mou Vader, como en la peli, consiga salir del lado oscuro de la Fuerza, quitándose esa amenazante máscara que le protege, y pueda convertirse por fin en un maestro y caballero Jedi. Que la Fuerza nos acompañe a todos esta tarde, sobre todo al Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 9 de abril de 2011

Zergatarako?

3 abril, 2011

Buenas noticias. El corazón rojiblanco está palpitante. Cuando parecía que la complacencia y la conformidad amenazaban con acomodarse peligrosamente en el entorno del Club, comienzan a surgir voces discrepantes que opinan que es el momento idóneo para plantear nuevas alternativas y propuestas de renovación e impulso al proyecto Athletic. Tiene pinta de que habrá elecciones.

Excelente oportunidad para contrastar ideas, proyectos, personas, equipos, propósitos y, sobre todo, visiones de futuro. Parece que no será suficiente con proponer una gestión continuista para ocupar el sillón de Ibaigane. Toca re-inventarse.

Si finalmente Josu Urrutia decidiera presentarse, sin duda sería un rival temible para el actual presidente y para el resto de candidatos, si los hubiera. Conozco a Josu desde los 10 años. Durante cinco, viajamos juntos en autobús desde la parada de San Pedro de Deusto hasta la fábrica de futbolistas. Compartimos asiento, bocadillo, equipo y sueños. Por aquel tiempo, en cada entrenamiento, quedaba muy claro que él era diferente. Tuvo que trabajar mucho, sobre todo físicamente, para hacer valer esa diferencia pero, gracias a su constancia, disciplina y pasión por el fútbol, consiguió completar una trayectoria de rojiblanco al alcance solamente de los elegidos. No descubro nada si afirmo que, ya por entonces, era sensato, sencillo, discreto, humilde, comprometido, técnicamente incomparable y más del Athletic que el escudo. Y así continuó hasta el final de su carrera. Sencillamente ejemplar… pero, si a García Macua no le será suficiente con lo que ha hecho para renovar su mandato, a Josu tampoco le bastará con lo que ha sido para alcanzar su propósito. Lo cual, en sí mismo, es también una excelente noticia.

Ambos necesitarán algo más para ganarse la confianza de los socios. El bagaje de cada uno será sin duda un buen aval que servirá de condición necesaria pero no suficiente para ser presidente. Más relevante que el porqué me presento debiera ser el para qué lo hago. ¿Qué es lo que quiero cambiar? ¿Qué legado me gustaría dejar? ¿Cuál es mi visión potente para el Athletic del próximo cuatrienio? ¿Se trata tan solo de un futuro predecible o me comprometo a crear un futuro posible? ¿Quiero diseñar un futuro deseado o me vale con un poco más de lo mismo? Mi hija pequeña resume estas dudas existenciales con la simplicidad propia de sus cuatro años en la palabra que da título al artículo: Zergatarako? (zergatik eta zertarako), una mezcla de razones y deseos, de motivos e ilusiones, de realidades y sueños.

Decía Platón que se conoce más a un hombre en una hora de juego que en un año de conversación. Siendo esto así, hay un aspecto del juego de Josu que tengo gran curiosidad e interés por reconocer en su nueva condición de (posible) candidato. Se trata de su Visión. En categorías inferiores, su visión de juego era, sencillamente, proverbial. Seguramente, en Lezama no se recordará (el mítico Manolo Delgado es testigo) ningún jugador con una conducción más elegante que la suya. De hecho, creo que no se sabe si alguna vez miró al balón; siempre la cabeza levantada, parecía un periscopio con visión panorámica del campo y de los rivales, buscando el pase perfecto y al compañero en mejor posición. Su Visión le permitía ver casi el final de cada jugada desde su primer pase. Para que se hagan una idea, no tenía entonces nada que envidiar al mejor jugador del mundo en esa función, Xavi Hernández.

Aplicar ese talento suyo natural para crear una visión potente del Athletic, diseñar el futuro (como si fuera una jugada) y declararlo posible, ya sería una gran contribución para este proceso electoral.
Pero, por encima de su Visión y de su profundo conocimiento del fútbol y del Athletic, lo mejor que podría aportar Josu al Club es su calidad humana, una persona que vive con intensidad los valores auténticos del Athletic. Esta cualidad podría parecer poca cosa para dirigirlo, pero convendrán conmigo en que, tal y como está el patio, con la cantidad de jeques, indios, aventureros, imputados y personajes de toda índole y condición que abundan en el escenario futbolero, poder confiar en alguien que no llega al fútbol para alcanzar poder, notoriedad o para hacer negocios, es muy tranquilizador. Es gratificante poder contar con una persona que, sin ninguna necesidad de demostrar nada a nadie, pone en juego lo mejor que tiene, su prestigio. Sin duda, es digno de alabanza asumir el reto de bajar a la arena desde el pedestal del santoral bilbaino para disputar unas elecciones.

A la espera de conocer su decisión final, leo que García Macua apoyará su candidatura en los dos pilares en los que se considera más experto que su posible adversario, su exitosa gestión económica y su Liderazgo. No sé yo. Depende de cómo se interprete. A bote pronto podría decirse que vender barato (sin cobrar) y comprar caro (hasta 11 millones según el Zaragoza) no representa precisamente el paradigma de la buena gestión. Y, respecto al Liderazgo, si un Líder es aquel que tiene seguidores, conviene recordar que al presidente le ha abandonado hasta el 50% de su Junta, así es que, si acaso, líder a medias.

Sí le reconozco en cambio su serenidad en los momentos difíciles, su capacidad para mantener un criterio con firmeza en las negociaciones y su habilidad en la interlocución con las Instituciones. De momento, pasará a la historia como el presidente que devolvió la estabilidad al Club tras un período negro de serios apuros y dificultades. No es poca cosa y es digno de agradecimiento. Cuatro años después, a muchos todavía les dura el miedo en el cuerpo y la prueba es lo poco con lo que nos conformamos, pero seguir apelando al miedo para dar valor a tu gestión me parece una estrategia equivocada. Recordar permanentemente la historia más reciente es un argumento muy limitante para poder crear un futuro ilusionante.

Personalmente, en este momento, me desilusionaría un presidente cuya virtud más destacada fuese ser un buen gestor. Con el debido respeto, no hace falta ser Premio Nobel de economía para llevar las cuentas del Athletic. Teniendo en cuenta que entre el 70% y 80% del presupuesto se va en sueldos de jugadores y cuerpo técnico del primer equipo, el resto son habas contadas, incluida la generación de ingresos. En cualquier caso y, teniendo en cuenta el proyecto de construcción y financiación del nuevo San Mamés, doy por hecho que cualquier candidato que se presente sabrá rodearse de un elenco de profesionales con la suficiente experiencia, capacidad y competencia para gestionar adecuadamente el patrimonio del Club.

Si pudiera elegir, preferiría un presidente que no se conformase con un poco más de lo mismo, que fuese valiente y ambicioso. Un inspirador. Alguien que nos hiciera creer que podemos ser mejores de lo que estamos siendo y que fuese capaz de construir una Visión de futuro esperanzadora para retener el talento y sacar el máximo rendimiento a la generación de futbolistas con mayor potencial que ha tenido el Athletic en muchos años.

Desearía que Josu se sintiera impulsado más que empujado a tomar la decisión de presentar su candidatura. Si le están empujando podría ser que realmente no lo deseara y se sintiera obligado, mientras que sentirse impulsado, implica apoyo, ayuda y confianza para lanzarte a cumplir un sueño. En cualquier caso, sé que, tras su periodo de reflexión, tomará la mejor decisión para que la jugada nazca en buenas condiciones, como siempre hizo en el verde.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 3 de abril de 2011

Huevos con beicon

5 febrero, 2011

Esta semana, en la jornada sobre Liderazgo emocional que dentro del Programa Superior de Coaching Deportivo se está desarrollando en el CPT de Fadura, los participantes, en su mayoría entrenadores de fútbol, sacaron a la palestra el nombre de Manolo Preciado, entrenador del Sporting, como persona de referencia en esta materia.

Profundizando en el asunto, concluían que conseguir el compromiso auténtico de los jugadores es el reto fundamental al que se enfrenta un líder de grupos. Entendían que obedecer al entrenador es una obligación, pero comprometerse es una decisión personal de cada futbolista. Ejerciendo el poder que te confiere el cargo quizá obtengas la obediencia, pero solamente siendo un líder auténtico puedes alcanzar el compromiso de los demás.

Utilizamos el ejemplo de los huevos con beicon para ilustrar la diferencia entre obligación y compromiso. Para cocinar este plato, ¿quién está más comprometido, el cerdo o la gallina? La gallina pone los huevos, hace lo que debe y cumple correctamente con su tarea. La gallina está implicada. El cerdo, por otra parte, va más allá de lo exigible y se deja la vida en el empeño. El cerdo está realmente comprometido.

Conseguir el compromiso auténtico de sus jugadores no es sencillo para un entrenador. Requiere un gran esfuerzo, dar mucho, exponerse y arriesgar. Entregarse de verdad y ofrecer lo mejor que tienes para ponerlo a su servicio. Exige cambiar de perspectiva y preguntarse qué necesita este jugador de mí para sacar lo mejor que tiene, o cómo puedo ayudarle para que sea el jugador que realmente podría ser.

Un entrenador-líder enfoca la atención no solamente en la tarea, en el objetivo, sino también en cuidar y fortalecer las relaciones. Implica ayudar a crecer individual y colectivamente a cada uno de tus jugadores, a los que juegan mucho y a los que no lo hacen tanto. Quizá liderar un equipo de fútbol signifique en realidad servir a las personas sobre las que tienes responsabilidad. Estar a su disposición para identificar y satisfacer sus legítimas necesidades (que no sus deseos), de manera que estén en la mejor condición para alcanzar su máximo rendimiento. Es exactamente lo contrario de utilizar a los jugadores y servirte de ellos para conseguir tus objetivos. De momento, en el fútbol, hay más de esto que de lo otro.

Conozco, desde hace mucho, a Manolo Preciado. Ya fue una referencia en la conquista de derechos laborales para los futbolistas cuando los tiempos eran realmente muy duros. Los que, como él, daban la cara en aquel momento, ponían en juego sus contratos y sus carreras. Asumían grandes riesgos por los demás y se la jugaban por todos. Una vez más, compromiso auténtico.

Desde la distancia, le he visto afrontar situaciones verdaderamente límite, ante las que un cese sería un juego de niños. Le admiro mucho como entrenador pero, sobre todo, me descubro ante él como persona. La vida le ha golpeado con dureza y se ha repuesto una y otra vez con una entereza y valentía incomparables. Sin rencor ni resentimiento, al contrario, disfrutando de la vida y del fútbol, si cabe, más intensamente.

Trabajador, sensible, cercano, íntegro, humilde, valiente y alegre son algunos valores que definen una personalidad arrebatadora. Manolo es el auténtico cerdo (con perdón) de la metáfora. Se deja la vida por sus jugadores y, cómo no, sus jugadores por él. Su liderazgo deja huella en las personas. No hay más que ver cómo celebraron todos juntos el empate en el descuento, hace tres semanas, ante el Racing en El Sardinero, para comprobar que no debe tener gallinas en su vestuario.

El poder de un entrenador viene de serie, es jerárquico y está incluido en el cargo, pero que seas identificado como líder lo deciden tus jugadores. No se puede imponer. Son ellos quienes te perciben, o no, como tal. Quienes deciden seguirte, creer en ti, confiar y comprometerse contigo… o tan solo obedecerte hasta que llegue el siguiente. Liderar o entrenar…. esa es la cuestión.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de febrero de 2011

El guerrero pacífico

24 diciembre, 2010

Decía Platón que se conoce más a un hombre en una hora de juego que en un año de conversación. Al hilo de esta reflexión, el recuerdo de lo que Joseba ha sido, es y será para el Athletic ha quedado grabado a fuego en el corazón de todos los aficionados, tanto por su comportamiento en el terreno de juego durante más de 500 partidos oficiales, como con su irreprochable actitud fuera del mismo.

El filósofo griego dice que lo que se ve en el campo es lo que eres. Esa es tu verdadera esencia. No hay posibilidad de engaño. Esa frase de “es que yo en el campo me transformo”, no cuela. Un futbolista, cuando juega, enseña lo que realmente hay, lo bueno y lo mejorable y, si es capaz, saca lo mejor que tiene, para conectar a través del juego con sus valores más importantes, hasta alcanzar su máximo rendimiento. Joseba consiguió hacerlo durante quince años.

Poner nombre a la esencia de Joseba (ni a la de nadie) es imposible. Es algo inefable, que no se puede explicar, que cada uno habrá sentido a su manera, pero que quizá podamos identificar a través de algunos valores fundamentales que han alumbrado su carrera y que han quedado intensa y repetidamente reflejados en el verde.

Ver jugar a Joseba siempre ha sido un placer para el espectador. Es de los pocos futbolistas que irradiaba tal nivel de confianza en sus capacidades que contagiaba seguridad a la grada. Posiblemente, ese sea el atributo más importante de un deportista. Ser consciente de cuáles son tus fortalezas y confiar en ellas. No recuerdo a nadie más ejemplar que Joseba en esta cuestión fundamental.

Si tuviera que elegir una imagen suya como jugador me quedaría con la clásica de Joseba en la banda, encarando en carrera a un contrario, fintando a la izquierda, saliendo como un tiro a la derecha, ganando un metro de ventaja y poniendo el centro. Sin complicaciones, sencillo, práctico, alegre, valiente y decidido. Siempre presente en el juego. Abierto y disponible. Disfrutando cada momento intensamente. En el campo y en la vida. Viéndole retar defensas una y otra vez, intuyo que la aventura y el riesgo también deben ser importantes para él. En definitiva, un jugador ejemplar y un tipo alegre, feliz. Así podría definir el juego de Joseba e, intuyo, que su trayectoria fuera de los terrenos de juego, refleja valores similares.

Siempre he tenido la sensación, desde que llegó y se plantó en San Mamés con 17 añitos, que Joseba tenía muy claro qué es lo que quería, de la vida y del fútbol. Es como si desde el principio hubiera tenido una Visión muy potente de su futuro, del jugador que quería ser, que le iluminara el camino desde el principio, ayudándole a forjar su propio carácter, partido a partido, a través de cada una de sus decisiones y acciones.

Eligiendo sus respuestas adecuadamente para cada situación, pocas veces ha reaccionado de forma descontrolada (no recuerdo ninguna). A pesar de que le llamen El potro de Elgoibar, ha sido un ejemplo también de autocontrol, de reconocer y manejar adecuadamente sus emociones, lo que le ha permitido ser quien realmente es, siendo siempre dueño y responsable de sus actos, que son los que le han definido como jugador y como persona.

En su proceso de integración en Bizkaia, tuvo el talento de sacar el máximo rendimiento a una virtud más propia de nuestros vecinos guipuzcoanos: la astucia. Ser listo, en el campo y fuera. Que no tramposo, ni provocador, ni irrespetuoso. Si definimos el fútbol como lo que es, un juego de engaño, Joseba ha sido un maestro en esta materia. Su capacidad para sacar ventaja de cualquier despiste del contrario, de la más mínima duda ó pequeño error, ha sido proverbial. Hacer de la picardía un talento, estar siempre atento y concentrado en el juego, no está a la altura de cualquiera. Tan solo de los más grandes, como meter más de 100 goles con el Athletic.

Es listo y también muy inteligente. Diría que dispone de una mente privilegiada, despejada. No se come el coco, simplifica y actúa.Alejado de polémicas y debates estériles, y centrado siempre en lo importante, piensa lo que quiere, se marca un objetivo y se lanza a por ello, habilidad esta muy higiénica para que la mente no se enrede en pensamientos inútiles y negativos que desgastan, paralizan y quitan mucha energía.

Después de cerrar una de las etapas más brillantes en la historia del club y tras el correspondiente periodo de descompresión y renovación, imprescindible para coger distancia, aire, nuevas energías y cambiar de perspectiva, posiblemente Joseba comenzará pronto a diseñar una nueva Visión poderosa e ilusionante para sus próximos quince años. Quizá, en esa imagen, acabe por completar la foto que todavía le falta. Y, seguramente, ya estará esbozando los pasos siguientes para alcanzar un sueño pendiente: ser campeón con el Athletic. Continuará… cuando él quiera.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 24 de diciembre de 2010

Potros y el “lado oscuro”

30 septiembre, 2010

Cuando el potro se desboca y asume el control de la situación, ya podemos prepararnos para que cometa cualquier destrozo. Creo que la falta de autocontrol viene precedida por la falta de autoconocimiento. Un deportista que no toma consciencia de cómo reacciona, cómo se comporta en el campo, cuál es impacto de sus acciones en sí mismo y en el equipo, que no trabaje su visión personal, cuál es su propósito, en qué jugador desea convertirse ó qué es lo que realmente quiere, está a expensas de que su potro interior tome las riendas en cualquier momento.

Viendo jugar a Amorebieta, me viene siempre a la mente la imagen de un potro desbocado. Hasta las vendas con las que se protege los tobillos por encima de las medias refuerzan esa idea. Nervio, agresividad, intensidad, velocidad y fuerza. Todo ello en cantidades industriales y, de momento, sin mucho control. Hace unos años era divertido descubrir su gran potencial, a la espera de que fuera corrigiendo los excesos hasta convertirse en lo que, sin duda, podría ser; un pura sangre, un central de gran categoría.

De momento, algunas de sus reacciones siguen siendo todavía demasiado impulsivas, muy previsibles y desproporcionadas, dejando demasiadas cosas a la interpretación de los árbitros y limitando claramente su esperada progresión. Seguimos esperando que sea Fernando quien coja las riendas y comience a controlar a Amorebieta. No perdemos la esperanza.

A diferencia del central vizcaino, Mourinho sí parece ser muy consciente de sus capacidades, de su talento y de sus posibilidades. De hecho, es tan espectacular la seguridad y la confianza en sí mismo que pretende reflejar en sus ruedas de prensa, que me parece que está jugando al filo de la navaja. Está a punto de pasarse al lado oscuro.

Lo que yo percibo ya en muchas de sus declaraciones y actitudes públicas es arrogancia, vanidad, soberbia y falta de respeto. Tengo la impresión de que, al igual que en el terreno de juego, para él no es importante el cómo o, mejor dicho, no es importante crear un estilo, trascender, dejar un legado, algo que sirva para los que vienen por detrás. En mi opinión, para ser el mejor entrenador del mundo, la referencia, no solamente es necesario ganar. También se debería tener una visión potente e inspiradora del fútbol para los demás. No es su caso.

Sé que es una línea muy fina e interpretable la que puede separar la autoconfianza de la arrogancia pero creo que, en poco tiempo, son ya demasiadas las ocasiones en las que ‘special one’ se está deslizado peligrosamente ya por el lado oscuro de la fuerza. Espero que los entrenadores no pretendan imitar a Mourinho. Por suerte, es irrepetible.

Imanol Ibarrondo

El Arte de Entrenar

26 julio, 2010

Antes del Mundial, escribí un post (¿lideras o entrenas?) en el que hacía referencia a una reflexión que deslizó Vicente del Bosque durante la conferencia que impartió en el ‘2º congreso internacional de entrenadores de fútbol’ que organizó en mayo la RFEF.

Decía que entrenar no es una ciencia y no se aprende obteniendo el título en la escuela de entrenadores. Este es el mínimo necesario, pero afirmaba que entrenar es un arte cuya mayor dificultad reside en la gestión de las emociones (propias y ajenas) y que, para eso, son necesarias otras habilidades, competencias y capacidades diferentes a las técnico-tácticas.

Sin duda, VB ha demostrado ser un experto en el ‘arte de entrenar’  doctorándose cum laude en el Mundial. No quiero detenerme aquí para glosar la ya sobradamente reconocida figura del seleccionador (entre otras cosas porque no le conozco), pero sí quiero poner el foco en algo que me parece importante y que trabajamos constantemente en nuestras formaciones de coaching.

En mi opinión, su gran éxito es atreverse a ser quien realmente es. En cualquier circunstancia. ¡Qué difícil es eso! Actuar permanentemente respetando sus valores auténticos, aun a riesgo de sufrir importantes decepciones (p. ej. : despido Real Madrid).

Durante el Mundial, hemos podido reconocer en sus actos, en sus declaraciones, en su forma de estar en las victorias y en las derrotas a una persona coherente y digna de confianza. Podemos ver con claridad a alguien para quien el Respeto, la Humildad, la Sencillez, la Serenidad, la Perseverancia… son algo más que palabras. 

Sin duda alguna, sus grandes conocimientos de fútbol, su dilatada experiencia profesional y el formidable elenco de jugadores que seleccionó para el Mundial, han sido elementos básicos y fundamentales para alcanzar el éxito pero, posiblemente, su gran capacidad de Liderar eficazmente este excepcional grupo de futbolistas es el matiz que ha marcado la diferencia entre el éxito y el fracaso.

En mi opinión, el equipo de La Roja transmite exactamente los valores que refleja su entrenador. Sin duda, esto es así porque también los Xavi, Iniesta, Alonso, Puyol…. los viven también intensamente y los  contagian a los demás, reforzando así una Identidad de equipo muy reconocible y fuerte en base a unos valores compartidos por todo el grupo.

Es curios comprobar cómo entrenadores como Guardiola, Mourinho y del Bosque son tan diferentes entre sí y, sin embargo, comparten algo esencial que les hace muy reconocibles (además de sus éxitos deportivos). Es la Coherencia. Son muy distintos pero los tres se permiten y se atreven a ser quien realmente son. No engañan a nadie. Viven intensamente sus valores más auténticos y eso tiene un impacto formidable en cualquier grupo. Es el Liderazgo Coherente lo que les identifica y marca la diferencia. Parece fácil pero seguramente no lo es tanto.

Por nuestra experiencia en la formación en habilidades de coaching con entrenadores, éstos no buscan tanto ser como Guardiola o Mourinho o VB, ni como Rijkaard o Capello cuando ganaban en su momento. Lo que realmente desean es tener su mismo impacto en su equipo. Su capacidad de influencia en el grupo.

La buena noticia es que también esto se puede aprender y mejorar. No se trata tanto de un aprendizaje en conocimientos, sino de un viaje de descubrimiento. No miramos hacia afuera, sino hacia dentro. Descubrir qué es lo que yo tengo que me hace único y diferente. En qué soy muy bueno. Qué es muy importante para mí y es innegociable en mi equipo. Cómo lo comunico, cómo lo vivo y si estoy siendo coherente entre lo que realmente soy, lo que digo y lo que estoy haciendo.

Es durante ese proceso de descubrimiento cuando un entrenador (una persona) descubre qué es lo que realmente quiere y conecta con la energía necesaria para alcanzar sus objetivos y para perseguir sus sueños.

A partir de ahí, ya puedes incorporar actitudes o comportamientos del entrenador de éxito de referencia para ti, que comparta tus mismos valores,  para seguir creciendo y mejorando en el difícil arte de entrenar.

Imanol Ibarrondo