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Antes o después… ¡te van a echar!

23 octubre, 2013

entrenadoresNo ha acabado todavía el verano y ya han destituido a cuatro entrenadores del Grupo II de la 2ªB. Se confirma una certeza que, en uno u otro momento, alcanza a la inmensa mayoría (por no decir a todos) los técnicos de fútbol y de otros deportes; “te van a echar”. ¡Que lo sepas! Será antes o después, cuatro meses o quizá cuatro años, pero lo que parece inevitable es, que te van a echar. Dicho así, quizá suene un poco duro, pero también podría ser una sentencia muy liberadora.

Vivir permanentemente con la espada de Damocles de un cese y pendiente del resultado de cada domingo te aleja, y mucho, de lo único sobre lo que tienes influencia; el momento presente. Angustiarte por la incertidumbre del misterioso e impredecible futuro o castigarte por lo que podrías haber hecho y no hiciste, te impide disfrutar del gran regalo (present-e) que puedes vivir intensamente: este momento, cada momento… AHORA.

Siendo esto así, quizá, para obtener un cambio de perspectiva, más inspirador y sugerente, podría ayudar que los entrenadores se hicieran una pregunta distinta a la que, inconscientemente, se plantean la mayoría de ellos cuando están en activo: “¿Qué tengo que hacer para que no me echen?”. Ganar, es, posiblemente, la única respuesta que resuena como un trueno en sus atribuladas cabezas.

La creencia limitante e inconsciente que subyace a esta respuesta es que “ganar es lo único importante” y, esta ‘verdad’, cuando los resultados no se están dando, te conecta inmediatamente con el miedo, con la pérdida, con la angustia, con la preocupación permanente, ves problemas (negativos) en lugar de situaciones (neutras), aparecen enemigos y complots por doquier, personas que te quieren quitar algo (la prensa va a por ti, los jugadores son unos egoístas, los directivos no tienen ni idea…). Esta respuesta, en definitiva, te provoca desconfianza, inseguridad, te sitúa en el papel de víctima, inocente e impotente, te saca totalmente del momento presente y, sin ninguna duda, te conecta con tu peor versión. Ya estás fuera… y lo peor es que ni siquiera te has dado cuenta.

No se trata de discutir si esta creencia (“ganar es lo único importante”) es verdad o no. De hecho, no creo en las verdades absolutas (¿existen?) pero, para poder trabajar con ella, revisarla, observarla y matizarla, me basta con que sea verdad para ti. Lo que realmente me interesa que descubras es qué impacto tiene en ti esta ’verdad’ tuya. ¿En qué te está ayudando?, ¿qué te da?, ¿qué te está quitando?, ¿en quién te convierte?, ¿cómo te relacionas, desde esta creencia, con tus jugadores/colaboradores/prensa/directivos…?, ¿cómo te comportas?, ¿quién estás siendo ahora con esa ‘verdad’ tuya?, ¿qué Valor tuyo estás pisando?… En realidad, esa pregunta (¿qué tengo que hacer para que no me echen?) es, cualquier cosa, menos potente.

Propongo una pregunta distinta: “¿Quién quiero ser mientras estoy?” WOW!… Esto es otra cosa, pasará lo que tenga que pasar, pero yo seré quien quiero ser durante este tiempo, y viviré y disfrutaré intensamente de esta experiencia y lo contagiaré a todas las personas sobre las que tengo influencia y responsabilidad. Esta pregunta me conecta con lo mejor que tengo, con mis valores auténticos, con lo que realmente es importante para mí, me mantiene enchufado, con energía, con esperanza, con ilusión, con optimismo, con entusiasmo! Es una decisión personal. No son mis circunstancias las que determinarán quién voy a ser. Soy yo, conectado a mi esencia, quien decide quién quiero ser.

No es lo mismo hacer (actuar) desde el miedo, la desconfianza, o la inseguridad que Hacer desde el Ser. El impacto de las acciones que surgen desde la conexión con lo más profundo y auténtico de cada uno, es incomparable y absolutamente transformador.

La reflexión sobre esta pregunta potente (¿quién quiero ser mientras estoy?), me ayudará a tener el coraje que necesito para afrontar y superar mis miedos, para ampliar mi ‘zona de confort’, para atreverme a ser quien realmente soy y ponerlo al servicio de mis jugadores, para ser auténtico y coherente, para ocuparme en lugar de (pre)ocuparme, para mostrarme abierto, disponible y vulnerable, para brillar y ser luz para otros. Para acercarme a mi mejor versión.

La respuesta a esta pregunta me conecta con el Líder que llevo dentro, que está ahí,… dormido, en el fondo de mi Ser… esperando a que yo despierte de una vez, para ponerse en marcha y acercarme a la victoria, a ganar, y no solo a la victoria, sino también a la gloria, que está reservada para aquellos valientes que aspiran a ganar sin atajos, a los que disfrutan intensamente del proceso y contagian su entusiasmo a sus jugadores, haciéndoles sentir importantes, reconocidos y valiosos, y dejando una huella imborrable en sus corazones. Para los líderes auténticos que inspiran los mejores y extra-ordinarios logros humanos. Y tú, “¿Quién vas a ser mientras estás?”

Imanol Ibarrondo

“Vine por ti. Hazlo por mí”

7 marzo, 2012

Sin duda, uno de los valores que podemos defender como referente e identificativo del Athletic, es que nos pertenece a todos, que es realmente nuestro, de los aficionados y socios. Así queda claramente reflejado en uno de los primeros versos del himno; ‘danontzat zara zu geuria´. Es en ocasiones tan especiales como ésta cuando toca demostrarlo, a quienes asumen la responsabilidad de gestionar el Club, y sentirlo, a quienes lo formamos. Lo cierto es que, cualquier valor auténtico, que merezca tal calificativo, debe reflejarse en comportamientos visibles y observables. Lo demás, es hablar por hablar.

Leo en DEIA que Amorrortu no ha dispuesto de entadas para Manchester, ni de la posibilidad de comprarlas… si no es acudiendo a las taquillas. También los hijos de Genar Andrinúa y Ritxi Mendiguren (buenos amigos del Presidente) estuvieron haciendo cola en San Mames para conseguir las suyas, lo que me lleva a pensar que algo bueno está pasando en el Athletic. Tengo la percepción de que el Club ha actuado con la firmeza,  transparencia y sensibilidad necesarias para atender eficazmente esta situación, en lugar de aprovecharse de ella.

Que no existan privilegios para obtener entradas es un acto concreto que refleja perfectamente qué es lo importante en esta situación. Algunos acusan a Josu Urrutia de hablar poco, pero esta decisión habla tan alto que sobran las palabras. Se trata de un mensaje fantástico, alto y claro, para todos los que componemos la gran familia rojiblanca: ‘el Club es de sus socios’ y son ellos quienes deben tener prioridad para disfrutar de una experiencia memorable en el ‘teatro de los sueños’.

Hace falta una buena dosis de coraje y de coherencia para romper con los usos y costumbres tradicionales, que consistían básicamente en aprovechar estos hitos históricos para aumentar la lista de favores concedidos pendientes de cobro. Decir que no a miles de llamadas y peticiones estableciendo un criterio tan radical en el reparto de las entradas (todo para los socios, salvo compromisos contractuales) puede incomodar, con razón, a directivos y empleados que pudieran sentirse agraviados por un criterio tan radical y, sin razón, a algunos ex ”algo” del Athletic que parecen considerar que el Club está en deuda permanente con ellos (¡con todo lo que yo he hecho por el Club y así me lo pagan!). A éstos últimos les propongo un cambio de perspectiva, quizá pensar “con todo lo que el Athletic me ha dado” les facilite poder sentirse y expresarse con mayor agradecimiento y menor exigencia.

Somos lo que hacemos y la Plenitud -atreverte a ser quien realmente eres y actuar conectado a tus auténticos valores- es sin duda, un acto radical y no necesariamente fácil. Es precisamente esta sensación de Plenitud que busca y transmite el Athletic lo que me impulsa a viajar a Manchester (eso y tener una entrada). Voy, porque sé perfectamente lo que va a pasar. Sé lo que voy a ver, cómo se va a comportar mi equipo y lo que voy a sentir en ese mítico estadio… y eso no tiene precio. Esta temporada, presenciar un partido del Athletic es vivir sin aliento durante un par de horas. Toda una experiencia. No cuesta  imaginar lo que será vivirla en Old Trafford….

Algo grande está naciendo, aunque algunos, todavía secuestrados por la tiranía del resultado, sean incapaces de disfrutar plenamente de este  proceso. ‘A ver qué pasa al final de temporada’ susurran con voz cada día más apagada. No sé qué pasará, pero sé lo que está pasando. Tenemos un equipo que representa lo mejor de nosotros, con el que podemos identificarnos plenamente, que transmite tanta energía, vitalidad, alegría e ilusión que nos emociona y contagia, conectándonos con el niño que todos llevamos dentro, que ya casi nunca aparece… quizá solamente cuando juega este Athletic. ¡Cuánto vale eso!

Tengo fe en lo que este equipo está siendo (haciendo) y me enorgullece su coraje, la nobleza con la que se comporta y su deseo inquebrantable de ir siempre a por ellos. Huyen del victimismo, de las trampas, de las protestas, de la especulación y de las excusas como de la peste, y se centran en lo único importante, en el juego. El Athletic está siendo un ejemplo inspirador y visible de lo que el talento, unido al trabajo y a la máxima exigencia, pueden alcanzar. Si ellos están siendo capaces de transformarse en los jugadores que ahora vemos, los demás también podemos transformarnos en la mejor versión de cada uno de nosotros.

Hoy, los casi 10.000 bizkainos que hemos venido hasta Manchester, la mayor invasión del Reino Unido desde los vikingos del siglo XI, queremos que vosotros lo hagáis por nosotros. No olvidéis que, en lo más profundo de nuestros corazones, los vascos somos conquistadores y aventureros, así que, este es el Reto para hoy; entre todos, conquistaremos el ‘teatro de los sueños’, uno de los reductos sagrados del fútbol mundial para confirmar nuestra candidatura: somos un Club Champions.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 8 de marzo de 2012

Mucho ruido y pocas nueces

31 agosto, 2011

Es obvio que el verdadero problema del enfermo sigue sin resolverse. De momento, futbolistas y patronal han decidido ponerle una tirita para parar la hemorragia. Pero el fútbol estatal sigue muy grave y la AFE ha desperdiciado su última bala. La próxima convocatoria de huelga que proponga el mediático Rubiales (sería la sexta en año y medio) tendría peor acogida y menor respaldo, tanto fuera como dentro de su colectivo.

Tampoco se sabe cómo se pagará la deuda pendiente con los jugadores: al principio eran 52 millones de euros, luego 35 y, finalmente, ni se ponen de acuerdo en la cantidad. Sorprendentemente, no hay información sobre los términos del acuerdo, pero entiendo que los clubes no pondrán ni un euro más de la propuesta inicial que plantearon a la AFE (10 millones de euros anuales de fondo concursal). Creo que no lo harán porque no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los bancos ya ni les abren la puerta).

Además, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando incluso gravemente la competición. El caso del Athletic con la venta de Aritz Aduriz es significativo por sangrante. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaino en beneficio de su nuevo club. El Mallorca vende al Valencia al jugador y se queda con la tela. Y, por último, el Athletic tuvo que pagar a escote la deuda del club balear con sus futbolistas, entre ellos con Aduriz. Un ejemplo claro del esperpento en el que se mueve la mejor Liga del mundo.

Dicen que el Senado aprobará en septiembre una modificación de la ley concursal, en su aplicación al ámbito deportivo, que descenderá al club moroso aunque inste el concurso. No lo veo yo tan claro. La propia naturaleza del concurso defiende la viabilidad de la empresa (el club) manteniendo su actividad con el aplazamiento y la renegociación de las deudas (quita y espera). Si desciende por no pagar estando en concurso, esta ley no tendría sentido ya que los clubes perderían sus ingresos y deberían ir directamente a liquidación. Otra tirita.

La cirugía profunda y definitiva sería la entrada en vigor inmediata del fair play financiero en los clubes (equilibrio presupuestario), una medida que comenzará a aplicar la UEFA a partir del año próximo y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años. La aplicación incluye sanciones deportivas y económicas ejemplares a los clubes incumplidores.

En esta Liga de siesta y pandereta, donde al tramposo se le reconoce como virtuoso, a ver quién es el cirujano que se atreve con tan delicada operación. Entiendo que la LFP obligará a la AFE a hacer un frente común para sacarle pasta a papá Estado. Por una parte, exigiendo mayor participación en el reparto de la recaudación de las quinielas. En lugar de destinar una parte del dinero a mejorar instalaciones, se lo daremos a los clubes para que lo vuelvan a despilfarrar (pagamos todos). La segunda, presionando al Gobierno para que elimine la ley de interés general que obliga a emitir un partido en abierto.

Así, quien quiera ver fútbol, a pasar por caja (volvemos a pagar). Lo dicho, tengo la impresión de que esta farra que se han corrido entre la AFE y la LFP nos va a salir una pasta a todos. A la AFE no le queda más remedio que plegarse a las exigencias de la LFP porque ha perdido algo que ha sido santo y seña del sindicato desde su fundación: su independencia.

Ahora es la patronal de clubes la que, a través del Fondo Estructural incluido en el Convenio, paga una cantidad anual a la asociación para afrontar sus gastos, que han crecido en 2,4 millones de euros desde que la nueva Junta Directiva, presidida por Rubiales, decidió, vulnerando los estatutos de la asociación, adjudicarse un sueldo para él y para todos sus integrantes. Ya se sabe: quien paga, manda. Paga la LFP, mandan los clubes.

Visto lo que está pasando y lo que viene, al colectivo de futbolistas se le presenta una excelente oportunidad para dar un gran paso adelante. La creación de un Fondo Solidario para hacer frente a posibles impagos sería una respuesta realmente comprometida para unir, reforzar y cohesionar un colectivo con diferencias siderales entre unos pocos y la gran mayoría. Los que no tienen problemas necesitan de los demás para poder seguir jugando y cobrando.

Crear un Fondo con el 0,7 por ciento de los contratos de cada futbolista y el 0,7 por ciento de cada traspaso supondría acumular casi 10 millones de euros al año para atender a las reclamaciones pendientes de los colegas perjudicados, así como para invertir en los procesos de formación continua y reinserción de los jugadores tras su retirada (la primera plantilla del FC Barcelona ya destina un 0,5 por ciento de sus contratos para la asociación de exjugadores blaugranas).

Tampoco es la solución definitiva, pero sí sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario, egoísta y poco sensible hacia la realidad ajena al fútbol. Con la que está cayendo, es un buen momento para comenzar el aterrizaje.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 28 de agosto de 2011

Hau bai da gure estiloa!

7 julio, 2011

Tengo una fe ciega en que la influencia y el liderazgo auténtico de Marcelo Bielsa en esta plantilla les hará progresar y crecer, individual y colectivamente, hasta el punto de poder aspirar a convertir al Athletic, de nuevo, en un equipo campeón. Me emociona poder asistir a esta transformación. Viendo competir a Chile en el pasado Mundial, pienso en todo lo que este gran comunicador y motivador será capaz de conseguir entrenando cada día con una plantilla joven, talentosa y esforzada como la nuestra. Su gran dedicación y su estilo de trabajo intenso, sistemático y comprometido serán, además, una referencia ineludible para todos los formadores de Lezama. Valores tan nuestros como el respeto, la nobleza, la valentía, la firmeza y la ambición, que sus equipos viven con intensidad en el campo, volverán a ser ejemplo para todos los cachorros de Lezama. Su impacto dejará un gran legado que servirá como modelo para los tiempos venideros. Será una mezcla fabulosa. Es, sin duda, una gran apuesta.

Otro valor diferencial de la candidatura de Josu Urrutia es su proyecto de cantera poniendo el acento en una cuestión básica y fundamental: la formación continua de los técnicos de Lezama y el diseño de una visión compartida e integradora de personas, ideas y proyectos. Si hemos decidido ser el único equipo del mundo que vive de su cantera, parece razonable pensar que debemos ser el mejor club del mundo trabajando la misma. Este ambicioso objetivo requiere disponer de los mejores formadores y de los especialistas más cualificados, algo que va mucho más allá que contratar exfutbolistas de gran trayectoria y reconocido prestigio. Necesitamos técnicos vocacionales y apasionados por el desarrollo y crecimiento de los jóvenes talentos. Para ello, es imprescindible invertir en su formación continua, en su crecimiento y su mejora, abriendo Lezama además al intercambio de ideas, métodos, estilos formativos y entrenadores que nos impulsen de nuevo a estar en vanguardia. Al lugar que nos corresponde. Salir del búnker de la mediocridad, la complacencia y el conformismo y entrar de lleno en el mundo de la innovación. Contar con las personas y apostar de verdad por ellas invirtiendo en su desarrollo. No se me ocurre mejor estrategia para garantizar nuestro futuro.

Este mensaje, como tantos otros, carece de sentido en boca de García Macua. Su errático devenir en Lezama invalida totalmente esta pretensión. Conviene recordar que comenzó con un responsable que dimitió a los pocos días, continuó con otros dos señores que fueron despedidos dos años después, junto a la dimisión de su vicepresidente. Después negoció con José Mari Amorrortu, que rechazó su ofrecimiento, y finalizó su travesía del desierto con el nombramiento de dos personas entrañables que le han ofrecido con creces su agradecimiento, demostrando, cuando menos, una notable, sorprendente y decepcionante falta de ética. Hace cuatro años, Macua fusiló públicamente a Julen Guerrero por algo parecido. Una incoherencia más.

La inversión del Athletic en formación durante todo su mandato ha sido exactamente de cero euros. Los técnicos que han querido formarse en cualquier disciplina se lo han pagado de su bolsillo. Dime en qué te gastas la tela y te diré qué es importante para ti. Conclusión: la formación no es relevante y los técnicos, tampoco. La prueba del algodón del respeto que le merecen es que no ha tenido ningún reparo en mandarles a todos al paro por su caprichosa convocatoria electoral.

Respecto a la palabra de moda, la “gestión”, el Athletic ha estado históricamente presidido por personas sensatas, discretas y serias. Gentes de Bilbao, formales y con fundamento. Así como no se le puede acusar de mala gestión a Macua por vender a Aduriz y no cobrar, tampoco debería tirar las campanas al vuelo por su contrato de televisión. De hecho, hace cuatro años, su predecesor en el cargo ya consiguió duplicar también los ingresos en este apartado, sin tanto altavoz mediático. Sin conocer las cuentas al detalle, parece una gestión correcta. Sin alharacas. La candidatura de Urrutia está sobradamente capacitada para atender este apartado con el máximo de rigor y seriedad. Sin más. No hagamos algo extraordinario de lo que debiera ser normal.

Por último, quiero hacer alusión al estilo Athletic, algo que me enorgullece y me hace sentirme muy conectado a mi club. Nada mejor que lo sucedido durante estas elecciones para clarificar lo que representa este concepto. En mi opinión, el estilo Athletic es exactamente el comportamiento que ha definido a Urrutia durante estos 40 días. Admiro su humildad para anteponer los intereses del Club a los suyos propios, su templanza para soportar con elegancia las descalificaciones, provocaciones, medias verdades, infundios, manipulaciones y mentiras innobles que se han sucedido, así como la valentía y coherencia que ha demostrado para atreverse a ser quien realmente es. No tenemos muchos dirigentes así… y no solo en el fútbol. Personas con principios y firmes convicciones que no están dispuestas a ganar de cualquier manera. Que entiendan que, como en el campo, tampoco en la vida vale todo para alcanzar la victoria. Que respetan, de verdad, con acciones y hechos concretos, nuestros valores auténticos. Josu es honesto e íntegro y, además, lo parece. No viene a servirse, sino a servir al Athletic. Tenemos el privilegio de poder elegir un presidente así. Si realmente somos diferentes, no deberíamos dejar para pasar tan magnífica oportunidad para comenzar a creer y a crear un futuro posible a la altura de nuestra historia y tradición. Aupa Athletic!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA con fecha 7 de julio de 2011

Levante…el ánimo

7 mayo, 2011

Por fin acabó el rally de clásicos del siglo. Todo estaba dispuesto para presenciar el que se anunciaba como el mejor espectáculo del mundo pero, por momentos, ha resultado bochornoso y reconozco haber sentido un poco de vergüenza ajena en ocasiones. Ver y escuchar los gestos, actitudes y declaraciones de personas serenas, respetuosas y ejemplares en general como Casillas, Alonso, Arbeloa o el propio Karanka, acercándose peligrosamente a su lado más oscuro, para alinearse con el discurso más radical de Mou Vader, ha sido decepcionante, como también lo han sido algunas sobreactuaciones de jugadores del Barcelona.

En cualquier caso, ya tenemos final de Champions y será la reedición de la de hace dos años. Aquella tarde, Eto’o redondeó su gloriosa temporada anotando el primer gol del partido. A pesar de todo ello, el club (su entrenador, Guardiola) prescindió de sus servicios demostrando que no vale todo para ganar y que, aunque parezca increíble para algunos, hay cosas que están (o deberían) por encima del resultado. No valoro la calidad de aquella decisión, lo que admiro es la coherencia y el compromiso verdadero con una idea, con un propósito y con una visión que son los que definen a ese club, así como el coraje para llevarla a cabo. La búsqueda de la plenitud y la excelencia exige actuar/vivir/jugar conectado a los valores auténticos del deporte y de tu equipo. Se trata de un acto radical que requiere acción y toma de decisiones (¡Eto’o, fuera!).

Descubrir cuál es tu identidad, tu ADN, qué equipo quieres ser, cómo quieres comportarte, cómo quieres jugar, qué perfil de entrenador quieres, cuáles son los valores innegociables de tu equipo y de tu club, qué es realmente importante (además del resultado), qué emociona a tus seguidores, qué es lo que te conecta con tu gente, qué nos enorgullece y nos identifica, son elementos de reflexión imprescindibles que constituyen la brújula y el faro para orientar la travesía de cualquier proyecto deportivo.

En el lado opuesto, viviendo su particular calvario, se encuentra el Madrid. Vendió su alma al diablo a cambio de los títulos que no conseguirá este año. Contrató a un profesional arrogante con un currículo de ganador implacable, una persona capaz de hacer lo necesario para levantar copas y garantizar resultados. Necesitado de éxitos inmediatos, el Madrid eligió el camino de los atajos. No importaba el cómo ni a cambio de qué, lo único importante era ganar. El fin lo justificaba todo. Ahora bien, cuando haces una apuesta tan arriesgada y pierdes, no te queda nada, y te dejas enormes jirones de prestigio y credibilidad por el camino. Sin brújula, estás perdido y solamente dispones de un arsenal de excusas, justificaciones, contubernios, complots, persecuciones y demás paranoias propias de personajes populistas, soberbios y manipuladores que se buscan e inventan enemigos para no asumir ninguna responsabilidad en las derrotas

Son dos formas opuestas de afrontar el juego y la competición. Ambas buscan la victoria y la gloria. La primera requiere creer en algo que dé sentido al resultado. Para la segunda, el resultado es lo único en lo que merece la pena creer. La primera disfruta cada día, siendo la victoria la guinda del pastel. En la segunda, no hay pastel y pasas hambre, solamente te comes la guinda, y eso, cuando ganas. La primera inspira y compromete; la segunda obliga. En la primera estás deseando ver jugar a tu equipo, identificarte con él, sentirte parte del mismo. En la segunda, te basta con el teletexto para saber el resultado. Entre estos dos clubes históricos, se encuentra el tercero, el Athletic. A día de hoy, no tengo claro con cuál de estas dos tendencias nos alineamos; brújula y faro o ¡clasificación, amigo!

Hace cuatros años, semana arriba o abajo, se jugó en La Catedral el mismo partido de hoy. Fue dramático por la trascendencia y penoso por lo que le rodeó. Los que asistimos en directo cerramos los ojos y nos tapamos la nariz para poder sentirnos inocentes de lo que allí aconteció. Sin duda, un triste precedente. Afortunadamente, en este tiempo, la situación ha cambiado radicalmente. Aquel dudoso partido cerró un periodo negro que duraba ya unos años con el equipo al borde del precipicio y devorando entrenadores sin control. El Athletic pelea ahora por lo que históricamente le corresponde y el Levante, con muy poco, está completando una magnífica remontada tras acabar último la primera vuelta. Tendría que suceder un desastre para que el Athletic se quedase sin guinda, lo que, con el hambre que estamos pasando últimamente, sería imperdonable.

Percibo que los futbolistas están en la reserva y deseando que acabe el año. Les noto, además, desanimados (¿o seré yo?), sin chispa, sin alegría, juegan como si estuvieran aburridos. Pareciera como si jugar al fútbol cada partido fuera ya un sufrimiento. ¡Qué lástima! A veces, tengo la sensación de que en lugar de a jugar, fueran a la oficina, a fichar y a completar un trabajo rutinario y monótono que no les aportara nada más que dinero. Quizá están afectados por la astenia primaveral, lo que daría sentido a esta tristeza fatigosa e inexplicable. A falta de otras ilusiones futbolísticas, puede que con un poquito de gingseng y guaraná aguantemos todos hasta el final…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 7 de mayo de 2011

Lideras o entrenas

22 abril, 2011

El míster del Athletic, Joaquín Caparrós, parece enfadado. Es lo que percibo escuchando sus ruedas de prensa. Sus respuestas son agresivas, cortantes y hasta maleducadas en ocasiones. Su lenguaje no verbal refleja tensión, irritabilidad e incomodidad. Interrumpe las preguntas de los periodistas cuando no le gustan, no mira a nadie cuando habla, cabecea, se gira, deja muchas respuestas incompletas y aparece inquieto y nervioso, mostrándose especialmente arisco cuando le preguntan sobre fútbol, algo que me llama poderosamente la atención.

No sé a ustedes pero a mí me encanta hablar de lo que me apasiona, de los proyectos en los que me involucro o de las ideas en las que creo. Cuando se me da la oportunidad, aprovecho para declararlas, compartirlas y expresarlas. Me encanta y agradezco que alguien esté dispuesto a escuchar lo que quiero decir. Cuanto más hablo de ello, más real se vuelve, más detalles le pongo y más posible me parece.

Para un entrenador, debiera ser un privilegio disponer del altavoz mediático para trasladar su idea del fútbol, compartir su propósito o difundir su visión del equipo, pudiendo extenderla y enriquecerla, consiguiendo adeptos y apoyos para hacerla cada día más grande y más visible. Claro que, para poder hacerlo, hay que creer realmente que en el fútbol puede haber algo más en juego que los tres puntos. Algo relacionado con el disfrute y la emoción, también durante el proceso y no solo dependiente del resultado.

Quizá me equivoco y no está enfadado, sino tan solo preocupado porque ya están ahí los exámenes finales y sabe, aunque no lo diga, que el equipo no está jugando bien. Quizá está cansado de que no se le reconozcan suficientemente sus méritos. Puede que esté molesto porque la gente ponga el foco en cuestiones menores como la escasa calidad del juego, en lugar de fijarse en lo único importante: ¡vamos quintos! En definitiva, igual se siente frustrado porque no todos compartan su teoría de que el fin justifica los medios. Lo cierto es que no es fácil ser entrenador en la actualidad.

Yo trabajo cada semana con entrenadores. Aprendo mucho de ellos. Entiendo cómo se sienten, qué piensan y cuáles son sus mayores miedos. Conozco sus dificultades, la complejidad de su tarea y soy muy consciente del desafío que supone hacer frente diariamente a su responsabilidad bajo la espada de Damocles de los resultados. Ellos saben que ya no basta con el ordeno y mando para conseguir resultados. Saben que ya no es suficiente con utilizar el poder que te confiere el cargo para conseguir el máximo rendimiento de jugadores y equipos. Ya no funciona así. Quizá, en el mejor de los casos, alcanza para obtener la obediencia de tus jugadores, pero ni de lejos llega para conseguir su compromiso. El compromiso es una decisión personal de cada jugador. Es un regalo que te hacen porque te lo has ganado. El regalo es creer y confiar en ti y seguirte hasta el infinito y más allá. El compromiso de todos tus jugadores es imprescindible para alcanzar resultados extraordinarios.

Para conseguirlo, el entrenador debe estar dispuesto a arriesgar, a mostrarse abierto, disponible y vulnerable. A dejar su discurso racional a un lado y a conectar con fuerza con sus jugadores. Se trata de una conexión emocional. El reto está en tener la capacidad de manejar grupos, emociones y estados de ánimo. En liderar personas, no solamente en entrenar futbolistas. No es fácil esto. Hace falta un gran nivel de autoconocimiento, de seguridad y de confianza para actuar de esta manera. Necesitan aprender y desarrollar nuevas habilidades y competencias que exceden en mucho a los conocimientos técnico/táctico/físicos. De hecho, supongo que por eso hay tantos entrenadores y tan pocos líderes.

La semana pasada tuve el privilegio de compartir 90 minutos de conversación mano a mano con Valero Rivera, durante 20 años entrenador del equipo de balonmano del Barcelona y con más títulos que Mourinho. En la actualidad, Valero es seleccionador español de balonmano. Debatimos sobrela figura delentrenador y la importancia de su liderazgo, algo clave en su opinión. Al finalizar, le pedí si podía resumirme en una sola frase, en base a su amplia y exitosa experiencia, lo que para él significa liderazgo en un entrenador. Lo pensó un poco y respondió; “capacidad de influencia positiva y coherencia. No mentir nunca”. La verdad es que, dicho así, parece sencillo. Si tu equipo ha jugado horrible, aunque haya ganado, tan solo debes reconocerlo, aceptarlo y seguir hacia delante. Quizá mañana, contra los vecinos, igual hay suertecilla y la cosa sale mejor. Y no te enfades. ¡Que vamos quintos!

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 22 de abril de 2011

Mou Vader

9 abril, 2011

Hoy llega el Madrid a Bilbao para disputar uno de los tres clásicos de la Liga. Duelo importante para el Athletic, no tanto para los blancos, que ya entregaron la cuchara de la Liga el pasado domingo perdiendo en casa contra los de Manolo Preciado (¡qué grande es el fútbol!). No conozco a Mourinho, pero el personaje que interpreta públicamente me recuerda al protagonista de una mítica película que da título al artículo.

Hace mucho tiempo, en una galaxia futbolística no muy lejana, un grupo de románticos caballeros Jedi comenzó a desarrollar en su planeta un estilo futbolístico basado en el buen trato del balón, en el juego armonioso y en una vocación ofensiva sin límites. Con el tiempo, la influencia y la visión del gran maestro Jedi, Yodan Cruyff, y otros que trabajaron bajo su tutela, esta reconocible y admirable forma de entender el juego comenzó a consolidarse, obteniendo victorias y éxitos en todas las competiciones, locales e interplanetarias.

El estilo Jedi no se limita tan solo al ámbito futbolístico, sino que se rige también por unos códigos de conducta basados en la humildad, el respeto a las normas y a los contrarios, la búsqueda de la excelencia, una identidad reconocible y unos valores innegociables, tanto dentro como fuera del césped, lo que hace aún más atractiva la propuesta futbolística de los rebeldes catalanes.

Frente a ellos, el imperio galáctico del antiguamente conocido como Senador Florentine, que tras diversas y cuestionadas operaciones político-económicas sobrevino en el Emperador Florentine, un “ser superior” a juicio de sus acólitos. A base de talonario y enormes desembolsos, el Emperador consiguió atraer hacia su nuevo imperio a destacados miembros de la Orden del Balón de Oro, autoproclamados galácticos, llamados para intentar arrasar en todas las competiciones; lo consiguió a medias durante un tiempo, el que necesitaron los Jedi para terminar de elaborar su proyecto y comenzar a discutir la hegemonía del imperio blanco.

En aquel tiempo, en el planeta rebelde, se había formado también un joven aprendiz de Jedi que, a decir del Consejo de Sabios, poseía en su interior la mayor expresión de la Fuerza vista hasta entonces (además de hablar varios idiomas galácticos). La Fuerza es lo que da sentido al universo Jedi, un talento natural que, si sucumbe a las tentaciones más terrenales y no es capaz de controlar instintos como la ira, la soberbia, el egoísmo, la arrogancia o la falta de respeto, puede convertir al potencial caballero Jedi en un caballero Sith, defensor del lado oscuro. Así fue como Mourinho, prometedor Jedi, se convirtió finalmente en Mou Vader, implacable brazo ejecutor del Emperador Florentine.

Mourinho se enfrentó constantemente a sus maestros porque consideraba que estaba preparado de sobra para afrontar misiones más importantes, mientras que los sabios Jedi querían formarle poco a poco ya que anticipaban el peligro del lado oscuro que rondaba sobre el orgulloso aprendiz. Su salida del Barcelona sin haber tenido oportunidad de demostrar su capacidad e indudable talento, provocó su resentimiento hacia el Club blaugrana y su filosofía, empujándole a liderar un estilo totalmente opuesto, tanto en lo futbolístico como en lo personal que, finalmente, le arrastró al lado oscuro de la Fuerza.

Mientras tanto, cegado por su obsesión de acabar con la rebelión protagonizada por los amantes del buen fútbol y las formas exquisitas, quienes habían encontrado en su nuevo líder, el maestro Obi Pep Kenobi, y en su discípulo más aventajado, Leo Skywalker, los pilares sobre los que acumular todo tipo de éxitos y reconocimientos interplanetarios, Florentine vendió su alma a Mou Vader, doblegando todo su Imperio a los caprichos del caballero del lado oscuro. La factura a pagar todavía se desconoce. De momento, sufren recibimientos hostiles en la mayoría de los estadios que visitan, reconocen ya haber perdido la Liga y llevan en el zurrón un 5-0 que escuece lo suyo.

Creo que, en el fondo de su alma, lo que realmente desea y envidia Mou Vader es ser como Obi Pep Kenobi. Volver al camino Jedi. De hecho, en esencia, debe serlo, porque el vínculo casi sanguíneo, la admiración, los resultados, el rendimiento y la adhesión inquebrantable que consigue de sus jugadores son imposibles de alcanzar sin ser un Líder realmente auténtico.

Quizá algún día Mou Vader, como en la peli, consiga salir del lado oscuro de la Fuerza, quitándose esa amenazante máscara que le protege, y pueda convertirse por fin en un maestro y caballero Jedi. Que la Fuerza nos acompañe a todos esta tarde, sobre todo al Athletic.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 9 de abril de 2011

Todos para uno

2 marzo, 2011

Desde el partido contra el Atlético Madrid en el Calderón echo de menos mayor contundencia en determinadas declaraciones de los portavoces del Athletic. Ese domingo fue de nuevo bochornoso el trato que recibió uno de nuestros capitanes. Ya es suficientemente doloroso que los árbitros se laven las manos ante los graves insultos y descalificaciones que sufre Gurpegi, como para que nadie saliera ante los medios de comunicación denunciando con dureza estos graves y reiterados comportamientos.

Varios de sus compañeros y su entrenador comparecieron en diferentes televisiones y radios del foro tras acabar el partido y a ninguno escuché lamentar alto y claro tan inaceptable conducta. Como si estuvieran más preocupados por no incomodar a los medios capitalinos que por defender al navarro.

La semana pasada se emitió desde Bilbao el programa nocturno que lideró en su momento la caza y captura de Gurpe. Acudieron al confesionario el presidente, el entrenador y varios futbolistas. No sé lo que pensará el afectado sobre esta cuestión pero, en mi opinión, desperdiciaron una excelente oportunidad para hacerle sentir su apoyo incondicional, solidarizarse con él y rechazar públicamente el trato incalificable que sufre como resultado de la durísima campaña de acoso y derribo que afectó tan gravemente a la carrera de un futbolista ejemplar.

Su trayectoria profesional le avala, pero no hubiera estado de más aprovechar el momento para reivindicarla ante quienes se cebaron en su persona de manera tan injusta y desproporcionada. En ocasiones, me irrita la docilidad que demuestra este club y la poca capacidad y contundencia que tenemos para defender lo nuestro y a los nuestros.

El domingo, David Navarro agredió a Fernando Llorente después de haberlo hecho antes con Javi Martínez. En ambos casos, por detrás. No es la primera vez que actúa así, ni será la última. Siendo esto en sí mismo sancionable, haciendo un gran esfuerzo, pudiera hasta considerarse como un lance del juego y valorarse como tarjeta roja sin más. Podría pasar también que el árbitro no lo apreciase así en el campo y sería incluso razonable por tanto que el entrenador del Athletic se mordiese la lengua (como hizo) y aguantase el tirón declarando que si no la ha visto, ya no hay nada que hacer y toca pasar página. Hasta ahí de acuerdo.

Lo que sí es denunciable y hay que hacerlo públicamente, porque nos afecta a todos, es el sainete posterior. Que el desvergonzado agresor simule y se haga pasar por agredido, que el médico le tome hasta la tensión, que salga del campo en camilla y que vuelva al terreno de juego para amedrentar a Llorente durante toda la segunda parte es una farsa injustificable. Eso sí requiere una denuncia pública.

No se puede seguir diciendo que eso forma parte del juego y que el fútbol es para listos. Eso son trampas y engaños que no pertenecen a la esencia del deporte. Esto es San Mamés y eso no es admisible. Me molesta que no se defienda con claridad y contundencia lo que es importante para nosotros: el respeto a los auténticos valores del juego.

Lo que pasa en el campo se queda en el campo es una frase mentirosa, difundida por los tramposos para justificar provocaciones, agresiones, engaños y demás actitudes que no son aceptables entre deportistas. Es potestad y responsabilidad de quienes no actúan así denunciar con rotundidad y valentía estos comportamientos; no al árbitro por no verlo, sino al tramposo. Exactamente, lo que ha hecho Fernando Llorente.

Hoy, de nuevo en tierra hostil, contra un equipo en graves dificultades de todo tipo y tras tres derrotas consecutivas, el Athletic deberá ser más equipo que nunca y hacer buena la frase de todos para uno….

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 2 de marzo de 2011

Huevos con beicon

5 febrero, 2011

Esta semana, en la jornada sobre Liderazgo emocional que dentro del Programa Superior de Coaching Deportivo se está desarrollando en el CPT de Fadura, los participantes, en su mayoría entrenadores de fútbol, sacaron a la palestra el nombre de Manolo Preciado, entrenador del Sporting, como persona de referencia en esta materia.

Profundizando en el asunto, concluían que conseguir el compromiso auténtico de los jugadores es el reto fundamental al que se enfrenta un líder de grupos. Entendían que obedecer al entrenador es una obligación, pero comprometerse es una decisión personal de cada futbolista. Ejerciendo el poder que te confiere el cargo quizá obtengas la obediencia, pero solamente siendo un líder auténtico puedes alcanzar el compromiso de los demás.

Utilizamos el ejemplo de los huevos con beicon para ilustrar la diferencia entre obligación y compromiso. Para cocinar este plato, ¿quién está más comprometido, el cerdo o la gallina? La gallina pone los huevos, hace lo que debe y cumple correctamente con su tarea. La gallina está implicada. El cerdo, por otra parte, va más allá de lo exigible y se deja la vida en el empeño. El cerdo está realmente comprometido.

Conseguir el compromiso auténtico de sus jugadores no es sencillo para un entrenador. Requiere un gran esfuerzo, dar mucho, exponerse y arriesgar. Entregarse de verdad y ofrecer lo mejor que tienes para ponerlo a su servicio. Exige cambiar de perspectiva y preguntarse qué necesita este jugador de mí para sacar lo mejor que tiene, o cómo puedo ayudarle para que sea el jugador que realmente podría ser.

Un entrenador-líder enfoca la atención no solamente en la tarea, en el objetivo, sino también en cuidar y fortalecer las relaciones. Implica ayudar a crecer individual y colectivamente a cada uno de tus jugadores, a los que juegan mucho y a los que no lo hacen tanto. Quizá liderar un equipo de fútbol signifique en realidad servir a las personas sobre las que tienes responsabilidad. Estar a su disposición para identificar y satisfacer sus legítimas necesidades (que no sus deseos), de manera que estén en la mejor condición para alcanzar su máximo rendimiento. Es exactamente lo contrario de utilizar a los jugadores y servirte de ellos para conseguir tus objetivos. De momento, en el fútbol, hay más de esto que de lo otro.

Conozco, desde hace mucho, a Manolo Preciado. Ya fue una referencia en la conquista de derechos laborales para los futbolistas cuando los tiempos eran realmente muy duros. Los que, como él, daban la cara en aquel momento, ponían en juego sus contratos y sus carreras. Asumían grandes riesgos por los demás y se la jugaban por todos. Una vez más, compromiso auténtico.

Desde la distancia, le he visto afrontar situaciones verdaderamente límite, ante las que un cese sería un juego de niños. Le admiro mucho como entrenador pero, sobre todo, me descubro ante él como persona. La vida le ha golpeado con dureza y se ha repuesto una y otra vez con una entereza y valentía incomparables. Sin rencor ni resentimiento, al contrario, disfrutando de la vida y del fútbol, si cabe, más intensamente.

Trabajador, sensible, cercano, íntegro, humilde, valiente y alegre son algunos valores que definen una personalidad arrebatadora. Manolo es el auténtico cerdo (con perdón) de la metáfora. Se deja la vida por sus jugadores y, cómo no, sus jugadores por él. Su liderazgo deja huella en las personas. No hay más que ver cómo celebraron todos juntos el empate en el descuento, hace tres semanas, ante el Racing en El Sardinero, para comprobar que no debe tener gallinas en su vestuario.

El poder de un entrenador viene de serie, es jerárquico y está incluido en el cargo, pero que seas identificado como líder lo deciden tus jugadores. No se puede imponer. Son ellos quienes te perciben, o no, como tal. Quienes deciden seguirte, creer en ti, confiar y comprometerse contigo… o tan solo obedecerte hasta que llegue el siguiente. Liderar o entrenar…. esa es la cuestión.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de febrero de 2011

Esencia

8 enero, 2011

Estaba nervioso. Llevaba algunas semanas jugando mal y las críticas comenzaban a arreciar. Era de noche, jugábamos contra el Málaga en La Rosaleda y quedaban pocos minutos para comenzar el partido. Intuía que quizá era mi última oportunidad para mantenerme como titular. El equipo andaluz tenía un delantero centro argentino goleador y muy agresivo (violento en ocasiones) que se encontraba en un gran estado de forma. Él era mi pareja de baile para esa noche y el duelo no pintaba bien para mí.

El partido comenzó con fuerza y mucho contacto, hasta que en una disputa aérea por un balón, Mario Armando Husillos (que así se llamaba el artista) me golpeó intencionadamente con el codo en la cara. No llevábamos ni 10 minutos cuando el moco rojo comenzó a manar a borbotones por mi nariz. Retirado en la banda, con bastantes problemas para respirar y atendido por el médico, veía a mi entrenador gesticulando para hacer ya el cambio.

En ese momento, cuando ya estaba asimilando una derrota digna (pérdida de titularidad por lesión), algo en lo más profundo de mí se rebeló exigiéndome que volviera al campo. No sé cuál fue el motivo, pero le dije al médico que me colocara como pudiera la nariz porque volvía a jugar de inmediato. A partir de ese momento, todo mi ser estaba centrado en el balón, en los rivales y en mis compañeros. Estaba 100% conectado al juego. Totalmente concentrado. Nada me distraía. Ni árbitros, ni protestas, ni trampas, ni negras profecías y pensamientos inútiles en mi cabeza. Silencio interior. Solamente quería ganar el partido y ganarle a él. Era capaz de anticipar las jugadas y los pases con medio segundo de antelación. Ganaba en todas las disputas, en las entradas y en cada acción. Estaba pletórico.

Ganamos, y a Husillos lo sustituyeron en la segunda parte por su nula aportación al equipo. Cuando entré en la caseta al finalizar el partido, todo eran felicitaciones, pero yo tenía una sensación muy especial. No era solamente satisfacción por el trabajo bien hecho o alegría por una victoria importante. Tampoco se trataba de tener la conciencia tranquila, de haber salvado un match ball o haber respondido a la confianza del entrenador. Ni siquiera el hecho de haberme asegurado el puesto para las próximas jornadas era lo más relevante. Había algo distinto, más profundo y más íntimo. Era como si, en ese partido, hubiese conectado con algo muy importante de mí que estaba escondido o, por lo menos, de lo que yo no había tenido consciencia hasta entonces.

Durante bastantes semanas, esa sensación me acompañaba todo el tiempo y me mantenía alegre, confiado y seguro, no solo en los entrenamientos y partidos, sino en los demás aspectos de mi vida personal. Sabía que todo estaba relacionado con ese partido, pero no sabía por qué. Lamentablemente, hasta mucho tiempo después (años) no fui capaz de descubrir lo que había pasado en La Rosaleda. Aquel día, jugando al fútbol, conseguí conectar y vivir intensamente algunos de mis valores auténticos. Conecté con mi yo verdadero, con mi esencia y con la esencia del juego. Con mi yo más profundo. Aquella noche, sin saberlo, alcancé un momento de plenitud absoluta.

La esencia del juego no tiene nombre, no se puede definir, tan solo podemos intentar poner algunas palabras que identifiquen las emociones que un deportista siente cuando está enchufado, en estado de gracia, cuando fluye… En definitiva, cuando está totalmente conectado al juego. La grandeza del fútbol es tal que permite a cada jugador (y entrenador) conectar con la esencia del juego viviendo sus valores más auténticos.

En la esencia del juego hay esfuerzo y sacrificio, pero también hay arte y espectáculo. Hay reto y desafío, pero también hay respeto por las reglas y por los contrarios. Hay generosidad, pero también hay deseo de ganar, victoria y gloria para el vencedor. El riesgo también es un valor en el juego, así como la diversión. Hay armonía y valentía. Hay compromiso y solidaridad. Seguridad, confianza, honestidad, creatividad… Todos los valores auténticos tienen cabida en el deporte. De hecho, el deporte en general, y el fútbol en particular, constituyen un espacio privilegiado de la vida en el que una persona tiene la oportunidad de vivir de forma más intensa sus valores esenciales… y también un lugar excelente para descubrirlos.

Solo llegarás rápido, en compañía llegarás lejos“. Sería fantástico que todo jugador o deportista tuviera alguien cerca (entrenador, manager, agente, padre…) con las habilidades necesarias para acompañarle en este proceso de descubrimiento de sus valores auténticos. No para decirle cómo debería ser, qué tiene que hacer o a quién debería parecerse, sino para ayudarle a profundizar en su autoconocimiento, a tomar consciencia de qué piensa, qué siente y cómo se comporta, como elementos previos para poder cambiar, transformarse y crecer hacia el jugador y la persona que realmente quiera llegar a ser.

Contra el Barcelona, pudimos comprobar qué gran recorrido podría tener este Athletic si fuera consciente de que cuando juega tan intensamente conectado a sus valores auténticos, a los que realmente definen la Identidad de sus jugadores, del Club y de su gente, puede competir hasta con el mejor equipo del mundo. Cuando se comporta así, es capaz de alcanzar la Plenitud a través del juego y compartir una experiencia memorable con todos los feligreses que acudimos a la Catedral. Tras caer con orgullo y dignidad en la Copa, ese podría ser su gran aprendizaje y La Rosaleda, sin tanta adrenalina ni emoción desatada, el primer examen para poner en práctica lo aprendido.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 8 de enero 2011