Archive for the ‘Generosidad’ Category

Mucho ruido y pocas nueces

31 agosto, 2011

Es obvio que el verdadero problema del enfermo sigue sin resolverse. De momento, futbolistas y patronal han decidido ponerle una tirita para parar la hemorragia. Pero el fútbol estatal sigue muy grave y la AFE ha desperdiciado su última bala. La próxima convocatoria de huelga que proponga el mediático Rubiales (sería la sexta en año y medio) tendría peor acogida y menor respaldo, tanto fuera como dentro de su colectivo.

Tampoco se sabe cómo se pagará la deuda pendiente con los jugadores: al principio eran 52 millones de euros, luego 35 y, finalmente, ni se ponen de acuerdo en la cantidad. Sorprendentemente, no hay información sobre los términos del acuerdo, pero entiendo que los clubes no pondrán ni un euro más de la propuesta inicial que plantearon a la AFE (10 millones de euros anuales de fondo concursal). Creo que no lo harán porque no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los bancos ya ni les abren la puerta).

Además, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando incluso gravemente la competición. El caso del Athletic con la venta de Aritz Aduriz es significativo por sangrante. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaino en beneficio de su nuevo club. El Mallorca vende al Valencia al jugador y se queda con la tela. Y, por último, el Athletic tuvo que pagar a escote la deuda del club balear con sus futbolistas, entre ellos con Aduriz. Un ejemplo claro del esperpento en el que se mueve la mejor Liga del mundo.

Dicen que el Senado aprobará en septiembre una modificación de la ley concursal, en su aplicación al ámbito deportivo, que descenderá al club moroso aunque inste el concurso. No lo veo yo tan claro. La propia naturaleza del concurso defiende la viabilidad de la empresa (el club) manteniendo su actividad con el aplazamiento y la renegociación de las deudas (quita y espera). Si desciende por no pagar estando en concurso, esta ley no tendría sentido ya que los clubes perderían sus ingresos y deberían ir directamente a liquidación. Otra tirita.

La cirugía profunda y definitiva sería la entrada en vigor inmediata del fair play financiero en los clubes (equilibrio presupuestario), una medida que comenzará a aplicar la UEFA a partir del año próximo y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años. La aplicación incluye sanciones deportivas y económicas ejemplares a los clubes incumplidores.

En esta Liga de siesta y pandereta, donde al tramposo se le reconoce como virtuoso, a ver quién es el cirujano que se atreve con tan delicada operación. Entiendo que la LFP obligará a la AFE a hacer un frente común para sacarle pasta a papá Estado. Por una parte, exigiendo mayor participación en el reparto de la recaudación de las quinielas. En lugar de destinar una parte del dinero a mejorar instalaciones, se lo daremos a los clubes para que lo vuelvan a despilfarrar (pagamos todos). La segunda, presionando al Gobierno para que elimine la ley de interés general que obliga a emitir un partido en abierto.

Así, quien quiera ver fútbol, a pasar por caja (volvemos a pagar). Lo dicho, tengo la impresión de que esta farra que se han corrido entre la AFE y la LFP nos va a salir una pasta a todos. A la AFE no le queda más remedio que plegarse a las exigencias de la LFP porque ha perdido algo que ha sido santo y seña del sindicato desde su fundación: su independencia.

Ahora es la patronal de clubes la que, a través del Fondo Estructural incluido en el Convenio, paga una cantidad anual a la asociación para afrontar sus gastos, que han crecido en 2,4 millones de euros desde que la nueva Junta Directiva, presidida por Rubiales, decidió, vulnerando los estatutos de la asociación, adjudicarse un sueldo para él y para todos sus integrantes. Ya se sabe: quien paga, manda. Paga la LFP, mandan los clubes.

Visto lo que está pasando y lo que viene, al colectivo de futbolistas se le presenta una excelente oportunidad para dar un gran paso adelante. La creación de un Fondo Solidario para hacer frente a posibles impagos sería una respuesta realmente comprometida para unir, reforzar y cohesionar un colectivo con diferencias siderales entre unos pocos y la gran mayoría. Los que no tienen problemas necesitan de los demás para poder seguir jugando y cobrando.

Crear un Fondo con el 0,7 por ciento de los contratos de cada futbolista y el 0,7 por ciento de cada traspaso supondría acumular casi 10 millones de euros al año para atender a las reclamaciones pendientes de los colegas perjudicados, así como para invertir en los procesos de formación continua y reinserción de los jugadores tras su retirada (la primera plantilla del FC Barcelona ya destina un 0,5 por ciento de sus contratos para la asociación de exjugadores blaugranas).

Tampoco es la solución definitiva, pero sí sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario, egoísta y poco sensible hacia la realidad ajena al fútbol. Con la que está cayendo, es un buen momento para comenzar el aterrizaje.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico Deia de fecha 28 de agosto de 2011

0,7 solidario (y II)

23 agosto, 2011

Desde la perspectiva de haber participado directamente en la mesa de negociación de los tres últimos convenios colectivos AFE/LFP, me aventuro a dar una opinión sobre el posible final del conflicto.

Dos son las razones por las que considero que los clubes van a moverse muy poco de su propuesta inicial (10 MM euros anuales para el fondo concursal) que han ofrecido a la AFE. La primera es que no tienen un duro en su gran mayoría (en caso contrario, no estarían en concurso) ni nadie a quien pedirlo (los Bancos ya ni les abren la puerta) y la segunda es que, quienes gestionan adecuadamente no están dispuestos a seguir financiando los desmanes de aquellos clubes irresponsables que han generado esta situación, adulterando además gravemente la competición

El caso del Athletic con la venta de Aduriz es significativo. Lo traspasa al Mallorca y no cobra porque el club bermellón insta el concurso voluntario. Mientras tanto,, Aduriz marca goles contra el Athletic que le quitan plaza europea al equipo bilbaíno en beneficio de su nuevo club y por último, el Mallorca vende a un tercero al jugador cobrando una cantidad mayor que la que había ‘pagado’ al Athletic. Un ejemplo claro, dentro de los muchos que se están sucediendo, del nefasto impacto que está teniendo la ley concursal aplicada al fútbol.

Para desbloquear el conflicto se trabaja contrarreloj en dos direcciones. Por una parte, resolver la cuestión estructural referente a la lamentable gestión de las sociedades anónimas deportivas. La reforma de la ley concursal que posiblemente será aprobada en el senado el mes que viene, reconducirá la situación  al escenario anterior que ya había demostrado sobradamente su probada eficacia (si no pagas, desciendes). Además, la aplicación del ‘fair play’ financiero de los clubes (control presupuestario para gastar menos de lo ingresado), una medida que ya aplica con éxito la UEFA y que fue propuesta por la AFE hace ya 6 años, serán los dos pilares que comenzarán a poner un poco de cordura en semejante desatino.

Pero aún así, quedará sin resolver el problema de los 50 MM de euros que se adeuda a 200 futbolistas. Esa es la verdadera patata caliente de la negociación.  Esa y que el presidente del sindicato pretende que la Liga le subvencione los gastos de la asociación (otros 10 MM de euros cada 4 años). Vamos, que les pague el sueldo a él y a todos sus directivos.

Mi propuesta es que sean los propios futbolistas quienes tomen las riendas de esta cuestión y resuelvan la situación. Se trataría de una medida excepcional que afectaría únicamente a la vigencia de este Convenio, pero la situación creada también lo es.

La creación de un ‘Fondo Solidario’ entre los propios futbolistas sería una respuesta realmente comprometida, mucho más que sacarse una foto para la convocatoria de huelga. Los que no tienen problemas y cobran al día necesitan de los demás para poder seguir jugando y seguir cobrando. Crear un Fondo con el 0.7% de los contratos de cada futbolista y con el 0.7 del  importe de cada traspaso, más los 10 MM que pone la Liga como fondo concursal, supondría acumular en 4 años una cantidad cercana a los 50 MM de euros para atender a las reclamaciones pendientes de todos los colegas perjudicados.

De hecho, no sería una medida tan excepcional. Cada integrante de la primera plantilla del FC Barcelona ya cede el 0.5% de su contrato a la asociación de ex jugadores blaugrana que trabaja para ayudar a los ex futbolistas más desfavorecidos. Este ‘Fondo Solidario’ no sería por tanto una novedad, pero sí que sería una magnífica y ejemplar medida de un colectivo acusado siempre de insolidario y egoísta. Haría falta un Liderazgo potente y auténtico en la AFE para atreverse a plantear una propuesta de este tipo. Rubiales, sólo para tus ojos…

Imanol Ibarrondo

Ari, ari, ari….

10 mayo, 2011

Ha necesitado mucho menos de los 100 partidos que ya adornan su palmarés para hacerse imprescindible. Atrás quedaron las bromitas con su pelo, con su forma desgarbada de correr o con el número de su camiseta, impropio de un delantero. Ya nadie duda del gran valor de su aportación al equipo y no se discute su presencia permanente en el once. Ha obtenido la admiración de todos, el reconocimiento sincero de los profesionales del fútbol y, por supuesto, el cariño incondicional de la afición del Athletic.

Toquero conecta como nadie con la grada y lo hace siendo honesto, generoso, valiente, humilde, solidario, noble y agresivo. Dice que le sale de dentro dejarse la piel, presionar y sacrificarse por el equipo. Se permite jugar totalmente conectado con su naturaleza, con su esencia y sus valores auténticos, con lo que para él es importante. Eso le facilita estar siempre concentrado, enchufado y metido en el juego. Esa plenitud que demuestra en el verde, tiene además beneficiosos efectos secundarios. La enorme cantidad de energía y vitalidad que desprende en cada partido es contagiosa, para sus compañeros y para la grada. Semejante despliegue de coraje, voluntad y determinación tiene premio; San Mames le adora.

Sus desmarques de treinta metros a la máxima velocidad sobre la espalda del lateral izquierdo contrario se han convertido en marca de la casa, así como su capacidad y talento para presionar sin descanso a toda la línea defensiva contraria, si fuera necesario. También disfrutamos de los excelentes centros que saca en carrera con ambas piernas y de su impecable juego aéreo, ganador en el noventa por ciento de los balones que disputa, así como de su evidente progresión en el remate. Pero, posiblemente, lo que más conecta con los aficionados es su fe. Toquero cree que es posible. Siempre. En caso contrario, no se entendería que persiga y alcance balones imposibles, que presione sin desmayo en clara desventaja hasta robar o cortar pases y que sea capaz de sacar algo de jugadas donde no hay nada. Él va. De hecho, como dijo un entrenador suyo, va muy rápido, muchas veces y a muchos sitios. Es posible que actúe con esta convicción porque sea muy consciente de que está viviendo su sueño. Él sabe que, cuando uno cree de verdad, la realidad es capaz de superar los mejores sueños. Está disfrutando su privilegio como nadie, porque le ha costado como a ninguno.

A la hora del reparto de medallas, aparte del protagonista, habría que hacer dos menciones. La primera para Caparrós. Hace falta tenerlo muy claro y ser valiente para fichar a un jugador de 2ªB y, tras cuatro meses en el Eibar, hacerle debutar de delantero en San Mamés. Acierto pleno del de Utrera. Desde luego, sus dos palabras favoritas, a saber, intensidad y competitivo, encajan a la perfección en el perfil de Toquero. La segunda, honorífica, para quien le puso en el escaparate. Apostar por un delantero que, en 34 partidos en el Lemona, metió solamente un gol, también tiene mérito. Creer en él, enseñarle a descubrir los secretos del juego, a entenderlo y hacerle tácticamente casi perfecto, no está al alcance de cualquiera. Curiosamente, este entrenador (Cárlos Pouso) hizo exactamente lo mismo con otro león que, antes de llegar al Sestao, daba tumbos por tercera; Koikili. No debe ser casualidad. Pouso, sin duda uno de los mejores entrenadores vizcaínos, está a punto de completar una hazaña en el Mirandés proclamándose campeón de 2ªB, por primera vez en su historia, con doce jugadores vascos en sus filas.

A día de hoy, la agresividad, el ritmo, la intensidad, la energía, el coraje y la determinación que imprime Toquero a cada una de sus acciones, no tiene parangón en el Athletic. Es un jugador diferente y único y, por lo tanto, un tesoro que hay que cuidar y apreciar. Ni más ni menos que el Lehendakari.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 10 de mayo de 2011

Marcando sombras

20 febrero, 2011

Guardo un recuerdo impactante del Camp Nou. Lo califico así porque me costó años quitármelo de encima. De hecho, todavía me asalta de vez en cuando. Era una noche de sábado, y durante toda la semana habíamos ensayado (nosotros, el Rayo Vallecano) la táctica del murciélago para enfrentarnos al Dream Team. Ya saben, es como la del autobús pero más cutre: todos colgados del larguero. Como pueden comprobar, no estaba el equipo con mucha confianza pero, en el último momento, el míster sufrió un ataque de valentía y decidió plantear cinco marcajes al hombre por todo el campo.

Me tocó uno de ellos y, como fue a sorteo, el destino quiso que Laudrup fuera mi pareja de baile para esa noche. Imagínense esta esperpéntica situación: el mago danés que baja a recibir hasta medio campo, Koeman se la da en cortito y me encuentro en el círculo central, frente a él, siendo el jugador más adelantado de mi equipo. Papelón. En ese momento, yo pensaba (porque jugar no, pero pensar, pensaba un rato largo): ¿Qué co… estoy haciendo aquí? En esas estaba cuando Laudrup se para con el balón frente a mí. No necesitaba ni siquiera hacer una finta, creo que tan solo movía los ojos hacia un lado o una ceja hacia arriba y yo ya perdía el equilibrio, mientras él salía como un dandy con la pelota controlada para otro lado.

Si hacen un pequeño esfuerzo, quizá puedan sentir la sensación de ridículo que me invadía en ese momento. Tras el tercer simulacro de marcaje, decidí esperarle en la frontal de mi área. Yo me justificaba diciendo: “Ya vendrás…”. En buena hora. Menos mal que él no era de meter muchos goles… tan solo los daba hechos. Para el minuto 28 ya perdíamos cinco a cero. Aquello se convirtió en una pesadilla. Parecíamos el ejército de Pancho Villa marcando fantasmas que aparecían por sorpresa y casi siempre a nuestra espalda. Decididamente, hacer la guerra por la cuenta de cada uno no parece una buena estrategia para puntuar en el feudo del equipo que mejor juega al fútbol del mundo.

Por descontado, el Athletic de hoy no es el Rayo Vallecano de entonces, y sus jugadores estarán sin duda mucho más despiertos de lo que estuvimos nosotros aquella noche. La concentración será necesaria para que no se les aparezcan los fantasmas de mi pesadilla, pero no será suficiente para afrontar con éxito su gran reto defensivo: el marcaje de sombras.

¡Qué difícil es para un defensa no tener un solo delantero a quien seguir! ¡Qué complicado es no tener una referencia, alguien a quien fijar! ¡Qué incómodo se hace que el delantero aparezca y desaparezca! ¡Tachaaan! Ahora estoy, ahora no estoy. ¿Cómo se marca a una sombra?

Requiere talento defensivo, inteligencia táctica, comunicación constante (hasta quedarte ronco si fuera necesario) y, sobre todo, ojos en tu espalda para vigilarlas. Serán los de tus compañeros, que deberán estar muy cerca de ti, más que nunca, olvidándose incluso del suyo y de su zona para apoyarte, hacerte coberturas y ofrecerte ayudas permanentes. En definitiva, organización, intensidad y toneladas de solidaridad. Estar más que nunca al servicio de tu compañero y de tu equipo. Un esfuerzo generoso y continuado. Ahí sí que somos buenos… quizá de los mejores.

Ser solidarios en defensa… y también en ataque. Llegar con valentía, soltarse con convicción, desengancharse del medio campo y aparecer en el área contraria cuando toque, para que el (los) delantero(s) también sientan que no están solos. En definitiva, más que nunca, Equipo.

Sé que tras dos empates consecutivos con el Barcelona, los optimistas pensarán que no hay dos sin tres para sacar un puntito del Camp Nou. Los ilusos, en cambio, preferimos otra frase para hoy: a la tercera va la vencida…

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 20 de febrero de 2011

Huevos con beicon

5 febrero, 2011

Esta semana, en la jornada sobre Liderazgo emocional que dentro del Programa Superior de Coaching Deportivo se está desarrollando en el CPT de Fadura, los participantes, en su mayoría entrenadores de fútbol, sacaron a la palestra el nombre de Manolo Preciado, entrenador del Sporting, como persona de referencia en esta materia.

Profundizando en el asunto, concluían que conseguir el compromiso auténtico de los jugadores es el reto fundamental al que se enfrenta un líder de grupos. Entendían que obedecer al entrenador es una obligación, pero comprometerse es una decisión personal de cada futbolista. Ejerciendo el poder que te confiere el cargo quizá obtengas la obediencia, pero solamente siendo un líder auténtico puedes alcanzar el compromiso de los demás.

Utilizamos el ejemplo de los huevos con beicon para ilustrar la diferencia entre obligación y compromiso. Para cocinar este plato, ¿quién está más comprometido, el cerdo o la gallina? La gallina pone los huevos, hace lo que debe y cumple correctamente con su tarea. La gallina está implicada. El cerdo, por otra parte, va más allá de lo exigible y se deja la vida en el empeño. El cerdo está realmente comprometido.

Conseguir el compromiso auténtico de sus jugadores no es sencillo para un entrenador. Requiere un gran esfuerzo, dar mucho, exponerse y arriesgar. Entregarse de verdad y ofrecer lo mejor que tienes para ponerlo a su servicio. Exige cambiar de perspectiva y preguntarse qué necesita este jugador de mí para sacar lo mejor que tiene, o cómo puedo ayudarle para que sea el jugador que realmente podría ser.

Un entrenador-líder enfoca la atención no solamente en la tarea, en el objetivo, sino también en cuidar y fortalecer las relaciones. Implica ayudar a crecer individual y colectivamente a cada uno de tus jugadores, a los que juegan mucho y a los que no lo hacen tanto. Quizá liderar un equipo de fútbol signifique en realidad servir a las personas sobre las que tienes responsabilidad. Estar a su disposición para identificar y satisfacer sus legítimas necesidades (que no sus deseos), de manera que estén en la mejor condición para alcanzar su máximo rendimiento. Es exactamente lo contrario de utilizar a los jugadores y servirte de ellos para conseguir tus objetivos. De momento, en el fútbol, hay más de esto que de lo otro.

Conozco, desde hace mucho, a Manolo Preciado. Ya fue una referencia en la conquista de derechos laborales para los futbolistas cuando los tiempos eran realmente muy duros. Los que, como él, daban la cara en aquel momento, ponían en juego sus contratos y sus carreras. Asumían grandes riesgos por los demás y se la jugaban por todos. Una vez más, compromiso auténtico.

Desde la distancia, le he visto afrontar situaciones verdaderamente límite, ante las que un cese sería un juego de niños. Le admiro mucho como entrenador pero, sobre todo, me descubro ante él como persona. La vida le ha golpeado con dureza y se ha repuesto una y otra vez con una entereza y valentía incomparables. Sin rencor ni resentimiento, al contrario, disfrutando de la vida y del fútbol, si cabe, más intensamente.

Trabajador, sensible, cercano, íntegro, humilde, valiente y alegre son algunos valores que definen una personalidad arrebatadora. Manolo es el auténtico cerdo (con perdón) de la metáfora. Se deja la vida por sus jugadores y, cómo no, sus jugadores por él. Su liderazgo deja huella en las personas. No hay más que ver cómo celebraron todos juntos el empate en el descuento, hace tres semanas, ante el Racing en El Sardinero, para comprobar que no debe tener gallinas en su vestuario.

El poder de un entrenador viene de serie, es jerárquico y está incluido en el cargo, pero que seas identificado como líder lo deciden tus jugadores. No se puede imponer. Son ellos quienes te perciben, o no, como tal. Quienes deciden seguirte, creer en ti, confiar y comprometerse contigo… o tan solo obedecerte hasta que llegue el siguiente. Liderar o entrenar…. esa es la cuestión.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 5 de febrero de 2011

Juego de engaño

18 diciembre, 2010

Podría ser también otra forma de definir el fútbol; un juego de engaño, que no de trampas. La diferencia es sencilla para quien la quiera entender. El engaño y la picardía forman parte de las reglas del juego. Las trampas, no. Dentro y fuera, como en Barrio Sésamo.

Amago que voy y me quedo, parece que freno y arranco por sorpresa, finto al segundo palo y rompo al primero, hago como apoyo y tiro un desmarque, simulo que voy a hacer una entrada pero aguanto, la estrategia, las faltas, los córners, las bicicletas, los amagos y las fintas… toda una amplia variedad de elementos que configuran el arte del engaño. Llevado al extremo, recuerdo a Laudrup dando pases de gol mirando hacia otro lado. Ale hop! Casi magia. Imprescindible engañar al contrario para jugar bien. Lo que se entiende menos es que te engañes a ti mismo.

No ser consciente de que sabes y puedes hacerlo mucho mejor y no confiar en tus verdaderas capacidades, es engañarse. Pensar que regalando habitualmente el balón al contrario estás más cerca de la victoria, es engañarse. Creer que el buen juego sale por casualidad, que no requiere grandes dosis de compromiso con una idea y coraje para llevarla adelante, también es engañarse. No ponerte retos que te ayuden a crecer y a mejorar por miedo a fracasar, es engañarse, porque el auténtico fracaso es no intentarlo siquiera.

El Athletic, como si convivieran en su interior el doctor Jekyll y míster Hyde, parece que sufre de un trastorno de personalidad que ha derivado en una irregularidad propia de quien no tiene muy claro a dónde va ni a qué juega. A veces, es como si no tuviera una Visión potente sobre qué equipo quiere ser, que haga de faro e ilumine el camino, ni tampoco un Propósito que cada domingo le impulse en esa dirección. Tan solo es necesario ver el partido completo contra el Espanyol para confirmar el diagnóstico de bipolaridad.

La remontada nos dejó indicios, ¡qué digo indicios!, pruebas y evidencias claras de que este equipo, jugando así, podría aspirar legítimamente a los retos que declara tener con la boca pequeña. Un equipo, intenso, con ritmo, valiente y, sobre todo, comprometido con el balón y con el juego. Con movilidad, participación y gran concentración de todos los jugadores, metidos y centrados en la tarea, sin tiempo para despistarse y cometer errores. Con esa determinación por ser protagonista, se podría afirmar alto y claro que queremos ser de los mejores y que estamos dispuestos a arriesgar para conseguirlo. El premio sería jugar en Europa, pero el éxito verdadero y sostenible sería transformarse en un gran equipo capaz de merecerlo.

Lo que me hace saltar los domingos del sofá para ir a San Mamés no es solamente la incertidumbre y la emoción del resultado, sino la esperanza de poder disfrutar de una experiencia intensa identificándome con un equipo que refleje en el césped lo mejor de nosotros, los valores auténticos que realmente nos fortalecen y nos unen a todos; nobleza, honestidad, generosidad, valentía, intensidad y fidelidad a un estilo que refleja lo que somos y con el que me siento íntimamente conectado. Y el Respeto. A sí mismos, a los contrarios, a las reglas y al propio juego como pilar básico de nuestro club. Lo que realmente deseo cada domingo es renovar y reforzar mi compromiso con lo que soy.

Cuando reconozco estos valores en el terreno de juego me siento bien, orgulloso, feliz, me da energía y me recuerda que yo también soy eso, que soy así, que esos valores también forman parte de mí y que, si quiero, al igual que lo hacen ellos en el campo, puedo elegir sacar lo mejor de mí cada día.

Creo que ya va siendo hora de entender que, cuando el Athletic juega conectado a la esencia de lo que realmente es, juega mejor y es mejor. Cuando lo hace así, se consuma el sacramento de la comunión en La Catedral. Todo lo demás es engañarse. Engañarnos.

Imanol Ibarrondo

Nota: post publicado como artículo en el periódico DEIA de fecha 18 de diciembre

Suplentes coyunturales

30 agosto, 2010

Trás la primera alineación presentada por Joaquín Caparrós en el estreno del Athletic en el Rico Pérez frente al Hércules, dos hombres veteranos en la plantilla rojiblanca, dos hombres con peso y palabra en el vestuario de Lezama, como son Pablo Orbaiz y Aitor Ocio apuntan a que tendrán que esperar su oportunidad para ocupar un puesto en el once titular. Ahí es nada.

Decía el nuevo capitán rojiblanco que, desde el banquillo, desea ayudar a sus compañeros, como durante todos estos años le ayudaron a él los que jugaban menos. Estupenda reflexión y punto de partida necesario para explicar el concepto de coopetitividad.

Se dice que la característica que mejor define a los equipos de alto rendimiento, sobre todo en el deporte, es que son muy competitivos. En mi opinión, es una afirmación incompleta. Creo que lo que realmente son es coopetitivos. Cooperar y competir son las dos caras de la misma moneda. Ambas son imprescindibles para que un equipo de fútbol logre su máximo potencial. La una sin la otra, no alcanza.

Al hilo de la reflexión de Pablo, son los jugadores que menos juegan los que marcan el carácter coopetitivo de un equipo. El suplente (parece que ahora no es políticamente correcto llamarlo así), en muchas ocasiones, no es consciente de que su actitud es la que determina el nivel de rendimiento del equipo a lo largo de una temporada.

El suplente estructural (casi nunca juega y hace poco por revertir su situación) es muy reconocible y puede actuar de muchas maneras. Puede dedicarse a mostrar su enfado, tanto en los entrenamientos, como en el vestuario o en declaraciones públicas, siendo capaz de estar triste y alicaído, con malas caras y peores gestos, durante todo el tiempo que haga falta. Puede provocar división en el vestuario sembrando dudas y críticas permanentemente y también puede querer llevar a su terreno a otros suplentes (quizá coyunturales) para reforzar su situación.

Entre otras habilidades, también es un experto en el arte de compadecerse y lamentarse continuamente. Asimismo, aprovecha cualquier ocasión para proclamar a los cuatro vientos la injusticia que se está cometiendo con él y también permite que su cabeza se inunde de excusas, justificaciones y pensamientos negativos e inútiles (el entrenador me tiene manía, soy muy malo, aquí no juego en la vida, la prensa va a por mí…) que le quitan energía e ilusión por mejorar. A veces, también puede dejarse utilizar por gente interesada en generar polémica en torno al equipo, al entrenador o al propio club. Y, por último, también suele bajar los brazos y entrenar a menor intensidad de la necesaria o puede, incluso, rendirse y tirar la toalla. En definitiva, le gusta hacerse la víctima. Una actitud bastante cómoda, pero no gratis.

Bajo esta perspectiva del victimismo, el suplente estructural encontrará muy buenas razones para actuar de cualquiera de las maneras mencionadas, pero se estará haciendo un flaco favor a sí mismo y, por supuesto, al equipo. El grado de cooperación con el grupo del suplente estructural es cero.

De ahí la importancia de tener suplentes como Pablo o Aitor. Tengo la convicción de que aceptarán su situación, pero de ninguna manera se resignarán a ella. Han dado sobradas muestras en su carrera para no dudar de sus deseos de jugar siempre. Son suplentes coyunturales. Un lujo para este equipo. Seguro que ninguna de las actitudes referidas anteriormente entra dentro de su código de conducta. Sin duda, harán todo lo contrario, cooperando al máximo con los que están jugando y ayudando a crear un clima de confianza, unidad y lealtad que favorezca y facilite el crecimiento y desarrollo de los más jóvenes y del equipo.

No se trata tanto de que sean buena gente (seguro que lo son), como de que sean conscientes de que, incluso en su propio beneficio, los intereses colectivos están por encima de los individuales. Siempre y cuando no te rindas, si al equipo le va bien, a ti te irá bien, juegues más o juegues menos.

Aitor y Pablo cooperarán sin duda con sus compañeros pero, por otra parte, competirán a cara de perro con ellos por un puesto, entrenando al máximo cada día. No van a regalar nada y se lo pondrán realmente difícil a los titulares, obligándoles a no conformarse y a dar cada vez un poco más.

Javi, Carlos y Ander parece que tendrán el privilegio de tener por detrás a dos auténticos jugadores coopetitivos. Esperemos que cunda el ejemplo porque, posiblemente, ése haya sido siempre el secreto del éxito del Athletic; cooperar y competir. Saber coopetir.

Imanol Ibarrondo

Nota: este post se ha publicado con el título “Coopetitivos” con fecha 30 de agosto en el periódico DEIA como artículo de colaboración

Hasta la Victoria Siempre

4 agosto, 2010

WoP en la cima del Tour

 Allí estaba yo, con unos amigos, en la ladera del mítico Tourmalet, en un día de perros, con lluvia, frío y niebla, pero esperando ilusionado como un crío la llegada de los valientes para afrontar los 12 últimos kilómetros de ascensión hasta la meta.

Tras el paso de un puñado de escapados, le tocó el turno al grupo de favoritos.

Pasaron en un visto y no visto los Contador, Schleck, Samuel, Menchov, Amstrong y demás ilustres, con sus rostros afilados y las piernas de alambre. Me llamó poderosamente la atención la cara de niño que tienen y lo increíblemente delgados que están. Va a ser cierto eso que dicen que la tele te echa 5 años y 5 kilos de más.

Tras ver desfilar a buena parte del pelotón, decidimos bajar rápido hasta la mitad del pueblo para ver las últimas rampas en unas pantallas gigantes instaladas en la calle. Quedaban 4 kilómetros y los dos primeros de la general se estaban jugando la victoria y quizá el Tour.

Todos especulábamos con el momento del ataque de Contador que seguía a rueda de su rival. “Será ahora” decía uno, “no, esperará al último km.” contestaba otro, “los 500 mts. finales son durísimos, seguro que ataca ahí” añadía un tercero…. Pero no, todos nos equivocamos. El final ya estaba acordado en  el orden previsto para no perjudicar su amistad.

Reconozco que mi sensación fue de decepción. Me sentí  molesto y también un poco enfadado. Por momentos, hasta cabreado. Esas emociones eran compartidas por otros aficionados con las que coincidimos tomando unas cervezas por el pueblo después de la carrera.

No pretendo juzgar la actuación de ambos corredores. Seguro que tendrán argumentos de peso para justificar su decisión. No critico lo que hicieron, tan solo quiero exponer cómo me hizo sentir a mí y a muchos de los que estuvimos allí ese día. 

Reflexionando sobre estas sensaciones llegué a la conclusión de que el ingrediente que nunca debe faltar en cualquier deporte de competición y el motivo por el que miles de millones de personas se apasionan practicándolo y, sobre todo, viéndolo, es la incertidumbre de la victoria y el deseo de ganar de los competidores. No saber quién va a vencer y tener la certeza de que los contendientes van a pelear al límite por conseguirlo, es algo que me atrae profundamente. En cualquier deporte.

Unos días después, el domingo siguiente, Massa dejó pasar a Alonso para ganar en Alemania. Sentí exactamente lo mismo. Insisto, no es un juicio pero, dejando al margen a la razón que todo lo contamina y justifica, no puedo evitar reconocer mis emociones. No me gustó. Me sentí incómodo de nuevo.

Por eso no me atraen los partidos amistosos, ni tampoco comulgo con las estrategias de equipo que manipulan las victorias (las entiendo, pero no me gustan) … y mucho menos, comparto  la amistad mal entendida dentro de la competición (hoy por ti y mañana por mi).

Creo que ganar es ser capaz de superar obstáculos para alcanzar un objetivo, pero el valor de la victoria puede que no sea siempre tan valioso como la experiencia obtenida al enfrentarse y superar los obstáculos que se han presentado en el camino.

Mientras mayores sean las dificultades que debas afrontar, mayores serán las posibilidades para descubrir y ampliar tu máximo potencial. Quizá ese potencial siempre haya podido estar ahí, latente y  disponible, pero si no se manifiesta a través de la acción, continuará siendo un secreto escondido.

En el Deporte, son tus rivales los encargados de ponerte los obstáculos a la medida de tus capacidades. Es a ellos a quienes debes agradecer que te permitan crecer y alcanzar tu máximo potencial. Tu rival no es un enemigo, sino la persona o el equipo que te ayudará a mejorar.

Creo sinceramente que en el deporte no hay amigos… pero tampoco enemigos. De hecho, mi oponente actúa realmente  como un amigo y coopera conmigo cuando me lo pone realmente difícil y me ayuda a descubrir y  desarrollar nuevas capacidades ocultas que necesito poner en juego para  convertirme en el jugador, ciclista, piloto… que realmente quiero llegar a ser.

Dicen que existe una fuerte amistad entre Contador y Schleck. Siendo esto así, considero que se trata de un argumento adicional para que el de Pinto hubiera disputado la etapa al luxemburgués, obligándole a sacar todo lo mejor que tuviera dentro en ese momento. A crecer un palmo como ciclista.
Tal y como sucedieron las cosas, Schleck, de momento, sigue sin saber dónde está su límite y si puede ganar a su máximo rival.

Desde mi punto de vista, flaco favor le hizo su amigo.

Imanol Ibarrondo

PD: La foto que ilustra el post es la prueba documental gráfica que demuestra que el proyecto WOP (http://www.walkonproject.org), en su iniciativa de escalar cumbres y superar dificultades, estuvo también en el Tourmalet. Bueno, es cierto que faltaban unos kilómetros para la cima, pero al día siguiente pasamos en coche….

Pepe “Ubuntu” Reina

6 julio, 2010

Reconozco que siento una gran admiración por Pepe Reina. Además de ser un portero extraordinario, premiado esta temporada como mejor guardameta de la Premier, desde hace tiempo, percibo gran cantidad de detalles suyos que me hacen pensar que es todavía mejor compañero que portero… y un Líder extraordinario para su equipo.

Es un jugador que tendría muchas razones para sentirse molesto o herido por el debate periodístico generado entre Casillas o Valdés por la titularidad de la portería del que se le ha excluido de forma escandalosa pero que, al contrario, no sólo no ha demostrado su enfado, sino que, repetidamente, tiene gestos, actitudes y declaraciones de respaldo y apoyo al portero titular, sabedor de que no está pasando por su mejor momento.

Por no remontarme demasiado en el tiempo, en el partido contra Paraguay, nada más señalar el final, salió como un rayo para felicitar a su gran rival y compañero (Casillas) por su decisiva intervención parando el penalti. Asimismo, cuando señalaron la pena máxima a favor de su equipo, fue el único en mirar a Iker y festejarlo con él desde la banda. Son gestos que hablan (lo que haces habla tan alto que no escucho lo que dices) de una persona al servicio de sus compañeros, abierto, disponible, humilde y muy generoso.

*Ubuntu* es un concepto ético sudafricana, basado en los más profundos valores del ser humano y enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas. Sin duda, se trata de un concepto muy amplio y de elevados ideales, pero para aplicarlo a un equipo deportivo de alto rendimiento, podríamos resumirlo en la frase ‘formo parte de un equipo, luego existo’. Adiós a la mítica frase del filósofo Descartes ‘pienso, luego existo’. Afortunadamente, existo por mucho más que por pensar.

Es ‘el otro’ Premio Nobel de la Paz sudafricano, el arzobispo Desmond Tutu, quien impulsó la filosofía ‘Ubuntu’ durante el proceso de reconciliación de su país y quien ha difundido este concepto que está ganando adeptos rápidamente en todo el mundo y en muchos sectores de actividad. También el deporte.

De hecho, en la temporada 07-08 de la NBA, el equipo Boston Celtics, la franquicia con más victorias y más tradición dentro de la liga, cambió su histórico grito de “one, two, three… Celtics” (uno, dos, tres… CELTICS) por “1,2,3 Ubuntu”. Este cambio se debe a la incorporación de este término a la mística del equipo, famoso en el mundo del basquet por su gran trabajo en equipo.

Se dice que cuando el entrenador Doc Rivers supo de la incorporación del equipo de las estrellas Kevin Garnett y Ray Allen, supo que tenía que establecer una muy buena química y disposición en la plantilla, y a través de esta la ideología ubuntu, lo logro perfectamente llevando a los Celtics a su 17mo Campeonato.
Mandela definió el concepto con este sencillo ejemplo; “cuando un viajero llegaba a un pueblo, no tenía que pedir comida o agua…. eso es Ubuntu”. Pepe Reina sabe que ‘soy, porque nosotros somos’ y lo aplica en la práctica. Su figura cobra sentido porque, aun sin jugar, forma parte de un equipo al que sirve y hace que exista. Eso le hace muy grande y, en por eso es ‘ubuntu’.

Siendo él también un sensacional portero, me llama poderosamente la atención su capacidad para ponerse al servicio de sus compañeros, sin necesidad de que nadie se lo pida, con entusiasmo y alegría y anticipándose incluso a que el propio Casillas eche de menos ese apoyo incuestionable (como el viajero del ejemplo de Mandela). No es normal, ni habitual, es digno de alabanza y, sin duda, marca la diferencia entre el éxito y el fracaso de un equipo que, a diferencia de un grupo, existe precisamente, por personas como Pepe Reina.

Imanol Ibarrondo

Invictus

20 junio, 2010

Soy el dueño de mi destino y el capitán de mi alma”. Con esta frase del poema Invictus se reconfortaba cada día el Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, durante los 27 años de cautiverio en la prisión de Robben Island. Según su propio testimonio, éste era el pensamiento que inundaba su mente en aquella tortura. Ése fue su secreto para no hundirse; ser el creador de sus propios pensamientos.

Traigo esta reflexión para confesar un deseo; quiero que el futbolista catalán Xavi Hernández sea elegido el mejor jugador del Mundial. Creo que Xavi aprendió y aplica desde hace tiempo el secreto que permitió a Mandela cambiar un país… para cambiar el fútbol.

Si tuviera que destacar una cualidad en Xavi diría que dispone de una mente privilegiada. No me estoy refiriendo obviamente a su coeficiente intelectual, sino a una mente despejada. Si los pensamientos son el producto de la mente, la calidad de sus semillas debe ser excelente.

Puede parecer una estupidez (quizá lo sea) pero creo que el hecho de pensar está absolutamente sobrevalorado. Tengo la convicción de que pensar es malo y pensar mucho, muy malo. La gran mayoría de nuestros miles de pensamientos diarios son basura. Se trata de pensamientos inútiles y negativos que nos desgastan, nos quitan energía, nos frustran y nos generan ansiedad. Están relacionados con el pasado o con el futuro, con la incertidumbre, con reproches por haber hecho o dejado de hacer, con comparaciones, con excusas y justificaciones, con conversaciones y diálogos internos sobre lo que tendría que hacer o debería hacer pero que nunca hago, sobre buscar culpables, excusas y justificaciones…. En definitiva, semillas que no dan fruto.

Xavi lo sabe. Sabe que la calidad de sus pensamientos define la calidad de sus acciones, tanto dentro como fuera del campo. Hablo de cosas pequeñas, de acostumbrarse a vencerse a sí mismo en los pequeños detalles de cada día, porque la repetición de estas acciones de forma continuada define una conducta o un hábito. También es consciente de que la suma de los diferentes hábitos de un futbolista (persona) define su carácter. Y, por último, sabe que definiendo su carácter está diseñando su destino.

Digo que lo sabe porque veo cómo actúa y cómo se comporta. Sus actos, decisiones y declaraciones tanto dentro como fuera del campo, con sus compañeros y con los contrarios, hablan de una persona, sencilla, humilde, respetuosa, solidaria, comprometida, ambiciosa, agradecida y muy generosa.

No tengo más que recordar su comportamiento en la final de Copa hacia la afición del Athletic al finalizar el partido o la espectacular ovación que se llevó en San Mamés en el partido de ida de la Supercopa del año pasado. Se le reconoce en esos hechos y acciones que, repetidas de forma permanente, definen unos hábitos y unas conductas ejemplares que diseñan su carácter. Y ese carácter es el que le acerca irremisiblemente a su destino; ser el mejor jugador del mundo.

Quizá no sea el más espectacular, ni el más goleador, ni el mejor regateador… Pero no he visto nunca un jugador con mayor influencia en el juego de un equipo… e, incluso, en el del contrario.

Con la humildad y el respeto que le caracterizan, ejerce un liderazgo sereno, sencillo y pleno de seguridad y confianza. Es capaz de sacar lo mejor de todos sus compañeros y eso lo consigue desde la total coherencia entre lo que es, lo que dice y lo que hace. Un alineamiento formidable que ejerce una atracción irresistible.

Tengo la convicción de que Xavi sabe que no somos lo que pensamos, sino que podemos ser los creadores de nuestros propios pensamientos (como hizo Mandela) y, como esto también es un entrenamiento, Xavi lleva muchos años sembrando pensamientos positivos de excelente calidad en su mente y deseo que este año pueda recoger un fruto especial: ser reconocido como el mejor del mundo.

Imanol Ibarrondo

PD:  artículo publicado en el diario Deia el sábado 19 de junio.